La Mesa Servida
المائدة Al-Ma'idahVersículo (Español)
[5:33] El castigo para quienes hacen la guerra a [un pueblo que se gobierna por la ley de] Dios y Su Mensajero y siembran en la Tierra la corrupción es que [luego de un juicio justo] se los condene a muerte, se los crucifique, se les ampute una mano y el pie del lado opuesto, o se los condene al exilio. Esto es para que sean denigrados en esta vida, y en la otra tendrán un castigo terrible.
Tafsir de At-Tabari
{Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Dios y a Su Mensajero y se afanan en la tierra sembrando corrupción es que sean ejecutados, o crucificados, o que se les corten las manos y los pies de forma cruzada, o que sean desterrados de la tierra. Eso es para ellos ignominia en la vida mundanal; y para ellos, en la Otra Vida, hay un castigo inmenso} (33)
القول في تأويل قوله تعالى :
{ Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Dios y a Su Mensajero y se afanan en la tierra sembrando corrupción es que sean ejecutados, o crucificados, o que se les corten las manos y los pies de forma cruzada, o que sean desterrados de la tierra. Eso es para ellos ignominia en la vida mundanal; y para ellos, en la Otra Vida, hay un castigo inmenso }
. .
Esto es una exposición por parte de Dios —glorificado sea Su recuerdo— acerca del dictamen relativo a la corrupción en la tierra que mencionó en Su dicho:
«Por eso prescribimos a los Hijos de Israel que quien mate a una persona sin que sea por otra persona o por corrupción en la tierra…». Informó a Sus siervos de lo que merece el corruptor en la tierra en cuanto a castigo y escarmiento,
y dijo —bendito y exaltado sea—:
no tiene retribución en esta vida sino la muerte, la crucifixión, el corte de la mano y el pie de forma cruzada, o el destierro de la tierra: ignominia para ellos. Y en cuanto a la Otra Vida, si no se arrepiente en esta vida, entonces un castigo inmenso.
Luego discreparon los exégetas acerca de quiénes fue revelada esta aleya.
Unos dijeron:
fue revelada acerca de un grupo de la Gente del Libro, que estaban en pacto de no agresión con el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—; luego quebrantaron el pacto y corrompieron en la tierra, y Dios dio a conocer a Su Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— el dictamen al respecto.
Mención de quienes dijeron eso:
Me narró al-Muthannà,
dijo:
nos narró ‘Abd Allāh ibn Ṣāliḥ,
dijo:
me narró Mu‘āwiya, de ‘Alī, de Ibn ‘Abbās,
sobre Su dicho:
{Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Dios y a Su Mensajero y se afanan en la tierra sembrando corrupción} dijo: era un grupo de la Gente del Libro entre quienes y el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— había un pacto y un compromiso; quebrantaron el pacto y corrompieron en la tierra, y Dios dio a elegir a Su Mensajero: si quería, los mataba; y si quería, les cortaba las manos y los pies de forma cruzada.
Me narró al-Muthannà,
dijo:
nos narró ‘Amr ibn ‘Awn,
dijo:
nos informó Hushaym, de Juwaybir, de al-Ḍaḥḥāk,
dijo:
era un grupo entre quienes y el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— había un compromiso; quebrantaron el pacto, cortaron el camino y corrompieron en la tierra, y Dios —poderoso y majestuoso— dio a elegir a Su Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— respecto de ellos: si quería, los mataba; si quería, los crucificaba; y si quería, les cortaba las manos y los pies de forma cruzada.
Se me narró de al-Ḥusayn,
dijo:
oí a Abū Mu‘ādh,
dijo:
me narró ‘Ubayd ibn Sulaymān,
dijo:
oí a al-Ḍaḥḥāk decir, y mencionó algo semejante.
Otros dijeron:
fue revelada acerca de un grupo de idólatras.
Mención de quienes dijeron eso:
Nos narró Ibn Ḥumayd,
dijo:
nos narró Yaḥyà ibn Wāḍiḥ,
dijo:
nos narró al-Ḥusayn ibn Wāqid, de Yazīd, de ‘Ikrima y al-Ḥasan al-Baṣrī,
dijeron:
dijo: {Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Dios y a Su Mensajero…} … hasta: {Ciertamente Dios es Perdonador, Misericordioso}. Esta aleya fue revelada acerca de los idólatras: quien de ellos se arrepienta antes de que podáis apoderaros de él, no habrá contra él vía alguna. Y esta aleya no protege al hombre musulmán del ḥadd si mata, o corrompe en la tierra, o hace la guerra a Dios y a Su Mensajero, y luego se une a los incrédulos antes de ser capturado: eso no le impedirá que se le aplique el ḥadd que haya cometido.
Nos narró Ibn Wakī‘,
dijo:
nos narró Yaḥyà ibn Sa‘īd, de Ash‘ath,
de al-Ḥasan:
{Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Dios y a Su Mensajero} dijo: fue revelada acerca de la gente de la idolatría.
Otros dijeron:
( mención de quienes dijeron eso )
: más bien fue revelada acerca de un grupo de ‘Urayna y ‘Ukl que apostataron del islam y hicieron la guerra a Dios y a Su Mensajero.
Nos narró Ibn Bashshār,
dijo:
nos narró Rūḥ ibn ‘Ubāda,
dijo:
nos narró Sa‘īd ibn Abī ‘Arūba, de Qatāda,
de Anas:
que un grupo de ‘Ukl y ‘Urayna acudió al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—,
y dijeron:
«¡Mensajero de Dios! Somos gente de ganado y no éramos gente de campo, y la ciudad nos ha resultado malsana». Entonces el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— les asignó unas camellas y un pastor, y les ordenó salir con ellas y beber de su leche y de su orina. Luego mataron al pastor del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, se llevaron las camellas, y renegaron después de su islam. Fueron llevados ante el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, y él les cortó las manos y los pies, les cauterizó los ojos, y los dejó en al-Ḥarra hasta que murieron.
Y se nos mencionó que esta aleya fue revelada acerca de ellos: {Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Dios y a Su Mensajero}.
Nos narró Ibn Ḥumayd,
dijo:
nos narró Rūḥ,
dijo:
nos narró Hishām ibn Abī ‘Abd Allāh, de Qatāda, de Anas ibn Mālik, del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, con un relato semejante.
Nos narró Muḥammad ibn ‘Alī ibn al-Ḥasan ibn Shaqīq,
dijo:
oí a mi padre decir: nos informó Abū Ḥamza, de ‘Abd al-Karīm; y se le preguntó acerca de la orina de los camellos,
y dijo:
me narró Sa‘īd ibn Jubayr acerca de los que hacen la guerra,
y dijo:
era gente que acudió al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— y dijeron: «Te damos la bay‘a por el islam», y se la dieron, siendo mentirosos: no querían el islam.
Luego dijeron:
«La ciudad nos resulta malsana».
Entonces el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo:
«ESTAS CAMELLAS SALEN HACIA VOSOTROS POR LA MAÑANA Y REGRESAN POR LA TARDE; BEBED DE SU ORINA Y DE SU LECHE».
Dijo:
cuando estaban así, llegó el pregonero de auxilio y clamó al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—,
y dijo:
«Han matado al pastor y se han llevado el ganado». Entonces el Profeta de Dios ordenó que se pregonara entre la gente:
«¡Oh caballería de Dios, montad!».
Dijo:
montaron sin que un jinete esperase a otro.
