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الصافات As-SaffatVersículo (Español)
[37:52] que me decía: ¿Acaso tú eres de los que creen en la Resurrección?
Tafsir de At-Tabari
{يَقُولُ أَءِنَّكَ لَمِنَ ٱلۡمُصَدِّقِينَ} (52)
Dice —exaltado sea Su recuerdo—:
Dijo un hablante de la gente del Paraíso, cuando unos de ellos se volvieron hacia otros preguntándose: «En verdad, yo tenía un compañero íntimo». Los intérpretes discreparon acerca del “compañero” mencionado en este lugar.
Unos dijeron:
Aquel compañero era un demonio,
y era el que le decía:
«¿Acaso tú eres de los que creen verazmente en la resurrección después de la muerte?»
Mención de quienes dijeron eso:
Me narró Muḥammad b. ʿAmr,
dijo:
nos narró Abū ʿĀṣim,
dijo:
nos narró ʿĪsā; y me narró al-Ḥārith,
dijo:
nos narró al-Ḥasan,
dijo:
nos narró Warqāʾ,
todos, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid, acerca de la palabra de Dios:
«En verdad, yo tenía un compañero», dijo: «Un demonio».
Otros dijeron:
Ese compañero era un socio que tenía entre los hijos de Adán, o un camarada.
Mención de quienes dijeron eso:
Me narró Muḥammad b. Saʿd,
dijo:
me narró mi padre,
dijo:
me narró mi tío,
dijo:
me narró mi padre, de su padre, de Ibn ʿAbbās,
sobre Su dicho:
«Dijo uno de ellos: “En verdad, yo tenía un compañero, que decía: ‘¿Acaso tú eres de los que creen verazmente?’”», dijo: «Es el hombre asociador (politeísta) que tiene en la vida mundanal un compañero de entre la gente de la fe,
y el asociador le dice:
“Ciertamente tú crees verazmente que serás resucitado después de la muerte, ¿cuando seamos polvo?”
Luego, cuando llegaron a la Otra Vida y el creyente fue introducido en el Paraíso, y el asociador fue introducido en el Fuego, el creyente miró y vio a su compañero en el centro del Infierno. Dijo: “¡Por Dios! Casi me arruinas”.»
Me narró Isḥāq b. Ibrāhīm b. Ḥabīb b. al-Shahīd,
dijo:
(la narración es de) ʿAtāb b. Bashīr, de Khaṣīf,
de Furāt b. Thaʿlaba al-Bahrānī, acerca de Su dicho:
«En verdad, yo tenía un compañero», dijo: «Dos hombres eran socios; reunieron ocho mil dinares. Uno de ellos tenía un oficio, y el otro no tenía oficio.
El que tenía oficio dijo al otro:
“No tienes oficio; no me veo sino separándome de ti y repartiéndonos (el capital)”.
Así que lo repartió con él y se separó de él.
Luego el hombre compró una casa por mil dinares, que había pertenecido a un rey que había muerto; llamó a su compañero y se la mostró.
Dijo:
“¿Qué te parece esta casa? La compré por mil dinares”.
Dijo:
“¡Qué hermosa!”
Cuando salió, dijo:
“¡Oh Dios! Mi compañero ha comprado esta casa por mil dinares, y yo Te pido una casa de las moradas del Paraíso”.
Entonces dio en limosna mil dinares.
Luego permaneció el tiempo que Dios quiso que permaneciera.
Después se casó con una mujer por mil dinares.
Lo llamó y le preparó comida; cuando vino, le dijo:
“Me he casado con esta mujer por mil dinares”.
Dijo:
“¡Qué hermoso es esto!”
Cuando se retiró, dijo:
“¡Señor mío! Mi compañero se ha casado con una mujer por mil dinares, y yo Te pido una mujer de las huríes de ojos grandes”.
Entonces dio en limosna mil dinares.
Luego permaneció el tiempo que Dios quiso que permaneciera.
Después compró dos huertos por dos mil dinares; luego lo llamó y se los mostró.
Dijo:
“He comprado estos dos huertos”.
Dijo:
“¡Qué hermoso es esto!”
Cuando salió, dijo:
“¡Señor mío! Mi compañero ha comprado huertos por dos mil dinares, y yo Te pido dos huertos del Paraíso”.
Entonces dio en limosna dos mil dinares.
Luego el ángel vino a ambos y los hizo morir.
Después se llevó a este que daba limosna y lo introdujo en una morada que le agradó; y he aquí que una mujer aparecía, y lo que había debajo de ella resplandecía por su hermosura.
Luego lo introdujo en dos huertos, y en algo que Dios sabe mejor.
Entonces dijo:
“¡Cuánto se parece esto a un hombre cuyo asunto fue así y así!”
Dijo:
“En efecto, es ese; y para ti son esta morada, los dos huertos y la mujer”.
Dijo:
“En verdad, yo tenía un compañero que decía: ‘¿Acaso tú eres de los que creen verazmente?’”.
Se le dijo:
“En verdad, él está en el Infierno”.
Dijo:
“¿Vais a asomaros?”
Se asomó y lo vio en el centro del Infierno.
Entonces dijo:
“¡Por Dios! Casi me arruinas; y de no ser por la gracia de mi Señor, habría sido de los presentados...”, ... las aleyas ...»
Esta interpretación que interpretó Furāt b. Thaʿlaba refuerza la lectura de quien leyó:
«إنّكَ لمِنَ المُصّدّقِينَ»
con geminación de la ṣād, con el sentido de: “de los que dan limosna”, pues menciona que Dios —exaltado sea Su recuerdo— no le dio lo que le dio sino por la limosna, no por el creer verazmente.
Pero la lectura de los recitadores de las ciudades es contraria a eso: más bien la recitan con la ṣād sin geminación y con geminación de la dāl,
con el sentido de:
la negación de su compañero respecto a que él crea verazmente que será resucitado después de la muerte;
como si dijera:
“¿Crees verazmente que serás resucitado después de tu muerte, que serás retribuido por tu obra y que serás llevado a cuenta?”
Lo indica la palabra de Dios:
«أئِذَا مِتْنا وكُنّا تُرَابا وَعِظاما أئِنّا لَمَدِينونَ»
Y esta es, para nosotros, la lectura correcta, de la que no es lícito apartarse, por el consenso de la autoridad probatoria de los recitadores sobre ella.
Y Su dicho:
«أئِنّا لَمَدِينُونَ» significa: “¿Acaso seremos llevados a cuenta y retribuidos después de que lleguemos a ser huesos y nuestra carne polvo?”
Y en el sentido de lo que hemos dicho acerca de ello hablaron los intérpretes.
Mención de quienes dijeron eso:
Me narró Muḥammad b. Saʿd,
dijo:
me narró mi padre,
dijo:
me narró mi tío,
dijo:
me narró mi padre, de su padre, de Ibn ʿAbbās,
sobre Su dicho:
«أئِنّا لَمَدِينُونَ», dijo: “¿Acaso seremos retribuidos por la obra, tal como tú retribuyes, se te retribuye”.
Nos narró Bishr,
dijo:
nos narró Yazīd,
dijo:
nos narró Saʿīd, de Qatāda,
sobre Su dicho:
«أئِنّا لَمَدينُونَ»: “¿Acaso seremos llevados a cuenta?”
Nos narró Muḥammad b. al-Ḥusayn,
dijo:
nos narró Aḥmad b. al-Mufaḍḍal,
dijo:
nos narró Asbāṭ, de al-Suddī:
«أئِنّا لَمَدينُونَ»: “llevados a cuenta”.
Notas y Referencias
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