3

La Familia de Imran

آل عمران Ali 'Imran
Aya 153

Versículo (Español)

[3:153] Y [recuerden] cuando huían sin reparar en nadie y el Mensajero los convocaba a sus espaldas, pero no lo obedecieron. Entonces, Dios los afligió con una tribulación para que no se lamentaran por lo que habían perdido [del botín] ni padecido [la derrota]. Dios está bien informado de lo que hacen.

Tafsir de At-Tabari

{۞إِذۡ تُصۡعِدُونَ وَلَا تَلۡوُۥنَ عَلَىٰٓ أَحَدٖ وَٱلرَّسُولُ يَدۡعُوكُمۡ فِيٓ أُخۡرَىٰكُمۡ فَأَثَٰبَكُمۡ غَمَّۢا بِغَمّٖ لِّكَيۡلَا تَحۡزَنُواْ عَلَىٰ مَا فَاتَكُمۡ وَلَا مَآ أَصَٰبَكُمۡۗ وَٱللَّهُ خَبِيرُۢ بِمَا تَعۡمَلُونَ} (153) القول في تأويل قوله تعالى :

{ إِذْ تُصْعِدُونَ وَلاَ تَلْوُونَ عَلَىَ أحَدٍ وَالرّسُولُ يَدْعُوكُمْ فِيَ أُخْرَاكُمْ فَأَثَابَكُمْ غُمّاً بِغَمّ لّكَيْلاَ تَحْزَنُواْ عَلَىَ مَا فَاتَكُمْ وَلاَ مَآ أَصَابَكُمْ وَاللّهُ خَبِيرٌ بِمَا تَعْمَلُونَ }

Con ello quiere decir —glorificado sea—: Y ciertamente os perdonó, ¡oh creyentes!, cuando no os exterminó —como aniquilación de Su parte— a todos vosotros por vuestros pecados, y cuando huisteis[1] { إِذْ تُصْعِدُونَ ولا تَلْوُونَ عَلَى أَحَدٍ }

Los recitadores discreparon respecto de la lectura de ello. La mayoría de los recitadores del Ḥiŷāz, de Iraq y de al-Šām —salvo al-Ḥasan al-Baṣrī— lo recitaron: { إذْ تُصْعِدُونَ } con ḍamma en la tā’ y kasra en la ‘ayn; y esa es, para nosotros, la lectura, por el consenso de la autoridad probatoria de los recitadores en recitarla así, y por su reprobación de lo que la contradice. Y se transmitió de al-Ḥasan al-Baṣrī que solía recitarlo: «إذْ تَصْعَدُونَ» con fatḥa en la tā’ y en la ‘ayn.

Me lo narró Aḥmad b. Yūsuf, dijo: nos narró al-Qāsim b. Salām, dijo: nos narró Ḥaŷŷāŷ, de Hārūn, de Yūnus b. ‘Ubayd, de al-Ḥasan.

En cuanto a quienes recitaron: { تُصْعِدُونَ } con ḍamma en la tā’ y kasra en la ‘ayn, orientaron el sentido de ello a que la gente, cuando fue derrotada ante su enemigo, se internó en el valle huyendo. Y mencionaron que en la lectura de Ubayy aparece: «إذْ تُصْعِدون في الوادي»

Nos narró Aḥmad b. Yūsuf, dijo: nos narró Abū ‘Ubayd, dijo: nos narró Ḥaŷŷāŷ, de Hārūn.

