La Vaca
البقرة Al-BaqarahVersículo (Español)
[2:51] Y [recuerden que] cité a Moisés durante cuarenta noches, y cuando se ausentó ustedes tomaron el becerro, obrando injustamente.
Tafsir de At-Tabari
{وَإِذۡ وَٰعَدۡنَا مُوسَىٰٓ أَرۡبَعِينَ لَيۡلَةٗ ثُمَّ ٱتَّخَذۡتُمُ ٱلۡعِجۡلَ مِنۢ بَعۡدِهِۦ وَأَنتُمۡ ظَٰلِمُونَ} (51)
القول في تأويل قوله تعالى :
{ وَإِذْ وَاعَدْنَا مُوسَىَ أَرْبَعِينَ لَيْلَةً ثُمّ اتّخَذْتُمُ الْعِجْلَ مِن بَعْدِهِ وَأَنْتُمْ ظَالِمُونَ }
Los recitadores discreparon respecto a la lectura de ello.
Unos lo leyeron: «وَاعَدْنا» (waʿadnā), con el sentido de que Dios —exaltado sea— concertó con Moisés la cita para encontrarse en el Ṭūr a fin de hablarle en confidencia; de modo que la cita fue por parte de Dios para Moisés y por parte de Moisés para su Señor. Y entre sus argumentos para preferir la lectura «وَاعَدْنا» frente a «وَعَدْنا» (waʿadnā) decían: todo compromiso de cita que se da entre dos para encontrarse o reunirse, cada uno de ellos cita al otro para ello; por eso sostenían que debía darse preferencia, por elección, a la lectura de quien recitó «وَاعَدْنا» sobre la lectura de quien recitó «وَعَدْنا».
Y otros lo leyeron: «وَعَدْنا» (waʿadnā), con el sentido de que Dios es quien promete a Moisés, siendo Él el único que hace la promesa sin que Moisés participe en ella. Y entre sus argumentos para preferir esto decían: la «muwāʿada» (cita recíproca) solo se da entre los seres humanos; en cuanto a Dios —glorificado sea—, Él es el único que promete y amenaza en todo bien y mal. Decían: así ha venido la revelación en todo el Corán, pues —glorificado sea— dijo: «En verdad, Dios os prometió la promesa de la verdad», y dijo: «Y cuando Dios os promete una de las dos partidas, que sería para vosotros». Decían: así también lo debido es que Él sea el único que promete en Su dicho: «Y cuando prometimos a Moisés».
Lo correcto, a nuestro juicio, en esto es que son dos lecturas que la comunidad ha transmitido y que los recitadores han recitado; y en recitar una de ellas no hay anulación del sentido de la otra, aunque en una de ellas haya un aumento de significado respecto de la otra desde el punto de vista de lo aparente y de la recitación. En cuanto a lo que ambas significan, coinciden: pues quien informa acerca de una persona que prometió a otra encontrarse en un lugar determinado, es sabido que el destinatario de la promesa, por ello mismo, promete a su compañero encontrarse con él en ese lugar, del mismo modo que su compañero se lo prometió, cuando la promesa fue hecha por acuerdo entre ambos. Y es sabido que Moisés —sobre él las plegarias de Dios— no recibió de su Señor la promesa del Ṭūr sino con el beneplácito de Moisés, pues no cabe duda de que Moisés estaba complacido con todo lo que Dios le ordenaba y se apresuraba hacia ello por amor. Y es inteligible que Dios —exaltado sea— no prometiera a Moisés eso sino siendo Moisés respondiente a ello. Y siendo así, es sabido que Dios —poderoso y majestuoso— prometió a Moisés el Ṭūr, y que Moisés le prometió el encuentro; y que Dios —poderoso y majestuoso— fue para Moisés quien promete y quien concierta cita para la confidencia en el Ṭūr, y que Moisés fue para su Señor quien promete y quien concierta cita para el encuentro. Así, con cualquiera de las dos lecturas, «وَعَد» (waʿada) o «وَاعَد» (wāʿada), que recite el recitador, es la verdad en ello desde el punto de vista de la interpretación y de la lengua, acertando por las razones que hemos descrito antes.
