Los Rebaños
الأنعام Al-An'amVersículo (Español)
[6:103] La vista [de los seres humanos] no puede abarcarlo, pero Él sí ve [a todos Sus siervos]. Él es el Sutil y el Conocedor.
Tafsir de At-Tabari
{لَّا تُدۡرِكُهُ ٱلۡأَبۡصَٰرُ وَهُوَ يُدۡرِكُ ٱلۡأَبۡصَٰرَۖ وَهُوَ ٱللَّطِيفُ ٱلۡخَبِيرُ} (103)
القول في تأويل قوله تعالى :
{ لاّ تُدْرِكُهُ الأبْصَارُ وَهُوَ يُدْرِكُ الأبْصَارَ وَهُوَ اللّطِيفُ الْخَبِيرُ }
Los especialistas en interpretación discreparon acerca de la exégesis de Su dicho: «لا تُدْرِكُهُ الأبْصَارُ وَهُوَ يُدْرِكُ الأبْصَارُ». Unos dijeron: su sentido es: las miradas no lo abarcan, mientras que Él las abarca a ellas. Mención de quienes dijeron eso.
Me narró Muhammad b. Sa‘d,
dijo:
me narró mi padre,
dijo:
me narró mi tío,
dijo:
me narró mi padre, de su padre, de Ibn ‘Abbās,
acerca de Su dicho:
«لا تُدْرِكُهُ الأبْصَارُ وَهُوَ يُدْرِكُ الأبْصَارَ», dice: la vista de nadie abarca al Soberano.
Nos narró Bishr,
dijo:
nos narró Yazīd,
dijo:
nos narró Sa‘īd, de Qatāda,
acerca de Su dicho:
«لا تُدْرِكُهُ الأبْصَارُ وَهُوَ يُدْرِكُ الأبْصَارَ»: Él es demasiado grandioso como para que las miradas lo alcancen.
Me narró Sa‘d b. ‘Abd Allāh b. ‘Abd al-Ḥakam,
dijo:
nos narró Khālid b. ‘Abd al-Raḥmān,
dijo:
nos narró Abū ‘Arfaja, de ‘Aṭiyya al-‘Awfī,
acerca de Su dicho:
«وُجُوهٌ يَوْمَئِذٍ ناضِرَةٌ إلى رَبّها ناظِرَةٌ», dijo: ellos miran a Dios; sus miradas no lo abarcan por Su grandeza, mientras que Su visión los abarca a ellos. Y eso es Su dicho: «لا تُدْركُهُ الأبْصَارُ ... الاَية».
Y quienes sostuvieron esta opinión argumentaron para su afirmación diciendo: Dios dijo: «فَلَمّا أدْرَكَهُ الغَرَقُ قالَ آمَنْتُ». Dijeron: Dios —exaltado sea Su recuerdo— describió al ahogamiento como que “alcanzó” a Faraón; y no hay duda de que el ahogamiento no se describe como que lo vio, ni es de aquello a lo que sea lícito describir como que ve algo.
Dijeron: así, el sentido de Su dicho «لا تُدْرِكُهُ الأبْصَارُ» es: no lo ve de lejos, pues una cosa puede alcanzar a otra sin verla. Tal como dijo —glorificado sea— informando de lo que dijeron los compañeros de Moisés —la plegaria de Dios sea sobre él— cuando se les aproximaron los de Faraón: «فَلَمّا تَرَاءَى الجَمْعَانِ قَالَ أصْحَابُ مُوسَى إنّا لَمُدْرَكُون», porque Dios ya había prometido a Su profeta Moisés —la plegaria de Dios sea sobre él— que no serían alcanzados, por Su dicho: «ولَقَدْ أوْحَيْنا إلى مُوسَى أنْ أسْرِ بِعِبادِي فاضْرِبْ لَهُمْ طَرِيقاً فِي البَحْرِ يَبَساً لا تَخافُ دَرَكاً وَلا تَخْشَى».
