Los Romanos
الروم Ar-RumVersículo (Español)
[30:52] Tú no puedes hacer que los muertos oigan ni que los sordos [que no quiere oír] escuchen la prédica si la rechazan dándole la espalda.
Tafsir de At-Tabari
{Pues, ciertamente, tú no haces oír a los muertos, ni haces oír a los sordos la llamada cuando vuelven la espalda, alejándose} (52)
La exposición sobre la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—:
{Pues, ciertamente, tú no haces oír a los muertos, ni haces oír a los sordos la llamada cuando vuelven la espalda, alejándose * Y tú no eres guía de los ciegos respecto de su extravío; no haces oír sino a quien cree en Nuestros signos: ésos son musulmanes}.
Dice —Exaltado sea Su recuerdo—:
Pues, ciertamente, tú —¡oh Muhammad!— no haces oír a los muertos; es decir: no les procuras oídos con los que comprendan de ti lo que les dices.
Y esto no es sino un símil cuyo sentido es:
que tú no puedes hacer comprender a estos asociadores, sobre cuyos oídos Dios ha puesto un sello, privándolos así de entender lo que se les recita de las exhortaciones de Su revelación, del mismo modo que no puedes hacer comprender a los muertos, a quienes Dios les ha quitado el oído, en el sentido de procurarles oídos.
Y Su dicho:
ni haces oír a los sordos la llamada; es decir: y así como no puedes hacer oír la llamada a los sordos a quienes se les ha privado del oído, cuando se vuelven de ti dándote la espalda, así tampoco puedes lograr que éstos —a quienes Dios ha privado de comprender los signos de Su Libro— sean conducidos a escuchar eso y entenderlo. Y en el sentido de lo que hemos dicho se expresaron los intérpretes.
Mención de quienes dijeron eso:
Nos narró Bishr,
dijo:
nos narró Yazīd,
dijo:
nos narró Saʿīd, de Qatāda,
acerca de Su dicho:
Pues, ciertamente, tú no haces oír a los muertos: éste es un símil que Dios ha puesto para el incrédulo; pues así como el muerto no oye la llamada, así tampoco oye el incrédulo.
Y ni haces oír a los sordos la llamada cuando vuelven la espalda, alejándose; dice:
si un sordo se diera la vuelta alejándose y luego lo llamaras, no oiría; así el incrédulo no oye ni se beneficia de lo que oye.
Notas y Referencias
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