48

La Victoria

الفتح Al-Fath
Aya 2

Versículo (Español)

[48:2] Dios te perdonará [¡oh, Mujámmad!] las faltas que cometiste y las que pudieses cometer, completará Su gracia sobre ti, te afianzará en el sendero recto,

Tafsir de At-Tabari

{لِّيَغۡفِرَ لَكَ ٱللَّهُ مَا تَقَدَّمَ مِن ذَنۢبِكَ وَمَا تَأَخَّرَ وَيُتِمَّ نِعۡمَتَهُۥ عَلَيۡكَ وَيَهۡدِيَكَ صِرَٰطٗا مُّسۡتَقِيمٗا} (2) Quiere decir, con Su dicho —exaltado sea el recuerdo de Él— a Su Profeta Muḥammad, صلى الله عليه وسلم: {إِنّا فَتَحْنا لَكَ فَتْحا مُبِينا} (Ciertamente, te hemos concedido una apertura/decisión manifiesta), esto es, dice: Hemos dictaminado en tu favor, ¡oh Muḥammad!, un dictamen —para quien lo oiga o le llegue— contra quienes te contradijeron y se te enfrentaron de entre los incrédulos de tu pueblo; y hemos decretado para ti sobre ellos la victoria y el triunfo, para que agradezcas a tu Señor y Lo alabes por Su gracia, por haberte concedido el fallo contra ellos y por haberte abierto lo que te abrió; y para que Lo glorifiques y Le pidas perdón, y así tu Señor te perdone —por obrar tú de ese modo— lo que se adelantó de tu falta antes de que Él te abriera lo que te abrió, y lo que se retrasó después de que Él te abriera eso, por haberle agradecido y haber pedido perdón.

Y sólo hemos escogido esta opinión en la interpretación de esta aleya por la indicación del dicho de Dios —poderoso y majestuoso—: {إِذَا جاءَ نَصْرُ اللّهِ وَالفَتْح * وَرَأَيْتَ النّاسَ يَدْخُلُونَ فِي دِينِ اللّهِ أَفْوَاجا * فَسَبّحْ بِحَمْدِ رَبّكَ وَاسْتَغْفِرْهُ إِنّهُ كانَ تَوّابا} (Cuando llegue el auxilio de Dios y la apertura, y veas a la gente entrar en la religión de Dios en multitudes, glorifica con la alabanza de tu Señor y pídele perdón; ciertamente, Él es siempre Remisorio), por la corrección de su sentido: pues Él —exaltado sea Su recuerdo— le ordenó que glorificase con la alabanza de su Señor cuando le llegase el auxilio de Dios y la apertura de La Meca, y que Le pidiese perdón, y le informó de que Él es Remisorio con quien hace eso. En ello hay una exposición clara de que Su dicho —exaltado sea el recuerdo de Él—: {لِيَغْفِرَ لَكَ الله ما تَقَدّمَ مِنْ ذَنْبِكَ وَما تَأَخّرَ} no es sino una noticia de Dios —glorificado sea— a Su Profeta, عليه الصلاة والسلام, acerca de Su retribución para él por haberle agradecido la gracia con la que lo favoreció al hacerle prevalecer mediante lo que abrió; pues la retribución de Dios —exaltado sea— a Sus siervos es por sus obras y no por otra cosa.

