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La Familia de Imran

آل عمران Ali 'Imran
Aya 8

Versículo (Español)

[3:8] ¡Señor nuestro! No permitas que nuestros corazones se desvíen después de habernos guiado. Concédenos Tu misericordia, Tú eres el Dadivoso.

Tafsir de At-Tabari

{رَبَّنَا لَا تُزِغۡ قُلُوبَنَا بَعۡدَ إِذۡ هَدَيۡتَنَا وَهَبۡ لَنَا مِن لَّدُنكَ رَحۡمَةًۚ إِنَّكَ أَنتَ ٱلۡوَهَّابُ} (8) القول في تأويل قوله تعالى :

{ رَبّنَا لاَ تُزِغْ قُلُوبَنَا بَعْدَ إِذْ هَدَيْتَنَا وَهَبْ لَنَا مِن لّدُنْكَ رَحْمَةً إِنّكَ أَنْتَ الْوَهّابُ }

Con ello quiere decir —glorificado sea—: que los firmemente arraigados en el conocimiento dicen: «Creemos en lo que es equívoco de las aleyas del Libro de Dios, y que ello, así como lo unívoco de Sus aleyas, procede del descenso de nuestro Señor y de Su revelación». Y dicen también: { رَبّنَا لا تُزِغْ قُلُوبَنَا بَعْدَ إذْ هَدَيْتَنا } esto es, que dicen, por deseo dirigido a su Señor, que aparte de ellos aquello con lo que probó a quienes se desviaron sus corazones: seguir lo equívoco de las aleyas del Corán buscando la sedición y buscando su interpretación, la cual no conoce sino Dios. «¡Oh Señor nuestro! No nos hagas como esos cuya corazón se desvió de la verdad y apartaron (a otros) de Tu camino. { لا تُزِغْ قُلُوبَنَا } no los inclines, de modo que los apartes de Tu guía. { بَعْدَ إذْ هَدَيْتَنَا } a ella, pues nos concediste el acierto para creer en lo unívoco de Tu Libro y en lo equívoco. { وَهَبْ لَنا } ¡oh Señor nuestro! { مِنْ لَدُنْكَ رَحْمَةً } esto es, de Tu parte una misericordia. Con ello quiere decir: concédenos, de Tu parte, éxito y firmeza en aquello en lo que estamos: el reconocimiento de lo unívoco de Tu Libro y de lo equívoco¹. { إنّكَ أنْتَ الوَهّابُ } esto es: Tú eres Quien otorga a Tus siervos el acierto y la rectitud para mantenerse firmes en Tu religión y creer verazmente en Tu Libro y en Tus mensajeros. Como (se ha transmitido):

Nos narró Ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Salama, de Ibn Isḥāq, de Muḥammad b. Jaʿfar b. al-Zubayr: { رَبّنَا لا تُزِغْ قُلُوبَنَا بَعْدَ إذْ هَدَيْتَنَا } es decir: no inclines nuestros corazones, aunque nosotros nos inclinemos por nuestras novedades (acciones sobrevenidas), { وَهَبْ لَنا مِنْ لَدُنْكَ رَحْمَةً }

