6

Los Rebaños

الأنعام Al-An'am
Aya 122

Versículo (Español)

[6:122] ¿Acaso quien estaba muerto [de corazón] y le di vida [guiándolo], y le proporcioné una luz con la cual transita entre la gente, es igual a aquel que se encuentra entre tinieblas y no puede salir de ellas? Por eso es que a los que se niegan a creer les parece bueno lo que hacen.

Tafsir de At-Tabari

{¿Acaso quien estaba muerto y le dimos vida, y le pusimos una luz con la que camina entre la gente, es como aquel cuyo ejemplo está en las tinieblas, sin poder salir de ellas? Así fue embellecido para los incrédulos lo que solían hacer} (122) La exposición acerca de la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—: {¿Acaso quien estaba muerto y le dimos vida, y le pusimos una luz con la que camina entre la gente, es como aquel cuyo ejemplo está en las tinieblas, sin poder salir de ellas? Así fue embellecido para los incrédulos lo que solían hacer}.

Este discurso de Dios —glorificado sea— indica Su prohibición, en aquel tiempo, a los creyentes en Su Enviado, de obedecer a algunos de los asociadores que discutieron con ellos acerca de comer la carroña, con lo que ya hemos mencionado de su disputa con ellos sobre ello; y Su orden de que obedecieran a un creyente de entre ellos que había sido incrédulo, pero a quien Él —glorificado sea— guio a su rectitud y le concedió éxito para la fe. Así les dijo: «¿La obediencia de quien estaba muerto?», es decir: de quien era incrédulo. Pues Él —glorificado sea—, por apartarse de obedecerle, por su ignorancia del tawḥīd y de las prescripciones de Su religión, y por abandonar el tomar su parte de las obras para Dios —aquello que lo conduciría a su salvación—, lo puso en la condición del muerto que no se beneficia a sí mismo con nada provechoso ni aparta de sí un mal que le sobrevenga. «Y le dimos vida», es decir: lo guiamos al islam, lo reanimamos, y pasó a conocer los perjuicios y beneficios de su propia alma, y a obrar para librarla de la ira de Dios y de Su castigo en su retorno final. Así, hizo de su visión de la verdad —glorificado sea Su recuerdo— tras su ceguera respecto de ella, y de su conocimiento de la Unicidad de Dios y de las prescripciones de Su religión tras su ignorancia de ello, una vida y una claridad con la que se ilumina; y así camina con rectitud por el camino correcto y el método de la senda entre la gente. «Como aquel cuyo ejemplo está en las tinieblas»: no sabe hacia dónde dirigirse ni qué camino tomar, por la intensidad de la oscuridad de la noche y por haber perdido la senda. Del mismo modo, este incrédulo extraviado, en las tinieblas de la incredulidad, no percibe rectitud ni conoce verdad; es decir, en las tinieblas de la incredulidad. Dice: ¿acaso la obediencia de este a quien guiamos a la verdad y a quien hicimos ver la rectitud es como la obediencia de aquel cuyo ejemplo es el de quien está en las tinieblas, vacilante, sin conocer salida de ellas: cuando este llama a prohibir lo que Dios ha prohibido y a declarar lícito lo que Él ha hecho lícito, y aquel declara lícito lo que Dios ha prohibido y prohíbe lo que Él ha hecho lícito?

Se ha mencionado que esta aleya descendió acerca de dos hombres concretos, conocidos por sus personas: uno creyente y el otro incrédulo.

Luego discreparon los exégetas acerca de quiénes eran. Unos dijeron: el que estaba muerto y a quien Dios dio vida era ʿUmar b. al-Jaṭṭāb —Dios esté complacido con él—; y aquel cuyo ejemplo está en las tinieblas, sin poder salir de ellas, era Abū Ŷahl b. Hišām. Relato de quienes dijeron eso:

Me narró al-Muṯannā; dijo: nos narró Isḥāq; dijo: nos informó Sulaymān b. Abī Hawḏa, de Šuʿayb al-Sarrāǧ, de Abū Sinān, de al-Ḍaḥḥāk, acerca de Su dicho: «¿Acaso quien estaba muerto y le dimos vida, y le pusimos una luz con la que camina entre la gente?», dijo: es ʿUmar b. al-Jaṭṭāb —Dios esté complacido con él—. «Como aquel cuyo ejemplo está en las tinieblas», dijo: es Abū Ŷahl b. Hišām.

Otros dijeron: más bien, el muerto a quien Dios dio vida era ʿAmmār b. Yāsir —Dios esté complacido con él—; y aquel cuyo ejemplo está en las tinieblas, sin poder salir de ellas, era Abū Ŷahl b. Hišām. Relato de quienes dijeron eso:

Nos narró Ibn Wakīʿ; dijo: nos narró Sufyān b. ʿUyayna, de Bišr b. Taym, de un hombre, de ʿIkrima: «¿O acaso quien estaba muerto y le dimos vida, y le pusimos una luz con la que camina entre la gente?», dijo: descendió acerca de ʿAmmār b. Yāsir.

Me narró al-Muṯannā; dijo: nos narró Isḥāq; dijo: nos narró ʿAbd Allāh b. al-Zubayr, de Ibn ʿUyayna, de Bišr, de Taym, de ʿIkrima: «¿Acaso quien estaba muerto y le dimos vida, y le pusimos una luz con la que camina entre la gente?»: ʿAmmār b. Yāsir. «Como aquel cuyo ejemplo está en las tinieblas»: Abū Ŷahl b. Hišām.

