Nos narró Ibrahim ibn Musa; nos informó Hisham ibn Yusuf: que Ibn Yurayj les informó; dijo: me informó Ya‘la ibn Muslim y ‘Amr ibn Dinar, de Sa‘id ibn Yubayr; uno de los dos añadía a lo que decía su compañero, y también a otros los he oído transmitírselo de Sa‘id. Dijo: estábamos junto a Ibn ‘Abbas en su casa, cuando dijo: “Preguntadme”. Dije: “Oh Abu ‘Abbas —que Allah me haga tu rescate—: en Kufa hay un hombre, un predicador, al que llaman Nawf, que sostiene que no es el Musa de los Hijos de Israel”. En cuanto a ‘Amr, me dijo: dijo: “Ha mentido el enemigo de Allah”. Y en cuanto a Ya‘la, me dijo: dijo Ibn ‘Abbas: me narró Ubayy ibn Ka‘b; dijo: dijo el Mensajero de Allah ﷺ:
“‘Musa, el Mensajero de Allah (as), dijo: exhortó a la gente un día, hasta que, cuando los ojos se desbordaron de lágrimas y los corazones se enternecieron, se retiró. Entonces lo alcanzó un hombre y dijo: “Oh Mensajero de Allah, ¿hay en la tierra alguien más sabio que tú?”. Dijo: “No”. Y se le reprochó por ello, cuando no devolvió el conocimiento a Allah. Se le dijo: “Sí”. Dijo: “Oh Señor mío, ¿dónde?”. Dijo: “En la confluencia de los dos mares”. Dijo: “Oh Señor mío, ponme una señal por la que yo sepa eso”’”.
Entonces ‘Amr me dijo: dijo: “Allí donde el pez se separe de ti”. Y Ya‘la me dijo: dijo: “Toma un pez muerto, allí donde se insufle en él el espíritu”. Así que tomó un pez y lo puso en un cesto, y dijo a su joven: “No te impongo sino que me informes de dónde se separa de ti el pez”. Dijo: “No me has impuesto mucho”. Y esto es la palabra de Él, glorificado sea Su recuerdo: “Y cuando Musa dijo a su joven”, a Yusha‘ ibn Nun —esto no procede de Sa‘id—. Dijo: mientras él estaba a la sombra de una roca, en un lugar húmedo, el pez se agitó, y Musa estaba dormido. Entonces su joven dijo: “No lo despertaré”. Hasta que, cuando despertó, olvidó informarle; y el pez se agitó hasta que entró en el mar. Y Allah retuvo para él la corriente del mar, hasta que fue como si su rastro estuviera en una piedra. ‘Amr me dijo: así, como si su rastro estuviera en una piedra; y juntó en círculo sus dos pulgares y los dos dedos que les siguen. “Ciertamente, hemos encontrado en este viaje nuestro fatigo”. Dijo: “Allah te ha apartado el fatigo” —esto no procede de Sa‘id—. Se lo informó, y ambos regresaron y encontraron a Jadir.
—‘Uthman ibn Abi Sulayman me dijo—: sobre una alfombra verde, sobre el corazón del mar. —Dijo Sa‘id ibn Yubayr—: cubierto con su manto; había puesto un extremo bajo sus pies y el otro extremo bajo su cabeza. Musa le dio el saludo, y él descubrió su rostro y dijo: “¿Hay en mi tierra alguien que dé el saludo? ¿Quién eres tú?”. Dijo: “Yo soy Musa”. Dijo: “¿Musa de los Hijos de Israel?”. Dijo: “Sí”. Dijo: “¿Y qué asunto te trae?”. Dijo: “He venido para que me enseñes, de aquello que se te ha enseñado, rectitud”. Dijo: “¿Acaso no te basta con que la Tora esté en tus manos y con que la revelación te llegue? Oh Musa: yo tengo un conocimiento que no te corresponde conocer, y tú tienes un conocimiento que no me corresponde conocer”.
Entonces un pájaro tomó con su pico del mar, y dijo: “Por Allah: ni mi conocimiento ni tu conocimiento, junto al conocimiento de Allah, son sino como lo que este pájaro ha tomado con su pico del mar”.
Hasta que, cuando subieron a la nave, encontraron pequeñas embarcaciones de paso que transportaban a la gente de esta orilla hacia la gente de aquella otra orilla. Lo reconocieron y dijeron: “El siervo justo”. —Dijimos a Sa‘id: “¿Jadir?”. Dijo: “Sí”—. “No lo llevaremos por un salario”. Entonces la agujereó y clavó en ella una estaca. Musa dijo: “¿La has agujereado para ahogar a sus gentes? Ciertamente, has traído algo grave”. —Dijo Muyahid: reprobable—. Dijo: “¿No te dije que no podrías tener paciencia conmigo?”. La primera fue por olvido, la segunda fue por condición, y la tercera fue deliberada. Dijo: “No me reproches por lo que olvidé y no me impongas, en mi asunto, dificultad”.
Se encontraron con un muchacho y lo mató. —Dijo Ya‘la: dijo Sa‘id—: encontró a unos muchachos jugando; tomó a un muchacho incrédulo, agraciado, lo tendió, y luego lo degolló con un cuchillo. Dijo: “¿Has matado a un alma pura sin que fuera por otra alma? No has obrado con pecado”. —E Ibn ‘Abbas la leía: “pura, inocente, musulmana”, como cuando dices: “un muchacho puro”—.
Y se pusieron en marcha, y encontraron un muro que quería venirse abajo, y lo enderezó. —Dijo Sa‘id con su mano así—: y alzó su mano y quedó recto. —Dijo Ya‘la—: creo que Sa‘id dijo: “y lo alisó con su mano y quedó recto”. “Si hubieras querido, habrías tomado por ello un salario”. —Dijo Sa‘id: “un salario que comamos”.
“Y había detrás de ellos, y había delante de ellos” —Ibn ‘Abbas la leía: “delante de ellos, un rey”—. Aducen, por vía distinta de Sa‘id, que era Hudud ibn Budud. Y el muchacho asesinado, su nombre —alegan— era Jaysur. Un rey tomaba por la fuerza toda nave; y yo quise que, cuando pasara ante él, la dejara por su defecto; y cuando hubieran rebasado, la repararían y se beneficiarían de ella. Y entre ellos hay quien dice: “la taparon con una botella”, y entre ellos hay quien dice: “con alquitrán”.
Sus padres eran creyentes, y él era incrédulo; temimos que los abrumara con rebeldía y descreimiento: que su amor por él los llevara a seguirlo en su religión. Así que quisimos que su Señor les sustituyera por otro mejor que él en pureza —por su palabra: “¿Has matado a un alma pura?”— y más cercano en misericordia: ellos serían con él más misericordiosos que con el primero, al que mató Jadir. Y otros distintos de Sa‘id sostuvieron que a ambos se les sustituyó por una niña. En cuanto a Dawud ibn Abi ‘Asim, dijo, de más de uno, que era una niña.”