2

La Vaca

البقرة Al-Baqarah
Aya 62

Versículo (Español)

[2:62] Quienes creyeron, los judíos, los cristianos y los sabeos que hayan tenido fe en Dios, en el Día del Juicio Final y hayan obrado correctamente, obtendrán su recompensa junto a su Señor, y no temerán ni se entristecerán.

Tafsir de At-Tabari

{إِنَّ ٱلَّذِينَ ءَامَنُواْ وَٱلَّذِينَ هَادُواْ وَٱلنَّصَٰرَىٰ وَٱلصَّـٰبِـِٔينَ مَنۡ ءَامَنَ بِٱللَّهِ وَٱلۡيَوۡمِ ٱلۡأٓخِرِ وَعَمِلَ صَٰلِحٗا فَلَهُمۡ أَجۡرُهُمۡ عِندَ رَبِّهِمۡ وَلَا خَوۡفٌ عَلَيۡهِمۡ وَلَا هُمۡ يَحۡزَنُونَ} (62) La disertación acerca de la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—:

{ En verdad, quienes han creído, y quienes se judaizaron, y los cristianos, y los sabeos: quien crea en Dios y en el Último Día y obre rectamente, tendrán su recompensa junto a su Señor; y no habrá temor sobre ellos, ni se entristecerán. }

Dijo Abū Jaʿfar: En cuanto a “quienes han creído”, son los que han dado por veraz al Mensajero en lo que les trajo de la verdad procedente de Dios; y su fe en ello es: su asentimiento veraz a ello, conforme ya lo hemos expuesto anteriormente en este nuestro libro. Y en cuanto a “quienes se judaizaron”, son los judíos. Y el sentido de “se judaizaron” es: se arrepintieron. Se dice de ello: “hāda al-qawm yahūdūna hawdan wa-hādatan”. Y se dijo: sólo se llamó a los judíos “yahūd” por su dicho: “En verdad, nos hemos vuelto (hudnā) a Ti”.

Nos narró al-Qāsim; dijo: nos narró al-Ḥusayn; dijo: me narró Ḥajjāj, de Ibn Jurayj; dijo: sólo se llamó a los judíos por cuanto dijeron: “En verdad, nos hemos vuelto a Ti”.

La disertación acerca de la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—: Y los cristianos.

Dijo Abū Jaʿfar: “Naṣārā” es un plural; su singular es “naṣrān”, como el singular de “sukārā” es “sakrān”, y el singular de “nashāwā” es “nashwān”. Así también, el plural de todo adjetivo cuyo singular está en el patrón “faʿlān” es “faʿālā”, salvo que lo difundido en el habla de los árabes respecto del singular de “naṣārā” es “naṣrānī”. Y se ha transmitido de ellos, por audición directa, “naṣrān” suprimiendo la yāʾ; y de ello es el dicho del poeta:

«Lo ves, cuando visita al atardecer, como un ḥanīf; y amanece junto a él, siendo un naṣrān, abrasado por el sol».

Y se oyó de ellos, en femenino, “naṣrāna”. Dijo el poeta:

«Ambas cayeron y su cabeza se inclinó, como se inclinó una naṣrāna que no se hizo ḥanīf».

Se dice: “asjada”, cuando se inclina. Y se oyó, en su plural, “anṣār” con el sentido de “naṣārā”. Dijo el poeta:

«Cuando vi a los nabateos como anṣār, me arremangué el izār por encima de mis rodillas

*** yo era para ellos, de entre los naṣārā, un vecino ***».

Estos versos que he mencionado indican que fueron llamados “naṣārā” por la ayuda mutua de unos a otros y su solidaridad entre sí. Y se dijo: fueron llamados “naṣārā” por cuanto descendieron en una tierra llamada “Nāṣira”.

Nos narró al-Qāsim; dijo: nos narró al-Ḥusayn; dijo: me narró Ḥajjāj, de Ibn Jurayj: los cristianos sólo fueron llamados “naṣārā” por cuanto descendieron en una tierra llamada Nāṣira.

Y otros dicen: por Su dicho: “¿Quiénes son mis auxiliares hacia Dios?”.

Y se ha mencionado de Ibn ʿAbbās, por una vía no satisfactoria, que solía decir: Sólo se llamó a los cristianos “naṣārā” porque la aldea de Jesús hijo de María se llamaba Nāṣira, y sus compañeros eran llamados “los naṣārīes”; y a Jesús se le decía: “el naṣārī”.

