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La Mesa Servida

المائدة Al-Ma'idah
Aya 45

Versículo (Español)

[5:45] He prescrito en ella [la Tora, la justicia retributiva]: Vida por vida, ojo por ojo, nariz por nariz, oreja por oreja, diente por diente, y con las heridas una similar. Pero si la víctima perdona [que se aplique la pena al culpable] esto le servirá de expiación. Quienes no juzgan conforme a lo que Dios ha revelado [por considerarlo inferior], ésos son los verdaderos ofensores.

Tafsir de At-Tabari

{وَكَتَبۡنَا عَلَيۡهِمۡ فِيهَآ أَنَّ ٱلنَّفۡسَ بِٱلنَّفۡسِ وَٱلۡعَيۡنَ بِٱلۡعَيۡنِ وَٱلۡأَنفَ بِٱلۡأَنفِ وَٱلۡأُذُنَ بِٱلۡأُذُنِ وَٱلسِّنَّ بِٱلۡسِّنِّ وَٱلۡجُرُوحَ قِصَاصٞۚ فَمَن تَصَدَّقَ بِهِۦ فَهُوَ كَفَّارَةٞ لَّهُۥۚ وَمَن لَّمۡ يَحۡكُم بِمَآ أَنزَلَ ٱللَّهُ فَأُوْلَـٰٓئِكَ هُمُ ٱلظَّـٰلِمُونَ} (45) La disertación acerca de la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—:

{ وَكَتَبْنَا عَلَيْهِمْ فِيهَآ أَنّ النّفْسَ بِالنّفْسِ وَالْعَيْنَ بِالْعَيْنِ وَالأنْفَ بِالأنْفِ وَالاُذُنَ بِالاُذُنِ وَالسّنّ بِالسّنّ وَالْجُرُوحَ قِصَاصٌ فَمَن تَصَدّقَ بِهِ فَهُوَ كَفّارَةٌ لّهُ وَمَن لّمْ يَحْكُم بِمَآ أنزَلَ اللّهُ فَأُوْلََئِكَ هُمُ الظّالِمُونَ } . .

Dice —glorificado sea Su recuerdo—: Y prescribimos a estos judíos que te someten a juicio, ¡oh Muhammad!, teniendo ellos la Torá en la que está el juicio de Dios. Y con Su dicho: «كَتَبْنا» quiere decir: impusimos como obligación sobre ellos, en ella, que juzgaran respecto del alma, cuando un alma mata a otra sin derecho, con el alma; es decir: que se dé muerte al alma homicida por el alma asesinada. Y «el ojo por el ojo», dice: y les impusimos como obligación, en ella, que vaciaran el ojo cuyo dueño vació otro semejante de otra persona, por el ojo vaciado; y se ampute la nariz por la nariz; y se corte la oreja por la oreja; y se arranque el diente por el diente; y se aplique represalia del agresor que lesionó a otro injustamente, en favor del lesionado. Esto es una información de Dios —glorificado sea Su recuerdo— a Su Profeta Muhammad —que Dios le bendiga y le conceda paz— acerca de los judíos, y un consuelo para él por la incredulidad de quienes de entre ellos descreyeron en él tras haber reconocido su profecía, y por su apartamiento de él después de haberse vuelto hacia él; y una puesta en conocimiento, de parte de Dios, de su osadía antigua y reciente contra su Señor y contra los mensajeros de su Señor, y de su anteponerse al Libro de Dios mediante la tergiversación y la sustitución. Dice —glorificado sea Su recuerdo— a él: ¿Cómo podrían estos judíos, ¡oh Muhammad!, complacerse con tu juicio cuando vienen a someterse a tu arbitraje, teniendo ellos la Torá —que reconocen que es Mi Libro y Mi revelación a Mi mensajero Moisés, la paz sea con él— en la que está Mi sentencia de lapidación para los adúlteros casados, y Mi decreto entre ellos de que quien mate a un alma injustamente, por ella será objeto de talión; y quien vacíe un ojo sin derecho, su ojo será vaciado por él en represalia; y quien ampute una nariz, su nariz será amputada por ella; y quien arranque un diente, su diente será arrancado por él; y quien hiera a otro con una herida, se le aplicará represalia con una herida semejante a la que causó; y, aun así, con el juicio que tienen en la Torá de Mis sentencias, se apartan de él y abandonan obrar conforme a él? Dice: son, pues, por dejar tu juicio y por detestar Mi decreto entre ellos, más merecedores y más dignos.

