La Mesa Servida
المائدة Al-Ma'idahVersículo (Español)
[5:103] No es prescripción de Dios que ciertas clases de ganado sean marcadas por superstición y costumbres paganas, como la camella que se consagra a los ídolos por lo que no debe ser ordeñada, ni la que también es consagrada a los ídolos y se la deja pastar libremente, ni la oveja que si en su séptimo parto pare un macho y una hembra se la consagra a los ídolos y no se la debe sacrificar, ni el camello semental que luego de servir diez veces se consagra a los ídolos por lo que no se lo utiliza para montura. Son los paganos supersticiosos quienes han inventaron estos ritos, mintiendo acerca de Dios. La mayoría de ellos no usa el razonamiento.
Tafsir de At-Tabari
{مَا جَعَلَ ٱللَّهُ مِنۢ بَحِيرَةٖ وَلَا سَآئِبَةٖ وَلَا وَصِيلَةٖ وَلَا حَامٖ وَلَٰكِنَّ ٱلَّذِينَ كَفَرُواْ يَفۡتَرُونَ عَلَى ٱللَّهِ ٱلۡكَذِبَۖ وَأَكۡثَرُهُمۡ لَا يَعۡقِلُونَ} (103)
La disertación acerca de la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—:
{ مَا جَعَلَ اللّهُ مِن بَحِيرَةٍ وَلاَ سَآئِبَةٍ وَلاَ وَصِيلَةٍ وَلاَ حَامٍ وَلََكِنّ الّذِينَ كَفَرُواْ يَفْتَرُونَ عَلَىَ اللّهِ الْكَذِبَ وَأَكْثَرُهُمْ لاَ يَعْقِلُونَ }
. .
dice —Exaltado sea Su recuerdo—:
Dios no hizo que hubiese bahīra; ni consagró una sā’iba; ni estableció una waṣīla; ni declaró protegido a un ḥāmī; sino que vosotros, los que habéis cometido incredulidad, hicisteis eso, y lo prohibisteis inventando contra vuestro Señor.
Como en lo que sigue:
Me narró Muḥammad b. ʿAbd Allāh b. ʿAbd al-Ḥakam,
dijo:
me narraron mi padre y Shuʿayb b. al-Layth, de al-Layth,
de Ibn al-Hād;
y me narró Yūnus,
dijo:
nos narró ʿAbd Allāh b. Yūsuf,
dijo:
me narró al-Layth,
dijo:
me narró Ibn al-Hād, de Ibn Shihāb, de Saʿīd b. al-Musayyab, de Abū Hurayra,
dijo:
Oí al Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz— decir:
«Vi a ʿAmr b. ʿĀmir al-Juzāʿī arrastrando sus intestinos en el Fuego; y fue el primero en consagrar la sā’iba».
Nos narró Hannād b. al-Sarī,
dijo:
nos narró Yūnus b. Bukayr,
dijo:
nos narró Muḥammad b. Isḥāq,
dijo:
me narró Muḥammad b. Ibrāhīm b. al-Ḥārith, de Abū Ṣāliḥ, de Abū Hurayra,
dijo:
Oí al Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz— decir a Aktham b. al-Jawn:
«¡Oh Aktham! Vi a ʿAmr b. Luḥayy b. Qamaʿa b. Jindaf arrastrando sus intestinos en el Fuego; y no he visto a hombre alguno más parecido a otro hombre que tú a él, ni a él a ti».
Entonces Aktham dijo: Temo que su parecido me perjudique, ¡oh Mensajero de Dios!
El Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz— dijo:
«No; tú eres creyente y él es incrédulo. Fue el primero en alterar la religión de Ismāʿīl, en hacer bahīra la bahīra, en consagrar la sā’iba y en declarar protegido al ḥāmī».
Nos narró Hannād,
dijo:
nos narró Yūnus,
dijo:
me narró Hishām b. Saʿd, de Zayd b. Aslam,
que el Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz— dijo:
«Conozco al primero que hizo bahīra las bahā’ir: un hombre de Mudlij. Tenía dos camellas;
les cortó las orejas y prohibió su leche y sus lomos, y dijo: “Estas dos son para Dios”. Luego las necesitó, y bebió su leche y montó sus lomos».
Dijo:
«Ciertamente lo vi en el Fuego: el hedor de sus intestinos molesta a la gente del Fuego».
