Los Alineados
الصافات As-SaffatVersículo (Español)
[37:10] Aquellos que furtivamente alcancen a oír algo de los ángeles serán alcanzados por una centella fulminante.
Tafsir de Al-Qurtubi
{EXCEPTO a quien arrebata el arrebato; entonces le sigue un meteoro penetrante} (10)
Palabras del Altísimo:
«Excepto a quien arrebata el arrebato».
Es una excepción respecto de Su dicho:
«y son apedreados desde todo lado».
Y se ha dicho: la excepción se remite a algo distinto de la revelación;
por Su dicho, Altísimo:
«ciertamente, ellos están apartados de la escucha»
[Los Poetas: 212].
Así, uno de ellos roba algo de aquello sobre lo que deliberan los ángeles, de lo que acontecerá en el mundo antes de que lo sepan los habitantes de la tierra; y esto, por la ligereza de los cuerpos de los demonios; entonces son lapidados con meteoros. Se han transmitido en este capítulo hadices auténticos, cuyo contenido es:
que los demonios solían ascender al cielo y se sentaban para escuchar, uno encima de otro; el más corpulento avanzaba hacia el cielo, luego el que le seguía, luego el que le seguía. Entonces Dios —Altísimo— decreta un asunto de los asuntos de la tierra; los habitantes del cielo hablan de ello y el demonio más bajo lo oye de ellos; y lo arroja al que está debajo de él: a veces un meteoro lo quema, aunque ya haya arrojado la palabra; y a veces no lo quema, según hemos expuesto. Entonces esa palabra desciende a los adivinos, y junto con ella mienten cien mentiras; y esa palabra resulta verdadera, y los ignorantes creen todo, como lo hemos explicado en «Los Rebaños» [13241] Cuando Dios trajo el islam, el cielo fue custodiado con severidad, y no se escapa demonio alguno que haya escuchado en absoluto. Y los astros con los que se lapida son los que la gente ve precipitarse.
Dijeron an-Naqqāsh y Makkī:
no son los astros que discurren en el cielo, pues esos no se percibe su movimiento; en cambio, estos lapidadores sí se percibe su movimiento, porque están cerca de nosotros. Ya ha pasado, en este capítulo, en la sura de [La Roca] [13242], una explicación suficiente. Y mencionamos en «Saba’» [13243] el hadiz de Abū Hurayra; en él se dice:
«y los demonios, unos encima de otros».
Y sobre él dijo at-Tirmidhī: hadiz bueno y auténtico.
Y en él, de Ibn ‘Abbās:
«y los demonios arrebatan la escucha; entonces son apedreados y lo arrojan a sus aliados. Lo que traen conforme a su forma es verdad, pero ellos lo tergiversan y añaden».
Dijo: este es un hadiz bueno y auténtico.
Y al-jaṭf (el arrebato): tomar una cosa con rapidez; se dice [13244]: jaṭafa, jaṭifa, jaṭṭafa, jiṭṭafa y jiṭṭifa. El origen, en las formas intensivas, es ijtatafa; luego se asimiló la tā’ a la ṭā’ por ser su hermana, y se abrió la jâ’ porque el movimiento de la tā’ se trasladó a ella. Y quien la pronuncia con kasra, es por el encuentro de dos consonantes en reposo. Y quien pronuncia la ṭā’ con kasra, hace seguir una kasra a otra kasra.
Palabras del Altísimo:
«entonces le siguió un meteoro penetrante».
Es decir, luminoso; así lo dijeron aḍ-Ḍaḥḥāk, al-Ḥasan y otros.
Y se ha dicho:
lo que se pretende son astros de fuego que los siguen hasta hacerlos caer al mar.
E Ibn ‘Abbās dijo acerca de los meteoros:
los queman sin muerte. Y los meteoros con los que se apedrea a la gente no proceden de los astros fijos. Lo indica el hecho de que se ve su movimiento; y los fijos discurren, pero no se ve su movimiento por su lejanía. Esto ya ha pasado. El plural de šihāb es šuhub; y la analogía, en el número escaso, sería ašhiba, aunque no se haya oído de los árabes. Y «penetrante» (ṯāqib) significa luminoso; así lo dijeron al-Ḥasan, Mujāhid y Abū Majlaz.
Y de ello es su dicho:
Y tu pedernal es el más penetrante de sus pedernales
es decir, el más resplandeciente.
Y al-Aḫfaš consignó, en el plural:
šuhub, ṯuqb, ṯawāqib y ṯiqāb.
Y al-Kisā’ī consignó:
«la llama perforó (ṯaqabat)», «perfora (taṯqubu)» con ṯiqāba y ṯuqūb, cuando se enciende; y «yo la hice perforar/encender» (aṯqabtu-hā).
Y Zayd ibn Aslam dijo acerca de «penetrante»:
que es “lo encendido”,
por su dicho:
«aṯqib zandaka», es decir, enciende tu fuego; así lo dijo al-Aḫfaš.
Y citó el verso del poeta:
Mientras el hombre era un meteoro penetrante *** el Tiempo golpeó su fulgor y se apagó