Y en el mismo sentido de lo que hemos dicho acerca de ello hablaron los intérpretes. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narró al-Qāsim, dijo: nos narró al-Husayn, dijo: me narró Hajjāj, de Ibn Jurayj, dijo: cuando Qurayẓa vio que el Profeta —que Dios le bendiga y le conceda paz— había sentenciado la lapidación, mientras ellos la ocultaban en su Libro, Qurayẓa se levantó, y dijeron: ¡Oh Muhammad! Juzga entre nosotros y nuestros hermanos Banū al-Naḍīr —había entre ellos sangre antes de la llegada del Profeta —que Dios le bendiga y le conceda paz—; y al-Naḍīr se imponían sobre Banū Qurayẓa, y sus indemnizaciones de sangre eran la mitad de las indemnizaciones de al-Naḍīr; y la indemnización, en cargas (wusūq) de dátiles, era de ciento cuarenta cargas para Banū al-Naḍīr y setenta cargas para Banū Qurayẓa. Entonces dijo: «La sangre del qurayẓí es equivalente a la sangre del naḍīrí». Y Banū al-Naḍīr se enojaron, y dijeron: no te obedeceremos en la lapidación; pero nos atendremos a nuestras normas, como estábamos. Entonces descendió: «¿Acaso buscan el juicio de la ignorancia?» y descendió: «Y prescribimos para ellos en ella que el alma por el alma…» … la aleya.

Me narró al-Muthannā, dijo: nos narró Abū Ṣāliḥ, dijo: me narró Muʿāwiya b. Ṣāliḥ, de ʿAlī b. Abī Ṭalḥa, de Ibn ʿAbbās: «وَكَتَبْنا عَلَيْهِمْ فِيها أنّ النّفْسَ بالنّفْسِ وَالَعيْنَ بالعَيْنِ وَالأنْفَ بالأنْفِ وَالأُذُنَ بالأُذُنِ وَالسّنّ بالسّنّ وَالجُرُوحَ قِصَاصٌ», dijo: ¿qué les pasa, pues, que contravienen: matan dos almas por una, y vacían dos ojos por uno?

Me narró al-Muthannā, dijo: nos narró Isḥāq, dijo: nos narró Khallād al-Kūfī, dijo: nos narró al-Thawrī, de al-Suddī, de Abū Mālik, dijo: hubo combate entre dos clanes de los Anṣār, y hubo entre ellos muertos; y uno de los dos clanes tenía superioridad sobre el otro. Vino el Profeta —que Dios le bendiga y le conceda paz— y empezó a establecer: el libre por el libre, el esclavo por el esclavo, y la mujer por la mujer. Entonces descendió: «El libre por el libre y el esclavo por el esclavo». Dijo Sufyān: Y me ha llegado de Ibn ʿAbbās que dijo: la abrogó: «el alma por el alma».

Me narró al-Muthannā, dijo: nos narró Abū Ḥudhayfa, dijo: nos narró Shibl, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid: «وَكَتَبْنا عَلَيْهِمْ فِيها أنّ النّفْسَ بالنّفْسِ» —en ella, en la Torá—, «y el ojo por el ojo» hasta: «y las heridas, represalia». Dijo Mujāhid, de Ibn ʿAbbās, dijo: sobre los Hijos de Israel era obligatoria la represalia en los muertos; no había entre ellos indemnización de sangre ni por alma ni por herida. Dijo: Y eso es el dicho de Dios —glorificado sea Su recuerdo—: «Y prescribimos para ellos en ella», en la Torá. Luego Dios alivió a la comunidad de Muhammad —que Dios le bendiga y le conceda paz—, y estableció para ellos la indemnización en el alma y en las heridas; y eso es un alivio de vuestro Señor y una misericordia: «Quien lo done, será expiación para él».

