7

Las Alturas

الأعراف Al-A'raf
Aya 133

Versículo (Español)

[7:133] Envié entonces contra ellos [las plagas de] la inundación, las langostas, los piojos, las ranas y la sangre, como signos claros, pero se llenaron de soberbia y actuaron como criminales.

Tafsir de At-Tabari

{Y enviamos contra ellos el diluvio, y la langosta, y el piojo, y las ranas, y la sangre, como signos detallados; pero se ensoberbecieron y fueron un pueblo criminal.} (133) La explicación de la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—: {Y enviamos contra ellos el diluvio, y la langosta, y el piojo, y las ranas, y la sangre, como signos detallados; pero se ensoberbecieron y fueron un pueblo criminal.} . .

Los exégetas discreparon acerca del significado de «aṭ-ṭūfān» (el diluvio). Unos dijeron: es el agua. Se menciona a quienes dijeron eso:

Me narró Ibn Wakīʿ, dijo: nos narró Ḥabūya ar-Rāzī, de Yaʿqūb al-Qummī, de Jaʿfar, de Saʿīd b. Jubayr, de Ibn ʿAbbās, dijo: cuando Moisés vino con los signos, el primero de los signos fue el diluvio; y Dios envió contra ellos el cielo.

Nos narró Abū Hišām ar-Rifāʿī, dijo: nos narró Ibn Yamān, dijo: nos narró Sufyān, de Ismāʿīl, de Abū Mālik, dijo: el diluvio: el agua.

Nos narró Ibn Wakīʿ, dijo: nos narró al-Muḥāribī, de Juwaybir, de aḍ-Ḍaḥḥāk, dijo: el diluvio: el agua.

dijo: nos narró Jābir b. Nūḥ, de Abū Rūq, de aḍ-Ḍaḥḥāk, de Ibn ʿAbbās, dijo: el diluvio: el ahogamiento.

Me narró Muḥammad b. ʿAmr, dijo: nos narró Abū ʿĀṣim, de ʿĪsā, de Ibn Abī Najīḥ, de Muǧāhid, que dijo: el diluvio es el agua, y la peste en todo caso.

Me narró al-Muṯannā, dijo: nos narró Abū Ḥuḏayfa, dijo: nos narró Šibl, de Ibn Abī Najīḥ, de Muǧāhid, dijo: el diluvio es la muerte en todo caso.

Nos narró Muḥammad b. Saʿd, dijo: me narró mi padre, dijo: me narró mi tío, dijo: me narró mi padre, de su padre, de Ibn ʿAbbās, dijo: el diluvio: el agua.

Otros dijeron: antes bien, es la muerte. Se menciona a quienes dijeron eso:

Nos narró Abū Hišām ar-Rifāʿī, dijo: nos narró Yaḥyā b. Yamān, dijo: nos narró al-Minhāl b. Ḫalīfa, de al-Ḥaǧǧāǧ, de al-Ḥakam b. Maynāʾ, de ʿĀʾiša, dijo: dijo el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—: «El diluvio es la muerte».

Me narró ʿAbbās b. Muḥammad, dijo: nos narró Ḥaǧǧāǧ, de Ibn Ǧurayǧ, dijo: pregunté a ʿAṭāʾ: ¿qué es el diluvio? Dijo: la muerte.

Nos narró Ibn Wakīʿ, dijo: nos narró ʿAbd Allāh b. Raǧāʾ, de Ibn Ǧurayǧ, de ʿAṭāʾ, de quien se lo narró, de Muǧāhid, dijo: el diluvio: la muerte.

Nos narró al-Qāsim, dijo: nos narró al-Ḥusayn, dijo: me narró Ḥaǧǧāǧ, de ʿAbd Allāh b. Kaṯīr: {Y enviamos contra ellos el diluvio} dijo: la muerte. Dijo Ibn Ǧurayǧ: y pregunté a ʿAṭāʾ acerca del diluvio, dijo: la muerte. Dijo Ibn Ǧurayǧ: y dijo Muǧāhid: la muerte en todo caso.

Nos narró Ibn Wakīʿ, dijo: nos narró Yaḥyā b. Yamān, de al-Minhāl b. Ḫalīfa, de Ḥaǧǧāǧ, de un hombre, de ʿĀʾiša, del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, que dijo: «El diluvio es la muerte».

Otros dijeron: antes bien, aquello fue un asunto de Dios que dio vueltas en torno a ellos. Se menciona a quienes dijeron eso:

Nos narró al-Qāsim, dijo: nos narró al-Ḥusayn, dijo: nos narró Ǧarīr, de Qābūs b. Abī Ẓabyān, de su padre, de Ibn ʿAbbās: {Y enviamos contra ellos el diluvio} dijo: Dios ordenó el diluvio. Luego dijo: {Y dio vueltas sobre ella un visitante de tu Señor mientras ellos dormían}.

Y algunos conocedores del habla árabe, de la gente de Basora, sostenían que «aṭ-ṭūfān» procede del torrente impetuoso y arrollador, que es lo violento, y de la muerte sucesiva, fulminante y rápida. Y algunos dijeron: es la abundancia de lluvia y viento. Y algunos gramáticos de los kufíes decían: «aṭ-ṭūfān» es un maṣdar (nombre de acción), como ar-raǧḥān y an-nuqṣān, y no se pluraliza. Y algunos gramáticos de Basora decían: es un plural, cuyo singular, según la analogía, sería: aṭ-ṭūfāna.