Dijo:
el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— cabalgó tras ellos, y no dejaron de perseguirlos hasta que los hicieron entrar en su lugar seguro. Luego regresaron los compañeros del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— habiendo capturado a algunos de ellos, y los llevaron ante el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—.
Entonces Dios reveló: {Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Dios y a Su Mensajero…} la aleya.
Dijo:
y su destierro fue que los desterraron hasta hacerlos entrar en su lugar seguro y su tierra; los desterraron de la tierra de los musulmanes. Y el Profeta de Dios mató a algunos de ellos, crucificó, cortó, y cauterizó los ojos.
Dijo:
y el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— no mutiló ni antes ni después.
Dijo:
y prohibió la mutilación,
y dijo:
«NO MUTILÉIS DE NINGÚN MODO».
Dijo: Anas ibn Mālik solía decir eso,
si bien dijo:
«Los quemó con fuego después de haberlos matado».
Dijo:
y algunos dicen: eran gente de Banū Sulaym; y entre ellos había de ‘Urayna y gente de Bajīla.
Me narró Muḥammad ibn Khalaf,
dijo:
nos narró al-Ḥasan ibn Hannād, de ‘Amr ibn Hāshim, de Mūsà ibn ‘Ubayd, de Muḥammad ibn Ibrāhīm, de Jarīr,
dijo:
acudió al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— un grupo de ‘Uyayna, descalzos y afligidos; el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— ordenó ocuparse de ellos. Cuando sanaron y recobraron fuerzas, mataron a los pastores de las camellas lecheras; luego salieron con las camellas, dirigiéndose con ellas a la tierra de su gente.
Dijo Jarīr:
el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— me envió con un grupo de musulmanes hasta que los alcanzamos cuando ya se asomaban a las tierras de su gente. Los llevamos ante el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, y él les cortó las manos y los pies de forma cruzada, les cauterizó los ojos,
y se pusieron a decir:
«¡Agua!», mientras el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— decía:
«FUEGO»,
hasta que perecieron.
Dijo:
y a Dios le desagradó la cauterización de los ojos,
y reveló esta aleya: {Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Dios y a Su Mensajero…} hasta el final de la aleya.
Me narró Yūnus,
dijo:
nos informó Ibn Wahb,
dijo:
me informó Ibn Lahī‘a, de Abū al-Aswad Muḥammad ibn ‘Abd al-Raḥmān, de ‘Urwa ibn al-Zubayr
( ح )
. Y me narró Yūnus,
dijo:
nos informó Ibn Wahb,
dijo:
me informó Yaḥyà ibn ‘Abd Allāh ibn Sālim, y Sa‘īd ibn ‘Abd al-Raḥmān, e Ibn Sam‘ān, de Hishām ibn ‘Urwa, de su padre,
dijo:
un grupo de ‘Urayna atacó las camellas lecheras del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, se las llevó y mató a un muchacho suyo que estaba con ellas. Envió tras ellos y fueron capturados; entonces les cortó las manos y los pies y les cauterizó los ojos.
Me narró Yūnus,
dijo:
nos informó Ibn Wahb,
dijo:
me informó ‘Amr ibn al-Ḥārith, de Sa‘īd ibn Abī Hilāl, de Abū al-Zinād, de ‘Abd Allāh ibn ‘Abd Allāh, de ‘Abd Allāh ibn ‘Umar o ‘Amr —Yūnus dudó—, del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— acerca de ello; y fue revelada sobre ellos la aleya de la ḥirāba.
Nos narró ‘Alī ibn Sahl,
dijo:
nos narró al-Walīd ibn Muslim,
dijo:
nos narró al-Awzā‘ī, de Yaḥyà ibn Abī Kathīr, de Abū Qilāba, de Anas,
dijo:
acudieron ocho hombres de ‘Ukl al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—; abrazaron el islam, luego la ciudad les resultó malsana. El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— les ordenó ir a los camellos de la limosna y beber de su orina y de su leche. Lo hicieron; luego mataron a sus pastores y se llevaron los camellos. El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— envió tras ellos rastreadores; fueron traídos, y les cortó las manos y los pies, y los dejó sin cauterizarlos hasta que murieron.
Nos narró ‘Alī,
dijo:
nos narró al-Walīd,
dijo:
me narró Sa‘īd, de Qatāda, de Anas,
dijo:
eran cuatro de ‘Urayna y tres de ‘Ukl. Cuando fueron traídos, les cortó las manos y los pies y les cauterizó los ojos; no los cauterizó (las heridas) y los dejó mordisqueando piedras en al-Ḥarra.
Entonces Dios —poderoso y majestuoso— reveló acerca de ello: {Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Dios y a Su Mensajero…} la aleya.
Me narró ‘Alī,
dijo:
nos narró al-Walīd, de Ibn Lahī‘a, de Yazīd ibn Abī Ḥabīb: que ‘Abd al-Malik ibn Marwān escribió a Anas preguntándole por esta aleya; Anas le escribió informándole que esta aleya fue revelada acerca de aquellos hombres ‘uraniyyūn, y que eran de Bajīla.
Dijo Anas:
apostataron del islam, mataron al pastor, se llevaron los camellos, aterrorizaron el camino, y cometieron el acto sexual ilícito.
Me narró Mūsà ibn Hārūn,
dijo:
nos narró ‘Amr ibn Ḥammād,
dijo:
nos narró Asbāṭ,
de al-Suddī:
{Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Dios y a Su Mensajero y se afanan en la tierra sembrando corrupción} dijo: fue revelada acerca de los negros de ‘Urayna.
Dijo:
acudieron al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— con ictericia; se quejaron de ello, y él les ordenó salir hacia los camellos del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— de la limosna,
y dijo:
«BEBED DE SU LECHE Y DE SU ORINA».
Bebieron de su leche y de su orina; cuando sanaron y se recuperaron, mataron a los pastores y se llevaron los camellos.
Y la opinión más correcta a mi juicio es decir:
Dios reveló esta aleya a Su Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— dando a conocer Su dictamen respecto de quien hace la guerra a Dios y a Su Mensajero y se afana en la tierra sembrando corrupción, después de lo que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— hizo con los ‘uraniyyūn.
Y dijimos que esto es lo más acertado porque los relatos que Dios —poderoso y majestuoso— narró antes de esta aleya y después de ella son de las historias de los Hijos de Israel y sus noticias; y que esto se halle en medio, dando a conocer el dictamen sobre ellos y sobre sus semejantes, es más apropiado y más digno.
Y dijimos:
que fue revelada después de lo que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— hizo con los ‘uraniyyūn, por la convergencia de las transmisiones de los compañeros del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— en ello. Y siendo esto lo más apropiado para la aleya por lo que hemos descrito,
su interpretación es:
«Por eso prescribimos a los Hijos de Israel que quien mate a una persona sin que sea por otra persona o por haberse afanado en la tierra sembrando corrupción, es como si hubiera matado a toda la gente; y quien la salve, es como si hubiera salvado a toda la gente. Ciertamente, Nuestros mensajeros vinieron a ellos con las pruebas claras; luego, muchos de ellos, después de eso, en la tierra son ciertamente desmesurados».
Dice:
se afanan en la tierra con corrupción, y matan vidas sin que sea por otra vida ni por afanarse en la tierra con corrupción: guerra contra Dios y contra Su Mensajero. Quien haga eso de entre ellos, ¡oh Muḥammad!, su retribución no es sino que sea ejecutado, o crucificado, o que se le corten las manos y los pies de forma cruzada, o que sea desterrado de la tierra.
