La Mesa Servida
المائدة Al-Ma'idahVersículo (Español)
[5:44] He revelado la Tora, en la que hay guía y luz. Los Profetas entregados [a la voluntad de Dios] juzgaban entre los judíos. Lo mismo hicieron los rabinos y juristas en cumplimiento de su misión de custodiar el Libro de Dios y ser testigos de él [en sus enseñanzas]. No teman a la gente sino que tengan temor de Mí. No vendan Mis preceptos por un precio vil. Quienes no juzgan conforme a lo que Dios ha revelado [por considerarlo inferior], ésos son los verdaderos incrédulos.
Tafsir de At-Tabari
{إِنَّآ أَنزَلۡنَا ٱلتَّوۡرَىٰةَ فِيهَا هُدٗى وَنُورٞۚ يَحۡكُمُ بِهَا ٱلنَّبِيُّونَ ٱلَّذِينَ أَسۡلَمُواْ لِلَّذِينَ هَادُواْ وَٱلرَّبَّـٰنِيُّونَ وَٱلۡأَحۡبَارُ بِمَا ٱسۡتُحۡفِظُواْ مِن كِتَٰبِ ٱللَّهِ وَكَانُواْ عَلَيۡهِ شُهَدَآءَۚ فَلَا تَخۡشَوُاْ ٱلنَّاسَ وَٱخۡشَوۡنِ وَلَا تَشۡتَرُواْ بِـَٔايَٰتِي ثَمَنٗا قَلِيلٗاۚ وَمَن لَّمۡ يَحۡكُم بِمَآ أَنزَلَ ٱللَّهُ فَأُوْلَـٰٓئِكَ هُمُ ٱلۡكَٰفِرُونَ} (44)
القول في تأويل قوله تعالى :
{ إِنّآ أَنزَلْنَا التّوْرَاةَ فِيهَا هُدًى وَنُورٌ يَحْكُمُ بِهَا النّبِيّونَ الّذِينَ أَسْلَمُواْ لِلّذِينَ هَادُواْ وَالرّبّانِيّونَ وَالأحْبَارُ بِمَا اسْتُحْفِظُواْ مِن كِتَابِ اللّهِ وَكَانُواْ عَلَيْهِ شُهَدَآءَ فَلاَ تَخْشَوُاْ النّاسَ وَاخْشَوْنِ وَلاَ تَشْتَرُواْ بِآيَاتِي ثَمَناً قَلِيلاً وَمَن لّمْ يَحْكُم بِمَآ أَنزَلَ اللّهُ فَأُوْلََئِكَ هُمُ الْكَافِرُونَ }
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Dice —exaltada sea Su mención—:
Ciertamente, hicimos descender la Torá: en ella hay exposición de aquello sobre lo que estos judíos te preguntaron, acerca del dictamen relativo a los dos adúlteros casados.
Y «luz», es decir:
en ella hay claridad de lo que se les oscureció, y resplandor de lo que se les confundió del juicio.
«Juzgan con ella los profetas que se sometieron», es decir:
juzgan con el dictamen de la Torá en ello —esto es, en aquello sobre lo que acudieron a juicio ante el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— respecto del asunto de los dos adúlteros— los profetas que se sometieron; y ellos son quienes se rindieron al juicio de Dios y lo reconocieron.
Y, en verdad, Dios —exaltada sea Su mención— quiso con ello a nuestro Profeta Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz— en su sentencia sobre los adúlteros casados de entre los judíos, aplicándoles la lapidación; y en su igualación entre la sangre de los muertos de al-Naḍīr y Qurayẓa en el talión y la indemnización de sangre; y también a quienes precedieron a Muḥammad de entre los profetas, que juzgaban por lo que en ella hay del juicio de Dios.
Como:
Me narró Muḥammad b. al-Ḥusayn,
dijo:
nos narró Aḥmad b. al-Mufaḍḍal,
dijo:
nos narró Asbāṭ,
de al-Suddī:
«Ciertamente, hicimos descender la Torá: en ella hay guía y luz; juzgan con ella los profetas que se sometieron», es decir: el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—.
Nos narró Bišr b. Muʿāḏ,
dijo:
nos narró Yazīd b. Zurayʿ,
dijo:
nos narró Saʿīd, de Qatāda,
dijo:
se nos mencionó que el Profeta de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— solía decir cuando fue revelada esta aleya:
«NOSOTROS JUZGAMOS SOBRE LOS JUDÍOS Y SOBRE QUIENES, FUERA DE ELLOS, PERTENECEN A LAS RELIGIONES».
Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā,
dijo:
nos informó ʿAbd al-Razzāq,
dijo:
nos informó Maʿmar, de al-Zuhrī,
dijo:
nos narró un hombre de Muzayna, estando nosotros junto a Saʿīd b. al-Musayyab,
de Abū Hurayra, que dijo:
Un hombre de los judíos cometió fornicación con una mujer.
Entonces algunos de ellos se dijeron a otros:
«Vayamos a este profeta, pues es un profeta enviado con alivio; si nos dictamina un dictamen inferior a la lapidación, lo aceptaremos y lo alegaremos ante Dios, diciendo: “dictamen de un profeta de entre Tus profetas”».
