La Vaca
البقرة Al-BaqarahVersículo (Español)
[2:49] Y [recuerden] cuando salvé a sus antepasados de las huestes del Faraón, que los sometían a crueles castigos; degollaban a sus hijos varones [recién nacidos] y dejaban con vida a sus hijas mujeres [para sojuzgarlas]. Esto era una prueba difícil de su Señor.
Tafsir de At-Tabari
{وَإِذۡ نَجَّيۡنَٰكُم مِّنۡ ءَالِ فِرۡعَوۡنَ يَسُومُونَكُمۡ سُوٓءَ ٱلۡعَذَابِ يُذَبِّحُونَ أَبۡنَآءَكُمۡ وَيَسۡتَحۡيُونَ نِسَآءَكُمۡۚ وَفِي ذَٰلِكُم بَلَآءٞ مِّن رَّبِّكُمۡ عَظِيمٞ} (49)
La disertación sobre la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—:
{ وَإِذْ نَجّيْنَاكُم مّنْ آلِ فِرْعَوْنَ يَسُومُونَكُمْ سُوَءَ الْعَذَابِ يُذَبّحُونَ أَبْنَآءَكُمْ وَيَسْتَحْيُونَ نِسَآءَكُمْ وَفِي ذَلِكُمْ بَلآءٌ مّن رّبّكُمْ عَظِيمٌ }
En cuanto a la interpretación de Su dicho:
«Y cuando os salvamos», es una coordinación con Su dicho: «¡Oh hijos de Israel! Recordad Mi gracia»; como si dijera: recordad Mi gracia con la que os agracié, y recordad Nuestro favor sobre vosotros cuando os salvamos de la gente de Faraón, al salvaros de ellos.
En cuanto a «la gente (āl) de Faraón», son los adeptos de su religión, su pueblo y sus partidarios. El origen de «āl» es «ahl» (gente, familia); se sustituyó la hā’ por hamza, como cuando dijeron «māh» y sustituyeron la hā’ por hamza; y cuando lo diminutivaron dijeron «muwayh», devolviendo la hā’ en el diminutivo y sacándolo conforme a su origen. Del mismo modo, cuando diminutivan «āl» dicen: «uhayl». Y se ha transmitido por audición de los árabes, en el diminutivo de «āl»: «uwayl». También se dice: «Fulano es de las mujeres (āl al-nisā’)», queriendo con ello que fue creado de ellas; y también se dice con el sentido de que las pretende y las ama, como dijo el poeta:
«Pues tú eres de las mujeres, y sólo *** son para el más cercano, no hay unión para el ausente»
Los mejores lugares para «āl» es que se pronuncie con los nombres conocidos, como cuando dicen: la familia del Profeta Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz—, la familia de ʿAlī, la familia de ʿAbbās, la familia de ʿAqīl, y otros. No es recomendable su uso con lo desconocido; y en los nombres de tierras y cosas semejantes no es bueno, según los conocedores de la lengua árabe, decir: «Vi a la familia del hombre» o «Me vio la familia de la mujer», ni «Vi a la familia de Basora» o «la familia de Kufa». Se ha mencionado, por audición, de algunos árabes que dicen: «Vi a la familia de La Meca y la familia de Medina», pero eso no es, en su habla, un uso extendido y corriente.
En cuanto a «Faraón», se dice: es un nombre con el que se denominaban los reyes de los amalecitas en Egipto, del mismo modo que a los reyes de los romanos se llamaba a unos César y a otros Heraclio; y como los reyes de Persia se llamaban los Kisrās, siendo uno de ellos Kisrā; y los reyes del Yemen se llamaban los Tubbaʿ, siendo uno de ellos Tubbaʿ.
Y en cuanto al Faraón de Moisés, del que Dios —Exaltado sea— informó que salvó de él a los hijos de Israel, se dice: su nombre era al-Walīd ibn Muṣʿab ibn al-Rayyān; así mencionó también Muḥammad ibn Isḥāq que le había llegado acerca de su nombre.