Nos narró Hannād,
dijo:
nos narró ʿUbayda, de Muḥammad b. ʿAmr, de Abū Salama, de Abū Hurayra,
dijo:
El Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz— dijo:
«Se me mostró el Fuego y vi en él a ʿAmr b. Fulān b. Fulān b. Jindaf arrastrando sus intestinos en el Fuego; y fue el primero en alterar la religión de Ibrāhīm y en consagrar la sā’iba; y el más parecido a él de cuantos he visto es Aktham b. al-Jawn».
Entonces Aktham dijo:
¡Oh Mensajero de Dios! ¿Me perjudica su parecido?
Dijo:
«No, porque tú eres musulmán y él es incrédulo».
Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā,
dijo:
nos informó ʿAbd al-Razzāq,
dijo:
Vi a ʿAmr b. ʿĀmir al-Juzāʿī arrastrando sus intestinos en el Fuego; y fue el primero en consagrar las sā’ibas.
Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā,
dijo:
nos informó ʿAbd al-Razzāq,
dijo:
nos informó Maʿmar, de Zayd b. Aslam,
dijo:
El Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz— dijo:
«Conozco al primero que consagró las sā’ibas y al primero que alteró el pacto de Ibrāhīm».
Dijeron: ¿Quién es, ¡oh Mensajero de Dios!?
Dijo:
«ʿAmr b. Luḥayy, hermano de Banū Kaʿb. Ciertamente lo vi arrastrando sus intestinos en el Fuego: su hedor molesta a la gente del Fuego. Y conozco al primero que hizo bahīra las bahā’ir».
Dijeron:
¿Quién es, ¡oh Mensajero de Dios!?
Dijo:
«Un hombre de Banū Mudlij que tenía dos camellas: les cortó las orejas y prohibió su leche; luego bebió su leche después de eso. Ciertamente lo vi en el Fuego, a él y a ellas: ellas lo mordían con sus bocas y lo golpeaban con sus pezuñas».
Y la bahīra:
es el patrón faʿīla,
procedente de la expresión del que dice:
“baḥartu la oreja de esta camella”, cuando la hiende: la hiendo (abḥaruhā) con un hendido (baḥran); y la camella es “mabḥūra”. Luego se traslada el participio pasivo (mafʿūla) al patrón faʿīla,
y se dice:
“es bahīra”.
En cuanto al baḥir de los camellos:
es aquel al que le ha sobrevenido una dolencia por beber agua en exceso.
Se dice de ello:
baḥira el camello, baḥara.
Y de ello es el dicho del poeta:
«Te marcaré con una señal que no lo abandone *** como se hiende, con la fiebre del hierro de marcar, al baḥir»
Y conforme a lo que hemos dicho sobre el sentido de bahīra, ha venido el relato del Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz—.
Nos narró ʿAbd al-Ḥamīd b. Bayān,
dijo:
nos informó Muḥammad b. Zīzīd, de Ismāʿīl b. Abī Jālid, de Abū Isḥāq, de Abū al-Aḥwaṣ, de su padre,
dijo:
Entré donde el Profeta —que Dios le bendiga y le conceda paz—,
y el Profeta —que Dios le bendiga y le conceda paz— dijo:
«¿Qué te parece tu ganado camellar? ¿Acaso no lo haces parir con las orejas íntegras, y luego tomas la navaja y se las cortas, diciendo: “Esta es bahīra”; y les hiendes las orejas, diciendo: “Estas son sagradas (ḥurum)”?»
Dijo: Sí.
Dijo:
«Pues el brazo de Dios es más fuerte, y la navaja de Dios es más afilada. Todo lo que posees te es lícito: nada de ello te está prohibido».
Nos narró Muḥammad b. al-Muthannā,
dijo:
nos narró Muḥammad b. Jaʿfar,
dijo:
nos narró Shuʿba, de Abū Isḥāq,
dijo:
Oí a Abū al-Aḥwaṣ, de su padre,
dijo: Vine al Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz— y dijo:
«¿Acaso las camellas de tu gente no paren con las orejas sanas, y tú te diriges a la navaja y les cortas las orejas, diciendo: “Esto es buḥr”; y las hiendes —o hiendes sus pieles— diciendo: “Esto es ḥurum”, y así te lo prohíbes a ti y a tu familia?»
Dijo: Sí.
Dijo:
«Lo que Dios te ha dado te es lícito; el brazo de Dios es más fuerte, y la navaja de Dios es más afilada».
Y a veces decía:
«El brazo de Dios es más fuerte que tu brazo, y la navaja de Dios es más afilada que tu navaja».
