7

Las Alturas

الأعراف Al-A'raf
Aya 176

Versículo (Español)

[7:176] Y si hubiera querido habría elevado su rango [en esta vida y en la otra, preservándolo], pero se inclinó por los placeres de este mundo y siguió sus pasiones. Se comportó como el perro que si lo llamas jadea, y si lo dejas también jadea. Éste es el ejemplo de quienes desmienten Mis signos. Nárrales estas historias a ver si reflexionan.

Tafsir de At-Tabari

{Y si hubiéramos querido, lo habríamos elevado con ellas; pero él se apegó a la tierra y siguió su pasión. Así, su ejemplo es como el ejemplo del perro: si lo acosas, jadea; o si lo dejas, jadea. Ese es el ejemplo del pueblo que desmintió Nuestros signos. Así pues, relata los relatos, quizá reflexionen} (176) La palabra acerca de la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—: {Y si hubiéramos querido, lo habríamos elevado con ellas; pero él se apegó a la tierra y siguió su pasión. Así, su ejemplo es como el ejemplo del perro: si lo acosas, jadea; o si lo dejas, jadea. Ese es el ejemplo del pueblo que desmintió Nuestros signos. Así pues, relata los relatos, quizá reflexionen}. . .

dice —Exaltada sea Su mención—: Y si hubiéramos querido, habríamos elevado a este a quien dimos Nuestros signos, mediante Nuestros signos que le dimos. Pero él se apegó a la tierra, es decir: se aquietó en la vida mundanal en la tierra y se inclinó hacia ella, y prefirió sus deleites y sus apetencias a la Otra Vida; y siguió su pasión, y rechazó la obediencia a Dios y contravino Su mandato.

Y la historia de aquel cuya noticia Dios describió en esta aleya —pese a la discrepancia de la gente de conocimiento acerca de su noticia y su asunto— fue la siguiente:

Nos contó Muhammad ibn ‘Abd al-A‘lá, dijo: nos contó al-Mu‘tamir, de su padre, que fue preguntado acerca de la aleya: {Y recítales la noticia de aquel a quien dimos Nuestros signos y se despojó de ellos}. Entonces relató, de Siŷŷār, que era un hombre al que se llamaba Bal‘ām, y se le había concedido la profecía, y su súplica era respondida. Dijo: Y Moisés avanzó con los Hijos de Israel queriendo la tierra en la que estaba Bal‘ām —o dijo: el Šām—. Dijo: la gente se aterrorizó de él con un terror intenso. Dijo: Entonces acudieron a Bal‘ām, y le dijeron: “Invoca a Dios contra este hombre y su ejército”. Dijo: “Hasta que consulte a mi Señor”, o: “hasta que consulte”. Dijo: y consultó acerca de invocar contra ellos. Y se le dijo: “No invoques contra ellos, pues son Mis siervos y entre ellos está su profeta”. Dijo: entonces dijo a su gente: “He consultado a mi Señor acerca de invocar contra ellos, y se me ha prohibido”. Dijo: Entonces le ofrecieron un regalo y él lo aceptó. Luego volvieron a insistirle y dijeron: “Invoca contra ellos”. Dijo: “Hasta que consulte a mi Señor”. Y consultó, pero no le ordenó nada. Dijo: Entonces dijo: “He consultado, pero no me ha ordenado nada”. Y dijeron: “Si tu Señor detestara que invocases contra ellos, te lo habría prohibido como te lo prohibió la primera vez”. Dijo: Entonces se puso a invocar contra ellos; y cuando invocaba contra ellos, corría por su lengua la invocación contra su propia gente; y cuando quería invocar para que se concediera la victoria a su gente, invocaba para que se concediera la victoria a Moisés —sobre él la paz— y a su ejército, o algo semejante, si Dios quiere. Dijo: Entonces dijeron: “No te vemos invocar sino contra nosotros”. Dijo: “No corre por mi lengua sino así; y si yo invocara contra él, no se me respondería. Pero os indicaré un asunto en el que quizá esté su perdición: ciertamente Dios detesta la fornicación; y si caen en la fornicación, perecerán. Y espero que Dios los haga perecer. Sacad, pues, a las mujeres para que los reciban; y ellos son gente de viaje: quizá forniquen y perezcan”. Dijo: Y lo hicieron, y sacaron a las mujeres para recibirlos. Dijo: Y el rey tenía una hija —y mencionó acerca de su corpulencia lo que Dios sabe mejor—. Dijo: Entonces dijo su padre —o Bal‘ām—: “No te entregues sino a Moisés”. Dijo: y cayeron en la fornicación. Dijo: Y vino a ella el jefe de una tribu de las tribus de los Hijos de Israel y la pretendió para sí. Dijo: Y ella dijo: “No me entregaré sino a Moisés”. Dijo: Entonces él dijo: “Mi rango es tal y tal, y mi condición es tal y tal”. Dijo: Entonces ella envió a su padre para pedirle su parecer. Dijo: Y él le dijo: “Entrégate a él”. Dijo: y vino a ellos un hombre de los Hijos de Aarón con una lanza y los atravesó. Dijo: Y Dios lo apoyó con fuerza, y los ensartó a ambos juntos, y los alzó en su lanza. Dijo: Entonces la gente los vio, o como relató. Dijo: Y Dios desató sobre ellos la peste. Dijo: Y murieron de ellos setenta mil. Dijo: Entonces dijo Abū al-Mu‘tamir: Siŷŷār me contó que Bal‘ām montó una asna suya, hasta que llegó a al-Mu‘lawlī —o dijo: a un camino de al-Mu‘lawlī—, y se puso a golpearla y ella no avanzaba. Dijo: Y se le plantó. Y ella dijo: “¿Por qué me golpeas? ¿Acaso no ves lo que tienes delante?”. Dijo: Y he aquí que el demonio estaba delante de él. Dijo: Entonces descendió y se postró ante él. Dijo Dios: {Y recítales la noticia de aquel a quien dimos Nuestros signos y se despojó de ellos; entonces lo siguió el demonio y fue de los extraviados...} hasta Su dicho: {quizá reflexionen}. Dijo: Esto me lo contó Siŷŷār, y no sé; quizá se haya mezclado en ello algo del relato de otro.

