La Mesa Servida
المائدة Al-Ma'idahVersículo (Español)
[5:101] ¡Oh, creyentes! No ahonden en asuntos que si fueran revelados [en forma de ley] les causarían dificultad [en la práctica de la religión]. Pero si los indagan cuando hayan sido revelados en el Corán, les serán explicados. Dios los perdona por sus indagaciones [fuera de lugar] porque es Perdonador, Tolerante.
Tafsir de At-Tabari
{¡Oh, vosotros que habéis creído! No preguntéis por cosas que, si se os manifestaran, os afligirían; y si preguntáis por ellas mientras se va revelando el Corán, se os manifestarán. Dios las ha pasado por alto; y Dios es Perdonador, Indulgente.} (101)
La exposición acerca de la interpretación de la palabra del Altísimo:
{¡Oh, vosotros que habéis creído! No preguntéis por cosas que, si se os manifestaran, os afligirían; y si preguntáis por ellas mientras se va revelando el Corán, se os manifestarán. Dios las ha pasado por alto; y Dios es Perdonador, Indulgente.}
. .
Se ha mencionado que esta aleya fue revelada al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— a causa de cuestiones que ciertas gentes le preguntaban: a veces para ponerlo a prueba, y a veces por burla.
Así, algunos le decían:
«¿Quién es mi padre?»
y algunos, cuando se les extraviaba su camella, le decían:
«¿Dónde está mi camella?»
Entonces el Altísimo —glorificado sea Su recuerdo— les dijo:
No preguntéis por cosas de ese tipo, como la pregunta de ‘Abd Allāh ibn Ḥudhāfa acerca de quién era su padre.
«Si se os manifestaran, os afligirían»
quiere decir: si os manifestáramos la realidad de aquello por lo que preguntáis, os afligiría su manifestación y su puesta de manifiesto.
En el sentido de lo que hemos dicho se han corroborado los relatos transmitidos de los Compañeros del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—.
Mención de la transmisión relativa a ello:
Nos narró Abū Kurayb,
dijo:
nos narró uno de los Banū Nufayl,
dijo:
nos narró Zuhayr ibn Mu‘āwiya,
dijo:
nos narró Abū al-Juwayriyya,
dijo:
Ibn ‘Abbās dijo a un beduino de Banū Sulaym: «¿Sabes acerca de qué fue revelada esta aleya:
“¡Oh, vosotros que habéis creído! No preguntéis por cosas que, si se os manifestaran, os afligirían”
—hasta completar la aleya—?»
Dijo:
«Había gente que preguntaba al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— por burla.
El hombre decía: “¿Quién es mi padre?”
y al hombre se le extraviaba su camella y decía: “¿Dónde está mi camella?”
Entonces Dios reveló acerca de ellos esta aleya».
Me narró Muḥammad ibn al-Muthannā,
dijo:
nos narraron Abū ‘Āmir y Abū Dāwūd,
dijeron:
nos narró Hishām, de Qatāda, de Anas,
dijo:
La gente preguntó al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— hasta importunarlo con las preguntas. Un día subió al púlpito,
y dijo:
«NO ME PREGUNTARÉIS POR NADA SIN QUE OS LO ACLARE».
Anas dijo:
Me puse a mirar a derecha e izquierda, y veía a cada persona envolviéndose en su manto y llorando. Entonces se levantó un hombre que era objeto de disputas y se le atribuía a otro que no era su padre,
y dijo:
«¡Mensajero de Dios! ¿Quién es mi padre?»
Dijo:
«TU PADRE ES ḤUDHĀFA».
Anas dijo:
Entonces se levantó ‘Umar y dijo: «Nos complacemos con Dios como Señor, con el islam como religión y con Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz— como Mensajero; y me refugio en Dios del mal de las tribulaciones».
