Ya-Sin
يس Ya-SinVersículo (Español)
[36:39] A la Luna le decreté sus fases, hasta que [va menguando y] parece una rama seca de palmera.
Tafsir de Al-Qurtubi
{Y a la luna le hemos determinado fases, hasta que vuelve como el racimo curvado y viejo} (39)
En ella hay tres cuestiones:
La primera.—
Su dicho —Exaltado sea—:
«Y la luna»
Su estimación es: Y un signo para ellos es la luna. Y es lícito que «y la luna» esté en nominativo por ser inicio (mubtada’). Y los kufíes leyeron «y la luna» en acusativo, sobre la elipsis de un verbo, y es la elección de Abū ‘Ubayd.
Dijo:
porque antes de ello hay un verbo y después de ello hay un verbo: antes está «desollamos» y después «determinamos».
Al-Naḥḥās:
Y todos los arabistas —según lo que sé— están en contra de lo que dijo. Entre ellos, al-Farrā’ dijo: el nominativo me resulta más admirable. Y el nominativo, para ellos, era más apropiado, porque está coordinado con lo anterior, y su sentido es: Y un signo para ellos es la luna.
Y su dicho: que antes de ello está «desollamos»; pues antes de ello hay algo más cercano que eso, y es «corre», y antes de ello «y el sol» en nominativo. Y lo que mencionó después, que es «lo determinamos», ya ha regido sobre el pronombre -hu.
Dijo Abū Ḥātim:
El nominativo es más apropiado, porque has ocupado el verbo respecto de él con el pronombre, y entonces lo elevaste por inicio.
Y se dice: la luna no es las fases; ¿cómo dijo entonces: «lo determinamos fases»?
A esto hay dos respuestas: una de ellas: lo determinamos, es decir, fases; como: «y pregunta a la aldea» [Yūsuf: 82]. Y la otra estimación: determinamos para él fases; luego se omitió la lām, y su omisión fue buena por la transitividad del verbo a dos objetos, como: «Y Moisés escogió de su pueblo a setenta hombres» [al-A‘rāf: 155].
Y las fases son veintiocho fases: la luna desciende cada noche en una de ellas;
y son: al-Šaraṭān; al-Buṭayn; al-Ṯurayyā; al-Dabarān; al-Haq‘a; al-Han‘a; al-Ḏirā‘; al-Naṯra; al-Ṭarf; al-Ǧabha; al-Ḫarātān; al-Ṣarfa; al-‘Awwā’; al-Samāk; al-Ġafr; al-Zubāniyān; al-Iklīl; al-Qalb; al-Šawla; al-Na‘ā’im; al-Balda; Sa‘d al-Ḏābiḥ; Sa‘d Bala‘; Sa‘d al-Su‘ūd; Sa‘d al-Aḫbiya; al-Farġ al-Muqaddam; al-Farġ al-Mu’aǧǧar; Baṭn al-Ḥūt.
Cuando la luna llega a la última de ellas, vuelve a la primera, y recorre la esfera en veintiocho noches. Luego se oculta (istisar) y después aparece como creciente, y vuelve a recorrer la esfera por las fases. Y estas se reparten entre los signos zodiacales: a cada signo le corresponden dos fases y un tercio. Así, para Aries: al-Šaraṭān, al-Buṭayn y un tercio de al-Ṯurayyā; y para Tauro: dos tercios de al-Ṯurayyā, al-Dabarān y dos tercios de al-Haq‘a; y así sucesivamente hasta el resto. Ya pasó en «al-Ḥiǧr» [13212] la denominación de los signos zodiacales, y alabado sea Dios.
Y se dijo: Dios —Exaltado sea— creó el sol y la luna de fuego; luego fueron revestidos de luz al salir. En cuanto a la luz del sol, es de la luz del Trono; y en cuanto a la luz de la luna, es de la luz del Escabel. Ese es el origen de la creación y este es el revestimiento. En cuanto al sol, se dejó su revestimiento tal como estaba para que resplandezca y brille. En cuanto a la luna, el Espíritu Fiel pasó el ala sobre su faz y borró su resplandor con el poder del ala; y ello porque es espíritu, y el poder del espíritu prevalece sobre las cosas. Quedó ese borrado tal como lo ve la creación. Luego fue puesta en una envoltura de agua; después se le asignó un curso. Así, cada noche aparece a la creación, desde esa envoltura, como luna en la medida en que les ilumina, hasta que su aparición llega a su término, y la creación la ve en su plenitud y redondez. Luego no cesa de volver a la envoltura cada noche una parte de ella, y disminuye de la visión y de la iluminación en la medida en que aumentó en la aparición. Y comienza a disminuir por el lado que el sol no ve, que es el lado del ocaso, hasta que vuelve como el racimo curvado y viejo: esto es, el racimo arqueado por su sequedad y delgadez. Y solo se dijo al-qamar (la luna) porque yuqmir, es decir, blanquea el ambiente con su blancura hasta que se oculta.
La segunda.—
Su dicho —Exaltado sea—:
«hasta que vuelve como el racimo curvado y viejo»
Dijo al-Zaǧǧāǧ: es el palo del racimo del que cuelgan los ramilletes; y es fa‘lūn, de al-in‘irāǧ, que es la curvatura, es decir: recorrió fases; y cuando está en la última de ellas, se afina, se arquea y se estrecha hasta volverse como el ‘urǧūn. Según esto, la nūn es añadida.
Y dijo Qatāda:
es el racimo seco, inclinado, de la palmera.