Dijeron: la huida en terreno llano, y en los fondos de los valles y de las quebradas, es iṣ‘ād y no ṣu‘ūd. Dijeron: el ṣu‘ūd solo se da al subir montañas, escaleras y peldaños, porque el sentido de ṣu‘ūd es: ascender y elevarse sobre algo en altura. Dijeron: en cambio, tomar el terreno llano en descenso, eso es iṣ‘ād, como se dice: “aṣ‘adnā min Makka”, cuando se inicia el viaje desde ella y la salida; y “aṣ‘adnā min al-Kūfa ilā Ḫurāsān”, con el sentido de: salimos de ella viajando hacia allí y comenzamos desde ella la partida hacia allí. Dijeron: la interpretación de la mayoría de los exégetas vino a ser que la gente, al ser derrotada ante su enemigo, se internó en el fondo del valle. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narró Bišr, dijo: nos narró Yazīd, dijo: nos narró Sa‘īd, de Qatāda: { وَلا تَلْوُونَ على أحَدٍ } Eso fue el día de Uḥud: se internaron en el valle huyendo, y el Profeta de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— los llamaba desde su retaguardia, dijo: «¡A mí, siervos de Dios! ¡A mí, siervos de Dios!»

En cuanto a al-Ḥasan, considero que en su recitación: «إذْ تَصْعَدُونَ» con fatḥa en la tā’ y en la ‘ayn, se inclinó a que la gente, cuando fue derrotada ante los asociadores, subió la montaña. Y eso lo dijo un grupo de exégetas. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narró Muḥammad b. al-Ḥusayn, dijo: nos narró Aḥmad, dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī, dijo: cuando los asociadores cargaron contra los musulmanes en Uḥud y los derrotaron, algunos entraron en Medina y otros se dirigieron hacia lo alto de la montaña hasta la roca, y se apostaron sobre ella. Y el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— se puso a llamar a la gente: «¡A mí, siervos de Dios! ¡A mí, siervos de Dios!» Entonces Dios mencionó su ascenso a la montaña, y luego mencionó el llamamiento del Profeta de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— a ellos, y dijo: { إذْ تُصْعِدُونَ وَلا تَلْوُونَ على أحَدٍ والرّسُولُ يَدْعُوكُم فِي أُخْرَاكُمْ }

Me narró Muḥammad b. ‘Amr, dijo: nos narró Abū ‘Āṣim, de ‘Īsā, de Ibn Abī Naŷīḥ, de Muŷāhid, dijo: se replegaron hacia el Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz—, y se pusieron a subir por la montaña, mientras el Mensajero los llamaba desde su retaguardia.

Me narró al-Muṯannā, dijo: nos narró Abū Ḥuḏayfa, dijo: nos narró Šibl, de Ibn Abī Naŷīḥ, de Muŷāhid, lo mismo.

Nos narró al-Qāsim, dijo: nos narró al-Ḥusayn, dijo: me narró Ḥaŷŷāŷ, de Ibn Ŷurayŷ, dijo: dijo Ibn ‘Abbās, acerca de Su dicho: { إذْ تُصْعدُونَ وَلا تَلْوُونَ على أحَد } dijo: subieron en Uḥud huyendo.

Dijo Abū Ŷa‘far: ya hemos mencionado que la más correcta de las dos lecturas es la de quien recita: { إذْ تُصْعِدُونَ } con ḍamma en la tā’ y kasra en la ‘ayn, con el sentido de adelantarse y huir en terreno llano o en los descensos, por el consenso de la autoridad probatoria en que esa es la lectura correcta. Y en su consenso sobre ello hay una prueba clara de que la interpretación más adecuada de la aleya es la de quien dijo: “se internaron en el valle y avanzaron por él”, y no la de quien dijo: “subieron a la montaña”.

En cuanto a Su dicho: { وَلا تَلْوْونَ على أحَدٍ } significa: no os volvéis hacia ninguno de los vuestros, ni se vuelve uno de vosotros hacia otro, huyendo de vuestro enemigo mientras os internáis en el valle. Y con Su dicho: { وَالرّسُولُ يَدعُوكُمْ فِي أُخْرَاكُمْ } quiere decir: el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— os llama, ¡oh creyentes en él!, desde vuestra retaguardia; es decir, os grita desde detrás de vosotros: «¡A mí, siervos de Dios! ¡A mí, siervos de Dios!» Como:

Nos narró al-Qāsim, dijo: nos narró al-Ḥusayn, dijo: me narró Ḥaŷŷāŷ, de Ibn Ŷurayŷ, dijo: dijo Ibn ‘Abbās: { وَالرّسُولُ يَدْعُوكُمْ فِي أُخْرَاكُمْ } : “¡A mí, siervos de Dios, volved! ¡A mí, siervos de Dios, volved!”

