La Familia de Imran
آل عمران Ali 'ImranVersículo (Español)
[3:62] Ésta es la verdadera historia. No hay otra divinidad más que Dios. Dios es el Poderoso, el Sabio.
Tafsir de At-Tabari
{Ciertamente, éste es, sin duda, el relato verdadero. Y no hay divinidad sino Allah. Y ciertamente Allah es, sin duda, el Poderoso, el Sabio} (62)
القول في تأويل قوله تعالى :
{ Ciertamente, éste es, sin duda, el relato verdadero; y no hay divinidad sino Allah; y ciertamente Allah es, sin duda, el Poderoso, el Sabio * Y si se vuelven, entonces Allah es Conocedor de los corruptores }
Con ello —glorificado sea Su elogio— quiere decir:
Ciertamente esto que te he informado, ¡oh Muhammad!, acerca del asunto de Jesús, y que te he narrado de sus noticias: que él es Mi siervo y Mi Mensajero, y Mi Palabra que arrojé a María, y un espíritu procedente de Mí,
{ es, sin duda, el relato }
y la noticia
{ verdadera }.
Así pues, sabe eso, y sabe que no hay para las criaturas divinidad adorada que les obligue a rendirle culto por su dominio sobre ellas, sino tu Divinidad a la que adoras —y Él es Allah—, el Poderoso, el Sabio.
Y con Su dicho
{ el Poderoso }
quiere decir: el poderoso en Su venganza contra quien Le desobedece, contraviene Su orden y pretende junto a Él una divinidad distinta de Él, o adora a un señor fuera de Él;
{ el Sabio }
en Su disposición: no entra en lo que dispone debilidad, ni le alcanza defecto.
{ Y si se vuelven }
quiere decir: si estos que disputaron contigo acerca de Jesús se apartan de la verdad que te ha llegado de parte de tu Señor acerca de Jesús y de otras cosas, de todo cuanto Allah te ha concedido de guía y esclarecimiento, y se desvían de ello y no lo aceptan[1],
{ entonces Allah es Conocedor de los corruptores },
dice: ciertamente Allah posee conocimiento de quienes desobedecen a su Señor y obran en Su tierra y en Sus comarcas aquello que Él les ha prohibido; y eso es su corrupción.
Dice —exaltada sea Su mención—: Él los conoce a ellos y a sus obras; las enumera contra ellos y las preserva hasta retribuirles por ellas con su merecida retribución.
Y en el sentido de lo que hemos dicho hablaron los intérpretes.
Mención de quienes dijeron eso:
Nos narró Ibn Humayd,
dijo: nos narró Salama, de Ibn Ishaq,
de Muhammad b. Ja‘far b. al-Zubayr:
{ Ciertamente, éste es, sin duda, el relato verdadero }
esto es: ciertamente esto que has traído como noticia acerca de Jesús es, sin duda, el relato verdadero sobre su asunto.
Nos narró al-Qasim,
dijo: nos narró al-Husayn,
dijo: me narró Hajjaj,
de Ibn Jurayj:
{ Ciertamente, éste es, sin duda, el relato }.
Ciertamente esto que hemos dicho acerca de Jesús es, sin duda, el relato verdadero.
Me narró Yunus,
dijo: nos informó Ibn Wahb,
dijo: dijo Ibn Zayd acerca de Su dicho:
{ Ciertamente, éste es, sin duda, el relato verdadero }
dijo: este relato verdadero acerca de Jesús: no conviene que Jesús sobrepase esto, ni exceda el sobrepasar sino el ser la Palabra de Allah que Él arrojó a María, y un espíritu procedente de Él, y siervo de Allah y Su Mensajero.
Me narró Muhammad b. Sa‘d,
dijo: me narró mi padre,
dijo: me narró mi tío,
dijo: me narró mi padre, de su padre,
de Ibn ‘Abbas:
{ Ciertamente, éste es, sin duda, el relato verdadero }:
ciertamente esto que hemos dicho acerca de Jesús es la verdad,
{ y no hay divinidad sino Allah }
. . . la aleya.
Y cuando —glorificado sea Su elogio— dirimió entre Su Profeta Muhammad —que Allah le bendiga y le conceda paz— y la delegación de los cristianos de Najrán mediante el dictamen decisivo y el juicio justo, le ordenó que, si ellos se volvían de aquello a lo que los llamaba —el reconocimiento de la unicidad de Allah, que no tiene hijo ni consorte, y que Jesús es Su siervo y Su Mensajero— y no querían sino disputa y contienda, los convocara a la imprecación mutua (mubāhala). Y así lo hizo el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—. Y cuando el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— hizo eso, se desalentaron, se abstuvieron de la imprecación mutua y llamaron a la reconciliación, como...