Nos lo narró Muḥammad ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Salama, de Ibn Isḥāq: que su nombre era al-Walīd ibn Muṣʿab ibn al-Rayyān.
Y sólo fue lícito decir: «Y cuando os salvamos de la gente de Faraón», dirigiendo el discurso a quienes no alcanzaron a Faraón ni a aquellos de quienes se les salvó, porque los interpelados eran los hijos de quienes fueron salvados de Faraón y de su gente; así, atribuyó a ellos lo que había sido de Sus gracias sobre sus padres, y asimismo lo que había sido de la ingratitud de sus padres, a modo de atribución; como cuando alguien dice a otro: «Hicimos con vosotros tal y tal; os matamos y os cautivamos», y el informante puede estar queriendo con ello a su gente y clan, o a los habitantes de su ciudad y patria, haya el destinatario presenciado lo que se hizo con ellos o no lo haya presenciado. Como dijo al-Akhtal, satirizando a Jarīr ibn ʿAṭiyya:
«Y ciertamente Hudhayl se elevó para vosotros y os alcanzó *** en Irāb, donde se reparten los botines»
«En una hueste que llama a los Arāqim: no eran *** sus jinetes desarmados ni encadenados»
Y Jarīr no se encontró con Hudhayl ni lo alcanzó, ni alcanzó Irāb ni lo presenció. Pero, como fue un día de los días de la gente de al-Akhtal contra la gente de Jarīr, le atribuyó el discurso a él y a su gente. Así también el discurso de Dios —Poderoso y Majestuoso— a quienes interpeló con Su dicho: «Y cuando os salvamos de la gente de Faraón»: puesto que Él hizo lo que hizo a un pueblo del que proceden los interpelados por la aleya y a sus padres, atribuyó Su acción —la que realizó con sus padres— a los interpelados por la aleya y a su pueblo.
La disertación sobre la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—:
«Os infligían el peor castigo».
En Su dicho: «os infligían», hay dos aspectos interpretativos. Uno: que sea una información reanudada acerca de la acción de Faraón con los hijos de Israel; y entonces su sentido sería: recordad Mi gracia sobre vosotros cuando os salvé de la gente de Faraón, y antes os infligían el peor castigo. Si esta es su interpretación, el lugar de «os infligían» sería en nominativo.
El segundo aspecto: que «os infligían» sea un estado (ḥāl); y entonces su interpretación sería: «Y cuando os salvamos de la gente de Faraón, mientras os infligían el peor castigo», siendo un estado referido a la gente de Faraón.
En cuanto a la interpretación de Su dicho: «os infligían», significa: os imponían, os hacían gustar, os sometían. Se dice: «sāmahu khuṭṭata ḍaym» (le impuso un plan de opresión), cuando se lo impone y se lo hace gustar; como dijo el poeta:
«Si se le impone humillación, su rostro se ensombrece»
Y en cuanto a la interpretación de Su dicho: «el peor castigo», significa: aquello del castigo que les resultaba odioso. Algunos dijeron: «el más severo castigo»; pero si ese fuera el sentido, se habría dicho: «el más malo (aswa’) de los castigos».
Si alguien nos dijera: ¿y cuál era ese castigo que les infligían y que les resultaba odioso?
Se responde: es lo que Dios —Exaltado sea— describió en Su Libro cuando dijo: «degollaban a vuestros hijos y dejaban con vida a vuestras mujeres».
Y Muḥammad ibn Isḥāq dijo al respecto:
Nos lo narró Ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Salama, dijo: nos informó Ibn Isḥāq, dijo: Faraón castigaba a los hijos de Israel y los convertía en siervos y dependientes, y los clasificó en sus trabajos: un grupo construía, y un grupo cultivaba para él; así estaban en sus labores. Y quien de ellos no estaba en un oficio de sus trabajos, sobre él recaía el tributo. Así les infligió —como dijo Dios, Poderoso y Majestuoso— «el peor castigo».
Y al-Suddī dijo: los puso en trabajos inmundos, y se puso a matar a sus hijos varones y a dejar con vida a sus mujeres.
Me lo narró Mūsā ibn Hārūn, dijo: nos narró ʿAmr ibn Ḥammād, dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī.