Nos narró Bišr, dijo: nos narró Yazīd, dijo: nos narró Sa‘īd, de Qatāda: { وَالرّسُولُ يَدْعُوكُمْ فِي أُخْرَاكُمْ } : vieron al Profeta de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— llamándolos: “¡A mí, siervos de Dios!”

Nos narró Muḥammad b. al-Ḥusayn, dijo: nos narró Aḥmad, dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī, lo mismo.

Nos narró Ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Salama, de Ibn Isḥāq, dijo: Dios los amonestó por huir de su Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz— mientras él los llamaba, y no se volvían hacia él pese a su llamamiento, y dijo: { إذْ تُصْعِدُونَ وَلا تَلْوونَ على أحَدٍ وَالرّسُولُ يَدْعُوكُمْ فيِ أُخْرَاكُمْ }

Me narró Yūnus, dijo: nos informó Ibn Wahb, dijo: dijo Ibn Zayd acerca de Su dicho: { وَالرّسُولُ يَدْعُوكُمْ في أُخْرَاكُمْ } : esto fue el día de Uḥud, cuando la gente se dispersó alejándose de él.

El dicho sobre la interpretación de Su palabra —Exaltado sea—: { فَأثابَكُمْ غَمّا بِغَمّ لِكَيْلا تَحْزَنُوا على ما فاتَكُمْ وَلا ما أصَابَكُمْ وَاللّهُ خَبِيرٌ بِمَا تَعْمَلُونَ }

Con Su dicho —glorificado sea—: { فَأثابَكُمْ غَمّا بِغَمّ } quiere decir: os retribuyó por vuestra huida de vuestro Profeta, por vuestra flaqueza ante vuestro enemigo y por vuestra desobediencia a vuestro Señor, con congoja por congoja; es decir: congoja sobre congoja. Y llamó “recompensa” al castigo con que los castigó —al dar poder a su enemigo sobre ellos hasta que les infligió lo que les infligió—, puesto que eso procedía de su obra, la cual Él detestó y no aprobó de ellos. Con ello —glorificado sea— indicó que toda compensación, como contrapartida de algo de la obra, sea bien o mal, o la compensación que un hombre entrega a otro, o un favor previo que este le hubiera hecho, merece el nombre de “recompensa” (ṯawāb), ya sea esa compensación un honor o un castigo. Y análogo a ello es la palabra del poeta:

أخافُ زِيادا أنْ يَكُونَ عَطاؤُهُ *** أدَاهِمَ سُودا أوْ مُحَدْرَجةً سُمْرا

pues hizo del “don” un castigo. Y eso es como cuando alguien dice a otro que le ha hecho un mal previamente: “Te retribuiré por tu acto”, y “te daré tu recompensa”.

En cuanto a Su dicho: { غَمّا بِغَمّ } se ha dicho: “congoja por congoja”, con el sentido de: congoja sobre congoja, como se dijo: { وَلأصَلّبَنّكُمْ فِي جُذُوعِ النّخْلِ } con el sentido de: “y ciertamente os crucificaré sobre los troncos de las palmeras”. Y ello fue posible, porque el sentido de que alguien diga: “Que Dios te retribuya congoja sobre congoja” es: “Que Dios te retribuya congoja tras una congoja que la precedió”. Así también es el sentido de: “os retribuyó congoja por congoja”, porque su sentido es: “Dios os retribuyó congoja a continuación de una congoja que la precedió”. Y esto es análogo a que alguien diga: “Me alojé entre los Banū Fulān”, y “me alojé junto a los Banū Fulān”; y “lo golpeé con la espada”, y “sobre la espada”.