Y no tiene sentido lo que dice quien afirma: que la cita recíproca solo se da entre los humanos, y que Dios es el único en promesa y amenaza en todo bien y mal. Pues la exclusividad de Dios en la promesa y la amenaza, en la recompensa y el castigo, en el bien y el mal, en el beneficio y el perjuicio —lo cual está en Su mano y a Él pertenece, no a las demás criaturas— no invalida el habla corriente entre la gente en su uso, ni la aparta de sus modos, ni la altera de sus significados. Y lo que corre entre la gente del habla comprensible es lo que hemos descrito: que todo compromiso de cita entre dos es promesa de cada uno de ellos al otro y cita recíproca entre ambos; que cada uno de ellos es para su compañero quien promete y quien concierta cita; y que la promesa en la que hay exclusividad del que promete, sin el prometido, es únicamente la que tiene el sentido de promesa que es lo contrario de amenaza.
القول في تأويل قوله تعالى :
مُوسَى .
Y Moisés —según nos ha llegado— en copto son dos palabras, con las que se quiere decir: agua y árbol. «مو» (mū) es el agua, y «سا» (sā) es el árbol. Y se le llamó así —según nos ha llegado— porque su madre, cuando lo puso en el arca al temer por él de Faraón, y lo arrojó al mar conforme Dios le inspiró, y se dijo: el mar en el que lo arrojó fue el Nilo; las olas del mar lo empujaron hasta introducirlo entre árboles junto a la casa de Faraón. Salieron entonces las esclavas de Asiya, la esposa de Faraón, a bañarse, encontraron el arca y la tomaron; y se le dio el nombre del lugar en que fue hallado. Y aquel lugar tenía agua y árboles; por eso se dijo: Moisés, agua y árbol; así:
Me narró Mūsā b. Hārūn; dijo: nos narró ʿAmr b. Ḥammād, de Asbāṭ b. Naṣr, de al-Suddī.
Y él es Moisés hijo de ʿImrān hijo de Yaṣhar hijo de Qāhith hijo de Lāwī hijo de Yaʿqūb, Israel de Dios, hijo de Isḥāq, el sacrificado de Dios, hijo de Ibrāhīm, el íntimo de Dios, según afirmó Ibn Isḥāq.
Me lo narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Salama b. al-Faḍl, de él.
القول في تأويل قوله تعالى :
أرْبَعِينَ لَيْلَةً .
El sentido de ello es: «Y cuando concertamos con Moisés cuarenta noches», con su totalidad; así, las cuarenta noches enteras están incluidas en el plazo fijado.
Y algunos gramáticos de Basora han pretendido que su sentido es: «Y cuando concertamos con Moisés la expiración de cuarenta noches», es decir, la cabeza de las cuarenta; y compararon esto con Su dicho: «Y pregunta a la aldea», y con el dicho de la gente: «hoy son cuarenta desde que fulano salió», y «hoy es dos días», es decir: hoy es la completitud de dos días y la completitud de cuarenta. Pero esto contradice lo que ha venido en la transmisión de la gente de la interpretación y contradice lo aparente de la recitación. En cuanto a lo aparente de la recitación, Dios —glorificado sea— ha informado que concertó con Moisés cuarenta noches; no es lícito para nadie desviar lo aparente de Su información hacia un sentido oculto sin una prueba que indique su validez. Y en cuanto a la gente de la interpretación, dijeron en ello lo que voy a mencionar, y es lo que:
Me narró al-Muthannā b. Ibrāhīm; dijo: nos narró Ādam; dijo: nos narró Abū Jaʿfar, de al-Rabīʿ b. Anas, de Abū al-ʿĀliya, acerca de Su dicho: «Y cuando concertamos con Moisés cuarenta noches», dijo: se refiere a Dhū al-Qaʿda y diez de Dhū al-Ḥijja. Fue entonces cuando Moisés dejó atrás a sus compañeros y puso a Aarón como su lugarteniente; permaneció en el Ṭūr cuarenta noches, y se le hizo descender la Torá en las tablas; y las tablas eran de crisólito. El Señor lo acercó a Él como confidente, le habló, y oyó el chirrido de la pluma. Y nos ha llegado que no cometió falta alguna durante las cuarenta noches hasta que descendió del Ṭūr.