Dijo:
Acudieron al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— mientras estaba sentado en la mezquita con sus compañeros, y dijeron:
«¡Abū al-Qāsim! ¿Qué dices acerca de un hombre y una mujer de entre ellos que han fornicado?».
No les dirigió palabra alguna, hasta que llegó a la Casa del Midrās; se detuvo en la puerta y dijo:
«OS CONJURO POR DIOS, QUIEN HIZO DESCENDER LA TORÁ SOBRE MŪSĀ: ¿QUÉ ENCONTRÁIS EN LA TORÁ PARA QUIEN FORNICA SI ESTÁ CASADO?».
Dijeron:
«Se le ennegrece el rostro, se le deshonra y se le azota».
Y la deshonra consiste en montar a los dos fornicadores sobre un asno, con sus espaldas enfrentadas, y pasearlos.
Un joven guardó silencio; y cuando el Profeta lo vio callar, insistió con vehemencia en el conjuro.
Entonces dijo:
«¡Oh Dios! Puesto que nos has conjurado, ciertamente hallamos en la Torá la lapidación».
El Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo:
«¿CUÁL FUE LO PRIMERO EN QUE SE RELAJÓ EL MANDATO DE DIOS?».
Dijo:
«Un hombre emparentado con un rey de nuestros reyes fornicó, y se le aplazó la lapidación; luego fornicó un hombre de una familia del común, y el rey quiso lapidarlo, pero su gente se interpuso y dijo: “No lapidarás a nuestro compañero hasta que traigas al tuyo y lo lapides”. Entonces pactaron entre ellos este castigo».
El Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo:
«PUES YO JUZGO CONFORME A LO QUE HAY EN LA TORÁ».
Y se ordenó respecto de ambos, y fueron lapidados.
Dijo al-Zuhrī:
Nos llegó que esta aleya descendió acerca de ellos: «Ciertamente, hicimos descender la Torá: en ella hay guía y luz; juzgan con ella los profetas que se sometieron»; y el Profeta era de entre ellos.
Nos narró al-Qāsim,
dijo:
nos narró al-Ḥusayn,
dijo:
me narró Ḥajjāj, de Ibn Jurayj, de ʿIkrima,
acerca de Su dicho:
«Juzgan con ella los profetas que se sometieron»: el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— y quienes le precedieron de entre los profetas juzgaban por lo que en ella hay de la verdad.
Nos narró al-Muṯannā,
dijo:
nos narró ʿAmr b. ʿAwn,
dijo:
nos informó Hušaym, de ʿAwf,
de al-Ḥasan, acerca de Su dicho:
«Juzgan con ella los profetas que se sometieron», es decir: el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—.
«Para quienes judaizaron», es decir: los judíos; así pues, juzga entre ellos y no les temas.
El dicho acerca de la interpretación de Su palabra —exaltado sea—:
«Y los rabbaníes y los doctores, por lo que se les confió custodiar del Libro de Dios, y eran sobre ello testigos».
Dice —exaltada sea Su mención—:
Y juzgan por la Torá y sus preceptos, que Dios hizo descender en ella, en todo tiempo, conforme a lo que ordenó juzgar en ella, junto con los profetas que se sometieron: los rabbaníes y los doctores.
Y los rabbaníes:
es plural de rabbānī; y son los sabios y prudentes, perspicaces en la conducción de la gente, en la administración de sus asuntos y en velar por sus intereses.
Y los doctores:
son los sabios. Ya hemos expuesto anteriormente el sentido de los rabbaníes, con sus testimonios y las palabras de los exégetas al respecto.
En cuanto a los doctores:
son plural de ḥabr, y es el sabio que domina una materia; de ahí que se dijera de Kaʿb: Kaʿb al-Aḥbār.
Y al-Farrāʾ solía decir:
la mayor parte de lo que oí a los árabes decir para el singular de «doctores» es ḥibr, con ḥāʾ en kasra.
Y algunos de los exégetas decían:
que por «los rabbaníes y los doctores» en este lugar se quiso decir: los dos hijos de Ṣūriyā, quienes reconocieron ante el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— el juicio de Dios —exaltado sea— en la Torá respecto de los adúlteros casados.
Mención de quienes dijeron eso:
Me narró Muḥammad b. al-Ḥusayn,
dijo:
nos narró Aḥmad b. al-Mufaḍḍal,
dijo:
nos narró Asbāṭ, de al-Suddī,
dijo:
Había dos hombres de los judíos, hermanos, llamados los dos hijos de Ṣūriyā. Habían seguido al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, pero no se habían islamizado; y le dieron un pacto de que no les preguntaría nada de la Torá sin que ellos se lo informaran. Uno de ellos era rabbī, y el otro ḥabr; y solo habían seguido al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— para aprender de él.
Los llamó y les preguntó, y le informaron del asunto tal como fue cuando fornicó el noble y fornicó el pobre, y de cómo lo alteraron.
Entonces Dios hizo descender:
«Ciertamente, hicimos descender la Torá: en ella hay guía y luz; juzgan con ella los profetas que se sometieron para quienes judaizaron», es decir: el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—.