Los exégetas discreparon acerca de cuál fue la congoja con que se retribuyó a la gente por la congoja, y cuál fue su primera y su segunda congoja. Unos dijeron: la primera congoja fue lo que se difundió entre la gente: que su Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz— había sido muerto. Y la otra congoja fue lo que les alcanzó de muerte y heridas. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narró Bišr, dijo: nos narró Yazīd, dijo: nos narró Sa‘īd, de Qatāda: { فأثابَكُمْ غَمّا بغَمّ } Aquel día se difundió entre ellos que el Profeta de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— había sido alcanzado; y la otra congoja fue la muerte de sus compañeros y las heridas que los alcanzaron[1]. Dijo: Y se nos mencionó que aquel día fueron muertos setenta hombres de los compañeros del Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz—: sesenta y seis de los Anṣār y cuatro de los Muhāŷirūn. Y Su dicho: { لِكَيْلا تَحْزَنُوا على ما فاتَكُمْ } quiere decir: lo que se os escapó del botín de la gente, y no lo que os alcanzó en vuestras personas de muerte y heridas.

Me narró Muḥammad b. ‘Amr, dijo: nos narró Abū ‘Āṣim, de ‘Īsā, de Ibn Abī Naŷīḥ, de Muŷāhid, acerca de Su dicho: { فَأثابَكُمْ غَمّا بِغَمّ } dijo: una huida tras otra: la primera, cuando oyeron el grito de que Muḥammad había sido muerto[1]; y la segunda, cuando los incrédulos regresaron y los golpearon mientras huían, hasta que mataron a setenta de ellos; luego se replegaron hacia el Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz—, y se pusieron a subir por la montaña, mientras el Mensajero los llamaba desde su retaguardia.

Me narró al-Muṯannā, dijo: nos narró Abū Ḥuḏayfa, dijo: nos narró Šibl, de Ibn Abī Naŷīḥ, de Muŷāhid, algo semejante.

Otros dijeron: más bien, su primera congoja fue la muerte de quienes murieron de entre ellos y las heridas de quienes fueron heridos de entre ellos[1]; y la segunda congoja fue al oír la voz del que decía: “Muḥammad —Dios lo bendiga y le conceda paz— ha sido muerto”. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narró al-Ḥusayn b. Yaḥyā, dijo: nos informó ‘Abd al-Razzāq, dijo: nos informó Ma‘mar, de Qatāda, acerca de Su dicho: { غَمّا بِغَمّ } dijo: la primera congoja: las heridas y la muerte[1]; y la segunda congoja: cuando oyeron que el Profeta de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— había sido muerto. Así, la otra congoja les hizo olvidar lo que les había alcanzado de heridas y muerte, y lo que esperaban del botín. Y eso es cuando dice: { لِكَيْلا تَحْزَنُوا على ما فاتَكُمْ وَلا ما أصَابَكُمْ }

Me narró al-Muṯannā, dijo: nos narró Isḥāq, dijo: nos narró ‘Abd Allāh b. Abī Ŷa‘far, de su padre, de al-Rabī‘: { فَأثابَكُمْ غَمّا بِغَمْ } dijo: la primera congoja: las heridas y la muerte[1]; y la otra congoja: cuando oyeron que el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— había sido muerto. Así, la otra congoja les hizo olvidar lo que les había alcanzado de heridas y muerte, y lo que esperaban del botín. Y eso es cuando Dios dice: { لِكَيْلا تَحْزَنُوا على ما فاتَكُمْ وَلا ما أصَابَكُمْ }

Otros dijeron: más bien, la primera congoja fue lo que se les escapó de la victoria y del botín[1]; y la segunda fue la aparición de Abū Sufyān sobre ellos en la quebrada. Y ello fue que Abū Sufyān —según afirmaron algunos de los especialistas en sīra— cuando infligió a los musulmanes lo que infligió y los musulmanes huyeron, vino hasta asomarse sobre ellos, estando entre ellos el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— en una quebrada de Uḥud a la que se habían dirigido al ser derrotados; y temieron que Abū Sufyān y sus compañeros los aniquilaran. Mención del relato sobre ello:

Nos narró Muḥammad b. al-Ḥusayn, dijo: nos narró Aḥmad b. al-Mufaḍḍal, dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī, dijo: El Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— se dirigió aquel día llamando a la gente hasta que llegó a los compañeros de la roca. Cuando lo vieron, un hombre colocó una flecha en su arco y quiso dispararle. Entonces dijo: «Yo soy el Mensajero de Dios». Se alegraron por ello al encontrar al Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— vivo, y el Mensajero se alegró al ver que entre sus compañeros había quien se defendía. Cuando se reunieron, estando entre ellos el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz—, y se les fue la tristeza, se pusieron a recordar la victoria y lo que se les había escapado de ella, y a recordar a sus compañeros que habían sido muertos. Entonces Abū Sufyān se acercó hasta asomarse sobre ellos[1]. Cuando lo vieron, olvidaron aquello en lo que estaban, y Abū Sufyān los preocupó. Entonces el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— dijo: «No les corresponde dominarnos. ¡Oh Dios! Si esta banda es aniquilada, no serás adorado». Luego incitó a sus compañeros y les arrojaron piedras hasta hacerlos descender. Entonces Abū Sufyān dijo aquel día: “¡Exalta Hubal! Ḥanẓala por Ḥanẓala, y un día por el día de Badr”. Y aquel día mataron a Ḥanẓala b. al-Rāhib, que estaba en estado de impureza mayor, y los ángeles lo lavaron. Y Ḥanẓala b. Abī Sufyān había sido muerto el día de Badr[1]. Dijo Abū Sufyān: “Para nosotros al-‘Uzzā, y no hay ‘Uzzā para vosotros”. Entonces el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— dijo a ‘Umar: «Di: Dios es nuestro Protector, y no hay protector para vosotros» Dijo Abū Sufyān: “¿Está entre vosotros Muḥammad?” Dijeron: “Sí”. Dijo: “Ciertamente ha habido entre vosotros una mutilación; no la ordené ni la prohibí; no me alegró ni me entristeció”. Así, Dios mencionó la aparición de Abū Sufyān sobre ellos, y dijo: { فَأثابَكُمْ غَمّا بِغَمّ لِكَيْلا تَحْزَنُوا على ما فاتَكُمْ وَلا ما أصَابَكُمْ } La primera congoja: lo que se les escapó del botín y de la victoria[1]; y la segunda congoja: la aparición del enemigo sobre ellos, para que no os entristezcáis por lo que se os escapó del botín, ni por lo que os alcanzó de muerte cuando lo recordáis; pues Abū Sufyān los ocupó.

Nos narró Ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Salama, de Ibn Isḥāq, dijo: me narraron Ibn Šihāb al-Zuhrī, Muḥammad b. Yaḥyā b. Ḥibbān, ‘Āṣim b. ‘Umar b. Qatāda, al-Ḥuṣayn b. ‘Abd al-Raḥmān b. ‘Amr b. Sa‘d b. Mu‘āḏ, y otros de nuestros sabios, en lo que mencionaron del relato de Uḥud, dijeron: Los musulmanes aquel día, por la dureza de la calamidad que les sobrevino, quedaron en tres grupos: un tercio muerto, un tercio herido y un tercio derrotado, a quien la batalla había alcanzado hasta el punto de no saber qué hacer; y el enemigo llegó hasta el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz—, y fue apedreado hasta caer de costado; se le rompió un incisivo, se le abrió una herida en el rostro y se le lastimó el labio. Quien lo hirió fue ‘Utba b. Abī Waqqāṣ. Y Muṣ‘ab b. ‘Umayr combatió defendiendo al Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz—, llevando su estandarte, hasta que fue muerto; quien lo alcanzó fue Ibn Qami’a al-Layṯī, creyendo que era el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz—. Regresó a Qurayš y dijo: “He matado a Muḥammad”.

