Ya-Sin
يس Ya-SinVersículo (Español)
[36:39] A la Luna le decreté sus fases, hasta que [va menguando y] parece una rama seca de palmera.
Tafsir de At-Tabari
{Y a la luna le hemos determinado fases, hasta que vuelve como el racimo curvado antiguo} (39)
El dicho acerca de la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—:
{Y a la luna le hemos determinado fases, hasta que vuelve como el racimo curvado antiguo * No le es dado al sol alcanzar a la luna, ni la noche precede al día; y cada uno navega en una órbita}
Los recitadores discreparon respecto a la lectura de Su dicho:
«Y a la luna le hemos determinado fases». Así, algunos de los mequíes, algunos de los mediníes y algunos de los basríes lo leyeron:
«Y la lunaُ»
en nominativo, coordinándola con el sol, puesto que el sol estaba coordinado con la noche; de modo que hicieron seguir también a la luna al sol en la declinación, porque también ella es de los signos, así como la noche y el día son dos signos.
Según esta lectura, la interpretación del discurso es:
«Y un signo para ellos es la luna: le hemos determinado fases». Y así lo leyó también algunos de los mequíes, algunos de los mediníes y algunos de los basríes.
Y la mayoría de los recitadores de Kufa lo leyeron en acusativo:
«Y a la lunaَ le hemos determinado», con el sentido de: «Y determinamos para la luna fases», tal como hicimos eso con el sol; y lo remitieron, en el sentido, al pronombre -hā de «el sol», porque la wāw que hay en ello es para el verbo pospuesto.
Y lo correcto, en nuestra opinión, es que ambas son dos lecturas conocidas, de significado válido; así pues, cualquiera de las dos que lea el recitador, acierta.
La interpretación del discurso es:
«Y un signo para ellos es que determinamos para la luna fases, para su mengua tras haber alcanzado su término, su plenitud y su equilibrio,
hasta que vuelve como el ‘urŷūn antiguo». Y el ‘urŷūn es:
la base del racimo, desde el lugar que brota en la palmera hasta el lugar de los ramilletes. Y sólo lo comparó —Glorificado sea— con el ‘urŷūn antiguo —y “antiguo” es lo seco— porque esa parte del racimo apenas se encuentra sino arqueada y encorvada cuando envejece y se seca, y apenas se halla recta y equilibrada, como las ramas y los gajos de los demás árboles. Así también la luna, cuando está al final del mes antes de su ocultación, llega a ser, en su curvatura y arqueamiento, semejante a ese ‘urŷūn. Y en el mismo sentido que hemos dicho hablaron los intérpretes.
Mención de quienes dijeron eso:
Me narró ‘Alī,
dijo:
nos narró Abū Ṣāliḥ,
dijo:
me narró Mu‘āwiya, de ‘Alī, de Ibn ‘Abbās,
acerca de Su dicho:
«hasta que vuelve como el ‘urŷūn antiguo», dijo: la base del racimo envejecido.
Me narró Muḥammad b. Sa‘d,
dijo:
me narró mi padre,
dijo:
me narró mi tío,
dijo:
me narró mi padre, de su padre, de Ibn ‘Abbās,
acerca de Su dicho:
«hasta que vuelve como el ‘urŷūn antiguo»: por ‘urŷūn entiende el racimo seco.
Me narró Ya‘qūb b. Ibrāhīm,
dijo:
nos narró Ibn ‘Ulayya, de Abī Raŷā’, de al-Ḥasan,
acerca de Su dicho:
«Y a la luna le hemos determinado fases, hasta que vuelve como el ‘urŷūn antiguo», dijo: como el racimo de la palmera cuando envejece y se encorva.
Me narró Aḥmad b. Ibrāhīm al-Dawraqī,
dijo:
nos narró Abū Yazīd al-Jarrāz —es decir, Jālid b. Ḥayyān al-Raqqī—, de Ŷa‘far b. Burqān,
de Yazīd b. al-Aṣamm, acerca de Su dicho:
«hasta que vuelve como el ‘urŷūn antiguo», dijo: el racimo de la palmera cuando envejece se encorva.
Nos narró Ibn Ḥumayd,
dijo:
nos narró Yaḥyā b. Wāḍiḥ,
dijo:
nos narró ‘Īsā b. ‘Ubayd, de ‘Ikrima,
acerca de Su dicho:
«como el ‘urŷūn antiguo», dijo: la palmera antigua.
Me narró Muḥammad b. ‘Umāra al-Asadī,
dijo:
nos narró ‘Ubayd Allāh b. Mūsā,
dijo:
nos informó Isrā’īl,
de Abī Yaḥyā, de Muŷāhid, acerca de «como el ‘urŷūn antiguo», dijo:
el racimo seco.
Me narró Muḥammad b. ‘Umar b. ‘Alī al-Muqaddamī e Ibn Sinān al-Qazzāz,
dijeron:
nos narraron Abū ‘Āṣim y al-Muqaddamī,
dijo:
oí a Abū ‘Āṣim decir: oí a Sulaymān al-Taymī, acerca de Su dicho: «hasta que vuelve como el ‘urŷūn antiguo», decir: el racimo.
Nos narró Bišr,
dijo:
nos narró Yazīd,
dijo:
nos narró Sa‘īd,
de Qatāda, acerca de «hasta que vuelve como el ‘urŷūn antiguo», dijo:
Dios le determinó fases, y fue menguando hasta que llegó a ser como el racimo de la palmera; lo comparó con el racimo de la palmera.
Notas y Referencias
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