Me narró al-Muthannā, dijo: nos narró ʿAbd Allāh b. Ṣāliḥ, dijo: me narró Muʿāwiya b. Ṣāliḥ, de ʿAlī b. Abī Ṭalḥa, de Ibn ʿAbbās, acerca de Su dicho: «وَكَتَبْنا عَلَيْهِمْ فِيها أنّ النّفْسَ بالنّفْسِ وَالعَيْنَ بالعَيْنِ وَالأنْفَ بالأنْف والأُذُن بالأذُن وَالسّنّ بالسّنّ والجُرُوحَ قِصَاصٌ», dijo: a los Hijos de Israel no se les estableció indemnización en lo que Dios prescribió a Moisés en la Torá: ni por un alma muerta, ni por una herida, ni por un diente, ni por un ojo, ni por una nariz; sino que era la represalia o el perdón.

Nos narró Bishr b. Muʿādh, dijo: nos narró Yazīd, dijo: nos narró Saʿīd, de Qatāda, acerca de Su dicho: «Y prescribimos para ellos en ella» —es decir, en la Torá— «que el alma por el alma».

Me narró Yūnus, dijo: nos informó Ibn Wahb, dijo: dijo Ibn Zayd acerca de Su dicho: «Y prescribimos para ellos en ella», es decir, en la Torá, «que el alma por el alma».

Me narró Yūnus, dijo: nos informó Ibn Wahb, dijo: dijo Ibn Zayd acerca de Su dicho: «Y prescribimos para ellos en ella que el alma por el alma…» hasta llegar a: «y las heridas, represalia», unas por otras.

Me narró al-Muthannā, dijo: nos narró ʿAbd Allāh, dijo: me narró Muʿāwiya b. Ṣāliḥ, de ʿAlī b. Abī Ṭalḥa, de Ibn ʿAbbās, acerca de Su dicho: «que el alma…», es decir, Su dicho: «Y prescribimos para ellos en ella que el alma por el alma…» hasta llegar a: «y las heridas, represalia», unas por otras.

Me narró al-Muthannā, dijo: nos narró ʿAbd Allāh, dijo: me narró Muʿāwiya b. Ṣāliḥ, de ʿAlī b. Abī Ṭalḥa, de Ibn ʿAbbās, acerca de Su dicho: «que el alma…»: entre ellos, cuando era intencional, en el alma y en lo que está por debajo del alma.

La disertación acerca de la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—: «فَمَنْ تَصَدّقَ بِهِ فَهُوَ كَفّارَةٌ لَهُ».

Los intérpretes discreparon acerca de a quién se refiere el sentido de: «Quien lo done, será expiación para él». Unos dijeron: con ello se quiso decir el lesionado y el tutor del muerto. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narró Muḥammad b. Bashshār, dijo: nos narró ʿAbd al-Raḥmān, dijo: nos narró Sufyān, de Qays b. Muslim, de Ṭāriq b. Shihāb, de al-Haytham b. al-Aswad, de ʿAbd Allāh b. ʿAmr: «Quien lo done, será expiación para él», dijo: se le derriba —es decir, al lesionado— de sus pecados algo semejante a lo que donó.

Nos narró Sufyān, dijo: nos narró mi padre, de Sufyān, de Qays b. Muslim, de Ṭāriq b. Shihāb, de al-Haytham b. al-Aswad, de ʿAbd Allāh b. ʿAmr, con un sentido semejante.

Nos narró Muḥammad b. al-Muthannā, dijo: nos narró Muḥammad b. Jaʿfar, dijo: nos narró Shuʿba, de Qays b. Muslim, de Ṭāriq b. Shihāb, de al-Haytham b. al-Aswad Abī al-ʿAryān, dijo: vi a Muʿāwiya sentado en el estrado, y a su lado otro hombre como si fuera un liberto; era ʿAbd Allāh b. ʿAmr. Dijo acerca de esta aleya: «Quien lo done, será expiación para él», dijo: se le derriba de sus pecados algo semejante a lo que donó.