Si alguien nos dijera:
¿cómo es posible que la aleya haya sido revelada en la situación que mencionaste, de la ruptura del pacto por un incrédulo de los Hijos de Israel, y que tú digas que el dictamen de esta aleya es un dictamen de Dios para la gente del islam, excluyendo a la gente de guerra de entre los idólatras?
Se dirá:
es posible que sea así, porque el dictamen sobre quien hace la guerra a Dios y a Su Mensajero y se afana en la tierra sembrando corrupción, de entre la gente de nuestro pacto y de nuestra religión, es uno; y los aludidos por la aleya eran gente de pacto y de protección. Y aunque entre en su dictamen todo protegido y todo correligionario, no queda invalidado, por la entrada de quienes entran en el dictamen de la aleya, que sea correcto que su revelación fuese acerca de aquellos sobre quienes fue revelada.
Los sabios discreparon acerca de la abrogación del dictamen del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— respecto de los ‘uraniyyūn.
Unos dijeron:
ese dictamen está abrogado; lo abrogó su prohibición de la mutilación mediante esta aleya —me refiero a Su dicho—: {Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Dios y a Su Mensajero y se afanan en la tierra sembrando corrupción…} la aleya.
Y dijeron:
esta aleya fue revelada como reproche al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— por lo que hizo con los ‘uraniyyūn.
Otros dijeron:
antes bien, lo que el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— hizo con los ‘uraniyyūn es un dictamen firme para sus semejantes por siempre: no fue abrogado ni cambiado.
Y Su dicho: {Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Dios y a Su Mensajero…} la aleya, es un dictamen de Dios respecto de quien hace la guerra y se afana en la tierra sembrando corrupción mediante la ḥirāba.
Dijeron:
y los ‘uraniyyūn apostataron, mataron, robaron y hicieron la guerra a Dios y a Su Mensajero; por ello, su dictamen no es el mismo que el del que hace la guerra y se afana en la tierra sembrando corrupción de entre la gente del islam y de la protección.
Otros dijeron:
el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— no cauterizó los ojos de los ‘uraniyyūn; más bien quiso cauterizarlos, y Dios —poderoso y majestuoso— reveló esta aleya a Su Profeta para darle a conocer el dictamen sobre ellos y le prohibió cauterizarles los ojos.
Mención de quienes dijeron lo que hemos descrito:
Me narró ‘Alī ibn Sahl,
dijo:
nos narró al-Walīd ibn Muslim,
dijo:
conversé con al-Layth ibn Sa‘d acerca de lo que hubo de la cauterización por parte del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— de sus ojos y de que los dejara sin cauterizar (las heridas) hasta que murieron,
y dijo:
oí a Muḥammad ibn ‘Ajlān decir: esta aleya fue revelada al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— como reproche por ello; le enseñó el castigo de sus semejantes: el corte, la muerte y el destierro; y después de ello no cauterizó a quienes atacaron tras ellos.
Dijo:
y este dicho fue mencionado a Abū ‘Amr, y negó que hubiese sido revelada como reproche,
y dijo:
no; más bien fue el castigo de aquellos hombres en particular; luego fue revelada esta aleya acerca del castigo de otros distintos de ellos, de quienes hicieron la guerra después de ellos, y se levantó para ellos la cauterización.
Me narró Muḥammad ibn al-Ḥusayn,
dijo:
me narró Aḥmad ibn Mufaḍḍal,
dijo:
nos narró Asbāṭ, de al-Suddī,
dijo:
el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— envió (gente) y fueron traídos —es decir, los ‘uraniyyūn—; quiso cauterizarles los ojos, pero Dios se lo prohibió y le ordenó aplicarles los ḥudūd tal como Dios se los había revelado.
Los sabios discreparon acerca de quién merece el nombre de «quien hace la guerra a Dios y a Su Mensajero» y a quien se le aplica el dictamen de esta.
Unos dijeron:
es el ladrón que corta el camino.
Mención de quienes dijeron eso:
Nos narró al-Ḥasan ibn Yaḥyà,
dijo:
nos informó ‘Abd al-Razzāq,
dijo:
nos informó Ma‘mar, de Qatāda,
de ‘Aṭā’ al-Jurāsānī sobre Su dicho:
{Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Dios y a Su Mensajero y se afanan en la tierra sembrando corrupción…} la aleya,
dijeron:
este es el ladrón que corta el camino: es un muḥārib.
Otros dijeron:
es el ladrón que manifiesta abiertamente su latrocinio, que se impone por la fuerza en la ciudad y fuera de ella. Entre quienes dijeron eso está al-Awzā‘ī.
Se nos narró eso de al-‘Abbās, de su padre, de él.
Y de Mālik, al-Layth ibn Sa‘d e Ibn Lahī‘a.
Me narró ‘Alī ibn Sahl,
dijo:
nos narró al-Walīd ibn Muslim,
dijo:
dije a Mālik ibn Anas: ¿hay ḥirāba en la ciudad?
Dijo:
sí. Y el muḥārib, según nosotros, es quien porta armas contra los musulmanes en ciudad o en despoblado, sin que medie entre ellos una agresión previa, ni rencor de sangre, ni enemistad: cortando el camino, las rutas y las moradas, atemorizándolos con su arma. Si mata a alguno de ellos, el imām lo mata como mata al muḥārib: el tutor del muerto no tiene perdón ni talión.
Me narró ‘Alī,
dijo:
nos narró al-Walīd,
dijo:
pregunté por ello a al-Layth ibn Sa‘d e Ibn Lahī‘a,
dije:
¿hay ḥirāba en las casas de la ciudad, en las urbes y en las aldeas?
Dijeron:
sí, si entran contra ellos con espadas abiertamente, o de noche con fuego.
Dije:
¿y si matan o toman el dinero sin matar?
Dijo:
sí, ellos son los muḥāribūn: si matan, se les mata; y si no matan y toman el dinero, se les corta de forma cruzada cuando lo sacan de la casa. No es más grave la ḥirāba de quien combate a los musulmanes en despoblado y en el camino que la ḥirāba de quien los combate en su recinto y en sus casas.
Me narró ‘Alī,
dijo:
nos narró al-Walīd,
dijo:
dijo Abū ‘Amr: también hay ḥirāba en la ciudad cuando se desenvaina contra su gente con su arma de noche o de día.
Dijo ‘Alī:
dijo al-Walīd: y Mālik me informó que, para él, el asesinato a traición (qatl al-ghīla) es como la ḥirāba.
Dije:
¿qué es el asesinato a traición?
Dijo:
es que un hombre engaña a un hombre o a un niño, lo hace entrar en una casa o se queda a solas con él, lo mata y toma su dinero. El imām es el tutor del asesinato de este, y el tutor de la sangre y de la herida no tiene talión ni represalia.
Y es la opinión de al-Shāfi‘ī. Se nos narró eso de él por al-Rabī‘.
Otros dijeron:
el muḥārib es el salteador de caminos; en cuanto al que se impone por la fuerza en las ciudades, no es muḥārib con el dictamen de los muḥāribūn. Quien dijo eso fue Abū Ḥanīfa y sus compañeros.
Nos narró al-Qāsim,
dijo:
nos narró al-Ḥusayn,
dijo:
nos narró Bishr ibn al-Mufaḍḍal, de Dāwūd ibn Abī Hind,
dijo:
recordábamos al muḥārib estando con Ibn Hubayra, en un grupo de la gente de Baṣra, y su parecer unánime fue que el muḥārib es el que está fuera de la ciudad.