Entonces el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo:
«NO HE VISTO EN EL MAL Y EN EL BIEN NADA COMO HOY JAMÁS: SE ME HAN REPRESENTADO EL PARAÍSO Y EL FUEGO HASTA QUE LOS HE VISTO DETRÁS DEL MURO».
Y Qatāda solía mencionar este hadiz al tratar esta aleya:
«No preguntéis por cosas que, si se os manifestaran, os afligirían».
Me narró Muḥammad ibn Ma‘mar al-Baḥrānī,
dijo:
nos narró Rūḥ ibn ‘Ubāda,
dijo:
nos narró Shu‘ba,
dijo:
me informó Mūsā ibn Anas,
dijo:
Oí a Anas decir: Un hombre dijo: «¡Mensajero de Dios! ¿Quién es mi padre?»
Dijo:
«TU PADRE ES FULANO».
Dijo:
Entonces fue revelado:
«¡Oh, vosotros que habéis creído! No preguntéis por cosas que, si se os manifestaran, os afligirían».
Nos narró Bishr ibn Mu‘ādh,
dijo:
nos narró Yazīd ibn Zuray‘,
dijo:
nos narró Sa‘īd, de Qatāda,
acerca de Su palabra:
«¡Oh, vosotros que habéis creído! No preguntéis por cosas que, si se os manifestaran, os afligirían».
Dijo:
Se nos transmitió que Anas ibn Mālik les narró que al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— le preguntaron hasta importunarlo con las preguntas. Un día salió hacia ellos y subió al púlpito,
y dijo:
«HOY NO ME PREGUNTARÉIS POR NADA SIN QUE OS LO ACLARE».
Los Compañeros del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— temieron que ante él hubiese llegado un asunto ya presente; y yo no miraba a derecha ni a izquierda sin encontrar a todos envolviéndose la cabeza en su manto y llorando. Entonces se levantó un hombre que era objeto de disputas y se le atribuía a otro que no era su padre,
y dijo:
«¡Profeta de Dios! ¿Quién es mi padre?»
Dijo:
«TU PADRE ES ḤUDHĀFA».
Dijo:
Luego se levantó ‘Umar —o dijo: entonces se levantó ‘Umar— y dijo: «Nos complacemos con Dios como Señor, con el islam como religión y con Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz— como Mensajero, buscando refugio en Dios»; o dijo: «Me refugio en Dios del mal de las tribulaciones».
Dijo:
Y el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo:
«NO HE VISTO EN EL BIEN Y EN EL MAL NADA COMO HOY JAMÁS: SE ME HAN REPRESENTADO EL PARAÍSO Y EL FUEGO HASTA QUE LOS HE VISTO AL PIE DEL MURO».
Nos narraron Aḥmad ibn Hishām y Sufyān ibn Wakī‘,
dijeron:
nos narró Mu‘ādh,
dijo:
nos narró Ibn ‘Awn,
dijo:
Pregunté a ‘Ikrima, liberto de Ibn ‘Abbās, acerca de Su palabra:
«¡Oh, vosotros que habéis creído! No preguntéis por cosas que, si se os manifestaran, os afligirían».
Dijo:
«Fue aquel día en que el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— se puso en pie entre ellos,
y dijo:
“NO ME PREGUNTARÉIS POR NADA SIN QUE OS INFORME DE ELLO”.
Entonces se levantó un hombre, y a los musulmanes les desagradó su levantarse aquel día,
y dijo:
“¡Mensajero de Dios! ¿Quién es mi padre?”
Dijo:
“TU PADRE ES ḤUDHĀFA”.
Entonces fue revelada esta aleya».
Nos narró al-Ḥusayn ibn Yaḥyā,
dijo:
nos informó ‘Abd al-Razzāq,
dijo:
nos informó Ma‘mar, de Ibn Ṭāwūs,
de su padre, que dijo:
Fue revelado:
«No preguntéis por cosas que, si se os manifestaran, os afligirían»
acerca de un hombre que dijo: «¡Mensajero de Dios! ¿Quién es mi padre?»