Y «los rabbaníes y los doctores»: son los dos hijos de Ṣūriyā.
«Para quienes judaizaron».
Luego mencionó a los dos hijos de Ṣūriyā, y dijo:
«Y los rabbaníes y los doctores, por lo que se les confió custodiar del Libro de Dios, y eran sobre ello testigos».
Y lo correcto, en mi opinión, respecto de ello,
es decir:
que Dios —exaltada sea Su mención— informó que la Torá es juzgada por los profetas musulmanes para los judíos, y por los rabbaníes de Su creación y los doctores.
Y es posible que con ello se haya querido a los dos hijos de Ṣūriyā y a otros; sin embargo, en el sentido aparente de la Revelación entran los profetas musulmanes y todo rabbānī y ḥabr.
Y no hay en el sentido aparente de la Revelación indicio de que se pretenda con ello a un grupo particular de rabbaníes y doctores; ni se ha establecido una prueba que obligue a aceptarlo.
Así pues, todo rabbānī y todo ḥabr está incluido en la aleya por el sentido aparente de la Revelación.
Y con algo semejante a lo que dijimos acerca de la interpretación de «los doctores» hablaron los exégetas.
Mención de quienes dijeron eso:
Nos narró Sufyān b. Wakīʿ,
dijo:
nos narró mi padre, de Salama,
de al-Ḍaḥḥāk:
Los rabbaníes y los doctores: sus recitadores y sus juristas.
Nos narró Ibn Wakīʿ,
dijo:
nos narró Ḥafṣ, de Ašʿaṯ,
de al-Ḥasan:
Los rabbaníes y los doctores: los juristas y los sabios.
Nos narró Ibn Wakīʿ,
dijo:
nos narró Ibn ʿUyayna, de Ibn Abī Najīḥ,
de Muǧāhid:
Los rabbaníes son los sabios juristas, y están por encima de los doctores.
Nos narró Bišr,
dijo:
nos narró Yazīd,
dijo:
nos narró Saʿīd,
de Qatāda:
Los rabbaníes: los juristas de los judíos;
y los doctores: sus sabios.
Nos narró al-Qāsim,
dijo:
nos narró Sunayd b. Dāwūd,
dijo:
me narró Ḥajjāj, de Ibn Jurayj,
de ʿIkrima:
Y los rabbaníes y los doctores: todos ellos juzgan por lo que en ella hay de la verdad.
Me narró Yūnus,
dijo:
nos informó Ibn Wahb,
dijo:
dijo Ibn Zayd:
Los rabbaníes: los gobernantes;
y los doctores: los sabios.
En cuanto a Su dicho:
«por lo que se les confió custodiar del Libro de Dios», su sentido es:
que los profetas que se sometieron juzgan por el dictamen de la Torá, y los rabbaníes y los doctores —es decir, los sabios— por aquello cuyo conocimiento se les depositó del Libro de Dios, que es la Torá.
Y la bāʾ en Su dicho «por lo que se les confió custodiar» está vinculada a «los doctores».
Y en cuanto a Su dicho:
«y eran sobre ello testigos», significa:
que los rabbaníes y los doctores, por aquello que se les depositó del Libro de Dios, juzgan por la Torá junto con los profetas que se sometieron para quienes judaizaron; y eran testigos, respecto del juicio de los profetas que se sometieron para quienes judaizaron, de que dictaminaron contra ellos conforme al Libro de Dios que Él hizo descender sobre Su profeta Mūsā, y conforme a Su sentencia contra ellos.
Como:
Me narró Muḥammad b. Saʿd,
dijo:
me narró mi padre,
dijo:
me narró mi tío,
dijo:
me narró mi padre, de su padre,
de Ibn ʿAbbās:
«y eran sobre ello testigos» significa: los rabbaníes y los doctores son los testigos para Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz— de que lo que dijo es verdad venida de parte de Dios; pues él es el Profeta de Dios Muḥammad. Los judíos acudieron a él, y él juzgó entre ellos con la verdad.
El dicho acerca de la interpretación de Su palabra —exaltado sea—:
«Así pues, no temáis a la gente, sino temedme; y no vendáis Mis aleyas por un precio vil».
Dice —exaltada sea Su mención— a los sabios de los judíos y a sus doctores:
No temáis a la gente al ejecutar Mi sentencia, que he sentenciado sobre Mis siervos, y al hacerla efectiva sobre ellos conforme a lo que ordené; pues no pueden causaros daño ni beneficio sino con Mi permiso.
Y no ocultéis la lapidación que establecí como sentencia en la Torá para los adúlteros casados; antes bien, temedme a Mí por encima de todo ser de Mi creación, pues el beneficio y el daño están en Mi mano; y temed Mi castigo por ocultar aquello cuya custodia se os confió de Mi Libro.
Como:
Me narró Muḥammad b. al-Ḥusayn,
dijo:
nos narró Aḥmad b. al-Mufaḍḍal,
dijo:
nos narró Asbāṭ,
de al-Suddī:
«Así pues, no temáis a la gente, sino temedme», es decir: no temáis a la gente y por ello ocultéis lo que hice descender.