En cuanto a la sā’iba:
es la musayyaba, la dejada suelta y liberada; y en la época de la ignorancia uno de ellos hacía eso con parte de su ganado, y se prohibía a sí mismo beneficiarse de ello; como algunos de la gente del Islam liberaban a su esclavo como sā’iba, sin beneficiarse de él ni de su walā’ (clientela).
Y se expresó “musayyaba” con la forma “sā’iba”,
como se dijo:
«ʿīsha rāḍiya»,
con el sentido de:
“marḍiyya” (agradada).
En cuanto a la waṣīla: la hembra de su ganado, en la época de la ignorancia, cuando paría en un mismo vientre un macho y una hembra,
se decía:
“la hembra ha unido (waṣalat) a su hermano”, al apartarlo del degüello; y la llamaron waṣīla.
En cuanto al ḥāmī:
es el semental del ganado al que se protege el lomo de ser montado y de cualquier aprovechamiento, debido a la sucesión de crías que se producen por su cubrición.
La gente de la exégesis discrepó acerca de las características de lo designado por estos nombres y sobre la causa por la cual hacían eso.
Mención de las transmisiones sobre lo que se dijo al respecto:
Nos narró Ibn Ḥumayd,
dijo:
nos narró Salama b. al-Faḍl, de Ibn Isḥāq, de Muḥammad b. Ibrāhīm b. al-Ḥārith al-Taymī, que Abū Ṣāliḥ al-Sammān
le narró que oyó a Abū Hurayra decir:
Oí al Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz— decir a Aktham b. al-Jawn al-Juwāʿī:
«¡Oh Aktham! Vi a ʿAmr b. Luḥayy b. Qamaʿa b. Jindaf arrastrando sus intestinos en el Fuego; y no he visto a hombre alguno más parecido a otro hombre que tú a él, ni a él a ti».
Aktham dijo: ¿Me perjudica su parecido, ¡oh Profeta de Dios!?
Dijo:
«No, porque tú eres creyente y él es incrédulo. Fue el primero en alterar la religión de Ismāʿīl, en erigir los ídolos y en consagrar entre ellos las sā’ibas».
Y ello era que, cuando la camella paría doce hembras seguidas sin que hubiese macho, se la consagraba: no se montaba su lomo, no se esquilaba su pelo, y no se bebía su leche sino el huésped. Y lo que paría después de eso, si era hembra, se le hendía la oreja y luego se la dejaba suelta junto con su madre entre los camellos: no se montaba su lomo, no se esquilaba su pelo, y no se bebía su leche sino el huésped, tal como se había hecho con su madre. Esa es la bahīra, hija de la sā’iba.
Y la waṣīla:
que la oveja, si paría diez hembras seguidas en cinco vientres sin que hubiese macho, se hacía waṣīla.
Decían:
“ha unido (waṣalat)”. Y lo que paría después de eso era para sus varones, no para sus mujeres; salvo que muriese algo de ello, en cuyo caso varones y mujeres participaban en comerlo.
Y el ḥāmī:
que el semental, si se le engendraban diez hembras seguidas sin que hubiese macho entre ellas, se protegía su lomo: no se montaba, no se esquilaba su pelo, y se lo dejaba entre sus camellos para cubrir en ellos; no se obtenía de él beneficio fuera de eso.
Dice Dios —Exaltado sea Su recuerdo—:
«ما جَعَلَ اللّهُ مِنْ بَحِيرَةٍ وَلا سائِبَةٍ وَلا وَصِيلَةٍ وَلا حامٍ . . . . »
hasta Su dicho:
«وَلاَ يهْتَدُونَ».
Nos narró Ibn Bashshār,
dijo:
nos narró ʿAbd al-Raḥmān,
dijo:
nos narró Sufyān, de al-Aʿmash, de Abū al-Ḍuḥā,
de Masrūq, acerca de esta aleya:
«ما جَعَلَ اللّهُ مِنْ بَحِيرَةٍ وَلا سائِبَةٍ وَلا وَصِيلَةٍ وَلا حامٍ».
Dijo Abū Jaʿfar: se me cayó —según creo— una parte de sus palabras. Dijo: Fui a ʿAlqama y le pregunté,
y dijo:
¿Qué buscas en algo que solía hacer la gente de la ignorancia?