Y Mujāhid dijo:
Me narró al-Qāsim,
dijo:
nos narró al-Ḥusayn,
dijo:
nos narró Ḥajjāj, de Ibn Jurayj,
de Mujāhid sobre Su dicho:
{Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Dios y a Su Mensajero y se afanan en la tierra sembrando corrupción} dijo: la fornicación, el robo, matar a la gente, y destruir los cultivos y la descendencia.
Nos narró Ibn Ḥumayd,
dijo:
nos narró Ḥakkām, de ‘Anbasa, de Muḥammad ibn ‘Abd al-Raḥmān, de al-Qāsim ibn Abī Bazza,
de Mujāhid:
{y se afanan en la tierra sembrando corrupción} dijo: la corrupción es: el asesinato, la fornicación y el robo.
Y la opinión más correcta de estas, a mi juicio,
es la de quien dijo:
el que hace la guerra a Dios y a Su Mensajero es quien combate en las rutas de los musulmanes y de su protección, y quien los asalta en sus ciudades y aldeas: eso es ḥirāba.
Y dijimos que esto es lo más acertado porque no hay discrepancia entre la prueba (al-ḥujja) en que quien declara guerra a los musulmanes injustamente es, para ellos, un muḥārib; no hay discrepancia en ello. Así, quien tiene la cualidad que hemos descrito, no hay duda de que les declara guerra injustamente. Y siendo así, es igual que les declare la guerra en su ciudad y aldeas o en sus rutas y caminos: por su guerra contra quien Dios y Su Mensajero le prohibieron combatir, es un muḥārib contra Dios y Su Mensajero.
En cuanto a Su dicho:
{y se afanan en la tierra sembrando corrupción}, significa: obran en la tierra de Dios con desobediencias, como aterrorizar los caminos de Sus siervos creyentes en Él, o los caminos de quienes están bajo protección, cortar sus rutas, tomar sus bienes injusta y agresivamente, y lanzarse contra sus inviolabilidades con libertinaje y perversión.
القول في تأويل قوله تعالى :
{que sean ejecutados, o crucificados, o que se les corten las manos y los pies de forma cruzada, o que sean desterrados de la tierra}.
Dice —exaltado sea Su recuerdo—:
no corresponde a quien hace la guerra a Dios y a Su Mensajero y se afana en la tierra sembrando corrupción, de entre la gente de la religión del islam o de su protección, sino alguna de estas modalidades que Él —glorificado sea— mencionó.
Luego discreparon los exégetas acerca de si estas modalidades obligan al muḥārib por el mero hecho de merecer el nombre de ḥirāba, o si se le impone lo que se le impone de ello según la medida de su delito, variando con la variación de sus delitos.
( Unos dijeron: se le impone lo que se le impone de ello según la medida de su delito, variando con la variación de sus delitos )
Mención de quienes dijeron eso:
Me narró Muḥammad ibn Sa‘d,
dijo:
me narró mi padre,
dijo:
me narró mi tío,
dijo:
me narró mi padre, de su padre, de Ibn ‘Abbās,
sobre Su dicho:
{Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Dios y a Su Mensajero…} hasta Su dicho: {o que sean desterrados de la tierra} dijo: si hace la guerra y mata, entonces le corresponde la muerte si se le captura antes de su arrepentimiento. Y si hace la guerra, toma el dinero y mata, entonces le corresponde la crucifixión si se le captura antes de su arrepentimiento. Y si hace la guerra y toma sin matar, entonces le corresponde el corte de la mano y el pie de forma cruzada si se le captura antes de su arrepentimiento. Y si hace la guerra y aterroriza el camino, entonces sólo le corresponde el destierro.
Nos narraron Ibn Wakī‘ y Abū al-Sā’ib,
dijeron:
nos narró Ibn Idrīs, de su padre, de Ḥammād,
de Ibrāhīm:
{Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Dios y a Su Mensajero} dijo: si sale y aterroriza el camino y toma el dinero, se le corta la mano y el pie de forma cruzada. Y si aterroriza el camino sin tomar el dinero y mata, se le crucifica.
Nos narró Ibn Ḥumayd,
dijo:
nos narró Jarīr, de Mughīra, de Ḥammād, de Ibrāhīm —según creo— acerca del hombre que sale como muḥārib,
dijo:
si corta el camino y toma el dinero, se le corta la mano y el pie; y si toma el dinero y mata, se le mata;
y si toma el dinero, mata y mutila:
se le crucifica.
Nos narró Ibn Wakī‘,
dijo:
nos narró mi padre, de ‘Imrān ibn Ḥudayr,
de Abū Majlaz:
{Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Dios y a Su Mensajero…} la aleya.
Dijo:
si mata, toma el dinero y aterroriza el camino, se le crucifica; y si mata sin añadir a ello, se le mata; y si toma el dinero sin añadir a ello, se le corta; y si corrompe, se le destierra.
Me narró al-Muthannà: nos narró al-Ḥamānī; nos narró Sharīk, de Simāk,
de al-Ḥasan:
{Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Dios y a Su Mensajero…} hasta Su dicho: {o que sean desterrados de la tierra} dijo: si aterroriza el camino sin matar ni tomar dinero, se le destierra.
Nos narró al-Muthannà,
dijo:
nos narró ‘Amr ibn ‘Awn,
dijo:
nos informó Hushaym, de Ḥuṣayn,
dijo:
se decía: quien hace la guerra, aterroriza el camino y toma el dinero sin matar: se le corta la mano y el pie de forma cruzada.
Y si toma el dinero y mata:
se le crucifica.
Nos narró Bishr,
dijo:
nos narró Yazīd,
dijo:
nos narró Sa‘īd, de Qatāda,
que solía decir sobre Su dicho:
{Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Dios y a Su Mensajero…} hasta Su dicho: {o que sean desterrados de la tierra}:
son cuatro ḥudūd que Dios reveló.
Quien incurre en sangre y dinero juntos:
se le crucifica.
Quien incurre en sangre y se abstiene del dinero:
se le mata.
Quien incurre en dinero y se abstiene de la sangre:
se le corta.
Y quien no incurre en nada de eso:
se le destierra.
Me narró Muḥammad ibn al-Ḥusayn,
dijo:
nos narró Aḥmad ibn Mufaḍḍal,
dijo:
nos narró Asbāṭ, de al-Suddī,
dijo:
Dios prohibió a Su Profeta —sobre él la oración y la paz— cauterizar los ojos de los ‘uraniyyūn que atacaron sus camellas lecheras, y le ordenó aplicarles los ḥudūd tal como Dios se los reveló. Así, miró a quien tomó el dinero sin matar y le cortó la mano y el pie de forma cruzada: su mano derecha y su pie izquierdo. Y miró a quien mató sin tomar dinero y lo mató. Y miró a quien tomó el dinero y mató y lo crucificó. Y así debe hacerse con todo el que aterrorice el camino de los musulmanes y lo corte: si es capturado habiendo tomado dinero, se le corta la mano por tomar el dinero y el pie por aterrorizar el camino; y si mata sin tomar dinero, se le mata;
y si mata y toma el dinero:
se le crucifica.
Me narró al-Ḥārith,
dijo:
nos narró ‘Abd al-‘Azīz,
dijo:
nos narró Fuḍayl ibn Marzūq; dijo: oí a al-Suddī preguntar a ‘Aṭiyya al-‘Awfī acerca de un hombre muḥārib que salió y tomó (algo) sin alcanzar dinero ni derramar sangre.
