7

Las Alturas

الأعراف Al-A'raf
Aya 8

Versículo (Español)

[7:8] Ese día se pesarán las obras con la verdad. Aquellos cuyas [buenas] obras pesen más [en la balanza] serán los bienaventurados.

Tafsir de At-Tabari

{Y la pesada, aquel día, es la verdad. Y a quien se le hagan pesadas sus balanzas, esos son los triunfadores} (8) La exposición sobre la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—: {Y la pesada, aquel día, es la verdad. Y a quien se le hagan pesadas sus balanzas, esos son los triunfadores}.

La “pesada” (al-wazn): es un nombre de acción derivado del dicho de quien dice: “pesé tal y tal”, “lo peso” (azīnuhu) con “pesada” (waznan) y “pesaje” (waznatan), como: “le prometí” (waʿadtuhu), “le prometo” (aʿiduhu) con “promesa” (waʿdan) y “prometimiento” (ʿidatan). Y está en nominativo por “la verdad”, y “la verdad” está por ella. El sentido del discurso es: Y la pesada, el día en que preguntaremos a aquellos a quienes fueron enviados (los mensajeros) y a los enviados, es la verdad. Y con “la verdad” quiere decir: la justicia. Y Mujāhid solía decir: la pesada en este lugar: el decreto (al-qaḍāʾ).

Me narró al-Muthannā, dijo: nos narró Abū Ḥudhayfa, dijo: nos narró Shibl, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid: “Y la pesada, aquel día”: el decreto.

Y también solía decir: el sentido de “la verdad” aquí: la justicia. Mención de la transmisión sobre ello:

Nos narró Ibn Wakīʿ, dijo: nos narró Jarīr, de al-Aʿmash, de Mujāhid: “Y la pesada, aquel día, es la verdad”: dijo: la justicia.

Y otros dijeron: el sentido de Su dicho: “Y la pesada, aquel día, es la verdad” es la pesada de las obras. Mención de quienes dijeron eso:

Me narró Muḥammad b. al-Ḥusayn, dijo: nos narró Aḥmad b. al-Mufaḍḍal, dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī, especto a Su dicho: “Y la pesada, aquel día, es la verdad”: se pesan las obras.

Me narró Muḥammad b. ʿAmr, dijo: nos narró Abū ʿĀṣim, dijo: nos narró ʿĪsā, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid, sobre el dicho de Dios: “Y la pesada, aquel día, es la verdad”: dijo: ʿUbayd b. ʿUmayr dijo: se traerá al hombre enorme, alto, gran comedor y gran bebedor, y no pesará lo que un ala de mosquito.

Me narró al-Muthannā, dijo: nos narró Abū Ḥudhayfa, dijo: nos narró Shibl, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid: “Y la pesada, aquel día, es la verdad”: dijo: ʿUbayd b. ʿUmayr dijo: se traerá al hombre alto y enorme, y no pesará lo que un ala de mosquito.

Me narró al-Ḥārith, dijo: nos narró ʿAbd al-ʿAzīz, dijo: nos narró Yūsuf b. Ṣuhayb, de Mūsā, de Bilāl b. Yaḥyā, de Ḥudhayfa, dijo: el encargado de las balanzas el Día de la Resurrección es Gabriel —la paz sea con él—. Dijo: “¡Oh Gabriel! Pesa entre ellos; devuelve al agraviado. Y si no tiene buenas obras, se cargará sobre él de las malas obras de su adversario, y el hombre regresará con ellas como montañas”. Y eso es Su dicho: “Y la pesada, aquel día, es la verdad”.

Y los exégetas discreparon acerca de la interpretación de Su dicho: {Y a quien se le hagan pesadas sus balanzas}. Unos dijeron: su sentido es: a quien se le multipliquen sus buenas obras. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narró Ibn Wakīʿ, dijo: nos narró Jarīr, de al-Aʿmash, de Mujāhid: {Y a quien se le hagan pesadas sus balanzas}: dijo: sus buenas obras.

Y otros dijeron: el sentido de ello es: a quien se le hagan pesadas sus balanzas con las que se pesan sus buenas y sus malas obras. Dijeron: y esa es la balanza que la gente conoce: tiene una lengüeta y dos platillos. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narró al-Qāsim, dijo: nos narró al-Ḥusayn, dijo: me narró Ḥajjāj, dijo: Ibn Jurayj dijo: ʿAmr b. Dīnār me dijo: respecto a Su dicho: “Y la pesada, aquel día, es la verdad”, dijo: ciertamente vemos una balanza y dos platillos. Oí a ʿUbayd b. ʿUmayr decir: se coloca al hombre enorme y alto en la balanza, y luego no equivale al ala de una mosca.