Y en cuanto a Su dicho:
«y no vendáis Mis aleyas por un precio vil», es decir:
no toméis, a cambio de abandonar el juicio conforme a las aleyas de Mi Libro que hice descender sobre Mūsā —¡oh doctores!—, una compensación despreciable: ese es el precio vil.
Y lo que —exaltada sea Su mención— pretendió fue prohibirles consumir lo ilícito a causa de su tergiversación del Libro de Dios y de su alteración de Su sentencia respecto de lo que Él sentenció sobre los adúlteros casados, y de otros dictámenes que cambiaron, buscando sobornos.
Como:
Me narró Yūnus,
dijo:
nos informó Ibn Wahb,
dijo:
dijo Ibn Zayd acerca de Su dicho: «y no vendáis Mis aleyas por un precio vil»:
No consumáis lo ilícito a costa de Mi Libro.
Y dijo en otra ocasión:
dijo Ibn Zayd acerca de Su dicho: «y no vendáis Mis aleyas por un precio»:
No toméis por ello un soborno.
Me narró Muḥammad b. al-Ḥusayn,
dijo:
nos narró Aḥmad b. al-Mufaḍḍal,
dijo:
nos narró Asbāṭ,
de al-Suddī:
«y no vendáis Mis aleyas por un precio vil»: no toméis un sustento escaso a cambio de ocultar lo que hice descender.
El dicho acerca de la interpretación de Su palabra —exaltado sea—:
«Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los incrédulos».
Dice —exaltada sea Su mención—:
Quien oculte el juicio de Dios que Él hizo descender en Su Libro, y lo estableció como sentencia entre Sus siervos, y lo esconda, y juzgue por otro distinto —como el juicio de los judíos respecto de los adúlteros casados mediante la deshonra y el ennegrecimiento del rostro, ocultando la lapidación; y como su sentencia en algunos de sus muertos con indemnización completa y en otros con la mitad; y en los nobles con talión y en los inferiores con indemnización—, cuando Dios igualó a todos ellos en el juicio sobre ellos en la Torá:
«esos son los incrédulos», es decir:
estos que no juzgaron conforme a lo que Dios hizo descender en Su Libro, sino que alteraron y cambiaron Su sentencia y ocultaron la verdad que Él hizo descender en Su Libro.
«Son los incrédulos», es decir:
son quienes cubrieron la verdad que les incumbía revelar y aclarar, la velaron a la gente, les mostraron otra distinta y juzgaron por ella, por lo ilícito que tomaron de ellos a cambio.
Los exégetas discreparon acerca de la interpretación de la incredulidad en este lugar.
Algunos dijeron, de modo semejante a lo que dijimos: que con ello se quiso decir los judíos que tergiversaron el Libro de Dios y cambiaron Su sentencia.
Mención de quienes dijeron eso:
Nos narró Ibn Wakīʿ,
dijo:
nos narró Abū Muʿāwiya, de al-Aʿmaš, de ʿAbd Allāh b. Murra, de al-Barāʾ b. ʿĀzib,
del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— acerca de Su dicho:
«Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los incrédulos; y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los injustos; y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los perversos»: todas ellas, en lo relativo a los incrédulos.
Me narró al-Muṯannā,
dijo:
nos narró Isḥāq,
dijo:
nos narró Muḥammad b. al-Qāsim,
dijo:
nos narró Abū Ḥayyān, de Abī Ṣāliḥ,
dijo:
Las tres aleyas que están en al-Māʾida: «Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los incrédulos», «esos son los injustos», «esos son los perversos»: no hay nada de ellas respecto de la gente del Islam; son acerca de los incrédulos.
Nos narró Ibn Wakīʿ,
dijo:
nos narró mi padre, de Abū Ḥayyān,
de al-Ḍaḥḥāk:
«Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los incrédulos», y «los injustos» y «los perversos»; dijo: estas aleyas descendieron acerca de la Gente del Libro.
Nos narró Muḥammad b. ʿAbd al-Aʿlā,
dijo:
nos narró al-Muʿtamir b. Sulaymān,
dijo:
oí a ʿImrān b. Ḥudayr,
dijo:
Unos hombres de Banū ʿAmr b. Sudūs acudieron a Abū Miǧlaz y dijeron:
«¡Abū Miǧlaz! ¿Qué opinas del dicho de Dios: “Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los incrédulos”? ¿Es verdad?».
Dijo:
«Sí».
Dijeron:
«¿Y “esos son los injustos”? ¿Es verdad?».
Dijo:
«Sí».
Dijeron:
«¿Y “esos son los perversos”? ¿Es verdad?».
Dijo:
«Sí».
Dijo:
Entonces dijeron:
«¡Abū Miǧlaz! ¿Acaso estos juzgan conforme a lo que Dios hizo descender?».
Dijo:
«Es su religión, por la que se rigen; con ella hablan y a ella son llamados. Si abandonan algo de ella, saben que han incurrido en un pecado».
Dijeron:
«No, por Dios; pero tú lo sabes».
Dijo:
«Vosotros sois más dignos de ello que yo: yo no veo, mientras que vosotros veis esto y no os abstenéis; pero, en verdad, descendió acerca de los judíos, los cristianos y la gente del politeísmo».
