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La Familia de Imran

آل عمران Ali 'Imran
Aya 63

Versículo (Español)

[3:63] Pero si la niegan, Dios sabe quiénes son los que siembran la desviación.

Tafsir de At-Tabari

{فَإِن تَوَلَّوۡاْ فَإِنَّ ٱللَّهَ عَلِيمُۢ بِٱلۡمُفۡسِدِينَ} (63) القول في تأويل قوله تعالى :

{ En verdad, esto es ciertamente el relato verídico; no hay divinidad sino Dios; y, en verdad, Dios es ciertamente el Poderoso, el Sabio * Y si se vuelven, entonces Dios es Conocedor de los corruptores }

Con ello —glorificado sea— quiere decir: Que esto que te he informado, ¡oh Muhammad!, acerca del asunto de Jesús, y que te he narrado de sus noticias, y que él es Mi siervo y Mi Mensajero, y Mi Palabra que arrojé a María, y un espíritu procedente de Mí, { es ciertamente el relato } y la noticia { verídica }. Sabe, pues, eso; y sabe que no hay para las criaturas divinidad alguna a la que se deba la adoración por el hecho de poseerlas, sino tu divinidad a la que adoras, y Él es Dios, el Poderoso, el Sabio.

Y con Su dicho { el Poderoso } quiere decir: el poderoso en Su venganza contra quien Le desobedece, contraviene Su mandato y pretende junto a Él otra divinidad, o adora a un señor distinto de Él; { el Sabio } en Su disposición y gobierno: no entra en lo que dispone debilidad alguna ni le alcanza defecto.

{ Y si se vuelven } quiere decir: si estos que disputaron contigo acerca de Jesús se apartan de lo que te ha llegado de la verdad de parte de tu Señor sobre Jesús y sobre otras cosas, de todo cuanto Dios te ha concedido de guía y esclarecimiento, y se desvían de ello y no lo aceptan¹, { entonces Dios es Conocedor de los corruptores }. Dice: pues Dios posee conocimiento de quienes desobedecen a su Señor y obran en Su tierra y en Sus comarcas aquello que Él les ha prohibido; y eso es su corrupción. Dice —exaltado sea Su recuerdo—: Él, pues, los conoce a ellos y a sus obras; las enumera contra ellos y las preserva hasta retribuirles por ellas con la retribución que les corresponde.

Y en un sentido semejante a lo que hemos dicho acerca de ello hablaron los intérpretes. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narró Ibn Humayd, dijo: nos narró Salama, de Ibn Isḥāq, de Muḥammad b. Jaʿfar b. al-Zubayr: { En verdad, esto es ciertamente el relato verídico } esto es: en verdad, esto que has traído como noticia acerca de Jesús es ciertamente el relato verídico sobre su asunto.

Nos narró al-Qāsim, dijo: nos narró al-Ḥusayn, dijo: me narró Ḥajjāj, de Ibn Jurayj: { En verdad, esto es ciertamente el relato }. En verdad, esto que hemos dicho acerca de Jesús es ciertamente el relato verídico.

Me narró Yūnus, dijo: nos informó Ibn Wahb, dijo: Ibn Zayd dijo acerca de Su dicho: { En verdad, esto es ciertamente el relato verídico } dijo: este relato verídico acerca de Jesús: no conviene a Jesús que sobrepase esto, ni que vaya más allá de que sea la Palabra de Dios que Él arrojó a María, y un espíritu procedente de Él, y siervo de Dios y Su Mensajero.

Me narró Muḥammad b. Saʿd, dijo: me narró mi padre, dijo: me narró mi tío, dijo: me narró mi padre, de su padre, de Ibn ʿAbbās: { En verdad, esto es ciertamente el relato verídico } esto es: esto que hemos dicho acerca de Jesús es la verdad, { y no hay divinidad sino Dios } . . . la aleya.

Y cuando el Altísimo —glorificado sea— separó entre Su Profeta Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz— y la delegación de los cristianos de Najrān mediante el dictamen decisivo y el juicio justo, le ordenó que, si se apartaban de aquello a lo que los llamaba —el reconocimiento de la unicidad de Dios, que no tiene hijo ni consorte, y que Jesús es Su siervo y Su Mensajero— y no querían sino disputa y contienda, los llamase a la imprecación recíproca (mubāhala). Y así lo hizo el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—. Y cuando el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— hizo eso, se desalentaron, se abstuvieron de la imprecación recíproca y llamaron a la conciliación, como el que...

