5

La Mesa Servida

المائدة Al-Ma'idah
Aya 42

Versículo (Español)

[5:42] Prestan oídos a la mentira y se benefician vorazmente del soborno. Si se presentan ante ti [para que juzgues] sobre un pleito entre ellos, puedes juzgar o abstenerte. Si te abstienes no podrán perjudicarte en nada; pero si juzgas entre ellos, hazlo con equidad y justicia, porque Dios ama a los justos.

Tafsir de At-Tabari

{سَمَّـٰعُونَ لِلۡكَذِبِ أَكَّـٰلُونَ لِلسُّحۡتِۚ فَإِن جَآءُوكَ فَٱحۡكُم بَيۡنَهُمۡ أَوۡ أَعۡرِضۡ عَنۡهُمۡۖ وَإِن تُعۡرِضۡ عَنۡهُمۡ فَلَن يَضُرُّوكَ شَيۡـٔٗاۖ وَإِنۡ حَكَمۡتَ فَٱحۡكُم بَيۡنَهُم بِٱلۡقِسۡطِۚ إِنَّ ٱللَّهَ يُحِبُّ ٱلۡمُقۡسِطِينَ} (42) القول في تأويل قوله تعالى :

{ سَمّاعُونَ لِلْكَذِبِ أَكّالُونَ لِلسّحْتِ فَإِن جَآءُوكَ فَاحْكُمْ بَيْنَهُمْ أَوْ أَعْرِضْ عَنْهُمْ وَإِن تُعْرِضْ عَنْهُمْ فَلَن يَضُرّوكَ شَيْئاً وَإِنْ حَكَمْتَ فَاحْكُمْ بَيْنَهُمْ بِالْقِسْطِ إِنّ اللّهَ يُحِبّ الْمُقْسِطِينَ } . .

Dice —exaltado sea Su recuerdo—: Estos judíos que te he descrito, ¡oh Muhammad!, escuchan la mentira: «es un mentiroso, no es profeta»; y se dijo acerca de algunos de ellos: que el castigo del fornicador casado en la Torá es el azote y el ennegrecimiento del rostro, y otras falsedades y calumnias; y aceptan sobornos, y los devoran a causa de su mentira contra Dios y su invención contra Él. Como (se ha transmitido):

Me lo narró al-Muthannà; dijo: nos narró Muslim b. Ibrāhīm; dijo: nos narró Abū ʿAqīl; dijo: oí a al-Ḥasan decir, acerca de Su dicho: سَمّاعُونَ للكَذِبِ أكّالُونَ للسّحْتِ: «Esos son los jueces: escucharon una mentira y devoraron un soborno».

Nos narró Bishr b. Muʿādh; dijo: nos narró Yazīd b. Zurayʿ; dijo: nos narró Saʿīd, de Qatāda: سَمّاعُونَ للكَذِبِ أكّالُونَ للسّحْتِ: «Esto fue acerca de los jueces de los judíos ante vosotros: escuchaban la mentira y aceptaban sobornos».

Me lo narró Muḥammad b. ʿAmr; dijo: nos narró Abū ʿĀṣim; dijo: nos narró ʿĪsà, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid, acerca del dicho de Dios: أكّالُونَ للسّحْتِ: «el soborno en el juicio; y ellos son judíos».

Nos narró Hannād; dijo: nos narró Wakīʿ; y nos narró Sufyān b. Wakīʿ; dijo: nos narró mi padre e Isḥāq al-Azraq; y nos narró Muḥammad b. Bashshār; dijo: nos narró ʿAbd al-Raḥmān, de Sufyān, de ʿĀṣim, de Zirr, de ʿAbd Allāh: أكّالُونَ للسّحْتِ: «al-suḥt: el soborno».

Nos narraron Sufyān b. Wakīʿ y Wāṣil b. ʿAbd al-Aʿlā; dijeron: nos narró Ibn Fuḍayl, de al-Aʿmash, de Salama b. Kuhayl, de Sālim b. Abī al-Jaʿd; dijo: Se dijo a ʿAbd Allāh: «¿Qué es al-suḥt?» Dijo: «El soborno». Dijeron: «¿En el juicio?» Dijo: «Eso es incredulidad».

Nos narró Sufyān; dijo: nos narraron Ghundar y Wahb b. Jarīr, de Shuʿba, de Manṣūr, de Sālim b. Abī al-Jaʿd, de Masrūq, de ʿAbd Allāh; dijo: «Al-suḥt: el soborno».

Nos narró Hannād; dijo: nos narró Wakīʿ; y nos narró Ibn Wakīʿ; dijo: nos narró mi padre, de Ḥurayth, de ʿĀmir, de Masrūq; dijo: Dijimos a ʿAbd Allāh: «No considerábamos al-suḥt sino el soborno en el juicio». Dijo ʿAbd Allāh: «Eso es incredulidad».