O algo semejante.
Me narró al-Muṯannā,
dijo:
nos narró Ḥajjāj,
dijo:
nos narró Ḥammād, de ʿImrān b. Ḥudayr,
dijo:
Un grupo de ibadíes se sentó junto a Abū Miǧlaz.
Dijo:
Le dijeron:
«Dios dice: “Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los incrédulos; esos son los injustos; esos son los perversos”».
Abū Miǧlaz dijo:
«Ellos hacen lo que hacen —es decir, los gobernantes— y saben que es un pecado».
Dijo:
«Y, ciertamente, esta aleya descendió acerca de los judíos y los cristianos».
Dijeron:
«Por Dios, tú sabes lo mismo que nosotros sabemos, pero les temes».
Dijo:
«Vosotros sois más dignos de eso que nosotros: nosotros no sabemos lo que vosotros sabéis, pero vosotros lo sabéis; sin embargo, lo que os impide llevar a término vuestro asunto es el temor que les tenéis».
Nos narró Ibn Baššār,
dijo:
nos narró ʿAbd al-Raḥmān,
dijo:
nos narró Sufyān;
y nos narró Ibn Wakīʿ,
dijo:
nos narró mi padre, de Sufyān, de Ḥabīb b. Abī Ṯābit, de Abī al-Baḫtarī,
de Ḥuḏayfa acerca de Su dicho:
«Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los incrédulos»; dijo:
«Qué buenos hermanos para vosotros son los Hijos de Israel: si para vosotros es todo lo dulce, para ellos es todo lo amargo; y ciertamente seguiréis su camino, hasta la medida de una correa de sandalia».
Nos narró Ibn Wakīʿ,
dijo:
nos narró mi padre, de Abū Ḥayyān,
de al-Ḍaḥḥāk:
«Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los incrédulos», y «los injustos» y «los perversos»; dijo: estas aleyas descendieron acerca de la Gente del Libro.
Nos narró Hannād b. al-Sarī,
dijo:
nos narró Wakīʿ, de Sufyān, de Ḥabīb b. Abī Ṯābit, de Abī al-Baḫtarī,
dijo:
Se dijo a Ḥuḏayfa: «Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los incrédulos»; luego mencionó algo semejante al ḥadiz de Ibn Baššār, de ʿAbd al-Raḥmān.
Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā,
dijo:
nos informó ʿAbd al-Razzāq,
dijo:
nos informó al-Ṯawrī, de Ḥabīb b. Abī Ṯābit, de Abī al-Baḫtarī,
dijo:
Un hombre preguntó a Ḥuḏayfa acerca de estas aleyas:
«Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los incrédulos; esos son los injustos; esos son los perversos».
Se dijo:
«¿Eso es acerca de los Hijos de Israel?».
Dijo:
«Sí: qué buenos hermanos para vosotros son los Hijos de Israel: si para ellos es todo lo amargo, para vosotros es todo lo dulce. No, por Dios: ciertamente seguiréis su camino, hasta la medida de una correa de sandalia».
Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā,
dijo:
nos informó ʿAbd al-Razzāq,
dijo:
nos informó al-Ṯawrī, de un hombre,
de ʿIkrima, que dijo:
Estas aleyas son acerca de la Gente del Libro.
Nos narró Bišr b. Muʿāḏ,
dijo:
nos narró Yazīd,
dijo:
nos narró Saʿīd, de Qatāda,
acerca de Su dicho:
«Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los incrédulos».
Se nos mencionó que estas aleyas descendieron acerca del muerto de los judíos que era de entre ellos.
Nos narró al-Qāsim,
dijo:
nos narró al-Ḥusayn,
dijo:
me narró Ḥajjāj, de Ibn Jurayj, de ʿIkrima,
acerca de Su dicho:
«Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los incrédulos», y «los injustos» y «los perversos»: para toda la Gente del Libro, por lo que abandonaron del Libro de Dios.
Nos narró al-Qāsim,
dijo:
nos narró al-Ḥusayn,
dijo:
me narró Abū Muʿāwiya, de al-Aʿmaš, de ʿAbd Allāh b. Murra, de al-Barāʾ b. ʿĀzib,
dijo:
Pasó ante el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— un judío con el rostro ennegrecido y azotado.
Los llamó y dijo:
«¿ASÍ ENCONTRÁIS EL CASTIGO DE QUIEN FORNICA?».
Dijeron:
«Sí».
Entonces llamó a un hombre de sus sabios y dijo:
«TE CONJURO POR DIOS, QUIEN HIZO DESCENDER LA TORÁ SOBRE MŪSĀ: ¿ASÍ ENCONTRÁIS EL CASTIGO DEL FORNICADOR EN VUESTRO LIBRO?».
Dijo:
«No; y si no me hubieras conjurado por esto, no te lo habría informado. Hallamos en nuestro Libro que su castigo es la lapidación; pero se multiplicó entre nuestros nobles: cuando prendíamos al noble lo dejábamos, y cuando prendíamos al vil le aplicábamos el castigo. Entonces dijimos: venid, reunámonos todos en el ennegrecimiento del rostro y el azote en lugar de la lapidación».