Dijeron: si una cosa puede ver a otra sin alcanzarla, y puede alcanzarla sin verla, entonces se sabe por ello que Su dicho «لا تُدْرِكُهُ الأبْصَارُ» está apartado del sentido de “las miradas no lo ven”, y que el sentido es: las miradas no lo abarcan, porque abarcarlo no es posible.
Dijeron: los creyentes y la gente del Paraíso ven a su Señor con sus miradas, pero sus miradas no lo alcanzan, en el sentido de que no lo abarcan, pues no es lícito describir a Dios como que algo lo circunscribe.
Dijeron: y así como es válido describirlo como que es visto pero no alcanzado, es válido describirlo como que es conocido pero no abarcado; tal como dijo —glorificado sea—: «وَلا يُحِيطُونَ بَشَيْءٍ مِنْ عِلْمِهِ إلاّ بِمَا شاءَ».
Dijeron: Él —glorificado sea— negó de Sus criaturas que abarcaran algo de Su ciencia, salvo lo que Él quisiera.
Dijeron: el sentido de “la ciencia” en este lugar es “lo sabido”. Dijeron: por tanto, en Su negación de que Sus criaturas abarquen algo de Su ciencia salvo lo que Él quiera, no hay negación de que lo conozcan.
Dijeron: si en negar el abarcar una cosa en conocimiento no hay negación del conocimiento de ella, entonces, del mismo modo, en negar el إدراك de Dios respecto de la vista no hay negación de Su visión.
Dijeron: y así como es lícito que las criaturas conozcan cosas sin abarcarlas en conocimiento, así también es lícito que vean a su Señor con sus miradas sin alcanzarlo con ellas, pues el significado de la visión no es el significado del alcance, y el significado del alcance no es el significado de la visión; y el significado del alcance no es sino el abarcar, tal como dijo Ibn ‘Abbās en el relato que mencionamos antes.
Dijeron: si alguien nos dijera: ¿qué os impide que el sentido de Su dicho «لا تُدْرِكُهُ الأبْصَارُ» sea “las miradas no lo ven”? Le diríamos: lo rechazamos porque Dios —glorificado sea— informó en Su Libro que habrá rostros que, en la Resurrección, estarán mirando hacia Él; y porque el Mensajero de Dios —la plegaria de Dios sea sobre él— informó a su comunidad que verán a su Señor el Día de la Resurrección como se ve la luna en la noche de plenilunio y como veis el sol sin que haya nube delante de él.
Dijeron: puesto que Dios informó en Su Libro lo que informó, y se han confirmado los informes del Mensajero de Dios —la plegaria de Dios sea sobre él— con lo que hemos mencionado de su dicho —la plegaria de Dios sea sobre él—, de que la interpretación de Su dicho «وُجُوهٌ يَوْمَئِذٍ ناضِرَةٌ إلى ربّها ناظِرَةٌ» es la mirada de los ojos hacia Dios —majestuoso sea Su poder—; y puesto que el Libro de Dios se confirma a sí mismo, y además no es lícito que uno de estos dos informes abrogue al otro —pues no es lícito en los informes, como ya hemos expuesto en nuestro libro “كتاب لطيف البيان عن أصول الأحكام” y otros—, se supo que el sentido de Su dicho «لا تُدْرِكُهُ الأبْصَارُ» es distinto del sentido de Su dicho «وُجُوهٌ يَوْمَئِذٍ ناضِرَةٌ إلى رَبّها ناظِرَةٌ». En efecto, la gente del Paraíso mira con sus ojos, el Día de la Resurrección, hacia Dios, pero no lo alcanza con ellos, confirmando a Dios en ambos informes y sometiéndose a lo que trajo Su Revelación tal como vino en ambas suras.
Otros dijeron: el sentido es: las miradas no lo ven, mientras que Él ve las miradas. Mención de quienes dijeron eso.