Me narró Yaʿqūb b. Ibrāhīm, dijo: nos narró Hushaym, dijo: nos informó Mughīra, de Ibrāhīm, acerca de Su dicho: «Quien lo done, será expiación para él», dijo: para el lesionado.

Nos narró Muḥammad b. al-Muthannā, dijo: nos narró ʿAbd al-Ṣamad b. ʿAbd al-Wārith, dijo: nos narró Shuʿba, de ʿUmāra b. Abī Ḥafṣa, de Abī ʿUqba, de Jābir b. Zayd: «Quien lo done, será expiación para él», dijo: para el lesionado.

Nos narró Ibn al-Muthannā, dijo: me narró Ḥirmī b. ʿUmāra, dijo: nos narró Shuʿba, dijo: me informó ʿUmāra, de un hombre —dijo Ḥirmī: olvidé su nombre—, de Jābir b. Zayd, con un sentido semejante.

Nos narró Ibn Wakīʿ, dijo: nos narró Jarīr, de Mughīra, de Ḥammād, de Ibrāhīm: «Quien lo done, será expiación para él», dijo: para el lesionado.

Nos narró Zakariyyā b. Yaḥyā b. Abī Zāʾida, dijo: nos narró Ibn Fuḍayl, de Yūnus b. Abī Isḥāq, de Abī al-Safar, dijo: un hombre de Quraysh empujó a un hombre de los Anṣār, y se le quebró su incisivo. El anṣārī lo elevó a Muʿāwiya. Cuando el hombre insistió ante él, Muʿāwiya dijo: ocúpate tú y tu compañero. Dijo: y Abū al-Dardāʾ estaba junto a Muʿāwiya. Entonces Abū al-Dardāʾ dijo: Oí al Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz— decir: «No hay musulmán que sea afectado en algo de su cuerpo y lo done, sin que Dios lo eleve por ello un grado y le borre por ello una falta». Entonces el anṣārī le dijo: ¿Tú lo oíste del Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz—? Dijo: lo oyeron mis oídos y lo retuvo mi corazón. Así que lo dejó ir al qurayshí. Y Muʿāwiya dijo: ordenad que se le entregue dinero.

Nos narró Maḥmūd b. Khidāsh, dijo: nos narró Hushaym b. Bashīr, dijo: nos informó Mughīra, de al-Shaʿbī, dijo: Ibn al-Ṣāmit dijo: oí al Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz— decir: «Quien sea herido en su cuerpo con una herida y la done, se le expiarán sus pecados en proporción a lo que donó».

Nos narró Sufyān b. Wakīʿ, dijo: nos narró Yazīd b. Hārūn, de Sufyān b. Ḥusayn, de al-Ḥasan, acerca de Su dicho: «Quien lo done, será expiación para él», dijo: expiación para el lesionado.

Nos narró Ibn Wakīʿ, dijo: nos narró mi padre, de Zakariyyā, dijo: oí a ʿĀmir decir: expiación para quien lo dona.

Nos narró Bishr b. Muʿādh, dijo: nos narró Yazīd, dijo: nos narró Saʿīd, de Qatāda, acerca de Su dicho: «Quien lo done, será expiación para él», dice: para el tutor del muerto que perdonó.

Me narró Yūnus, dijo: nos informó Ibn Wahb, dijo: me informó Shabīb b. Saʿīd, de Shuʿba b. al-Ḥajjāj, de Qays b. Muslim, de al-Haytham Abī al-ʿAryān, dijo: estaba yo en al-Shām, y he aquí un hombre con Muʿāwiya, sentado en el estrado, como si fuera un liberto. Dijo: «Quien lo done, será expiación para él»: quien lo done, Dios le derriba de sus pecados algo semejante. Y era ʿAbd Allāh b. ʿAmr.

