‘Abd al-‘Aziz ibn ‘Abdullah nos relató: Sulayman me relató, de Sharik ibn ‘Abdullah, quien dijo: Oí a Ibn Malik (ra) decir: La noche en que el Mensajero de Allah ﷺ fue llevado en el viaje nocturno desde la mezquita de la Kaaba, acudieron a él tres hombres antes de que le fuera revelada la misión profética, mientras dormía en la Mezquita Sagrada. El primero de ellos preguntó: «¿Cuál de ellos es?». El de en medio respondió: «Es el mejor de ellos». Y el último dijo: «Llevaos al mejor de ellos». Aquello sucedió esa noche, pero no volvió a verlos hasta que acudieron a él otra noche, en una visión de su corazón; pues sus ojos duermen, pero su corazón no duerme. Así son también los profetas: sus ojos duermen, pero sus corazones no duermen. No le hablaron hasta que lo tomaron y lo depositaron junto al pozo de Zamzam. Jibril se hizo cargo de él y abrió la parte comprendida entre la zona superior de su pecho y la base de su cuello, hasta dejar al descubierto su pecho y su interior. Luego lo lavó con sus propias manos con agua de Zamzam hasta limpiar por completo su interior. Después trajeron una jofaina de oro que contenía un recipiente de oro lleno de fe y sabiduría, y con ello le llenó el pecho y las venas de la garganta; después lo cerró. Luego lo hizo ascender al cielo más cercano y llamó a una de sus puertas. Los habitantes del cielo le preguntaron: «¿Quién es?». Respondió: «Jibril». Preguntaron: «¿Y quién está contigo?». Respondió: «Conmigo está Muhammad ﷺ». Preguntaron: «¿Ya ha sido enviado?». Respondió: «Sí». Dijeron: «¡Sea bienvenido! ¡Qué grata llegada!». Los habitantes del cielo se alegraron por él. Los habitantes del cielo no saben lo que Allah quiere hacer con él en la Tierra hasta que Él se lo da a conocer. En el cielo más cercano encontró a Adam (as). Jibril le dijo: «Este es tu padre; salúdalo». Él lo saludó, Adam (as) le devolvió el saludo y dijo: «¡Bienvenido seas, hijo mío! ¡Qué excelente hijo eres!». Entonces vio en el cielo más cercano dos ríos que fluían. Preguntó: «¿Qué dos ríos son estos, Jibril?». Respondió: «Estos son el Nilo y el Éufrates, en sus fuentes». Después continuó con él por el cielo y se encontró ante otro río, sobre el cual había un palacio de perlas y crisólitos. Golpeó con la mano y resultó ser almizcle. Preguntó: «¿Qué es esto, Jibril?». Respondió: «Este es al-Kawzar, que tu Señor ha reservado para ti». Después ascendió al segundo cielo. Los ángeles le dijeron lo mismo que le habían dicho los del primero: «¿Quién es?». Respondió: «Jibril». Preguntaron: «¿Y quién está contigo?». Respondió: «Muhammad ﷺ». Preguntaron: «¿Ya ha sido enviado?». Respondió: «Sí». Dijeron: «¡Sea bienvenido! ¡Qué grata llegada!». Luego lo hizo ascender al tercer cielo, y allí le dijeron lo mismo que le habían dicho en el primero y el segundo. Después lo hizo ascender al cuarto, y allí le dijeron lo mismo. Luego lo hizo ascender al quinto cielo, y allí dijeron lo mismo. Después lo hizo ascender al sexto cielo, y allí le dijeron lo mismo. Luego lo hizo ascender al séptimo cielo, y allí le dijeron lo mismo. En cada cielo había profetas cuyos nombres mencionó. De ellos retuve a Idris (as), en el segundo; a Harun (as), en el cuarto; a otro, en el quinto, cuyo nombre no memoricé; a Ibrahim (as), en el sexto; y a Musa (as), en el séptimo, debido al privilegio de que Allah le hablara. Musa (as) dijo: «Señor mío, no pensaba que nadie sería elevado por encima de mí». Después lo hizo subir más allá de aquello, hasta un lugar que nadie conoce salvo Allah, hasta que llegó al Loto del Confín. El Todopoderoso, Señor del Poder, se acercó y descendió hasta quedar a una distancia de dos arcos o incluso menor. Entonces Allah le reveló, entre lo que le reveló: «Cincuenta oraciones para tu comunidad cada día y cada noche». Después descendió hasta llegar a Musa (as), quien lo retuvo y le preguntó: «Muhammad, ¿qué te ha encomendado tu Señor?». Respondió: «Me ha encomendado cincuenta oraciones cada día y cada noche». Dijo: «Tu comunidad no podrá soportarlo. Regresa para que tu Señor os alivie a ti y a ellos». El Profeta ﷺ miró a Jibril como si le pidiera consejo al respecto, y Jibril le indicó que sí, si así lo deseaba. Entonces lo hizo subir hasta el Todopoderoso, y él dijo, permaneciendo en su lugar: «Señor mío, alívianos, pues mi comunidad no puede soportar esto». Entonces le redujo diez oraciones. Después regresó junto a Musa (as), quien volvió a retenerlo. Musa (as) no dejó de hacerlo regresar ante su Señor hasta que quedaron reducidas a cinco oraciones. Cuando llegaron a cinco, Musa (as) volvió a retenerlo y dijo: «Muhammad, por Allah, intenté que mi pueblo, los hijos de Israil, cumpliera algo menor que esto, pero fueron débiles y lo abandonaron. Tu comunidad es más débil de cuerpo, corazón, constitución, vista y oído. Regresa para que tu Señor te lo alivie». Cada vez que esto ocurría, el Profeta ﷺ miraba a Jibril para que le indicara qué hacer, y Jibril no desaprobaba aquello. Así pues, lo hizo subir por quinta vez y él dijo: «Señor mío, los miembros de mi comunidad son débiles de cuerpo, corazón, oído y constitución; alívianos». El Todopoderoso dijo: «Muhammad». Él respondió: «Aquí estoy, dispuesto a obedecerte y complacerte». Dijo: «Mi palabra no se cambia. Tal como te las impuse en la Escritura Matriz, cada buena acción será recompensada con diez equivalentes; por tanto, son cincuenta en la Escritura Matriz, pero cinco para ti». Regresó entonces junto a Musa (as), quien le preguntó: «¿Qué has hecho?». Respondió: «Nos lo ha aliviado y nos ha concedido por cada buena acción diez equivalentes». Musa (as) dijo: «Por Allah, intenté que los hijos de Israil cumplieran algo menor que eso, pero lo abandonaron. Regresa ante tu Señor para que te lo alivie aún más». El Mensajero de Allah ﷺ respondió: «Musa, por Allah, ya me da vergüenza volver tantas veces ante mi Señor». Dijo: «Entonces desciende en el nombre de Allah». Y añadió: Se despertó mientras se encontraba en la Mezquita Sagrada.