Nos narró Muḥammad b. al-Muthannà; dijo: nos narró Muḥammad b. Jaʿfar; dijo: nos narró Shuʿba, de ʿAmmār al-Duhnī, de Sālim b. Abī al-Jaʿd, de Masrūq; dijo: Pregunté a ʿAbd Allāh acerca de al-suḥt, y dijo: «Que un hombre solicita una necesidad y se la resuelven; luego le hace un regalo y él lo acepta».

Nos narró Suwār; dijo: nos narró Bishr b. al-Mufaḍḍal; dijo: nos narró Shuʿba, de Manṣūr y Sulaymān al-Aʿmash, de Sālim b. Abī al-Jaʿd, de Masrūq, de ʿAbd Allāh, que dijo: «Al-suḥt: los sobornos».

Nos narró Abū Kurayb; dijo: nos narró al-Muḥāribī, de Sufyān, de ʿĀṣim, de Zirr, de ʿAbd Allāh: «Al-suḥt: el soborno en la religión».

Me lo narró Abū al-Sāʾib; dijo: nos narró Abū Muʿāwiya, de al-Aʿmash, de Khaythama; dijo: Dijo ʿUmar: «De al-suḥt: los sobornos y la dote de la fornicadora».

Me lo narró Sufyān; dijo: nos narró mi padre, de Sufyān, de Manṣūr, de Ibrāhīm; dijo: «Al-suḥt: el soborno».

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyà; dijo: nos informó ʿAbd al-Razzāq; dijo: nos informó Maʿmar, de Qatāda, acerca de Su dicho: أكّالُونَ للسّحْتِ: «los sobornos».

Nos narró Hannād; dijo: nos narró Wakīʿ; y nos narró Ibn Wakīʿ; dijo: me narró mi padre, de Ṭalḥa, de Abū Hurayra; dijo: «La dote de la prostituta es suḥt; el servicio del semental es suḥt; la ganancia del barbero-sangrador es suḥt; y el precio del perro es suḥt».

Nos narró Ibn Wakīʿ; dijo: nos narró Abū Khālid al-Aḥmar, de Juwaybir, de al-Ḍaḥḥāk; dijo: «Al-suḥt: el soborno en el juicio».

Nos narró al-Muthannà; dijo: nos narró Abū Ghassān; dijo: nos narró Isrāʾīl, de Ḥakīm b. Jubayr, de Sālim b. Abī al-Jaʿd, de Masrūq; dijo: Pregunté a Ibn Masʿūd acerca de al-suḥt. Dijo: «Los sobornos». Dije: «¿En el juicio?» Dijo: «Eso es incredulidad».

Nos narró Muḥammad b. al-Ḥusayn; dijo: nos narró Aḥmad b. al-Mufaḍḍal; dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī: أكّالُونَ للسّحْتِ, es decir: «por los sobornos».

Nos narró al-Qāsim; dijo: nos narró al-Ḥusayn; dijo: nos narró Hishm; dijo: nos informó ʿAbd al-Malik b. Abī Sulaymān, de Salama b. Kuhayl, de Masrūq, de ʿAlqama: que ambos preguntaron a Ibn Masʿūd acerca del soborno, y dijo: «Es al-suḥt». Dijeron: «¿En el juicio?» Dijo: «Eso es incredulidad»; luego recitó esta aleya: وَمَنْ لَمْ يَحْكُمْ بِمَا أنْزَلَ اللّهُ فَأُولَئِكَ هُمُ الكافِرُونَ.

Nos narró al-Qāsim; dijo: nos narró al-Ḥusayn; dijo: me narró Ḥajjāj, de al-Masʿūdī, de Bukayr b. Abī Bukayr, de Muslim b. Ṣubayḥ; dijo: Masrūq intercedió por un hombre en una necesidad, y éste le regaló una esclava. Se enfureció con gran enojo y dijo: «Si hubiera sabido que harías esto, no habría hablado por tu necesidad, ni hablaré en lo que reste de tu necesidad». Oí a Ibn Masʿūd decir: «Quien intercede con una intercesión para devolver un derecho o levantar una injusticia, y se le hace un regalo y lo acepta, eso es suḥt». Y se le dijo: «¡Oh Abū ʿAbd al-Raḥmān! No considerábamos eso sino como tomar (pago) por el juicio». Dijo: «Tomar (pago) por el juicio es incredulidad».

Me lo narró Muḥammad b. Saʿd; dijo: me narró mi padre; dijo: me narró mi tío; dijo: me narró mi padre, de su padre, de Ibn ʿAbbās: سَمّاعُونَ للكَذِبِ أكّالُونَ للسّحْتِ: «Eso es porque tomaron el soborno en el juicio y sentenciaron con mentira».