Se me narró eso de Hishām b. Muḥammad, de su padre, de Abū Ṣāliḥ, de Ibn ʿAbbās.

Nos narró Bishr; dijo: nos narró Yazīd; dijo: nos narró Saʿīd, de Qatāda; dijo: Sólo fueron llamados “naṣārā” porque estaban en una aldea llamada Nāṣira, en la que residía Jesús hijo de María. Es un nombre con el que se denominaron, sin que se les ordenara.

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā; dijo: nos informó ʿAbd al-Razzāq; dijo: nos informó Maʿmar, de Qatāda, acerca de Su dicho: “quienes dijeron: ‘En verdad, somos naṣārā’”; dijo: se denominaron por una aldea llamada Nāṣira, en la que residía Jesús hijo de María.

La disertación acerca de la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—: Y los sabeos.

Dijo Abū Jaʿfar: “Al-ṣābiʾūn” es el plural de “ṣābiʾ”, y es quien introduce, aparte de su religión, una religión nueva; como el apóstata de entre la gente del Islam que se aparta de su religión. Todo el que sale de una religión en la que estaba hacia otra distinta, los árabes lo llaman “ṣābiʾ”. Se dice de ello: “ṣabaʾa fulān yaṣbaʾu ṣabʾan”. Y se dice: “ṣabaʾat al-nujūm”, cuando salen; y “ṣabaʾa ʿalaynā fulān mawḍiʿa kadhā wa-kadhā”, queriendo decir: apareció.

Los exégetas discreparon acerca de a quién corresponde este nombre entre las gentes de las confesiones. Unos dijeron: corresponde a todo el que sale de una religión hacia otra. Y dijeron: los que Dios quiso decir con este nombre son gentes que no tienen religión. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narró Muḥammad b. Bashshār; dijo: nos narró ʿAbd al-Raḥmān b. Mahdī; y nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā; dijo: nos informó ʿAbd al-Razzāq, ambos, de Sufyān, de Layth, de Mujāhid; dijo: Los sabeos no son judíos ni cristianos, y no tienen religión.

Nos narró Ibn Bashshār; dijo: nos narró ʿAbd al-Raḥmān; dijo: nos narró Sufyān, de al-Ḥajjāj b. Arṭāʾa, de al-Qāsim b. Abī Bazzah, de Mujāhid, lo mismo.

Nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Ḥajjām, de ʿAnbasa, de al-Ḥajjāj, de Mujāhid; dijo: Los sabeos están entre los magos y los judíos: no se comen sus sacrificios ni se desposan sus mujeres.

Nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Ḥukkām, de ʿAnbasa, de Ḥajjāj, de Qatāda, de al-Ḥasan, algo semejante.

Nos narró Muḥammad b. ʿAmr; dijo: nos narró Abū ʿĀṣim; dijo: nos narró ʿĪsā, de Ibn Abī Najīḥ: Los sabeos están entre los judíos y los magos; no tienen religión.

Me narró al-Muthannā; dijo: nos narró Abū Ḥudhayfa; dijo: nos narró Shibl, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid, lo mismo.

Nos narró al-Qāsim; dijo: nos narró al-Ḥusayn; dijo: me narró Ḥajjāj; dijo: dijo Ibn Jurayj; dijo Mujāhid: Los sabeos están entre los magos y los judíos; no tienen religión.

Dijo Ibn Jurayj: Dije a ʿAṭāʾ: “los sabeos”: afirman que son una tribu de las cercanías del Sawād; no son magos, ni judíos, ni cristianos. Dijo: hemos oído eso. Y los idólatras decían al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—: “se ha hecho sabeo”.

Y me narró Yūnus b. ʿAbd al-Aʿlā; dijo: nos informó Ibn Wahb; dijo: dijo Ibn Zayd acerca de Su dicho: “los sabeos”; dijo: Los sabeos: una religión de entre las religiones. Estaban en la isla de Mosul y decían: “No hay divinidad sino Dios”; y no tienen obra, ni Escritura, ni profeta, salvo el decir “No hay divinidad sino Dios”. Dijo: y no creyeron en el Mensajero de Dios. Por eso los idólatras decían al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— y a sus compañeros: “éstos son los sabeos”, asemejándolos a ellos.