Nos narró Ibn Humayd,
dijo: nos narró Jarir, de Mughira, de ‘Amir,
dijo: entonces ordenó —es decir, el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz— su imprecación mutua —es decir, la imprecación mutua de la gente de Najrán— por Su dicho:
{ Y a quien te dispute sobre ello después de haberte llegado el conocimiento }
. . . la aleya. Se citaron para imprecársele mutuamente y le fijaron el día siguiente. Luego fueron al Sayyid y al ‘Aqib —y eran los más sensatos de ellos— y los siguieron; y fueron a un hombre de entre ellos, sensato.
Le mencionaron aquello sobre lo que se habían separado del Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—, y él dijo:
«¿Qué habéis hecho?» y los hizo arrepentirse.
Y les dijo:
«Si es un profeta y luego invoca contra vosotros, Allah no os dejará prosperar jamás; y si es un rey y prevalece sobre vosotros, no os dejará con vida en absoluto».
Dijeron:
«¿Y qué haremos, si ya hemos quedado en cita?»
Les dijo:
«Cuando vayáis a él por la mañana, presentadle aquello sobre lo que os separasteis de él;
y decid: “Nos refugiamos en Allah”. Y si os vuelve a convocar,
decidle: “Nos refugiamos en Allah”. Quizá os dispense de ello».
Cuando fueron por la mañana, el Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— salió llevando en brazos a Hasan, tomando de la mano a Husayn, y Fátima caminaba detrás de él. Los llamó a aquello sobre lo que se habían separado de él el día anterior,
y dijeron: «Nos refugiamos en Allah». Luego los volvió a convocar,
y dijeron: «Nos refugiamos en Allah», repetidas veces.
Dijo:
«Si rehusáis, entonces haceos musulmanes, y tendréis lo que tienen los musulmanes y sobre vosotros recaerá lo que recae sobre los musulmanes, como dijo Allah —poderoso y majestuoso—[1]. Y si rehusáis, entonces entregad la yizia de propia mano, estando sometidos, como dijo Allah —poderoso y majestuoso».
Dijeron:
«No poseemos sino nuestras propias personas».
Dijo:
«Y si rehusáis, entonces os declaro la ruptura en igualdad, como dijo Allah —poderoso y majestuoso».
Dijeron:
«No tenemos fuerza para la guerra contra los árabes; pero pagaremos la yizia».
Entonces les impuso cada año dos mil túnicas: mil en Rayab y mil en Safar.
Y el Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo:
«Ciertamente me ha venido el anunciador con la destrucción de la gente de Najrán, hasta las aves sobre los árboles —o los pajarillos sobre los árboles—, si hubieran consumado la imprecación mutua».
Nos narró Ibn Humayd,
dijo: nos narró Jarir,
dijo: y dije a Mughira: «La gente ve en el relato de la gente de Najrán que ‘Alí estaba con ellos». Dijo: «En cuanto a al-Sha‘bí, no lo mencionó; no sé si por la mala opinión de los Banū Umayya respecto de ‘Alí, o si no estaba en el relato».
Nos narró Ibn Humayd,
dijo: nos narró Salama, de Ibn Ishaq,
de Muhammad b. Ja‘far b. al-Zubayr:
{ Ciertamente, éste es, sin duda, el relato verdadero }
hasta Su dicho:
{ Decid: atestiguad que somos musulmanes }
Los llamó a la equidad y les cortó el argumento. Y cuando al Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— le llegó la noticia de Allah acerca de ellos, y la decisión del juicio entre él y ellos, y se le ordenó lo que se le ordenó respecto de su imprecación mutua si le respondían negativamente[1], los convocó a ello.
Dijeron:
«¡Oh Abū al-Qāsim! Déjanos considerar nuestro asunto; luego vendremos a ti con lo que queramos hacer respecto de aquello a lo que nos has llamado».
Se apartaron de él; luego se reunieron a solas con al-‘Aqib —que era el de su parecer—.
Dijeron:
«¡Oh ‘Abd al-Masīh! ¿Qué opinas?»
Dijo:
«Por Allah, ¡oh comunidad de cristianos!, ciertamente habéis sabido que Muhammad es un profeta enviado; y ciertamente os ha traído la decisión acerca de la noticia de vuestro compañero; y ciertamente habéis sabido que ningún pueblo ha imprecado mutuamente a un profeta sin que su mayor quedara en pie ni su pequeño creciera; y ciertamente eso sería la aniquilación para vosotros si lo hacéis. Así pues, si rehusáis todo salvo la familiaridad de vuestra religión y permanecer en lo que estáis respecto de lo que decís de vuestro compañero, entonces pactad con el hombre y luego regresad a vuestras tierras, hasta que un tiempo os muestre su parecer».
Fueron al Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—,
y dijeron:
«¡Oh Abū al-Qāsim! Hemos visto que no te imprecamos mutuamente, que te dejamos en tu religión y regresamos a la nuestra; pero envía con nosotros a un hombre de tus compañeros, con el que estés complacido para nosotros, que juzgue entre nosotros en asuntos en los que hemos discrepado de nuestros bienes; pues vosotros, para nosotros, sois de agrado».