Dijo:
«TU PADRE ES FULANO».
Nos narró al-Qāsim,
dijo:
nos narró al-Ḥusayn,
dijo:
me narró Sufyān, de Ma‘mar, de Qatāda,
dijo:
Preguntaron al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— hasta excederse con él; entonces se levantó airado, pronunciando un sermón,
y dijo:
«PREGUNTADME; POR DIOS, NO ME PREGUNTARÉIS POR NADA MIENTRAS PERMANEZCA EN MI LUGAR SIN QUE OS LO CUENTE».
Entonces se levantó un hombre y dijo: «¿Quién es mi padre?»
Dijo:
«TU PADRE ES ḤUDHĀFA».
Y se intensificó su enojo y dijo:
«PREGUNTADME».
Cuando la gente vio aquello, aumentó su llanto.
Entonces ‘Umar se arrodilló y dijo: «Nos complacemos con Dios como Señor».
Ma‘mar dijo:
Al-Zuhrī dijo: Anas dijo algo semejante: ‘Umar se arrodilló y dijo:
«Nos complacemos con Dios como Señor, con el islam como religión y con Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz— como Mensajero».
Entonces el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo:
«SÍ; POR AQUEL EN CUYA MANO ESTÁ MI ALMA, SE ME HAN REPRESENTADO HACE UN INSTANTE EL PARAÍSO Y EL FUEGO EN LA SUPERFICIE DE ESTE MURO, Y NO HE VISTO COMO HOY EN EL BIEN Y EN EL MAL».
Al-Zuhrī dijo:
Entonces la madre de ‘Abd Allāh ibn Ḥudhāfa dijo: «No he visto jamás un hijo más desobediente que tú. ¿Acaso te sientes seguro de que tu madre haya cometido lo que cometían las gentes de la ignorancia, y la expongas a la vergüenza ante las cabezas de la gente?»
Él dijo:
«Por Dios, si me atribuyera a un esclavo negro, me atribuiría a él».
Me narró Muḥammad ibn al-Ḥusayn,
dijo:
nos narró Aḥmad ibn al-Mufaḍḍal,
dijo:
nos narró Asbāṭ,
de al-Suddī:
«¡Oh, vosotros que habéis creído! No preguntéis por cosas que, si se os manifestaran, os afligirían».
Dijo:
Un día, de entre los días, el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— se enojó y se levantó como orador,
y dijo:
«PREGUNTADME, PUES NO ME PREGUNTARÉIS POR NADA SIN QUE OS INFORME DE ELLO».
Se levantó ante él un hombre de Quraysh, de Banū Sahm, llamado ‘Abd Allāh ibn Ḥudhāfa, y se le imputaba [algo],
y dijo:
«¡Mensajero de Dios! ¿Quién es mi padre?»
Dijo:
«TU PADRE ES FULANO».
Entonces lo atribuyó a su padre. ‘Umar se levantó hacia él,
le besó el pie y dijo:
«¡Mensajero de Dios! Nos complacemos con Dios como Señor, contigo como profeta, con el islam como religión y con el Corán como guía; perdónanos —que Dios te perdone—».
Y no dejó de insistirle hasta que quedó complacido.
Aquel día dijo:
«EL HIJO PERTENECE AL LECHO, Y PARA EL ADÚLTERO HAY LA PIEDRA».
Me narró al-Ḥārith,
dijo:
nos narró ‘Abd al-‘Azīz,
dijo:
nos narró Qays, de Abū Ḥuṣayn, de Abū Ṣāliḥ, de Abū Hurayra,
dijo:
Salió el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— estando airado, con el rostro enrojecido, hasta que se sentó en el púlpito. Entonces se levantó ante él un hombre y dijo: «¿Dónde está mi padre?»
Dijo:
«EN EL FUEGO».
Se levantó otro y dijo: «¿Quién es mi padre?»