Nos narró Hannād; dijo: nos narró ʿUbayda, de ʿAmmār, de Muslim b. Ṣubayḥ, de Masrūq; dijo: Pregunté a Ibn Masʿūd acerca de al-suḥt: «¿Es el soborno en el juicio?» Dijo: «No. Quien no juzga conforme a lo que Dios ha hecho descender es incrédulo; y quien no juzga conforme a lo que Dios ha hecho descender es injusto; y quien no juzga conforme a lo que Dios ha hecho descender es perverso. Pero al-suḥt es que un hombre te pide ayuda para una injusticia y tú le ayudas en ella; luego te hace un regalo y tú lo aceptas».

Nos narró Hannād; dijo: nos narró Ibn Fuḍayl, de Yaḥyà b. Saʿīd, de ʿAbd Allāh b. Hubayra al-Sabāʾī; dijo: «De al-suḥt hay tres: la dote de la prostituta, el soborno en el juicio, y lo que se daba a los adivinos en la época de la ignorancia».

Nos narró Hannād; dijo: nos narró Ibn Muṭīʿ, de Ḥammād b. Salama, de ʿAṭāʾ al-Khurāsānī, de Ḍamra, de ʿAlī b. Abī Ṭālib, que dijo acerca de la ganancia del barbero-sangrador, la dote de la prostituta, el precio del perro, el apresuramiento en el litigio, la gratificación del adivino, el servicio del semental, el soborno en el juicio, el precio del vino, y el precio de la montura: «(todo ello) es de al-suḥt».

Me lo narró Yūnus; dijo: nos informó Ibn Wahb; dijo: Dijo Ibn Zayd acerca de Su dicho: أكّالُونَ للسّحْتِ: «el soborno en el juicio».

Me lo narró Yūnus; dijo: nos informó Ibn Wahb; dijo: me informó ʿAbd al-Raḥmān b. Abī al-Mawālī, de ʿUmar b. Ḥamza b. ʿAbd Allāh b. ʿUmar, que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «Toda carne que haya crecido por el suḥt, el Fuego tiene más derecho sobre ella». Se dijo: «¡Oh Mensajero de Dios! ¿Y qué es el suḥt?» Dijo: «El soborno en el juicio».

Me lo narró Yūnus; dijo: nos informó Ibn Wahb; dijo: me informó ʿAbd al-Jabbār b. ʿUmar, de al-Ḥakam b. ʿAbd Allāh; dijo: Anas b. Mālik me dijo: «Cuando regreses a tu padre, dile: “Guárdate del soborno, pues es suḥt”». Y su padre estaba al frente de la policía de Medina.

Nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Jarīr, de Manṣūr, de Sālim, de Masrūq, de ʿAbd Allāh; dijo: «El soborno es suḥt». Dijo Masrūq: Y dijimos a ʿAbd Allāh: «¿En el juicio?» Dijo: «No»; luego recitó: وَمَنْ لَمْ يَحْكُمْ بِمَا أنْزَل اللّهُ فَأُولَئِكَ هُمُ الكافِرُونَ وَمَنْ لَمْ يَحْكُمْ بِمَا أنْزَلَ اللّهُ فَأُولَئِكَ هُمُ الظّالِمُونَ وَمَنْ لَمْ يَحْكُمْ بِمَا أنْزَلَ اللّهُ فَأُولَئِكَ هُمُ الفاسِقُونَ.

Y el origen de al-suḥt es: la voracidad del hambre; se dice de ello: «Fulano es masḥūt al-miʿda (devorado de estómago)» cuando es glotón y no se le encuentra jamás sino hambriento. Y sólo se llamó al soborno suḥt por su semejanza con ello: como si en el que soborna hubiera, por su avidez de tomar lo que se le da, algo semejante a lo que hay en el “devorado de estómago” por su avidez de comida. Se dice: saḥatahu y asḥatahu: dos formas lingüísticas transmitidas de los árabes. Y de ello es el dicho de al-Farazdaq b. Ghālib:

وَعَضّ زَمانٍ يا ابْنَ مَرْوَانَ لَمْ يَدَعْ ***منَ المَالِ إلا مُسَحَتا أوْ مُجَلّفُ

Con “al-musaḥat” quiere decir: el que lo ha extirpado por completo, destruyéndolo al devorarlo y corromperlo. Y de ello es Su dicho —exaltado sea—: فَيُسْحِتَكُمْ بعَذَابِ. Y los árabes dicen al barbero: «isḥat al-shaʿr», es decir: extírpalo.

