La Reunión
الحشر Al-HashrVersículo (Español)
[59:9] Quienes estaban establecidos y aceptaron la fe antes de su llegada, aman a los que emigraron, no sienten envidia alguna en sus corazones por lo que se les ha dado y los prefieren a sí mismos aunque estén en extrema necesidad. Quienes hayan sido preservados de la avaricia serán los triunfadores.
Tafsir de At-Tabari
{Y quienes se establecieron en la Morada y en la fe antes que ellos, aman a quienes emigraron hacia ellos, y no encuentran en sus pechos necesidad alguna de lo que se les ha dado; y los prefieren a sí mismos, aunque haya en ellos estrechez. Y quien sea preservado de la avaricia de su propia alma, esos son los triunfadores} (9)
La exposición sobre la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—:
{Y quienes se establecieron en la Morada y en la fe antes que ellos, aman a quienes emigraron hacia ellos, y no encuentran en sus pechos necesidad alguna de lo que se les ha dado; y los prefieren a sí mismos, aunque haya en ellos estrechez. Y quien sea preservado de la avaricia de su propia alma, esos son los triunfadores}.
Dice —Exaltado sea Su recuerdo—:
{Y quienes se establecieron en la Morada y en la fe}
Dice: tomaron Medina —la ciudad del Mensajero de Dios, que Dios le bendiga y le conceda paz— como ciudad, y edificaron en ella moradas; y (tomaron) la fe en Dios y en Su Mensajero.
{antes que ellos}
Esto es: antes que los emigrados (al-muhāŷirūn).
{aman a quienes emigraron hacia ellos}:
aman a quien dejó su morada y se trasladó hacia ellos desde otros; y con ello se quiso decir: los Auxiliadores (al-Anṣār) aman a los Emigrados (al-Muhāŷirūn). Y en el sentido de lo que hemos dicho hablaron los intérpretes.
Mención de quienes dijeron eso:
Me narró Muḥammad b. ʿAmr,
dijo:
nos narró Abū ʿĀṣim,
dijo:
nos narró ʿĪsā; y me narró al-Ḥārith,
dijo:
nos narró al-Ḥasan,
dijo:
nos narró Warqāʾ, todos ellos de Ibn Abī Naŷīḥ, de Muŷāhid,
acerca de Su dicho:
{Y quienes se establecieron en la Morada y en la fe antes que ellos}
dijo: los Auxiliadores: un calificativo.
Dijo Muḥammad b. ʿAmr:
la generosidad de sus almas.
Y dijo al-Ḥārith:
la liberalidad de sus almas, según lo que se transmitió de ellos en ello, y su preferencia por ellos; y los Auxiliadores no obtuvieron nada de ese fayʾ.
Nos narró Bišr,
dijo:
nos narró Yazīd,
dijo:
nos narró Saʿīd,
de Qatāda:
{Y quienes se establecieron en la Morada y en la fe antes que ellos aman a quienes emigraron hacia ellos, y no encuentran en sus pechos necesidad alguna de lo que se les ha dado}
Dice: de lo que dieron a sus hermanos, este clan de los Auxiliadores; abrazaron el islam en sus moradas y edificaron las mezquitas y la Mezquita antes de la llegada del Profeta —que Dios le bendiga y le conceda paz—. Dios los elogió bellamente por ello. Y estas dos primeras facciones de esta aleya tomaron (cada una) por su mérito, y siguieron su curso con calma; y Dios afirmó su parte en el fayʾ.
Me narró Yūnus,
dijo:
nos informó Ibn Wahb,
dijo:
dijo Ibn Zayd,
acerca de la palabra de Dios —Poderoso y Majestuoso—:
{Y quienes se establecieron en la Morada y en la fe antes que ellos aman...} dijo: estos son los Auxiliadores; aman a quienes emigraron hacia ellos de los Emigrados.