Me narró Yaḥyā b. Ibrāhīm al-Masʿūdī,
dijo:
nos narró mi padre, de su padre, de su abuelo, de al-Aʿmash, de Muslim,
dijo:
Fui a ʿAlqama,
y le pregunté por el dicho de Dios —Exaltado sea—:
«ما جَعَلَ اللّهُ مِنْ بَحِيرَةٍ وَلا سائِبَةٍ وَلا وَصِيلَةٍ وَلا حامٍ».
Dijo: ¿Y qué haces con esto? Esto no es sino algo de las prácticas de la ignorancia.
Dijo:
Fui a Masrūq y le pregunté,
y dijo:
La bahīra: cuando la camella paría cinco o siete vientres,
le hendían la oreja y decían:
“Esta es bahīra”.
Dijo:
«وَلا سائبَةٍ»: el hombre tomaba parte de sus bienes
y decía:
“Esta es sā’iba”.
Dijo:
«وَلا وَصِيلَةٍ»: cuando la camella paría un macho, lo comían los varones y no las mujeres;
y cuando paría en un vientre un macho y una hembra, decían:
“ha unido a su hermano”,
y no se los comían.
Dijo:
Si el macho moría, lo comían los varones y no las mujeres.
Dijo:
«ولا حام»: cuando el camello engendraba y engendraba su cría,
decían:
“este ya ha cumplido lo que debía”, y no se beneficiaban de su lomo;
decían:
“este es ḥām”.
Nos narró Ibn Wakīʿ,
dijo:
nos narró Muḥammad b. ʿUbayd, de al-Aʿmash, de Muslim b. Ṣubayḥ,
dijo:
Pregunté a ʿAlqama
sobre Su dicho:
«ما جَعَلَ اللّهُ مِنْ بَحِيرَةٍ وَلا سائِبَةٍ».
Dijo: ¿Qué haces con esto? Esto era algo que hacía la gente de la ignorancia.
Nos narró Ibn Wakīʿ,
dijo:
nos narraron Yaḥyā b. Yamān y Yaḥyā b. Ādam, de Isrā’īl, de Abū Isḥāq,
de Abū al-Aḥwaṣ:
«ما جَعَلَ اللّهُ مِنْ بَحِيرَةٍ».
Dijo: La bahīra: la que ya ha parido cinco vientres y luego se la deja.
Nos narró Ibn Ḥumayd,
dijo:
nos narró Jarīr b. ʿAbd al-Ḥamīd, de Mughīra,
de al-Shaʿbī:
«ما جَعَلَ اللّهُ مِنْ بَحِيرَةٍ».
Dijo: La bahīra: la mujtaḍrama.
«وَلا سائِبَةٍ»: y la sā’iba: lo que se consagraba como ofrenda (hady).
Y la waṣīla:
cuando paría, tras cuatro vientres —según le parece a Jarīr—, y luego paría en el quinto un macho y una hembra, “unió a su hermano”.
Y el ḥām:
el que ya ha cubierto a las crías de sus crías entre los camellos.
Nos narró Ibn Wakīʿ,
dijo:
nos narró Jarīr, de Mughīra, de al-Shaʿbī, con un sentido semejante,
solo que dijo:
Y la waṣīla: la que, tras cuatro vientres, parió un macho y una hembra; dijeron: “unió a su hermano”. Y el resto del relato es como el de Ibn Ḥumayd.
Nos narró Ibn Wakīʿ,
dijo:
nos narró Isḥāq al-Azraq, de Zakariyyā, de al-Shaʿbī: se le preguntó por la bahīra,
y dijo:
Es aquella a la que se le cortan las orejas. Y se le preguntó por la sā’iba,
y dijo:
Solían ofrecer a sus divinidades camellos y ovejas, y los dejaban junto a sus divinidades para ser degollados; se mezclaban con las ovejas de la gente; no bebían su leche sino los hombres; y si moría algo de ello, lo comían juntos hombres y mujeres.
Me narró Muḥammad b. ʿAmr,
dijo:
nos narró Abū ʿĀṣim,
dijo:
nos narró ʿĪsā, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid,
acerca del dicho de Dios —Exaltado sea—:
«ما جَعَلَ اللّهُ مِنْ بَحِيرَةٍ»
y lo que la acompaña: la bahīra, entre los camellos: la gente de la ignorancia prohibía su pelo, su lomo, su carne y su leche, salvo para los hombres; y lo que paría, macho y hembra, quedaba en su misma condición; y si moría, hombres y mujeres participaban en comer su carne. Y cuando el camello, descendiente de la bahīra, cubría, ese era el ḥāmī. Y la sā’iba, entre las ovejas, era de modo semejante, salvo que lo que paría, entre su descendencia hasta seis crías, quedaba en su misma condición; y si en la séptima paría macho o hembra, o dos machos, lo degollaban y lo comían sus hombres y no sus mujeres; y si paría gemelos, hembra y macho, era waṣīla: se dejaba de degollar al macho por la hembra; y si eran dos hembras, se las dejaba.
