9

El Arrepentimiento

التوبة At-Tawbah
Aya 34

Versículo (Español)

[9:34] ¡Oh, creyentes! Muchos de los rabinos y monjes se apropian del dinero ajeno sin derecho, y desvían [a la gente] del sendero de Dios. A aquellos que atesoren el oro y la plata y no contribuyan por la causa de Dios, anúnciales un castigo doloroso.

Tafsir de At-Tabari

{۞¡Oh vosotros que habéis creído! Ciertamente muchos de los doctores y de los monjes devoran los bienes de la gente con falsedad y apartan del camino de Dios. Y a quienes atesoran el oro y la plata y no los gastan en el camino de Dios, anúnciales un castigo doloroso} (34) La exposición acerca de la interpretación de la palabra del Altísimo: { ¡Oh vosotros que habéis creído! Ciertamente muchos de los doctores y de los monjes devoran los bienes de la gente con falsedad y apartan del camino de Dios }

Dice —exaltada sea Su mención—: ¡Oh vosotros que habéis creído a Dios y a Su Mensajero y habéis reconocido la unicidad de vuestro Señor!: ciertamente muchos de los sabios y recitadores de entre los Hijos de Israel, de judíos y cristianos, «devoran los bienes de la gente con falsedad»; dice: toman sobornos en sus sentencias, tergiversan el Libro de Dios, y escriben con sus propias manos escritos y luego dicen: “Esto procede de Dios”, y con ello obtienen un precio vil de entre su gente baja. Y «apartan del camino de Dios»; dice: y prohíben a quien desea entrar en el islam que entre en él, disuadiéndolos de ello.

Y en el mismo sentido que hemos dicho se expresaron los intérpretes.

Mención de quienes dijeron eso:

— Me narró Muḥammad b. al-Ḥusayn, dijo: nos narró Aḥmad b. al-Mufaḍḍal, dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī: «¡Oh vosotros que habéis creído! Ciertamente muchos de los doctores y de los monjes devoran los bienes de la gente con falsedad». En cuanto a «los doctores», son de los judíos; y en cuanto a «los monjes», son de los cristianos; y en cuanto a «el camino de Dios», es Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz—.

La exposición acerca de la interpretación de la palabra del Altísimo: { Y a quienes atesoran el oro y la plata y no los gastan en el camino de Dios, anúnciales un castigo doloroso }

Dice —exaltada sea Su mención—: «Ciertamente muchos de los doctores y de los monjes devoran los bienes de la gente con falsedad», y también los devoran junto con ellos «quienes atesoran el oro y la plata y no los gastan en el camino de Dios, anúnciales un castigo doloroso»; dice: anuncia a muchos de los doctores y monjes que devoran los bienes de la gente con falsedad, y a quienes atesoran el oro y la plata y no los gastan en el camino de Dios, un castigo doloroso para ellos el Día de la Resurrección, doloroso, procedente de Dios.

Los sabios discreparon acerca del sentido de «el tesoro (al-kanz)». Unos dijeron: es todo bien respecto del cual la limosna obligatoria (zakāt) es debida y cuya zakāt no se entrega. Dijeron: y quiso decir con Su palabra: «y no los gastan en el camino de Dios», esto es, no entregan su zakāt. Mención de quienes dijeron eso:

— Nos narró Ibn Baššār, dijo: nos narró ʿAbd al-Wahhāb, dijo: nos narró Ayyūb, de Nāfiʿ, de Ibn ʿUmar, dijo: Todo bien del que has entregado su zakāt no es tesoro, aunque esté enterrado; y todo bien del que no has entregado su zakāt es el tesoro que Dios mencionó en el Corán: con él se marcará a su dueño con hierro candente, aunque no esté enterrado.

— Nos narró al-Ḥasan b. al-Ǧunayd, dijo: nos narró Saʿīd b. Maslama, dijo: nos narró Ismāʿīl b. Umayya, de Nāfiʿ, de Ibn ʿUmar, que dijo: Todo bien del que has entregado la zakāt no es tesoro, aunque esté enterrado; y todo bien del que no has entregado la zakāt, aunque no esté enterrado, es tesoro.

— Me narró Abū al-Sāʾib, dijo: nos narró Ibn Fuḍayl, de Yaḥyā b. Saʿīd, de Nāfiʿ, de Ibn ʿUmar, dijo: Cualquier bien del que has entregado su zakāt no es tesoro, aunque esté enterrado en la tierra; y cualquier bien del que no has entregado su zakāt es tesoro con el que se marcará a su dueño con hierro candente, aunque esté sobre la faz de la tierra.