Y en que Dios —glorificado sea— alabara a esta gente con lo que la alabó, por su deseo dirigido a Él de que no desvíe sus corazones y de que les otorgue una misericordia de Su parte como auxilio para mantenerse firmes en aquello en lo que están, de buena clarividencia respecto de la verdad en la que perseveran, hay una manifestación de la equivocación del dicho de los ignorantes de los qadariyya: que el desviar Dios el corazón de aquel de Sus siervos cuyo corazón Él desvía de Su obediencia, y el inclinarlo apartándolo de ella, sería injusticia. Pues si ello fuera como dijeron, quienes dijeron: { رَبّنَا لاَ تُزِغْ قُلُوبَنا بَعْدَ إذْ هَدَيْتَنَا } serían más merecedores de censura que de alabanza; porque, si el dicho fuera como ellos afirman, la gente no habría pedido a su Señor, al suplicarle que no desviara sus corazones, sino que no los oprimiera ni obrara injustamente con ellos; y eso, por parte del suplicante, es ignorancia¹, pues Dios —glorificado sea— no oprime a Sus siervos ni obra injustamente con ellos; y ya informó a Sus siervos de ello, y lo negó de Sí mismo con Su dicho: { وَمَا رَبّكَ بِظَلاّمٍ لِلْعَبِيدِ } Y no hay sentido en pedirle que sea con el atributo con el que ya les informó que Él es. Y en la invalidez de lo que dijeron hay una prueba clara de que es justicia por parte de Dios —poderoso y majestuoso— desviar a aquel de Sus siervos cuyo corazón Él desvía de Su obediencia. Por eso mereció alabanza quien deseó de Él que no lo desviara: por haber dirigido el deseo a quien le corresponde y por haber puesto su petición en su lugar, junto con la concurrencia de los relatos del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— acerca de su deseo dirigido a su Señor en ello, pese a su rango ante Él y a Su favor sobre él.

Nos narró Abū Kurayb, dijo: nos narró Wakīʿ, de ʿAbd al-Ḥamīd b. Bahrām, de Šahr b. Ḥawšab, de Umm Salama: que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «¡Oh, Quien vuelve (cambia) los corazones, afirma mi corazón en Tu religión!» Luego recitó: { رَبّنَا لا تُزِغْ قُلُوبَنَا بَعْدَ إذْ هَدَيْتَنَا } ... » hasta el final de la aleya.

Nos narró Abū Kurayb, dijo: nos narró Wakīʿ, de ʿAbd al-Ḥamīd b. Bahrām, de Šahr b. Ḥawšab, de Asmāʾ, del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, con un sentido semejante.

Nos narró al-Muṯannā, dijo: nos narró al-Ḥaǧǧāǧ b. al-Minhal, dijo: nos narró ʿAbd al-Ḥamīd b. Bahrām al-Fazārī, dijo: nos narró Šahr b. Ḥawšab, dijo: escuché a Umm Salama contar que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— solía repetir mucho en su súplica diciendo: «¡Oh Dios! ¡Oh, Quien vuelve (cambia) los corazones, afirma mi corazón en Tu religión!» Dijo: le dije: «¡Oh Mensajero de Dios! ¿Y acaso el corazón cambia?» Dijo: «Sí. No creó Dios a ningún ser humano de los hijos de Adán sin que su corazón esté entre dos dedos de Sus dedos: si quiere lo mantiene firme, y si quiere lo desvía. Así pues, pedimos a Dios, nuestro Señor, que no desvíe nuestros corazones después de habernos guiado, y le pedimos que nos otorgue, de Su parte, una misericordia: ciertamente Él es el Dadivoso». Dijo ella: le dije: «¡Oh Mensajero de Dios! ¿No me enseñas una invocación con la que suplique para mí misma?» Dijo: «Sí. Di: ¡Oh Dios, Señor del Profeta Muḥammad! Perdóname mi pecado, aparta la ira de mi corazón y protégeme de las extravíos de las tribulaciones».

Me narró Muḥammad b. Manṣūr al-Ṭūsī, dijo: nos narró Muḥammad b. ʿAbd Allāh al-Zubayrī, dijo: nos narró Sufyān, de al-Aʿmaš, de Abū Sufyān, de Ǧābir, dijo: el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— solía decir con frecuencia: «¡Oh, Quien vuelve (cambia) los corazones, afirma mi corazón en Tu religión!» Entonces le dijo alguno de su gente: «¿Teme por nosotros, cuando ya hemos creído en ti y en lo que has traído?» Dijo: «Ciertamente el corazón está entre dos dedos de los dedos del Misericordioso —bendito y exaltado sea—» lo decía así¹, y Abū Aḥmad movió sus dos dedos. Dijo Abū Ǧaʿfar: y al-Ṭūsī juntó (los dedos) entre sus dos dedos.