La disertación sobre la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—:
«Degollaban a vuestros hijos y dejaban con vida a vuestras mujeres».
Dijo Abū Jaʿfar: Dios —Glorificado sea— atribuyó lo que la gente de Faraón hizo a los hijos de Israel —infligirles el peor castigo, degollar a sus hijos y dejar con vida a sus mujeres— a la gente de Faraón, y no a Faraón, aunque lo que hicieron lo hicieron por la fuerza de Faraón y por su orden, por ser ellos quienes lo ejecutaban con sus propias manos. Con ello dejó claro que todo aquel que ejecuta directamente la muerte de un alma o el tormento de un viviente por sí mismo, aunque sea por orden de otro, es el agente que merece que se le atribuya tal acto, aunque la orden constriña al ejecutor ordenado: sea la autoridad un sultán, o un ladrón salteador, o un usurpador libertino. Así atribuyó —Glorificado sea— el degüello de los hijos de los hijos de Israel y el dejar con vida a sus mujeres a la gente de Faraón, y no a Faraón, aunque por la fuerza de Faraón y su orden hicieron lo que hicieron, con su dominio y coerción sobre ellos. Del mismo modo, todo el que mata a un alma por orden de otro, injustamente, es —según nosotros— quien debe ser ejecutado en represalia, aunque la haya matado por coacción de otro que lo forzó a matarla.
En cuanto a la interpretación de su degüello de los hijos de los hijos de Israel y su dejar con vida a sus mujeres, fue —según lo que se nos ha mencionado de Ibn ʿAbbās y otros— como lo que:
Nos lo narraron al-ʿAbbās ibn al-Walīd al-Amlī y Tamīm ibn al-Muntaṣir al-Wāsiṭī; dijeron: nos narró Yazīd ibn Hārūn, dijo: nos informó al-Aṣbagh ibn Zayd, dijo: nos narró al-Qāsim ibn Ayyūb, dijo: nos narró Saʿīd ibn Jubayr, de Ibn ʿAbbās, dijo: Faraón y sus cortesanos recordaron lo que Dios había prometido a Abraham, Su íntimo, de poner en su descendencia profetas y reyes; y deliberaron y acordaron unánimemente enviar hombres con cuchillas, que recorrieran a los hijos de Israel, y que no encontrasen recién nacido varón sin degollarlo. Y lo hicieron. Luego, cuando vieron que los mayores de los hijos de Israel morían por sus plazos, y que los pequeños eran degollados, dijo: estáis a punto de exterminar a los hijos de Israel, y acabaréis teniendo que encargaros vosotros mismos de los trabajos y del servicio de los que ellos os eximían. Matad, pues, durante un año a todo recién nacido varón, para que disminuyan sus hijos, y dejadlos un año. Así, la madre de Moisés concibió a Aarón en el año en que no se degollaba a los niños, y lo dio a luz abiertamente; y cuando llegó el año siguiente, concibió a Moisés.
Y nos narró ʿAbd al-Karīm ibn al-Haytham, dijo: nos narró Ibrāhīm ibn Bashshār al-Ramādī, dijo: nos narró Sufyān ibn ʿUyayna, dijo: nos narró Abū Saʿīd, de ʿIkrima, de Ibn ʿAbbās, dijo: los sacerdotes dijeron a Faraón: en este año nacerá un recién nacido que hará desaparecer tu reino. Dijo: entonces Faraón puso, por cada mil mujeres, cien hombres; y por cada cien, diez; y por cada diez, un hombre, y dijo: observad a toda mujer embarazada en la ciudad; cuando dé a luz, miradlo: si es varón, degolladlo; y si es hembra, dejadla. Y eso es Su dicho: «degollaban a vuestros hijos y dejaban con vida a vuestras mujeres; y en ello hay para vosotros una gran prueba de vuestro Señor».