— Nos narró Ibn Wakīʿ, dijo: nos narró mi padre y Ǧarīr, de al-Aʿmaš, de ʿAṭiyya, de Ibn ʿUmar, dijo: Aquello de lo que has entregado su zakāt no es tesoro.

— dijo: nos narró mi padre, de al-ʿUmarī, de Nāfiʿ, de Ibn ʿUmar, dijo: Aquello de lo que has entregado su zakāt no es tesoro, aunque esté bajo siete tierras; y aquello de lo que no has entregado su zakāt es tesoro, aunque esté a la vista.

— dijo: nos narró Ǧarīr, de al-Šaybānī, de ʿIkrima, dijo: Aquello de lo que has entregado su zakāt no es tesoro.

— Nos narró Muḥammad b. al-Ḥusayn, dijo: nos narró Aḥmad b. al-Mufaḍḍal, dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī, dijo: «En cuanto a quienes atesoran el oro y la plata», esos son la gente de la qibla. Y «el tesoro»: aquello de lo que no se ha entregado su zakāt, aunque esté sobre la superficie de la tierra, aunque sea poco. Y si es mucho y se ha entregado su zakāt, no es tesoro.

— Nos narró Ibn Wakīʿ, dijo: nos narró mi padre, de Isrāʾīl, de Ǧābir, dijo: Dije a ʿĀmir: un bien sobre una repisa entre el cielo y la tierra del que no se entrega su zakāt, ¿es tesoro? Dijo: Con él se le marcará con hierro candente el Día de la Resurrección.

Otros dijeron: todo bien que exceda de cuatro mil dírhams es tesoro, se haya entregado de él la zakāt o no. Mención de quienes dijeron eso:

— Nos narró Ibn Wakīʿ, dijo: nos narró Abū Bakr b. ʿAyyāš, de Abī Ḥuṣayn, de Abī al-Ḍuḥā, de Ǧaʿda b. Hubayra, de ʿAlī —la misericordia de Dios sea sobre él—, que dijo: Cuatro mil dírhams o menos son «gasto»; y lo que sea más que eso es «tesoro».

— Nos narró Ibn Wakīʿ, dijo: nos narró mi padre, de Sufyān, de Abī Ḥuṣayn, de Abī al-Ḍuḥā, de Ǧaʿda b. Hubayra, de ʿAlī, lo mismo.

— Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā, dijo: nos informó ʿAbd al-Razzāq, dijo: nos informó al-Šaʿbī, dijo: me informó Abū Ḥuṣayn, de Abī al-Ḍuḥā, de Ǧaʿda b. Hubayra, de ʿAlī —la misericordia de Dios sea sobre él—, acerca de Su palabra: «Y quienes atesoran el oro y la plata», dijo: Cuatro mil dírhams o menos son gasto; y lo que esté por encima es tesoro.

Otros dijeron: «el tesoro» es todo lo que excede de los bienes respecto de la necesidad que su dueño tiene de ello. Mención de quienes dijeron eso:

— Nos narró Muḥammad b. al-Muṯannā, dijo: nos narró ʿUbayd Allāh b. Muʿāḏ, dijo: nos narró mi padre, dijo: nos narró Šuʿba, de Anas, de ʿAbd al-Wāḥid: que oyó a Abū Muǧīb decir: la sandalia de la espada de Abū Hurayra era de plata, y Abū Ḏarr se lo prohibió, y dijo: Ciertamente el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «Quien deje oro o plata, será marcado con ello con hierro candente».

— Nos narró Muḥammad b. Baššār, dijo: nos narró Muʾammal, dijo: nos narró Sufyān, de Manṣūr, de al-Aʿmaš y ʿAmr b. Murra, de Sālim b. Abī al-Ǧaʿd, dijo: Cuando descendió: «Y quienes atesoran el oro y la plata y no los gastan en el camino de Dios», el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «¡Perecimiento para el oro! ¡Perecimiento para la plata!», diciéndolo tres veces. Dijo: Eso apesadumbró a los compañeros del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, y dijeron: Entonces, ¿qué bien tomaremos? Y ʿUmar dijo: Yo os lo averiguaré. Y dijo: ¡Oh Mensajero de Dios! Ciertamente a tus compañeros les ha apesadumbrado, y han dicho: Entonces, ¿qué bien tomaremos? Dijo: «Una lengua que recuerde, un corazón agradecido y una esposa que ayude a uno de vosotros en su religión».