Y se me narró de ʿAmmār b. al-Ḥasan: nos narró ʿAbd Allāh b. Abī Jaʿfar, de su padre, de al-Rabīʿ, algo semejante.
Nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Salama b. al-Faḍl, de Ibn Isḥāq; dijo: Dios prometió a Moisés, cuando hizo perecer a Faraón y a su gente, y lo salvó a él y a su pueblo, treinta noches; luego las completó con diez, y así se cumplió el plazo de su Señor: cuarenta noches, en las que su Señor se encontró con él como quiso. Moisés dejó a Aarón como lugarteniente sobre los Hijos de Israel y dijo: «Me apresuro hacia mi Señor; así que sustitúyeme entre mi pueblo y no sigas el camino de los corruptores». Moisés salió hacia su Señor apresurándose al encuentro con Él por anhelo de Él; y Aarón permaneció entre los Hijos de Israel, y con él el samaritano, conduciéndolos tras las huellas de Moisés para alcanzarlos.
Me narró Mūsā b. Hārūn; dijo: nos narró ʿAmr b. Ḥammād; dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī; dijo: Moisés partió y dejó a Aarón como lugarteniente sobre los Hijos de Israel; les fijó treinta noches, y Dios las completó con diez.
القول في تأويل قوله تعالى :
ثُمّ اتّخَذْتُمُ العِجْلَ مِنْ بَعْدِهِ وَأنْتُمْ ظالِمُونَ .
La interpretación de Su dicho: «Luego tomasteis el becerro después de él» es: luego, en los días de la cita fijada para Moisés, tomasteis el becerro como divinidad, después de que Moisés os dejara dirigiéndose al plazo convenido. Y el pronombre en Su dicho «مِن بَعْدِهِ» (“después de él”) remite a la mención de Moisés. Así, Él —glorificado sea— informó a quienes se oponían a nuestro Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz—, de entre los judíos de los Hijos de Israel que lo desmentían y a quienes esta aleya se dirige, acerca del acto de sus padres y antepasados, de su desmentido a sus mensajeros y de su oposición a sus profetas, pese a la sucesión de Sus mercedes sobre ellos y a la abundancia de Sus favores ante ellos; haciéndoles saber con ello que su oposición a Muḥammad —Dios lo bendiga y le conceda paz—, su desmentido de él y su negación de su misión, pese a su conocimiento de su veracidad, sigue el mismo método que el de sus padres y antepasados; y advirtiéndoles del descenso de Su rigor sobre ellos por persistir en ello, de su desmentido, como descendió sobre los primeros de ellos que desmintieron a los mensajeros: la metamorfosis, la maldición y las diversas clases de castigos.
Y la causa de que tomaran el becerro fue lo que:
Me narró ʿAbd al-Karīm b. al-Haytham; dijo: nos narró Ibrāhīm b. Bashshār al-Ramādī; dijo: nos narró Sufyān b. ʿUyayna; dijo: nos narró Abū Saʿīd, de ʿIkrima, de Ibn ʿAbbās; dijo: cuando Faraón se lanzó al mar, él y sus compañeros —y Faraón iba sobre un caballo negro oscuro, de cola larga, brioso—, al lanzarse al mar el caballo temió irrumpir en él; entonces se le apareció Gabriel en la figura de una yegua, y cuando el caballo la vio se precipitó tras ella.