Nos narró Muḥammad b. al-Ḥusayn; nos narró Aḥmad b. al-Mufaḍḍal,
dijo:
nos narró Asbāṭ,
de al-Suddī:
«لا تُدْرِكُهُ الأبْصَارُ»: nada lo ve, y Él ve a las criaturas.
Nos narró Hannād,
dijo:
nos narró Wakī‘, de Ismā‘īl b. Abī Khālid, de ‘Āmir, de Masrūq, de ‘Ā’isha,
dijo:
Quien te haya dicho que el Mensajero de Dios —la plegaria de Dios sea sobre él— vio a su Señor, ha mentido: «لا تُدْرِكُهُ الأبْصَارُ وَهُوَ يُدْرِكُ الأبْصَارَ» y «وَما كانَ لِبَشَرٍ أنْ يُكَلّمَهُ اللّهُ إلاّ وَحْياً أوْ مِنْ وَرَاءِ حِجابٍ»; pero sí vio a Gabriel en su forma dos veces.
Nos narró Ibn Wakī‘,
dijo:
nos narró mi padre, de Ismā‘īl b. Abī Khālid, de ‘Āmir, de Masrūq,
dijo:
Dije a ‘Ā’isha: ¡oh Madre de los Creyentes!, ¿vio Muḥammad a su Señor?
Ella dijo:
¡Gloria a Dios!
Se me erizó el cabello por lo que dijiste; luego recitó: «لا تُدْرِكُهُ الأبْصَارُ وَهُوَ يُدْرِكُ الأبْصَارَ وَهُوَ اللّطِيفُ الخَبِيرُ».
Nos narró Ibn Wakī‘,
dijo:
nos narró ‘Abd al-A‘lā e Ibn ‘Ulayya, de Dāwūd, de al-Sha‘bī, de Masrūq, de ‘Ā’isha, con un sentido semejante.
Nos narró Ibn Ḥumayd,
dijo:
nos narró Jarīr, de Mughīra, de al-Sha‘bī,
dijo:
‘Ā’isha dijo: quien diga que alguien vio a su Señor ha cometido la más grave calumnia contra Dios. Dios dijo: «لا تُدْرِكُهُ الأبْصَارُ وَهُوَ يُدْرِكُ الأبْصَارَ».
Quienes sostuvieron esta opinión dijeron: el sentido de الإدراك en este lugar es la visión; y negaron que Dios sea visto por las miradas en esta vida y en la Otra.
E interpretaron Su dicho «وُجُوهٌ يَوْمَئِذٍ ناضِرَةٌ إلى ربّها ناظِرَةٌ» con el sentido de que esperan la misericordia de Dios y Su recompensa.
Y algunos interpretaron, en cuanto a los informes transmitidos del Mensajero de Dios —la plegaria de Dios sea sobre él— que confirman la afirmación de que la gente del Paraíso verá a su Señor el Día de la Resurrección, mediante interpretaciones; y algunos negaron que tales informes hubieran llegado, y rechazaron que eso procediera del dicho del Mensajero de Dios —la plegaria de Dios sea sobre él—, devolviendo el asunto a sus intelectos. Pretendieron que sus intelectos declaran imposible que sea lícita la visión de Dios —poderoso y majestuoso— por medio de las miradas; y trajeron en ello diversas clases de sofismas, y abundaron en palabras por vía de deducciones. Y de lo más importante que alegaron como prueba de la corrección de su dicho fue que no hallaron que sus miradas vieran cosa alguna sino aquello que está separado de ellas, no lo que está adherido a ellas, pues no ven lo que está pegado a ellas.
Dijeron: aquello que está separado de las miradas, de lo que ellas contemplan, tiene entre ello y ellas un espacio y una separación.
Dijeron: si las miradas ven a su Señor el Día de la Resurrección del modo en que hoy se ven las figuras, entonces se impone que el Hacedor esté delimitado.