— Nos narró Ibn Baššār, dijo: nos narró Muʾammal, dijo: nos narró Isrāʾīl, de Manṣūr, de Sālim b. Abī al-Ǧaʿd, de Ṯawbān, con algo semejante.

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā, dijo: nos informó ʿAbd al-Razzāq, dijo: nos informó al-Ṯawrī, de Manṣūr, de ʿAmr b. Murra, de Sālim b. Abī al-Ǧaʿd, dijo: Cuando descendió esta aleya: «Y quienes atesoran el oro y la plata y no los gastan en el camino de Dios», los emigrados dijeron: ¿Y qué bien tomaremos? Y ʿUmar dijo: Preguntaré al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— acerca de ello. Dijo: Lo alcancé sobre un camello, y dije: ¡Oh Mensajero de Dios! Ciertamente los emigrados han dicho: ¿qué bien tomaremos? Y el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «Una lengua que recuerde, un corazón agradecido y una esposa creyente que ayude a uno de vosotros en su religión».

— Nos narró al-Ḥasan, dijo: nos informó ʿAbd al-Razzāq, dijo: nos informó Maʿmar, de Qatāda, de Šahr b. Ḥawšab, de Abī Umāma, dijo: Murió un hombre de la gente de al-Ṣuffa, y se halló en su izār un dinar; y el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «¡Una cauterización!» Luego murió otro, y se hallaron en su izār dos dinares; y el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo:

«¡Dos cauterizaciones!».

— Nos narró Bišr, dijo: nos narró Yazīd, dijo: nos narró Saʿīd, de Qatāda, de Šahr b. Ḥawšab, de Ṣadā b. ʿAǧlān Abī Umāma, dijo: Murió un hombre de la gente de al-Ṣuffa, y se halló en su izār un dinar; y el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «¡Una cauterización!» Luego murió otro, y se hallaron en su izār dos dinares, y el Profeta de Dios dijo:

«¡Dos cauterizaciones!».

— Nos narró Ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Ǧarīr, de Manṣūr, de Sālim, de Ṯawbān, dijo: Estábamos de viaje, caminando con el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—. Los emigrados dijeron: ¡Ojalá supiéramos cuál bien es mejor para tomarlo! ¡Pues ha descendido acerca del oro y la plata lo que ha descendido! Entonces ʿUmar dijo: Si queréis, preguntaré al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— acerca de ello. Dijeron: Sí. Partió y lo seguí, apremiando mi camello, y dije: ¡Oh Mensajero de Dios! Ciertamente los emigrados, cuando Dios hizo descender acerca del oro y la plata lo que hizo descender, dijeron: ojalá supiéramos cuál bien es mejor para tomarlo. Dijo: «Sí: que tome uno de vosotros una lengua que recuerde, un corazón agradecido y una esposa que ayude a uno de vosotros en su fe».

Dijo Abū Ǧaʿfar: La opinión más digna de ser tenida por correcta en esto es la que se transmitió de Ibn ʿUmar: que todo bien del que se ha entregado su zakāt no es tesoro cuya acumulación sea ilícita para su dueño, aunque sea mucho; y que todo aquello de lo que no se ha entregado su zakāt, su dueño es castigado y merecedor de la amenaza de Dios —salvo que Dios le favorezca con Su perdón—, aunque sea poco, si es de aquello en lo que la zakāt es obligatoria.

Y ello porque Dios impuso, respecto de cinco awāq de plata, por lengua de Su Mensajero, un cuarto de décima parte; y respecto de veinte mitqāl de oro, lo mismo: un cuarto de décima parte. Así, siendo esa la obligación que Dios estableció sobre el oro y la plata por lengua de Su Mensajero, es sabido que la gran cantidad de bienes —aunque alcanzase miles y miles—, si se entrega su zakāt, no es de los tesoros cuyos dueños Dios amenazó con el castigo, pues no habría en ello la zakāt que hemos mencionado, de un cuarto de décima parte. Porque aquello cuya obligación fuese sacar la totalidad del bien y cuya tenencia fuese ilícita, su zakāt sería salir de todo ello hacia sus destinatarios, no un cuarto de décima parte. Eso es como el bien usurpado, cuya retención es ilícita para el usurpador y cuya obligación es sacarlo de su mano hacia la mano de su dueño; y purificarse de ello es devolverlo a su propietario. Si lo que excede de cuatro mil dírhams, o lo que sobrepasa la necesidad indispensable de su dueño, fuese de aquello por cuya posesión —aun entregando a los destinatarios de las porciones sus derechos de limosna— su dueño mereciera la amenaza de Dios, no sería obligatorio para su dueño un cuarto de décima parte, sino que le sería obligatorio salir de todo ello hacia sus destinatarios y gastarlo en aquello en lo que debe gastarlo, como hemos mencionado respecto de que lo obligatorio para quien usurpa el bien de un hombre es devolvérselo a su dueño. Además, ciertamente en lo que:

— Nos narró Muḥammad b. ʿAbd al-Aʿlā, dijo: nos narró Muḥammad b. Ṯawr, dijo: dijo Maʿmar: me informó Suhayl b. Abī Ṣāliḥ, de su padre, de Abī Hurayra, que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «No hay hombre que no entregue la zakāt de su bien sin que se le hagan, el Día de la Resurrección, planchas de fuego con las que se le marcarán el costado, la frente y la espalda, en un día cuya medida es de cincuenta mil años, hasta que se juzgue entre la gente; luego verá su camino. Y si eran camellos, se les allanará para ellos una llanura lisa, y lo pisotearán con sus pezuñas». Creo que dijo:

«Y lo morderán con sus bocas; los primeros de ellos volverán sobre los últimos, hasta que se juzgue entre la gente; luego verá su camino. Y si eran ovejas, será lo mismo, salvo que lo cornearán con sus cuernos y lo pisotearán con sus pezuñas».

Y hay en ello paralelos de relatos cuya mención hemos detestado alargar, que constituyen una indicación clara de que la amenaza procede de Dios únicamente respecto de los bienes de los que no se han entregado las obligaciones prescritas en ellos a sus destinatarios de limosna, no respecto de su posesión y acumulación.

Y en lo que hemos expuesto hay una aclaración evidente de que la aleya es de sentido particular, como dijo Ibn ʿAbbās. Y ello es lo que:

— Me narró Muḥammad b. Saʿd, dijo: me narró mi padre, dijo: me narró mi tío, dijo: me narró mi padre, de su padre, de Ibn ʿAbbās: «Y quienes atesoran el oro y la plata y no los gastan en el camino de Dios, anúnciales un castigo doloroso»; dice: son la Gente del Libro. Y dijo: Es particular y general.

Quiere decir con su palabra: «es particular y general»: es particular, respecto de los musulmanes, para quien de entre ellos no entrega la zakāt de su bien; y general respecto de la Gente del Libro, porque son incrédulos y no se aceptan de ellos sus gastos aunque gasten.

Indica la corrección de lo que hemos dicho en la interpretación de esta palabra de Ibn ʿAbbās lo que:

— Me narró al-Muṯannā, dijo: nos narró ʿAbd Allāh, dijo: me narró Muʿāwiya, de ʿAlī b. Abī Ṭalḥa, de Ibn ʿAbbās, acerca de Su palabra: «Y quienes atesoran el oro y la plata y no los gastan...», hasta Su palabra: «Esto es lo que atesorasteis para vosotros mismos; gustad, pues, lo que atesorabais»; dijo: son quienes no entregan la zakāt de sus bienes. Dijo: Todo bien del que no se entrega su zakāt, esté sobre la superficie de la tierra o en su interior, es tesoro; y todo bien del que se entrega su zakāt no es tesoro, esté sobre la superficie de la tierra o en su interior.

— Me narró Yūnus, dijo: nos informó Ibn Wahb, dijo: dijo Ibn Zayd, acerca de Su palabra: «Y quienes atesoran el oro y la plata»; dijo: «el tesoro»: lo que se atesora apartándolo de la obediencia a Dios y de Su obligación; eso es «tesoro». Y dijo: La zakāt y la oración fueron prescritas juntas; no se separó entre ambas.

Y sólo dijimos eso en sentido particular, porque el tesoro, en el habla de los árabes, es toda cosa reunida, unas partes sobre otras, esté en el interior de la tierra o sobre su superficie. Indica eso la palabra del poeta:

No sea bendita mi leche si alimento a su huésped *** con pan duro, mientras tengo trigo atesorado

Con ello quiere decir: y mientras tengo trigo reunido, unas partes sobre otras. Y así también los árabes llaman al cuerpo compacto: “muktaniz”, por la unión de unas partes con otras.

Si ese es el sentido de “tesoro” entre ellos, y siendo Su palabra: «Y quienes atesoran el oro y la plata», su sentido: y quienes reúnen el oro y la plata, unas partes con otras, y no los gastan en el camino de Dios; y siendo general en la recitación, no había en la aleya una aclaración de cuál es la cantidad de oro y plata que, si se reúne unas partes con otras, hace merecedor de la amenaza; se supo, entonces, que su particularización sólo se alcanzó por la detención (waqf) del Mensajero sobre ello: y eso, como hemos expuesto, es el bien del que no se entrega el derecho de Dios en él, de la zakāt, y no otro, por lo que ya hemos aclarado de indicios sobre su corrección.