Y otros dijeron: con ello se quiso decir el agresor. Dijeron que el sentido de la aleya es: quien done lo que se le hizo obligatorio —de talión o represalia— sobre aquel a quien se le hizo obligatorio frente a él, y lo perdone, entonces ese perdón suyo respecto del culpable es expiación del pecado del culpable criminal; del mismo modo que la represalia aplicada a él es expiación para él. Dijeron: en cuanto a la recompensa del que perdona y dona, recae sobre Dios. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narró Sufyān b. Wakīʿ, dijo: nos narró Yaḥyā b. Ādam, de Sufyān, de ʿAṭāʾ b. al-Sāʾib, de Saʿīd b. Jubayr, de Ibn ʿAbbās: «Quien lo done, será expiación para él», dijo: expiación para el agresor; y la recompensa del que fue afectado recae sobre Dios.

Nos narró Ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Yaḥyā b. Wāḍiḥ, dijo: nos narró Yūnus, de Abī Isḥāq, dijo: oí a Mujāhid decir a Abī Isḥāq: «Quien lo done, será expiación para él», ¡oh Abū Isḥāq? Abū Isḥāq dijo: para el que dona. Entonces Mujāhid dijo: para el pecador agresor.

Me narró Yaʿqūb b. Ibrāhīm, dijo: nos narró Hushaym, dijo: dijo Mughīra: Mujāhid dijo: para el agresor.

Nos narró Ibn Wakīʿ, dijo: nos narró Jarīr, de Mughīra, de Mujāhid, lo mismo.

Nos narraron Hannād y Sufyān b. Wakīʿ, dijeron: nos narró Jarīr, de Manṣūr, de Ibrāhīm y Mujāhid: «Quien lo done, será expiación para él», dijeron: para aquel sobre quien se dona; y la recompensa del afectado recae sobre Dios. Dijo Hannād en su relato: dijeron: expiación para aquel sobre quien se dona.

Nos narró Hannād, dijo: nos narró ʿAbd b. Ḥumayd, de Manṣūr, de Mujāhid, con un sentido semejante.

Nos narró Ibn Wakīʿ, dijo: nos narró Muḥammad b. Bishr, de Zakariyyā, de ʿĀmir, dijo: expiación para aquel sobre quien se dona.

Nos narró Ibn Wakīʿ, dijo: nos narró mi padre, de Sufyān, de Manṣūr, de Mujāhid e Ibrāhīm, dijeron: expiación para el agresor; y la recompensa del afectado recae sobre Dios.

Nos narró Ibn Wakīʿ, dijo: nos narró mi padre, de Sufyān, dijo: oí a Zayd Aslam decir: si lo perdona, o se le aplica represalia, o acepta de él la indemnización, entonces es expiación para él.

Nos narró al-Qāsim, dijo: nos narró al-Husayn, dijo: me narró Hajjāj, de Ibn Jurayj, de Mujāhid, dijo: expiación para el agresor y recompensa para el que perdona, por Su dicho: «Quien perdone y rectifique, su recompensa recae sobre Dios».

Me narró al-Muthannā, dijo: nos narró ʿAbd Allāh b. Ṣāliḥ, dijo: me narró Muʿāwiya b. Ṣāliḥ, de ʿAlī b. Abī Ṭalḥa, de Ibn ʿAbbās, acerca de Su dicho: «Quien lo done, será expiación para él», dijo: expiación para aquel sobre quien se dona.

Me narró al-Muthannā, dijo: nos narró Muʿallā b. Asad, dijo: nos narró Khālid, dijo: nos narró Ḥuṣayn, de Ibn ʿAbbās: «Quien lo done, será expiación para él», dijo: es expiación para el agresor.

Me narró al-Muthannā, dijo: nos narró Abū Nuʿaym, dijo: nos narró Sufyān, de ʿAṭāʾ b. al-Sāʾib, de Saʿīd b. Jubayr, de Ibn ʿAbbās, dijo: «Quien lo done, será expiación para él», dijo: la expiación es para el agresor, y la recompensa del que dona recae sobre Dios.