Dijo:
«TU PADRE ES ḤUDHĀFA».
Entonces se levantó ‘Umar ibn al-Khaṭṭāb y dijo:
«Nos complacemos con Dios como Señor, con el islam como religión, con Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz— como profeta, y con el Corán como guía. Nosotros, ¡Mensajero de Dios!, somos de reciente salida de una ignorancia y de una idolatría, y Dios sabe quiénes son nuestros padres».
Entonces se apaciguó su enojo,
y fue revelado:
«¡Oh, vosotros que habéis creído! No preguntéis por cosas que, si se os manifestaran, os afligirían».
Y otros dijeron:
Esta aleya fue revelada al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— por la pregunta de un preguntador que le preguntó acerca de algo relativo al asunto de la peregrinación.
Mención de quienes dijeron eso:
Nos narró Abū Kurayb,
dijo:
nos narró Manṣūr ibn Wardān al-Asadī,
dijo:
nos narró ‘Alī ibn ‘Abd al-A‘lā,
dijo:
Cuando fue revelada esta aleya:
«Y es deber de los hombres para con Dios peregrinar a la Casa, quien pueda encontrar camino hacia ella»
dijeron: «¡Mensajero de Dios! ¿Cada año?»; y guardó silencio.
Luego dijeron: «¿Cada año?»; y guardó silencio.
Luego dijo:
«NO; Y SI HUBIERA DICHO “SÍ”, HABRÍA SIDO OBLIGATORIO».
Entonces Dios reveló esta aleya:
«¡Oh, vosotros que habéis creído! No preguntéis por cosas que, si se os manifestaran, os afligirían».
Nos narró Abū Kurayb,
dijo:
nos narró ‘Abd al-Raḥmān ibn Sulaymān, de Ibrāhīm ibn Muslim al-Hajarī, de Ibn ‘Iyāḍ, de Abū Hurayra,
dijo:
El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo:
«DIOS OS HA PRESCRITO LA PEREGRINACIÓN».
Entonces un hombre dijo: «¿Cada año, ¡Mensajero de Dios!?»
Él se apartó de él, hasta que lo repitió dos o tres veces.
Entonces dijo:
«¿QUIÉN ES EL QUE PREGUNTA?»
Dijo: «Fulano».
Dijo:
«POR AQUEL EN CUYA MANO ESTÁ MI ALMA: SI HUBIERA DICHO “SÍ”, HABRÍA SIDO OBLIGATORIO; Y SI HUBIERA SIDO OBLIGATORIO PARA VOSOTROS, NO LO HABRÍAIS SOPORTADO; Y SI LO HUBIERAIS DEJADO, HABRÍAIS INCURRIDO EN INCREDULIDAD».
Entonces Dios reveló esta aleya:
«¡Oh, vosotros que habéis creído! No preguntéis por cosas que, si se os manifestaran, os afligirían»
hasta el final de la aleya.
Me narró Muḥammad ibn ‘Alī ibn al-Ḥusayn ibn Shaqīq; dijo: oí a mi padre,
dijo:
nos informó al-Ḥusayn ibn Wāqid, de Muḥammad ibn Ziyād,
dijo:
Oí a Abū Hurayra decir: El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— nos dirigió un sermón y dijo:
«¡OH, GENTES! DIOS OS HA PRESCRITO LA PEREGRINACIÓN».
Entonces se levantó Muḥṣin al-Asadī,
y dijo:
«¿Cada año, ¡Mensajero de Dios!?»
Dijo:
«CIERTAMENTE, SI HUBIERA DICHO “SÍ”, HABRÍA SIDO OBLIGATORIO; Y SI HUBIERA SIDO OBLIGATORIO Y LUEGO LO HUBIERAIS DEJADO, OS HABRÍAIS EXTRAVIADO. CALLAD RESPECTO DE MÍ MIENTRAS YO CALLE RESPECTO DE VOSOTROS; PUES, EN VERDAD, QUIENES OS PRECEDIERON PERECIERON POR SUS PREGUNTAS Y SU DISCREPANCIA CON SUS PROFETAS».