Dijo: y el samaritano reconoció a Gabriel porque su madre, cuando temió que lo degollaran, lo dejó en una cueva y lo cubrió; y Gabriel venía a él y lo alimentaba con sus dedos: encontraba en uno de sus dedos leche, en otro miel y en otro manteca. No dejó de alimentarlo hasta que creció; y cuando lo vio en el mar lo reconoció, y tomó un puñado del rastro de su caballo.
Dijo: tomó un puñado de debajo del casco.
Dijo Sufyān: e Ibn Masʿūd la recitaba: «فقبضت قبضة من أثر فرس الرسول».
Dijo Abū Saʿīd; dijo ʿIkrima, de Ibn ʿAbbās: y se infundió en el ánimo del samaritano que no la arrojaría sobre cosa alguna diciendo: “sé tal y tal”, sin que lo fuera. El puñado permaneció con él en su mano hasta que cruzó el mar. Cuando Moisés y los Hijos de Israel cruzaron el mar y Dios ahogó a la gente de Faraón, Moisés dijo a su hermano Aarón: «Sustitúyeme entre mi pueblo y reforma», y Moisés partió hacia el plazo de su Señor.
Dijo: y con los Hijos de Israel había joyas de las joyas de la gente de Faraón que habían tomado; como si se sintieran culpables por ello, las sacaron para que descendiera el fuego y las consumiera. Cuando las reunieron, el samaritano dijo, con el puñado que tenía en su mano, así; y lo arrojó en ello. Ibn Isḥāq hizo un gesto con su mano así y dijo: “sé un becerro, un cuerpo con mugido”, y se convirtió en un becerro, un cuerpo con mugido. El viento entraba por su ano y salía por su boca, y se le oía un sonido.
Entonces dijo: «Este es vuestro dios y el dios de Moisés». Se entregaron al becerro, adorándolo. Y Aarón dijo: «¡Oh pueblo mío! Solo habéis sido probados con él; y vuestro Señor es el Misericordioso: seguidme y obedeced mi orden». Dijeron: «No dejaremos de permanecer consagrados a él hasta que Moisés vuelva a nosotros».
Me narró Mūsā b. Hārūn; dijo: nos narró ʿAmr b. Ḥammād; dijo: nos narró Asbāṭ b. Naṣr, de al-Suddī: cuando Dios ordenó a Moisés que sacara a los Hijos de Israel —es decir, de la tierra de Egipto—, Moisés ordenó a los Hijos de Israel que salieran y les ordenó que tomaran prestadas las joyas de los coptos. Cuando Dios salvó a Moisés y a quienes estaban con él de los Hijos de Israel del mar, y se ahogó la gente de Faraón, Gabriel vino a Moisés para llevarlo a Dios; se acercó montado en un caballo, y el samaritano lo vio y lo desconoció, y dijo: «Es el caballo de la vida». Y cuando lo vio dijo: «Esto tiene, ciertamente, algo». Tomó entonces tierra del rastro del casco del caballo. Moisés partió y dejó a Aarón como lugarteniente sobre los Hijos de Israel; les fijó treinta noches, y Dios las completó con diez.
Aarón les dijo: «¡Hijos de Israel! El botín no os es lícito; y las joyas de los coptos no son sino botín. Reunidlas todas, cavad para ellas un hoyo y enterradlas: si viene Moisés y las hace lícitas, las tomaréis; y si no, será algo que no habréis consumido». Reunieron aquellas joyas en aquel hoyo; y el samaritano vino con aquel puñado y lo arrojó, y Dios hizo salir de las joyas un becerro, un cuerpo con mugido. Los Hijos de Israel contaron el plazo de Moisés: contaban la noche como un día y el día como un día. Cuando se completaron veinte, el becerro salió para ellos; cuando lo vieron, el samaritano les dijo: «Este es vuestro dios y el dios de Moisés; y él olvidó», es decir: Moisés dejó aquí a su dios y se fue a buscarlo. Se entregaron a él, adorándolo. Mugía y caminaba.
