Las Alturas
الأعراف Al-A'rafVersículo (Español)
[7:12] [Dios] le preguntó: "¿Qué te impidió prosternarte cuando te lo ordené?" Respondió: "Yo soy superior a él, pues a mí me creaste de fuego, mientras que a él lo creaste del barro".
Tafsir de At-Tabari
{Dijo: ¿Qué te impidió no postrarte cuando te lo ordené? Dijo: Yo soy mejor que él; me creaste de fuego y lo creaste de barro} (12)
La exposición sobre la interpretación de la palabra del Altísimo:
{Dijo: ¿Qué te impidió no postrarte cuando te lo ordené? Dijo: Yo soy mejor que él; me creaste de fuego y lo creaste de barro}.
Esto es una noticia de Dios —exaltado sea Su recuerdo— acerca de lo que dijo a Iblís cuando éste Le desobedeció y no se postró ante Adán, cuando le ordenó postrarse ante él.
Dice:
Dijo Dios a Iblís: «¿Qué te impidió?», es decir: ¿qué cosa te impidió «no postrarte»: abandonar la postración ante Adán, cuando te ordené que te postraras.
«Dijo: Yo soy mejor que él», esto es:
Dijo Iblís: «Yo soy mejor que Adán: me creaste de fuego y lo creaste de barro».
Y si alguien dijera:
Infórmanos acerca de Iblís: ¿le alcanzó la censura por la postración o por dejar la postración? Pues si la censura le alcanzó por dejar la postración,
¿cómo se le dijo: «¿Qué te impidió no postrarte cuando te lo ordené?»? Y si la reprobación fuera por la postración, ello contradiría lo que ha traído la Revelación en el resto del Corán, y contradiría lo que conocen los musulmanes.
Se dice:
La censura no alcanzó a Iblís sino por desobedecer a su Señor al dejar la postración ante Adán cuando le ordenó postrarse ante él.
Sin embargo, en la interpretación de Su dicho: «¿Qué te impidió no postrarte cuando te lo ordené?» hay, entre los conocedores del habla de los árabes, discrepancia. Comenzaré mencionando lo que dijeron, y luego mencionaré lo que es más digno de ser lo correcto.
Dijo uno de los gramáticos de Basora:
El sentido de ello es: «¿Qué te impidió postrarte?», y «لا» aquí es redundante,
como dijo el poeta:
«Su generosidad rehusó la avaricia, y se apresuró con él *** sí, de un joven a quien la generosidad no le impide su matador»
Y dijo:
Los árabes lo explicaron como: «Su generosidad rehusó la avaricia», e hicieron de «لا» un añadido redundante aquí, y la insertaron en el discurso, enlazando con ella las palabras.
Dijo:
Y afirmó Yūnus que Abū ʿAmr solía poner en genitivo «البخل», y hacía que «لا» estuviera en iḍāfa con él;
quería decir: «Su generosidad rehusó la “لا” que es para la avaricia», y hacía que «لا» estuviera en iḍāfa, porque «لا» puede ser para la generosidad y para la avaricia:
pues si se le dijera: «Impide el derecho y no des al pobre», y él dijera «لا», eso sería generosidad por su parte.
Y dijo uno de los gramáticos de Kufa algo semejante a lo que hemos mencionado de los basoríes en su sentido e interpretación, salvo que sostuvo que la causa de la entrada de «لا» en Su dicho: «أنْ لا تَسْجُدَ» es que al comienzo del discurso hay una negación,
queriendo con ello Su dicho:
«لَمْ يَكُنْ مِنَ السّاجِدِينَ»; pues los árabes, a veces, en un discurso en el que hay negación, repiten la negación como refuerzo y confirmación.
Dijo:
Y eso es como su dicho:
«No, en verdad, hemos visto semejantes a ellas para una gente *** de cabezas negras: potros y elefantes»
Así, añadió a la negación que es «ما» otra negación, que es su dicho «إن», reuniéndolas ambas para enfatizar.
Y dijo otro de ellos:
«لا» no es un relleno en este lugar, ni un mero enlace; sino que “impedir” aquí tiene el sentido de “decir”.
La interpretación del discurso es únicamente:
«¿Quién te dijo: “no te postres”, cuando te ordené la postración?».