Me lo narró al-Muthannā ibn Ibrāhīm, dijo: nos narró Ādam, dijo: nos narró Abū Jaʿfar, de al-Rabīʿ, de Abū al-ʿĀliya, acerca de Su dicho: «Y cuando os salvamos de la gente de Faraón, os infligían el peor castigo», dijo: Faraón los gobernó cuatrocientos años. Y los sacerdotes dijeron: este año nacerá en Egipto un muchacho por cuyas manos será tu perdición. Entonces envió entre la gente de Egipto mujeres parteras; si una mujer daba a luz un varón, lo llevaban a Faraón y él lo mataba, y dejaba con vida a las esclavas jóvenes.
Y me lo narró al-Muthannā, dijo: nos narró Isḥāq ibn al-Ḥajjāj, dijo: nos narró ʿAbd Allāh ibn Abī Jaʿfar, de su padre, de al-Rabīʿ ibn Anas, acerca de Su dicho: «Y cuando os salvamos de la gente de Faraón», la aleya, dijo: Faraón los gobernó cuatrocientos años; y le vino un visitante y le dijo: surgirá en Egipto un muchacho de los hijos de Israel que prevalecerá sobre ti y por cuyas manos será tu perdición. Entonces envió mujeres en Egipto; y mencionó algo semejante al ḥadiz de Ādam.
Y me lo narró Mūsā ibn Hārūn, dijo: nos narró ʿAmr ibn Ḥammād, dijo: nos narró Asbāṭ ibn Naṣr, de al-Suddī, dijo: fue asunto de Faraón que vio en sueños que un fuego venía de Bayt al-Maqdis hasta abarcar las casas de Egipto: quemó a los coptos y dejó a los hijos de Israel, y arruinó las casas de Egipto. Entonces convocó a los magos, sacerdotes, adivinos, fisonomistas y augures, y les preguntó por su sueño. Le dijeron: saldrá de esa tierra de la que vinieron los hijos de Israel —se refieren a Bayt al-Maqdis— un hombre en cuyo rostro estará la perdición de Egipto. Entonces ordenó respecto de los hijos de Israel que no les naciera un niño varón sin que lo degollaran, y que no les naciera una niña sin que la dejaran. Y dijo a los coptos: mirad a vuestros siervos que trabajan fuera y hacedlos entrar, y haced que los hijos de Israel se encarguen de esos trabajos inmundos. Así puso a los hijos de Israel en los trabajos de sus muchachos, e hicieron entrar a sus muchachos. Y eso es cuando Dios —Bendito y Exaltado sea— dice: «En verdad, Faraón se ensoberbeció en la tierra», es decir: se tiranizó en la tierra; «e hizo a sus gentes en facciones», es decir, a los hijos de Israel, cuando los puso en los trabajos inmundos; «debilitaba a un grupo de ellos: degollaba a sus hijos». Así, no nacía a los hijos de Israel recién nacido sin que lo degollaran, de modo que el pequeño no crecía. Y Dios arrojó la muerte entre los ancianos de los hijos de Israel, y se aceleró entre ellos. Entonces entraron los jefes de los coptos ante Faraón y le hablaron, y dijeron: a estos les ha sobrevenido la muerte; pronto recaerá el trabajo sobre nuestros muchachos, pues degollas a sus hijos: los pequeños no alcanzan a crecer y los mayores se extinguen. Si conservaras a algunos de sus hijos... Entonces ordenó que se degollara un año y se dejara un año. Así, en el año en que no degollaban nació Aarón, y lo dejaron; y en el año en que degollaban, concibió a Moisés.
Nos narró Muḥammad ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Salama, de Ibn Isḥāq, dijo: se me mencionó que, cuando se aproximó el tiempo de Moisés, vinieron a él los astrólogos de Faraón y sus adivinos, y le dijeron: sabes que hallamos en nuestro conocimiento que se cierne sobre ti el tiempo en que nacerá un recién nacido de los hijos de Israel: te arrebatará tu reino, prevalecerá sobre tu autoridad, te sacará de tu tierra y cambiará tu religión. Cuando le dijeron eso, ordenó matar a todo recién nacido varón que naciera de los hijos de Israel, y ordenó que las mujeres fueran dejadas con vida. Reunió a las parteras de las mujeres de su reino y les dijo: no caiga en vuestras manos un niño varón de los hijos de Israel sin que lo matéis. Y ellas lo hacían. Y, además de eso, degollaba a los niños varones, y ordenaba que se torturara a las embarazadas hasta que abortaran lo que llevaban en sus vientres.