Además, consta con autenticidad en el relato acerca de él, صلى الله عليه وسلم, que solía permanecer en oración hasta que se le hinchaban los pies; y se le dijo: «¡Mensajero de Dios! ¿Haces esto cuando ya se te ha perdonado lo que se adelantó de tu falta y lo que se retrasó?» Y respondió: «¿Acaso no he de ser un siervo agradecido?»; lo cual es una indicación manifiesta de que lo que hemos dicho al respecto es la opinión correcta, y de que Dios —bendito y exaltado— sólo prometió a Su Profeta Muḥammad, صلى الله عليه وسلم, el perdón de sus faltas anteriores —antes de la apertura que le fue concedida— y posteriores, a condición de su agradecimiento por las mercedes con que lo agració. Y así decía, صلى الله عليه وسلم: «Ciertamente, pido perdón a Dios y me vuelvo a Él en arrepentimiento cada día cien veces». Si la opinión en esto fuese que se trata de una noticia de Dios —exaltado sea— a Su Profeta de que ya le ha perdonado lo que se adelantó de su falta y lo que se retrasó, de un modo distinto al que hemos mencionado, entonces no tendría sentido inteligible que se le ordenase pedir perdón después de esta aleya, ni que el Profeta de Dios, صلى الله عليه وسلم, pidiese perdón a su Señor —glorioso sea Su majestad— por sus faltas tras ella; pues el significado de pedir perdón es: que el siervo solicite a su Señor —poderoso y majestuoso— el perdón de sus faltas; y si no hubiese faltas que perdonar, no tendría sentido pedirle su perdón, porque es imposible que se diga: «¡Oh Dios! Perdóname una falta que no he cometido». Algunos lo interpretaron con el sentido de: «para que te perdone lo que se adelantó de tu falta antes de la misión profética, y lo que se retrasó hasta el momento en que dijo: {إِنّا فَتَحْنا لَكَ فَتْحا مُبِينا لِيَغْفِرَ لَكَ اللّهُ ما تَقَدّمَ مِنْ ذَنْبِكَ وَما تَأخّرَ}». En cuanto a la apertura por la cual Dios —glorificado sea— prometió a Su Profeta, صلى الله عليه وسلم, esta promesa a cambio de su agradecimiento por ella, se trata —según lo transmitido— de la tregua que tuvo lugar entre el Mensajero de Dios, صلى الله عليه وسلم, y los asociadores de Quraysh en al-Ḥudaybiyya.

Y se mencionó que esta sura fue revelada al Mensajero de Dios, صلى الله عليه وسلم, cuando regresaba de al-Ḥudaybiyya, después de la tregua que tuvo lugar entre él y su gente. Y en el sentido que hemos dicho acerca de Su dicho: {إِنّا فَتَحْنا لَكَ فَتْحا مُبِينا}, hablaron los especialistas en interpretación. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narró Muḥammad b. ʿAbd al-Aʿlā; dijo: nos narró Muḥammad b. Thawr, de Maʿmar, de Qatāda, acerca de Su dicho: {إِنّا فَتَحْنا لَكَ فَتْحا مُبِينا}; dijo: «Hemos dictaminado para ti un dictamen manifiesto».

Nos narró Bishr; dijo: nos narró Yazīd; dijo: nos narró Saʿīd, de Qatāda, acerca de Su dicho: {إِنّا فَتَحْنا لَكَ فَتْحا مُبِينا}; y la apertura: «es el dictamen».

Mención del relato de quienes dijeron: «Esta sura fue revelada al Mensajero de Dios, صلى الله عليه وسلم, en el momento que he mencionado»:

Nos narró Ḥumayd b. Masʿada; dijo: nos narró Bishr b. al-Mufaḍḍal; dijo: nos narró Dāwūd, de ʿĀmir, acerca de {إِنّا فَتَحْنا لَكَ فَتْحا مُبِينا}; dijo: «al-Ḥudaybiyya».

Me narró Muḥammad b. ʿAmr; dijo: nos narró Abū ʿĀṣim; dijo: nos narró ʿĪsā. Y me narró al-Ḥārith; dijo: nos narró al-Ḥasan; dijo: nos narró Warqāʾ; todos ellos, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid, acerca del dicho de Dios: {إِنّا فَتَحْنا لَكَ فَتْحا مُبِينا}; dijo: «su degüello (del sacrificio) en al-Ḥudaybiyya y su rapado».

Nos narró Muḥammad b. ʿAbd Allāh b. Bazīʿ; dijo: nos narró Abū Baḥr; dijo: nos narró Shuʿba; dijo: nos narró Jāmiʿ b. Shaddād, de ʿAbd al-Raḥmān b. Abī ʿAlqama; dijo: oí a ʿAbd Allāh b. Masʿūd decir: «Cuando regresábamos de al-Ḥudaybiyya, hicimos alto al anochecer y nos dormimos; no despertamos sino cuando el sol ya había salido. Despertamos y el Mensajero de Dios, صلى الله عليه وسلم, estaba dormido. Dijimos: “Despertadlo”. El Mensajero de Dios, صلى الله عليه وسلم, despertó y dijo: “Haced como solíais hacer; así es para quien duerme o se olvida”. Y echamos en falta la camella del Mensajero de Dios, صلى الله عليه وسلم; la hallamos con su ronzal enganchado a un árbol. Se la llevé y montó. Mientras caminábamos, le llegó la revelación. Cuando le llegaba, le resultaba penosa; y cuando se le alivió, nos informó de que se le había revelado: {إِنّا فَتَحْنا لَكَ فَتْحا مُبِينا}».

