Los Confederados
الأحزاب Al-AhzabVersículo (Español)
[33:26] Luego hizo salir de sus fortalezas a la gente del Libro que había ayudado [a los idólatras], e infundió el terror en sus corazones. Por Su orden unos fueron ejecutados y otros hechos prisioneros.
Tafsir de At-Tabari
{وَأَنزَلَ ٱلَّذِينَ ظَٰهَرُوهُم مِّنۡ أَهۡلِ ٱلۡكِتَٰبِ مِن صَيَاصِيهِمۡ وَقَذَفَ فِي قُلُوبِهِمُ ٱلرُّعۡبَ فَرِيقٗا تَقۡتُلُونَ وَتَأۡسِرُونَ فَرِيقٗا} (26)
La disertación acerca de la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—:
{ وَأَنزَلَ الّذِينَ ظَاهَرُوهُم مّنْ أَهْلِ الْكِتَابِ مِن صَيَاصِيهِمْ وَقَذَفَ فِي قُلُوبِهِمُ الرّعْبَ فَرِيقاً تَقْتُلُونَ وَتَأْسِرُونَ فَرِيقاً * وَأَوْرَثَكُمْ أَرْضَهُمْ وَدِيَارَهُمْ وَأَمْوَالَهُمْ وَأَرْضاً لّمْ تَطَئُوهَا وَكَانَ اللّهُ عَلَىَ كُلّ شَيْءٍ قَدِيراً }
Dice —glorificado sea Su recuerdo—:
Y Dios hizo descender a quienes auxiliaron a los confederados de Quraysh y de Ghaṭafān contra el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— y sus compañeros; y eso es su apoyo (muẓāharah) contra él. Con ello se refiere a los Banū Qurayẓah, pues ellos fueron quienes apoyaron a los confederados contra el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—.
Y Su dicho: مِنْ أَهْلِ الكِتابِ significa:
de la gente de la Torá;
y eran judíos.
Y Su dicho: مِنْ صَياصِيهمْ significa: de sus fortalezas. En el sentido que hemos mencionado se expresaron los exegetas.
Mención de quienes dijeron eso:
Me narró Muḥammad b. ʿAmr,
dijo:
nos narró Abū ʿĀṣim,
dijo:
nos narró ʿĪsā; y me narró al-Ḥārith,
dijo:
nos narró al-Ḥasan,
dijo:
nos narró Warqāʾ, todos ellos, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid: {وَأَنْزَلَ الّذِينَ ظاهَرُوهُمْ مِنْ أهْلِ الكِتابِ} dijo: Qurayẓah;
dice:
los hizo descender de sus ṣiyāṣī.
Nos narró Bishr,
dijo:
nos narró Yazīd,
dijo:
nos narró Saʿīd, de Qatādah, acerca de Su dicho: {وَأَنْزَلَ الّذينَ ظاهَرُوهُمْ مِنْ أهْلِ الكِتابِ} —y ellos son los Banū Qurayẓah—: apoyaron a Abū Sufyān y se cartearon con él, quebrantando así el pacto que había entre ellos y el Profeta de Dios.
Dijo:
Mientras el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— estaba junto a Zaynab bint Jaḥsh lavándose la cabeza —y ella le había lavado un lado—, se le presentó Gabriel —la paz sea con él—,
y dijo:
Que Dios te perdone: los ángeles no han depuesto sus armas desde hace cuarenta noches; levántate hacia los Banū Qurayẓah, pues yo he cortado sus cuerdas y he abierto sus puertas,
y los he dejado en temblor y confusión.
Dijo:
El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— se armó por completo, luego tomó el camino de la callejuela de Banū Ghanm,
y la gente lo siguió, y él llevaba su ceja vendada con tierra.
Dijo:
El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— llegó a ellos, los sitió y les gritó: «¡Hermanos de los monos!».
Dijeron:
«¡Oh Abū al-Qāsim! No eras un hombre soez».