Dijo:
el destierro con la espada; y si toma dinero, entonces su mano por el dinero y su pie por lo que atemorizó a los musulmanes; y si mata sin tomar dinero: se le mata; y si mata y toma el dinero: se le crucifica.
Y lo más probable es que dijera:
se le corta la mano y el pie.
Nos narró al-Ḥasan ibn Yaḥyà,
dijo:
nos informó ‘Abd al-Razzāq,
dijo:
nos informó Ma‘mar,
de ‘Aṭā’ al-Jurāsānī y Qatāda sobre Su dicho:
{Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Dios y a Su Mensajero…} la aleya,
dijo:
este es el ladrón que corta el camino: es un muḥārib.
Si mata y toma dinero:
se le crucifica.
Si mata
y no toma dinero:
se le mata.
Si toma dinero y no mata:
se le corta la mano y el pie.
Y si es capturado antes de hacer algo de eso:
se le destierra.
Me narró al-Muthannà,
dijo:
nos narró Abū Ḥudhayfa,
dijo:
nos narró Shabl, de Qays ibn Sa‘d, de Sa‘īd ibn Jubayr,
dijo:
quien sale en el islam como muḥārib contra Dios y Su Mensajero, mata y obtiene dinero, se le mata y se le crucifica; y quien mata sin obtener dinero, se le mata como mató; y quien obtiene dinero sin matar, se le corta de forma cruzada; y quien aterroriza el camino de los musulmanes, se le destierra de su localidad a otra,
por el dicho de Dios —poderoso y majestuoso—:
{o que sean desterrados de la tierra}.
Me narró al-Muthannà,
dijo:
nos narró Isḥāq,
dijo:
nos narró ‘Abd Allāh ibn Abī Ja‘far, de su padre,
de al-Rabī‘ sobre Su dicho:
{Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Dios… y a Su Mensajero} dijo: era gente que se afanaba en la tierra sembrando corrupción, mató y cortó el camino; a esos los crucificó. Y otros hicieron la guerra y consideraron lícito el dinero sin añadir a ello: se les cortaron las manos y los pies. Y otros hicieron la guerra y se apartaron sin añadir a ello: a esos se les expulsó de la tierra.
Nos narró Hannād,
dijo:
nos narró Abū Usāma, de Abū Hilāl,
dijo:
nos narró Qatāda, de Murrīq al-‘Ijlī acerca del muḥārib,
dijo:
si sale, mata y toma el dinero: se le crucifica; si mata sin tomar el dinero: se le mata; si toma el dinero sin matar: se le corta; y si sale oponiéndose a los musulmanes: se le destierra.
Nos narró Hannād,
dijo:
nos narró Abū Mu‘āwiya, de Ḥajjāj, de ‘Aṭiyya al-‘Awfī, de Ibn ‘Abbās,
dijo:
si sale el muḥārib, aterroriza el camino y toma el dinero: se le corta la mano y el pie de forma cruzada. Y si sale, mata y toma el dinero: se le corta la mano y el pie de forma cruzada, luego se le crucifica. Y si sale, mata sin tomar el dinero: se le mata. Y si aterroriza el camino sin matar ni tomar el dinero: se le destierra.
Nos narró Ibn al-Barqī,
dijo:
nos narró Ibn Abī Maryam,
dijo:
nos informó Nāfi‘ ibn Yazīd,
dijo:
me narró Abū Ṣakhr, de Muḥammad ibn Ka‘b al-Quraẓī y de Abū Mu‘āwiya,
de Sa‘īd ibn Jubayr sobre esta aleya:
{Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Dios y a Su Mensajero y se afanan en la tierra sembrando corrupción} dijeron: si aterroriza a los musulmanes y arrebata el dinero
sin derramar (sangre):
se le corta.
Y si derrama sangre:
se le mata y se le crucifica.
Y si reúne ambas cosas —arrebata dinero y derrama sangre—:
se le corta, luego se le mata, luego se le crucifica.
Como si la crucifixión fuese su mutilación; y como si el corte fuese (como en): {al ladrón y a la ladrona, cortadles las manos}; y como si la muerte fuese (como en): {vida por vida}.
Y si se resiste, entonces es un deber del imām y de los musulmanes buscarlo hasta capturarlo y aplicarle el dictamen del Libro de Dios, o que sea desterrado de la tierra: de la tierra del islam a la tierra de la incredulidad.
Y quienes sostuvieron esta opinión argumentaron diciendo:
Dios impuso al homicida el talión,
y al ladrón el corte.
Y dijeron:
el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo:
«NO ES LÍCITA LA SANGRE DE UN MUSULMÁN SINO POR UNA DE TRES COSAS: UN HOMBRE QUE MATA Y ES MATADO; UN HOMBRE QUE FORNICA DESPUÉS DE HABER ESTADO CASADO Y ES LAPIDADO; Y UN HOMBRE QUE RENIEGA DESPUÉS DE SU ISLAM».
Dijeron:
el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— prohibió matar a un musulmán salvo por una de estas tres; así, si se le mata por aterrorizar el camino sin matar ni tomar dinero, eso es adelantarse a Dios y a Su Mensajero contradiciéndolos en el dictamen.
Dijeron:
y el sentido de quien dijo: «el imām tiene elección» si mata, aterroriza el camino y toma el dinero, es que entonces el imām, según ellos, elige entre matarlo, o matarlo y crucificarlo, o cortarle la mano y el pie de forma cruzada. En cuanto a crucificarlo por el mero nombre de ḥirāba sin haber hecho nada de matar o tomar dinero, eso no lo dijo ningún sabio.
Otros dijeron:
el imām tiene elección de hacer cualquiera de estas cosas que Dios mencionó en Su Libro.
Mención de quienes dijeron eso:
Me narró Ya‘qūb,
dijo:
nos narró Hushaym,
dijo:
nos informó Juwaybir, de ‘Aṭā’, y de al-Qāsim ibn Abī Bazza,
de Mujāhid acerca del muḥārib:
que el imām tiene elección: hace lo que quiera de ello.
Me narró Ya‘qūb ibn Ibrāhīm,
dijo:
nos narró Hushaym, de ‘Ubayda, de Ibrāhīm,
de ‘Ubayda, de Ibrāhīm:
el imām tiene elección respecto del muḥārib: hace lo que quiera de ello: si quiere, mata; si quiere, corta; si quiere, destierra; y si quiere, crucifica.
Nos narró Ibn Ḥumayd,
dijo:
nos narró Jarīr, de ‘Āṣim,
de al-Ḥasan sobre Su dicho:
{Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Dios y a Su Mensajero…} hasta Su dicho: {o que sean desterrados de la tierra} dijo: el imām toma de ello lo que más le guste.
Nos narró Sufyān,
dijo:
nos narró mi padre, de Sufyān, de ‘Āṣim,
de al-Ḥasan:
{Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Dios y a Su Mensajero} dijo: el imām tiene elección en ello.
Nos narró Ibn Wakī‘,
dijo:
nos narró mi padre, de Sufyān, de Ibn Jurayj, de ‘Aṭā’, algo semejante.
Me narró al-Muthannà,
dijo:
nos narró Abū Ḥudhayfa,
dijo:
nos narró Shabl, de Qays ibn Sa‘d,
dijo:
‘Aṭā’ dijo: el imām hace en ello lo que quiera: si quiere, mata, o corta, o destierra,
por el dicho de Dios:
{que sean ejecutados, o crucificados, o que se les corten las manos y los pies de forma cruzada, o que sean desterrados de la tierra}. Eso corresponde al imām juez: hace en ello lo que quiera.