Nos narró Aḥmad b. al-Miqdām; dijo: nos narró al-Muʿtamir; dijo: oí a mi padre relatar de Qatāda, de Anas b. Mālik; dijo: «Cuando regresamos de la expedición de al-Ḥudaybiyya y se nos impidió nuestro rito, estábamos entre la tristeza y la aflicción; entonces Dios —poderoso y majestuoso— reveló: {إِنّا فَتَحْنا لَكَ فَتْحا مُبِينا لِيَغْفِرَ لَكَ اللّهُ ما تَقَدّمَ مِنْ ذَنْبِكَ وَما تَأخّرَ وَيُتِمّ نِعْمَتَهُ عَلَيْكَ ويَهْدِيَكَ صِرَاطا مُسْتَقِيما} —o como Dios quiso—. Y el Profeta de Dios, صلى الله عليه وسلم, dijo: “Se me ha revelado una aleya más amada para mí que el mundo entero”».

Nos narró Ibn Bashshār; dijo: nos narró Ibn Abī ʿAdī, de Saʿīd b. Abī ʿArūba, de Qatāda, de Anas b. Mālik, acerca de Su dicho: {إِنّا فَتَحْنا لَكَ فَتْحا مُبِينا}; dijo: «Fue revelada al Profeta, صلى الله عليه وسلم, a su regreso de al-Ḥudaybiyya, cuando se les impidió su rito; degolló la ofrenda en al-Ḥudaybiyya, y sus compañeros estaban mezclados de abatimiento y tristeza. Dijo: “Se me ha revelado una aleya más amada para mí que el mundo entero”, y recitó: {إِنّا فَتَحْنا لَكَ فَتْحا مُبِينا * لِيَغْفِرَ لَكَ اللّهُ ما تَقَدّمَ مِنْ ذَنْبِكَ وَما تَأخّرَ ...} hasta Su dicho: {عَزِيزا}. Entonces sus compañeros dijeron: “Enhorabuena para ti, ¡Mensajero de Dios! Dios nos ha aclarado qué hará contigo; ¿y qué hará con nosotros?”. Entonces Dios reveló la aleya que sigue: {لِيُدْخِلَ المُؤْمِنِينَ وَالمُؤْمِنات جَنّاتٍ تَجْرِي مِنْ تَحْتِها الأنهارَ خالِدِينَ فِيها ...} hasta Su dicho: {وكانَ ذلكَ عِنْدَ اللّهِ فَوْزا عَظِيما}».

Nos narró Ibn al-Muthannā; dijo: nos narró Abū Dāwūd; dijo: nos narró Hammām; dijo: nos narró Qatāda, de Anas; dijo: «Fue revelada esta aleya», y mencionó algo semejante.

Nos narró Bishr; dijo: nos narró Yazīd; dijo: nos narró Saʿīd, de Qatāda, de Anas, con un relato semejante, salvo que dijo en su ḥadīṯ: «Entonces un hombre del grupo dijo: “Enhorabuena, que te sea grato, ¡Mensajero de Dios!”». Y también dijo: «Dios aclaró qué hará con Su Profeta, عليه الصلاة والسلام, y qué hará con ellos».