Entonces Dios, el Altísimo, reveló:
«¡Oh, vosotros que habéis creído! No preguntéis por cosas que, si se os manifestaran, os afligirían»
hasta el final de la aleya.
Nos narró Ibn Ḥumayd,
dijo:
nos narró Yaḥyā ibn Wāḍiḥ,
dijo:
nos narró al-Ḥusayn Waqad, de Muḥammad ibn Ziyāda,
dijo:
Oí a Abū Hurayra decir: El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— nos dirigió un sermón, y mencionó algo semejante,
excepto que dijo:
Entonces se levantó ‘Ukāsha, hijo de Muḥṣan al-Asadī.
Nos narró Zakariyyā ibn Yaḥyā ibn Abān al-Miṣrī,
dijo:
nos narró Abū Zayd ‘Abd al-Raḥmān ibn Abī al-‘Umar,
dijo:
nos narró Abū Muṭī‘ Mu‘āwiya ibn Yaḥyā, de Ṣafwān ibn ‘Amr,
dijo:
me narró Sulaym ibn ‘Āmir,
dijo:
Oí a Abū Umāma al-Bāhilī decir: El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— se puso en pie entre la gente y dijo:
«SE OS HA PRESCRITO LA PEREGRINACIÓN».
Entonces se levantó un hombre de los beduinos,
y dijo:
«¿Cada año?»
Dijo:
Las palabras del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— se elevaron; calló, se enojó e hizo que se enojaran.
Permaneció largo tiempo; luego habló y dijo:
«¿QUIÉN ES EL QUE PREGUNTA?»
El beduino dijo:
«Aquí estoy yo».
Dijo:
«¡AY DE TI! ¿QUÉ TE DA SEGURIDAD DE QUE YO DIGA “SÍ”? SI HUBIERA DICHO “SÍ”, HABRÍA SIDO OBLIGATORIO; Y SI HUBIERA SIDO OBLIGATORIO, HABRÍAIS INCURRIDO EN INCREDULIDAD. Ciertamente, lo que destruyó a quienes os precedieron fueron los imames del apuro; y, por Dios, si yo os hubiera hecho lícito todo lo que hay en la tierra y os hubiera prohibido de ello el lugar de una sola sandalia, habríais caído en ello».
Dijo:
Entonces Dios, el Altísimo, reveló en ese momento:
«¡Oh, vosotros que habéis creído! No preguntéis por cosas... »
hasta el final de la aleya.
Me narró Muḥammad ibn Sa‘d,
dijo:
me narró mi padre,
dijo:
me narró mi tío,
dijo:
me narró mi padre, de su padre, de Ibn ‘Abbās,
acerca de Su palabra:
«¡Oh, vosotros que habéis creído! No preguntéis por cosas que, si se os manifestaran, os afligirían».
Y ello porque el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— hizo un anuncio entre la gente,
y dijo:
«¡OH, PUEBLO! SE OS HA PRESCRITO LA PEREGRINACIÓN».
Entonces se levantó un hombre de Banū Asad y dijo: «¡Mensajero de Dios! ¿Cada año?»
El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— se enojó con un enojo muy intenso,
y dijo:
«POR AQUEL EN CUYA MANO ESTÁ EL ALMA DE MUḤAMMAD: SI HUBIERA DICHO “SÍ”, HABRÍA SIDO OBLIGATORIO; Y SI HUBIERA SIDO OBLIGATORIO, NO HABRÍAIS PODIDO, Y ENTONCES HABRÍAIS INCURRIDO EN INCREDULIDAD. DEJADME MIENTRAS YO OS DEJE; Y CUANDO OS ORDENE ALGO, HACEDLO; Y CUANDO OS PROHÍBA ALGO, ABSTENEOS DE ELLO».
