Sad
ص SadVersículo (Español)
[38:24] Dijo David [sin escuchar al otro demandante]: "Él ha sido injusto contigo al pedirte que dejes que tu oveja se sume a las de él; muchos socios se perjudican unos a otros, excepto los que creen y obran rectamente; pero, ¡qué pocos son!" David comprendió que quise ponerlo a prueba [mediante este juicio], y pidió perdón a su Señor, se prosternó y se arrepintió.
Tafsir de At-Tabari
{Dijo: «Ciertamente te ha agraviado al pedir tu oveja a sus ovejas. Y, en verdad, muchos de los asociados se exceden unos contra otros, salvo quienes creen y obran rectamente; y pocos son». Y David supo que no era sino que lo habíamos puesto a prueba; entonces pidió perdón a su Señor, y cayó inclinado y se volvió (a Él).} (24)
القول في تأويل قوله تعالى :
{ قَالَ لَقَدْ ظَلَمَكَ بِسُؤَالِ نَعْجَتِكَ إِلَىَ نِعَاجِهِ وَإِنّ كَثِيراً مّنَ الْخُلَطَآءِ لَيَبْغِيَ بَعْضُهُمْ عَلَىَ بَعْضٍ إِلاّ الّذِينَ آمَنُواْ وَعَمِلُواْ الصّالِحَاتِ وَقَلِيلٌ مّا هُمْ وَظَنّ دَاوُودُ أَنّمَا فَتَنّاهُ فَاسْتَغْفَرَ رَبّهُ وَخَرّ رَاكِعاً وَأَنَابَ }
Dice —exaltada sea Su mención—:
Dijo David al litigante que se quejaba de su compañero: «Ciertamente tu compañero te ha agraviado al pedir tu oveja para sumarla a sus ovejas». Esto es de aquello en lo que se ha suprimido la hā’ y, al caer de él la hā’, se ha hecho la iḍāfa al complemento directo.
Y semejante a ello es Su dicho —poderoso y majestuoso—: «El ser humano no se cansa de invocar el bien», y el sentido es: «de invocarlo con el bien». Así, cuando se omitió la hā’ de «la invocación», se hizo la iḍāfa a «el bien»; y se omitió de «el bien» la preposición bā’. Y aquí se alude con «la oveja» a la mujer.
Los árabes hacen eso; y de ello es el dicho de al-Aʿshà:
«Yo había sido su explorador, y una oveja de quien se guarda *** por temor, que con su ojo disminuya su descuido»
Con «la oveja» quiere decir: la mujer de un hombre, de la que se guarda de la gente. Y lo que quiere decir es: «Ciertamente has sido agraviado al pedir tu única mujer para sumarla a las noventa y nueve de sus mujeres».
Y Su dicho:
(«Y, en verdad, muchos de los asociados se exceden unos contra otros»):
esto es, dice: y ciertamente muchos de los socios se exceden unos contra otros, salvo quienes creen en Dios y obran las rectitudes; dice: y obran en obediencia a Dios, y se atienen a Su mandato y Su prohibición, y no los traspasan. «Y pocos son».
En cuanto a la «mā» en Su dicho: «y pocos mā son», tiene dos posibilidades: una, que sea un elemento de enlace, con el sentido de: «y pocos son», de modo que afirmarla u omitirla del enunciado no corrompe el sentido del discurso.
La otra, que sea un nombre, y que «son» sea su enlace, con el sentido de: «y poco es lo que los encuentras», como se dice: «Yo solía creerte más sensato de lo que eres», de modo que «tú» sería enlace de «mā», y el sentido sería: «yo solía pensar que tu sensatez era mayor de lo que es»; así, «mā» y el nombre serían una fuente (maṣdar). Y si no se pretendiera la fuente, el enunciado sería con «man», porque «man» es la que se usa para las personas y sus semejantes.
Y se ha transmitido de los árabes: «Yo solía verte más sensato que tú», algo semejante; y: «Yo solía pensar que era distinto de lo que es», con el sentido de: «yo solía verlo de otro modo que como lo vi».
Y se transmitió de Ibn ʿAbbās acerca de ello lo siguiente:
Me lo narró ʿAlī; dijo: nos narró Abū Ṣāliḥ; dijo: me narró Muʿāwiya, de ʿAlī, de Ibn ʿAbbās,
acerca de Su dicho: «y pocos mā son», dijo: «y pocos son aquellos que lo son».