Nos narró Ibn ʿAbd al-Aʿlā; dijo: nos narró Ibn Thawr, de Maʿmar, de Qatāda; dijo: «Fue revelada al Profeta, صلى الله عليه وسلم: {لِيَغْفِرَ لَكَ اللّهُ ما تَقَدّمَ مِنْ ذَنْبِكَ وَما تَأخّرَ} a su regreso de al-Ḥudaybiyya. El Profeta, صلى الله عليه وسلم, dijo: “Me ha descendido una aleya más amada para mí que cuanto hay sobre la tierra”. Luego se la recitó. Ellos dijeron: “Enhorabuena, que te sea grato, ¡Profeta de Dios! Dios —exaltado sea Su recuerdo— te ha aclarado qué hará contigo; ¿y qué hará con nosotros?”. Entonces le fue revelado: {لِيُدْخِلَ المُؤْمِنِينَ وَالمُؤْمِناتِ جَنّاتٍ تَجْرِي مِنْ تَحْتِها الأنهارُ ...} hasta Su dicho: {فَوْزا عَظِيما}».

Nos narraron Ibn Bashshār e Ibn al-Muthannā; dijeron: nos narró Muḥammad b. Jaʿfar; dijo: nos narró Shuʿba, de Qatāda, de ʿIkrima; dijo: «Cuando descendió esta aleya: {إِنّا فَتَحْنا لَكَ فَتْحا مُبِينا لِيَغْفِرَ لَكَ اللّهُ ما تَقَدّمَ مِنْ ذَنْبِكَ وَما تَأخّرَ وَيُتِمّ نِعْمَتَهُ عَلَيْكَ ويَهْدِيَكَ صِرَاطا مُسْتَقِيما} dijeron: “Enhorabuena, que te sea grato, ¡Mensajero de Dios! ¿Y qué hay para nosotros?”. Entonces descendió: {لِيُدْخِلَ المُؤْمِنِينَ وَالمُؤْمِناتِ جَنّاتٍ تَجْرِي مِنْ تَحْتِها الأنهارُ خالِدِينَ فِيها وَيُكَفّرَ عَنْهُمْ سَيّئاتِهِمْ}».

Nos narró Muḥammad b. al-Muthannā; dijo: nos narró Muḥammad b. Jaʿfar; dijo: nos narró Shuʿba; dijo: oí a Qatāda relatar de Anas acerca de esta aleya {إِنّا فَتَحْنا لَكَ فَتْحا مُبِينا}; dijo: «al-Ḥudaybiyya».

Nos narró Ibn al-Muthannā; dijo: nos narró Yaḥyā b. Ḥammād; dijo: nos narró Abū ʿAwāna, de al-Aʿmash, de Abū Sufyān, de Jābir; dijo: «No considerábamos la apertura de La Meca sino el día de al-Ḥudaybiyya».

Nos narró Abū Kurayb; dijo: nos narró Yaʿlā b. ʿUbayd, de ʿAbd al-ʿAzīz b. Siyāh, de Ḥabīb b. Abī Thābit, de Abū Wāʾil; dijo: «Sahl b. Ḥunayf habló el día de Ṣiffīn y dijo: “¡Oh gente! Sospechad de vosotros mismos. Nos vi el día de al-Ḥudaybiyya —es decir, el pacto que hubo entre el Mensajero de Dios, صلى الله عليه وسلم, y los asociadores—; si hubiéramos visto combate, habríamos combatido”. Entonces ʿUmar vino al Mensajero de Dios, صلى الله عليه وسلم, y dijo: “¡Mensajero de Dios! ¿No estamos nosotros en la verdad y ellos en la falsedad? ¿No están nuestros muertos en el Paraíso y los suyos en el Fuego?”. Dijo: “Sí”. Dijo: “Entonces, ¿por qué aceptamos la humillación en nuestra religión y regresamos sin que Dios haya juzgado aún entre nosotros y ellos?”. Dijo: “¡Hijo de al-Khaṭṭāb! Yo soy el Mensajero de Dios, y Él no me abandonará jamás”. Regresó airado, y no pudo contenerse hasta que fue a Abū Bakr y dijo: “¡Abū Bakr! ¿No estamos nosotros en la verdad y ellos en la falsedad? ¿No están nuestros muertos en el Paraíso y los suyos en el Fuego?”. Dijo: “Sí”. Dijo: “Entonces, ¿por qué aceptamos la humillación en nuestra religión y regresamos sin que Dios haya juzgado aún entre nosotros y ellos?”. Dijo: “¡Hijo de al-Khaṭṭāb! Él es el Mensajero de Dios; Dios no lo abandonará jamás”. Entonces descendió la sura de la Apertura; el Mensajero de Dios, صلى الله عليه وسلم, mandó llamar a ʿUmar y se la recitó. Dijo: “¡Mensajero de Dios! ¿Es, pues, una apertura?”. Dijo: “Sí”».