Me narró Muḥammad b. Saʿd,
dijo:
me narró mi padre,
dijo:
me narró mi tío,
dijo:
me narró mi padre, de su padre,
de Ibn ʿAbbās:
«ما جَعَلَ اللّهُ مِنْ بَحِيرَةٍ وَلا سائِبَةٍ فالبحيرة»:
la camella: cuando el hombre hacía que pariera cinco vientres, se dirigía al quinto; si no era un sَقْب, le cortaba las orejas; no se le esquilaba pelo, ni se probaba su leche: esa era la bahīra.
«وَلا سائِبَةٍ»: el hombre consagraba de sus bienes lo que quería.
«وَلا وَصِيلَةٍ»: es la oveja: cuando paría siete, se dirigía al séptimo: si era macho, lo degollaba; si era hembra, la dejaba; y si en su vientre había dos, macho y hembra, y los paría,
decían:
“unió a su hermano”, y se los dejaba a ambos: no se degollaban. Esa era la waṣīla.
Y Su dicho:
«وَلا حامٍ»: el hombre tenía un semental; si preñaba diez veces, se decía: “ḥām”; y lo dejaban.
Me narró al-Muthannā,
dijo:
nos narró ʿAbd Allāh b. Ṣāliḥ,
dijo:
nos narró Muʿāwiya b. Ṣāliḥ, de ʿAlī b. Abī Ṭalḥa, de Ibn ʿAbbās,
acerca de Su dicho:
«ما جَعَلَ اللّهُ مِنْ بَحِيرَةٍ وَلا سائِبَةٍ»:
para consagrarlas a sus ídolos.
«وَلا وَصِيلَةٍ» dice:
la oveja.
«وَلا حامٍ» dice:
el semental de los camellos.
Nos narró Bishr b. Muʿādh,
dijo:
nos narró Yazīd b. Zurayʿ,
dijo:
nos narró Saʿīd, de Qatāda,
acerca de Su dicho:
«ما جَعَلَ اللّهُ مِنْ بَحِيرَةٍ وَلا سائِبَةٍ وَلا وَصِيلَةٍ»
y «وَلا حامٍ»: una dureza que el demonio endureció sobre la gente de la ignorancia en sus bienes, y un rigor contra ellos. La bahīra era como el ganado camellar: cuando el hombre obtenía cinco crías de sus camellas, miraba el quinto vientre: si era sَقْب, lo degollaba y lo comían los hombres y no las mujeres; si era carroña, participaban en ello varones y hembras; y si era ḥā’il —esto es, hembra—, la dejaban y le cortaban la oreja: no se le esquilaba pelo, no se bebía su leche, no se montaba su lomo, y no se mencionaba sobre ella el nombre de Dios.
Y la sā’iba:
consagraban lo que les parecía de sus bienes: no se le impedía acercarse a un abrevadero para beber, ni a un vedado para pastar.
Y la waṣīla, entre las ovejas:
del séptimo vientre: si era cabrito, lo degollaban y lo comían los hombres y no las mujeres; si era carroña, participaban en ello varones y hembras; y si venía con macho y hembra, se decía: “unió a su hermano”, y lo apartó del degüello.
Y el ḥām:
cuando el semental montaba a diez de los hijos de sus hijos, o cuando engendraba su cría,
se decía: “ḥām”; se protegía su lomo: no se le ponía bozal, no se le colocaba jáquima, y no se le montaba.
Me narró Muḥammad b. al-Ḥusayn,
dijo:
nos narró Aḥmad b. Mufaḍḍal,
dijo:
nos narró Asbāṭ, de al-Suddī:
«ما جَعَلَ اللّهُ مِنْ بَحِيرَةٍ وَلا سائِبَةٍ وَلا وَصِيلَةٍ وَلا حامٍ».
La bahīra, entre los camellos: cuando la camella paría cinco vientres, si el quinto era sَقْب lo degollaban y lo ofrecían a sus divinidades, y su madre era de los camellos comunes; y si era rubʿa, la dejaban con vida, le hendían la oreja a su madre, le esquilaban el pelo, y la dejaban suelta en la llanura: no les servía para indemnización de sangre, no le ordeñaban leche, no le esquilaban pelo, no cargaban sobre su lomo; y era de los ganados cuyos lomos se habían declarado prohibidos.
