El Botín
الأنفال Al-AnfalVersículo (Español)
[8:15] ¡Oh, creyentes! Cuando se enfrenten con los que se niegan a creer, no les den la espalda [para huir].
Tafsir de At-Tabari
{¡Oh vosotros que habéis creído! Cuando os encontréis con los que han rechazado la fe avanzando en formación, no les volváis las espaldas} (15)
La exposición sobre la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—:
{¡Oh vosotros que habéis creído! Cuando os encontréis con los que han rechazado la fe avanzando en formación, no les volváis las espaldas * Y quien, aquel día, les vuelva la espalda —salvo que sea para maniobrar en combate o para replegarse hacia una tropa— habrá incurrido en ira de parte de Dios, y su morada será el Infierno. ¡Qué mal destino!}
. .
Quiere decir —Exaltado sea Su recuerdo—:
¡Oh vosotros que habéis creído a Dios y a Su Mensajero! Cuando os encontréis con los que han rechazado la fe en el combate, «avanzando en formación»; es decir: avanzando unos hacia otros.
Y el «avanzar en formación» es: aproximarse y acercarse.
«No les volváis las espaldas»; es decir: no les deis la espalda para huir de ellos; antes bien, manteneos firmes frente a ellos, pues Dios está con vosotros contra ellos.
«Y quien, aquel día, les vuelva la espalda»; es decir: quien de vosotros les dé la espalda, salvo que sea «para maniobrar en combate»; es decir: salvo que se desplace con rodeo para combatir a su enemigo, buscando una brecha suya que le permita alcanzarla y entonces volver contra él; o «replegándose hacia una tropa»; es decir: salvo que les dé la espalda replegándose hacia una tropa,
digo: dirigiéndose al ámbito de los creyentes, aquellos hacia los que se repliega con ellos para combatirlos, y con los que vuelve hacia ellos.
En el mismo sentido que hemos dicho se expresaron los intérpretes.
Mención de quienes dijeron eso:
Nos narró Ibn Wakīʿ,
dijo:
nos narró Abū Jālid al-Aḥmar, de Juwaybir,
de al-Ḍaḥḥāk:
«salvo que sea para maniobrar en combate o para replegarse hacia una tropa», dijo: el que maniobra es: el que se adelanta respecto de sus compañeros para ver un descuido del enemigo y alcanzarlo.
Dijo:
y el que se repliega es: el que huye hacia el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— y sus compañeros; y así también quien hoy huye hacia su comandante o hacia sus compañeros.
Al-Ḍaḥḥāk dijo:
Esto no es sino una amenaza de Dios para los compañeros de Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz—, para que no huyan; y el Profeta —sobre él la oración y la paz— era su tropa.
Me narró Muḥammad b. al-Ḥusayn,
dijo:
nos narró Aḥmad b. al-Mufaḍḍal,
dijo:
nos narró Asbāṭ,
de al-Suddī:
«Y quien, aquel día, les vuelva la espalda, salvo que sea para maniobrar en combate o para replegarse hacia una tropa». En cuanto a «el que maniobra», dice: salvo que se desplace con rodeo, queriendo volver.
«o replegándose hacia una tropa», dijo:
el que se repliega es hacia el imán y su ejército si vuelve al ataque y no tiene fuerzas para sostenerse con ellos; y no se excusa a la gente, aunque sean muchos, que se vuelvan huyendo del imán.
Los sabios discreparon acerca del estatuto del dicho de Dios —Poderoso y Majestuoso—:
«Y quien, aquel día, les vuelva la espalda, salvo que sea para maniobrar en combate o para replegarse hacia una tropa, habrá incurrido en ira de parte de Dios, y su morada será el Infierno»: ¿es algo particular de la gente de Badr, o concierne a todos los creyentes?
Unos dijeron:
es particular de la gente de Badr, porque no les era lícito abandonar al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— con su enemigo y huir de él; en cuanto a hoy, sí les es lícito huir.
Mención de quienes dijeron eso:
Nos narró Muḥammad b. al-Muthannā,
dijo:
nos narró ʿAbd al-Aʿlā,
dijo:
nos narró Dāwūd, de Abī Naḍra,
sobre el dicho de Dios —Poderoso y Majestuoso—:
«Y quien, aquel día, les vuelva la espalda», dijo: ese fue el día de Badr, y no les era lícito replegarse; y si alguno se replegaba, no se replegaba sino hacia mí.
Abū Mūsā dijo:
quiere decir: hacia los asociadores.
Nos narró Isḥāq b. Shāhīn,
dijo:
nos narró Khālid, de Dāwūd, de Abī Naḍra, de Abī Saʿīd,
Su dicho —Poderoso y Majestuoso—:
«Y quien, aquel día, les vuelva la espalda», y luego mencionó algo semejante,
solo que dijo:
y si se hubieran replegado, se habrían replegado hacia los asociadores, y aquel día no había musulmán en la tierra fuera de ellos.