Nos contó Ibn ‘Abd al-A‘lá, dijo: nos contó al-Mu‘tamir, de su padre, dijo: Y me llegó el relato de un hombre de la Gente del Libro que narraba que Moisés pidió a Dios que lo sellara y que lo hiciera de la gente del Fuego. Dijo: Y Dios lo hizo. Dijo: Se me informó que Moisés lo mató después.

Nos contó Ibn Ḥumayd, dijo: nos contó Salama, de Muḥammad ibn Isḥāq, de Sālim Abī al-Naḍr, que narró: Que cuando Moisés descendió en la tierra de los Hijos de Canaán, de la tierra del Šām, el pueblo de Bal‘am acudió a Bal‘am, y le dijeron: “¡Oh Bal‘am! Este Moisés hijo de ‘Imrān está entre los Hijos de Israel; ha venido para expulsarnos de nuestra tierra, matarnos, entregarla a los Hijos de Israel y hacer que la habiten. Y nosotros somos tu gente, y no tenemos morada; y tú eres un hombre cuya súplica es respondida. Sal y ruega a Dios contra ellos”. Dijo: “¡Ay de vosotros! El profeta de Dios está con él, los ángeles y los creyentes. ¿Cómo voy a ir a invocar contra ellos, sabiendo de Dios lo que sé?”. Dijeron: “No tenemos morada”. Y no dejaron de insistirle, de elevarle la petición y suplicarle hasta que lo tentaron, y cayó en la tentación. Entonces montó una asna suya, dirigiéndose al monte desde el cual se divisaba el campamento de los Hijos de Israel —y era el monte Ḥassān—. Cuando avanzó sobre ella un trecho no grande, ella se echó con él. Bajó de ella y la golpeó; y cuando la hizo levantarse, se levantó y la montó, pero no avanzó mucho hasta que volvió a echarse con él. Hizo con ella lo mismo; se levantó y la montó, pero no avanzó mucho hasta que volvió a echarse con él. La golpeó hasta que, cuando la hizo levantarse, Dios le dio permiso a ella, y le habló como prueba contra él. Dijo: “¡Ay de ti, Bal‘am! ¿Adónde vas? ¿Acaso no ves a los ángeles que me apartan de este rumbo? ¿Vas hacia el profeta de Dios y los creyentes para invocar contra ellos?”. Pero él no desistió de ella y la golpeó; y Dios la dejó seguir su camino cuando hizo con ella aquello. Dijo: Entonces lo llevó, hasta que, cuando se asomó a la cima del monte Ḥassān sobre el campamento de Moisés y los Hijos de Israel, se puso a invocar contra ellos; y no invocaba contra ellos con mal sino que su lengua se desviaba hacia su propia gente; y no invocaba para su gente con bien sino que su lengua se desviaba hacia los Hijos de Israel. Dijo: Entonces su gente le dijo: “¿Sabes, Bal‘am, lo que haces? En realidad invocas por ellos e invocas contra nosotros”. Dijo: “Esto no lo controlo: es algo sobre lo que Dios ha prevalecido”. Dijo: Y se le desató la lengua y cayó sobre su pecho. Entonces les dijo: “Se me ha ido ahora la vida mundanal y