Entonces Dios, el Altísimo, reveló:
«¡Oh, vosotros que habéis creído! No preguntéis por cosas que, si se os manifestaran, os afligirían».
Les prohibió preguntar como preguntaron los cristianos acerca de la mesa servida, y amanecieron por ella como incrédulos; así, Dios —el Altísimo— prohibió eso.
Y dijo:
No preguntéis por cosas que, si el Corán descendiera acerca de ellas con severidad, eso os afligiría; más bien aguardad, y cuando descienda el Corán, no preguntaréis por nada sin hallar su esclarecimiento.
Me narró al-Muthannā,
dijo:
nos narró ‘Abd Allāh ibn Ṣāliḥ,
dijo:
me narró Mu‘āwiya ibn Ṣāliḥ,
dijo:
nos narró ‘Alī ibn Abī Ṭalḥa, de Ibn ‘Abbās,
acerca de Su palabra:
«¡Oh, vosotros que habéis creído! No preguntéis por cosas que, si se os manifestaran, os afligirían; y si preguntáis por ellas mientras se va revelando el Corán, se os manifestarán».
Dijo:
Cuando fue revelada la aleya de la peregrinación, el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— llamó a la gente y dijo:
«¡OH, GENTES! DIOS OS HA PRESCRITO LA PEREGRINACIÓN; ASÍ PUES, PEREGRINAD».
Dijeron: «¡Mensajero de Dios! ¿Un solo año o cada año?»
Dijo:
«NO; MÁS BIEN, UN SOLO AÑO. Y SI HUBIERA DICHO “CADA AÑO”, HABRÍA SIDO OBLIGATORIO; Y SI HUBIERA SIDO OBLIGATORIO, HABRÍAIS INCURRIDO EN INCREDULIDAD».
Luego Dios, el Altísimo, dijo:
«¡Oh, vosotros que habéis creído! No preguntéis por cosas que, si se os manifestaran, os afligirían».
Dijo:
Preguntaron al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— por cosas; él los exhortó, y desistieron.
Me narró Muḥammad ibn ‘Amr,
dijo:
nos narró Abū ‘Āṣim, de ‘Īsā, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid,
acerca de Su palabra:
«¡Oh, vosotros que habéis creído! No preguntéis por cosas que, si se os manifestaran, os afligirían».
Dijo:
El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— mencionó la peregrinación,
y se dijo:
«¿Es obligatoria, ¡Mensajero de Dios!, cada año?»
Dijo:
«NO; SI LA HUBIERA DICHO, HABRÍA SIDO OBLIGATORIO; Y SI HUBIERA SIDO OBLIGATORIO, NO LO HABRÍAIS SOPORTADO; Y SI NO LO HUBIERAIS SOPORTADO, HABRÍAIS INCURRIDO EN INCREDULIDAD».
Luego dijo:
«PREGUNTADME: NO ME PREGUNTARÁ HOMBRE ALGUNO EN ESTA ASAMBLEA MÍA POR NADA SIN QUE SE LO INFORME, AUN SI ME PREGUNTA POR SU PADRE».
Entonces se levantó ante él un hombre,
y dijo:
«¿Quién es mi padre?»
Dijo:
«TU PADRE ES ḤUDHĀFA IBN QAYS».
Entonces se levantó ‘Umar,
y dijo:
«¡Mensajero de Dios! Nos complacemos con Dios como Señor, con el islam como religión, con Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz— como profeta, y nos refugiamos en Dios de Su enojo y del enojo de Su Mensajero».
Y otros dijeron:
Más bien, esta aleya fue revelada porque preguntaron al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— acerca de la baḥīra, la sā’iba, la waṣīla y el ḥāmī.