Dijeron: y quien lo describa así, lo describe con atributos de los cuerpos, a los que les es posible el aumento y la disminución.
Dijeron también: es propio de las miradas percibir los colores, como es propio de los oídos percibir los sonidos, y es propio del olfateador percibir los aromas.
Dijeron: así como es inválido que se dictamine para el oído algo distinto de percibir sonidos, y para el olfato algo distinto de percibir aromas, así es inválido que se dictamine para la vista algo distinto de percibir colores.
Dijeron: y puesto que no es lícito que Dios —exaltado sea Su recuerdo— sea descrito como poseedor de color, se confirma que no es lícito que sea descrito como visible.
Otros dijeron: el sentido es: las miradas de las criaturas no lo alcanzan en esta vida; en cuanto a la Otra, sí lo alcanzan.
Y los partidarios de esta opinión dijeron: el الإدراك en este lugar es la visión.
Y argumentaron para su afirmación diciendo: el الإدراك, aunque en algunas circunstancias pueda darse sin el sentido de la visión, la visión es uno de sus sentidos; pues no es lícito que su mirada alcance algo y lo vea, y que, pese a haberlo mirado y contemplado, no sea مُدرِك de ello, aunque no abarque con la visión todas sus partes.
Dijeron: la visión de aquello que el observador contempla es un alcance de ello, a diferencia de lo que no vio.
Dijeron: y Dios informó que habrá rostros que, el Día de la Resurrección, estarán mirando hacia Él.
Dijeron: es imposible que estén mirando hacia Él y que, en visión, no lo alcancen.
Dijeron: y si esto es así, y no es lícito que en los informes de Dios haya contradicción ni oposición, entonces es obligatorio y queda confirmado que Su dicho «لا تُدْرِكُهُ الأبْصَارُ» es particular, no general; y que su sentido es: las miradas no lo alcanzan en esta vida, mientras que Él alcanza las miradas en esta vida y en la Otra, pues Dios exceptuó lo que exceptuó con Su dicho: «وُجُوهٌ يَوْمَئِذٍ ناضِرَةٌ إلى رَبّها ناظِرَةٌ».
Y otros, de entre los partidarios de esta opinión, dijeron: la aleya es particular, pero es posible que su sentido sea: las miradas de los injustos no lo alcanzan en esta vida ni en la Otra, mientras que lo alcanzan las miradas de los creyentes y de los amigos de Dios.
Dijeron: y es posible que su sentido sea: las miradas no lo alcanzan en el sentido de término y abarcar, pero en cuanto a la visión, sí.
Dijeron: y es posible que su sentido sea: las miradas no lo alcanzan en esta vida y lo alcanzan en la Otra.
Y es posible que su sentido sea: no lo alcanzan las miradas de quien lo ve con el sentido con que el Eterno alcanza las miradas de Sus criaturas; de modo que lo que negó de Sus criaturas —que sus miradas lo alcancen— es aquello mismo que se atribuyó a Sí, pues sus miradas son débiles y no penetran sino en aquello en lo que Él —glorificado sea— las fortaleció para penetrar; y todas ellas están expuestas a Su visión, sin que nada de ellas se le oculte.
Dijeron: y no hay duda de la particularidad de Su dicho «لا تُدْرِكُهُ الأبْصَارُ», y de que los amigos de Dios lo verán el Día de la Resurrección con sus miradas; pero no sabemos cuál de los cuatro sentidos de particularidad fue el pretendido por la aleya. Y argumentaron en favor de la corrección de la afirmación de que Dios es visto en la Otra, con argumentos semejantes a los de quienes mencionamos antes.
Otros dijeron: la aleya es general, y la vista de nadie alcanzará a Dios ni en esta vida ni en la Otra; pero Dios suscitará para Sus amigos, el Día de la Resurrección, un sexto sentido, además de sus cinco sentidos, y lo verán con él.