Me narró Yūnus; dijo: nos informó Ibn Wahb; dijo: dijo Ibn Zayd,
acerca de Su dicho: «salvo quienes creen y obran las rectitudes; y pocos mā son», dijo: «pocos son los que no se exceden».
Según esta interpretación que interpretó Ibn ʿAbbās, el sentido del discurso es: «salvo quienes creen y obran las rectitudes; y pocos son los que son así», con el sentido de: los que no se exceden unos contra otros. Y «mā», según este decir, tiene el sentido de «man».
Y Su dicho: «Y David ظنّ que no era sino que lo habíamos puesto a prueba», esto es: y David supo que no era sino que lo habíamos probado, como nos narró Bishr; dijo: nos narró Yazīd; dijo: nos narró Saʿīd, de Qatāda:
(«Y David ظنّ»): David supo.
Me narró Yaʿqūb b. Ibrāhīm; dijo: nos narró Ibn ʿUlayya, de Abī Rajāʾ, de al-Ḥasan:
(«Y David ظنّ que no era sino que lo habíamos puesto a prueba»): dijo: «pensó que no era sino que había sido probado con eso».
Me narró ʿAlī; dijo: nos narró Abū Ṣāliḥ; dijo: me narró Muʿāwiya, de ʿAlī, de Ibn ʿAbbās:
(«Y David ظنّ que no era sino que lo habíamos puesto a prueba»): dijo: «pensó que no era sino que había sido probado con eso».
Me narró ʿAlī; dijo: nos narró Abū Ṣāliḥ; dijo: me narró Muʿāwiya, de ʿAlī, de Ibn ʿAbbās:
(«Y David ظنّ que no era sino que lo habíamos puesto a prueba»): «lo pusimos a prueba».
Y los árabes orientan el término ظنّ, cuando lo introduces en el ámbito del enunciado informativo, muchas veces hacia el conocimiento que no procede de la visión directa.
Y Su dicho: «entonces pidió perdón a su Señor», esto es: David pidió a su Señor el perdón de su pecado. «Y cayó inclinado», esto es: y cayó postrado ante Dios. «Y se volvió», esto es: y retornó al agrado de su Señor, y se arrepintió de su falta.
Se discrepó acerca de la causa de la prueba con la que fue probado el Profeta de Dios David —Dios le bendiga y le conceda paz—.
Unos dijeron: la causa de ello fue que recordó lo que Dios había concedido a Abraham, Isaac y Jacob de hermosa alabanza perdurable entre la gente, y deseó algo semejante.
Entonces se le dijo: «Ellos fueron puestos a prueba y tuvieron paciencia». Y pidió ser probado como ellos fueron probados, y que se le concediera como se les concedió, si él tenía paciencia.
Mención de quienes dijeron eso:
Me narró Muḥammad b. Saʿd; dijo: me narró mi padre; dijo: me narró mi tío; dijo: me narró mi padre, de su padre, de Ibn ʿAbbās,
acerca de Su dicho: «¿Y te ha llegado la noticia de los litigantes cuando escalaron el miḥrāb?», dijo: David dijo: «¡Señor mío! Has concedido a Abraham, Isaac y Jacob de mención lo que desearía que me concedieras a mí algo semejante».
Dijo Dios: «Yo los probé con lo que no te he probado; y si quieres, te probaré con algo semejante a aquello con lo que los probé, y te concederé como les concedí».
Dijo: «Sí».
Le dijo: «Obra, pues, hasta que vea tu prueba».
Y fue lo que Dios quiso que fuese. Y aquello se le prolongó, hasta casi olvidarlo. Y estando él en su miḥrāb, cayó sobre él una paloma de oro; quiso tomarla, y voló hacia una abertura del miḥrāb. Fue a tomarla, y voló; miró por la abertura y vio a una mujer bañándose. Entonces el Profeta de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— descendió del miḥrāb y envió por ella; ella acudió. Le preguntó por su marido y por su situación, y le informó que su marido estaba ausente. Entonces escribió al jefe de aquella expedición para que lo pusiera al mando de las avanzadas, a fin de que pereciera su marido; y lo hizo. Sus compañeros eran alcanzados y él se salvaba; y quizá eran auxiliados. Y cuando Dios —poderoso y majestuoso— vio en lo que David había caído, quiso rescatarlo. Y estando David un día en su miḥrāb, los dos litigantes escalaron hacia él por el frente. Cuando los vio mientras recitaba, se asustó y calló, y dijo: «He sido debilitado en mi reino hasta el punto de que la gente escala mi miḥrāb».