Mención de quienes dijeron eso:
Me narró Isḥāq ibn Ibrāhīm ibn Ḥabīb ibn al-Shahīd,
dijo:
nos narró ‘Attāb ibn Bashīr, de Khuṣayf, de Mujāhid,
de Ibn ‘Abbās: «No preguntéis por cosas», dijo:
«Son la baḥīra, la sā’iba, la waṣīla y el ḥāmī.
¿Acaso no ves que después de eso dice:
“Dios no ha establecido tal ni cual”?»
Dijo:
En cuanto a ‘Ikrima, dijo: «Ellos solían preguntarle acerca de las aleyas, y se les prohibió eso».
Luego dijo:
«Ciertamente, un pueblo antes que vosotros ya preguntó por ellas, y luego amanecieron por ellas como incrédulos».
Dijo:
Yo dije: «Mujāhid me ha transmitido de Ibn ‘Abbās algo distinto de esto; ¿por qué dices tú esto?»
Dijo: «¡Eh, eh!».
Nos narró Ibn Wakī‘,
dijo:
nos narró Yazīd ibn Hārūn, de Ibn ‘Awn, de ‘Ikrima, de al-A‘mash,
dijo:
«Es el que preguntó al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—: “¿Quién es mi padre?”».
Y Sa‘īd ibn Jubayr dijo:
«Son quienes preguntaron al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— acerca de la baḥīra y la sā’iba».
Y la opinión más digna de ser tenida por correcta en esto es la de quien dijo:
Esta aleya fue revelada por la abundancia de preguntas con que los preguntadores acosaban al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, como la pregunta de Ibn Ḥudhāfa acerca de quién era su padre, y la pregunta de quien le preguntó cuando dijo:
«DIOS OS HA PRESCRITO LA PEREGRINACIÓN»:
«¿Cada año?»
y otras preguntas semejantes; debido a la convergencia de los relatos sobre ello procedentes de los Compañeros, los Seguidores y la mayoría de la gente de la exégesis.
En cuanto a la opinión que Mujāhid transmitió de Ibn ‘Abbās, no está lejos de lo correcto; pero los relatos convergentes de los Compañeros y los Seguidores están en contra de ella, y por eso hemos rehuido sostenerla.
Con todo, no es extraño que la pregunta acerca de la baḥīra, la sā’iba, la waṣīla y el ḥāmī estuviera entre las cuestiones por las que preguntaron al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, y que Dios detestó para ellos que preguntasen por ellas, del mismo modo que detestó para ellos la pregunta acerca de la peregrinación —si era cada año o un solo año—, y del mismo modo que detestó para ‘Abd Allāh ibn Ḥudhāfa su pregunta acerca de su padre. Entonces la aleya descendió prohibiendo tales preguntas, y cada informante de entre ellos informó de una parte de aquello por lo que la aleya fue revelada, junto con otras causas.
Esta opinión es, a mi juicio, la más digna de ser tenida por auténtica, porque las vías de transmisión de los relatos en todos los sentidos mencionados son sólidas; por tanto, dirigirlas hacia lo correcto, en virtud de su existencia, es más apropiado.
La exposición acerca de la interpretación de la palabra del Altísimo:
«Y si preguntáis por ellas mientras se va revelando el Corán, se os manifestarán. Dios las ha pasado por alto; y Dios es Perdonador, Indulgente»:
Dice el Altísimo —glorificado sea Su recuerdo— a aquellos a quienes prohibió, de entre los Compañeros del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, preguntar al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— por aquello sobre lo que les prohibió preguntarle: de obligaciones que Dios no les había impuesto, de hacer lícitas para ellos cosas que Él les haría lícitas, y de prohibir cosas que no les había prohibido antes de que el Corán descendiera con ello:
Oh creyentes que preguntáis por aquello por lo que preguntasteis a Mi Mensajero, sobre lo cual no he hecho descender Libro ni revelación: no preguntéis por ello. Pues, si se os hiciera manifiesto mediante una aclaración por revelación y descenso, os afligiría; porque, cuando os llegue el descenso acerca de ello, os llegará con lo que os pone a prueba y os examina: o bien imponiéndoos una obra y haciéndoos obligatoria una prescripción, y en ello hay para vosotros dificultad, carga y esfuerzo; o bien prohibiendo aquello que, de no haber llegado una revelación prohibiéndolo, habríais tenido amplitud y holgura para anticiparos a ello; o bien haciendo lícito aquello cuya prohibición creéis, y en ello hay para vosotros aflicción por trasladaros de lo que considerabais verdad a lo que considerabais falsedad.