El dicho acerca de la interpretación de Su palabra —exaltado sea—: فإنْ جاءُوكَ فاحْكُمْ بَيْنَهُمْ أوْ أعْرِض عَنْهُمْ وَإنْ تُعرِضْ عَنْهُمْ فَلَن يَضُرّوكَ شَيْئا وَإنْ حَكَمْتَ فاحْكُمْ بَيْنَهُمْ بالقِسْطِ إنّ اللّهَ يُحَبّ المُقسِطينَ.

Quiere decir —exaltado sea Su recuerdo— con Su dicho: «Y si vienen a ti, juzga entre ellos o apártate de ellos»: si vienen a ti esos otros grupos que aún no habían venido a ti —y son el grupo de la mujer fornicadora— buscando que tú juzgues entre ellos, entonces juzga entre ellos, si quieres, con la verdad que Dios ha establecido como Su juicio respecto de quien cometa entre ellos el acto de la mujer fornicadora; o apártate de ellos, es decir, deja de juzgar entre ellos si quieres; y la elección en ello te pertenece.

Y en el mismo sentido que hemos dicho habló un grupo de los exégetas. Mención de quienes dijeron eso:

Me lo narró Muḥammad b. ʿAmr; dijo: nos narró Abū ʿĀṣim; dijo: nos narró ʿĪsà, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid: «o apártate de ellos»: (son) judíos. Un hombre de entre ellos, de linaje vil, fornicó y lo lapidaron; luego fornicó un noble de entre ellos y le ennegrecieron el rostro; luego lo pasearon; después pidieron dictamen al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— para que estuviera de acuerdo con ellos. Dijo: Él les dictaminó la lapidación, y lo rechazaron; entonces les ordenó que llamaran a sus rabinos y monjes, y les conjuró por Dios: «¿Lo encontráis en la Torá?». Lo ocultaron, excepto un hombre de los más jóvenes, tuerto, y dijo: «Te han mentido, ¡oh Mensajero de Dios! En verdad está en la Torá».

Me lo narró al-Muthannà; dijo: nos narró ʿAbd Allāh b. Ṣāliḥ; dijo: me narró al-Layth, de Ibn Shihāb: que la aleya que está en la sura de al-Māʾida: «Y si vienen a ti, juzga entre ellos…» fue acerca del asunto de la lapidación.

Me lo narró Muḥammad b. Saʿd; dijo: me narró mi padre; dijo: me narró mi tío; dijo: me narró mi padre, de su padre, de Ibn ʿAbbās; dijo: Que vinieron a él —es decir, los judíos— por una mujer de entre ellos que había fornicado, preguntándole por su castigo. El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— les dijo: «¿Cómo lo encontráis escrito en la Torá que tenéis?» Dijeron: «Se nos ordena lapidar a la fornicadora». Entonces el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— ordenó respecto de ella, y fue lapidada. Y Dios —bendito y exaltado— ha dicho: وَإنْ تُعْرِضْ عَنْهُمْ فَلَنْ يَضُرّوكَ شَيْئا وَإنْ حَكَمْتَ فاحْكُمْ بَيْنَهُمْ بالقِسْطِ إنّ اللّهَ يُحبّ المُقْسِطِينَ.

Nos narró al-Qāsim; dijo: nos narró al-Ḥusayn; dijo: me narró Ḥajjāj, de Ibn Jurayj, de ʿAbd Allāh b. Kathīr, acerca de Su dicho: «Y si vienen a ti, juzga entre ellos o apártate de ellos»; dijo: «Aplicaban el castigo legal por fornicación, hasta que fornicó un joven de entre ellos, de nobleza. Entonces algunos dijeron a otros: “No os dejará su gente lapidarlo; pero azotadlo y escarmentadlo”. Así lo azotaron y lo montaron sobre una albarda de asno, y pusieron su rostro hacia la cola del asno. Hasta que fornicó otro, vil, sin nobleza, y dijeron: “Lapidadlo”. Luego dijeron: “¿Cómo es que no lapidasteis al anterior? Haced con éste lo mismo que hicisteis con aquél”. Cuando apareció el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— dijeron: “Preguntadle; quizá encontréis en él una concesión”. Entonces descendió: «Y si vienen a ti, juzga entre ellos o apártate de ellos…» …hasta Su dicho: «En verdad Dios ama a los equitativos»».

Y otros dijeron: Más bien esta aleya descendió acerca de un muerto: un hombre muerto entre unos judíos, al que mató parte de ellos. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narraron Hannād b. al-Sarī y Abū Kurayb; dijeron: nos narró Yūnus b. Bukayr, de Muḥammad b. Isḥāq; dijo: me narró Dāwūd b. al-Ḥuṣayn, de ʿIkrima, de Ibn ʿAbbās: que las aleyas de al-Māʾida, Su dicho: «Y si vienen a ti, juzga entre ellos o apártate de ellos…» …hasta Su dicho: «los equitativos», sólo descendieron acerca de la indemnización de sangre (diya) entre Banū al-Naḍīr y Banū Qurayẓa. Y ello porque los muertos de Banū al-Naḍīr tenían nobleza: se pagaba la diya completa; mientras que Qurayẓa pagaban la mitad de la diya. Litigaron por ello ante el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, y Dios hizo descender eso acerca de ellos. Entonces el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— los obligó a la verdad en ello, e hizo que la diya en ese asunto fuera igual. Y Dios sabe mejor cuál de las dos cosas fue.