Entonces se sometieron al juicio de Ibn Muʿādh; entre ellos y su gente había alianza, y esperaban que él mostrase indulgencia con ellos. Abū Lubābah les hizo una seña indicando que era degüello.
Entonces Dios hizo descender:
{يا أيّها الّذِينَ آمَنُوا لا تَخُونُوا اللّهَ والرّسُولَ وتَخُونُوا أماناتكمْ وأنْتُمْ تَعْلَمُونَ}
Y él juzgó respecto de ellos que se matase a sus combatientes, que se cautivase a su descendencia, y que sus bienes inmuebles fuesen para los emigrados, excluyendo a los anṣār.
Su gente y su clan dijeron:
«Has preferido a los emigrados con los bienes inmuebles en detrimento nuestro».
Dijo:
«Vosotros erais poseedores de bienes inmuebles, mientras que los emigrados no tenían bienes inmuebles».
Y se nos mencionó que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— proclamó el takbīr y dijo:
«قَضَى فِيكُمْ بِحُكْمِ اللّهِ»
Nos narró Ibn Ḥumayd,
dijo:
nos narró Salamah, de Ibn Isḥāq,
dijo:
Cuando el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— regresó de la Trinchera de vuelta a Medina, junto con los musulmanes, y depusieron las armas, al llegar el mediodía Gabriel se presentó ante el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—.
Así:
Nos narró Ibn Ḥumayd,
dijo:
nos narró Salamah,
dijo:
me narró Muḥammad b. Isḥāq, de Ibn Shihāb al-Zuhrī, tocado con un turbante de brocado, sobre una mula con albarda,
sobre la cual había una manta de seda brocada. Dijo:
«¿Ya has depuesto las armas, oh Mensajero de Dios?».
Dijo:
«Sí».
Dijo Gabriel:
«Los ángeles aún no han depuesto las armas; no he regresado ahora sino de perseguir a la gente. Dios te ordena, Muḥammad, marchar hacia los Banū Qurayẓah, y yo me dirijo hacia los Banū Qurayẓah».
Entonces el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— ordenó a un pregonero,
y se proclamó entre la gente:
«Quien oiga y obedezca, que no rece el ʿaṣr sino en Banū Qurayẓah».
El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— envió por delante a ʿAlī b. Abī Ṭālib —Dios esté complacido con él— con su estandarte hacia los Banū Qurayẓah, y la gente se apresuró tras él. ʿAlī b. Abī Ṭālib —Dios esté complacido con él— marchó hasta que, al aproximarse a las fortalezas, oyó desde ellas palabras indecentes contra el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—; entonces regresó hasta encontrarse con el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— en el camino,
y dijo:
«Oh Mensajero de Dios, no te incumbe acercarte a estos inmundos».
Dijo:
«¿Por qué? Sospecho que has oído de ellos algún daño contra mí».
Dijo:
«Sí, oh Mensajero de Dios».
Dijo:
«Si me vieran, no dirían nada de eso».
Cuando el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— se aproximó a sus fortalezas, dijo:
«يا إخْوَانَ القِرَدَة هَلْ أخْزَاكُمُ اللّهُ وأنْزَلَ بِكُمْ نِقْمَتَهُ ؟»
Dijeron:
«Oh Abū al-Qāsim, no eras ignorante».
El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— pasó junto a sus compañeros en al-Ṣūrayn antes de llegar a Banū Qurayẓah,
y dijo:
«¿Ha pasado por vosotros alguien?».
Dijeron:
«Oh Mensajero de Dios, ha pasado por nosotros Diḥyah b. Khalīfah al-Kalbī sobre una mula blanca con albarda, sobre la cual había una manta de brocado».
El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo:
«ذَاكَ جَبْرَائِيلُ بعِثَ إلى بَنِي قُرَيْظَةَ يُزَلْزلُ بِهِمْ حُصُونَهُمْ ، وَيَقْذفُ الرّعْبَ فِي قُلُوبِهِمْ»
Cuando el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— llegó a Qurayẓah, acampó junto a un pozo de sus pozos, en una zona de sus propiedades, llamado: Biʾr Anā. La gente se le fue uniendo.