En cuanto a la sā’iba:
es que el hombre consagraba de sus bienes lo que quería, a modo de agradecimiento si aumentaban sus bienes, o si sanaba de una dolencia, o si montaba una camella y tenía éxito: la llamaba sā’iba, la dejaba suelta, y nadie de los árabes se atrevía a tocarla sin que le alcanzase un castigo en este mundo.
En cuanto a la waṣīla, entre las ovejas:
es la oveja que paría tres vientres o cinco; si lo último era un cabrito, lo degollaban y lo ofrecían a la casa de las divinidades; si era una cabrita, la dejaban con vida; y si era cabrito y cabrita, dejaban con vida al cabrito por causa de la cabrita: esa es waṣīla, pues unió a su hermano.
En cuanto al ḥām:
es el semental que cubre entre los camellos durante diez años.
Y se dice:
si cubría a la cría de su cría, se decía: “se ha protegido su lomo”; lo dejaban: no se le tocaba, no se le degollaba jamás, y no se le impedía el pasto que quisiera; y era de los ganados cuyos lomos se habían declarado prohibidos.
Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā,
dijo:
nos informó ʿAbd al-Razzāq,
dijo:
nos informó Maʿmar, de al-Zuhrī, de Ibn al-Musayyab,
acerca de Su dicho:
«ما جَعَلَ اللّهُ مِنْ بَحِيرَةٍ وَلا سائِبَةٍ وَلا وَصِيلَةٍ وَلا حامٍ».
Dijo: La bahīra, entre los camellos, es aquella cuya leche se impedía para los ṭawāghīt.
Y la sā’iba, entre los camellos:
solían consagrarla a sus ṭawāghīt.
Y la waṣīla, entre los camellos: la camella primeriza paría primero una hembra, y luego paría por segunda vez una hembra; la llamaban waṣīla,
diciendo:
“ha unido dos sin que haya macho entre ellas”; y se la cortaban para sus ṭawāghīt, o la degollaban: la duda es de Abū Jaʿfar.
Y el ḥām:
el semental de los camellos: cubría un número contado de cubriciones; cuando alcanzaba eso,
decían:
“este es ḥām: su lomo ha quedado protegido”, y lo dejaban; y lo llamaron ḥām.
Dijo Maʿmar:
Dijo Qatāda: cuando cubría diez.
Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā,
dijo:
nos informó ʿAbd al-Razzāq,
dijo:
nos informó Maʿmar, de Qatāda,
dijo:
La bahīra, entre los camellos: cuando la camella paría cinco vientres, si el quinto era macho era para los hombres y no para las mujeres; y si era hembra, le cortaban las orejas y luego la dejaban suelta: no degollaban cría suya, no bebían su leche, y no montaban su lomo.
En cuanto a la sā’iba:
consagraban parte de sus camellos: no se le impedía un abrevadero para beber, ni un pastizal para pastar.
Y la waṣīla:
la oveja: cuando paría siete vientres, si el séptimo era macho lo degollaban y lo comían los hombres y no las mujeres; y si era hembra, la dejaban.
Se me transmitió de al-Ḥusayn b. al-Faraj,
dijo:
Oí a Abū Muʿādh al-Faḍl b. Khālid,
dijo:
nos narró ʿUbayd b. Salmān,
de al-Ḍaḥḥāk:
«ما جَعَلَ اللّهُ مِنْ بَحِيرَةٍ وَلا سائِبَةٍ وَلا وَصِيلَةٍ وَلا حامٍ».
En cuanto a la bahīra: cuando hacían parir a la camella cinco vientres, degollaban el quinto si era sَقْب; y si era rubʿa, le hendían la oreja y la dejaban con vida: esa es bahīra. En cuanto al sَقْب, sus mujeres no comían de él: era exclusivo de sus hombres. Y si la camella moría, o si paría muerto, hombres y mujeres eran iguales en ello: comían de ello.
En cuanto a la sā’iba:
el hombre consagraba de sus bienes, de los ganados, lo que quería: se dejaba abandonado en el vedado; no se aprovechaba su lomo, ni su cría, ni su leche, ni su pelo, ni su lana.
En cuanto a la waṣīla:
la oveja: cuando paría siete vientres, degollaban el séptimo si era cabrito; y si era cabrita, la dejaban con vida; y si era cabrito y cabrita, los dejaban con vida a ambos,
y decían:
“El cabrito ha sido unido por su hermana, y nos lo ha hecho ilícito”.