Nos narró Abū Kurayb; dijo: nos narró ʿUbayd Allāh b. Mūsà, de ʿAlī b. Ṣāliḥ, de Sammāk, de ʿIkrima, de Ibn ʿAbbās; dijo: Qurayẓa y al-Naḍīr (existían), y al-Naḍīr era más noble que Qurayẓa. Si un hombre de Qurayẓa mataba a un hombre de al-Naḍīr, se le daba muerte por él; y si un hombre de al-Naḍīr mataba a un hombre de Qurayẓa, pagaba cien wasq de dátiles. Cuando fue enviado el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, un hombre de al-Naḍīr mató a un hombre de Qurayẓa. Dijeron: «Entregádnoslo». Ellos dijeron: «Entre nosotros y vosotros está el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—». Entonces descendió: وَإنْ حَكَمْتَ فاحْكُمْ بَيْنَهُمْ بالقِسْطِ.

Me lo narró Yūnus; dijo: nos informó Ibn Wahb; dijo: Dijo Ibn Zayd: En el juicio de Ḥuyayy b. Akhṭab, para el naḍīrī había dos diyas y para el qurayẓī una diya, porque él era de al-Naḍīr. Dijo: Y Dios informó a Su Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— de lo que hay en la Torá. Dijo: Y escribimos para ellos en ella: «vida por vida…» hasta el final de la aleya. Dijo: Cuando Qurayẓa vio eso, no aceptaron el juicio de Ḥuyayy b. Akhṭab. Dijeron: «Litiguemos ante Muḥammad». Entonces Dios —bendito y exaltado— dijo: «Y si vienen a ti, juzga entre ellos o apártate de ellos», dándole a elegir. Y: «¿Cómo te toman por juez si tienen la Torá, en la que está el juicio de Dios…?» toda la aleya. Y el noble, si fornicaba con una mujer vil, la lapidaban a ella y ennegrecían el rostro del noble, y lo montaban en el camello, o ponían su rostro hacia la cola del camello. Y si el vil fornicaba con una noble, lo lapidaban, y hacían con ella eso. Litigaron ante el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, y él la lapidó. Dijo: Y el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— les dijo: «¿Quién de vosotros es el más conocedor de la Torá?» Dijeron: «Fulano el tuerto». Mandó por él y vino. Le dijo: «¿Tú eres el más conocedor de ellos de la Torá?» Dijo: «Así lo afirman los judíos». Entonces el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— le dijo: «Te conjuro por Dios y por la Torá que Él hizo descender sobre Moisés el día de Ṭūr Sīnāʾ: ¿qué encuentras en la Torá acerca de los dos fornicadores?» Dijo: «¡Oh Abū al-Qāsim! Lapidan a la vil, y montan al noble sobre un camello, le ennegrecen el rostro y ponen su rostro hacia la cola del camello; y lapidan al vil si fornica con la noble, y hacen con ella eso». Entonces el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— le dijo: «Te conjuro por Dios y por la Torá que Él hizo descender sobre Moisés el día de Ṭūr Sīnāʾ: ¿qué encuentras en la Torá?» Y él empezó a escabullirse, mientras el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— lo conjuraba por Dios y por la Torá que Él hizo descender sobre Moisés el día de Ṭūr Sīnāʾ, hasta que dijo: «¡Oh Abū al-Qāsim! El anciano y la anciana, si fornican, lapidadlos sin falta». Entonces el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «Eso es. Id con ambos y lapidadlos». Dijo ʿAbd Allāh: Yo estaba entre quienes los lapidaron. Él no dejó de inclinarse sobre ella y protegerla de las piedras con su propio cuerpo hasta que murió.

Luego discreparon los exégetas acerca del juicio de esta aleya: si permanece vigente hoy, y si los jueces tienen elección para juzgar y conocer de los asuntos entre la gente de la dhimma y del pacto cuando litigan ante ellos, como lo que se concedió a su Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— en esta aleya; o si eso está abrogado. Unos dijeron: Permanece vigente hoy; nada lo ha abrogado; y los jueces tienen elección en todo tiempo por esta aleya, como lo que se concedió a Su Mensajero —Dios le bendiga y le conceda paz—. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Salama b. al-Faḍl, de ʿAmr b. Abī Qays, de Mughīra, de Ibrāhīm y al-Shaʿbī: «Si se te presenta alguno de los idólatras en un litigio, si quieres juzga entre ellos conforme a lo que Dios ha hecho descender, y si quieres apártate de ellos».

Nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Jarīr, de Mughīra, de al-Shaʿbī e Ibrāhīm; dijeron: «Si vienen a ti los idólatras y te toman por juez, juzga entre ellos o apártate de ellos; y si juzgas, juzga con el juicio de los musulmanes y no lo traspases a otro distinto».

Nos narró Ibn Wakīʿ; dijo: nos narró mi padre; y nos narró Hannād; dijo: nos narró Wakīʿ, de Sufyān, de Mughīra, de Ibrāhīm y al-Shaʿbī: «Y si vienen a ti, juzga entre ellos o apártate de ellos»: «si quiere juzga, y si quiere no juzga».

Nos narró Ibn Wakīʿ; dijo: nos narró mi padre; dijo: nos narró Sufyān, de Ibn Jurayj, de ʿAṭāʾ; dijo: «Si quiere juzga y si quiere no juzga».

Nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Jarīr, de Muḥammad b. Sālim, de al-Shaʿbī; dijo: «Si vienen a ti los Gentes del Libro con un asunto entre ellos, juzga entre ellos con el juicio de los musulmanes, o déjalos con ellos y con su religión para que juzguen entre sí, salvo en robo o asesinato».

Nos narró al-Muthannà; dijo: nos narró Isḥāq; dijo: nos narró ʿAbd al-Razzāq, de Ibn Jurayj; dijo: ʿAṭāʾ me dijo: «Se nos ha dado a elegir: si queremos juzgamos entre la Gente del Libro, y si queremos nos apartamos y no juzgamos entre ellos; y si juzgamos entre ellos, juzgamos entre nosotros, o los dejamos con su juicio entre ellos». Dijo Ibn Jurayj: Y ʿAmr b. Shuʿayb dijo algo semejante. Y eso es Su dicho: «Juzga entre ellos o apártate de ellos».

Nos narró Yaʿqūb; dijo: nos narró Hishaym; dijo: nos informó Mughīra; y me lo narró al-Muthannà; dijo: nos narró ʿAmr b. ʿAwn; dijo: nos informó Hishaym, de Mughīra, de Ibrāhīm y al-Shaʿbī, acerca de Su dicho: «Y si vienen a ti, juzga entre ellos o apártate de ellos»; dijeron: «Si vienen al juez de los musulmanes, si quiere juzga entre ellos y si quiere se aparta de ellos; y si juzga entre ellos, juzga entre ellos conforme a lo que hay en el Libro de Dios».

Nos narró Bishr b. Muʿādh; dijo: nos narró Yazīd b. Zurayʿ; dijo: nos narró Saʿīd, de Qatāda, acerca de Su dicho: «Y si vienen a ti, juzga entre ellos»; dijo: «Si vienen a ti, juzga entre ellos conforme a lo que Dios ha hecho descender, o apártate de ellos. Dios le concedió en ello una licencia: si quiere juzga entre ellos, y si quiere se aparta de ellos».

Nos narró Hannād; dijo: nos narró Jarīr, de Mughīra, de Ibrāhīm y al-Shaʿbī; dijeron: «Si vienen a ti los idólatras y te toman por juez en lo que hay entre ellos, juzga entre ellos con el juicio de los musulmanes y no lo traspases a otro distinto; o apártate de ellos y déjalos con la gente de su religión».

Y otros dijeron: Más bien la elección está abrogada; y el juez, si litigan ante él los protegidos (ahl al-dhimma), debe juzgar entre ellos con la verdad, y no le es lícito dejar de conocer de su asunto. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Yaḥyà b. Wāḍiḥ; dijo: nos narró al-Ḥusayn b. Wāqid, de Yazīd al-Naḥwī, de ʿIkrima y al-Ḥasan al-Baṣrī: «Y si vienen a ti, juzga entre ellos o apártate de ellos» fue abrogada por Su dicho: «Y juzga entre ellos conforme a lo que Dios ha hecho descender».

Nos narró Ibn Wakīʿ; dijo: nos narró mi padre, de Sufyān, de al-Suddī; dijo: Oí a ʿIkrima decir: «La abrogó: “Y juzga entre ellos conforme a lo que Dios ha hecho descender”».

Nos narraron Ibn Wakīʿ y Muḥammad b. Bashshār; dijeron: nos narró Ibn Mahdī, de Sufyān, de al-Suddī; dijo: Oí a ʿIkrima decir: «La abrogó: “Y juzga entre ellos conforme a lo que Dios ha hecho descender”».