Pero entró en el discurso «أنْ» cuando el “impedir” es con el sentido de “decir”, no en su literalidad, como se hace en el resto de expresiones que se asemejan al decir, aunque difieran de él en la forma, como cuando dicen:
«Llamé diciendo que no te levantes», y «juré que no te sientes», y expresiones semejantes.
Y dijo alguno de los transmisores:
«Su generosidad rehusó la avaricia» con el sentido de: “la palabra de la avaricia”, porque «لا» es la palabra de la avaricia;
como si hubiera dicho: “la palabra de la avaricia”.
Y dijo alguno de ellos:
El sentido de “impedir” es interponerse entre el hombre y lo que desea.
Dijo:
Y el impedido se ve forzado, por ello, a lo contrario de aquello de lo que se le impide; como el impedido de ponerse en pie, mientras lo desea: se ve forzado a pasar del acto a lo que es contrario a ponerse en pie. Pues el que elige el acto es quien tiene acceso a él y a su contrario, y prefiere uno sobre el otro y lo realiza.
Dijo:
Y cuando la cualidad del impedimento es ésta, se dirigió a Iblís con el “impedir”, y se le dijo:
«¿Qué te impidió no postrarte?», cuyo sentido es como si se le hubiera dicho: «¿Qué cosa te forzó a no postrarte?».
Dijo Abū Jaʿfar:
Lo correcto, a mi juicio, en esto es decir: en el discurso hay una elipsis, de la que basta la indicación de lo manifiesto.
Y es que su sentido es:
«¿Qué te impidió la postración, de modo que te hizo necesitar no postrarte?»; y se omitió la mención de «te hizo necesitar» por bastar el conocimiento de los oyentes.
Su dicho:
«excepto Iblís: no fue de los que se postraron» indica que ése es el sentido del discurso, según lo que se ha mencionado; y entonces Su dicho «ما مَنَعَكَ» opera sobre aquello sobre lo que operaba antes «أحوجك» si éste apareciera, puesto que lo ha sustituido.
Y sólo dijimos que esta opinión es la más digna de ser lo correcto por lo que ya ha precedido de nuestra demostración de que no es lícito que en el Libro de Dios haya algo sin sentido, y que toda palabra tiene un significado válido. Con ello se hace patente la invalidez de la opinión de quien dijo que «لا» en el discurso es un relleno sin significado.
En cuanto a la opinión de quien dijo:
El sentido de “impedir” aquí es “decir”, y por eso entró «لا» con «أن»; pues, aunque el “impedir” puede ser dicho y acto, no es lo conocido entre la gente usar “impedir” para ordenar dejar una cosa. Porque a quien se le ordena dejar un acto, si es capaz de hacerlo y de dejarlo, y lo hace, no se dice que lo hizo estando impedido de hacerlo, salvo forzando el habla. Y ello porque el impedimento del acto es interponerse entre él y el acto; no es lícito que, estando interpuesto entre él y el acto, lo realice. Pues si eso fuera lícito, sería necesario que estuviera interpuesto y no interpuesto, e impedido y no impedido; y esto es remoto.
Además, Iblís no obedeció la orden de Dios —exaltado sea— de postrarse ante Adán por soberbia; ¿cómo habría de obedecer a otro en dejar la orden de Dios y Su obediencia, dejando la postración ante Adán, de modo que fuera lícito decirle:
«¿Qué cosa te dijo: “no te postres ante Adán”, cuando te ordené postrarte ante él?».
Sino que su sentido —si Dios quiere— es lo que dije:
«¿Qué te impidió postrarte ante él, de modo que te hizo necesitar, o te sacó, o te forzó a no postrarte ante él?», conforme he explicado.
En cuanto a Su dicho:
«Yo soy mejor que él; me creaste de fuego y lo creaste de barro», es una noticia de Dios —glorificado sea Su elogio— acerca de la respuesta de Iblís cuando Él le preguntó: qué fue lo que le impidió la postración ante Adán, de modo que le hizo necesitar no postrarse ante él, y le forzó a lo contrario de lo que le ordenó y a dejar Su obediencia.
Que lo que le impidió la postración y lo llamó a contradecir la orden de su Señor en ello fue que él era, según pretendía, de brazo más fuerte que Adán, de mayor fuerza y de superior excelencia: por la excelencia del género del que fue creado —el fuego— sobre aquello de lo que fue creado Adán —el barro—.