Y Su dicho:
{y no encuentran en sus pechos necesidad alguna de lo que se les ha dado}
Dice —Glorificado sea—: y no encuentran quienes se establecieron en la Morada antes que ellos —y ellos son los Auxiliadores— en sus pechos necesidad, es decir, envidia, por lo que se les dio; esto es, por lo que se dio a los Emigrados del fayʾ. Y ello fue por lo que se nos ha mencionado: que el Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz— repartió los bienes de Banū al-Naḍīr entre los primeros Emigrados, excluyendo a los Auxiliadores, salvo a dos hombres de los Auxiliadores, a quienes dio por su pobreza. Y ciertamente lo hizo por ser (ese bien) exclusivo del Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz—. Y en el sentido de lo que hemos dicho hablaron los intérpretes.
Mención de quienes dijeron eso:
Nos narró Ibn Ḥumayd,
dijo:
nos narró Salama,
dijo:
me narró Muḥammad b. Isḥāq, de ʿAbd Allāh b. Abī Bakr, que relató que Banū al-Naḍīr dejaron los bienes al Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz—; así, al-Naḍīr fue exclusivo del Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz—, disponiéndolo donde quisiera. Entonces el Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz— lo repartió entre los primeros Emigrados, excluyendo a los Auxiliadores, salvo que Sahl b. Ḥunayf y Abū Duŷāna Simāk b. Ḫaraša mencionaron pobreza, y el Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz— les dio.
Me narró Yūnus,
dijo:
nos informó Ibn Wahb,
dijo:
dijo Ibn Zayd,
acerca de Su dicho:
{y no encuentran en sus pechos necesidad alguna de lo que se les ha dado}
(los que se les ha dado) a los Emigrados. Dijo: y hablaron sobre ello —esto es, sobre los bienes de Banū al-Naḍīr— algunos de quienes hablaron de los Auxiliadores; y Dios —Poderoso y Majestuoso— los amonestó por ello, diciendo:
{Y lo que Dios concedió como botín a Su Mensajero de parte de ellos, no espoleasteis para ello ni caballos ni monturas; pero Dios da poder a Sus mensajeros sobre quien quiere, y Dios es sobre toda cosa Poderoso},
dijo:
dijo el Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz—:
«Vuestros hermanos han dejado bienes e hijos y han salido hacia vosotros».
Dijeron: nuestros bienes, entre ellos, en lotes.
Dijo el Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz—:
«¿O algo distinto de eso?».
Dijeron: ¿y qué es eso, Mensajero de Dios?
Dijo:
«Son gente que no conoce el trabajo; vosotros les bastaréis y compartiréis con ellos el fruto».
Dijeron:
sí, Mensajero de Dios.
Y en el sentido de lo que hemos dicho sobre Su dicho {y no encuentran en sus pechos necesidad alguna de lo que se les ha dado} hablaron los intérpretes.
Mención de quienes dijeron eso:
Nos narró Muḥammad b. al-Muṯannā,
dijo:
nos narró Sulaymān Abū Dāwūd,
dijo:
nos narró Šuʿba, de Abī Raŷāʾ, de al-Ḥasan,
acerca de Su dicho:
{y no encuentran en sus pechos necesidad alguna de lo que se les ha dado}
dijo: la envidia.
Dijo:
nos narró ʿAbd al-Ṣamad,
dijo:
nos narró Šuʿba, de Abī Raŷāʾ,
de al-Ḥasan: «necesidad en sus pechos», dijo:
envidia en sus pechos.
Me narró Yaʿqūb,
dijo:
nos narró Ibn ʿUlayya,
dijo:
nos informó Abū Raŷāʾ de al-Ḥasan, lo mismo.
Y Su dicho:
{y los prefieren a sí mismos}
Dice —Exaltado sea Su recuerdo—, describiendo a los Auxiliadores que se establecieron en la Morada y en la fe antes que los Emigrados:
{y los prefieren a sí mismos}
Dice: y dan a los Emigrados sus bienes, prefiriéndolos con ellos a sí mismos.