Y en el sentido de lo que hemos dicho acerca de la aleya hablaron los exégetas. Relato de quienes dijeron eso:

Me narró Muḥammad b. ʿAmr; dijo: nos narró Abū ʿĀṣim; dijo: nos narró ʿĪsā, de Ibn Abī Naǧīḥ, de Muǧāhid, acerca de la palabra de Dios: «¿Acaso quien estaba muerto y le dimos vida?», dijo: estaba extraviado y lo guiamos. «Y le pusimos una luz con la que camina entre la gente», dijo: guía. «Como aquel cuyo ejemplo está en las tinieblas, sin poder salir de ellas», dijo: en el extravío para siempre.

Me narró al-Muṯannā; dijo: nos narró Abū Ḥuḏayfa; dijo: nos narró Šibl, de Ibn Abī Naǧīḥ, de Muǧāhid: «¿Acaso quien estaba muerto y le dimos vida?»: lo guiamos. «Y le pusimos una luz con la que camina entre la gente; como aquel cuyo ejemplo está en las tinieblas»: en el extravío para siempre.

Nos narró Ibn Wakīʿ; dijo: nos narró mi padre, de Sufyān, de un hombre, de Muǧāhid: «¿Acaso quien estaba muerto y le dimos vida?», dijo: estaba extraviado y lo guiamos.

Me narró al-Muṯannā; dijo: nos narró ʿAbd Allāh b. Ṣāliḥ; dijo: me narró Muʿāwiya, de ʿAlī b. Abī Ṭalḥa, de Ibn ʿAbbās: «¿Acaso quien estaba muerto y le dimos vida?», es decir: quien era incrédulo y lo guiamos. «Y le pusimos una luz con la que camina entre la gente»: y por la luz se entiende el Corán, para quien lo cree y obra conforme a él. «Como aquel cuyo ejemplo está en las tinieblas»: y por las tinieblas se entiende la incredulidad y el extravío.

Nos narró Muḥammad b. Saʿd; dijo: me narró mi padre; dijo: me narró mi tío; dijo: me narró mi padre, de su padre, de Ibn ʿAbbās: Su dicho: «¿Acaso quien estaba muerto y le dimos vida, y le pusimos una luz con la que camina entre la gente?», dice: la guía con la que camina entre la gente. Dice: es el incrédulo a quien Dios guía al islam. Dice: era asociador y lo guiamos. «Como aquel cuyo ejemplo está en las tinieblas, sin poder salir de ellas».

Nos narró Bišr b. Muʿāḏ; dijo: nos narró Yazīd; dijo: nos narró Saʿīd, de Qatāda: «¿Acaso quien estaba muerto y le dimos vida?»: este es el creyente; con él hay, de parte de Dios, una luz y una prueba clara con las que obra, toma y a ellas se remite: el Libro de Dios. «Como aquel cuyo ejemplo está en las tinieblas, sin poder salir de ellas»: este es el ejemplo del incrédulo en el extravío, perplejo en él, vagando sin rumbo; no halla salida ni vía de escape.

Me narró Muḥammad b. al-Ḥusayn; dijo: nos narró Aḥmad b. Mufaḍḍal; dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī: «¿Acaso quien estaba muerto y le dimos vida, y le pusimos una luz con la que camina entre la gente?», dice: quien era incrédulo y lo hicimos musulmán, y le pusimos una luz con la que camina entre la gente, y esa es el islam. Dice: esto es como quien está en las tinieblas, es decir, el politeísmo.

Me narró Yūnus b. ʿAbd al-Aʿlā; dijo: nos informó Ibn Wahb; dijo: dijo Ibn Zayd, acerca de Su dicho: «Y le pusimos una luz con la que camina entre la gente», dijo: el islam al que Dios lo guio. «Como aquel cuyo ejemplo está en las tinieblas»: no es de la gente del islam. Y recitó: «Dios es el Protector de quienes creen: los saca de las tinieblas hacia la luz»; dijo: y con la luz se ilumina lo que hay en su casa y lo ve; del mismo modo, a quien Dios le da esta luz se ilumina con ella en su religión y obra con ella en su luz, como se ilumina el dueño de esta lámpara. Dijo: «Como aquel cuyo ejemplo está en las tinieblas»: no sabe qué le viene ni qué cae sobre él.

La exposición acerca de la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—: «Así fue embellecido para los incrédulos lo que solían hacer».

Dice —Exaltado sea Su recuerdo—: así como desamparé a este incrédulo que discute con vosotros, oh creyentes en Dios y en Su Enviado, acerca de comer lo que os he prohibido de los alimentos, apartándolo de la verdad, y le embellecí la maldad de su obra, de modo que la vio como buena, para que mereciera con ello lo que le he preparado de doloroso castigo; del mismo modo embellecí, para otros que estaban en una situación semejante a la suya de incredulidad en Dios y en Sus signos, lo que solían hacer de desobediencias a Dios, para que por ello merecieran, a causa de sus actos, el escarmiento que tienen junto a su Señor.

En esto hay la más clara evidencia contra quienes desmienten, los que pretenden que Dios ha delegado los asuntos a Sus criaturas en sus obras y que Él no tiene intervención alguna en sus actos; y que ha igualado a todos en las causas por las que llegan a la obediencia y a la desobediencia. Pues si ello fuera como dicen, habría embellecido para Sus profetas y Sus aliados algo semejante de extravío e incredulidad a lo que embelleció de ello para Sus enemigos y para la gente que no cree en Él; y habría embellecido para la gente que no cree en Él una fe en Él semejante a la que embelleció para Sus profetas y Sus aliados. Y en Su información —glorificado sea— de que embelleció para cada agente su obra, hay lo que anuncia el embellecimiento de la incredulidad, la depravación y la desobediencia; y particularizó a Sus enemigos y a la gente de la incredulidad con el embellecimiento de la incredulidad para ellos, y de la depravación y la desobediencia, y les hizo detestable la fe en Él y la obediencia.

Notas y Referencias

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