El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo:
«¡OH DIOS! YO SOY EL PRIMERO EN REVIVIR TU MANDATO, CUANDO ELLOS LO HICIERON MORIR».
Y ordenó respecto de él, y fue lapidado.
Entonces Dios hizo descender:
«¡Oh Mensajero! No te entristezcan quienes se apresuran en la incredulidad…»
hasta Su dicho:
«Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los incrédulos», es decir: los judíos;
«esos son los injustos», es decir: los judíos;
«esos son los perversos»: todas ellas, acerca de los incrédulos.
Me narró Yūnus b. ʿAbd al-Aʿlā,
nos informó Ibn Wahb,
dijo:
dijo Ibn Zayd acerca de Su dicho: «Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los incrédulos»:
Quien juzgue por un libro que escribió con su mano y abandone el Libro de Dios, y pretenda que ese libro suyo es de parte de Dios, ciertamente ha incurrido en incredulidad.
Nos narró Hannād,
dijo:
nos narró Abū Muʿāwiya, de al-Aʿmaš, de ʿAbd Allāh b. Murra, de al-Barāʾ b. ʿĀzib, del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, algo semejante al ḥadiz de al-Qāsim, de al-Ḥasan.
Salvo que Hannād dijo en su ḥadiz:
«Entonces dijimos: venid, reunámonos en algo que apliquemos al noble y al débil; y nos reunimos en el ennegrecimiento del rostro y el azote en lugar de la lapidación».
Y el resto del ḥadiz es semejante al ḥadiz de al-Qāsim.
Nos narró al-Rabīʿ,
dijo:
nos narró Ibn Wahb,
dijo:
nos narró Ibn Abī al-Zinād, de su padre,
dijo:
Estábamos junto a ʿUbayd Allāh b. ʿAbd Allāh b. ʿUtba b. Masʿūd, y un hombre mencionó ante él:
«Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los incrédulos; y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los injustos; y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los perversos».
Entonces ʿUbayd Allāh dijo:
«Por Dios, ciertamente mucha gente interpreta estas aleyas de un modo para el que no descendieron; y no descendieron sino acerca de dos clanes de judíos».
Luego dijo:
«Son Qurayẓa y al-Naḍīr. Y ello porque una de las dos facciones había atacado a la otra y la había sometido antes de la llegada del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— a Medina, hasta que aceptaron y pactaron que por todo muerto que la poderosa matase de la humillada, su indemnización sería cincuenta wasq; y por todo muerto que la humillada matase de la poderosa, su indemnización sería cien wasq. Así les impusieron diferencia y agravio.
Luego llegó el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— y ellos estaban en eso; y ambas facciones quedaron humilladas con la llegada del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, y el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— no se impuso sobre ellas.
Mientras estaban así, la humillada mató a un muerto de la poderosa. La poderosa dijo: “Dadnos cien wasq”. La humillada dijo: “¿Acaso esto ha ocurrido jamás entre dos clanes cuya religión es una y cuyo territorio es uno: que la indemnización de unos sea el doble de la indemnización de otros? Solo os dimos esto por temor a vosotros y por opresión. Poned entre nosotros y vosotros a Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz—”. Y aceptaron que el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— fuese entre ellos.
Luego la poderosa deliberó entre sí y temió que el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— no le concediera, de sus adversarios, el doble de lo que ella concede a sus adversarios de entre ellos. Entonces enviaron en secreto al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— a sus hermanos de entre los hipócritas, y les dijeron: “Informadnos de la opinión de Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz—: si nos da lo que queremos, lo tomaremos como juez; y si no nos lo da, nos guardaremos de él y no lo tomaremos como juez”. El hipócrita fue al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, y Dios —exaltada sea Su mención— informó al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— de todo lo que pretendían en ese asunto».
Dijo ʿUbayd Allāh:
Entonces Dios —exaltada sea Su mención— hizo descender acerca de ellos: «¡Oh Mensajero! No te entristezcan quienes se apresuran en la incredulidad…», todas estas aleyas, hasta llegar a:
«Y que juzgue la gente del Evangelio conforme a lo que Dios hizo descender en él…» hasta «los perversos».
ʿUbayd Allāh lo recitó aleya por aleya y lo explicó conforme a como descendió, hasta terminar de explicárselo en las aleyas.
Luego dijo:
«Solo quiso decir con ello a judíos; y acerca de ellos descendió esta descripción».
Y algunos dijeron:
que con «los incrédulos» se quiso decir a la gente del Islam;
y con «los injustos»: a los judíos;
y con «los perversos»: a los cristianos.
Mención de quienes dijeron eso:
Nos narró Ibn Wakīʿ,
dijo:
nos narró mi padre, de Zakariyyā, de ʿĀmir,
dijo:
Descendió «los incrédulos» acerca de los musulmanes; «los injustos» acerca de los judíos; y «los perversos» acerca de los cristianos.
Nos narró Ibn Wakīʿ,
dijo:
nos narró Ibn Yamān, de Sufyān, de Ibn Abī al-Safar, de al-Šaʿbī,
dijo:
«los incrédulos» acerca de los musulmanes; «los injustos» acerca de los judíos; y «los perversos» acerca de los cristianos.