Y algunos compañeros solían decir: es general respecto de todo tesoro, aunque es particular respecto de la Gente del Libro, y a ellos se refirió Dios con ella. Mención de quienes dijeron eso:

— Me narró Abū Ḥuṣayn ʿAbd Allāh b. Aḥmad b. Yūnus, dijo: nos narró Hušaym, dijo: nos narró Ḥuṣayn, de Zayd b. Wahb, dijo: Pasé por al-Rabaḏa y me encontré con Abū Ḏarr. Le dije: ¡Oh Abū Ḏarr! ¿Qué te ha hecho descender a estas tierras? Dijo: Estaba en al-Šām, y recité esta aleya: «Y quienes atesoran el oro y la plata...», la aleya. Entonces Muʿāwiya dijo: Esta aleya no es acerca de nosotros; esta aleya es sólo acerca de la Gente del Libro. Dije: ¡Ciertamente es acerca de nosotros y de ellos! Dijo: Se elevó la discusión entre él y yo sobre ello, y escribió a ʿUṯmān quejándose de mí. Y ʿUṯmān me escribió: ¡Ven a mí! Dijo: Vine; y cuando llegué a Medina, la gente se me echó encima como si no me hubieran visto antes de aquel día. Me quejé de ello a ʿUṯmān, y me dijo: Apártate cerca. Dije: ¡Por Dios, no dejaré lo que solía decir!

— Nos narraron Abū Kurayb, Abū al-Sāʾib e Ibn Wakīʿ, dijeron: nos narró Ibn Idrīs, dijo: nos narró Ḥuṣayn, de Zayd b. Wahb, dijo: Pasamos por al-Rabaḏa; luego mencionó, de Abū Ḏarr, algo semejante.

— Me narró Abū al-Sāʾib, dijo: nos narró Ibn Idrīs, de Ašʿaṯ y Hišām, de Abī Bišr, dijo: Dijo Abū Ḏarr: Salí hacia al-Šām, y recité esta aleya: «Y quienes atesoran el oro y la plata y no los gastan en el camino de Dios». Entonces Muʿāwiya dijo: Sólo es acerca de la Gente del Libro. Dijo: Y yo dije: Ciertamente es acerca de nosotros y de ellos.

— Me narró Yaʿqūb b. Ibrāhīm, dijo: nos narró Hušaym, dijo: nos informó Ḥuṣayn, de Zayd b. Wahb, dijo: Pasé por al-Rabaḏa y he aquí que estaba Abū Ḏarr. Dijo: Le dije: ¿Qué te ha hecho descender a este lugar tuyo? Dijo: Estaba en al-Šām, y discrepamos yo y Muʿāwiya acerca de esta aleya: «Y quienes atesoran el oro y la plata y no los gastan en el camino de Dios». Dijo: Él dijo: ¡Descendió acerca de la Gente del Libro! Y yo dije: Descendió acerca de nosotros y de ellos. Luego mencionó algo semejante al ḥadiz de Hušaym, de Ḥuṣayn.

Si alguien dijera: ¿Cómo se dijo: «y no los gastan en el camino de Dios», y se hizo salir la «hāʾ» y la «alif» como pronombre alusivo a uno de los dos tipos?

Se dirá: Eso admite dos posibilidades: una, que con el oro y la plata se pretendan los tesoros, como si se hubiera dicho: “y quienes atesoran los tesoros y no los gastan en el camino de Dios”, porque el oro y la plata son «los tesoros» en este lugar. La otra, que se haya considerado suficiente, en el predicado, con referir el retorno de la mención de una de las dos, prescindiendo de la otra, por indicar el discurso que el predicado acerca de la otra es como el predicado acerca de ésta. Esto es frecuente y se halla en el habla de los árabes y en su poesía. De ello es la palabra del poeta:

Nosotros, con lo que tenemos, y tú, con lo que *** tienes, satisfecho; y la opinión es diversa

Dijo: «satisfecho», y no dijo: «satisfechos». Y dijo el otro:

Ciertamente la lozanía de la juventud y el cabello negro, *** mientras no se resista, era locura

Dijo: «se resista», y no dijo: «se resistan», en muchas cosas. Y de ello es la palabra de Dios: «Y cuando ven un comercio o una diversión, se dispersan hacia ella», y no dijo: «hacia ambos».

Notas y Referencias

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