la Otra Vida; no queda sino el engaño y la estratagema. Os tramaré y urdiré: cargad a las mujeres y dadles mercancías; luego enviadlas al campamento para que las vendan allí, y ordenadles que ninguna mujer se niegue a un hombre que la desee; pues si uno solo de ellos fornica, os bastará contra ellos”. Y lo hicieron. Cuando las mujeres entraron en el campamento, pasó una mujer de los cananeos llamada Kastā, hija de Ṣūr, jefe de su pueblo, junto a un hombre de los notables de los Hijos de Israel —y era Zimrī ibn Šulūm, jefe de la tribu de Šim‘ūn hijo de Ya‘qūb hijo de Isḥāq hijo de Ibrāhīm—. Se levantó hacia ella y le tomó la mano cuando le agradó su belleza. Luego vino con ella hasta que se detuvo con ella ante Moisés —sobre él la paz— y dijo: “Creo que dirás: ‘Esto te es ilícito’”. Dijo: “Sí, te es ilícita: no te acerques a ella”. Dijo: “Por Dios, no te obedeceré en esto”. Entonces entró con ella en su tienda y cayó sobre ella. Y Dios envió la peste sobre los Hijos de Israel. Y Pinḥās ibn al-‘Ayzār ibn Hārūn era el encargado del asunto de Moisés; era un hombre a quien se le había dado amplitud de constitución y fuerza en el castigo. Estaba ausente cuando Zimrī ibn Šulūm hizo lo que hizo. Llegó mientras la peste recorría a los Hijos de Israel; se le informó de la noticia; tomó su lanza —y era toda de hierro—; entró en la tienda y ambos estaban acostados; los ensartó con su lanza; luego salió con ambos, alzándolos hacia el cielo, y la lanza la había sujetado con su antebrazo; apoyó su codo en su costado, y sostuvo la lanza contra sus quijadas. Y él era el primogénito de al-‘Ayzār. Y se puso a decir: “¡Oh Dios! Así hacemos con quien Te desobedece”. Y la peste fue levantada. Se contó el número de los que perecieron de los Hijos de Israel en la peste, desde que Zimrī alcanzó a la mujer hasta que Pinḥās lo mató, y se halló que habían perecido setenta mil. Y el que reduce dice: veinte mil en una hora del día. Desde entonces se da a los Hijos de Israel, a los descendientes de Pinḥās ibn al-‘Ayzār ibn Hārūn, de cada sacrificio que sacrifican: la paletilla, el brazo y la quijada, por haber apoyado la lanza en su costado, haberla sujetado con su antebrazo y haberla sostenido contra sus quijadas; y el primogénito de todos sus bienes y de sus personas, porque él era el primogénito de al-‘Ayzār. Acerca de Bal‘am ibn Bā‘ūrā, Dios hizo descender sobre Muḥammad —Dios lo bendiga y le conceda paz—: {Y recítales la noticia de aquel a quien dimos Nuestros signos y se despojó de ellos} —es decir, Bal‘am— {entonces lo siguió el demonio y fue de los extraviados...} hasta Su dicho: {quizá reflexionen}.