Le llegaron hombres después de la oración nocturna, y no habían rezado el ʿaṣr por la palabra del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—:
«لا يُصَلّيَنّ أحَدٌ العَصْرَ إلاّ فِي بَنِي قُرَيْظَةَ»
; y rezaron el ʿaṣr. Dios no los censuró por ello en Su Libro, ni Su Mensajero los reprendió por ello.
Y el relato de Muḥammad b. Isḥāq, de su padre, de Maʿbad b. Kaʿb b. Mālik al-Anṣārī,
dijo:
El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— los sitió veinticinco noches, hasta que el asedio los agotó y Dios arrojó el terror en sus corazones. Ḥuyayy b. Akhṭab había entrado con los Banū Qurayẓah en su fortaleza cuando Quraysh y Ghaṭafān se retiraron de ellos, cumpliendo con Kaʿb b. Asad lo que le había prometido. Cuando se cercioraron de que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— no se retiraría de ellos hasta enfrentarlos,
Kaʿb b. Asad les dijo:
«Oh asamblea de judíos, os ha sobrevenido de este asunto lo que veis. Os propongo tres opciones; tomad la que queráis».
Dijeron:
«¿Cuáles son?».
Dijo:
«Prestemos juramento de fidelidad a este hombre y creámosle; por Dios, se os ha hecho claro que es un profeta enviado, y que es aquel que hallabais en vuestro Libro. Así estaréis a salvo respecto de vuestras vidas, bienes, hijos y mujeres».
Dijeron:
«No abandonaremos jamás el juicio de la Torá, ni lo sustituiremos por otro».
Dijo:
«Si rechazáis esto, entonces venid: matemos a nuestros hijos y mujeres, luego salgamos contra Muḥammad y sus compañeros como hombres desenvainados con las espadas, sin dejar tras nosotros carga que nos preocupe, hasta que Dios juzgue entre nosotros y Muḥammad. Si perecemos, perecemos sin dejar tras nosotros nada por lo que temer; y si vencemos, por mi vida, tomaremos mujeres e hijos».
Dijeron:
«¿Matar a esos pobres? ¿Qué bien hay en la vida después de ellos?».
Dijo:
«Si rechazáis esto, entonces esta noche es noche de sábado; quizá Muḥammad y sus compañeros se hayan confiado. Descended, tal vez sorprendamos a Muḥammad y sus compañeros».
Dijeron:
«¿Corromper nuestro sábado y hacer en él lo que no hicieron quienes nos precedieron? ¿Acaso no sabes lo que les sobrevino de metamorfosis, cosa que no se te oculta?».
Dijo:
«Ningún hombre de vosotros, desde que su madre lo parió, ha pasado una sola noche de su vida siendo resuelto».
Dijo:
Luego enviaron al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—: «Envíanos a Abū Lubābah b. ʿAbd al-Mundhir, hermano de Banū ʿAmr b. ʿAwf» —y ellos eran aliados de al-Aws— «para consultarle nuestro asunto». El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— lo envió. Cuando lo vieron, los hombres se levantaron hacia él, y las mujeres y los niños se precipitaron hacia él llorando en su rostro. Se apiadó de ellos.
Le dijeron:
«Oh Abū Lubābah, ¿crees que debemos someternos al juicio de Muḥammad?».
Dijo:
«Sí», e hizo una seña con su mano hacia su garganta:
«Es degüello».
Dijo Abū Lubābah:
Por Dios, mis pies no se movieron hasta que supe que había traicionado a Dios y a Su Mensajero. Luego Abū Lubābah se marchó sin rumbo y no fue al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, sino que se ató en la mezquita a una de sus columnas y dijo:
«No abandonaré mi lugar hasta que Dios acepte mi arrepentimiento por lo que hice». E hizo pacto con Dios de no pisar jamás Banū Qurayẓah, y de que Dios no lo viera en una tierra en la que hubiese traicionado a Dios y a Su Mensajero.