Le dijeron: «No temas: dos litigantes; uno de nosotros ha cometido una injusticia contra el otro, y no nos quedaba más remedio que venir a ti. Escúchanos». Dijo uno de ellos: «Este es mi hermano: tiene noventa y nueve ovejas hembras, y yo tengo una sola oveja. Dijo: “Encárgamela”», queriendo completar con ella cien, «y dejarme sin nada. Y me venció en el discurso». Dijo: «Si él llamaba y yo llamaba, él era más; y si él golpeaba y yo golpeaba, él era más fuerte que yo». Eso es Su dicho: «y me venció en el discurso».
David le dijo: «Tú estabas más necesitado de tu oveja que él». «Ciertamente te ha agraviado al pedir tu oveja para sumarla a sus ovejas»... hasta Su dicho: «y pocos mā son». Y se olvidó de sí mismo —Dios le bendiga y le conceda paz—. Entonces los dos ángeles se miraron el uno al otro cuando él dijo eso, y uno de ellos sonrió al otro. David lo vio y supo que no era sino que había sido probado; pidió perdón a su Señor, cayó inclinado y se volvió durante cuarenta noches, hasta que brotó verdor de las lágrimas de sus ojos. Luego Dios fortaleció para él su reino.
Nos narró Muḥammad b. al-Ḥusayn; dijo: nos narró Aḥmad b. al-Mufaḍḍal; dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī,
acerca de Su dicho: «¿Y te ha llegado la noticia de los litigantes cuando escalaron el miḥrāb?», dijo: David había dividido el tiempo en tres días: un día en el que juzgaba entre la gente; un día en el que se retiraba para la adoración de su Señor; y un día en el que se retiraba para sus mujeres. Tenía noventa y nueve mujeres.
Y en lo que leía de los libros, encontraba en ello el mérito de Abraham, Isaac y Jacob. Cuando encontró eso en lo que leía de los libros, dijo: «¡Señor mío! Todo el bien se lo han llevado mis padres que me precedieron; concédeme algo semejante a lo que les concediste, y haz conmigo como hiciste con ellos».
Dijo: Dios le reveló: «Tus padres fueron probados con pruebas con las que tú no has sido probado: Abraham fue probado con degollar a su hijo; Isaac fue probado con la pérdida de su vista; y Jacob fue probado con su tristeza por José. Y tú no has sido probado con nada de eso».
Dijo: «¡Señor mío! Pruébame con algo semejante a aquello con lo que los probaste, y concédeme como les concediste».
Dijo: se le reveló: «Serás probado: mantente en guardia».
Dijo: permaneció después de eso cuanto Dios quiso que permaneciera, cuando le llegó el demonio, que se había representado en la figura de una paloma de oro, hasta que cayó junto a sus pies mientras él estaba en pie orando. Extendió la mano para tomarla; se apartó, y él la siguió. Se alejó hasta caer en una abertura; fue a tomarla, y voló de la abertura. Miró dónde caía, para enviar tras ella.
Dijo: vio a una mujer bañándose en la azotea de su casa; vio a una mujer de las más hermosas en constitución. Ella se volvió y lo vio; soltó su cabello y se cubrió con él.
Dijo: eso aumentó su deseo por ella.
Dijo: preguntó por ella, y se le informó que tenía marido, y que su marido estaba ausente en tal y tal destacamento.
Dijo: envió al jefe del destacamento para que enviara a Ahriyā a tal y tal enemigo.
Dijo: lo envió, y se le abrió (la victoria).
Dijo: le escribió informándole de ello.
Dijo: le escribió también: «Envíalo a tal y tal enemigo, más duro en fuerza que ellos».
Dijo: lo envió, y se le abrió también.
Dijo: le escribió a David informándole de ello.
Dijo: David le escribió: «Envíalo a tal y tal enemigo»; lo envió, y fue muerto la tercera vez.
Dijo: y se casó con su mujer.