Pero el enemigo de Dios ignoró el rostro de la verdad y erró el camino de lo correcto.
Pues era sabido que en la sustancia del fuego hay ligereza, temeridad, agitación y elevación hacia lo alto; y lo que hay en su sustancia de eso fue lo que llevó al malvado —tras la desdicha que le había precedido de parte de Dios en el Libro anterior— a ensoberbecerse de postrarse ante Adán y a menospreciar la orden de su Señor, y ello le heredó la ruina y la perdición.
Y era sabido que en la sustancia del barro hay gravedad, calma, clemencia, pudor y firmeza; y lo que hay en su sustancia de eso fue lo que llamó a Adán —tras la dicha que le había precedido de su Señor en el Libro anterior— al arrepentimiento de su falta, y a pedir a su Señor el perdón y la absolución.
Por eso al-Ḥasan e Ibn Sīrīn solían decir:
«El primero que hizo qiyās fue Iblís»,
queriendo decir con ello:
el qiyās erróneo; y es esto que hemos mencionado: el error de su dicho y su lejanía de acertar la verdad respecto a la excelencia con la que Dios distinguió a Adán sobre el resto de Su creación: al crearlo con Su mano, insuflar en él de Su espíritu, hacer que los ángeles se postraran ante él, enseñarle los nombres de toda cosa, junto con lo demás con lo que lo distinguió de Su nobleza.
Mas el ignorante se apartó de todo ello, y se dirigió a argumentar que Dios lo creó de fuego y creó a Adán de barro; y aun en eso no era su igual. Pues si Adán no tuviera de parte de Dios —glorificado sea Su recuerdo— ninguna honra aparte de eso, ¿qué decir cuando aquello con lo que fue distinguido de Su nobleza es abundante en su enumeración y fatiga su cómputo?
Me narró ʿAmr b. Mālik,
dijo:
nos narró Yaḥyā b. Sulaym al-Ṭāʾifī, de Hišām, de Ibn Sīrīn,
dijo:
«El primero que hizo qiyās fue Iblís; y no se adoraron el sol y la luna sino mediante los qiyās».
Nos narró al-Qāsim,
dijo:
nos narró al-Ḥusayn,
dijo:
nos narró Muḥammad b. Kaṯīr, de Ibn Šawḏab, de Maṭar al-Warrāq, de al-Ḥasan,
respecto a Su dicho:
«me creaste de fuego y lo creaste de barro», dijo:
Iblís hizo qiyās, y él fue el primero que hizo qiyās.
Y en el sentido de lo que hemos dicho acerca de ello hablaron los gentes de la interpretación.
Mención de quienes dijeron eso:
Nos narró Abū Kurayb,
dijo:
nos narró ʿUṯmān b. Saʿīd,
dijo:
nos narró Bišr b. ʿUmāra, de Abī Rūq, de al-Ḍaḥḥāk, de Ibn ʿAbbās,
dijo:
Cuando Dios creó a Adán, dijo a los ángeles que estaban con Iblís —en particular, y no a los ángeles que están en los cielos—: «Postraos ante Adán». Y se postraron todos, en conjunto, excepto Iblís, que se ensoberbeció por lo que se había dicho a sí mismo de su soberbia y su engaño.
Y dijo:
«No me postraré ante él, pues yo soy mejor que él, y de mayor edad, y de constitución más fuerte: me creaste de fuego y lo creaste de barro».
Es decir:
que el fuego es más fuerte que el barro.
Nos narró al-Qāsim,
dijo:
nos narró al-Ḥusayn,
dijo:
me narró Ḥaǧǧāǧ, de Ibn Ǧurayǧ, de Muǧāhid,
respecto a Su dicho:
«me creaste de fuego», dijo:
luego hizo que su descendencia fuera de agua.
Dijo Abū Jaʿfar:
Esto que dijo el enemigo de Dios no es respuesta a aquello por lo que se le preguntó.
Y ello porque Dios —exaltado sea Su recuerdo— le dijo:
«¿Qué te impidió la postración?».
Y él no respondió que lo que le impidió la postración fuera que Dios lo creó de fuego y creó a Adán de barro; sino que comenzó con una noticia acerca de sí mismo, en la que hay indicio del lugar de la respuesta, y dijo:
«Yo soy mejor que él; me creaste de fuego y lo creaste de barro».
Notas y Referencias
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