Otros dijeron: Son gentes que adoran a los ángeles y oran hacia la qibla. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narró Muḥammad b. ʿAbd al-Aʿlā; dijo: nos narró al-Muʿtamir b. Sulaymān, de su padre, de al-Ḥasan; dijo: Me narró Ziyād: que los sabeos oran hacia la qibla y realizan las cinco oraciones. Dijo: y quiso eximirlos de la yizya. Dijo: luego se le informó de que adoraban a los ángeles.

Y nos narró Bishr b. Muʿādh; dijo: nos narró Yazīd; dijo: nos narró Saʿīd, de Qatāda, acerca de Su dicho: “y los sabeos”; dijo: Los sabeos son gentes que adoran a los ángeles, oran hacia la qibla y leen el Salterio.

Me narró al-Muthannā; dijo: nos narró Ādam; nos narró Abū Jaʿfar, de al-Rabīʿ, de Abū al-ʿĀliya; dijo: Los sabeos son una facción de la Gente de la Escritura; leen el Salterio.

Dijo Abū Jaʿfar al-Rāzī: Y me ha llegado también que los sabeos son gentes que adoran a los ángeles, leen el Salterio y oran hacia la qibla.

Otros dijeron: Más bien son un grupo de la Gente de la Escritura. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narró Sufyān b. Wakīʿ; dijo: nos narró mi padre, de Sufyān; dijo: Se preguntó a al-Suddī acerca de los sabeos y dijo: son un grupo de la Gente de la Escritura.

La disertación acerca de la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—: Quien crea en Dios y en el Último Día y obre rectamente, tendrán su recompensa junto a su Señor.

Dijo Abū Jaʿfar: Quiere decir con Su dicho: “quien crea en Dios y en el Último Día”: quien tenga por veraz y confiese la resurrección tras la muerte el Día de la Resurrección, y obre rectamente obedeciendo a Dios; “tendrán su recompensa junto a su Señor”, es decir, con Su dicho: “tendrán su recompensa junto a su Señor”: tendrán la retribución de su obra recta junto a su Señor.

Si alguien nos dijera: ¿Dónde está la completud de Su dicho: “En verdad, quienes han creído, y quienes se judaizaron, y los cristianos, y los sabeos…”? Se responde: Su completud es el conjunto de Su dicho: “quien crea en Dios y en el Último Día”, porque su sentido es: “quien, de entre ellos, crea en Dios y en el Último Día…”. Se omitió la mención de “de entre ellos” por indicarlo el discurso, bastando con lo mencionado respecto de lo omitido.

Si dijera: ¿Y cuál es el sentido de este discurso? Se responde: Su sentido es: en verdad, quienes han creído, y quienes se judaizaron, y los cristianos, y los sabeos: quien crea en Dios y en el Último Día, tendrán su recompensa junto a su Señor.

Si dijera: ¿Y cómo cree el creyente? Se responde: No se pretende, respecto del creyente, el sentido que has supuesto: el de pasar de una religión a otra, como el paso del judío y del cristiano a la fe; aunque se ha dicho que los aludidos con ello son quienes, de la Gente de la Escritura, permanecían en su fe en Jesús y en lo que él trajo, hasta que alcanzaron a Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz—, y creyeron en él y lo tuvieron por veraz; y se dijo a aquellos que eran creyentes en Jesús y en lo que él trajo, cuando alcanzaron a Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz—: “creed en Muḥammad y en lo que él trajo”. Pero el sentido de la fe del creyente en este lugar es su firmeza en su fe y el abandono de cambiarla.

En cuanto a la fe de los judíos, los cristianos y los sabeos, es el asentimiento veraz a Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz— y a lo que él trajo. Así pues, quien de entre ellos crea en Muḥammad y en lo que él trajo, y en el Último Día, y obre rectamente, sin cambiar ni alterar, hasta morir en ello, tendrá la retribución de su obra y su recompensa junto a su Señor, tal como —Glorificado sea— lo describió.