Nos narró Ibn Wakīʿ; dijo: nos narró Yazīd b. Hārūn, de Sufyān b. Ḥusayn, de al-Ḥakam, de Mujāhid: «No se abrogó de al-Māʾida sino estas dos aleyas: “Y si vienen a ti, juzga entre ellos o apártate de ellos” la abrogó: “Y juzga entre ellos conforme a lo que Dios ha hecho descender y no sigas sus pasiones”; y Su dicho: “¡Oh vosotros que creéis! No profanéis los ritos de Dios, ni el mes sagrado, ni la ofrenda, ni las guirnaldas” la abrogó: “Matad a los idólatras dondequiera que los encontréis”».

Me lo narró al-Muthannà; dijo: nos narró ʿAmr b. ʿAwn; dijo: nos informó Hishaym, de Manṣūr, de al-Ḥakam, de Mujāhid; dijo: «La abrogó: “Y juzga entre ellos conforme a lo que Dios ha hecho descender”».

Me lo narró al-Muthannà; dijo: nos narró Ḥajjāj b. Minhāl; dijo: nos narró Hammām, de Qatāda, acerca de Su dicho: «Y si vienen a ti, juzga entre ellos o apártate de ellos»; se refiere a los judíos. Dios ordenó a Su Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— que juzgara entre ellos, y le concedió licencia para apartarse de ellos si quería. Luego Dios —exaltado sea— hizo descender la aleya que sigue: «Y hemos hecho descender a ti el Libro…» …hasta Su dicho: «Y juzga entre ellos conforme a lo que Dios ha hecho descender y no sigas sus pasiones». Así, Dios ordenó a Su Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— que juzgara entre ellos conforme a lo que Dios ha hecho descender, después de haberle concedido licencia para apartarse de ellos si quería.

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyà; dijo: nos informó ʿAbd al-Razzāq; dijo: nos informó Maʿmar, de ʿAbd al-Karīm al-Jazarī: que ʿUmar b. ʿAbd al-ʿAzīz escribió a ʿAdī b. ʿAdī: «Si vienen a ti los Gentes del Libro, juzga entre ellos».

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyà; dijo: nos informó ʿAbd al-Razzāq; dijo: nos informó al-Thawrī, de al-Suddī, de ʿIkrima; dijo: «Fue abrogada por Su dicho: “Y juzga entre ellos conforme a lo que Dios ha hecho descender”».

Nos narró al-Qāsim; dijo: nos narró al-Ḥusayn; dijo: nos narró Abū Sufyān, de Maʿmar, de al-Zuhrī, acerca de Su dicho: «Y si vienen a ti, juzga entre ellos o apártate de ellos»; dijo: «La sunna ha transcurrido en que se les remita, en sus derechos y herencias, a la gente de su religión, salvo que vengan deseando un ḥadd (pena legal) en el que se juzgue entre ellos con el Libro de Dios».

Nos narró Muḥammad b. al-Ḥusayn; dijo: nos narró Aḥmad b. Mufaḍḍal; dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī; dijo: Cuando descendió: «Juzga entre ellos o apártate de ellos», el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, si quería, juzgaba entre ellos, y si quería, se apartaba de ellos. Luego la abrogó diciendo: «Y juzga entre ellos conforme a lo que Dios ha hecho descender y no sigas sus pasiones». Y quedó obligado a juzgar entre ellos.

Nos narró Muḥammad b. ʿAmmār; dijo: nos narró Saʿīd b. Sulaymān; dijo: nos narró ʿAbbād b. al-ʿAwwām, de Sufyān b. Ḥusayn, de al-Ḥakam, de Mujāhid; dijo: «Dos aleyas fueron abrogadas de esta sura —es decir, al-Māʾida—: la aleya de las guirnaldas, y Su dicho: “Juzga entre ellos o apártate de ellos”. El Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— tenía elección: si quería juzgaba y si quería se apartaba de ellos; y se les devolvió a que se juzgara entre ellos conforme a lo que hay en nuestro Libro».

Y la más correcta de las dos opiniones, a mi juicio, es la de quien dijo: Que el juicio de esta aleya permanece vigente y no ha sido abrogado; y que los jueces tienen elección para juzgar entre la gente del pacto cuando se elevan a ellos y litigan, o para dejar de juzgar entre ellos y de conocer de su asunto, tal como Dios concedió a Su Mensajero —Dios le bendiga y le conceda paz— en esta aleya.

