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La Mesa Servida

المائدة Al-Ma'idah
Aya 29

Versículo (Español)

[5:29] Prefiero que seas tú quien cargue con mis pecados y los tuyos, [y si me matas] serás de los moradores del Fuego, porque ese es el castigo para los que cometen esa injusticia".

Tafsir de At-Tabari

{إِنِّيٓ أُرِيدُ أَن تَبُوٓأَ بِإِثۡمِي وَإِثۡمِكَ فَتَكُونَ مِنۡ أَصۡحَٰبِ ٱلنَّارِۚ وَذَٰلِكَ جَزَـٰٓؤُاْ ٱلظَّـٰلِمِينَ} (29) القول في تأويل قوله تعالى :

{ إِنّيَ أُرِيدُ أَن تَبُوءَ بِإِثْمِي وَإِثْمِكَ فَتَكُونَ مِنْ أَصْحَابِ النّارِ وَذَلِكَ جَزَآءُ الظّالِمِينَ } . .

Los exégetas discreparon acerca de la interpretación de ello. Unos dijeron: Su sentido es: «Ciertamente, yo quiero que cargues con mi pecado por matarme, y con tu pecado por desobedecer a Dios, además de las demás desobediencias tuyas». Mención de quienes dijeron eso:

Me narró Mūsà b. Hārūn, dijo: nos narró ʿAmr b. Ḥammād, dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī, en su relato, de Abū Mālik, y de Abū Ṣāliḥ, de Ibn ʿAbbās; y de Murra, de Ibn Masʿūd; y de gente entre los compañeros del Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz—: «Ciertamente, yo quiero que cargues con mi pecado y con tu pecado», es decir: «el pecado de matarme, añadido a tu pecado que pesa sobre tu cuello; y así serás de los moradores del Fuego».

Nos narró Bišr, dijo: nos narró Yazīd, dijo: nos narró Saʿīd, de Qatāda, sobre Su dicho: «Ciertamente, yo quiero que cargues con mi pecado y con tu pecado», es decir: «por matarme, y tu pecado anterior a eso».

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyà, dijo: nos informó ʿAbd al-Razzāq, dijo: nos informó Maʿmar, de Qatāda: «Ciertamente, yo quiero que cargues con mi pecado y con tu pecado», dijo: «con el pecado de matarme y con tu pecado».

Me narró Muḥammad b. ʿAmr, dijo: nos narró Abū ʿĀṣim, dijo: nos narró ʿĪsà, de Ibn Abī Naǧīḥ, de Muǧāhid, acerca de Su dicho: «Ciertamente, yo quiero que cargues con mi pecado y con tu pecado», es decir: «yo quiero que recaigan sobre ti tu falta y mi sangre: que cargues con ambas, juntas».

Me narró al-Ḥāriṯ, dijo: nos narró ʿAbd al-ʿAzīz, de Sufyān, de Manṣūr, de Muǧāhid: «Ciertamente, yo quiero que cargues con mi pecado y con tu pecado», es decir: «yo quiero que cargues con el pecado de matarme». Y «con tu pecado», dijo: «con lo que hubo de ti antes de eso».

Se me narró de al-Ḥusayn b. al-Faraǧ, dijo: oí a Abū Muʿāḏ al-Faḍl b. Ḫālid, dijo: me relató ʿUbayd b. Sulaym, de al-Ḍaḥḥāk, acerca de Su dicho: «Ciertamente, yo quiero que cargues con mi pecado y con tu pecado», dijo: «en cuanto a tu pecado, es el pecado que cometió antes de matar al alma —es decir, a su hermano—. Y en cuanto a su pecado: es el hecho de que mató a su hermano».

Como si quienes sostuvieron esta opinión hubieran orientado la interpretación de Su dicho: «Ciertamente, yo quiero que cargues con mi pecado y con tu pecado» a: «yo quiero que cargues con el pecado de matarme», suprimiendo la mención del “matar” y bastándose con mencionar el “pecado”, puesto que su sentido era comprendido por quienes eran interpelados con ello.

Otros dijeron: El sentido de ello es: «yo quiero que cargues con mi falta, de modo que soportes su carga, y con tu pecado por matarme». Esta es una opinión que hallé atribuida a Muǧāhid, y temo que sea un error, porque lo correcto de la transmisión sobre él es lo que ya hemos mencionado antes. Mención de quienes dijeron eso:

Me narró al-Muṯannà, dijo: nos narró Abū Ḥuḏayfa, dijo: nos narró Šibl, de Ibn Abī Naǧīḥ, de Muǧāhid: «Ciertamente, yo quiero que cargues con mi pecado y con tu pecado», es decir: «yo quiero que recaigan sobre ti mi falta y mi sangre, y que cargues con ambas, juntas».

Y lo correcto en este asunto es decir: Su interpretación es: «yo quiero que te vuelvas llevando tu falta por matarme»; y ese es el sentido de Su dicho: «Ciertamente, yo quiero que cargues con mi pecado». En cuanto al sentido de «y con tu pecado», es su pecado distinto de su matanza: esto es, la desobediencia a Dios —glorificado sea Su elogio— en otras obras aparte de esa.

Solo dijimos que esto es lo correcto por el consenso de los exégetas al respecto, pues Dios —poderoso y majestuoso— nos ha informado de que todo agente: la retribución de su obra es para él o contra él; y siendo ese Su juicio sobre Sus criaturas, no es lícito que los pecados del asesinado sean cargados al asesino; más bien, el asesino solo es tomado por su pecado del homicidio ilícito y por el resto de los pecados de sus desobediencias que él mismo cometió, no por lo que cometió su víctima.