Me narró al-Muthannà,
dijo:
nos narró ‘Abd Allāh,
dijo:
me narró Mu‘āwiya, de ‘Alī, de Ibn ‘Abbās,
sobre Su dicho:
{Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Dios y a Su Mensajero…} la aleya,
dijo:
quien desenvaina el arma en el conjunto del islam y aterroriza el camino, luego es apresado y se tiene poder sobre él, el imām de los musulmanes tiene elección respecto de él: si quiere, lo mata; si quiere, lo crucifica; y si quiere, le corta la mano y el pie.
Nos narró Hannād,
dijo:
nos narró Abū Usāma,
dijo:
nos informó Abū Hilāl,
dijo:
nos informó Qatāda, de Sa‘īd ibn al-Musayyib,
que dijo acerca del muḥārib:
eso corresponde al imām: cuando lo captura, hace con él lo que quiera.
Nos narró Hannād,
dijo:
nos narró Abū Usāma, de Abū Hilāl,
dijo:
nos narró Hārūn, de al-Ḥasan acerca del muḥārib,
dijo:
eso corresponde al imām: hace con él lo que quiera.
Nos narró Hannād,
dijo:
nos narró Ḥafṣ ibn Ghiyāth, de ‘Āṣim,
de al-Ḥasan:
{Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Dios y a Su Mensajero} dijo: eso corresponde al imām.
Y quienes sostuvieron esta opinión argumentaron diciendo:
hemos hallado que las coordinaciones con «o» en el Corán, con el sentido de elección, aparecen en todo aquello en lo que Dios impuso una obligación,
como Su dicho sobre la expiación del juramento:
{su expiación es alimentar a diez pobres con el término medio de lo que alimentáis a vuestras familias, o vestirlos, o liberar un esclavo},
y como Su dicho:
{quien de vosotros esté enfermo o tenga una molestia en la cabeza, entonces una expiación: ayuno, o limosna, o sacrificio},
y como Su dicho:
{una compensación equivalente a lo que mató de ganado, juzgada por dos justos de entre vosotros, como ofrenda que llegue a la Ka‘ba; o expiación: alimentar a pobres; o el equivalente de eso en ayuno}.
Dijeron:
si las coordinaciones con «o» en el Corán, en todo lo que Dios impuso como obligación, tienen en el resto del Corán el sentido de elección, entonces así también en la aleya de los muḥāribūn: el imām tiene elección en lo que considere dictaminar contra el muḥārib si se tiene poder sobre él antes del arrepentimiento.
Y el más correcto de los dos enfoques interpretativos, a nuestro juicio, es el de quien impuso al muḥārib el castigo según la medida de lo que merece, y estableció que el dictamen sobre los muḥāribūn varía según la variación de sus actos.
Así, impuso al que aterroriza el camino, si se tiene poder sobre él antes del arrepentimiento y antes de tomar dinero o matar:
el destierro de la tierra.
Y si se tiene poder sobre él después de tomar dinero y matar un alma cuya muerte es ilícita:
la crucifixión, por la razón que mencioné antes de exponer esta opinión.
En cuanto a lo que alegaron quienes dijeron:
que el imām tiene elección, porque «o» en la coordinación viene con el sentido de elección en la obligación,
decimos:
no tiene sentido, porque «o» en el habla de los árabes puede venir con diversos sentidos; si no fuera por la aversión a alargar el libro mencionándolos, los mencionaría. Ya he aclarado muchos de sus sentidos anteriormente, y abordaremos los restantes en lo venidero, en sus lugares, si Dios quiere.
En este lugar, su sentido es:
la sucesión.
Y esto es semejante al dicho de quien dice:
«La retribución de los creyentes ante Dios el Día de la Resurrección es que los haga entrar en el Paraíso, o eleve sus grados en ‘Illiyyīn, o los haga morar con los profetas y los veraces».
Es sabido que quien dice eso no pretende que la retribución de todo creyente que crea en Dios y en Su Mensajero sea un solo rango de esos rangos y una sola morada por su fe;
antes bien, lo que se entiende de él es que la retribución del creyente no estará vacía ante Dios de alguna de esas moradas: el moderado está por debajo del adelantado en buenas obras; el adelantado en buenas obras está por encima de él; y el injusto consigo mismo está por debajo de ambos.
Y todos están en el Paraíso, como dijo —glorificado sea—:
{Jardines de Edén en los que entrarán}.
Así también el sentido de lo coordinado con «o» en Su dicho:
{Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Dios y a Su Mensajero…} la aleya,
es únicamente la sucesión.
Su interpretación es:
quien hace la guerra a Dios y a Su Mensajero y se afana en la tierra sembrando corrupción no dejará de merecer la retribución por una de estas cuatro modalidades que Dios —glorificado sea Su recuerdo— mencionó; no que el imām tenga autoridad absoluta sobre él y elección en su asunto sea cual sea su estado, grande o leve su crimen.
Porque si fuera así, el imām podría matar y crucificar a quien desenvaina el arma aterroriza el camino, aunque no tome dinero ni mate a nadie; y podría desterrar a quien mata, toma dinero y aterroriza el camino.
Y eso, si alguien lo dijera, sería contrario a lo que las tradiciones auténticas del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— establecen en su dicho:
«NO ES LÍCITA LA SANGRE DE UN MUSULMÁN SINO POR UNA DE TRES: UN HOMBRE QUE MATA A UN HOMBRE Y ES MATADO; O QUE FORNICA DESPUÉS DE HABER ESTADO CASADO Y ES LAPIDADO; O QUE APOSTATA DE SU RELIGIÓN»;
y contrario a su dicho:
«EL CORTE ES POR UN CUARTO DE DINAR EN ADELANTE»;
y a otros dictámenes conocidos de su Sunna.
Si alguien dijera:
esos dictámenes que mencionaste fueron del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— respecto de quien no es muḥārib; y el muḥārib tiene un dictamen distinto, exclusivo de él.
Se le dirá:
¿cuál es el dictamen exclusivo del muḥārib en su Sunna? Si pretendiera que el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— dictaminó algo contrario a lo que hemos mencionado, todos los sabios lo desmentirían, porque eso no existe transmitido ni por uno ni por un grupo. Y si alegara que ese dictamen es lo que aparece en el sentido aparente del Libro,
se le dirá:
lo mejor que puedes lograr es que se te conceda que el sentido aparente de la aleya puede admitir lo que dices, y también lo que dice quien te contradice. ¿Cuál es tu prueba de que tu interpretación es más digna que la suya?
Además:
si el imām tiene elección en el dictamen sobre el muḥārib porque «o» significa elección aquí, según tú, ¿puede crucificarlo vivo y dejarlo en el madero crucificado hasta que muera sin matarlo?
Si dice:
puede, contradice a la comunidad.
Y si alega que no puede, y que sólo puede matarlo y luego crucificarlo, o crucificarlo y luego matarlo, entonces abandona su argumento de que el imām sólo tiene elección porque «o» viene con el sentido de elección.
Y se le dirá:
¿cómo tuvo elección entre matar, desterrar o cortar, y no tuvo elección en la crucifixión sola, hasta que se le añada otro castigo?