Y lo correcto, a mi juicio, en esto, es lo que dijo Ibn ʿAbbās según lo transmitido de él por Abū Ẓabyān: que es un asunto de Dios que dio vueltas en torno a ellos; y que es un maṣdar de la expresión del que dice: «dio vueltas en torno a ellos el asunto de Dios, dando vueltas (yaṭūfu) un ṭūfānan», como se dice: «disminuyó esta cosa, disminuyendo (yanquṣu) una disminución (nuqṣānan)». Y siendo así, es lícito que lo que dio vueltas en torno a ellos fuese la lluvia intensa, y es lícito que fuese la muerte fulminante. Y entre las pruebas de que la lluvia intensa puede llamarse «ṭūfān» está el dicho de al-Ḥasan b. ʿArfaṭa:

«Cambió la lozanía de sus señales *** los desgarrones del viento y el diluvio de la lluvia»

Y se transmite: «los desgarrones del viento con el diluvio de la lluvia». Y el dicho de ar-Rāʿī:

«Amanece, cuando los camellos nos alcanzan con sus ataduras, *** deshilachada: la frecuenta el diluvio y el aguacero»

Y el dicho de Abū an-Naǧm:

«Se extendió un diluvio y difundió una extensión: *** un mes de chaparrones y un mes de granizo»

En cuanto a «al-qummal» (el piojo), los exégetas discreparon sobre su significado. Unos dijeron: es el gorgojo que sale del trigo. Se menciona a quienes dijeron eso:

Nos narró Ibn Wakīʿ, dijo: nos narró Ǧarīr, de Yaʿqūb al-Qummī, de Jaʿfar, de Saʿīd b. Jubayr, de Ibn ʿAbbās, dijo: el qummal: es el gorgojo que sale del trigo.

Nos narró Ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Yaʿqūb, de Jaʿfar, de Saʿīd, con algo semejante.

Otros dijeron: antes bien, es ad-dabā, que son las crías de la langosta que no tienen alas. Se menciona a quienes dijeron eso:

Me narró al-Muṯannā, dijo: nos narró ʿAbd Allāh b. Ṣāliḥ, dijo: me narró Muʿāwiya, de ʿAlī b. Abī Ṭalḥa, de Ibn ʿAbbās, dijo: el qummal: ad-dabā.

Me narró Mūsā b. Hārūn, dijo: nos narró ʿAmr b. Ḥammād, dijo: nos narró Asbāṭ, de as-Suddī, dijo: ad-dabā: el qummal.

Nos narró Bišr, dijo: nos narró Yazīd, dijo: nos narró Saʿīd, de Qatāda, dijo: el qummal: es ad-dabā.

Me narró Muḥammad b. ʿAmr, dijo: nos narró Abū ʿĀṣim, de ʿĪsā, de Ibn Abī Najīḥ, de Muǧāhid, dijo: el qummal: ad-dabā.

Nos narró Muḥammad b. ʿAbd al-Aʿlā, dijo: nos narró Muḥammad b. Ṯawr, dijo: nos narró Maʿmar, de Qatāda, dijo: el qummal: es ad-dabā, y es la prole de la langosta.

Nos narró Ibn Wakīʿ, dijo: nos narró Jābir b. Nūḥ, de Abū Rūq, de aḍ-Ḍaḥḥāk, de Ibn ʿAbbās, dijo: el qummal: ad-dabā.

dijo: nos narró Yaḥyā b. Ādam, de Qays, de quien lo mencionó, de ʿIkrima, dijo: el qummal: las hijas de la langosta.

Me narró Muḥammad b. Saʿd, dijo: me narró mi padre, dijo: me narró mi tío, dijo: me narró mi padre de su padre, de Ibn ʿAbbās, dijo: el qummal: ad-dabā.

Otros dijeron: antes bien, el qummal: las pulgas. Se menciona a quienes dijeron eso:

Me narró Yūnus, dijo: nos informó Ibn Wahb, dijo: dijo Ibn Zayd, acerca de Su dicho: {Y enviamos contra ellos el diluvio, y la langosta, y el qummal} dijo: algunas gentes sostienen que el qummal son las pulgas.

Y algunos dijeron: son animalillos negros pequeños. Se menciona a quienes dijeron eso:

Nos narró al-Qāsim, dijo: nos narró al-Ḥusayn, dijo: me narró Ḥaǧǧāǧ, de Abū Bakr, dijo: oí a Saʿīd b. Jubayr y a al-Ḥasan decir: el qummal: animalillos negros pequeños.

Nos narró al-Qāsim, dijo: nos narró al-Ḥusayn, dijo: me narró Ḥaǧǧāǧ, de Abū Bakr, dijo: oí a Saʿīd b. Jubayr y a al-Ḥasan decir: el qummal: animalillos negros pequeños.