Cuando la noticia llegó al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, y él ya lo había echado en falta,
dijo:
«أما إنّهُ لَوْ كانَ جاءَنِي لاسْتَغْفَرْتُ لَهُ . أمّا إذْ فَعَلَ ما فَعَلَ ، فَمَا أنا بالّذي أُطْلِقُهُ مِنْ مَكانِه حتى يَتُوبَ اللّهُ عَلَيْهِ»
Luego Thaʿlabah b. Saʿyah, Usayd b. Saʿyah y Asad b. ʿUbayd —un grupo de Banū Hudhayl, que no eran de Banū Qurayẓah ni de al-Naḍīr; su linaje está por encima de eso: eran primos del grupo— abrazaron el islam aquella noche en que Qurayẓah se sometió al juicio del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—.
Y aquella noche salió ʿAmr b. Saʿdā al-Quraẓī; pasó junto a la guardia del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, y esa noche estaba al frente Muḥammad b. Maslamah al-Anṣārī. Cuando lo vio, dijo:
«¿Quién es este?».
Dijo:
«ʿAmr b. Saʿdā».
Y ʿAmr había rehusado entrar con Banū Qurayẓah en su perfidia contra el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, y dijo: «No traicionaré jamás a Muḥammad».
Muḥammad b. Maslamah, cuando lo reconoció, dijo:
«¡Oh Dios, no me prives de perdonar los tropiezos de los nobles!».
Luego lo dejó ir. Salió sin rumbo hasta pasar la noche en la mezquita del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— en Medina; luego se fue, y no se sabe adónde fue en la tierra de Dios hasta el día de hoy.
Se mencionó al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— su asunto,
y dijo:
«ذَاكَ رَجُلٌ نَجّاهُ اللّهُ بِوَفائهِ»
Dijo:
Y algunos afirmaban que había sido atado con una cuerda entre quienes fueron atados de Banū Qurayẓah cuando se sometieron al juicio del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—; y al amanecer su cuerda apareció arrojada, y no se supo adónde fue. Entonces el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo aquella frase. Y Dios sabe más.
Cuando amanecieron, se sometieron al juicio del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—. Al-Aws se levantaron de un salto,
y dijeron:
«Oh Mensajero de Dios, ellos son nuestros aliados, no los de al-Khazraj; y ayer hiciste con los aliados de al-Khazraj lo que ya sabes».
Y el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, antes de Banū Qurayẓah, había sitiado a Banū Qaynuqāʿ —y eran aliados de al-Khazraj—; se sometieron a su juicio, y ʿAbd Allāh b. Ubayy b. Salūl se los pidió, y se los concedió.
Cuando al-Aws le hablaron,
el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo:
«ألا تَرْضَوْنَ يا مَعْشَرَ الأَوْسِ أنْ يَحْكُمَ فِيهِمْ رَجُلٌ مِنْكُمْ ؟»
Dijeron:
«Sí».
Dijo:
«فَذَاكَ إلى سَعْدِ بْنِ مُعاذٍ»
Saʿd b. Muʿādh había sido puesto por el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— en la tienda de una mujer de Aslam llamada Rufaydah, en su mezquita; ella atendía a los heridos y se entregaba, por Dios, al servicio de quien entre los musulmanes estuviese en necesidad.
Y el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— había dicho a su gente cuando la flecha lo alcanzó en la Trinchera:
«اجْعَلُوهُ فِي خَيْمَةِ رُفِيْدَةَ حتى أعُودَهُ مِنْ قَرِيبٍ»
Cuando el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— lo designó árbitro sobre Banū Qurayẓah, su gente fue a él y lo cargaron sobre un asno; le pusieron debajo un cojín de cuero, y era un hombre corpulento. Luego avanzaron con él hacia el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—,
y decían:
«Oh Abū ʿAmr, sé benévolo con tus aliados, pues el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— te ha dado autoridad sobre ello para que seas benévolo con ellos».