Nos narró Ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Salama, de Ibn Isḥāq, dijo: El primero que reconoció al Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— tras la derrota, y pese a lo que decía la gente: “El Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— ha sido muerto”, fue —tal como nos narró Ibn Ḥumayd—, dijo: nos narró Salama, de Muḥammad b. Isḥāq, dijo: nos narró Ibn Šihāb al-Zuhrī, de Ka‘b b. Mālik, hermano de Banū Salima, dijo: Reconocí sus ojos, que resplandecían bajo el yelmo, y grité con la voz más alta: “¡Oh asamblea de musulmanes, alegraos: este es el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz—!”. Entonces el Mensajero de Dios me hizo señas para que callara. Cuando los musulmanes reconocieron al Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz—, se levantaron con él, y él se dirigió hacia la quebrada, con ‘Alī b. Abī Ṭālib, Abū Bakr b. Abī Quḥāfa, ‘Umar b. al-Ḫaṭṭāb, Ṭalḥa b. ‘Ubayd Allāh, al-Zubayr b. al-‘Awwām y al-Ḥāriṯ b. al-Ṣāmit, en un grupo de musulmanes. Dijo: Mientras el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— estaba en la quebrada con aquellos pocos de sus compañeros, una avanzadilla de Qurayš subió la montaña. Entonces el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— dijo: «¡Oh Dios! No les corresponde dominarnos». Entonces ‘Umar b. al-Ḫaṭṭāb y un grupo con él de los Muhāŷirūn combatieron hasta hacerlos descender de la montaña. El Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— se dirigió hacia una roca de la montaña para subirse a ella; y el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— había engordado, y llevaba dos cotas de malla. Cuando quiso incorporarse, no pudo; entonces Ṭalḥa b. ‘Ubayd Allāh se sentó debajo de él, y el Mensajero se levantó hasta quedar firme sobre ella. Luego, cuando Abū Sufyān quiso retirarse, se asomó a la montaña y gritó con la voz más alta: “¡En‘imat fa‘ālī! La guerra es alternancia: un día por el día de Badr. ¡Exalta Hubal!”, es decir: “haz prevalecer tu religión”. Entonces el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— dijo a ‘Umar: «Levántate y respóndele, y di: Dios es más alto y más majestuoso; no hay igualdad: nuestros muertos están en el Paraíso y vuestros muertos en el Fuego». Cuando ‘Umar —Dios esté complacido con él— respondió a Abū Sufyān, Abū Sufyān le dijo: “Ven a mí, ¡oh ‘Umar!”. Entonces el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— le dijo: «Ve a él y mira qué pretende». Fue a él, y Abū Sufyān le dijo: “Te conjuro por Dios, ¡oh ‘Umar!: ¿hemos matado a Muḥammad?”. Dijo ‘Umar: “¡Oh Dios, no! Y ciertamente él oye ahora tus palabras”. Dijo: “Para mí eres más veraz que Ibn Qami’a”, aludiendo a lo que Ibn Qami’a les había dicho: “He matado a Muḥammad”. Luego Abū Sufyān llamó y dijo: “Ciertamente ha habido entre vuestros muertos una mutilación; por Dios, no la aprobé ni la detesté, ni la prohibí ni la ordené”.

Nos narró Ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Salama, dijo: me narró Ibn Isḥāq: { فَأثابَكُمْ غَمّا بِغَمّ لِكَيْلا تَحْزَنُوا على ما فاتَكُمْ وَلا ما أصَابَكُمْ } : es decir, angustia tras angustia: la muerte de quienes murieron de vuestros hermanos, el predominio de vuestro enemigo sobre vosotros, y lo que se asentó en vuestras almas por la palabra de quien dijo: “Vuestro Profeta ha sido muerto”. Todo ello se sucedió sobre vosotros como congoja por congoja, para que no os entristezcáis por lo que se os escapó de prevalecer sobre vuestro enemigo después de haberlo visto con vuestros propios ojos, ni por lo que os alcanzó de la muerte de vuestros hermanos[1], hasta que con ello se os alivió la angustia. Y Dios es Conocedor de lo que sabéis. Y lo que les alivió de la angustia y la congoja que los había alcanzado fue que Dios —Poderoso y Majestuoso— rechazó de ellos la mentira de Satanás acerca de la muerte de su Profeta. Cuando vieron al Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— vivo entre ellos, se les hizo leve lo que se les había escapado de la gente; y se les hizo leve el predominio en su contra y la calamidad que los alcanzó en sus hermanos, cuando Dios apartó la muerte de su Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz—.

