Ya-Sin
يس Ya-SinVersículo (Español)
[36:20] Entonces llegó desde un extremo de la ciudad un hombre corriendo, que dijo: "¡Oh, pueblo mío! Sigan a los Mensajeros.
Tafsir de At-Tabari
{Y vino desde el extremo de la ciudad un hombre que corría; dijo: «¡Oh pueblo mío! Seguid a los enviados»} (20)
Y Su dicho:
{Y vino desde el extremo de la ciudad un hombre que corría} quiere decir: vino desde el extremo de la ciudad de este pueblo al que fueron enviados estos mensajeros, un hombre que corría hacia ellos. Y ello porque los habitantes de esta ciudad se habían determinado —y, según se mencionó, sus pareceres se aunaron— a matar a estos tres mensajeros; y esto llegó a oídos de aquel hombre, cuya morada estaba en el extremo de la ciudad; era creyente, y su nombre —según se mencionó— era «Ḥabīb ibn Marī». Y en el sentido de lo que hemos dicho acerca de ello han venido las noticias.
Mención de las noticias transmitidas sobre ello:
Nos narró Muḥammad ibn Bashshār,
dijo:
nos narró Muʾammal ibn Ismāʿīl,
dijo:
nos narró Sufyān, de ʿĀṣim al-Aḥwal, de Abū Mujalliz,
dijo:
el compañero de Yā-Sīn era «Ḥabīb ibn Marī».
Nos narró Ibn Ḥumayd,
dijo:
nos narró Salama,
dijo:
De lo relativo al relato del compañero de Yā-Sīn —según nos transmitió Muḥammad ibn Isḥāq, en lo que le llegó—, de Ibn ʿAbbās, y de Kaʿb al-Aḥbār, y de Wahb ibn Munabbih al-Yamānī: que era un hombre de la gente de Antioquía, y que su nombre era «Ḥabīban», y que trabajaba el jarīr, y que era un hombre enfermizo, en quien la lepra se había apresurado, y cuya morada estaba junto a una puerta de las puertas de la ciudad, apartada; y era un creyente dado a la limosna: reunía su ganancia al anochecer —según mencionan— y la dividía en dos mitades: alimentaba con una mitad a su familia y daba la otra en caridad. Y ni su enfermedad, ni su trabajo, ni su debilidad lo distrajeron del servicio a su Señor.
Dijo:
Cuando su pueblo se determinó a matar a los mensajeros, aquello llegó a Ḥabīban mientras estaba junto a la puerta más extrema de la ciudad; entonces vino corriendo hacia ellos, recordándoles a Dios y llamándolos a seguir a los enviados.
Y dijo:
«¡Oh pueblo mío! Seguid a los enviados».
Nos narró Ibn Ḥumayd,
dijo:
nos narró Salama, de Ibn Isḥāq,
de ʿAbd Allāh ibn ʿAbd al-Raḥmān ibn Maʿmar ibn ʿAmr ibn Ḥazm, que fue informado de Kaʿb al-Aḥbār, quien dijo:
Se le mencionó a Ḥabīb ibn Zayd ibn ʿĀṣim, hermano de los Banū Māzin ibn al-Najjār, a quien Musaylima el Mentiroso despedazó en al-Yamāma cuando se puso a interrogarlo acerca del Mensajero de Dios —que Dios lo bendiga y le conceda paz—.
Y él le decía:
«¿Das testimonio de que Muḥammad es el Mensajero de Dios?»
Y él respondía:
«Sí».
Luego decía:
«¿Y das testimonio de que yo soy mensajero de Dios?»
Y él le respondía:
«No oigo».
Entonces Musaylima decía:
«¿Oyes esto y no oyes esto?»
Y él respondía:
«Sí».
Y se puso a cortarlo miembro a miembro: cada vez que le preguntaba, no le añadía nada a esa respuesta, hasta que murió en sus manos.
Dijo Kaʿb, cuando se le dijo que su nombre era Ḥabīb:
«Y, por Dios, el compañero de Yā-Sīn se llamaba Ḥabīb».
Nos narró Ibn Ḥumayd,
dijo:
nos narró Salama, de Ibn Isḥāq, de al-Ḥasan ibn ʿUmāra, de al-Ḥakam ibn ʿUtayba, de Miqsim Abū al-Qāsim, liberto de ʿAbd Allāh ibn al-Ḥārith ibn Nawfal, de Mujāhid,
de ʿAbd Allāh ibn ʿAbbās, que solía decir:
El nombre del compañero de Yā-Sīn era Ḥabīban, y la lepra se había apresurado en él.
Nos narró Bishr,
dijo:
nos narró Yazīd,
dijo:
nos narró Saʿīd, de Qatāda,
acerca de Su dicho:
{Y vino desde el extremo de la ciudad un hombre que corría} dijo:
Se nos mencionó que su nombre era Ḥabīb, y que estaba en una cueva adorando a su Señor; y cuando oyó hablar de ellos, se dirigió hacia ellos.
Y Su dicho:
{dijo: «¡Oh pueblo mío! Seguid a los enviados»} quiere decir —exaltado sea Su recuerdo—: dijo el hombre que vino desde el extremo de la ciudad a su pueblo: «¡Oh pueblo mío! Seguid a los enviados que Dios os ha enviado, y aceptad de ellos lo que os han traído».
Notas y Referencias
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