Me contó Mūsā, dijo: nos contó ‘Amr, dijo: nos contó Asbāṭ, de al-Suddī, dijo: Partió un hombre de los Hijos de Israel al que se llamaba Bal‘am, y fue a los tiranos y dijo: “No temáis a los Hijos de Israel, pues yo, cuando salgáis a combatirlos, invocaré contra ellos”. Y salió Yūša‘ a combatir a los tiranos entre la gente. Y salió Bal‘am con los tiranos sobre su asna, queriendo maldecir a los Hijos de Israel; pero cada vez que quería invocar contra los Hijos de Israel, invocaba contra los tiranos. Entonces los tiranos dijeron: “En realidad invocas contra nosotros”. Él decía: “En realidad pretendía a los Hijos de Israel”. Cuando llegó a la puerta de la ciudad, un ángel tomó la cola de la asna y la detuvo; él se puso a moverla y no se movía. Cuando la golpeó mucho, ella habló y dijo: “¿Me montas por la noche y me cabalgas de día? ¡Ay de mí por tu causa! Si yo pudiera salir, saldría; pero este ángel me retiene”. Y acerca de Bal‘am dice Dios: {Y recítales la noticia de aquel a quien dimos Nuestros signos...} la aleya.

Me contó al-Ḥārith, dijo: nos contó ‘Abd al-‘Azīz, dijo: me narró un hombre que oyó a ‘Ikrima, decir: Una mujer de ellos dijo: “Mostradme a Moisés, para que yo lo tiente”. Dijo: Entonces se perfumó, y pasó junto a un hombre que se parecía a Moisés, y tuvo relaciones con ella. Entonces vino un hijo de Aarón y fue informado; tomó una espada y lo atravesó por su miembro hasta sacarlo por delante de ella; luego los alzó hasta que la gente los vio, y supieron que no era Moisés. Entonces se prefirió a la familia de Aarón, en la ofrenda, sobre la familia de Moisés, con la paletilla, el brazo y el muslo. Dijo: Y él es aquel a quien dimos Nuestros signos y se despojó de ellos, es decir, Bal‘am.

Y discreparon los intérpretes acerca de la interpretación de Su dicho: {Y si hubiéramos querido, lo habríamos elevado con ellas}. Unos dijeron: su sentido es: lo habríamos elevado por su conocimiento de ellas. Mención de quienes dijeron eso:

Nos contó al-Qāsim, dijo: nos contó al-Ḥusayn, dijo: me narró Ḥaŷŷāŷ, de Ibn Ŷurayŷ, dijo: Ibn ‘Abbās dijo: {Y si hubiéramos querido, lo habríamos elevado con ellas}: Dios —Exaltado sea— lo habría elevado por su conocimiento.

Y otros dijeron: su sentido es: le habríamos apartado del estado al que llegó de incredulidad en Dios, mediante Nuestros signos. Mención de quienes dijeron eso:

Me contó Muḥammad ibn ‘Amr, dijo: nos contó Abū ‘Āṣim, de ‘Īsā, de Ibn Abī Nuŷayḥ, de Muŷāhid, acerca de la palabra de Dios: {Y si hubiéramos querido, lo habríamos elevado con ellas}: lo habríamos elevado apartándolo de ello mediante ellas.

Nos contó al-Qāsim, dijo: nos contó al-Ḥusayn, dijo: me narró Ḥaŷŷāŷ, de Ibn Ŷurayŷ, de Muŷāhid: {Y si hubiéramos querido, lo habríamos elevado con ellas}: lo habríamos elevado apartándolo de ello.