Nos narró Ḥumayd b. Masʿada,
dijo:
nos narró Bishr b. Mufaḍḍal,
dijo:
nos narró Dāwūd, de Abī Naḍra, de Abī Saʿīd,
dijo:
Fue revelada acerca del día de Badr: «Y quien, aquel día, les vuelva la espalda».
Me narraron Ibn al-Muthannā y ʿAlī b. Muslim al-Ṭūsī.
Ibn al-Muthannā dijo:
me narró ʿAbd al-Ṣamad.
Y ʿAlī dijo:
nos narró ʿAbd al-Ṣamad,
dijo:
nos narró Shuʿba, de Dāwūd —es decir, Ibn Abī Hind—, de Abī Naḍra,
de Abī Saʿīd:
«Y quien, aquel día, les vuelva la espalda», dijo: el día de Badr.
Abū Mūsā dijo:
Se me ha contado que en el libro de Ghundar está este ḥadiz, de Dāwūd, de al-Shaʿbī, de Abī Saʿīd.
Nos narró Aḥmad b. Muḥammad al-Ṭūsī,
dijo:
nos narró ʿAlī b. ʿĀṣim, de Dāwūd b. Abī Hind, de Abī Naḍra, de Abī Saʿīd al-Khudrī,
dijo:
Eso fue únicamente el día de Badr: los musulmanes no tenían tropa sino el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—; en cuanto a después de eso, los musulmanes son, unos para otros, tropa.
Nos narró Ibn Wakīʿ,
dijo:
nos narró ʿAbd al-Aʿlā,
dijo:
nos narró Dāwūd,
de Abī Naḍra:
«Y quien, aquel día, les vuelva la espalda», dijo: esto fue revelado acerca de la gente de Badr.
Nos narró Yaʿqūb,
dijo:
nos narró Ibn ʿUlayya, de Ibn ʿAwn,
dijo:
Escribí a Nāfiʿ preguntándole
sobre Su dicho:
«Y quien, aquel día, les vuelva la espalda»: ¿fue eso aquel día o es después?
Dijo:
y me escribió: eso fue únicamente el día de Badr.
Nos narró ʿAlī b. Sahl,
dijo:
nos narró Zayd, de Sufyān, de Juwaybir, de al-Ḍaḥḥāk,
dijo:
La huida fue únicamente el día de Badr, y no tenían refugio al que acogerse; en cuanto a hoy, no hay huida.
Nos narró Ibn Wakīʿ,
dijo:
nos narró mi padre, de al-Rabīʿ,
de al-Ḥasan:
«Y quien, aquel día, les vuelva la espalda», dijo: esto fue particular del día de Badr; huir del avance en formación no es de los pecados mayores.
Dijo:
nos narró mi padre, de Sufyān, de un hombre,
de al-Ḍaḥḥāk: «Y quien, aquel día, les vuelva la espalda», dijo:
esto fue particular del día de Badr.
Dijo:
nos narró Rūḥ b. ʿUbāda, de Ḥabīb b. al-Shahīd,
de al-Ḥasan: «Y quien, aquel día, les vuelva la espalda», dijo:
Fue revelada acerca de la gente de Badr.
Nos narró Bishr b. Muʿādh,
dijo:
nos narró Yazīd,
dijo:
nos narró Saʿīd,
de Qatāda:
«Y quien, aquel día, les vuelva la espalda», dijo: ese fue el día de Badr.
Me narró al-Muthannā,
dijo:
nos narró Suwayd,
dijo:
nos informó Ibn al-Mubārak, de al-Mubārak b. Faḍāla,
de al-Ḥasan: «Y quien, aquel día, les vuelva la espalda», dijo:
ese fue el día de Badr; en cuanto a hoy, si se repliega hacia una tropa o hacia una ciudad —creo que dijo—, no hay inconveniente.
Me narró al-Muthannā,
dijo:
nos narró Qabīṣa b. ʿUqba,
dijo:
nos narró Sufyān, de Ibn ʿAwn,
dijo:
Escribí a Nāfiʿ: «¿Y quien, aquel día, les vuelva la espalda?»
Dijo:
Esto es únicamente el día de Badr.
Me narró al-Muthannā,
dijo:
nos narró Suwayd b. Naṣr,
dijo:
nos narró Ibn al-Mubārak, de Ibn Lahīʿa,
dijo:
me narró Yazīd b. Abī Ḥabīb,
dijo:
Dios hizo obligatoria para quien huyó el día de Badr el Fuego.