Y algunos sabios del habla árabe, de la gente de Basora, sostenían que «al-qummal», en árabe: es al-ḥamnān; y al-ḥamnān es una clase de garrapatas, cuyo singular es «ḥamnāna», por encima de al-qamqāma. Y «al-qummal» es un plural, cuyo singular es «qumla»; y es un animal que se asemeja al piojo, que los camellos comen —según me ha llegado—, y es el que al-Aʿšā quiso decir en su dicho:

«Un pueblo cuyos hijos tratan piojos *** y cadenas firmes y una puerta cerrada»

Y al-Farrāʾ decía: no he oído nada al respecto; si no es un plural, su singular sería «qāmil», como «sāǧid» y «rākiʿ»; y si es un nombre con sentido de colectivo, su singular sería: «qummala».

Mención de los significados que sobrevinieron al pueblo de Faraón con la aparición de estos signos

y de la causa por la cual Dios los produjo en ellos

Nos narró Ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Yaʿqūb al-Qummī, de Jaʿfar b. al-Muġīra, de Saʿīd b. Jubayr, dijo: cuando Moisés se presentó ante Faraón, le dijo: «Envía conmigo a los Hijos de Israel», pero él se lo negó; entonces Dios envió contra ellos el diluvio —que es la lluvia—, y derramó sobre ellos de ella algo, y temieron que fuese un castigo. Dijeron a Moisés: «Ruega por nosotros a tu Señor: si apartas de nosotros el castigo, creeremos ciertamente en ti y enviaremos contigo a los Hijos de Israel». Así que él rogó a su Señor; pero no creyeron ni enviaron con él a los Hijos de Israel. Y en aquel año les hizo brotar algo que antes no les había hecho brotar: de sembrados, frutos y pasto. Dijeron: «Esto es lo que deseábamos». Entonces Dios envió contra ellos la langosta y la hizo dominar sobre el pasto. Cuando vieron su efecto en el pasto, supieron que no quedaría el sembrado. Dijeron: «¡Oh Moisés! Ruega por nosotros a tu Señor para que aparte de nosotros la langosta; creeremos en ti y enviaremos contigo a los Hijos de Israel». Rogó a su Señor y apartó de ellos la langosta; pero no creyeron ni enviaron con él a los Hijos de Israel; y pisotearon y almacenaron en las casas. Dijeron: «Ya hemos almacenado». Entonces Dios envió contra ellos el qummal —que es el gorgojo que sale de ello—; y el hombre sacaba diez sacos hacia el molino, y no le volvían de ellos sino tres medidas. Dijeron: «¡Oh Moisés! Ruega por nosotros a tu Señor para que aparte de nosotros el qummal; creeremos en ti y enviaremos contigo a los Hijos de Israel». Rogó a su Señor y lo apartó de ellos; pero rehusaron enviar con él a los Hijos de Israel. Y estando él sentado junto a Faraón, oyó el croar de una rana. Dijo a Faraón: «¿Qué padecerás tú y tu pueblo por esto?» Dijo: «¿Y qué podría ser la artimaña de esto?» Pero no llegó la noche sin que el hombre se sentara con las ranas hasta la barbilla; y cuando quería hablar, las ranas saltaban a su boca. Dijeron a Moisés: «Ruega por nosotros a tu Señor para que aparte de nosotros estas ranas; creeremos en ti y enviaremos contigo a los Hijos de Israel». Y las apartó de ellos, pero no creyeron. Entonces Dios envió contra ellos la sangre: lo que sacaban de los ríos y de los pozos, o lo que había en sus recipientes, lo hallaban sangre fresca. Se quejaron a Faraón y dijeron: «Hemos sido probados con la sangre y no tenemos bebida». Dijo: «Él os ha hechizado». Dijeron: «¿De dónde nos ha hechizado, si no hallamos en nuestros recipientes nada de agua sin hallarlo sangre fresca?» Fueron a él y dijeron: «¡Oh Moisés! Ruega por nosotros a tu Señor para que aparte de nosotros esta sangre; creeremos en ti y enviaremos contigo a los Hijos de Israel». Rogó a su Señor y fue apartada de ellos; pero no creyeron ni enviaron con él a los Hijos de Israel.

Nos narró Ibn Wakīʿ, dijo: nos narró Ḥabūya ar-Rāzī, de Yaʿqūb al-Qummī, de Jaʿfar, de Ibn ʿAbbās, dijo: cuando temieron el ahogamiento, dijo Faraón: «¡Oh Moisés! Ruega por nosotros a tu Señor para que aparte de nosotros esta lluvia; creeremos en ti». Luego mencionó algo semejante al ḥadiz de Ibn Ḥumayd, de Yaʿqūb.