Nos narró Ibn Humayd, dijo: nos narró Jarīr, de Mughīra, de ʿĀmir, dijo: Entonces ordenó —es decir, el Profeta, Dios le bendiga y le conceda paz— su imprecación recíproca —es decir, la imprecación recíproca de la gente de Najrān— por Su dicho: { Y a quien dispute contigo sobre ello después de haberte llegado el conocimiento } . . . la aleya. Se citaron para imprecársele y le fijaron el día siguiente. Luego fueron al sayyid y al-ʿāqib —y eran los más sensatos de ellos— y los siguieron; y fueron a un hombre de entre ellos, sensato. Le mencionaron aquello sobre lo que se habían separado del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, y él dijo: «¿Qué habéis hecho!» Y los hizo arrepentirse, y les dijo: «Si es profeta y luego invoca contra vosotros, Dios no os dejará prosperar jamás; y si es rey y prevalece sobre vosotros, no os dejará con vida jamás». Dijeron: «¿Y qué haremos, si ya hemos fijado una cita?» Les dijo: «Cuando vayáis a él por la mañana, proponedle aquello sobre lo que os separasteis de él; y decid: “Nos refugiamos en Dios”. Y si os vuelve a llamar, decidle: “Nos refugiamos en Dios”. Quizá os dispense de ello». Cuando fueron por la mañana, el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— salió llevando en brazos a al-Ḥasan, tomando de la mano a al-Ḥusayn, y Fāṭima caminaba detrás de él. Los llamó a aquello sobre lo que se habían separado de él el día anterior. Dijeron: «Nos refugiamos en Dios». Luego los llamó, y dijeron: «Nos refugiamos en Dios», repetidas veces. Dijo: «Si rehusáis, entonces someteos al Islam, y tendréis lo que tienen los musulmanes y sobre vosotros recaerá lo que recae sobre los musulmanes, como dijo Dios —poderoso y majestuoso—¹. Y si rehusáis, entonces dad la yizya de propia mano, estando humillados, como dijo Dios —poderoso y majestuoso—». Dijeron: «No poseemos sino nuestras propias personas». Dijo: «Y si rehusáis, entonces os declaro la ruptura en términos de igualdad, como dijo Dios —poderoso y majestuoso—». Dijeron: «No tenemos fuerza para la guerra contra los árabes, pero pagaremos la yizya». Entonces les impuso cada año dos mil túnicas: mil en Rajab y mil en Ṣafar. Y el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «Me ha venido el anunciador de la destrucción de la gente de Najrān, hasta las aves sobre los árboles —o los pajarillos sobre los árboles—, si hubieran perseverado en la imprecación recíproca». Nos narró Ibn Humayd, dijo: nos narró Jarīr, dijo: Entonces dije a al-Mughīra: «La gente ve en el relato de la gente de Najrān que ʿAlī estaba con ellos». Dijo: «En cuanto a al-Shaʿbī, no lo mencionó; no sé si por la mala opinión de los Banū Umayya respecto de ʿAlī, o si no estaba en el relato».

Nos narró Ibn Humayd, dijo: nos narró Salama, de Ibn Isḥāq, de Muḥammad b. Jaʿfar b. al-Zubayr: { En verdad, esto es ciertamente el relato verídico } hasta Su dicho:

{ Decid: atestiguad que somos musulmanes } Los llamó a la equidad y les cortó el argumento. Y cuando al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— le llegó la noticia de parte de Dios acerca de ellos, y la separación del juicio entre él y ellos, y se le ordenó lo que se le ordenó respecto a su imprecación recíproca si le respondían con rechazo¹, los llamó a ello. Dijeron: «¡Oh Abū al-Qāsim! Déjanos considerar nuestro asunto; luego vendremos a ti con lo que queramos hacer respecto a aquello a lo que nos has llamado». Se apartaron de él; luego se reunieron con al-ʿāqib —que era el de su parecer—. Dijeron: «¡Oh ʿAbd al-Masīḥ! ¿Qué opinas?» Dijo: «Por Dios, oh asamblea de cristianos: ciertamente habéis sabido que Muḥammad es un profeta enviado; y ciertamente os ha traído la decisión acerca de la noticia de vuestro compañero; y ciertamente sabéis que ningún pueblo ha hecho imprecación recíproca con un profeta sin que quedase con vida su mayor ni brotase su menor. Y, en verdad, ello sería la extirpación para vosotros si lo hicierais. Así pues, si rehusáis todo salvo la familiaridad con vuestra religión y permanecer en lo que estáis de dicho acerca de vuestro compañero, entonces pactad con el hombre y luego regresad a vuestras tierras, hasta que el tiempo os muestre su parecer». Fueron al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, y dijeron: «¡Oh Abū al-Qāsim! Hemos visto que no haremos imprecación recíproca contigo; te dejaremos en tu religión y regresaremos a la nuestra. Pero envía con nosotros a un hombre de tus compañeros, que te agrade para nosotros, para que juzgue entre nosotros en asuntos en los que hemos discrepado de nuestros bienes, pues vosotros sois para nosotros de agrado».