Si alguien dijera: «¿Acaso no fue el matar al asesinado —de entre los hijos de Adán— una desobediencia a Dios por parte del asesino?» Se responde: Sí; y qué enorme desobediencia.

Y si dijera: «Si fue una desobediencia a Dios —glorificado y exaltado sea—, ¿cómo fue lícito que el asesinado la quisiera de él y dijera: “Ciertamente, yo quiero que cargues con mi pecado”, cuando has mencionado que la interpretación de ello es: “yo quiero que cargues con el pecado de matarme”?» Su sentido es: «Yo quiero que cargues con el pecado de matarme si me matas, porque yo no te mataré; y si tú me matas, entonces yo quiero que cargues con el pecado de tu desobediencia a Dios al matarme». Y si lo mata, entonces, sin duda, habrá cargado con ello según el juicio de Dios; por tanto, el hecho de querer eso no le obliga a incurrir en error.

Y con Su dicho: «y así serás de los moradores del Fuego; y esa es la retribución de los injustos», quiere decir: «por matarme, serás de los habitantes del Infierno, y del combustible del Fuego, eternizados en él». Y «esa es la retribución de los injustos», quiere decir: «y el Fuego es la recompensa de quienes abandonan el camino de la verdad, se desvían del recto propósito del sendero y transgreden lo que se les ha establecido hacia lo que no se les ha establecido». Esto indica que Dios —poderoso y majestuoso— ya había ordenado y prohibido a Adán después de hacerlo descender a la tierra, y había prometido y amenazado; pues, de no ser así, el asesinado no habría dicho al otro: «y así serás de los moradores del Fuego por matarme», ni le habría informado de que esa es la retribución de los injustos. Muǧāhid solía decir: «Una de las piernas del asesino quedó colgada de su pantorrilla hasta su muslo desde aquel día hasta el Día de la Resurrección; y su rostro está hacia el sol, dondequiera que este gire; sobre él, en verano, hay un cercado de fuego, y sobre él, en invierno, un cercado de hielo».

Nos lo narró al-Qāsim, dijo: nos narró al-Ḥusayn, dijo: me relató Ḥaǧǧāǧ, dijo: Ibn Ǧurayǧ dijo: Muǧāhid dijo eso. Dijo: Y ʿAbd Allāh b. ʿAmr dijo: «Ciertamente, hallamos que el hijo de Adán, el asesino, reparte con la gente del Fuego un reparto verdadero del castigo: sobre él recae la mitad de su castigo».

Y se ha transmitido del Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz— un relato semejante a lo transmitido de ʿAbd Allāh b. ʿAmr.

Nos narró Ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Ǧarīr; y nos narró Sufyān, dijo: nos narraron Ǧarīr y Abū Muʿāwiya ( ح ) ; y nos narró Hannād, dijo: nos narraron Abū Muʿāwiya y Wakīʿ, todos ellos, de al-Aʿmaš, de ʿAbd Allāh b. Murra, de Masrūq, de ʿAbd Allāh, dijo: el Profeta —que Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «No hay alma que sea matada injustamente sin que sobre el primer hijo de Adán haya una porción de ello; eso es porque él fue el primero en instaurar el homicidio».

Nos narró Sufyān, dijo: nos narró mi padre ( ح ) . Y nos narró Ibn Baššār, dijo: nos narró ʿAbd al-Raḥmān, ambos, de Sufyān, de al-Aʿmaš, de ʿAbd Allāh b. Murra, de Masrūq, de ʿAbd Allāh, del Profeta —que Dios le bendiga y le conceda paz—, algo semejante.

Nos narró Ibn Wakīʿ, dijo: nos narró mi padre, de Ḥasan b. Ṣāliḥ, de Ibrāhīm b. Muhāǧir, de Ibrāhīm al-Naḫaʿī, dijo: «No hay asesinado que sea matado injustamente sin que sobre el primer hijo de Adán y sobre Satanás haya una porción de ello».

Nos narró Ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Salama, de Ibn Isḥāq, de Ḥakīm b. Ḥakīm, que relató de ʿAbd Allāh b. ʿAmr, que solía decir: «Ciertamente, el más desdichado de la gente es el hijo de Adán que mató a su hermano: no se derramó sangre en la tierra desde que mató a su hermano hasta el Día de la Resurrección sin que le alcanzara de ello algo; y eso es porque él fue el primero en instaurar el homicidio».

Y con este relato que hemos mencionado del Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz— queda claro que la opinión que sostuvo al-Ḥasan acerca de los dos hijos de Adán que Dios mencionó en este lugar —que no eran dos hijos de Adán de su propia descendencia directa, sino dos hombres de los Hijos de Israel—, y la opinión que se le atribuyó de que el primero en morir fue Adán, y de que la ofrenda que el fuego consumía no existió sino entre los Hijos de Israel, es un error; porque el Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz— ha informado acerca de este asesino que mató a su hermano que él fue el primero en instaurar el homicidio; y, sin duda, hubo homicidio antes de Israel: ¿cómo, entonces, antes de su descendencia? Y es erróneo decir: «el primero en instaurar el homicidio fue un hombre de los Hijos de Israel». Y siendo esto así, es sabido que lo correcto es la opinión de quien dijo: «es un hijo de Adán de su propia descendencia directa», porque él fue el primero en instaurar el homicidio; y Dios le impuso, por ello, el castigo que hemos transmitido del Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz—.

Notas y Referencias

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