Y argumentaron para su afirmación diciendo que Dios —exaltado sea Su recuerdo— negó a las miradas que lo alcanzaran sin indicar en ella, ni en otra aleya, su particularidad.
Dijeron: y asimismo informó en otra aleya que habrá rostros que, el Día de la Resurrección, estarán mirando hacia Él.
Dijeron: los informes de Dios no divergen ni se contradicen; y ambos informes son verdaderos en su sentido, conforme a lo que trajo la Revelación.
Y argumentaron también desde la razón diciendo: si fuera lícito que lo viéramos en la Otra con estas mismas miradas, aunque se aumentara su fuerza, entonces sería obligatorio que lo viéramos en esta vida, aunque fueran débiles; porque todo sentido fue creado para percibir un significado entre los significados: aun si se debilita al máximo, percibe —con su debilidad— aquello para lo que fue creado, aunque su percepción de ello sea débil, mientras no desaparezca.
Dijeron: si en la vista hubiera la capacidad de alcanzar a su Hacedor en algún estado o en algún momento y verlo, entonces sería obligatorio que lo alcanzara en esta vida y lo viera en ella, aunque su percepción de Él fuera débil.
Dijeron: y puesto que eso no existe en nuestras miradas en esta vida, no es lícito que en la Otra sea —en su misma condición que en esta vida— sino que no alcance sino aquello que es propio de ella alcanzar en esta vida.
Dijeron: y puesto que esto es así, y Dios —exaltado sea Su recuerdo— informó que habrá rostros que en la Otra lo verán, se supo que lo verán con un sentido distinto del de la vista, pues no es lícito que Su informe sea sino verdad.
Y lo correcto, en nuestra opinión, respecto de ello, es aquello que han corroborado los informes del Mensajero de Dios —la plegaria de Dios sea sobre él—, de que dijo: «إنّكُمْ سَتَرَوْنَ رَبّكُمْ يَوْمَ القِيامَةِ كمَا تَرَوْنَ القَمَرَ لَيْلَةَ البَدْرِ ، وكمَا تَرَوْنَ الشّمْسَ لَيْسَ دُونَها سَحَابٌ».
Así, los creyentes lo verán, y los incrédulos estarán ese día velados de Él, como dijo —glorificado sea—: «كَلاّ إنّهُمْ عَنْ رَبّهمْ يَوْمَئِذٍ لَمَحْجُوبُونَ».
En cuanto a lo que alegaron quienes niegan la visión de Dios el Día de la Resurrección por medio de las miradas —que estas no ven sino lo que está separado de ellas, y que entre ellas y ello hay un espacio y una separación, y que, según ellos, no es lícito que la visión de Dios por las miradas sea así porque en ello se afirma para Él un límite y un término—, por ello, según ellos, se invalida la licitud de la visión respecto de Él; se les dice: ¿habéis conocido algo descrito con el gobierno y la disposición, aparte de vuestro Hacedor, que sea o bien en contacto con vosotros o bien separado de vosotros? Si pretenden que conocen eso, se les exige que lo expliquen, y no hay camino para ello.
Y si dicen: no conocemos eso, se les dice: ¿acaso no lo habéis conocido —a Él— sin que esté en contacto con vosotros ni separado de vosotros, estando descrito con el gobierno y la acción? Y no se os impuso, por no haber conocido algo descrito con el gobierno y la acción distinto de Él sino en contacto con vosotros o separado de vosotros, que fuera imposible conocerlo estando descrito con el gobierno y la acción, sin contacto ni separación.
