Qaf
ق QafVersículo (Español)
[50:14] y los habitantes de los valles boscosos y el pueblo de Tubba’. Todos desmintieron a sus Mensajeros, y entonces se cumplió Mi advertencia.
Tafsir de At-Tabari
{وَأَصۡحَٰبُ ٱلۡأَيۡكَةِ وَقَوۡمُ تُبَّعٖۚ كُلّٞ كَذَّبَ ٱلرُّسُلَ فَحَقَّ وَعِيدِ} (14)
Dice —exaltado sea Su recuerdo—: antes de estos asociadores que desmintieron a Muḥammad —que Allah le bendiga y le conceda paz— de entre su pueblo, desmintieron el pueblo de Noé, los Compañeros de ar-Rass; y ya ha precedido nuestra mención anteriormente acerca del asunto de los Compañeros de ar-Rass, y que eran un pueblo que arrojó (rasّū) a su profeta en un pozo.
Nos narró Ibn Ḥumayd,
dijo:
nos narró Mahrān, de Sufyān, de Abū Bakr, de ʿIkrima, en ese sentido.
Se me informó acerca de al-Ḥusayn,
dijo:
oí a Abū Muʿādh decir: nos informó ʿUbayd,
dijo:
oí a aḍ-Ḍaḥḥāk decir, respecto a Su dicho: «los Compañeros de ar-Rass»: y ar-Rass: un pozo en el que fue matado el Compañero de Yā Sīn.
Me narró Muḥammad ibn ʿAmr,
dijo:
nos narró Abū ʿĀṣim,
dijo:
nos narró ʿĪsā; y me narró al-Ḥārith,
dijo:
nos narró al-Ḥasan,
dijo:
nos narró Warqāʾ, todos ellos, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid,
respecto a Su dicho:
«los Compañeros de ar-Rass», dijo: un pozo.
Me narró Yūnus,
dijo:
nos informó Ibn Wahb,
dijo:
nos informó ʿAmr ibn al-Ḥārith, de Saʿīd ibn Abī Hilāl, de ʿAmr ibn ʿAbd Allāh,
de Qatāda, que dijo:
En verdad, los Compañeros de al-Ayka,
y al-Ayka:
el arbolado frondoso y entrelazado; y los Compañeros de ar-Rass eran dos comunidades; y Allah les envió a un solo profeta: Shuʿayb; y Allah los castigó con dos castigos. Y (también) Zamūd, ʿĀd, Faraón y los hermanos de Lūṭ, y los Compañeros de al-Ayka —que son el pueblo de Shuʿayb—; y ya ha precedido su relato anteriormente; y (también) el pueblo de Tubbaʿ.
Y el pueblo de Tubbaʿ eran gente de ídolos que los adoraban, según (lo que sigue):
Nos lo narró Ibn Ḥumayd,
dijo:
nos narró Salama, de Ibn Isḥāq.
Y de su historia y la de su pueblo está lo siguiente:
Nos lo narró Mujāhid ibn Mūsā,
dijo:
nos narró Yazīd,
dijo:
nos informó ʿImrān ibn Ḥudayr, de Abū Majlaz, de Ibn ʿAbbās, que preguntó a ʿAbd Allāh ibn Salām acerca de Tubbaʿ: ¿qué fue?
Dijo:
Ciertamente, Tubbaʿ era un hombre de los árabes, y se impuso sobre la gente; entonces escogió a unos jóvenes de los mejores, los tomó como íntimos y los hizo entrar en su círculo, hasta que obtuvo de ellos (su adhesión) y les tomó juramento de lealtad.
Y su pueblo se ensoberbeció por ello y dijeron:
«Ha abandonado vuestra religión y ha jurado lealtad a los jóvenes». Cuando eso se divulgó, dijo a los jóvenes,
y los jóvenes dijeron:
«Entre nosotros y ellos está el fuego: quema al mentiroso y de él se salva el veraz». Y lo hicieron: los jóvenes colgaron sus rollos de Escritura en sus cuellos; luego madrugaron hacia el fuego. Cuando fueron a entrar en él, el fuego les chamuscó los rostros y retrocedieron.
Entonces Tubbaʿ les dijo:
«Entraréis en él». Y cuando entraron, se abrió para ellos hasta que lo atravesaron. Y dijo a su pueblo: «Entrad en él». Cuando fueron a entrar, el fuego les chamuscó los rostros y retrocedieron.
Entonces Tubbaʿ les dijo:
«Entraréis en él». Y cuando entraron, se abrió para ellos; y cuando estuvieron en medio, los cercó y los quemó. Entonces Tubbaʿ se sometió (a Allah), y Tubbaʿ era un hombre recto.
Nos narró Ibn Ḥumayd,
dijo:
nos narró Salama, de Ibn Isḥāq, de Abū Mālik ibn Thaʿlaba ibn Abī Mālik al-Quraẓī,
dijo:
oí a Ibrāhīm ibn Muḥammad al-Quraẓī,
dijo:
oí a Ibrāhīm ibn Muḥammad ibn Ṭalḥa ibn ʿAbd Allāh relatar que, cuando Tubbaʿ se aproximó a Yemen para entrar en ella, Ḥimyar se interpuso entre él y ello y dijeron: «No entres en ella contra nosotros, pues te has separado de nuestra religión». Entonces los llamó a su religión,
y dijo:
«Ciertamente, es una religión mejor que la vuestra».