Ṯa‘lab:
«como el racimo curvado y viejo»; dijo:
«al-‘urǧūn» es lo que queda del kabāsa en la palmera cuando se corta; y «viejo» es lo gastado.
Al-Ḫalīl:
En el capítulo de lo cuadrilítero: «al-‘urǧūn» es el origen del racimo; es amarillo, ancho, y con él se asemeja el creciente cuando se curva.
Al-Ǧawharī:
«al-‘urǧūn» es el origen del racimo que se encorva; se cortan de él los ramilletes y queda en la palmera, seco.
Y ‘arǧanahu: le golpeó con el ‘urǧūn. Así, la nūn, según estos, es radical.
Y de ello, el verso de A‘šā de Banū Qays:
Se difundió el almizcle y el perfume
[13213] en ella *** y es amarilla como el ‘urǧūn de la luna
Así, el ‘urǧūn, cuando envejece, se seca y se arquea, se asemeja a la luna en su delgadez y amarillez. También se le llama al-ihān, al-kabāsa y al-qinw; y la gente de Egipto lo llama al-isbāṭa.
Y se leyó: «al-‘urǧūn» con el patrón de al-farǧūn; son dos variantes, como al-buzyūn [13214] y al-bizyūn, lo mencionó al-Zamaḫšarī. Dijo: es el palo del racimo, desde entre sus ramilletes hasta su nacimiento en la palmera.
Y sabe que el año se divide en cuatro estaciones, y para cada estación hay siete fases:
la primera es la primavera; su inicio es quince días de marzo, y el número de sus días es noventa y dos. En ella el sol recorre tres signos: Aries, Tauro y Géminis; y siete fases: al-Šaraṭān, al-Buṭayn, al-Ṯurayyā, al-Dabarān, al-Haq‘a, al-Han‘a y al-Ḏirā‘. Luego entra la estación del verano a los quince días de junio, y el número de sus días es noventa y dos. En ella el sol recorre tres signos: Cáncer, Leo y Virgo; y siete fases: al-Naṯra, al-Ṭarf, al-Ǧabha, al-Ḫarātān, al-Ṣarfa, al-‘Awwā’ y al-Samāk. Luego entra la estación del otoño a los quince días de septiembre, y el número de sus días es noventa y uno. En ella el sol recorre tres signos: Libra, Escorpio y Sagitario; y siete fases: al-Ġafr, al-Zubānān, al-Iklīl, al-Qalb, al-Šawla, al-Na‘ā’im y al-Balda. Luego entra la estación del invierno a los quince días de diciembre, y el número de sus días es noventa, y quizá sea noventa y uno. En ella el sol recorre tres signos: Capricornio, Acuario y Piscis; y siete fases: Sa‘d al-Ḏābiḥ, Sa‘d Bala‘, Sa‘d al-Su‘ūd, Sa‘d al-Aḫbiya, al-Farġ al-Muqaddam, al-Farġ al-Mu’aḫḫar y Baṭn al-Ḥūt.
Y esta es la división de los siríacos para sus meses: Tišrīn al-Awwal, Tišrīn al-Ṯānī, Kānūn al-Awwal, Kānūn al-Ṯānī, Šubāṭ, Āḏār, Nīsān, Ayyār, Ḥuzayrān, Tammūz, Āb, Aylūl. Todos son de treinta y uno, excepto Tišrīn al-Ṯānī, Nīsān, Ḥuzayrān y Aylūl, que son de treinta; y Šubāṭ es de veintiocho días y un cuarto de día.
Solo pretendimos con esto que contemples el poder de Dios —Exaltado sea—; y eso es su dicho —Exaltado sea—: «Y a la luna le hemos determinado fases». Pues cuando el sol está en la fase de la gente del creciente, en la fase que le sigue, y el alba está a dos fases antes de él; entonces, cuando el sol está en al-Ṯurayyā a los veinticinco días de Nīsān, el alba está en al-Šaraṭān, y la gente del creciente en al-Dabarān. Luego, cada noche, tiene una fase hasta que recorre en veintiocho noches veintiocho fases. Y el sol ya ha recorrido dos fases, y él las recorre; luego aparece en la fase que sigue a la fase del sol: «ese es el decreto del Poderoso, el Omnisciente».
La tercera.—
Su dicho —Exaltado sea—:
«viejo»
Dijo al-Zamaḫšarī: viejo es lo que ha pasado un año; y cuando envejece, se afina, se curva y amarillea; y se asemejó la luna a él por tres aspectos.
Y se dijo: el mínimo de la duración para que algo sea descrito como “viejo” es un año.
Así, si un hombre dijera: todo esclavo mío que sea viejo es libre, o lo escribiera en su testamento, quedaría manumitido aquel al que le haya transcurrido un año o más.
Digo:
Ya pasó en «al-Baqara» [13215] lo que se deriva de los crecientes en cuanto a normas, y alabado sea Dios.
[13212]
:Véase t. 10, p. 9, primera o segunda edición.
[13213]
:Así está en el original y no lo hemos hallado en su dīwān; y es posible que sea: «Se difundió el ámbar y el almizcle en ella».
[13214]
:al-bizyūn: el brocado (sundus). Y se dijo: es el fino del brocado.
[13215]
:Véase t. 2, p. 341 y lo que sigue, segunda edición.
Notas y Referencias
[13212] Véase t. 10, p. 9, primera o segunda edición.
[13213] Así está en el original y no lo hemos hallado en su dīwān; y es posible que sea: «Se difundió el ámbar y el almizcle en ella».
[13214] البزيون: el brocado (sundus). Y se dijo: es el fino del brocado.
[13215] Véase t. 2, p. 341 y lo que sigue, segunda edición.