Dijo Abū Ŷa‘far: La opinión más digna de ser tenida por correcta en la interpretación de ello es decir: que Dios generalizó la noticia con Su dicho {Y si hubiéramos querido, lo habríamos elevado con ellas}, es decir, que si hubiera querido lo habría elevado mediante Sus signos que le había dado. Y el “elevar” abarca muchos significados: entre ellos, elevar en rango ante Él; entre ellos, elevar en el honor de la vida mundanal y sus noblezas; y entre ellos, elevar en el buen recuerdo y la alta alabanza. Y es posible que Dios haya querido todo eso: que si hubiera querido lo habría elevado, dándole todo ello por Su asistencia para obrar conforme a Sus signos que le había dado.

Y siendo eso posible, lo correcto en este asunto es no particularizar nada de ello, pues no hay indicio de su particularización ni por transmisión ni por razón.

En cuanto a Su dicho {con ellas}, Ibn Zayd dijo al respecto lo mismo que nosotros dijimos.

Me contó Yūnus, dijo: nos informó Ibn Wahb, dijo: Ibn Zayd dijo, acerca de Su dicho: {Y si hubiéramos querido, lo habríamos elevado con ellas}: con esos signos.

Y en cuanto a Su dicho {pero él se apegó a la tierra}, la gente de la exégesis dijo sobre ello algo semejante a lo que nosotros dijimos. Mención de quienes dijeron eso:

Nos contó Ibn Wakī‘, dijo: nos contó mi padre, de Isrā’īl, de Abī al-Haytham, de Sa‘īd ibn Ŷubayr: {pero él se apegó a la tierra}: es decir, se recostó a la tierra.

Dijo: nos contó Yaḥyā ibn Ādam, de Šarīk, de Sālim, de Sa‘īd ibn Ŷubayr: {pero él se apegó a la tierra}: dijo: se inclinó hacia la tierra.

Me contó Muḥammad ibn ‘Amr, dijo: nos contó Abū ‘Āṣim, dijo: nos contó ‘Īsā, de Ibn Abī Nuŷayḥ, de Muŷāhid: “Apegarse” (aḫlada): se aquietó.

Nos contó al-Qāsim, dijo: nos contó al-Ḥusayn, dijo: nos contó Abū Tumayla, de Abī Ḥamza, de Ŷābir, de Muŷāhid y ‘Ikrima, de Ibn ‘Abbās, dijo: Entre los Hijos de Israel estaba Bal‘ām ibn Bā‘ir; se le dio un Libro, pero se apegó a los deseos de la tierra, a sus deleites y a sus riquezas; no se benefició de lo que trajo el Libro.

Nos contó Mūsā, dijo: nos contó ‘Amr, dijo: nos contó Asbāṭ, de al-Suddī: {pero él se apegó a la tierra y siguió su pasión}: en cuanto a “se apegó a la tierra”, siguió la vida mundanal y se recostó a ella.

Y el origen de “al-iḫlād” en el habla de los árabes es: la lentitud y la permanencia. Se dice de ello: Fulano “aḫlada” en un lugar cuando permaneció en él; y “aḫlada” su alma hacia un lugar cuando vino a él desde otro lugar. Y de ello es el dicho de Zuhayr:

«¿De quién son las moradas que visité entre los alcornoques *** como revelación en la piedra del cauce permanente?»

es decir: el que permanece. Y de ello es el dicho de Mālik ibn Nuwayra:

«Con los hijos de un clan de las tribus de Mālik *** y de ‘Amr ibn Yarbu‘, permanecieron y se asentaron»

Y algunos de los basríes decían: el sentido de Su dicho “aḫlada” es: se aferró, se rezagó y se demoró. Y “al-muḫallad” también: es aquel cuyo encanecimiento se retrasa entre los hombres; y, entre las bestias, aquel cuyos incisivos permanecen hasta que le salen los cuartos.

Y en cuanto a Su dicho {y siguió su pasión}, Ibn Zayd dijo en su interpretación lo siguiente:

Me lo contó Yūnus, dijo: nos informó Ibn Wahb, dijo: Ibn Zayd dijo, acerca de Su dicho: {y siguió su pasión}: su pasión estaba con la gente.