Nos narró Ibn Humayd, dijo: nos narró ʿĪsā b. Farqad, de Abī al-Jārūd, de Zayd b. ʿAlī acerca de Su dicho: { Venid: llamemos a nuestros hijos y a vuestros hijos } . . . la aleya. Dijo: eran el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, ʿAlī, Fāṭima, al-Ḥasan y al-Ḥusayn.

Nos narró Muḥammad b. al-Ḥusayn, dijo: nos narró Aḥmad b. al-Mufaḍḍal, dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī: { Y a quien dispute contigo sobre ello después de haberte llegado el conocimiento } . . . la aleya. Entonces tomó —es decir, el Profeta, Dios le bendiga y le conceda paz— de la mano a al-Ḥasan y al-Ḥusayn y a Fāṭima, y dijo a ʿAlī: «¡Síguenos!» Salió con ellos, y aquel día los cristianos no salieron. Dijeron: «Tememos que este sea el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—; y la invocación del profeta no es como otra». Así que se quedaron atrás aquel día. Y el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «Si hubieran salido, se habrían quemado». Y pactaron con él un pacto: que él tendría sobre ellos ochenta mil; y lo que faltase de dirhames, sería en bienes: la túnica a cuarenta; y que él tendría sobre ellos treinta y tres cotas de malla, y treinta y tres camellos, y treinta y cuatro caballos de campaña cada año; y que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— sería garante de ello hasta que se lo entregasen.

Nos narró Bishr, dijo: nos narró Yazīd, dijo: nos narró Saʿīd, de Qatāda, dijo: Se nos mencionó que el Profeta de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— llamó a una delegación de Najrān de entre los cristianos —los que disputaron con él acerca de Jesús—, y retrocedieron ante ello y temieron. Y se nos mencionó que el Profeta de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— solía decir: «Por Aquel en cuya mano está el alma de Muḥammad: si el castigo estaba, ciertamente se había abatido sobre la gente de Najrān; y si lo hubieran hecho, habrían sido extirpados de la faz de la tierra».

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā, dijo: nos informó ʿAbd al-Razzāq, dijo: nos informó Maʿmar, de Qatāda acerca de Su dicho: { Y a quien dispute contigo sobre ello después de haberte llegado el conocimiento, di: venid, llamemos a nuestros hijos y a vuestros hijos } Dijo: nos ha llegado que el Profeta de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— salió de noche hacia la gente de Najrān; y cuando lo vieron salir, se amedrentaron y se asustaron, y regresaron. Dijo Maʿmar, dijo Qatāda: Cuando el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— quiso a la gente de Najrān, tomó de la mano a Ḥasan y Ḥusayn y dijo a Fāṭima:

«¡Síguenos!» Y cuando los enemigos de Dios vieron eso, regresaron.

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā, dijo: nos informó ʿAbd al-Razzāq, dijo: nos informó Maʿmar, de ʿAbd al-Karīm al-Jazarī, de ʿIkrima, de Ibn ʿAbbās, dijo: Si hubieran salido quienes iban a hacer la imprecación recíproca con el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, habrían regresado sin encontrar familia ni bienes.

Nos narró Abū Kurayb, dijo: nos narró Zakariyyāʾ, de ʿAdī, dijo: nos narró ʿUbayd Allāh b. ʿAmr, de ʿAbd al-Karīm, de ʿIkrima, de Ibn ʿAbbās, algo semejante.

Nos narró al-Qāsim, dijo: nos narró al-Ḥusayn, dijo: me narró Ḥajjāj, de Ibn Jurayj, dijo: El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «Por Aquel en cuya mano está mi alma: si no me hubieran impedido, no habría pasado un año sin que, estando ellos presentes, no quedase de ellos nadie, salvo que Dios destruyera a los mentirosos».

Me narró Yūnus, dijo: nos informó Ibn Wahb, dijo: nos narró Ibn Zayd, dijo: Se dijo al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—: «Si hubieras hecho la imprecación recíproca con la gente, ¿a quién habrías llevado cuando dijiste { nuestros hijos y vuestros hijos } ?» Dijo: «Ḥasan y Ḥusayn».

Me narró Muḥammad b. Sinān, dijo: nos narró Abū Bakr al-Ḥanafī, dijo: nos narró al-Mundhir b. Thaʿlaba, dijo: nos narró ʿAlbāʾ b. Aḥmar al-Yashkurī, dijo: Cuando descendió esta aleya: { Di: venid, llamemos a nuestros hijos y a vuestros hijos, y a nuestras mujeres y a vuestras mujeres } la aleya, el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— envió por ʿAlī, Fāṭima y sus dos hijos al-Ḥasan y al-Ḥusayn, y llamó a los judíos para hacer la imprecación recíproca con ellos. Entonces un joven de los judíos dijo: «¡Ay de vosotros! ¿Acaso no recordáis a vuestros hermanos de ayer, que fueron transformados en monos y cerdos? ¡No hagáis imprecación recíproca!» Y desistieron.

Notas y Referencias

[1]