Dijo:
«Y quien, aquel día, les vuelva la espalda, salvo que sea para maniobrar en combate o para replegarse hacia una tropa, habrá incurrido en ira de parte de Dios». Luego, cuando fue el día de Uḥud después de eso, dijo: {En verdad, Satanás los hizo resbalar por algo de lo que habían adquirido; y ciertamente Dios los ha perdonado}. Luego fue Ḥunayn después de eso, siete años más tarde, y dijo: {Luego os volvisteis huyendo de espaldas. Luego Dios se vuelve en misericordia, después de eso, hacia quien Él quiere}.
Me narró Yaʿqūb,
dijo:
nos narró Ibn ʿUlayya,
dijo:
nos narró Ibn ʿAwn, de Muḥammad:
que a ʿUmar —Dios esté complacido con él— le llegó la noticia de la muerte de Abū ʿUbayd,
y dijo:
Si se hubiera replegado hacia mí, yo habría sido para él una tropa.
Me narró al-Muthannā,
dijo:
nos narró Suwayd,
dijo:
nos narró Ibn al-Mubārak, de Jarīr b. Ḥāzim,
dijo:
me narró Qays b. Saʿīd,
dijo:
Pregunté a ʿAṭāʾ b. Abī Rabāḥ
sobre Su dicho:
«Y quien, aquel día, les vuelva la espalda», dijo: esto está abrogado por la aleya que está en al-Anfāl: {Ahora Dios os ha aliviado y ha sabido que en vosotros hay debilidad. Así pues, si hay entre vosotros cien pacientes, vencerán a doscientos}. Dijo: no es lícito a un grupo huir de sus iguales.
Dijo:
y aquello fue abrogado, salvo este número.
Me narró al-Muthannā,
dijo:
nos narró Suwayd,
dijo:
nos informó Ibn al-Mubārak, de Sulaymān al-Taymī, de Abī ʿUthmān,
dijo:
Cuando fue muerto Abū ʿUbayd, llegó la noticia a ʿUmar,
y dijo:
¡Oh gente! Yo soy vuestra tropa.
Ibn al-Mubārak dijo, de Maʿmar, Sufyān al-Thawrī e Ibn ʿUyayna, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid,
dijo:
ʿUmar —Dios esté complacido con él— dijo: yo soy la tropa de todo musulmán.
Otros dijeron:
Más bien, el dictamen de esta aleya es general para todo aquel que vuelve la espalda al enemigo huyendo. Mención de quienes dijeron eso.
Me narró al-Muthannā,
dijo:
nos narró ʿAbd Allāh b. Ṣāliḥ,
dijo:
me narró Muʿāwiya, de ʿAlī b. Abī Ṭalḥa, de Ibn ʿAbbās,
dijo:
Los mayores de los pecados mayores son: asociar a Dios,
y huir del avance en formación, porque Dios —Poderoso y Majestuoso— dice:
«Y quien, aquel día, les vuelva la espalda... habrá incurrido en ira de parte de Dios, y su morada será el Infierno. ¡Qué mal destino!».
Y la más correcta de las dos interpretaciones de esta aleya, a mi juicio, es la de quien dijo: su dictamen es firme (muḥkam), que fue revelada acerca de la gente de Badr, y que su dictamen permanece vigente para todos los creyentes; y que Dios prohibió a los creyentes, cuando se encuentren con el enemigo, volverles la espalda huyendo, salvo para maniobrar en combate o para replegarse hacia una tropa de los creyentes, dondequiera que esta se halle en tierra del Islam; y que quien les vuelve la espalda tras el avance en formación, huyendo para el combate sin la intención de una de las dos condiciones que Dios permitió para la retirada, ha hecho merecer de parte de Dios Su amenaza, salvo que Él le favorezca con Su perdón.
Y solo dijimos que es firme y no abrogada porque ya hemos aclarado en otro lugar de este libro y en otros que no es lícito dictaminar la abrogación del dictamen de una aleya, teniendo esta una posibilidad distinta de la abrogación, sino con una prueba a la que sea obligatorio someterse: un reporte que corte toda excusa, o un argumento racional.
Y no hay prueba de estos dos sentidos que indique la abrogación del dictamen del dicho de Dios —Poderoso y Majestuoso—:
«Y quien, aquel día, les vuelva la espalda, salvo que sea para maniobrar en combate o para replegarse hacia una tropa».
En cuanto a Su dicho:
«habrá incurrido en ira de parte de Dios», es decir: habrá regresado con ira de parte de Dios.
Y «su morada será el Infierno», es decir:
su destino, al que llegará en su retorno el Día de la Resurrección, será el Infierno. Y «¡qué mal destino!», es decir:
¡qué mal lugar al que llega ese destino!
Notas y Referencias
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