En cuanto al ḥāmī:
el semental: cuando montaban a los hijos de su hijo,
decían:
“este ha protegido su lomo y ha asegurado los hijos de su hijo”; no lo montaban, no le impedían un vedado de árboles ni un abrevadero al que bebiera, aunque el abrevadero no fuese de su dueño. Y había entre sus camellos un grupo sobre el que no mencionaban el nombre de Dios en nada de sus asuntos: ni cuando montaban, ni cuando cargaban, ni cuando ordeñaban, ni cuando hacían parir, ni cuando vendían.
Sobre ello hizo descender Dios —Exaltado sea—:
«ما جَعَلَ اللّهُ مِنْ بَحِيرَةٍ وَلا سائِبَةٍ . . . »
hasta Su dicho:
«وأكْثَرُهُمْ لا يَعْقِلُونَ».
Me narró Yūnus,
dijo:
nos informó Ibn Wahb,
dijo:
Dijo Ibn Zayd, acerca de Su dicho:
«ما جَعَلَ اللّهُ مِنْ بَحِيرَةٍ وَلا سائِبَةٍ وَلا وَصِيلَةٍ وَلا حامٍ»:
Esto era algo que hacía la gente de la ignorancia, y ya se ha ido.
Dijo:
La bahīra: el hombre cortaba las dos orejas de su camella y luego la manumitía, como manumite a su esclava y a su esclavo: no se ordeñaba ni se montaba.
Y la sā’iba:
la consagraba sin cortar.
Y el ḥām:
si se le engendraban siete hembras seguidas, se protegía su carne de ser comida.
Nos narró Yūnus,
dijo:
nos informó Ibn Wahb,
dijo:
nos narró ʿAbd Allāh b. Yūsuf,
dijo:
nos narró al-Layth b. Saʿd,
dijo:
me narró Ibn al-Hād, de Ibn Shihāb,
dijo:
Dijo Saʿīd b. al-Musayyab: la sā’iba es la que se consagraba de modo que no se cargaba nada sobre ella.
Y la bahīra:
la que se impedía ordeñar para los ṭawāghīt, de modo que nadie la ordeñaba.
Y la waṣīla:
la camella primeriza que paría, como primer parto de los camellos, una hembra, y luego paría por segunda vez una hembra; la consagraban a los ṭawāghīt y la llamaban waṣīla, si una quedaba unida a la otra.
Y el ḥāmī:
el semental de los camellos: cubría a diez camellas; cuando disminuía su cubrición, lo dejaban para los ṭawāghīt y lo eximían de la carga: no cargaban nada sobre él, y lo llamaban ḥāmī.
Estas eran prácticas de la ignorancia, y el Islam las anuló; no conocemos a gente que las practique hoy.
Siendo así, y dado que lo que hacía la ignorancia no conduce a conocerlo —puesto que hoy no tiene rastro en el Islam, ni en la idolatría lo conocemos sino por un relato—,
y siendo que los relatos sobre lo que hacían en ello difieren con la divergencia que hemos mencionado,
lo correcto en esto es decir:
En cuanto a los significados de estos nombres, ya los hemos expuesto al comienzo de la disertación sobre la interpretación de esta aleya. En cuanto al modo concreto en que la gente actuaba en ello, no tenemos conocimiento de ello. Han llegado relatos describiendo su práctica tal como hemos referido; y no perjudica ignorarlo, si aquello cuyo conocimiento se necesita para alcanzar su realidad está ya alcanzado: a saber, que la gente se prohibía a sí misma, de sus ganados, lo que Dios no había prohibido, siguiendo los pasos del demonio. Dios —Exaltado sea— los reprendió por ello e informó que todo eso es lícito. Así, lo ilícito de cualquier cosa, para nosotros, es lo que Dios —Exaltado sea— y Su Mensajero —que Dios le bendiga y le conceda paz— han declarado ilícito, por texto o por indicio.
Y lo lícito de ello:
lo que Dios y Su Mensajero han declarado lícito del mismo modo.
La disertación acerca de la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—:
«وَلَكِنّ الّذِينَ كَفَرُوا يَفْتَرُونَ على اللّهِ الكَذِبَ وأكْثَرُهُمْ لا يَعْقِلُونَ»
La gente de la exégesis discrepó acerca de quiénes son los aludidos por “los que cometieron incredulidad” en este lugar, y sobre lo pretendido por Su dicho:
«وأكْثَرُهُمْ لا يَعْقِلُونَ».