Y se le dirá:
¿hay entre tú y quien sitúa la elección donde tú la niegas, y la niega donde tú la sitúas, alguna diferencia fundada en un principio o analogía? No dirá en uno algo sin que se le obligue a decir lo mismo en el otro.
Y se ha transmitido del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, confirmando lo que hemos dicho, algo cuyo isnād presenta consideración.
Y es lo que:
Nos narró ‘Alī ibn Sahl,
dijo:
nos narró al-Walīd ibn Muslim, de Ibn Lahī‘a,
de Yazīd ibn Abī Ḥabīb:
que ‘Abd al-Malik ibn Marwān escribió a Anas ibn Mālik preguntándole por esta aleya; Anas le escribió informándole que esta aleya fue revelada acerca de aquellos hombres ‘uraniyyūn, y que eran de Bajīla.
Dijo Anas:
apostataron del islam, mataron al pastor, se llevaron los camellos, aterrorizaron el camino, y cometieron el acto sexual ilícito.
Dijo Anas:
el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— preguntó a Gabriel —sobre él la paz— acerca del fallo respecto de quien hace la guerra,
y dijo:
«QUIEN ROBA Y ATERRORIZA EL CAMINO, CÓRTALE LA MANO POR SU ROBO Y EL PIE POR SU ATERRORIZAR. Y QUIEN MATA, MÁTALO. Y QUIEN MATA Y ATERRORIZA EL CAMINO Y CONSIDERA LÍCITO EL ACTO SEXUAL ILÍCITO, CRUCIFÍCALO».
En cuanto a Su dicho:
{o que se les corten las manos y los pies de forma cruzada}, significa —glorificado sea—: que se les cortan las manos de modo contrario al corte de sus pies; esto es: se corta la derecha de sus manos y la izquierda de sus pies. Ese es el «cruce» entre ambos en el corte.
Y si en lugar de «de» en este lugar estuviera «sobre» o la bā’, y se dijera: «o se les corten las manos y los pies en cruce» o «con cruce», ambos transmitirían el mismo sentido que transmitió «de».
Los exégetas discreparon acerca del sentido del destierro que Dios mencionó en este lugar.
Unos dijeron:
es que se le busque hasta poder capturarlo, o que huya de la morada del islam.
Mención de quienes dijeron eso:
Me narró Muḥammad ibn al-Ḥusayn,
dijo:
nos narró Aḥmad ibn Mufaḍḍal,
dijo:
nos narró Asbāṭ, de al-Suddī,
sobre Su dicho:
{o que sean desterrados de la tierra} dijo: el imām los busca con caballos y hombres hasta capturarlos y aplicarles el dictamen, o que sean expulsados de la tierra de los musulmanes.
Me narró Muḥammad ibn Sa‘d,
dijo:
me narró mi padre,
dijo:
me narró mi tío,
dijo:
me narró mi padre, de su padre,
de Ibn ‘Abbās, que dijo:
su destierro es: que se le busque.
Me narró al-Muthannà,
dijo:
nos narró ‘Abd Allāh,
dijo:
me narró Mu‘āwiya, de ‘Alī ibn Abī Ṭalḥa,
de Ibn ‘Abbās:
{o que sean desterrados de la tierra} significa: o que huyan hasta salir de la morada del islam a la morada de la guerra.
Me narró ‘Alī ibn Sahl,
dijo:
nos narró al-Walīd ibn Muslim,
dijo:
me informó ‘Abd Allāh ibn Lahī‘a, de Yazīd ibn Abī Ḥabīb, del escrito de Anas ibn Mālik a ‘Abd al-Malik ibn Marwān:
que le escribió:
«Y su destierro es que el imām lo busque hasta capturarlo; cuando lo captura, le aplica una de estas modalidades que Dios —poderoso y majestuoso— mencionó por lo que consideró lícito».
Me narró ‘Alī ibn Sahl,
dijo:
nos narró al-Walīd,
dijo:
se lo mencioné a al-Layth ibn Sa‘d,
y dijo:
su destierro es: perseguirlo de localidad en localidad hasta capturarlo, o que su persecución lo haga salir de la morada del islam a la morada de la idolatría y la guerra, si es un muḥārib apóstata del islam.
Dijo al-Walīd:
y pregunté a Mālik ibn Anas, y dijo algo semejante.
Me narró ‘Alī,
dijo:
nos narró al-Walīd,
dijo:
dije a Mālik ibn Anas y a al-Layth ibn Sa‘d: ¿y también se busca al muḥārib que permanece en su islam, hasta que su persecución de localidad en localidad lo obligue a llegar a una frontera de los musulmanes o al extremo de su vecindad, y si lo buscan entra en la morada de la idolatría?
Dijeron:
no se obliga a un musulmán a eso.
Nos narró Hannād ibn al-Sarī,
dijo:
nos narró Hushaym, de Juwaybir,
de al-Ḍaḥḥāk:
{o que sean desterrados de la tierra} dijo: que los busquen hasta que no puedan.
Se me narró de al-Ḥusayn ibn al-Faraj,
dijo:
oí a Abū Mu‘ādh decir: me narró ‘Ubayd ibn Sulaymān,
dijo:
oí a al-Ḍaḥḥāk decir, y mencionó algo semejante.
Nos narró Ibn Wakī‘,
dijo:
nos narró Ḥafṣ ibn Ghiyāth, de ‘Āṣim,
de al-Ḥasan:
{o que sean desterrados de la tierra} dijo: se le destierra hasta que no se pueda capturarlo.
Me narró al-Muthannà,
dijo:
nos narró Isḥāq,
dijo:
nos narró ‘Abd Allāh, de su padre,
de al-Rabī‘ ibn Anas sobre Su dicho:
{o que sean desterrados de la tierra} dijo: se les expulsa de la tierra dondequiera que se les alcance; se les expulsa hasta que se unan a la tierra del enemigo.
Nos narró al-Ḥasan,
dijo:
nos narró ‘Abd al-Razzāq,
dijo:
nos narró Ma‘mar,
de al-Zuhrī sobre Su dicho:
{o que sean desterrados de la tierra} dijo: su destierro es que se le busque y no se pueda capturarlo; cada vez que se oiga de él en una tierra, se le busca.
Me narró ‘Alī ibn Sahl,
dijo:
nos narró al-Walīd ibn Muslim,
dijo:
me informó Sa‘īd,
de Qatāda:
{o que sean desterrados de la tierra} dijo: si no mata ni toma dinero, se le busca hasta que no se pueda.
Me narró Ibn al-Barqī,
dijo:
nos narró Ibn Abī Maryam,
dijo:
me informó Nāfi‘ ibn Yazīd,
dijo:
me narró Abū Ṣakhr, de Muḥammad ibn Ka‘b al-Quraẓī, y de Abū Mu‘āwiya,
de Sa‘īd ibn Jubayr:
{o que sean desterrados de la tierra}: de la tierra del islam a la tierra de la incredulidad.
Otros dijeron:
el sentido del destierro aquí es que el imām, cuando tiene poder sobre él, lo destierra de su localidad a otra distinta.
Mención de quienes dijeron eso:
Me narró al-Muthannà,
dijo:
nos narró Abū Ḥudhayfa,
dijo:
nos narró Shabl, de Ibn Abī Najīḥ, de Qays ibn Sa‘d,
de Sa‘īd ibn Jubayr:
{o que sean desterrados de la tierra} dijo: quien aterroriza el camino de los musulmanes es desterrado de su localidad a otra,
por el dicho de Dios —poderoso y majestuoso—:
{o que sean desterrados de la tierra}.