Nos narró Mūsā b. Hārūn, dijo: nos narró ʿAmr b. Ḥammād, dijo: nos narró Asbāṭ, de as-Suddī, dijo: después, Dios envió contra ellos —es decir, contra el pueblo de Faraón— el diluvio, que es la lluvia, y se anegó para ellos toda cosa. Dijeron: «¡Oh Moisés! Ruega por nosotros a tu Señor para que aparte de nosotros; creeremos en ti y enviaremos contigo a los Hijos de Israel». Dios lo apartó de ellos y, con ello, brotaron sus sembrados. Dijeron: «No nos agradaría que no hubiéramos sido regados». Entonces Dios envió contra ellos la langosta y devoró sus cultivos. Pidieron a Moisés que rogara a su Señor para apartarla y creer en él; rogó y la apartó, y aún quedaba de sus sembrados un resto. Dijeron: «¿No creéis, cuando aún queda de nuestro sembrado un resto que nos basta?» Entonces Dios envió contra ellos ad-dabā —que es el qummal—, y lamió toda la tierra; se metía entre la ropa de uno de ellos y su piel y lo mordía; y a uno de ellos le venía la comida y se le llenaba de dabā. Hasta el punto de que uno de ellos construía una columna con yeso y la alisaba para que nada pudiera trepar por ella; ponía encima la comida, y cuando subía para comerla la hallaba llena de dabā. No fueron afligidos por una calamidad más dura para ellos que el dabā; y ese es el castigo (ar-riǧz) que Dios mencionó en el Corán que cayó sobre ellos. Pidieron a Moisés que rogara a su Señor para apartarlo de ellos y creer en él; cuando lo apartó de ellos, rehusaron creer. Entonces Dios envió contra ellos la sangre: el israelita y el copto venían a sacar agua de una misma agua; al copto le salía sangre, y al israelita le salía agua. Cuando aquello se les hizo duro, pidieron a Moisés que lo apartara y creer en él; lo apartó, pero rehusaron creer. Y eso es cuando Dios dice: {Y cuando apartamos de ellos el castigo, he aquí que ellos quebrantan}.

Nos narró Muḥammad b. ʿAbd al-Aʿlā, dijo: nos narró Muḥammad b. Ṯawr, de Maʿmar, de Qatāda: {Y enviamos contra ellos el diluvio} dijo: Dios envió contra ellos el agua hasta que permanecieron en ella de pie. Luego lo apartó de ellos, pero no creyeron; y su tierra se volvió fértil con una fertilidad como no se había vuelto. Entonces Dios envió contra ellos la langosta y la devoró salvo un poco; tampoco creyeron. Entonces Dios envió el qummal —que es ad-dabā, la prole de la langosta— y devoró lo que quedaba de sus sembrados; no creyeron. Entonces envió contra ellos las ranas, y entraron en sus casas y cayeron en sus vasijas y en sus lechos; no creyeron. Luego Dios envió contra ellos la sangre: cuando uno de ellos quería beber, aquella agua se transformaba en sangre. Dijo Dios: {signos detallados}.

Nos narró Bišr b. Muʿāḏ, dijo: nos narró Yazīd b. Zurayʿ, dijo: nos narró Saʿīd, de Qatāda, acerca de Su dicho: {Y enviamos contra ellos el diluvio} hasta {criminales} dijo: Dios envió contra ellos el agua hasta que permanecieron en ella de pie; llamaron a Moisés, y él rogó a su Señor, y lo apartó de ellos; luego volvieron a lo peor que les sobrevenía; después su tierra brotó. Luego Dios envió contra ellos la langosta y devoró la mayor parte de sus cultivos y frutos; llamaron a Moisés, y él rogó a su Señor y lo apartó de ellos. Luego volvieron a lo peor que les sobrevenía; entonces Dios envió contra ellos el qummal —ese dabā que habéis visto— y devoró lo que la langosta había dejado de sus cultivos, lamiéndolo. Llamaron a Moisés, y él rogó a su Señor, y lo apartó de ellos; luego volvieron a lo peor que les sobrevenía. Luego Dios envió contra ellos las ranas, hasta que llenaron sus casas y sus patios; llamaron a Moisés, y él rogó a su Señor y lo apartó de ellos. Luego volvieron a lo peor que les sobrevenía; entonces Dios envió contra ellos la sangre: no sacaban de su agua sino sangre roja. Hasta se mencionó que el enemigo de Dios, Faraón, juntaba a dos hombres en un mismo recipiente: el copto y el israelita; del lado del israelita era agua, y del lado del copto era sangre. Llamaron a Moisés, y él rogó a su Señor, y lo apartó de ellos en nueve signos: los años, la disminución de los frutos, y les mostró la mano de Moisés —la paz sea con él— y su vara.