Si alguien dijera: ¿Cómo dijo: “tendrán su recompensa junto a su Señor”, siendo que “man” es una forma singular y el verbo con ella está en singular? Se responde: “Man”, aunque el verbo que le sigue esté en singular, tiene el sentido de singular, dual y plural, y de masculino y femenino, porque en todos esos estados está en una sola forma y una sola figura, sin cambiar. Los árabes singularizan con ella el verbo, aunque en el sentido sea plural, por su forma; y otros, con ella, pluralizan el verbo por su sentido. Como dijo —Glorificado sea—: “Y entre ellos hay quienes te escuchan… ¿acaso tú harás oír a los sordos aunque no razonen? Y entre ellos hay quienes te miran… ¿acaso tú guiarás a los ciegos aunque no vean?”. Así, una vez pluralizó con (man) el verbo por su sentido, y otra vez lo singularizó con ella porque está en la forma del singular. Y como dijo el poeta:

«Pasad por Salmā, vosotros dos, si os presentáis; y decidle: volveos hacia quien se han rezagado».

Dijo: “takhallafū”, y puso “man” en lugar de “alladhīna”. Y dijo al-Farazdaq:

«Ven, pues si pactas conmigo no me traicionarás: seremos como aquel con quien, oh lobo, caminan en compañía (dos)».

Y dualizó “yaṣṭaḥibān” por el sentido de “man”. Así también Su dicho: “quien crea en Dios y en el Último Día, tendrán su recompensa junto a su Señor”: singularizó “crea” y “obre rectamente” por la forma de “man”, y pluralizó su mención en Su dicho: “tendrán su recompensa” por su sentido, porque está en sentido plural.

En cuanto a Su dicho: “y no habrá temor sobre ellos, ni se entristecerán”, con ello —Glorificado sea Su recuerdo— quiere decir: no habrá temor sobre ellos por los horrores del Día de la Resurrección a los que se encaminan, ni se entristecerán por lo que dejaron atrás del mundo y su vida, al contemplar lo que Dios les ha preparado de recompensa y de dicha permanente junto a Él.

Mención de quienes dijeron que con Su dicho: “quien crea en Dios” se quiso decir: los creyentes de la Gente de la Escritura que alcanzaron al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—:

Me narró Mūsā b. Hārūn; dijo: nos narró ʿAmr; dijo: nos narró Asbāṭ b. Naṣr, de al-Suddī: “En verdad, quienes han creído, y quienes se judaizaron…” la aleya. Dijo: Esta aleya descendió acerca de los compañeros de Salmān al-Fārisī. Salmān era de Jund Naysābūr y era de sus notables; y el hijo del rey era su amigo, hermanado con él: ninguno de los dos decidía asunto alguno sin el otro. Ambos salían juntos de caza. Y estando ambos un día de caza, se les apareció una casa de tienda; fueron a ella y hallaron dentro a un hombre con un códice ante sí, leyendo en él y llorando. Le preguntaron: ¿qué es esto? Dijo: quien quiera saber esto no se detiene en el lugar en que vosotros os detenéis. Si queréis saber lo que contiene, desmontad para que os lo haga saber. Entonces desmontaron junto a él. Les dijo: éste es un Libro que ha venido de parte de Dios; en él se ordena obedecerle y se prohíbe desobedecerle. En él: no forniques, no robes, no tomes los bienes de la gente injustamente. Les relató lo que contenía: era el Evangelio que Dios hizo descender sobre Jesús. Cayó en sus corazones y lo siguieron, y se sometieron. Y les dijo: el sacrificio de vuestro pueblo os es ilícito. No dejaron de estar con él así, aprendiendo de él, hasta que llegó una festividad del rey. Preparó comida, reunió a la gente y a los notables, y envió a llamar al hijo del rey para invitarlo a su banquete a fin de que comiera con la gente. El joven rehusó y dijo: estoy ocupado contigo; come tú y tus compañeros. Cuando insistió con mensajeros, les informó de que no comía de su comida. El rey envió entonces por su hijo, lo llamó y dijo: ¿qué es este asunto tuyo? Dijo: no comemos de vuestros sacrificios; en verdad sois incrédulos, y vuestros sacrificios no son lícitos. El rey dijo: ¿quién te ha ordenado esto? Le informó de que el monje se lo había ordenado. Llamó al monje y dijo: ¿qué dice mi hijo? Dijo: tu hijo dice la verdad. Le dijo: si no fuera porque la sangre entre nosotros es grave, te mataría; pero sal de nuestra tierra, y le fijó un plazo. Dijo Salmān: nos levantamos llorando por él. Él les dijo: si sois veraces, en una iglesia en al-Mawṣil hay sesenta hombres con los que adoramos a Dios; venid a ella. El monje salió. Salmān y el hijo del rey permanecieron; Salmān decía al hijo del rey: vámonos; y el hijo del rey decía: sí. El hijo del rey se puso a vender sus bienes queriendo prepararse. Cuando se demoró respecto de Salmān, Salmān partió hasta llegar a ellos; descendió junto a su compañero, que era el superior de la iglesia. La gente de aquella iglesia era de los mejores monjes. Salmān se esforzaba con ellos en la adoración y fatigaba su alma. El anciano le dijo: eres un muchacho joven; te impones en la adoración lo que no puedes soportar. Temo que desfallezcas y te incapacites. Sé amable contigo mismo y aligera. Salmān le dijo: ¿lo que me ordenas es mejor, o lo que yo hago? Dijo: más bien lo que tú haces. Dijo: entonces déjame. Luego el superior de la iglesia lo llamó y dijo: ¿sabes que esta iglesia es mía y que yo soy quien más derecho tiene sobre ella? Si quisiera expulsar a éstos de ella, lo haría. Pero soy un hombre débil para la adoración de éstos, y quiero trasladarme de esta iglesia a otra en la que son más leves en adoración que éstos. Si quieres quedarte aquí, quédate; y si quieres partir conmigo, parte. Salmān le dijo: ¿cuál de las dos iglesias es mejor en gente? Dijo: ésta. Dijo Salmān: entonces yo estaré en ésta. Salmān permaneció en ella. El superior de la iglesia recomendó a Salmān al sabio de la iglesia. Salmān adoraba con ellos. Luego el anciano sabio quiso ir a Bayt al-Maqdis. Dijo a Salmān: si quieres partir conmigo, parte; y si quieres quedarte, quédate. Salmān dijo: ¿cuál es mejor: partir contigo o quedarme? Dijo: no; más bien partir conmigo. Partió con él. Pasaron junto a un tullido en el camino, echado. Cuando los vio, gritó: oh señor de los monjes, ten misericordia de mí; Dios tenga misericordia de ti. No le habló ni lo miró. Siguieron hasta llegar a Bayt al-Maqdis. El anciano dijo a Salmān: sal y busca el conocimiento, pues en esta mezquita se reúnen los sabios de la tierra. Salmān salió y los escuchaba. Un día regresó triste. El anciano le dijo: ¿qué te pasa, Salmān? Dijo: veo que todo el bien se lo han llevado quienes nos precedieron de los profetas y sus seguidores. El anciano le dijo: oh Salmān, no te entristezcas: ha quedado un profeta; no hay profeta con seguidores mejores que los suyos. Éste es el tiempo en que saldrá. No creo alcanzarlo; pero tú eres joven, quizá lo alcances. Saldrá en la tierra de los árabes. Si lo alcanzas, cree en él y síguelo. Salmān le dijo: infórmame de alguna de sus señales. Dijo: sí: está sellado en su espalda con el sello de la profecía; come el regalo y no come la limosna. Luego regresaron hasta llegar al lugar del tullido. Éste les gritó: oh señor de los monjes, ten misericordia de mí; Dios tenga misericordia de ti. El monje volvió hacia él su montura, lo tomó de la mano y lo levantó; lo golpeó contra el suelo y suplicó por él, y dijo: levántate, con el permiso de Dios. Se levantó sano, corriendo con vigor. Salmān se asombraba mirándolo correr. El monje siguió su camino y se ocultó de Salmān, sin que Salmān supiera. Salmān se alarmó y buscó al monje. Se encontró con dos hombres árabes de Kalb y les preguntó: ¿habéis visto al monje? Uno de ellos hizo arrodillar su montura y dijo: sí, el pastor de este rebaño. Lo cargó y partió con él hacia Medina. Dijo Salmān: me sobrevino una tristeza como jamás me había sobrevenido. Lo compró una mujer de Juhayna, y él pastoreaba para ella, alternándose con un muchacho suyo: éste un día y aquél otro. Salmān reunía dirhames, aguardando la salida de Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz—. Y estando un día pastoreando, vino a él su compañero, el que lo relevaba, y dijo: ¿te has enterado de que hoy ha llegado a Medina un hombre que afirma ser profeta? Salmān le dijo: quédate con el ganado hasta que vaya a verte. Salmān bajó a Medina, miró al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— y dio vueltas a su alrededor. Cuando el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— lo vio, supo lo que quería; apartó su manto hasta que apareció su sello. Cuando Salmān lo vio, se acercó a él y le habló; luego se fue. Compró por un dinar, con parte de él, una oveja y con parte pan; luego se lo llevó. Él dijo: «¿Qué es esto?» Salmān dijo: esto es una limosna. Dijo: «No la necesito; sacadla para que la coman los musulmanes». Luego se fue y compró por otro dinar pan y carne; se lo llevó al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—. Él dijo: «¿Qué es esto?» Dijo: esto es un regalo. Dijo: «Siéntate». Se sentó y comieron juntos de ello. Mientras conversaba con él, mencionó a sus compañeros y le informó de su historia. Dijo: ayunaban, oraban, creían en ti y atestiguaban que serías enviado como profeta. Cuando Salmān terminó de elogiarlos, el Profeta de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— le dijo: «Oh Salmān, ellos son de la gente del Fuego». Eso se hizo duro para Salmān. Salmān le había dicho: si te hubieran alcanzado, te habrían tenido por veraz y te habrían seguido. Entonces Dios hizo descender esta aleya: “En verdad, quienes han creído, y quienes se judaizaron, y los cristianos, y los sabeos: quien crea en Dios y en el Último Día…”.