La palabra acerca de la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—: {Así, su ejemplo es como el ejemplo del perro: si lo acosas, jadea; o si lo dejas, jadea}.

dice —Exaltada sea Su mención—: Así, el ejemplo de este a quien dimos Nuestros signos y se despojó de ellos, es el del perro que jadea, lo ahuyentes o lo dejes.

Luego discreparon los intérpretes acerca de la causa por la cual Dios lo hizo semejante al perro. Unos dijeron: Lo asemejó a él en el jadeo por haber abandonado obrar conforme al Libro de Dios y a Sus signos que le había dado, y por haberse apartado de las exhortaciones de Dios que contienen el apartamiento de quien no ha recibido de Dios nada de eso. Así, Glorificado sea, dijo acerca de él: que es igual para él que se le exhorte con los signos de Dios que le había dado o que no se le exhorte, en que no se amonesta con ellos ni abandona la incredulidad en Él. Así, su ejemplo es como el del perro, para el cual es igual en su jadeo que se le ahuyente o no se le ahuyente, pues no deja de jadear en ningún caso. Mención de quienes dijeron eso:

Me contó Muḥammad ibn ‘Amr, dijo: nos contó Abū ‘Āṣim, dijo: nos contó ‘Īsā, de Ibn Abī Nuŷayḥ, de Muŷāhid: {como el ejemplo del perro: si lo acosas, jadea}: es decir, lo ahuyentas; es el ejemplo de quien recita el Libro y no obra conforme a él.

Nos contó al-Qāsim, dijo: nos contó al-Ḥusayn, dijo: me narró Ḥaŷŷāŷ, dijo: Ibn Ŷurayŷ dijo: Muŷāhid dijo: {Así, su ejemplo es como el ejemplo del perro: si lo acosas, jadea}: es decir, lo ahuyentas con tu montura y con tu pie, y jadea. Dijo: Es el ejemplo de quien recita el Libro y no obra conforme a lo que hay en él.

Ibn Ŷurayŷ dijo: El perro tiene el corazón cortado; no tiene corazón: si lo acosas, jadea; o si lo dejas, jadea. Dijo: Así es quien abandona la guía: no tiene corazón; su corazón está cortado.

Me contó Ibn ‘Abd al-A‘lá, dijo: nos contó Ibn Tūba, de Ma‘mar, de algunos: {Así, su ejemplo es como el ejemplo del perro: si lo acosas, jadea; o si lo dejas, jadea}: ese es el incrédulo: está extraviado, lo exhorte o no lo exhorte.

Me contó al-Muṯannā, dijo: nos contó ‘Abd Allāh ibn Ṣāliḥ, dijo: me narró Mu‘āwiya, de ‘Alī, de Ibn ‘Abbās, acerca de Su dicho: {Así, su ejemplo es como el ejemplo del perro: si lo acosas...}: si le impones la sabiduría, no la cargará; y si lo dejas, no se guiará hacia bien alguno; como el perro: si está echado, jadea, y si se le ahuyenta, jadea.

Me contó Muḥammad ibn Sa‘d, dijo: me narró mi padre, dijo: me narró mi tío, dijo: me narró mi padre, de su padre, de Ibn ‘Abbās, que dijo: Dios le dio Sus signos y él los abandonó; entonces Dios hizo su ejemplo como el del perro: si lo acosas, jadea; o si lo dejas, jadea.

Nos contó Bišr, dijo: nos contó Yazīd, dijo: nos contó Sa‘īd, de Qatāda: {Y recítales la noticia de aquel a quien dimos Nuestros signos y se despojó de ellos; entonces lo siguió el demonio...} la aleya: este es un ejemplo que Dios pone para quien se le presenta la guía y rehúsa aceptarla y la abandona. Dijo: Y al-Ḥasan solía decir: es el hipócrita. {Y si hubiéramos querido, lo habríamos elevado con ellas; pero él se apegó a la tierra y siguió su pasión. Así, su ejemplo es como el ejemplo del perro: si lo acosas, jadea; o si lo dejas, jadea}. Dijo: Este es el ejemplo del incrédulo, muerto de corazón.