{aunque haya en ellos estrechez}
Dice: aunque haya en ellos necesidad y penuria respecto de aquello con lo que los prefirieron de sus bienes sobre sí mismos. Y al-ḫaṣāṣa es un maṣdar, y también es un nombre: es todo aquello que, al mirar, se halla perforado, como la tronera y la abertura en el muro; su plural es ḫaṣāṣāt y ḫiṣāṣ, como dijo el poeta rajaz:
*** QAD ʿALIMA al-muqātilātu haŷŷā ***
*** wa-l-nāẓirātu min ḫaṣāṣin lamŷā ***
*** la-ʾūriyannahā dulajan aw munŷā ***
Y en el sentido de lo que hemos dicho hablaron los intérpretes.
Mención de quienes dijeron eso:
Nos narró Abū Kurayb,
dijo:
nos narró Ibn Fuḍayl, de su padre, de Abī Ḥāzim, de Abī Hurayra,
dijo:
vino un hombre al Profeta —que Dios le bendiga y le conceda paz— para que lo hospedara, y no tenía con qué hospedarlo.
Dijo:
«¿No hay un hombre que hospede a este, que Dios tenga misericordia de él?».
Entonces se levantó un hombre de los Auxiliadores, llamado Abū Ṭalḥa, y se lo llevó a su morada.
Dijo a su mujer:
«Honra al huésped del Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz—; duerme a los niños,
apaga la lámpara y hazle ver que comes con él, y déjalo para el huésped del Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz—».
Ella lo hizo, y descendió:
{y los prefieren a sí mismos, aunque haya en ellos estrechez}.
Nos narró Abū Kurayb,
dijo:
nos narró Wakīʿ, de Fuḍayl, de Ġazwān, de Abī Ḥāzim, de Abī Hurayra: que un hombre de los Auxiliadores pasó la noche con un huésped, y no tenía sino su sustento y el sustento de sus niños.
Dijo a su mujer:
«Duerme a los niños y apaga la lámpara, y acerca al huésped lo que tienes».
Dijo:
entonces descendió esta aleya: {Y quien sea preservado de la avaricia de su propia alma...}.
Dice —Exaltado sea Su recuerdo—:
quien Dios preserve de la avaricia de su propia alma, esos son los triunfadores, los eternamente moradores en el Paraíso.
Y al-šuḥḥ en el habla de los árabes es: la avaricia,
y la retención del excedente de los bienes. De ello es el dicho de ʿAmr b. Kulṯūm:
TARĀ al-laḥiza al-šaḥīḥa iḏā umirrat *** ʿalayhi li-mālihi fīhā muhīnā
Con «šaḥīḥ» quiere decir: el avaro.
Se dice: ciertamente es šaḥīḥ, manifiesto en el šuḥḥ y el šaḥḥ; y en él hay una fuerte šuḥḥa y šaḥḥāḥa. En cuanto a los sabios, consideran que el šuḥḥ en este lugar no es sino comer los bienes de la gente sin derecho.
Nos narró Ibn Ḥumayd,
dijo:
nos narró Yaḥyā b. Wāḍiḥ,
dijo:
nos narró al-Masʿūdī, de Ašʿaṯ, de Abī al-Šaʿṯāʾ, de su padre,
dijo:
vino un hombre a Ibn Masʿūd y dijo: temo haber perecido.
Dijo:
¿y eso por qué?
Dijo:
oigo a Dios decir: {Y quien sea preservado de la avaricia de su propia alma...}, y yo soy un hombre avaro: apenas sale de mi mano cosa alguna.
Dijo:
ese no es el šuḥḥ que Dios mencionó en el Corán; el šuḥḥ es que comas el bien de tu hermano injustamente. Eso es la avaricia (buḫl), y qué cosa tan mala es la avaricia.