Nos narró al-Muthannā, dijo: nos narró Abū Ḥudhayfa, dijo: nos narró Shibl, de ʿAbd Allāh b. Kathīr, de Mujāhid, que solía decir: «Quien lo done, será expiación para él», dice: para el homicida, y recompensa para el que perdona.

Me narró al-Muthannā, dijo: nos narró Isḥāq, dijo: nos narró ʿImrān b. Ẓubyān, de ʿAdī b. Thābit, dijo: un hombre fue golpeado en tiempos de Muʿāwiya; se le ofreció una indemnización y no la aceptó; luego se le ofrecieron dos indemnizaciones y no la aceptó; luego se le ofrecieron tres y no la aceptó. Entonces un hombre de los compañeros del Profeta —que Dios le bendiga y le conceda paz— relató que el Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «Quien done una sangre o algo menor que ella, será expiación para él desde el día en que lo dona hasta el día en que nació». Dijo: y el hombre lo donó.

Me narró Muḥammad b. Saʿd, dijo: me narró mi padre, dijo: me narró mi tío, dijo: me narró mi padre, de su padre, de Ibn ʿAbbās, acerca de Su dicho: «y las heridas, represalia. Quien lo done, será expiación para él», dice: quien sea herido y done al agresor aquello por lo que fue herido, entonces no hay contra el agresor vía alguna, ni talión, ni indemnización, ni herida en su contra, por cuanto el herido se lo donó; y ello fue expiación para él de la injusticia que cometió.

Y el más correcto de los dos dichos, a mi juicio, es el de quien dijo: se quiso decir con ello: «quien lo done, será expiación para él», es decir, para el lesionado. Pues que el pronombre en Su dicho «para él» retorne a «quien» es más apropiado que el que retorne a alguien de quien no se ha hecho mención sino por el sentido, sin explicitación, y con mayor razón; ya que la limosna es la que expía el pecado de su dueño, no del beneficiario, en todas las demás limosnas distintas de esta. Por tanto, lo obligatorio es que el caso de esta sea como el de las demás limosnas.

Si alguien supusiera que la represalia, puesto que expía el pecado de su sujeto —aquel contra quien se aplica la represalia— por lo que cometió al matar injustamente a quien mató, por el dicho del Profeta —que Dios le bendiga y le conceda paz— cuando tomó el juramento de fidelidad a sus compañeros: «Que no matéis, ni forniquéis, ni robéis», luego dijo: «Quien haga algo de eso y se le aplique su castigo legal, ello será su expiación». Entonces sería obligatorio que el perdón del que perdona —la víctima o el tutor del muerto— fuera… Pues, dado que no es lícito que el hecho de que el calumniado —en el caso que hemos descrito— deje de tomar de su calumniador el castigo legal que se le debe sea expiación para el calumniador del pecado que cometió y de la desobediencia que perpetró —y eso es algo que no sabemos que nadie de la gente del saber lo sostenga—; así, dado que no es lícito que el hecho de que el calumniado —en el caso que hemos descrito— deje de tomar de su calumniador el castigo legal que se le debe sea expiación para el calumniador del pecado que cometió, del mismo modo no es lícito que el hecho de que el lesionado deje de tomar del agresor su derecho de represalia sea expiación para el agresor del pecado que cometió.

