El Perdonador
غافر GhafirVersículo (Español)
[40:32] ¡Oh, pueblo mío! Temo que [sean castigados] el día de la convocatoria.
Tafsir de At-Tabari
{وَيَٰقَوۡمِ إِنِّيٓ أَخَافُ عَلَيۡكُمۡ يَوۡمَ ٱلتَّنَادِ} (32)
القول في تأويل قوله تعالى :
{ وَيَقَوْمِ إِنّيَ أَخَافُ عَلَيْكُمْ يَوْمَ التّنَادِ * يَوْمَ تُوَلّونَ مُدْبِرِينَ مَا لَكُمْ مّنَ اللّهِ مِنْ عَاصِمٍ وَمَن يُضْلِلِ اللّهُ فَمَا لَهُ مِنْ هَادٍ }
Dice —exaltado sea Su recuerdo— informando acerca de lo dicho por este creyente a Faraón y a su pueblo:
¡Oh pueblo mío! En verdad temo por vosotros —si matáis a Moisés, en caso de que lo matéis— el castigo de Dios el Día del Llamamiento.
Los recitadores discreparon respecto a la lectura de Su dicho:
«yawm at-tanād». La mayoría de los recitadores de las ciudades lo leyeron: «yawm at-tanād», aligerando la dāl y omitiendo la afirmación de la yā’, con el sentido de la forma recíproca, de «tanādā al-qawm tanādiyan» (la gente se llamó unos a otros), tal como dijo —glorificado sea—:
«Y los moradores del Paraíso llamaron a los moradores del Fuego: “Hemos hallado verdadero lo que nuestro Señor nos prometió; ¿habéis hallado verdadero lo que vuestro Señor prometió?” Dijeron: “Sí”». Y dijo: «Y los moradores del Fuego llamaron a los moradores del Paraíso: “Derramad sobre nosotros agua…”». Por ello, quienes lo leyeron así lo interpretaron de ese modo.
Mención de quienes dijeron eso:
Nos narró Muḥammad b. Bashshār,
dijo:
nos narró Muḥammad b. ʿAbd Allāh al-Anṣārī,
dijo:
nos narró Saʿīd,
de Qatāda, que dijo acerca de esta aleya «yawm at-tanād»:
el día en que los moradores del Fuego llaman a los moradores del Paraíso: «Derramad sobre nosotros agua».
Nos narró Bishr,
dijo:
nos narró Yazīd,
dijo:
nos narró Saʿīd, de Qatāda,
Su dicho:
«¡Oh pueblo mío! En verdad temo por vosotros el Día del Llamamiento»: el día en que los moradores del Paraíso llaman a los moradores del Fuego: «Hemos hallado verdadero lo que nuestro Señor nos prometió; ¿habéis hallado verdadero lo que vuestro Señor prometió?». Y los moradores del Fuego llaman a los moradores del Paraíso: «Derramad sobre nosotros agua o de lo que Dios os ha provisto».
Me narró Yūnus,
dijo:
nos informó Ibn Wahb,
dijo:
dijo Ibn Zayd,
acerca de Su dicho:
«yawm at-tanād»: es el Día de la Resurrección, cuando los moradores del Paraíso llaman a los moradores del Fuego.
Y se ha transmitido del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, respecto al sentido de ello según esta lectura, otra interpretación distinta de esta, y es la siguiente:
Nos lo narró Abū Kurayb,
dijo:
nos narró ʿAbd al-Raḥmān b. Muḥammad al-Muḥāribī, de Ismāʿīl b. Rāfiʿ al-Madanī, de Yazīd b. Ziyād, de Muḥammad b. Kaʿb al-Quraẓī, de un hombre de los Anṣār, de Abū Hurayra,
que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo:
«Dios ordena a Isrāfīl la primera soplada, y le dice:
“Sopla la soplada del pavor”. Entonces se aterran los moradores de los cielos y los moradores de la tierra, salvo a quien Dios quiera. Y Dios le ordena que la prolongue y la alargue, y no cesa.
Y es aquella de la que Dios dice:
“Estos no esperan sino un solo grito, que no tendrá retorno”.