Y sólo dijimos: Que ésta es la más correcta, porque quienes afirmaron que el juicio de esta aleya está abrogado pretendieron que fue abrogada por Su dicho: «Y juzga entre ellos conforme a lo que Dios ha hecho descender». Y ya hemos demostrado en nuestro libro «Kitāb al-bayān ʿan uṣūl al-aḥkām» que la abrogación no es abrogación sino cuando niega el حكم (juicio) del otro en todos sus sentidos, de modo que no sea posible que ambos mandatos se reúnan en validez de ninguna manera; lo cual hace innecesario repetirlo aquí. Y siendo así, y no siendo imposible en el discurso que se diga: «Y juzga entre ellos conforme a lo que Dios ha hecho descender», y que su sentido sea: «Y juzga entre ellos conforme a lo que Dios ha hecho descender cuando juzgues entre ellos, por tu elección de juzgar entre ellos si eliges eso y no eliges apartarte de ellos»; puesto que ya había precedido la información al destinatario, por parte del hablante, de que tenía elección entre juzgar y dejar de juzgar, se supo por ello que no hay indicio en Su dicho: «Y juzga entre ellos conforme a lo que Dios ha hecho descender» de que abrogue Su dicho: «Y si vienen a ti, juzga entre ellos o apártate de ellos; y si te apartas de ellos, no podrán dañarte en nada; y si juzgas, juzga entre ellos con equidad», por lo que hemos descrito del sentido posible que hemos expuesto. Más bien, es una prueba de lo mismo que indica Su dicho: «Y si juzgas, juzga entre ellos con equidad». Y si en el ظاهر (sentido aparente) de la Revelación no hay prueba de que una de las dos aleyas abrogue a la otra, ni de que uno de los dos mandatos niegue el حكم del otro; y no hay del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— una noticia auténtica de que una sea abrogante de su compañera, ni hay consenso válido de los musulmanes sobre ello, entonces es correcto lo que hemos dicho: que ambos mandatos se apoyan mutuamente y concuerdan en su حكم, y que no hay abrogación de uno por el otro.

En cuanto a Su dicho: «Y si te apartas de ellos, no podrán dañarte en nada», su sentido es: Y si te apartas, ¡oh Muhammad!, de quienes litigan ante ti de la Gente del Libro, y dejas de conocer de su asunto en aquello por lo que litigaron ante ti, y no juzgas entre ellos, no podrán dañarte en nada; es decir: no tendrán poder para causarte daño ni en religión ni en mundo. Así pues, deja de conocer de su asunto si eliges dejar de conocer.

Y en cuanto a Su dicho: «Y si juzgas, juzga entre ellos con equidad», su sentido es: Y si eliges juzgar y conocer, ¡oh Muhammad!, entre la gente del pacto cuando vengan a ti, juzga entre ellos con equidad —y ésta es la justicia—; y ése es el juicio conforme a lo que Dios ha establecido como حكم en lo semejante para toda Su creación, de la comunidad de nuestro Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—.

Y en un sentido semejante a lo que hemos dicho habló un grupo de los exégetas. Mención de quienes dijeron eso:

Me lo narró Yaʿqūb b. Ibrāhīm; dijo: nos narró Hishaym; dijo: nos informó Mughīra, de Ibrāhīm y al-Shaʿbī: «Y si juzgas, juzga entre ellos con equidad»; dijeron: «Si juzga entre ellos, juzga conforme a lo que hay en el Libro de Dios».

Nos narró Sufyān; dijo: nos narró Yazīd b. Hārūn, de al-ʿAwwām b. Ḥawshab, de Ibrāhīm: «Y si juzgas, juzga entre ellos con equidad»; dijo: «Se le ordenó juzgar entre ellos con la lapidación».

Me lo narró al-Muthannà; dijo: nos narró ʿAmr b. ʿAwn; dijo: nos informó Hishaym, de al-ʿAwwām, de Ibrāhīm al-Taymī, acerca de Su dicho: «Y si juzgas, juzga entre ellos con equidad»; dijo: «con la lapidación».

Nos narró al-Muthannà; dijo: nos narró Abū Ḥudhāyfa; dijo: nos narró Shibl, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid: «con equidad»: «con justicia».

Nos narró Hannād; dijo: nos narró Hishaym, de al-ʿAwwām b. Ḥawshab, de Ibrāhīm al-Taymī, acerca de Su dicho: «Juzga entre ellos con equidad»; dijo: «Se le ordenó juzgar entre ellos con la lapidación».

Y en cuanto a Su dicho: «En verdad Dios ama a los equitativos», su sentido es: Que Dios ama a quienes obran en Su juicio entre la gente, a quienes deciden entre ellos conforme al juicio de Dios que Él hizo descender en Su Libro y ordenó a Sus profetas —las bendiciones de Dios sean sobre ellos—. Se dice de ello: «aqsaṭa el juez en su juicio» cuando fue justo y sentenció con la verdad: yuqsiṭu iqṣāṭan. En cuanto a «qasaṭa», su sentido es: la injusticia. Y de ello es el dicho de Dios —exaltado sea—: وأمّا القاسِطُونَ فَكانُوا لِجَهَنّمَ حَطَبا, queriendo decir con ello: los que se desvían injustamente de la verdad.

Notas y Referencias

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