Dijo: cuando ella entró con él, dijo: no permaneció con él sino poco, hasta que Dios envió dos ángeles en figura de dos humanos. Pidieron entrar donde él estaba; lo encontraron en su día de adoración. Los guardias les impidieron entrar, y escalaron hacia él el miḥrāb.
Dijo: no se dio cuenta mientras oraba, cuando he aquí que estaban ante él, sentados.
Dijo: se asustó de ellos.
Dijeron: «No temas: somos dos litigantes; uno de nosotros ha cometido una injusticia contra el otro. Juzga entre nosotros con la verdad y no te excedas», esto es: no te desvíes. «Y guíanos al camino recto»: a la justicia del juicio.
Dijo: dijo: «Contadme vuestra historia».
Dijo: dijo uno de ellos: «Este es mi hermano: tiene noventa y nueve ovejas, y yo tengo una sola oveja; él quiere tomar mi oveja para completar con ella cien».
Dijo: dijo al otro: «¿Qué dices tú?».
Dijo: dijo: «Yo tengo noventa y nueve ovejas, y mi hermano tiene una sola oveja; yo quiero tomarla de él para completar con ella cien».
Dijo: «¿Y él no quiere?».
Dijo: «Y él no quiere».
Dijo: «¿Y él no quiere?».
Dijo: «Entonces no te dejaremos hacer eso».
Dijo: «No eres capaz de eso».
Dijo: «Si vas a intentar eso o lo quieres, te golpearemos esto y esto y esto». Y Asbāṭ explicó: la punta de la nariz, y la raíz de la nariz y la frente.
Dijo: «¡Oh David! Tú eres más merecedor de que se te golpee esto y esto y esto, pues tienes noventa y nueve “ovejas” —mujeres—, y Ahriyā no tenía sino una sola mujer; no cesaste de exponerlo a la muerte hasta que lo mataste, y te casaste con su mujer».
Dijo: miró y no vio nada; entonces supo en lo que había caído y con lo que había sido probado.
Dijo: cayó postrado.
Dijo: lloró.
Dijo: permaneció llorando, postrado, cuarenta días, sin levantar la cabeza salvo por una necesidad; luego volvía a caer postrado llorando, y luego suplicaba, hasta que brotó hierba de las lágrimas de sus ojos.
Dijo: Dios le reveló después de cuarenta días: «¡Oh David! Levanta la cabeza: te he perdonado».
Dijo: «¡Señor mío! ¿Cómo sabré que me has perdonado, siendo Tú un juez justo que no te desvías en el juicio, si Ahriyā viene a ti el Día de la Resurrección tomando su cabeza con su diestra o su siniestra, manando su yugular sangre ante tu trono, diciendo: “¡Señor mío! Pregunta a este por qué me mató”?».
Dijo: se le reveló: «Cuando eso ocurra, llamaré a Ahriyā y te haré que te lo conceda; y él me lo concederá, y lo recompensaré por ello con el Paraíso».
Dijo: «¡Señor mío! Ahora he sabido que me has perdonado».
Dijo: y no pudo llenar sus ojos del cielo por pudor ante su Señor hasta que fue tomado —Dios le bendiga y le conceda paz—.
Me narró ʿAlī b. Sahl; dijo: nos narró al-Walīd b. Muslim, de ʿAbd al-Raḥmān b. Yazīd b. Jābir; dijo: me narró ʿAṭāʾ al-Khurāsānī; dijo:
David grabó su falta en la palma de su mano para no olvidarla.
Dijo: cuando la veía, su mano temblaba y se agitaba.
Y otros dijeron:
Más bien, aquello fue por un impulso que se le presentó en su interior: pensó que era capaz de completar un día sin incurrir en falta; y fue probado con la tentación con la que fue probado en el día en que ambicionó en sí mismo completarlo sin cometer pecado.
Mención de quienes dijeron eso:
Nos narró Bishr; dijo: nos narró Yazīd; dijo: nos narró Saʿīd, de Maṭar, de al-Ḥasan:
David dividió el tiempo en cuatro partes: un día para sus mujeres; un día para su adoración; un día para juzgar a los Hijos de Israel; y un día para los Hijos de Israel, en el que les exhortaba y ellos le exhortaban, y les hacía llorar y ellos le hacían llorar.