Me narró al-Muṯannā, dijo: nos narró ʿAbd Allāh b. Ṣāliḥ, dijo: me narró Muʿāwiya, de ʿAlī, de Ibn ʿAbbās: {Y enviamos contra ellos el diluvio}: era la lluvia, hasta que temieron la destrucción; vinieron a Moisés y dijeron: «¡Oh Moisés! Ruega por nosotros a tu Señor para que aparte de nosotros la lluvia; creeremos en ti y enviaremos contigo a los Hijos de Israel». Rogó a su Señor y apartó de ellos la lluvia; con ella Dios hizo brotar sus cultivos y con ella hizo fértil su tierra. Dijeron: «No nos agrada que no hubiéramos sido regados a costa de abandonar nuestra religión; no creeremos en ti ni enviaremos contigo a los Hijos de Israel». Entonces Dios envió contra ellos la langosta, y se apresuró en corromper sus frutos y sus sembrados. Dijeron: «¡Oh Moisés! Ruega por nosotros a tu Señor para que aparte de nosotros la langosta; creeremos en ti y enviaremos contigo a los Hijos de Israel». Rogó a su Señor y apartó de ellos la langosta; y aún quedaban de sus sembrados y de su sustento restos. Dijeron: «Nos queda lo que nos basta; no creeremos en ti ni enviaremos contigo a los Hijos de Israel». Entonces Dios envió contra ellos el qummal —que es ad-dabā—, y siguió lo que la langosta había dejado; se angustiaron y sintieron la destrucción. Dijeron: «¡Oh Moisés! Ruega por nosotros a tu Señor para que aparte de nosotros el dabā; creeremos en ti y enviaremos contigo a los Hijos de Israel». Rogó a su Señor y apartó de ellos el dabā. Dijeron: «No creeremos en ti ni enviaremos contigo a los Hijos de Israel». Entonces Dios envió contra ellos las ranas y llenó sus casas de ellas; padecieron por ellas un daño severo como no habían padecido antes: saltaban a sus ollas y les estropeaban la comida y apagaban sus fuegos. Dijeron: «¡Oh Moisés! Ruega por nosotros a tu Señor para que aparte de nosotros las ranas; hemos padecido por ellas calamidad y daño; creeremos en ti y enviaremos contigo a los Hijos de Israel». Rogó a su Señor y apartó de ellos las ranas. Dijeron: «No creeremos en ti ni enviaremos contigo a los Hijos de Israel». Entonces Dios envió contra ellos la sangre: no comían sino sangre, ni bebían sino sangre. Dijeron: «¡Oh Moisés! Ruega por nosotros a tu Señor para que aparte de nosotros la sangre; creeremos en ti y enviaremos contigo a los Hijos de Israel». Rogó a su Señor y apartó de ellos la sangre. Dijeron: «¡Oh Moisés! No creeremos en ti ni enviaremos contigo a los Hijos de Israel». Y fueron signos detallados, unos tras otros, para que Dios tuviera contra ellos la prueba; y Dios los tomó por sus pecados y los ahogó en el mar.

Me narró ʿAbd al-Karīm, dijo: nos narró Ibrāhīm, dijo: nos narró Sufyān, dijo: nos narró Abū Saʿd, de ʿIkrima, de Ibn ʿAbbās, que dijo: Dios envió contra el pueblo de Faraón los signos: la langosta, el qummal, las ranas y la sangre, como signos detallados. Dijo: el hombre de los Hijos de Israel embarcaba con un hombre del pueblo de Faraón en una nave: el israelita sacaba agua, y el faraónico sacaba sangre. Dijo: y el hombre del pueblo de Faraón dormía de un lado, y se le multiplicaban el qummal y las ranas hasta no poder darse la vuelta al otro lado. Y no cesaron así, hasta que Dios reveló a Moisés: {Que marcha de noche con Mis siervos: ciertamente seréis seguidos}.

Me narró Muḥammad b. Saʿd, dijo: me narró mi padre, dijo: me narró mi tío, dijo: me narró mi padre, de su padre, de Ibn ʿAbbās, que dijo: cuando Moisés trajo a Faraón el mensaje, él rehusó creer y enviar con él a los Hijos de Israel, y se ensoberbeció. Dijo: «No enviaremos contigo a los Hijos de Israel». Entonces Dios envió contra ellos el diluvio —que es el agua—: el cielo les hizo llover hasta que casi perecieron y se les impidió toda cosa. Dijeron: «¡Oh Moisés! Ruega por nosotros a tu Señor por lo que Él ha pactado contigo: si apartas de nosotros esto, creeremos ciertamente en ti y enviaremos contigo a los Hijos de Israel». Rogó a Dios y apartó de ellos la lluvia; y Dios hizo brotar para ellos sus cultivos y revivió con aquella lluvia toda cosa de su tierra. Dijeron: «Por Dios, no nos agrada que no hubiéramos sido regados con esta lluvia; nos fue un bien; no enviaremos contigo a los Hijos de Israel ni creeremos en ti, ¡oh Moisés!». Entonces Dios envió contra ellos la langosta y devoró la mayor parte de sus cultivos; la langosta se apresuró en corromperlos. Dijeron: «¡Oh Moisés! Ruega por nosotros a tu Señor para que aparte de nosotros la langosta; ciertamente creemos en ti y enviaremos contigo a los Hijos de Israel». Dios apartó de ellos la langosta; y la langosta les había dejado de sus cultivos un resto. Dijeron: «Nos queda de nuestros cultivos lo que nos basta; no abandonaremos nuestra religión; no creeremos en ti ni enviaremos contigo a los Hijos de Israel». Entonces Dios envió contra ellos el qummal. Y el qummal: es ad-dabā, la langosta que no tiene alas. Siguió lo que quedaba de sus cultivos, de sus árboles y de toda planta que tenían; y el qummal fue más duro para ellos que la langosta. No pudieron hallar ardid contra el qummal; se angustiaron por ello y acudieron a Moisés. Dijeron: «¡Oh Moisés! Ruega por nosotros a tu Señor para que aparte de nosotros el qummal: no nos ha dejado nada; ha devorado lo que quedaba de nuestros cultivos. Si apartas de nosotros el qummal, creeremos ciertamente en ti y enviaremos contigo a los Hijos de Israel». Dios apartó de ellos el qummal, pero quebrantaron. Dijeron: «No creeremos en ti ni enviaremos contigo a los Hijos de Israel». Entonces Dios envió contra ellos las ranas: las casas se llenaron de ellas; no les quedó comida ni bebida sin ranas; padecieron por ellas algo que no habían padecido antes. Dijeron: «¡Oh Moisés! Ruega por nosotros a tu Señor: si apartas de nosotros el castigo, creeremos ciertamente en ti y enviaremos contigo a los Hijos de Israel». Dijo: Dios lo apartó de ellos, pero no lo hicieron. Entonces Dios reveló: {Y cuando apartamos de ellos el castigo hasta un plazo que habrían de alcanzar, he aquí que ellos quebrantan. . .} Hasta: {y estaban de ello despreocupados}.