Pero si preguntáis por ello después de que el Corán haya descendido acerca de ello, y después de que el asunto de su mandato haya comenzado en Mi Libro hacia Mi Mensajero para vosotros, se os aclarará lo que le he hecho descender: la llegada de Mi Libro, la interpretación de Mi descenso y Mi revelación.
Y esto es semejante al relato que se transmitió de algunos de los Compañeros del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, el cual:
nos lo narró Hannād ibn al-Sarī,
dijo:
nos narró Abū Mu‘āwiya, de Dāwūd ibn Abī Hind, de Makhūl, de Abū Tha‘laba al-Khushanī,
dijo:
«Ciertamente, Dios —exaltado sea— ha impuesto obligaciones: no las descuidéis; y ha prohibido cosas: no las vulneréis; y ha fijado límites: no los transgredáis; y ha pasado por alto cosas, no por olvido: no indaguéis sobre ellas».
Nos narró Hannād,
dijo:
nos narró Ibn Abī Zā’ida,
dijo:
nos informó Ibn Jurayj, de ‘Aṭā’,
dijo:
‘Ubayd ibn ‘Umayr solía decir: Ciertamente, Dios —exaltado sea— ha hecho lícito y ha hecho ilícito; así pues, considerad lícito lo que Él ha hecho lícito y evitad lo que Él ha hecho ilícito.
Y dejó, de entre ello, cosas que no hizo lícitas ni ilícitas: eso es un indulto de Dios, que Él os ha indultado. Luego recitaba:
«¡Oh, vosotros que habéis creído! No preguntéis por cosas que, si se os manifestaran, os afligirían».
Nos narró Ibn al-Muthannā,
dijo:
nos narró al-Ḍaḥḥāk,
dijo:
nos informó Ibn Jurayj,
dijo:
me informó ‘Aṭā’, de ‘Ubayd ibn ‘Umayr,
que solía decir:
Ciertamente, Dios ha prohibido y ha hecho lícito; luego mencionó algo semejante.
En cuanto a Su palabra:
«Dios las ha pasado por alto»,
quiere decir: Dios os ha perdonado por vuestra pregunta acerca de las cosas por las que preguntasteis al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, cuya pregunta Dios detestó para vosotros, de modo que no os tome en cuenta por ello ni os castigue por ello, si conoce de vosotros vuestro arrepentimiento y vuestro retorno.
Y «Dios es Perdonador» quiere decir:
Dios es quien cubre los pecados de quien se arrepiente de ellos, y deja de exponerlo en la Otra Vida.
«Indulgente»: que no se apresura a castigarlo por ello, por envolver con Su misericordia y Su perdón al que se arrepiente de ello, apartándolo de Su castigo por ello.
Y en el sentido de lo que hemos dicho se transmitió el relato de Ibn ‘Abbās que mencionamos hace un instante.
Y ello es lo que:
me lo narró Muḥammad ibn Sa‘d,
dijo:
me narró mi padre,
dijo:
me narró mi padre, de su padre,
de Ibn ‘Abbās:
«No preguntéis por cosas»:
si el Corán descendiera acerca de ellas con severidad, eso os afligiría; más bien aguardad, y cuando descienda el Corán, no preguntaréis por nada sin hallar su esclarecimiento.
Notas y Referencias
(No se generaron)