Aarón les dijo: «¡Hijos de Israel! Solo habéis sido probados con él», es decir: solo habéis sido puestos a prueba con él, es decir: con el becerro; «y vuestro Señor es el Misericordioso». Aarón y quienes estaban con él de los Hijos de Israel no los combatieron. Moisés partió hacia su Dios para hablarle.
Cuando habló con Él, Él le dijo: «¿Y qué te ha apresurado a dejar a tu pueblo, oh Moisés?». Dijo: «Ellos están tras mis huellas, y me he apresurado hacia Ti, Señor mío, para que estés complacido». Dijo: «En verdad, hemos probado a tu pueblo después de ti, y el samaritano los ha extraviado». Y le informó de su asunto.
Moisés dijo: «¡Señor mío! Este samaritano les ordenó que tomaran el becerro; dime: el espíritu, ¿quién lo sopló en él?». Dijo el Señor: «Yo». Dijo: «Señor, entonces Tú los has extraviado».
Nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Salama, de Ibn Isḥāq; dijo: se me mencionó que Moisés dijo a los Hijos de Israel, respecto de lo que Dios —poderoso y majestuoso— le ordenó: «Tomad prestadas de ellos —es decir, de la gente de Faraón— enseres, joyas y vestidos, pues os haré heredar sus bienes junto con su perdición». Cuando Faraón dio permiso a la gente, entre lo que usaba para incitar contra los Hijos de Israel estaba que decía, cuando partió y ellos no aceptaron salir por sí mismos hasta que se llevaron vuestros bienes con ellos.
Nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Salama; dijo: me narró Muḥammad b. Isḥāq, de Ḥakīm b. Jubayr, de Saʿīd b. Jubayr, de Ibn ʿAbbās; dijo: el samaritano era un hombre de la gente de Bājarmā, y era de un pueblo que adoraba a las vacas; y el amor por la adoración de las vacas estaba en su interior; había manifestado el islam entre los Hijos de Israel. Cuando Aarón quedó entre los Hijos de Israel y Moisés partió hacia su Señor, Aarón les dijo: «Habéis cargado con cargas de los adornos del pueblo, la gente de Faraón: enseres y joyas; purificaos de ello, pues es impuro». Encendió para ellos un fuego y dijo: «Arrojad en él lo que tengáis de eso». Dijeron: «Sí». Se pusieron a traer lo que tenían de aquellos enseres y aquellas joyas y a arrojarlo en él, hasta que las joyas se quebraron en el fuego. Cuando el samaritano vio el rastro del caballo de Gabriel, tomó tierra del rastro de su casco.
Luego se acercó al fuego y dijo a Aarón: «¡Profeta de Dios! ¿Arrojo lo que tengo en mi mano?». Dijo: «Sí». Y Aarón no pensó sino que era como parte de lo que otros habían traído de aquellas joyas y enseres.
Lo arrojó en él y dijo: “sé un becerro, un cuerpo con mugido”; y fue para la calamidad y la tentación. Dijo: «Este es vuestro dios y el dios de Moisés». Se entregaron a él y lo amaron con un amor como no habían amado jamás cosa alguna.
Dice Dios —poderoso y majestuoso—: «فَنَسِيَ», es decir: abandonó lo que tenía del islam —se refiere al samaritano—. «¿Acaso no ven que no les devuelve palabra, ni posee para ellos perjuicio ni beneficio?». Y el nombre del samaritano era Moisés b. Ẓafar; cayó en la tierra de Egipto y entró entre los Hijos de Israel.
Cuando Aarón vio en lo que habían caído, dijo: «¡Oh pueblo mío! Solo habéis sido probados con él; y vuestro Señor es el Misericordioso: seguidme y obedeced mi orden». Dijeron: «No dejaremos de permanecer consagrados a él hasta que Moisés vuelva a nosotros». Aarón permaneció con quienes estaban con él de los musulmanes que no fueron tentados; y quienes adoraban al becerro permanecieron en la adoración del becerro.
Y Aarón temió que, si partía con quienes estaban con él de los musulmanes, Moisés le dijera: «Has dividido a los Hijos de Israel y no has observado mi palabra». Y le tenía temor, obedeciéndole.