Cuando insistieron mucho, dijo:
«Ha llegado el momento de que a Saʿd no lo tome, por Dios, el reproche de ningún reprochador».
Entonces algunos de los que iban con él de su gente regresaron a la casa de Banū ʿAbd al-Ashhal, y los hombres de Banū Qurayẓah les anunciaron su ruina antes de que Saʿd b. Muʿādh llegase a ellos, por la palabra que le oyeron.
Cuando Saʿd llegó ante el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— y los musulmanes,
dijo:
«Levantaos hacia vuestro señor».
Se levantaron hacia él.
Le dijeron:
«Oh Abū ʿAmr, el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— te ha dado autoridad sobre tus aliados para que juzgues respecto de ellos».
Dijo Saʿd:
«¿Tenéis sobre ello el pacto de Dios y Su compromiso: que el juicio sobre ellos será como yo juzgue?».
Dijeron:
«Sí».
Dijo:
«¿Y también sobre quienes están aquí, en el lado en que está el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—?» —y se apartó del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— por reverencia hacia él—.
El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo:
«نَعَمْ»
Dijo Saʿd:
«Entonces juzgo respecto de ellos que se mate a los hombres, que se repartan los bienes, y que se cautive a la descendencia y a las mujeres».
Nos narró Ibn Ḥumayd,
dijo:
nos narró Salamah,
dijo:
me narró Muḥammad b. Isḥāq, de ʿĀṣim b. ʿUmar b. Qatādah, de ʿAbd al-Raḥmān b. ʿAmr b. Saʿd b. Muʿādh, de ʿAlqamah b. Waqqāṣ al-Laythī,
dijo:
El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo:
«لَقَدْ حَكَمْتَ فِيهِمْ بِحُكْمِ اللّهِ مِنْ فَوْقِ سَبْعَةِ أرْقِعَةٍ»
Luego los hicieron descender, y el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— los retuvo en la casa de la hija de al-Ḥārith, una mujer de Banū al-Najjār. Después el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— salió al mercado de Medina —que es su mercado hoy— y cavó allí fosas. Luego mandó por ellos y les cortó el cuello en aquellas fosas, sacándolos hacia él en grupos.
Entre ellos estaba el enemigo de Dios Ḥuyayy b. Akhṭab, y Kaʿb b. Asad, jefe del grupo. Eran seiscientos o setecientos; y quien más eleva la cifra dice: eran de ochocientos a novecientos.
Y dijeron a Kaʿb b. Asad, mientras eran llevados al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— en grupos:
«Oh Kaʿb, ¿qué opinas de lo que se hace con nosotros?».
Dijo Kaʿb:
«¿En cada situación no razonáis? ¿No veis que el pregonero no cesa, y que quien es llevado de vosotros no regresa? Por Dios, es la muerte».
Y no cesó ese proceder hasta que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— terminó con ellos.
Y fue traído Ḥuyayy b. Akhṭab, enemigo de Dios, llevando una túnica suya de color azafranado, que había rasgado por todos lados, en cada parte como el lugar de una yema, yema por yema, para que no se la arrebatasen. Tenía las manos reunidas al cuello con una cuerda.
Cuando miró al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, dijo:
«Por Dios, no me reprocho a mí mismo mi enemistad contra ti; pero a quien Dios abandona, es abandonado».
Luego se volvió hacia la gente y dijo:
«Oh gente, no hay mal en el decreto de Dios: el Libro de Dios, Su determinación, y una matanza que fue escrita sobre los Hijos de Israel».
Luego se sentó y le fue cortado el cuello.