Dijeron:
«Arbitremos ante el fuego».
Dijo: «Sí».
Dijo:
Y había en Yemen —según pretenden los yemeníes— un fuego que juzgaba entre ellos en aquello en lo que discrepaban: devoraba al injusto y no dañaba al agraviado. Cuando dijeron eso a Tubbaʿ,
dijo:
«Habéis sido justos». Entonces salió su pueblo con sus ídolos y con aquello con lo que se aproximaban (a sus divinidades) en su religión. Dijo:
Salieron los dos rabinos con sus rollos de Escritura colgados de sus cuellos, ceñidos con ellos, hasta que se sentaron ante el fuego, junto a su salida por la que salía. El fuego salió hacia ellos; cuando se dirigió hacia ellos, se apartaron de él y le temieron. Quienes estaban presentes de la gente les arrojaron (reproches) y les ordenaron resistir ante él; resistieron hasta que los cubrió: devoró los ídolos y lo que habían ofrecido junto con ellos, y a quienes llevaban eso de entre los hombres de Ḥimyar. Y salieron los dos rabinos con sus rollos de Escritura en sus cuellos; sus frentes sudaban, y no les dañó. Entonces Ḥimyar, en ese momento, se plegó a su religión. De ahí —y de otras cosas— fue el origen del judaísmo en Yemen.
Nos narró Ibn Ḥumayd,
dijo:
nos narró Salama, de Ibn Isḥāq, de algunos de sus compañeros: que los dos rabinos y quienes salieron con ellos de Ḥimyar no siguieron al fuego sino para hacerlo volver.
Y dijeron:
«Quien lo haga volver es más digno de la verdad». Se acercaron a ellos hombres de Ḥimyar con sus ídolos para hacerlo volver; se acercó a ellos para devorarlos, y se apartaron sin poder hacerlo retroceder. Luego se acercaron los dos rabinos y comenzaron a recitar la Torá; y (el fuego) retrocedió hasta que lo devolvieron a su salida de la que había salido. Entonces (Ḥimyar) se plegó en ese momento a la religión de ambos. Y Rīʾām era una casa (santuario) suya que veneraban, sacrificaban junto a ella y recibían de ella palabras, cuando estaban en su politeísmo. Los dos rabinos dijeron a Tubbaʿ: «No es sino un demonio que les ayuda y juega con ellos; así pues, déjanos a nosotros con él».
Dijo:
«Entonces, asunto vuestro con él». Y sacaron de ella —según pretenden los yemeníes— un perro negro; lo degollaron; luego demolieron aquella casa. Sus restos permanecen hoy en Yemen, según se me ha mencionado.
Me narró Yūnus,
dijo:
nos informó Ibn Wahb,
dijo:
dijo Ibn Lahīʿa, de ʿAmr ibn Jābir al-Ḥaḍramī,
quien le narró, dijo:
oí a Sahl ibn Saʿd as-Sāʿidī
relatar del Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— que dijo:
«No maldigáis a Tubbaʿ, pues ciertamente él se había sometido (a Allah)».
Me narró Yūnus,
dijo:
nos informó Ibn Wahb,
dijo:
nos informó Ibn Lahīʿa, de al-Ḥārith ibn Yazīd: que Shuʿayb ibn Zurʿa al-Muʿāfirī le narró,
dijo:
oí a ʿAbd Allāh ibn ʿAmr ibn al-ʿĀṣ, y un hombre le dijo: «Ḥimyar pretende que Tubbaʿ es de ellos».
Dijo:
«Sí, por Aquel en cuya mano está mi alma: en verdad, él es entre los árabes como la nariz entre los dos ojos; y de ellos hubo setenta reyes».
Y Su dicho:
«كُلّ كَذّب الرّسُلَ فَحَق وَعَيِدِ». Dice —exaltado sea Su recuerdo—: todos estos que hemos mencionado desmintieron a los mensajeros de Allah que Él envió. «فَحَقّ وَعِيدِ» quiere decir: se hizo obligatorio para ellos el castigo con que les habíamos amenazado por su incredulidad en Allah, y cayó sobre ellos el tormento y la venganza. Y nuestro Señor —glorificado sea— no describió en esta aleya lo que describió acerca de hacer recaer Su castigo sobre esos desmentidores de los mensajeros sino para amedrentar con ello a los asociadores de Quraysh e informarles de que, si no se vuelven de desmentir a Su Mensajero Muḥammad —que Allah le bendiga y le conceda paz—, hará recaer sobre ellos un castigo semejante al que hizo recaer sobre aquellos. Y en el sentido de lo que hemos dicho hablaron los intérpretes.
Mención de quienes dijeron eso:
Me narró Muḥammad ibn ʿAmr,
dijo:
nos narró Abū ʿĀṣim,
dijo:
nos narró ʿĪsā; y me narró al-Ḥārith,
dijo:
nos narró al-Ḥasan,
dijo:
nos narró Warqāʾ, todos ellos, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid,
respecto a Su dicho:
«فَحَقّ وَعِيدِ», dijo: aquello con lo que fueron destruidos, como advertencia para estos.
Notas y Referencias
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