Así, la fe de los judíos era: quien se aferrara a la Torá y a la Sunna de Moisés hasta que llegó Jesús; cuando llegó Jesús, quien se aferrara a la Torá y tomara la Sunna de Moisés sin abandonarla ni seguir a Jesús, estaba perdido. Y la fe de los cristianos era: quien se aferrara al Evangelio de entre ellos y a las prescripciones de Jesús era creyente, aceptado de él, hasta que llegó Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz—; quien de entre ellos no siguiera a Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz— y no abandonara lo que tenía de la Sunna de Jesús y del Evangelio, estaba perdido.

Nos narró al-Qāsim; dijo: nos narró al-Ḥusayn; dijo: me narró Ḥajjāj, de Ibn Jurayj, de Mujāhid, acerca de Su dicho: “En verdad, quienes han creído, y quienes se judaizaron…” la aleya. Dijo: Salmān al-Fārisī dijo al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— acerca de aquellos cristianos y de lo que vio de sus obras. Él dijo: no murieron sobre el Islam. Salmān dijo: la tierra se oscureció para mí. Mencionó su esfuerzo. Entonces descendió esta aleya. Llamó a Salmān y dijo: «Esta aleya ha descendido acerca de tus compañeros». Luego el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «Quien muera sobre la religión de Jesús y muera sobre el Islam antes de oír hablar de mí, está en bien; y quien me oiga hoy y no crea en mí, ha perecido».

E Ibn ʿAbbās dijo:

Me narró al-Muthannā; dijo: nos narró Abū Ṣāliḥ; dijo: me narró Muʿāwiya b. Ṣāliḥ, de ʿAlī b. Abī Ṭalḥa, de Ibn ʿAbbās, acerca de Su dicho: “En verdad, quienes han creído, y quienes se judaizaron, y los cristianos, y los sabeos”, hasta Su dicho: “y no se entristecerán”. Luego Dios —Exaltado sea— hizo descender después de esto: “Y quien busque una religión distinta del Islam, no le será aceptada, y en la Otra Vida será de los perdedores”. Este relato indica que Ibn ʿAbbās consideraba que Dios —Glorificado sea— había prometido a quien obrara rectamente de entre los judíos, los cristianos y los sabeos, por su obra, el Paraíso en la Otra Vida; luego abrogó eso con Su dicho: “Y quien busque una religión distinta del Islam, no le será aceptada”.

Así pues, la interpretación de la aleya, según lo que hemos mencionado de Mujāhid y al-Suddī, es: En verdad, quienes han creído de esta comunidad, y quienes se judaizaron, y los cristianos, y los sabeos: quien de entre los judíos, los cristianos y los sabeos crea en Dios y en el Último Día, tendrán su recompensa junto a su Señor; y no habrá temor sobre ellos, ni se entristecerán.

Y lo que hemos dicho en la primera interpretación es más conforme a lo aparente de la revelación, porque Dios —Glorificado sea— no particularizó con la recompensa por la obra recta, junto con la fe, a una parte de Sus criaturas excluyendo a otra; y la información en Su dicho: “quien crea en Dios y en el Último Día” abarca a todos los mencionados al comienzo de la aleya.

Notas y Referencias

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