Y si dijera un objetor: ¿Acaso no tiene el lesionado, según tú, tomar de su agresor la indemnización por su herida en lugar de la represalia? Se le dirá: Sí. Y si dijera: ¿Qué te parece si eligiera la indemnización y luego la perdonara: tendría él, frente a él, en la otra vida, alguna reclamación? Se le dirá: este discurso, para nosotros, es imposible. Ello porque, para nosotros, no hay quien elija la indemnización sino tomándola. En cuanto al perdón, no es sino perdón respecto de la sangre. Ya hemos demostrado la corrección de esto en otro lugar, de modo que basta y no requiere repetición aquí. A menos que con ello se pretenda donarla a quien se tomó de él, después de haberla tomado; y aun si fuera válido que perdonara la indemnización tras haberla elegido, no habría en la validez de ello nada que obligara a que el perdonado quedase exento del castigo de su pecado ante Dios. Pues Dios —glorificado sea Su recuerdo— ha amenazado al homicida del creyente con lo que le ha amenazado, si no se arrepiente de su pecado; y la indemnización se toma de él, lo quiera o lo deteste. Y el arrepentimiento del que se arrepiente no es arrepentimiento sino cuando lo elige, lo quiere y lo prefiere a la persistencia. Si alguien supusiera que, aun siendo así, debe ser expiación, como fue lícito que la represalia fuera expiación, diremos: sólo hicimos de la represalia una expiación para él junto con su arrepentimiento y su entrega de sí mismo para que se tome de ella el derecho, buscando librarse de su pecado, por el reporte del Profeta —que Dios le bendiga y le conceda paz—. En cuanto a la indemnización, si el lesionado la elige y luego la perdona, no se le ha aplicado el castigo de su pecado, por lo que no entra en el dictamen del Profeta —que Dios le bendiga y le conceda paz— y su dicho: «A quien se le aplique el castigo legal, ello será su expiación». Y entre lo que confirma la corrección de lo que hemos dicho al respecto, están los reportes que hemos mencionado del Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz—, de su dicho: «Quien done una sangre», y otros reportes semejantes que ya hemos citado antes. Y es posible que quienes dijeron que con ello se quiso decir el agresor, pretendieran el sentido que se transmitió de ʿUrwa b. al-Zubayr, el cual:

me lo narró al-Ḥārith b. Muḥammad, dijo: nos narró Ibn Salām, dijo: nos narró Ḥajjāj, de Ibn Jurayj, dijo: me informó ʿAbd Allāh b. Kathīr, de Mujāhid, dijo: si un hombre hiere a otro y el herido no sabe quién lo hirió, y el que lo hirió se lo confiesa, dijo: y Mujāhid solía decir a propósito de esto: ʿUrwa b. al-Zubayr hirió el ojo de una persona junto al Rincón, cuando la gente tocaba (la Piedra), y le dijo: ¡eh, tú! Yo soy ʿUrwa b. al-Zubayr; si tu ojo tiene algún daño, yo respondo por él.

Y si el asunto por parte del agresor fuera como lo de ʿUrwa: un acto erróneo, no intencional, y luego confesara al afectado lo que le causó, y el afectado le perdonara con ello su derecho frente a él, entonces no habría para él responsabilidad alguna frente al causante ni en esta vida ni en la otra; porque lo que se le debía frente a él era un bien (pecuniario), no una represalia, y él lo eximió de ello. Su exoneración es expiación para él respecto del derecho que tenía de tomar por ello; así, no hay reclamación por esa causa frente a él ni en esta vida ni en la otra, ni castigo que le obligue por lo que le ocurrió a quien fue afectado, porque no pretendió herirlo con aquello con lo que lo hirió; de modo que, por su acto, no merece castigo de su Señor. Pues Dios —poderoso y majestuoso— ha levantado la culpa de Sus siervos en aquello en lo que erraron y no lo hicieron deliberadamente de sus actos. Dijo en Su Libro: «No hay culpa sobre vosotros en aquello en lo que os equivocasteis, sino en lo que vuestros corazones deliberaron». Y puede pretenderse en este lugar, con «sangre», el perdón de ella.

La disertación acerca de la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—: «وَمَنْ لمْ يَحْكُمْ بِمَا أنْزَلَ اللّهُ فَأُولَئِكَ هُمُ الظّالِمُونَ».

Dice —glorificado sea Su recuerdo—: Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender en la Torá: el talión del alma homicida, en represalia por el alma asesinada injustamente; y no vacíe el ojo del que vació, por el ojo vaciado injustamente, en represalia, de entre aquellos a quienes Dios ordenó eso en Su Libro; sino que aplique talión a unos y no lo aplique a otros, o mate en algunos casos a dos por uno; quien haga eso es de los injustos: es decir, de quienes se han atrevido contra el juicio de Dios y han puesto su acto —lo que hicieron de ello— fuera del lugar en el que Dios lo estableció.

Notas y Referencias

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