Me narró Saʿīd b. Yaḥyā al-Umawī, dijo: nos narró Abū Muʿāwiya, dijo: nos narró al-Aʿmaš, de Abū Sufyān, de Anas, que dijo: el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— decía muy a menudo: «¡Oh, Quien vuelve (cambia) los corazones, afirma mi corazón en Tu religión!» Dijimos: «¡Oh Mensajero de Dios! Ya hemos creído en ti y hemos tenido por veraz lo que has traído; ¿y aun así teme por nosotros?» Dijo: «Sí. Ciertamente los corazones están entre dos dedos de los dedos de Dios; Él los vuelve (cambia), bendito y exaltado sea».

Me narró Muḥammad b. ʿAbd Allāh b. ʿAbd al-Ḥakam, dijo: nos narró Bišr b. Bakr; y me narró ʿAlī b. Sahl, dijo: nos narró Ayyūb b. Bišr, ambos, de Ibn Ǧābir, dijo: escuché a Bišr b. ʿUbayd Allāh, dijo: escuché a Abū Idrīs al-Ḫawlānī decir: escuché a al-Nawwās b. Samʿān al-Kilābī, dijo: escuché al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— decir: «No hay corazón que no esté entre dos dedos de los dedos del Misericordioso: si quiere lo mantiene firme, y si quiere lo desvía». Y el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— decía: «¡Oh, Quien vuelve (cambia) los corazones, afirma nuestros corazones en Tu religión! Y la balanza está en la mano del Misericordioso: eleva a unos pueblos y abaja a otros hasta el Día de la Resurrección».

Me narró ʿUmar b. ʿAbd al-Malik al-Ṭāʾī, dijo: nos narró Muḥammad b. ʿUbayda, dijo: nos narró al-Ǧarrāḥ b. Malīḥ al-Bahrānī, de al-Zubaydī, de Ǧuwaybir, de Samura b. Fātik al-Asadī —y era de los compañeros del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz——, del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, que dijo: «Las balanzas están en la mano de Dios: eleva a unos pueblos y abaja a otros; y el corazón del hijo de Adán está entre dos dedos de los dedos del Misericordioso: si quiere lo desvía y si quiere lo mantiene firme».

Me narró al-Muṯannā, dijo: nos narró Suwayd b. Naṣr, dijo: nos informó Ibn al-Mubārak, de Ḥaywa b. Šurayḥ, dijo: me informó Abū Hānīʾ al-Ḫawlānī que oyó a Abū ʿAbd al-Raḥmān al-Ḥublī decir: escuché a ʿAbd Allāh b. ʿAmr b. al-ʿĀṣ decir: escuché al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— decir: «Ciertamente los corazones de los hijos de Adán, todos ellos, están entre dos dedos de los dedos del Misericordioso, como un solo corazón: los dispone como quiere». Luego el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— decía: «¡Oh Dios, Dispositor de los corazones, dispone nuestros corazones hacia Tu obediencia!».

Nos narró al-Rabīʿ b. Sulaymān, dijo: nos narró Asad b. Mūsā, dijo: nos narró ʿAbd al-Ḥamīd b. Bahrām, dijo: nos narró Šahr b. Ḥawšab, dijo: escuché a Umm Salama contar: que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— solía repetir mucho en su súplica diciendo: «¡Oh Dios, afirma mi corazón en Tu religión!». Dijo ella: le dije: «¡Oh Mensajero de Dios! ¿Y acaso los corazones cambian?» Dijo: «Sí. No hay criatura de Dios, de los hijos de Adán, ser humano alguno, sin que su corazón esté entre dos dedos de los dedos de Dios: si quiere lo mantiene firme y si quiere lo desvía. Así pues, pedimos a Dios, nuestro Señor, que no desvíe nuestros corazones después de habernos guiado, y le pedimos que nos otorgue, de Su parte, una misericordia: ciertamente Él es el Dadivoso».

Notas y Referencias

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