Entonces Dios pone en movimiento las montañas y se vuelven espejismo; y la tierra es sacudida con sus habitantes, sacudida.
Y es aquella de la que Dios dice:
“El día en que tiemble la que tiembla, seguida por la que sigue; corazones ese día, sobrecogidos”.
Entonces queda como una nave estremecida en el mar, golpeada por las olas, que vuelca con sus ocupantes; o como una lámpara colgada del Trono, sacudida por los vientos.
Y hace oscilar a la gente sobre su superficie; las nodrizas quedan atónitas, las embarazadas abortan, los niños encanecen; los demonios vuelan huyendo hasta alcanzar los confines, y los ángeles los reciben y golpean sus rostros, y regresan; y la gente se vuelve dando la espalda, llamándose unos a otros.
Y esto es lo que Dios dice:
“El Día del Llamamiento, el día en que os volváis dando la espalda: no tendréis, frente a Dios, protector alguno”».
Según esta interpretación, el sentido del discurso es:
«¡Oh pueblo mío! En verdad temo por vosotros el día en que la gente se llama unos a otros por el pavor de la soplada del pavor».
Otros lo leyeron:
«yawm at-tanādd»,
con geminación de la dāl, con el sentido de la forma recíproca a partir de an-nadd, y eso es cuando huyen y se dispersan por la tierra, como se dispersan los camellos cuando se desmandan de sus dueños. Se menciona a quienes dijeron eso así, y se menciona el sentido al que apuntó con esa lectura:
Me narró Mūsā b. ʿAbd al-Raḥmān al-Masrūqī,
dijo:
nos narró Abū Usāma, de al-Ajlaḥ,
dijo:
oí a aḍ-Ḍaḥḥāk b. Muzāḥim, decir:
Cuando sea el Día de la Resurrección, Dios ordenará al cielo más bajo y se resquebrajará con sus habitantes; y descenderán los ángeles que hay en él, rodeando la tierra y a quienes están sobre ella; luego el segundo, luego el tercero, luego el cuarto, luego el quinto, luego el sexto, luego el séptimo; y se alinearán fila tras fila. Luego descenderá el ángel supremo, y a su flanco izquierdo estará el Infierno. Cuando los moradores de la tierra lo vean, se dispersarán, y no llegarán a ningún confín de la tierra sin encontrar las siete filas de ángeles; entonces regresarán al lugar en el que estaban.
Eso es el dicho de Dios:
«En verdad temo por vosotros el Día del Llamamiento, el día en que os volváis dando la espalda».
Y eso es Su dicho: «Y vendrá tu Señor, y los ángeles, fila tras fila; y ese día será traído el Infierno».
Y Su dicho:
«¡Oh asamblea de los genios y de los hombres! Si podéis atravesar los confines de los cielos y de la tierra, atravesad: no atravesaréis sino con autoridad».
Y eso es Su dicho:
«Y el cielo se hendirá, y ese día estará debilitado, y los ángeles en sus bordes».
Nos narró Muḥammad,
dijo:
nos narró Aḥmad,
dijo:
nos narró Asbāṭ, de as-Suddī,
acerca de Su dicho «yawm at-tanād», dijo:
«os dispersáis».
Y se transmitió de al-Ḥasan al-Baṣrī que lo leía:
«yawm at-tanādī»,
afirmando la yā’ y aligerando la dāl.
Y lo correcto, en cuanto a la lectura, según nosotros, es lo que siguen los recitadores de las ciudades: aligerar la dāl y sin afirmar la yā’; pues esa es la lectura sobre la que la prueba está unánimemente reunida entre los recitadores de las ciudades, y no es lícito apartarse de ella en aquello que ha llegado por transmisión. Si eso es lo correcto, entonces el sentido del discurso es:
«¡Oh pueblo mío! En verdad temo por vosotros el día en que la gente se llama unos a otros», ya sea por el horror de lo que han presenciado del inmenso poder de Dios y por la atrocidad de la angustia que los cubre en ese día; o bien para que unos recuerden a otros el cumplimiento por parte de Dios de la promesa que les hizo en la vida mundana, y para que unos pidan auxilio a otros, por lo que se encuentra en él de la enorme tribulación.
Notas y Referencias
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