Nos narró Ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Abū Tumayla, dijo: nos narró al-Ḥasan b. Wāqid, de Zayd, de ʿIkrima, de Ibn ʿAbbās, que dijo: las ranas eran terrestres; cuando Dios las envió contra la gente de Faraón, oyeron y obedecieron: se arrojaban a las ollas mientras hervían y a los hornos mientras bullían; y Dios las recompensó por su buena obediencia con el frescor del agua.

dijo: nos narró Salama, de Ibn Isḥāq, dijo: el enemigo de Dios —es decir, Faraón— regresó, cuando los magos creyeron, vencido y quebrantado; luego no quiso sino permanecer en la incredulidad y perseverar en el mal. Entonces Dios lo siguió con los signos y lo tomó con los años; envió contra él el diluvio, luego la langosta, luego el qummal, luego las ranas, luego la sangre, como signos detallados. Envió el diluvio —que es el agua—: se desbordó sobre la faz de la tierra; luego se estancó, y no podían arar ni hacer cosa alguna, hasta que se agotaron de hambre. Cuando les llegó aquello, dijeron: «¡Oh Moisés! Ruega por nosotros a tu Señor: si apartas de nosotros el castigo, creeremos ciertamente en ti y enviaremos contigo a los Hijos de Israel». Moisés rogó a su Señor y lo apartó de ellos, pero no le cumplieron nada de lo que dijeron. Entonces Dios envió contra ellos la langosta: devoró los árboles —según me ha llegado—, hasta el punto de que se comían los clavos de hierro de las puertas, y caían sus casas y moradas. Dijeron lo mismo que habían dicho; rogó a su Señor y lo apartó de ellos, pero no le cumplieron nada de lo que dijeron. Entonces Dios envió contra ellos el qummal: se me ha mencionado que Moisés ordenó caminar hacia un montículo y golpearlo con su vara; fue hacia un gran montículo de arena amontonada y lo golpeó con ella, y se derramó sobre ellos qummal hasta dominar las casas y los alimentos, impidiéndoles el sueño y el reposo. Cuando aquello los agotó, le dijeron lo mismo que habían dicho; rogó a su Señor y lo apartó de ellos, pero no le cumplieron nada de lo que dijeron. Entonces Dios envió contra ellos las ranas: llenaron las casas, los alimentos y los recipientes; nadie destapaba una prenda, ni un alimento, ni un recipiente, sin hallar en él ranas que lo habían dominado. Cuando aquello los agotó, le dijeron lo mismo que habían dicho; rogó a su Señor y lo apartó de ellos, pero no le cumplieron nada de lo que dijeron. Entonces Dios envió contra ellos la sangre: las aguas de la gente de Faraón se volvieron sangre; no sacaban de pozo ni de río, ni recogían de recipiente, sin que volviera sangre fresca.

Nos narró Ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Salama, dijo: nos narró Muḥammad b. Isḥāq, de Muḥammad b. Kaʿb al-Quraẓī, que narró: que una mujer de la gente de Faraón venía a una mujer de los Hijos de Israel cuando los apretaba la sed, y decía: «Dame de beber de tu agua». Ella le sacaba de su jarra o le vertía de su odre, y en el recipiente se volvía sangre. Hasta el punto de que le decía: «Ponlo en tu boca y luego escúpelo en mi boca». Ella tomaba en su boca agua, y cuando la escupía en su boca se volvía sangre. Permanecieron en eso siete días.

Me narró al-Muṯannā, dijo: nos narró Abū Ḥuḏayfa, dijo: nos narró Šibl, de Ibn Abī Najīḥ, de Muǧāhid: la langosta devora sus sembrados y sus plantas; las ranas caen sobre sus lechos y sus alimentos; y la sangre está en sus casas, sus ropas, su agua y su comida.

dijo: nos narró Šibl, de ʿAbd Allāh b. Kaṯīr, de Muǧāhid, dijo: cuando el Nilo corrió sangre, el israelita sacaba agua buena, y el faraónico sacaba sangre; compartían un mismo recipiente: del lado del israelita era agua buena, y del lado del faraónico era sangre.