Y otros dijeron: En verdad, Glorificado sea, lo asemejó al perro porque él jadeaba como jadea el perro. Mención de quienes dijeron eso:

Nos contó Mūsā, dijo: nos contó ‘Amr, dijo: nos contó Asbāṭ, de al-Suddī: {Así, su ejemplo es como el ejemplo del perro: si lo acosas, jadea; o si lo dejas, jadea}. Y Bal‘am jadeaba como jadea el perro. Y en cuanto a “si lo acosas”: es decir, si arremetes contra él.

Dijo Abū Ŷa‘far: La interpretación más digna de ser tenida por correcta de las dos es la de quien dijo: no es sino un ejemplo por haber abandonado obrar conforme a los signos de Dios que le había dado. Y su sentido es: que es igual que se le exhorte o no se le exhorte, en que no abandona lo que está haciendo de contradecir el mandato de su Señor; así como es igual respecto del perro que se le acose y se le ahuyente o que se le deje sin ahuyentarlo, en que no deja el jadeo en ninguno de los dos estados.

Y solo dijimos que esta es la más digna de ser tenida por correcta de las dos opiniones por la indicación del dicho de Dios —Exaltado sea—: {Ese es el ejemplo del pueblo que desmintió Nuestros signos}, pues hizo de ello el ejemplo de los que desmienten Sus signos. Y sabemos que el jadeo no está en la constitución de todo desmentidor al que se le haya prescrito abandonar el retorno por desmentir los signos de Dios; y que eso no es sino un ejemplo que Dios les pone. Así, por ello se supo que es para aquel cuya cualidad Dios describió en esta aleya, del mismo modo que es un ejemplo para el resto de los desmentidores de los signos de Dios.

La palabra acerca de la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—: {Ese es el ejemplo del pueblo que desmintió Nuestros signos. Así pues, relata los relatos, quizá reflexionen}.

dice —Exaltada sea Su mención—: Este ejemplo que he puesto para aquel a quien dimos Nuestros signos y se despojó de ellos, es el ejemplo del pueblo que desmintió Nuestras pruebas, Nuestros signos y Nuestras evidencias; y siguieron en ello el camino de este que se despojó de Nuestros signos que le dimos, al abandonar obrar conforme a lo que le dimos de ello.

Y en cuanto a Su dicho: {Así pues, relata los relatos}, es que dice a Su profeta Muḥammad —Dios lo bendiga y le conceda paz—: Relata, oh Muḥammad, este relato que te he relatado acerca de la noticia de aquel a quien dimos Nuestros signos, y las noticias de las comunidades cuyas noticias te informé en esta sura, y te relaté su noticia y la noticia de sus semejantes, y lo que les sobrevino de Nuestro castigo y descendió sobre ellos cuando desmintieron a Nuestros mensajeros; para que reflexionen sobre ello, tomen admonición y vuelvan a Nuestra obediencia, no sea que les sobrevenga algo semejante a lo que sobrevino a quienes les precedieron de venganzas y escarmientos. Y para que los judíos de los Hijos de Israel lo mediten y sepan la realidad de tu asunto y la veracidad de tu profecía, pues la noticia de aquel a quien dimos Nuestros signos pertenece a lo oculto de sus ciencias y a lo recóndito de sus relatos: no lo conocen sino sus doctores y quienes de ellos leyeron los libros y los estudiaron. Y en tu conocimiento de ello —siendo tú iletrado, no escribes ni lees ni estudias los libros, ni te sentaste con la gente de conocimiento— hay para ellos la prueba clara de que eres Mensajero de Dios, y de que no supiste lo que supiste de ello —estando en el estado en que estás— sino por revelación del cielo.

Y en un sentido semejante solía decir Abū al-Naḍr.

Nos contó Ibn Ḥumayd, dijo: nos contó Salama, de Muḥammad, de Sālim Abī al-Naḍr: {Así pues, relata los relatos, quizá reflexionen}: es decir, los Hijos de Israel, puesto que les has venido con la noticia de lo que hubo entre ellos de lo que te ocultaban; quizá reflexionen y reconozcan que no trajo esta noticia acerca de lo pasado entre ellos sino un profeta a quien le llega la noticia del cielo.

Notas y Referencias

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