Cuando fue el día de los Hijos de Israel, dijo: hablaron y dijeron: «¿Le llega al ser humano un día en el que no cometa pecado?». David ocultó en sí mismo que sería capaz de eso.
Cuando fue su día de adoración, cerró sus puertas y ordenó que nadie entrara donde él estaba; se volcó sobre la Torá. Mientras la leía, he aquí una paloma de oro, de toda clase de bellos colores, que cayó ante él. Se lanzó hacia ella para tomarla.
Dijo: voló y cayó no lejos, sin desesperarlo de sí misma.
Dijo: no cesó de seguirla hasta que se asomó a una mujer que se bañaba. Le agradó su constitución y su hermosura.
Dijo: cuando ella vio su sombra en el suelo, se cubrió con su cabello; eso aumentó también su admiración por ella.
Y él había enviado a su marido en una de sus tropas; le escribió ordenándole marchar a tal y tal lugar, un lugar tal que, si marchaba a él, no regresaría.
Dijo: lo hizo, y fue alcanzado. Entonces la pidió en matrimonio y se casó con ella.
Dijo: y Qatāda dijo: nos ha llegado que ella era la madre de Salomón.
Dijo: y estando él en el miḥrāb, he aquí que los dos ángeles escalaron hacia él. Los litigantes, cuando acudían a él, acudían por la puerta del miḥrāb; se asustó de ellos cuando escalaron el miḥrāb.
Dijeron: «No temas: dos litigantes; uno de nosotros ha cometido una injusticia contra el otro...» hasta llegar a «y no te excedas»: esto es, no te inclines. «Y guíanos al camino recto»: esto es, al más justo y mejor.
«Este es mi hermano: tiene noventa y nueve ovejas»; y David tenía noventa y nueve mujeres. «Y yo tengo una sola oveja»; dijo: el hombre no tenía sino una sola mujer. «Dijo: “Encárgamela”»; «y me venció en el discurso», esto es: me agravio y me dominó.
Entonces dijo: «Ciertamente te ha agraviado al pedir tu oveja para sumarla a sus ovejas...» hasta Su dicho: «y pocos mā son». «Y David ظنّ»: entonces David supo que aquello se le había dirigido, esto es: que se pretendía con ello eso. «Y cayó inclinado y se volvió».
Dijo: y en el relato de Maṭar, que se postró cuarenta noches, hasta que Dios le reveló: «Te he perdonado».
Dijo: «¡Señor mío! ¿Cómo me perdonas, siendo Tú un juez justo que no oprime a nadie?».
Dijo: «Yo le haré justicia, luego te haré que te lo conceda por tu pecado, y luego lo recompensaré hasta que quede satisfecho».
Dijo: «Ahora mi alma se ha serenado, y he sabido que me has perdonado».
Nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Salama; dijo: me narró Muḥammad b. Isḥāq, de algunos de la gente del saber, de Wahb b. Munabbih al-Yamanī, dijo:
Cuando los Hijos de Israel se reunieron en torno a David, Dios hizo descender sobre él el Zabūr, y le enseñó el oficio del hierro, y se lo ablandó; y ordenó a las montañas y a las aves que glorificaran con él cuando él glorificaba. Y Dios no concedió —según lo que mencionan— a nadie de Su creación algo como su voz: cuando recitaba el Zabūr —según lo que mencionan—, las fieras se acercaban a él hasta que les tomaba por el cuello, y ellas quedaban inmóviles escuchando su voz. Y los demonios no fabricaron flautas, laúdes y címbalos sino a partir de las clases de su voz.
Y era de gran esfuerzo, constante en la adoración. Permaneció entre los Hijos de Israel juzgando entre ellos por el mandato de Dios, profeta y sucesor; era de los profetas de mayor esfuerzo, de mucho llanto. Luego le sobrevino lo que le sobrevino de la tentación de aquella mujer. Tenía un miḥrāb en el que se aislaba para la recitación del Zabūr y para su oración cuando oraba; y debajo de él había un pequeño huerto de un hombre de los Hijos de Israel, y junto a ese hombre estaba la mujer por la que David sufrió lo que sufrió.
Nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Salama, de Muḥammad b. Isḥāq, de algunos de la gente del saber, de Wahb b. Munabbih:
David, cuando entró en su miḥrāb aquel día, dijo: «Que nadie entre hoy en mi miḥrāb hasta la noche, y que nada me distraiga de aquello para lo que me he retirado hasta que anochezca». Entró en su miḥrāb, desplegó su Zabūr y lo leía. En el miḥrāb había una abertura que daba a aquel huerto.
Mientras estaba sentado leyendo su Zabūr, se acercó una paloma de oro hasta posarse en la abertura. Levantó la cabeza y la vio, y le agradó.
Luego recordó lo que había dicho: que nada lo distraería de aquello para lo que había entrado. Bajó la cabeza y se volvió a su Zabūr.
La paloma descendió —para la prueba y el examen— desde la abertura y cayó ante él. La tomó con la mano, y ella se retrasó un poco, no lejos. La siguió. Se alzó hacia la abertura; la tomó en la abertura, y descendió hacia el huerto. Siguió con la vista dónde caía, y he aquí que la mujer estaba sentada bañándose, en una forma —Dios sabe mejor— de belleza, hermosura y constitución. Afirman que, cuando ella lo vio, deshizo su cabello y con él cubrió su cuerpo de él; y le arrebató el corazón.
Volvió a su Zabūr y a su asiento, pero el recuerdo de ella no abandonaba su corazón. La prueba continuó con él hasta que envió a campaña a su marido; luego ordenó al jefe de su ejército —según afirman la gente del Libro— que pusiera a su marido al frente de los peligros hasta que le alcanzó algo de lo que pretendía para él de destrucción.
David tenía noventa y nueve mujeres. Cuando el marido fue alcanzado, David la pidió y se casó con ella.
Entonces Dios le envió, mientras estaba en su miḥrāb, dos ángeles que litigaban ante él, como un ejemplo que se le proponía a él y a su compañero. David no se percató sino de que estaban de pie sobre su cabeza en su miḥrāb.
Dijo: «¿Qué os ha hecho entrar donde yo estoy?».
Dijeron: «No temas: no hemos entrado por daño ni por sospecha. Dos litigantes: uno de nosotros ha cometido una injusticia contra el otro. Hemos venido a ti para que juzgues entre nosotros. Juzga entre nosotros con la verdad y no te excedas; y guíanos al camino recto», esto es: llévanos a la verdad y no nos apartes de ella.
Dijo el ángel que hablaba en nombre de Urīyā b. Janāniyā, marido de la mujer: «Este es mi hermano», esto es, en mi religión, «tiene noventa y nueve ovejas, y yo tengo una sola oveja. Dijo: “Encárgamela”», esto es: haz que me la entregue. «Y me venció en el discurso», esto es: me dominó en el discurso; era más fuerte y más poderoso que yo. Así, incorporó mi oveja a sus ovejas y me dejó sin nada.
David se enojó y miró a su adversario, que no había hablado, y dijo: «Si me ha dicho verdad en lo que dice, ciertamente te golpearé entre los ojos con el hacha».
Luego David se contuvo y supo que él era el aludido por lo que había hecho con la mujer de Urīyā. Cayó postrado, arrepentido, vuelto (a Dios), llorando. Se postró cuarenta mañanas ayunando, sin comer ni beber, hasta que sus lágrimas hicieron brotar verdor bajo su rostro, y hasta que la huella de la postración se marcó en la carne de su rostro. Dios aceptó su arrepentimiento y lo recibió.
Y afirman que dijo: «¡Dios mío! Esto: has perdonado lo que cometí en el asunto de la mujer; pero ¿qué hay de la sangre del muerto oprimido?».
Se le dijo —según afirman la gente del Libro—: «¡Oh David! Tu Señor no lo ha oprimido con su sangre; pero Él te lo reclamará por su causa y se lo dará, y él lo descargará de ti».
Cuando se alivió de David lo que estaba padeciendo, trazó la marca de su falta en la palma de su mano derecha, en el interior de su mano. No elevó jamás a su boca comida ni bebida sin llorar cuando la veía; y no se levantó jamás como orador ante la gente sin extender su palma y presentarla a la gente para que vieran la marca de su falta en su mano.
Me narró Yaʿqūb b. Ibrāhīm; dijo: nos narró Ibn Idrīs; dijo: oí a Layth mencionar, de Mujāhid, que dijo:
Cuando David cometió la falta, cayó postrado ante Dios cuarenta días, hasta que brotó de las lágrimas de sus ojos verdura que cubrió su cabeza. Luego clamó: «¡Señor mío! La frente se ha ulcerado, el ojo se ha secado, y a David no le ha vuelto en su falta nada».