Dijo un grupo:
los aludidos por “los que cometieron incredulidad” son los judíos,
y por “los que no razonan”:
la gente de los ídolos.
Mención de quienes dijeron eso:
Nos narró Ibn Wakīʿ,
dijo:
nos narró Abū Usāma, de Sufyān, de Dāwād b. Abī Hind,
de Muḥammad b. Abī Mūsā:
«وَلَكِنّ الّذِينَ كَفَرُوا يَفْتَرُونَ على اللّهِ الكَذِبَ».
Dijo: la gente del Libro.
«وأكْثَرُهُمْ لا يَعْقِلُونَ».
Dijo: la gente de los ídolos.
Otros dijeron:
Más bien son gente de una sola comunidad religiosa; pero
«los que inventan»
son los seguidos,
y
«los que no razonan»
son los seguidores.
Mención de quienes dijeron eso:
Se me transmitió de al-Ḥusayn b. al-Faraj,
dijo:
Oí a Abū Muʿādh,
dijo:
nos narró Khārija, de Dāwūd b. Abī Hind,
de al-Shaʿbī, acerca de Su dicho:
«وَلَكِنّ الّذِينَ كَفَرُوا يَفْتَرُونَ على اللّهِ الكَذِبَ وأكْثَرُهُمْ لا يَعْقِلُونَ»:
son los seguidores. En cuanto a
«los que inventaron»,
razonan que han inventado.
Y el más digno de ser tenido por correcto, según nosotros, es decir:
que los aludidos por Su dicho:
«وَلَكِنّ الّذِينَ كَفَرُوا يَفْتَرُونَ على اللّهِ الكَذِبَ»
son quienes hicieron bahīra las bahā’ir, consagraron las sā’ibas, hicieron waṣīla las waṣā’il y declararon protegidos a los ḥawāmī, como ʿAmr b. Luḥayy y sus semejantes: aquellos que establecieron para la gente de la idolatría malas costumbres, alteraron la religión de Dios —la religión de la verdad— y atribuyeron a Dios —Exaltado sea— que Él era quien había prohibido lo que ellos prohibieron y permitido lo que ellos permitieron, inventando contra Dios la mentira a sabiendas, y fabricando contra Él la calumnia mientras andaban a ciegas.
Dios —Exaltado sea— los desmintió en lo que dijeron y en lo que Le atribuyeron de declarar lícito lo que ellos declararon lícito y de declarar ilícito lo que ellos declararon ilícito.
Dijo —Exaltado sea Su recuerdo—:
No he establecido bahīra ni sā’iba; sino que los incrédulos son quienes hacen eso e inventan contra Dios la mentira.
Y que se diga:
que los aludidos por Su dicho:
«وأكْثَرُهُمْ لا يَعْقِلُونَ»
son los seguidores de quienes les instituyeron esas costumbres, de entre los ignorantes de los asociadores; sin duda son más numerosos que aquellos que se las instituyeron. Dios —Exaltado sea— los describió como quienes no razonan, porque no razonaban que quienes les instituyeron esas costumbres y les informaron que provenían de Dios eran mentirosos en su información, falsarios en su relato; antes bien, pensaron que eran veraces y que tenían razón en lo que decían.
El sentido del discurso es:
Y la mayoría de ellos no razona que esa prohibición que estos asociadores prohibieron y atribuyeron a Dios —Exaltado sea— es mentira y falsedad.
Este parecer que hemos dicho es semejante al dicho de al-Shaʿbī que hemos mencionado.
No tiene sentido el dicho de quien afirmó:
que por “los que cometieron incredulidad” se quiso decir la gente del Libro; pues la reprobación al comienzo de la aleya, por parte de Dios —Exaltado sea—, recae sobre los asociadores árabes; por ello, concluir refiriéndose a ellos es más apropiado que a otros, ya que en el discurso no aparece nada que obligue a apartarse de ellos hacia otros.
Y en un sentido semejante decía Qatāda.
Nos narró Bishr b. Muʿādh,
dijo:
nos narró Yazīd,
dijo:
nos narró Saʿīd, de Qatāda,
acerca de Su dicho:
«وأكْثَرُهُمْ لا يَعْقِلُونَ»:
esto es: no razonan la prohibición del demonio que les prohíbe; no era sino del demonio, y no razonan.
Notas y Referencias
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