Entonces Jabal b. Jawwāl al-Thaʿlabī dijo:
Por tu vida, el hijo de Akhṭab no se reprochó a sí mismo *** sino que a quien Dios abandona, es abandonado
Combatió hasta llevar el alma a su excusa *** y se agitó buscando la gloria todo el que se agita
Nos narró Ibn Ḥumayd,
dijo:
nos narró Salamah,
dijo:
nos narró Muḥammad b. Isḥāq, de Muḥammad b. Jaʿfar b. al-Zubayr, de ʿUrwah b. al-Zubayr, de ʿĀʾishah,
dijo:
No fue muerta de sus mujeres sino una sola mujer.
Dijo:
Por Dios, ella estaba conmigo conversando y riendo a carcajadas, mientras el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— mataba a sus hombres en el mercado, cuando un pregonero gritó su nombre:
«¿Dónde está fulana?».
Dijo:
«Yo, por Dios».
Dijo:
Yo le dije: «¡Ay de ti! ¿Qué te pasa?».
Dijo:
«¿Me matarán?».
Dije:
«¿Y por qué?».
Dijo:
«Por un hecho que cometí».
Dijo:
Entonces se la llevaron y le cortaron el cuello.
Y ʿĀʾishah decía:
No olvido mi asombro por su serenidad y por cuánto reía, aun sabiendo que sería muerta.
Nos narró Ibn Ḥumayd,
dijo:
nos narró Salamah, de Ibn Isḥāq,
dijo:
me narró Zayd b. Rumān: {وَأَنْزَلَ الّذِينَ ظاهَرُوهُمْ مِنْ أهْلِ الكِتابِ مِنْ صَياصِيهِمْ} —y al-ṣiyāṣī: las fortalezas y los aṭām en los que estaban— {وَقذَفَ فِي قُلُوبِهِمُ الرّعْبَ}.
Nos narró ʿAmr b. Mālik al-Bakrī,
dijo:
nos narró Wakīʿ b. al-Jarrāḥ; y nos narró Ibn Wakīʿ,
dijo:
nos narró mi padre, de Ibn ʿUyaynah, de ʿAmr b. Dīnār,
de ʿIkrimah: {مِنْ صَياصِيهِمْ} dijo:
de sus fortalezas.
Me narró Muḥammad b. ʿAmr,
dijo:
nos narró Abū ʿĀṣim,
dijo:
nos narró ʿĪsā; y me narró al-Ḥārith,
dijo:
nos narró al-Ḥasan,
dijo:
nos narró Warqāʾ, todos ellos, de Ibn Abī Najīḥ,
de Mujāhid: {مِنْ صَياصِيهِمْ} dice:
los hizo descender de sus ṣiyāṣī;
dijo:
sus palacios.
Nos narró Bishr,
dijo:
nos narró Yazīd,
dijo:
nos narró Saʿīd, de Qatādah,
acerca de Su dicho: {مِنْ صَياصِيهِمْ}:
es decir, de sus fortalezas y sus aṭām.
Me narró Yūnus,
dijo:
nos informó Ibn Wahb,
dijo:
dijo Ibn Zayd,
acerca de Su dicho:
{وأَنْزَلَ الّذِينَ ظاهَرُوهمْ مِنْ أهْلِ الكِتابِ مِنْ صَياصِيهِمْ} dijo:
al-ṣiyāṣī: sus fortalezas, de las que creían que los protegerían de Dios —Bendito y Exaltado sea—.
Y el origen de al-ṣiyāṣī:
es el plural de ṣīṣah. Se dice, y con ello se quiso decir aquí: sus fortalezas. Y los árabes llaman al extremo de la montaña: ṣīṣah; y se llama al origen de una cosa: ṣīṣah. Se dice: «Que Dios corte la ṣīṣah de fulano», es decir, su raíz. Y se llama a las espinas del telar: ṣiyāṣī,
como dijo el poeta:
*** como el golpe de las ṣiyāṣī en el tejido extendido ***
Y son las dos espuelas del gallo.
Y Su dicho:
{وَقَذَفَ فِي قُلُوبِهِمُ الرّعْبَ} dice: y arrojó en sus corazones el miedo a vosotros.