Entonces se le llamó: «¿Tienes hambre para que se te alimente, o estás enfermo para que se te cure, o eres oprimido para que se te haga justicia?».
Dijo: lanzó un gemido que hizo que se agitara todo lo que había brotado; entonces le fue perdonado.
Y su falta estaba escrita en su palma: la leía. Le traían el recipiente para beber, y no bebía sino un tercio o la mitad; recordaba su falta y lanzaba un gemido tal que casi se dislocaban sus articulaciones unas de otras. Luego no completaba su bebida hasta llenarla con sus lágrimas.
Y se decía: «Una lágrima de David equivale a la lágrima de las criaturas; y una lágrima de Adán equivale a la lágrima de David y a la lágrima de las criaturas».
Dijo: y él vendrá el Día de la Resurrección con su falta escrita en su palma, y dirá: «¡Señor mío! Mi pecado, mi pecado: me ha precedido».
Dijo: avanzará y no estará seguro; dirá: «¡Señor mío! Retrásame», y se le retrasará y no estará seguro.
Me narró Yūnus; dijo: nos informó Ibn Wahb; dijo: me informó Ibn Lahīʿa, de Abū Ṣakhr, de Yazīd al-Raqāshī, de Anas b. Mālik, a quien oyó decir:
Oí al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— decir:
«En verdad, David el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, cuando miró a la mujer y se preocupó, decretó sobre los Hijos de Israel y encargó al jefe de la expedición, y dijo: “Cuando se presente el enemigo, acerca a fulano delante del Arca”. Y el Arca, en aquel tiempo, se buscaba la victoria por medio de ella: quien era puesto delante del Arca no regresaba hasta que era muerto o hasta que el ejército era derrotado. Así fue muerto el marido de la mujer. Y los dos ángeles descendieron sobre David contándole su historia. David comprendió y se postró, y permaneció cuarenta noches postrado hasta que brotó la vegetación de sus lágrimas sobre su cabeza, y la tierra devoró su frente, mientras él decía en su postración».
No pude retener de al-Raqāshī sino estas palabras:
«Señor: David resbaló con un resbalón tan lejano como lo que hay entre el oriente y el occidente. Si no tienes misericordia de la debilidad de David y no perdonas su pecado, harás de su pecado un relato entre las generaciones después de él».
Entonces le vino Gabriel —Dios le bendiga y le conceda paz— después de las cuarenta noches, y dijo:
«¡Oh David! En verdad, Dios te ha perdonado la preocupación que te preocupó».
David dijo: «He sabido que el Señor es capaz de perdonarme la preocupación que me preocupó; y he sabido que Dios es justo y no se inclina. ¿Qué será de fulano cuando venga el Día de la Resurrección y diga: “¡Señor mío! Mi sangre que está en poder de David”?».
Gabriel —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «No he preguntado a tu Señor acerca de eso; pero si quieres, ciertamente lo haré».
Dijo: «Sí».
Entonces Gabriel ascendió, y David se postró; permaneció cuanto Dios quiso. Luego descendió y dijo:
«He preguntado a tu Señor —poderoso y majestuoso—, ¡oh David!, acerca de aquello por lo que me enviaste. Dice: “Di a David: en verdad, Dios os reunirá a ambos el Día de la Resurrección y dirá: ‘Concédeme tu sangre que está en poder de David’. Y él dirá: ‘Es para Ti, Señor mío’. Y Él dirá: ‘Entonces, para ti en el Paraíso habrá lo que quieras y lo que desees, como compensación’”».
Me narró ʿAlī b. Sahl; dijo: nos narró al-Walīd b. Muslim; dijo: nos narró Ibn Jābir, de ʿAṭāʾ al-Khurāsānī:
Que llegó la carta del jefe de la expedición anunciando a los muertos; cuando David leyó el anuncio, se estremeció por ellos, y (dijo) que quien había regresado, había regresado. Cuando llegó al nombre del hombre, dijo: «Dios ha prescrito a toda alma la muerte».
Dijo: cuando concluyó su ʿidda, la pidió en matrimonio.
Notas y Referencias
(No se generaron)