Me narró Yūnus b. ʿAbd al-Aʿlā; dijo: nos informó Ibn Wahb; dijo: dijo Ibn Zayd: cuando Dios —poderoso y majestuoso— salvó a los Hijos de Israel de Faraón y ahogó a Faraón y a quienes estaban con él, Moisés dijo a su hermano Aarón: «Sustitúyeme entre mi pueblo, reforma y no sigas el camino de los corruptores». Dijo: cuando Moisés salió y ordenó a Aarón lo que le ordenó, Moisés salió apresurándose, alegre, hacia Dios. Moisés sabía que, cuando una persona tiene éxito en una necesidad de su señor, le complace apresurarse hacia él.
Dijo: y cuando salieron, tomaron prestadas joyas y vestidos de la gente de Faraón. Aarón les dijo: «Estos vestidos y joyas no os son lícitos; reunid un fuego y arrojadlos en él, y quemadlos». Dijo: reunieron un fuego.
Dijo: y el samaritano había mirado el rastro de la montura de Gabriel; Gabriel iba sobre una yegua, y el samaritano estaba entre el pueblo de Moisés. Dijo: miró su rastro y tomó de él un puñado, y su mano se secó sobre ello. Cuando el pueblo de Moisés arrojó las joyas al fuego, el samaritano arrojó con ellos el puñado; Dios —glorificado y poderoso— se lo figuró como un becerro de oro; el viento entró en él y tuvo mugido.
Dijeron: «¿Qué es esto?». Dijo: el samaritano malvado: «Este es vuestro dios y el dios de Moisés; y él olvidó...», la aleya, hasta Su dicho: «hasta que Moisés vuelva a nosotros». Dijo: cuando Moisés llegó al plazo, Dios dijo: «¿Qué te ha apresurado a dejar a tu pueblo, oh Moisés?». Dijo: «Ellos están tras mis huellas». Y recitó hasta llegar a: «¿Acaso se os ha prolongado el pacto?».
Nos narró al-Qāsim b. al-Ḥasan; dijo: nos narró al-Ḥusayn; dijo: me narró Ḥajjāj, de Ibn Jurayj, de Mujāhid, acerca de Su dicho: «Luego tomasteis el becerro después de él»; dijo: el becerro era el ternero de la vaca.
Dijo: eran joyas que tomaron prestadas de la gente de Faraón. Aarón les dijo: «Sacadlo, purificaos de ello y quemadlo». Y el samaritano había tomado un puñado del rastro del caballo de Gabriel; lo arrojó en ello y se fundió; y tenía como una cavidad en la que se precipitaban los vientos.
Me narró al-Muthannā b. Ibrāhīm; dijo: nos narró Ādam; dijo: nos narró Abū Jaʿfar, de al-Rabīʿ, de Abū al-ʿĀliya; dijo: solo se le llamó «becerro» porque se apresuraron y lo tomaron antes de que Moisés viniera a ellos.
Me narró Muḥammad b. ʿAmr al-Bāhilī; dijo: nos narró Abū ʿĀṣim; dijo: me narró ʿĪsā, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid, con algo semejante al ḥadiz de al-Qāsim, de al-Ḥasan.
Me narró al-Muthannā b. Ibrāhīm; dijo: nos narró Abū Ḥudhayfa; dijo: nos narró Shibl, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid, algo semejante.
La interpretación de Su dicho «y vosotros erais injustos» es: y vosotros erais quienes colocabais la adoración fuera de su lugar, pues la adoración no conviene sino a Dios —poderoso y majestuoso—, y vosotros adorasteis el becerro: injusticia por vuestra parte y colocación de la adoración fuera de su lugar. Ya hemos demostrado en otro lugar, de lo que ha precedido de nuestro libro, que el origen de toda injusticia es poner la cosa fuera de su lugar; eso hace innecesario repetirlo en este lugar.
Notas y Referencias
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