Nos narró al-Qāsim, dijo: nos narró al-Ḥusayn, dijo: me narró Ḥaǧǧāǧ, de Abū Bakr, dijo: me narró Saʿīd b. Jubayr: que cuando Moisés trató a Faraón con los cuatro signos —la vara, la mano, la disminución de los frutos y los años—, dijo: «¡Señor! Este siervo Tuyo se ha elevado en la tierra, se ha insolentado en la tierra, ha transgredido contra mí, se ha elevado contra Ti y se ha envanecido con su pueblo. ¡Señor! Toma a Tu siervo con un castigo que sea para él y para su pueblo una venganza, y sea para mi pueblo una amonestación y para quienes vengan después de mí un signo entre las naciones que permanecen». Entonces Dios envió contra ellos el diluvio —que es el agua—; y las casas de los Hijos de Israel y las casas de los coptos estaban entrelazadas, mezcladas unas con otras. Las casas de los coptos se llenaron de agua, hasta que permanecieron en el agua hasta sus clavículas: quien quedaba retenido se ahogaba; y no entró en las casas de los Hijos de Israel ni una gota. Los coptos comenzaron a llamar: «¡Moisés! Ruega por nosotros a tu Señor por lo que Él ha pactado contigo: si apartas de nosotros el castigo, creeremos ciertamente en ti y enviaremos contigo a los Hijos de Israel». Dijo: concertaron con Moisés un pacto firme, con compromisos que él les tomó. El agua los alcanzó un sábado y permaneció sobre ellos siete días, hasta el sábado siguiente. Moisés rogó a su Señor y Él apartó de ellos el agua; su tierra reverdeció por aquella agua. Permanecieron un mes en bienestar. Luego negaron y dijeron: «Este agua no fue sino una gracia para nosotros y fertilidad para nuestra tierra; no nos agrada que no hubiera sido». Dijo: y alguien dijo a Ibn ʿAbbās: «He preguntado a Ibn ʿUmar acerca del diluvio, y dijo: no sé si fue muerte o agua». Ibn ʿAbbās dijo: «¿Acaso Ibn ʿUmar no lee la sura al-ʿAnkabūt, cuando Dios mencionó al pueblo de Noé y dijo: {Y los tomó el diluvio mientras eran injustos}? ¿Ves? Si hubieran muerto, ¿a quién habría venido Moisés —la paz sea con él— con los cuatro signos después del diluvio?». Dijo: Entonces Moisés dijo: «¡Señor! Tus siervos han quebrantado Tu pacto y han faltado a mi promesa. ¡Señor! Tómalos con un castigo que sea para ellos una venganza, para mi pueblo una amonestación y para quienes vengan después de mí un signo entre las naciones que permanecen». Dijo: Entonces Dios envió contra ellos la langosta: no les dejó hoja, ni árbol, ni flor, ni fruto sin devorarlo, hasta no dejar cosecha. Cuando acabó con todo lo verde, devoró la madera, hasta devorar las puertas y los techos de las casas. Y Dios probó a la langosta con hambre: no se saciaba; sin embargo, no entraba en las casas de los Hijos de Israel. Gritaron y clamaron a Moisés, y dijeron: «¡Oh Moisés! Esta vez ruega por nosotros a tu Señor por lo que Él ha pactado contigo: si apartas de nosotros el castigo, creeremos ciertamente en ti y enviaremos contigo a los Hijos de Israel». Le dieron el pacto de Dios y Su compromiso; él rogó a su Señor, y Dios apartó de ellos la langosta después de haber permanecido sobre ellos siete días, de sábado a sábado. Permanecieron un mes en bienestar; luego volvieron a su desmentido, su negación y sus obras de mal. Dijo: Entonces Moisés dijo: «¡Señor! Tus siervos han quebrantado mi pacto y han faltado a mi promesa; tómales con un castigo que sea para ellos una venganza, para mi pueblo una amonestación y para quienes vengan después de mí un signo entre las naciones que permanecen». Entonces Dios envió contra ellos el qummal. Dijo Abū Bakr: oí a Saʿīd b. Jubayr y a al-Ḥasan decir: junto a ellos había un montículo rojizo en una aldea de las aldeas de Egipto llamada ʿAyn Šams; Moisés caminó hacia aquel montículo y lo golpeó con su vara: se volvió qummal que se arrastraba hacia ellos, y eran animalillos negros pequeños. El qummal se arrastró hacia ellos y tomó sus cabellos, sus pieles, las pestañas de sus ojos y sus cejas; se pegó a sus pieles, como si fuera viruela sobre ellos. Gritaron y clamaron a Moisés: «Nos arrepentimos y no volveremos; ruega por nosotros a tu Señor». Rogó a su Señor y Él apartó de ellos el qummal después de haber permanecido sobre ellos siete días, de sábado a sábado. Permanecieron un mes en bienestar. Luego volvieron y dijeron: «Nunca hemos tenido más motivo para estar seguros de que es un hechicero que hoy: ha hecho de la arena animales. Por la gloria de Faraón, jamás le creeremos ni le seguiremos». Volvieron a su desmentido y negación; Moisés rogó contra ellos y dijo: «¡Señor! Tus siervos han quebrantado mi pacto y han faltado a mi promesa; tómales con un castigo que sea para ellos una venganza, para mi pueblo una amonestación y para quienes vengan después de mí un signo entre las naciones que permanecen». Entonces Dios envió contra ellos las ranas: uno de ellos se recostaba y las ranas se le subían, amontonándose sobre él, hasta no poder volverse al otro lado. Abría la boca para su bocado, y la rana se adelantaba a su bocado hacia su boca. No amasaba masa sin que se aplastaran en ella, ni cocinaba una olla sin que se llenara de ranas. Fueron castigados con ellas con el más duro castigo. Se quejaron a Moisés —la paz sea con él— y dijeron: «Esta vez nos arrepentimos y no volveremos». Él tomó de ellos su pacto y compromiso; luego rogó a su Señor, y Dios apartó de ellos las ranas después de haber permanecido sobre ellos siete días, de sábado a sábado. Permanecieron un mes en bienestar; luego volvieron a su desmentido y negación, y dijeron: «Se os ha hecho evidente su hechicería: hace del polvo animales y trae ranas sin agua». Dañaron a Moisés —la paz sea con él—. Moisés dijo: «¡Señor! Tus siervos han quebrantado mi pacto y han faltado a mi promesa; tómales con un castigo que sea para mi pueblo una amonestación y para quienes vengan después de mí un signo entre las naciones que permanecen». Entonces Dios los probó con la sangre y les corrompió sus medios de vida: el israelita y el copto venían al Nilo a sacar agua; al israelita le salía agua, y al copto le salía sangre. Iban al cántaro donde había agua: al israelita le salía en su recipiente agua, y al copto sangre.