Nos narró …, dijo: nos narró al-Ḥusayn, dijo: me narró Ḥaŷŷāŷ, de Ibn Ŷurayŷ: { فَأثابَكُمْ غَمّا بِغَمّ } Dijo Ibn Ŷurayŷ: dijo Muŷāhid: La gente fue alcanzada por tristeza y congoja por lo que les ocurrió a sus compañeros que fueron muertos. Cuando se internaron en la quebrada, alineándose, Abū Sufyān y sus compañeros se detuvieron a la entrada de la quebrada, y los creyentes pensaron que se inclinarían sobre ellos y los matarían también. Entonces les sobrevino otra tristeza por ello, que les hizo olvidar su tristeza por sus compañeros. Eso es Su dicho: { فَأثابَكُمْ غَمّا بِغَمّ لِكَيْلا تَحْزَنُوا على ما فاتَكُمْ } Dijo Ibn Ŷurayŷ: Su dicho: { على ما فاتَكُمْ } quiere decir: por lo que se os escapó de los botines de la gente, { ولا مَا أصَابَكُمُ } en vuestras personas.

Nos narró al-Qāsim, dijo: nos narró al-Ḥusayn, dijo: me narró Ḥaŷŷāŷ, de Ibn Ŷurayŷ, dijo: me informó ‘Abd Allāh b. Kaṯīr, de ‘Ubayd b. ‘Umayr, dijo: Abū Sufyān b. Ḥarb y quienes estaban con él vinieron hasta detenerse en la quebrada. Luego gritó: “¿Está entre la gente el hijo de Abī Kabša?”. Callaron. Dijo Abū Sufyān: “Ha sido muerto, por el Señor de la Ka‘ba”. Luego dijo: “¿Está entre la gente el hijo de Abī Quḥāfa?”. Callaron. Dijo: “Ha sido muerto, por el Señor de la Ka‘ba”. Luego dijo: “¿Está entre la gente ‘Umar b. al-Ḫaṭṭāb?”. Callaron. Dijo: “Ha sido muerto, por el Señor de la Ka‘ba”. Luego dijo Abū Sufyān: “¡Exalta Hubal! Un día por el día de Badr; Ḥanẓala por Ḥanẓala. Y hallaréis en la gente mutilaciones que no fueron por decisión de nuestros notables y de nuestros mejores; y no las reprobamos cuando las vimos”. Entonces el Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz— dijo a ‘Umar b. al-Ḫaṭṭāb: «Levántate y llama, y di: Dios es más alto y más majestuoso; sí, este es el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz—, y este es Abū Bakr, y aquí estoy yo[1]. No son iguales los compañeros del Fuego y los compañeros del Paraíso: los compañeros del Paraíso son los triunfadores. Nuestros muertos están en el Paraíso y vuestros muertos en el Fuego»

Y otros dijeron al respecto:

Me lo narró Muḥammad b. Sa‘d, dijo: me narró mi padre, dijo: me narró mi tío, dijo: me narró mi padre, de su padre, de Ibn ‘Abbās: { إذْ تُصْعِدُونَ وَلاَ تَلْوُونَ على أحَدٍ وَالرّسُولُ يَدْعُوكُمْ فِي أُخْرَاكُمْ } Entonces regresaron y dijeron: “Por Dios, iremos contra ellos y luego los aniquilaremos; se han ido de entre nosotros”. Entonces el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— dijo: «Con calma: lo que os ha ocurrido os ha ocurrido por haberme desobedecido». Mientras estaban así, les llegó la gente, ya habituada, con las espadas desenvainadas. Así fue la congoja de la derrota y su congoja cuando vinieron contra ellos[1]: { لِكَيْلا تَحْزَنُوا على ما فاتَكُمْ } por la muerte, { وَلا ما أصَابَكُمْ } por las heridas, { فَأثابَكُمْ غَمّا بِغَمّ لِكَيْلا تَحْزَنُوا } … la aleya; y fue el día de Uḥud.