Nos narraron Ibn Wakīʿ y Abū al-Sāʾib, y Wāṣil b. ʿAbd al-Aʿlā,
dijeron:
nos narró Ibn Fuḍayl, de Ibn Šubruma, de al-Šaʿbī,
dijo:
Una aleya es acerca de nosotros, y dos aleyas acerca de la Gente del Libro:
«Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los incrédulos»: acerca de nosotros y acerca de ellos.
Y «Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los injustos» y «los perversos»: acerca de la Gente del Libro.
Nos narró Ibn Wakīʿ,
dijo:
nos narró mi padre, de Sufyān, de Ǧābir, de ʿĀmir, semejante al ḥadiz de Zakariyyā de él.
Nos narró Muḥammad b. al-Muṯannā,
dijo:
nos narró ʿAbd al-Ṣamad b. ʿAbd al-Wāriṯ,
dijo:
nos narró Šuʿba, de Ibn Abī al-Safar,
de al-Šaʿbī:
«Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los incrédulos»; dijo: esto es acerca de los musulmanes.
Y «Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los perversos»; dijo: los cristianos.
Me narró Yaʿqūb b. Ibrāhīm,
dijo:
nos narró Hušaym,
dijo:
nos informó Zakariyyā b. Abī Zāʾida, de al-Šaʿbī,
dijo acerca de estas aleyas que están en al-Māʾida:
«Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los incrédulos»; dijo: acerca de nosotros, la gente del Islam.
«Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los injustos»; dijo: acerca de los judíos.
«Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los perversos»; dijo: acerca de los cristianos.
Nos narró Muḥammad b. Baššār,
dijo:
nos narró ʿAbd al-Raḥmān b. Mahdī,
dijo:
nos narró Sufyān, de Zakariyyā b. Abī Zāʾida,
de al-Šaʿbī acerca de Su dicho:
«Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los incrédulos»; dijo: la primera descendió acerca de los musulmanes; la segunda acerca de los judíos; y la tercera acerca de los cristianos.
Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā,
dijo:
nos informó ʿAbd al-Razzāq,
dijo:
nos informó al-Ṯawrī, de Zakariyyā, de al-Šaʿbī, con un sentido semejante.
Nos narró Hannād,
dijo:
nos narró Yaʿlā, de Zakariyyā, de ʿĀmir, con un sentido semejante.
Y otros dijeron:
antes bien, con ello se quiso decir: incredulidad menor que incredulidad, injusticia menor que injusticia, y perversidad menor que perversidad.
Mención de quienes dijeron eso:
Nos narró Muḥammad b. Baššār,
dijo:
nos narró ʿAbd al-Raḥmān,
dijo:
nos narró Sufyān, de Ibn Jurayj, de ʿAṭāʾ,
acerca de Su dicho:
«Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los incrédulos; y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los injustos; y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los perversos».
Dijo:
Incredulidad menor que incredulidad; perversidad menor que perversidad; e injusticia menor que injusticia.
Nos narró Ibn Baššār,
dijo:
nos narró ʿAbd al-Raḥmān,
dijo:
nos narró Ḥammād b. Salama, de Ayyūb, de ʿAṭāʾ, semejante.
Me narró al-Muṯannā,
dijo:
nos narró al-Ḥajjāj,
dijo:
nos narró Ḥammād, de Ayyūb b. Abī Tamīma, de ʿAṭāʾ b. Abī Rabāḥ, con un sentido semejante.
Nos narró Hannād b. al-Sarī,
dijo:
nos narró Wakīʿ, de Sufyān, de Ibn Jurayj, de ʿAṭāʾ, con un sentido semejante.
Nos narró Ibn Wakīʿ,
dijo:
nos narró mi padre, de Sufyān, de Ibn Jurayj, de ʿAṭāʾ, con un sentido semejante.
Nos narró Hannād,
dijo:
nos narró Wakīʿ;
y nos narró Ibn Wakīʿ,
dijo:
nos narró mi padre, de Sufyān, de Saʿīd al-Makkī,
de Ṭāwūs:
«Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los incrédulos»; dijo: no es una incredulidad que saque de la religión.
Nos narró Hannād,
dijo:
nos narró Wakīʿ;
y nos narró Ibn Wakīʿ,
dijo:
nos narró mi padre, de Sufyān, de Maʿmar b. Rāšid, de Ibn Ṭāwūs, de su padre,
de Ibn ʿAbbās:
«Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los incrédulos»; dijo: es, por ello, incredulidad, pero no una incredulidad en Dios, Sus ángeles, Sus libros y Sus mensajeros.
Me narró al-Ḥasan,
dijo:
nos narró Abū Usāma, de Sufyān, de Maʿmar, de Ibn Ṭāwūs, de su padre,
dijo:
Un hombre dijo a Ibn ʿAbbās acerca de estas aleyas: «Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender…: quien haga esto, ¿ha incurrido en incredulidad?».
Ibn ʿAbbās dijo:
Si hace eso, es por ello incredulidad, pero no como quien niega a Dios y al Último Día, y tal y tal.
Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā,
dijo:
nos informó ʿAbd al-Razzāq,
dijo:
nos informó Maʿmar, de Ibn Ṭāwūs, de su padre,
dijo:
Se preguntó a Ibn ʿAbbās acerca de Su dicho: «Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los incrédulos».
Dijo: es por ello incredulidad.
Dijo Ibn Ṭāwūs: por ello incredulidad, pero no como quien niega a Dios, Sus ángeles, Sus libros y Sus mensajeros.
Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā,
dijo:
nos informó ʿAbd al-Razzāq,
dijo:
nos informó Maʿmar, de Ibn Ṭāwūs, de su padre,
dijo:
Se preguntó a Ibn ʿAbbās acerca de Su dicho: «Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los incrédulos».
Dijo: una incredulidad que no saca de la religión.
Dijo —y dijo ʿAṭāʾ—: incredulidad menor que incredulidad; injusticia menor que injusticia; y perversidad menor que perversidad.
Y otros dijeron:
antes bien, estas aleyas descendieron acerca de la Gente del Libro, y con ellas se pretende a toda la gente: sus musulmanes y sus incrédulos.
Mención de quienes dijeron eso:
Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā,
dijo:
nos informó ʿAbd al-Razzāq,
dijo:
nos informó al-Ṯawrī, de Manṣūr,
de Ibrāhīm, que dijo:
Estas aleyas descendieron acerca de los Hijos de Israel, y se complació en que esta comunidad las tomara para sí.
Nos narró Ibn Wakīʿ,
dijo:
nos narró mi padre, de Sufyān, de Manṣūr,
de Ibrāhīm:
«Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los incrédulos»; dijo: descendió acerca de los Hijos de Israel, y se complació en que fuera para vosotros.
Nos narró Ibn Baššār,
dijo:
nos narró ʿAbd al-Raḥmān,
dijo:
nos narró Sufyān, de Manṣūr,
de Ibrāhīm acerca de esta aleya:
«Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los incrédulos»; dijo: descendió acerca de los Hijos de Israel, luego se complació en que fuera para estos.
Me narró al-Muṯannā,
dijo:
nos narró ʿAmr b. ʿAwn,
dijo:
nos informó Hušaym, de ʿAwf,
de al-Ḥasan acerca de Su dicho:
«Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los incrédulos»; dijo: descendió acerca de los judíos, y es obligatoria para nosotros.
Me narró Yaʿqūb b. Ibrāhīm,
dijo:
nos narró Hušaym,
dijo:
nos informó ʿAbd al-Malik b. Abī Sulaym, de Salama b. Kuhayl,
de ʿAlqama y Masrūq:
que ambos preguntaron a Ibn Masʿūd acerca del soborno.
Dijo:
«Es de lo ilícito».
Dijeron:
«¿Y en el juicio?».
Dijo:
«Eso es incredulidad».
Luego recitó esta aleya:
«Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los incrédulos».
Me narró Muḥammad b. al-Ḥusayn,
dijo:
nos narró Aḥmad b. al-Mufaḍḍal,
dijo:
nos narró Asbāṭ,
de al-Suddī:
«Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender», es decir: quien no juzgue conforme a lo que hice descender, y lo abandone deliberadamente, y se desvíe, sabiendo, es de los incrédulos.
Y otros dijeron:
el sentido de ello es: quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, negándolo.
En cuanto a la injusticia y la perversidad, son para quien lo reconoce.
Mención de quienes dijeron eso:
Me narró al-Muṯannā,
dijo:
nos narró ʿAbd Allāh b. Ṣāliḥ,
dijo:
me narró Muʿāwiya b. Ṣāliḥ, de ʿAlī b. Abī Ṭalḥa,
de Ibn ʿAbbās,
acerca de Su dicho:
«Y quien no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, esos son los incrédulos».
Dijo:
Quien niegue lo que Dios hizo descender, ciertamente ha incurrido en incredulidad; y quien lo reconozca pero no juzgue por ello, es injusto y perverso.
Y el más digno de estos dichos de ser tenido por correcto, en mi opinión,
es el dicho de quien afirmó:
que estas aleyas descendieron acerca del incrédulo de la Gente del Libro.
Pues lo que antes y lo que después de ellas, de las aleyas, descendió acerca de ellos, y ellos son los aludidos; y estas aleyas son la continuación del relato sobre ellos, por lo que que sean un relato sobre ellos es más apropiado.
Y si alguien dijera:
Dios —exaltada sea Su mención— ha generalizado la noticia con ello acerca de todo aquel que no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender; ¿cómo lo has hecho particular?
Se dirá:
Dios —exaltada sea Su mención— generalizó la noticia con ello acerca de un pueblo que negaba el juicio de Dios con el que Él sentenció en Su Libro; e informó de ellos que, por abandonar el juicio del modo en que lo abandonaron, son incrédulos.
Y así es el dicho respecto de todo aquel que no juzgue conforme a lo que Dios hizo descender, negándolo: es incrédulo en Dios, tal como dijo Ibn ʿAbbās; pues, por negar el juicio de Dios tras saber que Él lo hizo descender en Su Libro, es semejante a negar la profecía de Su profeta tras saber que es profeta.
Notas y Referencias
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