Dijo Abū Jaʿfar: Y lo correcto, en mi opinión, acerca de ello es el dicho que mencionamos de ʿAmr b. Dīnār: que eso es la balanza conocida con la que se pesa; y que Dios —Glorificado sea— pesa las obras de Sus criaturas, las buenas y las malas, como dijo —Glorificado sea—: {Y a quien se le hagan pesadas sus balanzas}: las balanzas de su obra recta. {Esos son los triunfadores}: es decir: esos son quienes alcanzaron el éxito y lograron la victoria en lo que se busca, y la perpetuidad y permanencia en los Jardines, por la convergencia de los relatos del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— en su dicho: «No se ha puesto en la balanza nada más pesado que el buen carácter», y otros relatos semejantes que confirman que se trata de una balanza con la que se pesan las obras, tal como he descrito. Y si un ignorante, que yerra en orientar el sentido de la noticia de Dios sobre la balanza y la noticia de Su Mensajero —Dios le bendiga y le conceda paz— sobre su modalidad, lo negara, y dijera: “¿Cómo se pesan las obras, si las obras no son cuerpos que se describan por pesadez o ligereza? Solo se pesan las cosas para conocer su peso frente a su levedad, y su abundancia frente a su escasez; y eso no es posible sino respecto de cosas que se describen por pesadez y ligereza, abundancia y escasez”. Se le diría respecto a su dicho: “¿Y cuál es el sentido de que Dios pese las obras, siendo que Él conoce sus magnitudes antes de que existan?” Que esa pesada es análoga a Su fijación de ello en la Madre del Libro, y a Su transcripción de ello en el Libro, sin necesidad de ello por Su parte ni temor de olvidarlo, siendo Él conocedor de todo eso en todo estado y tiempo, antes de que exista y después de que exista; sino para que ello sea una prueba contra Sus criaturas, como dijo —Glorificado sea— en Su revelación: {Toda comunidad será llamada a su libro. Hoy seréis retribuidos por lo que solíais hacer. Este Nuestro libro habla contra vosotros con la verdad...} la aleya. Así también, Su pesada —Exaltado sea— de las obras de Sus criaturas con la balanza es una prueba contra ellos y a favor de ellos: ya sea por el descuido en Su obediencia y el menoscabo, o por la perfección y el cumplimiento. En cuanto al modo en que ello es posible, es que, tal como:

me narró Mūsā b. ʿAbd al-Raḥmān al-Masrūqī, dijo: nos narró Jaʿfar b. ʿAwn, dijo: nos narró ʿAbd al-Raḥmān b. Ziyād al-Ifrīqī, de ʿAbd Allāh b. Yazīd, de ʿAbd Allāh b. ʿAmr, dijo: se traerá al hombre el Día de la Resurrección a la balanza; se le pondrá en un platillo, y se le sacarán noventa y nueve registros en los que están sus faltas y sus pecados. Dijo: luego se le sacará un escrito como la yema del dedo, en el que está el testimonio de que no hay divinidad sino Dios y de que Muḥammad es Su siervo y Su Mensajero —Dios le bendiga y le conceda paz—. Dijo: y se pondrá en el platillo, y pesará más que sus faltas y sus pecados.

Así también pesa Dios las obras de Sus criaturas: colocando al siervo y los libros de sus buenas obras en uno de los dos platillos de la balanza, y los libros de sus malas obras en el otro platillo; y Dios —Bendito y Exaltado sea— produce pesadez y ligereza en el platillo al que corresponde lo pesado, como argumento de parte de Dios con ello contra Sus criaturas, del mismo modo que hace con muchos de ellos al hacer hablar a sus manos y sus pies, para que testifiquen contra ellos, y otras pruebas semejantes. Y se pregunta a quien niega eso, y se le dice: Dios —Exaltado sea Su recuerdo— nos informó que hace pesadas las balanzas de unos en la Resurrección y aligera las balanzas de otros; y los relatos del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— han convergido en confirmar eso. ¿Qué es lo que te obligó a negar que la balanza sea la balanza que hemos descrito, cuya descripción es la que la gente reconoce? ¿Una prueba racional? Pues se diría: Su validez se entiende también desde la razón; y en que Dios —Glorificado sea— pese a Sus criaturas y los libros de sus obras para hacerles conocer, mediante la balanza, cuál de las dos partes pesa más, no hay salida de la sabiduría ni entrada en injusticia en un juicio. ¿Qué es, entonces, lo que te lo hace imposible, por prueba, razón o noticia? Pues no hay camino para sostener con verdad la corrupción de lo que la razón no rechaza sino por una de las dos vías que he mencionado, y no hay camino a ello. Y en la ausencia de demostración de la validez de su pretensión por una de esas dos vías se hace patente la invalidez de su dicho y la corrección de lo que la gente de la verdad ha dicho al respecto. Y este no es el lugar para extenderse en este sentido contra quien niega la balanza cuya descripción hemos expuesto, pues nuestro propósito en este libro es la exposición de la interpretación del Corán y no otra cosa. De no ser así, habríamos añadido a lo que hemos mencionado sus análogos. Y en lo que hemos mencionado hay suficiencia para quien sea asistido a comprenderlo, si Dios quiere.

Notas y Referencias

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