La más adecuada de estas opiniones para interpretar la aleya es la de quien dijo: el sentido de Su dicho: { فَأثابَكُمْ غَمّا بِغَمّ } ¡oh creyentes!, es: por haber Dios privado a vosotros del botín de los asociadores, de prevalecer sobre ellos y de la victoria contra ellos, y por lo que os alcanzó de muerte y heridas aquel día, después de que ya os había mostrado en todo ello lo que amáis, a causa de vuestra desobediencia a vuestro Señor y de vuestra oposición a la orden de vuestro Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz—; (os retribuyó) con la congoja de pensar que vuestro Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz— había sido muerto, y con la inclinación del enemigo contra vosotros tras haberlos hecho retroceder.

Lo que indica que esa es la interpretación más adecuada de la aleya, frente a lo que la contradice, es Su dicho: { لِكَيْلا تَحْزَنُوا على ما فاتَكُمْ وَلا ما أصَابَكُمْ } Pues lo “escapado” (al-fā’it), sin duda, es aquello que esperaban alcanzar de otros: o bien prevalecer sobre ellos al vencerlos, o bien un botín que se apoderaran. Y Su dicho: { وَلا ما أصَابَكُمْ } es lo que los alcanzó, ya en sus cuerpos, ya en sus hermanos. Si ello es así, es sabido que la segunda congoja es un sentido distinto de esos dos, porque Dios —Poderoso y Majestuoso— informó a Sus siervos creyentes, de entre los compañeros del Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz—, que los retribuyó con congoja por congoja para que no los entristeciera lo que les sobrevino de congoja nacida de lo que se les escapó de otros, ni lo que los alcanzó antes de eso en sus personas; y esa es la primera congoja, como ya hemos aclarado.

En cuanto a Su dicho: { لِكَيْلا تَحْزَنُوا على ما فاتَكُمْ وَلا ما أصَابَكُمْ } su interpretación es, como ya he expuesto: para que no os entristezcáis por lo que se os escapó y no lo alcanzasteis de aquello que esperabais alcanzar de vuestro enemigo, mediante la victoria sobre ellos, el predominio y la apropiación de sus botines; ni por lo que os alcanzó en vuestras personas: la herida de quien fue herido y la muerte de quien fue muerto de vuestros hermanos.

Ya hemos mencionado antes la discrepancia de los exégetas al respecto, del modo en que discreparon, como:

Nos narró Yūnus, dijo: nos informó Wahb, dijo: dijo Ibn Zayd acerca de Su dicho: { لِكَيْلا تَحْزَنُوا على ما فاتَكُمْ وَلا ما أصَابَكُمْ } dijo: por lo que se os escapó del botín que esperabais, { وَلا ما أصَابَكُمْ } por la derrota.

En cuanto a Su dicho: { وَاللّهُ خَبِيرٌ بِمَا تَعْلَمُونَ } quiere decir —glorificado sea—: Dios tiene pleno conocimiento de lo que hacéis, ¡oh creyentes!, de vuestro internaros en el valle huyendo de vuestro enemigo, de vuestra derrota ante ellos, de vuestro abandono de vuestro Profeta mientras os llamaba desde vuestra retaguardia, y de vuestra tristeza por lo que se os escapó de vuestro enemigo y por lo que os alcanzó en vuestras personas. Él tiene experiencia y ciencia de todo ello, y lo registra todo contra vosotros, para retribuiros por ello: al que obra bien, por su bien; y al que obra mal, por su mal; o para perdonarlo.

Notas y Referencias

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