19

María

مريم Maryam
Aya 57

Versículo (Español)

[19:57] Lo elevé a un lugar sublime.

Tafsir de Al-Qurtubi

{وَرَفَعۡنَٰهُ مَكَانًا عَلِيًّا} (57) Palabras del Altísimo: «Y lo elevamos a un lugar alto». Anas ibn Málik, Abú Sa‘íd al-Judrí y otros dijeron: es decir, el cuarto cielo. Y se transmitió eso del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—; y lo dijo Ka‘b al-Ahbár. Ibn ‘Abbás y al-Dahhák dijeron: es decir, el sexto cielo; lo mencionó al-Mahdawí.

Digo: Y en al-Bujárí se halla [10877] de Šarík ibn ‘Abd Alláh ibn Abí Namir, quien dijo: oí a Anas ibn Málik decir: la noche en que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— fue llevado en el viaje nocturno desde la Ka‘ba… el hadiz, y en él: en cada cielo hay profetas —los nombró—, entre ellos Idrís en el segundo. Esto es un error; lo correcto es que está en el cuarto cielo. Así lo narró Zábit al-Bunání de Anas ibn Málik, del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—; lo mencionó Muslim en el Sahih. Y Málik ibn Sa‘sa‘a narró que el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «Cuando fui ascendido al cielo, pasé junto a Idrís en el cuarto cielo». También lo transmitió Muslim. Y la causa de su elevación, según dijeron Ibn ‘Abbás, Ka‘b y otros, fue que salió un día por una necesidad y le alcanzó el ardor del sol, y dijo: «¡Señor mío! Yo he caminado un día; ¿qué será de quien la carga quinientos años en un solo día? ¡Oh Dios, aligéraselo de su peso —es decir, al ángel encargado de la órbita del sol—!». Dice Idrís: ¡Oh Dios, aligéraselo de su peso y llévale parte de su calor! Cuando amaneció, el ángel halló en la ligereza del sol y en la sombra algo que no conocía, y dijo: ¡Señor mío! Me creaste para cargar el sol; ¿qué es lo que ocurre? Dijo Dios —Altísimo—: «Mi siervo Idrís me pidió que te aligerara su carga y su calor, y le respondí». Dijo: ¡Señor mío! Reúneme con él y establece entre él y yo amistad íntima. Dios se lo permitió hasta que llegó a Idrís; e Idrís —la paz sea con él— le preguntaba. Dijo: Se me ha informado de que eres el más noble de los ángeles y el de mayor posición ante el Ángel de la Muerte; intercede por mí ante él para que retrase mi plazo, y así aumente en gratitud y adoración. Dijo el ángel: Dios no retrasa a ninguna alma cuando llega su término. Dijo al ángel: Lo sé, pero es más reconfortante para mi alma. Dijo: Sí. Luego lo llevó [10878] en su ala, lo elevó al cielo y lo dejó junto al lugar por donde sale el sol. Luego dijo al Ángel de la Muerte: Tengo un amigo de los hijos de Adán; intercedo ante ti para que retrases su plazo. Dijo: Eso no depende de mí; pero si quieres, le informo de cuándo morirá. Dijo: «Sí». Luego miró en su registro y dijo: Me preguntas por un hombre al que no veo morir jamás. Dijo: «¿Y cómo?». Dijo: No lo encuentro muriendo sino junto al lugar por donde sale el sol. Dijo: He venido a ti y lo dejé allí. Dijo: Ve, pues no creo que lo encuentres sino ya muerto; por Dios, no queda del plazo de Idrís nada. Regresó el ángel y lo encontró muerto. Al-Suddí dijo: Se durmió un día y se le intensificó el calor del sol; se levantó, afligido por ello, y dijo: ¡Oh Dios, aligera al ángel del sol de su calor y ayúdale con su peso, pues trata con un fuego ardiente! Amaneció el ángel del sol y se le había dispuesto un trono de luz, junto al cual había setenta mil ángeles a su derecha y otro tanto a su izquierda, que le servían y se ocupaban de su asunto y de su labor bajo su autoridad. Dijo el ángel del sol: ¡Señor mío! ¿De dónde me viene esto? Dijo: «Ha suplicado por ti un hombre de los hijos de Adán llamado Idrís». Luego mencionó algo semejante al hadiz de Ka‘b. Dijo entonces el ángel del sol: ¿Deseas alguna necesidad? Dijo: Sí; desearía ver el Paraíso. Lo elevó en su ala y luego voló con él. Mientras estaba en el cuarto cielo, se encontró con el Ángel de la Muerte, que miraba en el cielo a derecha e izquierda. El ángel del sol lo saludó y dijo: ¡Oh Idrís! Este es el Ángel de la Muerte; salúdalo. Dijo el Ángel de la Muerte: ¡Gloria a Dios! ¿Y por qué motivo lo has elevado aquí? Dijo: Lo he elevado para mostrarle el Paraíso. Dijo: En verdad, Dios —Altísimo— me ha ordenado que tome el alma de Idrís en el cuarto cielo. Dije: ¡Señor mío! ¿Y dónde está Idrís respecto del cuarto cielo? Descendí y he aquí que estaba contigo; tomé su alma, la elevé al Paraíso, y los ángeles enterraron su cuerpo en el cuarto cielo. Y por eso dice el Altísimo: «Y lo elevamos a un lugar alto». Wahb ibn Munabbih dijo: A Idrís se le elevaba cada día, de adoración, lo mismo que se elevaba a la gente de la tierra en su tiempo. Los ángeles se maravillaron de él y el Ángel de la Muerte lo anheló; pidió permiso a su Señor para visitarlo y se le concedió. Fue a él con forma de hombre, e Idrís —la paz sea con él— ayunaba de día. Cuando llegó la hora de romper el ayuno, lo invitó a su comida, pero él rehusó comer. Hizo eso durante tres noches, e Idrís lo desaprobó y le dijo: ¿Quién eres? Dijo: Soy el Ángel de la Muerte; pedí permiso a mi Señor para acompañarte y me lo concedió. Dijo: Tengo una necesidad contigo. Dijo: ¿Cuál? Dijo: Que tomes mi alma. Entonces Dios —Altísimo— le reveló [10879] que tomara su alma; se la tomó y se la devolvió al cabo de una hora. El Ángel de la Muerte le dijo: ¿Qué provecho hay en que tome tu alma? Dijo: Para gustar la angustia de la muerte y estar más preparado para ella. Luego Idrís le dijo, al cabo de una hora [10880]: Tengo otra necesidad contigo. Dijo: ¿Cuál? Dijo: Que me eleves al cielo para mirar el Paraíso y el Fuego. Dios —Altísimo— le permitió elevarlo a los cielos. Vio el Fuego y cayó fulminado; cuando recobró el sentido dijo: Muéstrame el Paraíso. Lo introdujo en el Paraíso. Luego el Ángel de la Muerte le dijo: Sal, para que regreses a tu morada. Se aferró a un árbol y dijo: No saldré de él. Entonces Dios —Altísimo— envió entre ambos a un ángel como árbitro. Dijo: ¿Por qué no sales? Dijo: Porque Dios —Altísimo— ha dicho: «Toda alma gustará la muerte» [10881][Āl ‘Imrān: 185], y yo la he gustado; y ha dicho: «Y no hay ninguno de vosotros que no haya de pasar por ella» [10882][Maryam: 71], y yo he pasado por ella; y ha dicho: «Y no serán sacados de ella» [10883][al-Ḥiŷr: 48]. ¿Cómo, pues, he de salir? Dios —Bendito y Altísimo— dijo al Ángel de la Muerte: «Con Mi permiso entró en el Paraíso y por Mi orden sale». Así pues, está vivo allí; y por eso dice: «Y lo elevamos a un lugar alto». Al-Naḥḥās dijo: La expresión de Idrís «y no serán sacados de ella» puede ser que Dios —glorificado sea— se lo haya hecho saber a Idrís, y luego el Corán descendió con ello. Wahb ibn Munabbih dijo: Así, Idrís unas veces se recrea en el Paraíso y otras adora a Dios —Altísimo— con los ángeles en el cielo.

[10877] :en ŷـ: de un hadiz noble. [10878] :en ŷـ: lo cargó el ángel del sol. [10879] :en ŷـ: entonces Dios se lo permitió. [10880] :en ŷـ y k: al cabo de un tiempo. [10881] :véase ŷـ 4, p. 297. [10882] :véase p. 135 de este volumen: si esto es correcto, entonces es una prueba de la entrada de la mirada. [10883] :véase ŷـ 10, p. 33.

Notas y Referencias

[10877] En ŷـ: de un hadiz noble.

[10878] En ŷـ: lo cargó el ángel del sol.

[10879] En ŷـ: entonces Dios se lo permitió.

[10880] En ŷـ y k: al cabo de un tiempo.

[10881] Véase ŷـ 4, p. 297.

[10882] Véase p. 135 de este volumen: si esto es correcto, entonces es una prueba de la entrada de la mirada.

[10883] Véase ŷـ 10, p. 33.