Me narró Yaḥyā b. Ibrāhīm al-Masʿūdī; dijo: nos narró mi padre, de su padre, de su abuelo, de al-Aʿmash, de Abū Sufyān, de Jābir; dijo: «No considerábamos la apertura sino el día de al-Ḥudaybiyya».

Nos narró Ibn Wakīʿ; dijo: nos narró mi padre, de Isrāʾīl, de Abū Isḥāq, de al-Barāʾ; dijo: «Vosotros consideráis que la apertura es la apertura de La Meca; y la apertura de La Meca fue una apertura. Pero nosotros consideramos que la apertura es la Bayʿat al-Riḍwān el día de al-Ḥudaybiyya. Estábamos con el Mensajero de Dios, صلى الله عليه وسلم, mil quinientos. Y al-Ḥudaybiyya: es un pozo».

Me narró Mūsā b. Sahl al-Ramlī; nos narró Muḥammad b. ʿĪsā; dijo: nos narró Mujammaʿ b. Yaʿqūb al-Anṣārī; dijo: oí a mi padre relatar de su tío ʿAbd al-Raḥmān b. Yazīd, de su tío Mujammaʿ b. Jāriya al-Anṣārī —y era uno de los recitadores que recitaban el Corán—; dijo: «Presenciamos al-Ḥudaybiyya con el Mensajero de Dios, صلى الله عليه وسلم. Cuando regresamos de ella, la gente hacía apresurar a los camellos. Algunos se dijeron a otros: “¿Qué le pasa a la gente?”. Dijeron: “Se ha revelado al Mensajero de Dios, صلى الله عليه وسلم: {إِنّا فَتَحْنا لَكَ فَتْحا مُبِينا * لَيَغْفِرَ لَكَ اللّهُ}”. Entonces un hombre dijo: “¿Es una apertura, ¡Mensajero de Dios!?”. Dijo: “Sí; por Aquel en cuya mano está mi alma, ciertamente es una apertura”. Luego Jaybar fue repartida entre la gente de al-Ḥudaybiyya; no entró con ellos en ella nadie sino quien había presenciado al-Ḥudaybiyya. El ejército era de mil quinientos, entre ellos trescientos jinetes. El Mensajero de Dios, صلى الله عليه وسلم, la repartió en dieciocho partes: dio al jinete dos partes y dio al infante una parte».

Nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Jarīr, de Mughīra, de al-Shaʿbī; dijo: «Descendió {إِنّا فَتَحْنا لَكَ فَتْحا مُبِينا} en al-Ḥudaybiyya; y en esa expedición obtuvo lo que no obtuvo en ninguna: obtuvo que se prestó el juramento de al-Riḍwān, que se le perdonó lo que se adelantó de su falta y lo que se retrasó, que los romanos prevalecieron sobre los persas, que la ofrenda alcanzó su lugar de inmolación, que se les dio de comer de las palmeras de Jaybar, y que los creyentes se alegraron por la veracidad del Profeta, صلى الله عليه وسلم, y por la victoria de los romanos sobre los persas».

Y Su dicho —exaltado sea—: {وَيُتِمّ نِعْمَتَهُ عَلَيْكَ} (y complete Su gracia sobre ti), es decir: al hacerte prevalecer sobre tu enemigo y al elevar tu mención en este mundo, y al perdonar tus faltas en la otra vida. Y {وَيَهْدِيَكَ صِرَاطا مُسْتَقِيما} (y guiarte a un camino recto), esto es: y orientarte en tu senda de la religión, sin desviación en ella, para que por ti se enderece hacia la complacencia de tu Señor. Y {وَيَنْصُرَكَ اللّهُ نَصْرا عَزِيزا} (y que Dios te auxilie con un auxilio poderoso), esto es: y te auxilie contra el resto de tus enemigos y contra quienes te hostilicen, con un auxilio que nadie pueda vencer ni repeler, por la fuerza con que Dios te apoya y por el triunfo con que te provee.

Notas y Referencias

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