Me narró al-Ḥāriṯ, dijo: nos narró ʿAbd al-ʿAzīz, dijo: nos narró Ibn Saʿd, dijo: oí a Muǧāhid, acerca de Su dicho: {Y enviamos contra ellos el diluvio} dijo: la muerte y la langosta. Dijo: la langosta devora sus enseres, sus ropas y los clavos de sus puertas; y el qummal es ad-dabā: Dios lo hizo dominar sobre ellos después de la langosta. Dijo: y las ranas caen en sus alimentos que están en sus casas y en sus bebidas.

Y algunos dijeron: la sangre que Dios envió contra ellos fue hemorragia nasal. Se menciona a quienes dijeron eso.

Nos narró Ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Aḥmad b. Ḫālid, dijo: nos narró Yaḥyā b. Abī Bukayr, dijo: nos narró Zuhayr, dijo: dijo Zayd b. Aslam: en cuanto al qummal, es el piojo; y en cuanto a la sangre, les fue impuesto el sangrado nasal.

En cuanto a Su dicho: {signos detallados}, su significado es: señales e indicios de la veracidad de la profecía de Moisés y de la autenticidad de aquello a lo que los llamaba, detallados; se separó entre ellos, haciendo que unos siguieran a otros, y unos vinieran tras otros.

Y en el sentido de lo que hemos dicho hablaron los exégetas. Se menciona a quienes dijeron eso.

Me narró al-Muṯannā, dijo: nos narró ʿAbd Allāh b. Ṣāliḥ, dijo: me narró Muʿāwiya b. Ṣāliḥ, de ʿAlī b. Abī Ṭalḥa, de Ibn ʿAbbās, dijo: y fueron signos detallados, unos tras otros, para que Dios tuviera contra ellos la prueba; y Dios los tomó por sus pecados y los ahogó en el mar.

Nos narró al-Qāsim, dijo: nos narró al-Ḥusayn, dijo: me narró Ḥaǧǧāǧ, de Ibn Ǧurayǧ, acerca de Su dicho: {signos detallados} dijo: unos siguen a otros para que Dios tenga contra ellos la prueba, y luego se vengue de ellos. Y el signo permanecía entre ellos de sábado a sábado, y se levantaba de ellos un mes. Dijo Dios —Poderoso y Majestuoso—: {Entonces nos vengamos de ellos y los ahogamos en el mar...} la aleya.

Nos narró Ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Salama, dijo: dijo Ibn Isḥāq: {signos detallados}: es decir, signo tras signo, unos siguiendo a otros.

Y Muǧāhid decía —según se ha transmitido de él— acerca del significado de «detallados», lo siguiente:

Me narró al-Ḥāriṯ, dijo: nos narró ʿAbd al-ʿAzīz, dijo: nos narró Abū Saʿd, dijo: oí a Muǧāhid decir acerca de «signos detallados»: dijo: conocidos.

La explicación de la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—: {pero se ensoberbecieron y fueron un pueblo criminal}.

Dice —Exaltado sea Su recuerdo—: se ensoberbecieron estos a quienes Dios envió lo mencionado en estos signos, de los signos y pruebas, apartándose de creer en Dios, de dar por veraz a Su mensajero Moisés —Dios le bendiga y le conceda paz— y de seguirlo en aquello a lo que los llamaba; se engrandecieron frente a Dios, se insolentaron contra Él, y fueron un pueblo criminal, es decir: eran un pueblo que obraba lo que Dios detesta: desobediencias y libertinaje, con insolencia y rebeldía.

NOTAS (árabe, diccionario): {}

Notas y Referencias

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