Me narró Yaḥyā b. Ibrāhīm,
dijo:
me narró mi padre, de su padre, de su abuelo, de al-Aʿmaš, de Ŷāmiʿ,
de al-Aswad b. Hilāl, dijo:
vino un hombre a ʿAbd Allāh b. Masʿūd y dijo: ¡Abū ʿAbd al-Raḥmān!,
temo que me haya alcanzado esta aleya:
{Y quien sea preservado de la avaricia de su propia alma, esos son los triunfadores}.
Por Dios, no doy cosa alguna que pueda retener.
Dijo:
ese no es el šuḥḥ; el šuḥḥ es que comas el bien de tu hermano sin su derecho; pero eso es avaricia (buḫl).
Nos narró Muḥammad b. Baššār,
dijo:
nos narraron Yaḥyā y ʿAbd al-Raḥmān,
dijeron:
nos narró Sufyān, de Ṭāriq b. ʿAbd al-Raḥmān, de Saʿīd b. Ŷubayr, de Abī al-Hayyāŷ al-Asadī,
dijo:
estaba circunvalando la Casa,
y vi a un hombre que decía:
«¡Dios mío, presérvame de la avaricia de mi alma!», sin añadir a ello.
Le dije (algo),
y dijo:
si soy preservado de la avaricia de mi alma, no robaré, ni fornicaré, ni haré cosa alguna.
Y el hombre era ʿAbd al-Raḥmān b. ʿAwf.
Me narró Muḥammad b. Isḥāq,
dijo:
nos narró Sulaymān b. ʿAbd al-Raḥmān al-Dimašqī,
dijo:
nos narró Ismāʿīl b. ʿAyyāš,
dijo:
nos narró Muŷammaʿ b. Ŷāriya al-Anṣārī, de su tío Yazīd b. Ŷāriya al-Anṣārī, de Anas b. Mālik,
del Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz—, que dijo:
«Está libre del šuḥḥ quien cumple la limosna legal (zakāt), hospeda al huésped y da en la calamidad».
Me narró Muḥammad b. ʿAbd Allāh b. ʿAbd al-Ḥakam,
dijo:
nos narró Ziyād b. Yūnus Abū Salama, de Nāfiʿ b. ʿUmar al-Makkī, de Ibn Abī Mulayka, de ʿAbd Allāh b. ʿUmar,
dijo:
si me salvo de tres, espero salvarme.
Dijo ʿAbd Allāh b. Ṣafwān: ¿cuáles son? infórmame de ellas.
Dijo:
saco una gran cantidad de dinero, y la saco por ostentación dañina;
luego digo:
«Presto a mi Señor esta noche»;
después mi alma vuelve a ello hasta que lo devuelvo al lugar de donde lo saqué.
Y si me salvo del asunto de ʿUṯmān...
Dijo Ibn Ṣafwān:
En cuanto a ʿUṯmān, fue muerto el día en que fue muerto, y tú amas su muerte y la apruebas: eres, pues, de quienes lo mataron. Y en cuanto a ti, eres un hombre a quien Dios no ha preservado de la avaricia de su propia alma.
Dijo:
has dicho verdad.
Me narró Yūnus,
dijo:
nos informó Ibn Wahb,
dijo:
dijo Ibn Zayd,
acerca de la palabra de Dios —Poderoso y Majestuoso—:
{Y quien sea preservado de la avaricia de su propia alma}
dijo: a quien se le preserve de la avaricia de su alma, de modo que no tome nada de lo ilícito, ni se acerque a ello, y que la avaricia no le lleve a retener nada de lo lícito, ese es de los triunfadores, como dijo Dios —Poderoso y Majestuoso—.
Y me narró Yūnus,
dijo:
nos informó Ibn Wahb,
dijo:
dijo Ibn Zayd,
acerca de Su dicho:
{Y quien sea preservado de la avaricia de su propia alma}
dijo: quien no tome nada por algo que Dios —Poderoso y Majestuoso— le prohibió, y a quien la avaricia no le lleve a impedir nada de aquello que Dios le ordenó, Dios lo ha preservado de la avaricia de su propia alma; y es de los triunfadores.
Notas y Referencias
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