Si dicen: así es, se les dice: entonces, ¿qué os impide que las miradas sean de igual modo: que no vean sino lo que está separado de ellas, y que, aun habiendo entre ellas y ello una separación, puedan verlo sin que esté separado de ellas, y sin que haya entre ellas y Él separación ni espacio, del mismo modo que los corazones no conocen algo descrito con el gobierno sino en contacto con ellos o separado de ellos, y sin embargo lo han conocido —según vosotros— no de ese modo? ¿Hay diferencia entre vosotros y quien niega que lo descrito con el gobierno y la acción sea conocido sin contacto con el conocedor o sin separación, y admite que lo descrito como visto por las miradas sea sin contacto con ellas ni separación? Luego se les pregunta por la diferencia entre ambas cosas, y no dirán nada en una de ellas sin que se les obligue a admitir lo mismo en la otra.
Y del mismo modo se les pregunta acerca de lo que alegaron en esto: que es propio de las miradas percibir los colores, como es propio de los oídos percibir los sonidos, y es propio del olfato percibir los aromas; y que, así como es inválido que se exija al oído algo distinto de percibir sonidos, es inválido que se exija a las miradas algo distinto de percibir colores.
Se les dice: ¿acaso no habéis conocido, en lo que habéis presenciado y contemplado, algo descrito con el gobierno y la acción sino siendo poseedor de color, y sin embargo lo habéis conocido descrito con el gobierno sin ser poseedor de color? Si dicen que sí, no hallarán escapatoria a reconocerlo, salvo que mientan y pretendan que han visto y contemplado algo descrito con el gobierno y la acción que no sea poseedor de color; entonces se les exige que lo expliquen, y no hay camino para ello.
Se les dice: si esto es así, ¿qué os impide que las miradas, en lo que habéis presenciado y contemplado, no las hayáis hallado percibiendo sino colores, del mismo modo que no os hallasteis conociendo algo descrito con el gobierno sino siendo poseedor de color, y sin embargo las hallasteis conociéndolo descrito con el gobierno sin ser poseedor de color? Luego se les pregunta por la diferencia entre ambas cosas, y no dirán nada en una sin que se les obligue a admitir lo mismo en la otra.
Y los partidarios de esta opinión tienen cuestiones en las que hay confusión; detestamos mencionarlas y alargar el libro con ellas y con la respuesta a ellas, pues nuestro propósito en este libro no ha sido desenmascarar sus sofismas, sino exponer la interpretación de las aleyas del Furqān. Pero hemos mencionado la medida que hemos mencionado para que el lector de este libro sepa que no se apartan de su dicho sino hacia aquello con lo que Satanás los confundió, de lo cual es fácil para la gente de la verdad mostrar su corrupción; y que no se apoyan en su dicho en una aleya firme de la Revelación, ni en una transmisión del Mensajero de Dios —la plegaria de Dios sea sobre él—, sea auténtica o débil: están dando tumbos en las tinieblas y vacilando en la ceguera. Nos refugiamos en Dios de la perplejidad y el extravío.
En cuanto a Su dicho: «وَهُوَ اللّطِيفُ الخَبِيرُ», significa: y Dios —exaltado sea Su recuerdo— es Aquel para quien es fácil el alcanzar las miradas, y Aquel a quien le es accesible abarcarlo todo con ellas, viendo lo que a las miradas les resulta difícil alcanzar de Él y abarcarlo, y les es imposible.
«الخَبِيرُ» significa: el Conocedor de Sus criaturas, de sus miradas y de la causa por la cual les es imposible alcanzarlo; así, por Su poder, fue sutil, y dispuso las miradas de Sus criaturas de una manera tal que no lo alcanzan; y, por Su ciencia, conoce cómo es su disposición, sus estados y lo que es más conveniente para Sus criaturas.
Como aquello que:
Nos narró Hannād,
dijo:
nos narró Wakī‘; y nos narró Ibn Wakī‘,
dijo:
nos narró mi padre, de Abū Ja‘far al-Rāzī, de al-Rabī‘ b. Anas, de Abū al-‘Āliya,
acerca de Su dicho:
«اللّطِيفُ الخَبِيرُ», dijo: sutil en extraerla, conocedor de su lugar.
Notas y Referencias
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