Nos narró Abu Tawba al-Rabi‘ ibn Nafi‘, nos narró Mu‘awiya —es decir, Ibn Sallam—, de Zayd, que oyó a Abu Sallam, quien dijo: me transmitió ‘Abd Allah al-Hawzani, quien dijo: me encontré con Bilal, el almuédano del Mensajero de Allah ﷺ, en Halab, y le dije: “Oh Bilal, háblame de cómo era el gasto del Mensajero de Allah ﷺ”. Dijo: “No tenía nada; yo era quien se encargaba de ello por su parte desde que Allah lo envió hasta que falleció. Y cuando venía a él una persona como musulmán y lo veía desnudo, me ordenaba, y yo salía, pedía un préstamo, le compraba un manto, se lo ponía y le daba de comer. Hasta que se me interpuso un hombre de los idólatras y dijo: ‘Oh Bilal, yo tengo holgura, así que no pidas prestado de nadie sino de mí’. Y lo hice. Y un día, habiendo hecho la ablución, me dispuse a llamar a la oración, y he aquí que el idólatra se acercó con un grupo de comerciantes. Cuando me vio, dijo: ‘Oh abisinio’. Dije: ‘Aquí estoy’. Entonces me miró con ceño y me dijo palabras duras, y me dijo: ‘¿Sabes cuánto hay entre tú y el mes?’. Dijo: dije: ‘Cerca’. Dijo: ‘Entre tú y él hay cuatro; entonces te tomaré por lo que debes y te devolveré a pastorear ovejas como eras antes de eso’. Y se apoderó de mí lo que se apodera de las almas de la gente. Hasta que, cuando recé la oración de la noche, el Mensajero de Allah ﷺ regresó a los suyos; pedí permiso para entrar a verlo y me lo concedió. Y dije: ‘Oh Mensajero de Allah, por mi padre y mi madre, el idólatra del que yo me endeudaba me dijo esto y esto; y tú no tienes con qué saldar por mí, ni yo tengo, y él me va a avergonzar. Permíteme que huya hacia algunos de estos clanes que ya han abrazado el islam, hasta que Allah provea a Su Mensajero ﷺ de aquello con lo que saldar por mí’. Salí, y cuando llegué a mi casa puse mi espada, mi zurrón, mis sandalias y mi escudo junto a mi cabeza. Y cuando despuntó la primera columna del alba, quise partir, y he aquí que una persona corría llamando: ‘Oh Bilal, responde al Mensajero de Allah ﷺ’. Partí hasta que llegué a él, y he aquí cuatro monturas arrodilladas, sobre las cuales estaban sus cargas. Pedí permiso, y el Mensajero de Allah ﷺ me dijo: ‘Alégrate, pues Allah te ha traído con qué saldar tu deuda’. Luego dijo: ‘¿No has visto las cuatro monturas arrodilladas?’. Dije: ‘Sí’. Dijo: ‘Te pertenecen sus cuellos y lo que llevan encima, pues sobre ellas hay vestimenta y comida que el grande de Fadak me las ha regalado; tómalo y salda tu deuda’. Y lo hice”.
“Luego mencionó el hadiz, y después me dirigí a la mezquita, y he aquí que el Mensajero de Allah ﷺ estaba sentado en la mezquita. Lo saludé, y él dijo: ‘¿Qué has hecho con lo que estaba a tu cargo?’. Dije: ‘Allah ha saldado todo lo que pesaba sobre el Mensajero de Allah ﷺ; no ha quedado nada’. Dijo: ‘¿Ha sobrado algo?’. Dije: ‘Sí’. Dijo: ‘Mira que me libres de ello, pues no entraré con ninguno de los míos hasta que me libres de ello’. Cuando el Mensajero de Allah ﷺ rezó la oración de la noche, me llamó y dijo: ‘¿Qué has hecho con lo que estaba a tu cargo?’. Dijo: dije: ‘Está conmigo; no ha venido nadie a nosotros’. Entonces el Mensajero de Allah ﷺ pasó la noche en la mezquita”, y relató el hadiz, “hasta que, cuando rezó la oración de la noche —es decir, la del día siguiente—, me llamó y dijo: ‘¿Qué has hecho con lo que estaba a tu cargo?’. Dijo: dije: ‘Allah te ha librado de ello, oh Mensajero de Allah’. Entonces pronunció el takbir y alabó a Allah, por temor a que la muerte lo alcanzara teniendo aquello consigo. Luego lo seguí hasta que llegó a sus esposas, y saludó a cada mujer, una por una, hasta que llegó a su lugar de descanso. Esto es lo que me preguntaste acerca de ello”.”