{فَريقا تَقْتُلُونَ} dice: matáis de entre ellos a un grupo,
y son aquellos a quienes el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— mató de entre ellos cuando prevaleció sobre ellos.
{وتَأْسِرُونَ فَرِيقا} dice:
y capturáis de entre ellos a un grupo, y son sus mujeres y su descendencia, que fueron hechos cautivos,
como:
Nos narró Bishr,
dijo:
nos narró Yazīd,
dijo:
nos narró Saʿīd, de Qatādah: {فَرِيقا تَقْتُلُونَ} son aquellos cuyas nucas fueron golpeadas; y {وتَأْسِرُونَ فَرِيقا} son aquellos que fueron hechos cautivos.
Nos narró Ibn Ḥumayd,
dijo:
nos narró Salamah, de Ibn Isḥāq,
dijo:
me narró Yazīd b. Rumān: {فَرِيقا تَقْتُلُونَ وتَأْسِرُونَ فَرِيقا} es decir: la muerte de los hombres y el cautiverio de la descendencia y las mujeres.
{وأوْرَثَكُمْ أرْضَهُمْ وَديارَهُمْ وأمْوَالَهُم} dice:
Y os dio en posesión, tras su destrucción, su tierra —es decir, sus campos de cultivo y sus plantaciones—.
Y {وَديارَهُمْ} dice:
y sus moradas.
Y {وأمْوَالَهُم} significa:
el resto de los bienes, distintos de la tierra y las casas.
Y Su dicho:
{وأرْضا لَمْ تَطَئُوها} los exegetas discreparon acerca de ello: ¿qué tierra es?
Algunos dijeron:
son Bizancio y Persia, y similares de las tierras que Dios abrió después a los musulmanes.
Mención de quienes dijeron eso:
Nos narró Bishr,
dijo:
nos narró Yazīd,
dijo:
nos narró Saʿīd,
de Qatādah: {وأرْضا لَمْ تَطَئُوها} dijo:
Dijo al-Ḥasan: es Bizancio y Persia, y lo que Dios les abrió.
Otros dijeron:
es La Meca.
Y otros dijeron:
más bien es Jaybar.
Mención de quienes dijeron eso:
Nos narró Ibn Ḥumayd,
dijo:
nos narró Salamah, de Ibn Isḥāq,
dijo:
me narró Yazīd b. Rumān: {وأرْضا لَمْ تَطَئُوها} dijo: Jaybar.
Me narró Yūnus,
dijo:
nos informó Ibn Wahb,
dijo:
dijo Ibn Zayd,
acerca de Su dicho {وأوْرَثَكُمْ أرْضَهُمْ وَدِيارَهُمْ}:
dijo:
Qurayẓah y al-Naḍīr, la gente del Libro.
Y {وأرْضا لَمْ تَطَئُوها} dijo:
Jaybar.
Y lo correcto en esto es decir:
Que Dios —Exaltado sea Su recuerdo— informó que dio en herencia a los creyentes, de entre los compañeros del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, la tierra de Banū Qurayẓah, sus moradas y sus bienes, y una tierra que entonces no habían pisado; y no era La Meca ni Jaybar, ni la tierra de Persia y Bizancio, ni el Yemen, de lo que habían pisado en aquel momento; luego pisaron eso después, y Dios se lo dio en herencia. Y todo ello entra en Su dicho {وأرْضا لَمْ تَطَئُوها}, pues —Exaltado sea Su recuerdo— no especificó una parte de ello excluyendo otra.
{وكانَ اللّهُ على كُلّ شَيْءٍ قَدِيرا} dice —Exaltado sea Su recuerdo—:
Y Dios tiene poder para dar en herencia eso a los creyentes, para auxiliarlos, y para otros asuntos: nada de lo que quiere le resulta imposible, ni se le impide realizar cosa alguna que pretenda hacer.
Notas y Referencias
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