Nos narró Ibn Humayd,
dijo: nos narró ‘Isā b. Farqad, de Abū al-Jārūd,
de Zayd b. ‘Alī acerca de Su dicho:
{ Venid: llamemos a nuestros hijos y a vuestros hijos }
. . . la aleya.
Dijo: eran el Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz—, ‘Alī, Fátima, Hasan y Husayn.
Nos narró Muhammad b. al-Husayn,
dijo: nos narró Ahmad b. al-Mufaddal,
dijo: nos narró Asbāt, de al-Suddī:
{ Y a quien te dispute sobre ello después de haberte llegado el conocimiento }
. . . la aleya. Entonces tomó —es decir, el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz— de la mano a Hasan y Husayn y a Fátima,
y dijo a ‘Alī:
«¡Síguenos!»
Y salió con ellos. Aquel día no salieron los cristianos,
y dijeron:
«Tememos que éste sea el Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz—; y la invocación de un profeta no es como otra».
Así que se quedaron atrás aquel día.
Y el Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo:
«Si hubieran salido, se habrían abrasado».
Luego pactaron con él una reconciliación: que él tendría sobre ellos ochenta mil; y lo que faltara de dirhames, sería en mercancías: la túnica a cuarenta; y que él tendría sobre ellos treinta y tres cotas de malla, y treinta y tres camellos, y treinta y cuatro caballos de campaña cada año; y que el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— sería garante de ello hasta que se lo entregaran.
Nos narró Bishr,
dijo: nos narró Yazīd,
dijo: nos narró Sa‘īd, de Qatāda,
dijo: se nos mencionó que el Profeta de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— convocó a una delegación de Najrán de entre los cristianos —ellos son quienes le disputaron acerca de Jesús—, y retrocedieron ante ello y temieron.
Y se nos mencionó que el Profeta de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— solía decir:
«Por Aquel en Cuya mano está el alma de Muhammad: ciertamente el castigo ya se había abatido sobre la gente de Najrán; y si lo hubieran hecho, habrían sido exterminados de la faz reciente de la tierra».
Nos narró al-Hasan b. Yahyā,
dijo: nos informó ‘Abd al-Razzāq,
dijo: nos informó Ma‘mar,
de Qatāda acerca de Su dicho:
{ Y a quien te dispute sobre ello después de haberte llegado el conocimiento, di: venid, llamemos a nuestros hijos y a vuestros hijos }
Dijo: nos ha llegado que el Profeta de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— salió de noche hacia la gente de Najrán; y cuando lo vieron salir, se amedrentaron y se atemorizaron, y regresaron.
Dijo Ma‘mar:
Dijo Qatāda: cuando el Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— se dispuso contra la gente de Najrán, tomó de la mano a Hasan y Husayn y dijo a Fátima:
«¡Síguenos!»
Y cuando los enemigos de Allah vieron eso, regresaron.
Nos narró al-Hasan b. Yahyā,
dijo: nos informó ‘Abd al-Razzāq,
dijo: nos informó Ma‘mar, de ‘Abd al-Karīm al-Jazarī, de ‘Ikrima, de Ibn ‘Abbās,
dijo: si hubieran salido quienes iban a imprecársele mutuamente al Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz—, habrían regresado sin encontrar ni familia ni bienes.
Nos narró Abū Kurayb,
dijo: nos narró Zakariyyā,
de ‘Adī,
dijo: nos narró ‘Ubayd Allāh b. ‘Amr, de ‘Abd al-Karīm, de ‘Ikrima, de Ibn ‘Abbās, algo semejante.
Nos narró al-Qāsim,
dijo: nos narró al-Husayn,
dijo: me narró Hajjāj, de Ibn Jurayj,
dijo: dijo el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—:
«Por Aquel en Cuya mano está mi alma: si no me hubieran rehusado, no habría transcurrido un año sin que, estando ellos presentes, no quedara de ellos nadie, sino que Allah habría destruido a los mentirosos».
Me narró Yunus,
dijo: nos informó Ibn Wahb,
dijo: nos narró Ibn Zayd,
dijo: se dijo al Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—: «Si hubieras imprecado mutuamente con la gente, ¿con quién habrías ido cuando dijiste
{ nuestros hijos y vuestros hijos }
?»
Dijo:
«Hasan y Husayn».
Me narró Muhammad b. Sinān,
dijo: nos narró Abū Bakr al-Hanafī,
dijo: nos narró al-Mundhir b. Tha‘laba,
dijo: nos narró ‘Albā’ b. Ahmar al-Yashkurī,
dijo: cuando descendió esta aleya:
{ Di: venid, llamemos a nuestros hijos y a vuestros hijos, y a nuestras mujeres y a vuestras mujeres }
la aleya, el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— envió por ‘Alī, Fátima y sus dos hijos Hasan y Husayn,
y convocó a los judíos para imprecárseles mutuamente. Entonces un joven de los judíos dijo:
«¡Ay de vosotros! ¿Acaso no tenéis presente lo de ayer: vuestros hermanos que fueron transformados en monos y cerdos? ¡No imprecéis mutuamente!»
Y desistieron.