Me narró al-Muthannà,
dijo:
nos narró Abū Ṣāliḥ,
dijo:
me narró al-Layth,
dijo:
me narró Yazīd ibn Abī Ḥabīb y otros, de Ḥabbān ibn Sharīḥ: que escribió a ‘Umar ibn ‘Abd al-‘Azīz acerca de los ladrones, describiéndole su latrocinio y su encarcelamiento en prisiones.
Dijo:
Dios dijo en Su Libro: {Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Dios y a Su Mensajero y se afanan en la tierra sembrando corrupción es que sean ejecutados, o crucificados, o que se les corten las manos y los pies de forma cruzada},
y omitió:
{o que sean desterrados de la tierra}.
Entonces ‘Umar ibn ‘Abd al-‘Azīz le escribió:
«En cuanto a lo que sigue:
me has escrito mencionando el dicho de Dios —poderoso y majestuoso—: {Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Dios y a Su Mensajero y se afanan en la tierra sembrando corrupción es que sean ejecutados, o crucificados, o que se les corten las manos y los pies de forma cruzada},
y has dejado el dicho de Dios:
{o que sean desterrados de la tierra}. ¿Eres profeta, oh Ḥabbān hijo de la madre de Ḥabbān? No muevas las cosas de sus lugares. ¿Te has desnudado para la muerte y la crucifixión como si fueras un esclavo de Banū ‘Aqīl —sin que te compare con ello—? Cuando te llegue mi carta, envíalos a Shaghab».
Nos narró Yūnus,
dijo:
nos informó Ibn Wahb,
dijo:
me narró al-Layth, de Yazīd y otros, con algo semejante a este ḥadīṯ,
excepto que Yūnus dijo en su ḥadīṯ:
«como si fueras un esclavo de Banū Abī ‘Iqāl —sin que te compare con ello—».
Me narró Yūnus,
dijo:
nos informó Ibn Wahb,
dijo:
me informó Ibn Lahī‘a, de Yazīd ibn Abī Ḥabīb: que al-Ṣalt, el escriba de Ḥabbān ibn Sharīḥ, les informó que Ḥabbān escribió a ‘Umar ibn ‘Abd al-‘Azīz:
que un grupo de coptos había sido probado contra ellos que hicieron la guerra a Dios y a Su Mensajero y se afanaron en la tierra sembrando corrupción,
y que Dios dice:
{Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Dios y a Su Mensajero y se afanan en la tierra sembrando corrupción es que sean ejecutados, o crucificados, o que se les corten las manos y los pies de forma cruzada} y guardó silencio sobre el destierro,
y le escribió:
«Si el Príncipe de los Creyentes considera oportuno ejecutar el dictamen de Dios sobre ellos, que escriba ordenándolo».
Cuando ‘Umar ibn ‘Abd al-‘Azīz leyó su carta,
dijo:
«Ḥabbān se ha contentado con poco».
Luego le escribió:
«Me ha llegado tu carta y la he entendido; y ciertamente te has contentado con poco, como si hubieras escrito con la carta de Yazīd ibn Abī Muslim o de un ‘ilj, el señor de Iraq —sin que te compare con ellos—: escribiste el comienzo de la aleya y luego callaste sobre su final.
Y Dios dice:
{o que sean desterrados de la tierra}. Si se ha establecido contra ellos la prueba de lo que has escrito, ponles hierro en los cuellos, luego envíalos lejos a Shaghab y Badā».
Dijo Abū Ja‘far:
Shaghab y Badā son dos lugares.
Otros dijeron:
el sentido del destierro de la tierra aquí es: el encarcelamiento; y es la opinión de Abū Ḥanīfa y sus compañeros.
Y la opinión más correcta a mi juicio es la de quien dijo:
el sentido del destierro de la tierra aquí es desterrarlo de una localidad a otra y encarcelarlo en la prisión de la localidad a la que fue desterrado, hasta que se manifieste su arrepentimiento de su perversión y su desistimiento de desobedecer a su Señor.
Y dije que esto es lo más correcto porque los exégetas discreparon sobre su sentido en una de las tres vías que he mencionado. Siendo así,
y siendo sabido que Dios —glorificado sea— sólo hizo la retribución del muḥārib —la muerte, o la crucifixión, o el corte de la mano y el pie de forma cruzada— después de tener poder sobre él, no en el estado de su resistencia, se sabe que el destierro también es su retribución después de tener poder sobre él, no antes.
Si su huida de la persecución fuese su destierro de la tierra, entonces el corte de su mano y su pie de forma cruzada en el estado de su resistencia y su guerra en forma de combate equivaldría a aplicar el ḥadd después de tener poder sobre él. Y hay consenso de todos en que eso no sustituye al destierro que Dios —poderoso y majestuoso— estableció como ḥadd para él después de tener poder sobre él.
Siendo así, es sabido que no quedan sino las otras dos vías: desterrarlo de una localidad a otra, o el encarcelamiento.
Y siendo así, no hay duda de que si se le destierra de una localidad a otra, no se le destierra de la tierra, sino sólo de una tierra a otra.
Y siendo así, y siendo que Dios —glorificado sea— ordenó desterrarlo de la tierra, se sabe que no hay modo de desterrarlo de la tierra sino encarcelándolo en una parte de ella, apartándolo del resto: entonces queda desterrado de toda ella, salvo de aquello de lo que no hay modo de desterrarlo.
En cuanto al sentido de «destierro» en el habla de los árabes:
es expulsión.
De ello es el dicho de Aws ibn Ḥajar:
«Son expulsados de los caminos de los nobles como el golpeador expulsa lo que sigue a la sarna».
Y de ello se llama a las monedas malas y a otras cosas:
«desecho».
En cuanto al maṣdar de «desterrar», es «destierro» y «desecho».
Y se dice:
«el cubo expulsa el agua»; y a lo que salpica del agua del cubo se le llama «expulsión».
De ello es el dicho del rajaz:
«Como si sus dos lomos, por el salpicar, fueran posaderos de aves sobre roca lisa».
Y de ello se dice:
«se le cayó el cabello», es decir, cuando se desprende.
Se dice:
«se te ha alterado el color y se te ha caído el cabello».
القول في تأويل قوله تعالى :
{Eso es para ellos ignominia en la vida mundanal; y para ellos, en la Otra Vida, hay un castigo inmenso}.
Dice —glorificado sea— con Su dicho:
{Eso}: esta retribución con la que retribuí a quienes hicieron la guerra a Dios y a Su Mensajero y se afanaron en la tierra sembrando corrupción en esta vida —muerte, o crucifixión, o corte de mano y pie de forma cruzada—,
{para ellos} significa:
para esos muḥāribūn,
{ignominia en la vida mundanal} dice: es para ellos mal, vergüenza y humillación, escarmiento y castigo en lo inmediato de esta vida antes de la Otra.
Se dice de ello:
«avergoncé a fulano y él quedó avergonzado: vergüenza».
Y Su dicho:
{y para ellos, en la Otra Vida, hay un castigo inmenso} dice —glorificado sea Su recuerdo—: para esos que hicieron la guerra a Dios y a Su Mensajero y se afanaron en la tierra sembrando corrupción, y no se arrepintieron de su acción hasta perecer, en la Otra Vida, junto con la ignominia con la que los retribuí en esta vida y el castigo con el que los castigué en ella, hay un castigo inmenso,
esto es:
el castigo del Infierno.
Notas y Referencias
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