Nos narró Ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Salama, de Muḥammad ibn Isḥāq, de ʿAbd Allāh ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid, dijo: se ha mencionado que ordenaba traer cañas y partirlas hasta hacerlas como cuchillas; luego las alineaba unas junto a otras; después traían a las embarazadas de los hijos de Israel y las hacían ponerse sobre ellas, y les cortaban los pies, hasta el punto de que una de ellas expulsaba a su hijo y caía entre sus piernas, y seguía pisándolo para proteger con él la agudeza de la caña de su pierna, por el extremo agotamiento al que había llegado. Hasta que se excedió en ello y estuvo a punto de exterminarlos. Entonces se le dijo: has exterminado a la gente y has cortado la descendencia, siendo ellos tus dependientes y tus trabajadores. Así ordenó que se matara a los niños varones un año y se dejara con vida un año. Nació Aarón en el año en que se dejaba con vida a los niños varones, y nació Moisés en el año en que se mataba.
Dijo Abū Jaʿfar: lo que dijeron quienes hemos mencionado —de la gente del saber— acerca de que la gente de Faraón degollaba a los hijos de los hijos de Israel y dejaba con vida a sus mujeres: la interpretación de Su dicho, conforme a lo que interpretaron aquellos cuyas palabras hemos mencionado, es: «y dejaban con vida a vuestras mujeres»: las preservaban, no las mataban.
Y, según la interpretación de quienes sostuvieron lo que hemos mencionado de Ibn ʿAbbās, Abū al-ʿĀliya, al-Rabīʿ ibn Anas y al-Suddī acerca de Su dicho: «y dejaban con vida a vuestras mujeres», esto es, que dejaban a las hembras sin matarlas al nacer, se sigue que sería lícito llamar «mujer» a la niña hembra en su infancia y tras su nacimiento, y que las niñas pequeñas —siendo infantes— son «mujeres», porque interpretaron el dicho de Dios —Glorificado y Exaltado—: «y dejaban con vida a vuestras mujeres» como: preservaban a las hembras de los recién nacidos en el momento del parto y no las mataban.
Ibn Jurayj reprobó eso de sus palabras, y dijo lo que:
Nos lo narró al-Qāsim ibn al-Ḥasan, dijo: nos narró al-Ḥusayn ibn Dāwūd, dijo: me narró Ḥajjāj, de Ibn Jurayj, acerca de Su dicho: «y dejaban con vida a vuestras mujeres», dijo: esclavizaban a vuestras mujeres.
Con esta afirmación, Ibn Jurayj se apartó de lo que dijeron quienes hemos mencionado acerca de Su dicho: «y dejaban con vida a vuestras mujeres», que era el dejar con vida a las niñas infantes; dijo: pues no las hallamos comprendidas bajo el nombre de «mujeres». Luego entró en algo aún más grave que aquello que reprobó, al interpretar «y dejaban con vida» como «esclavizaban», interpretación que no existe en lengua árabe ni en lengua extranjera; porque «istihyā’» no es sino una forma derivada de «vida», análoga a «istibqā’» de «permanencia» y «istisqā’» de «dar de beber», y está completamente apartada del sentido de «esclavización».
Otros dijeron: Su dicho «degollaban a vuestros hijos» significa: degollaban a vuestros hombres, padres de vuestros hijos. Y negaron que los degollados fueran los niños, pues se los mencionó junto a las mujeres. Dijeron: en la información de Dios —Glorificado sea— de que las preservadas eran las mujeres hay una indicación clara de que los degollados eran los hombres y no los niños; porque si los degollados fueran los niños, habría sido necesario que las preservadas fueran las niñas. Dijeron: y en la información de Dios —Poderoso y Majestuoso— de que eran las mujeres hay lo que muestra que los degollados eran los hombres. Pero quienes sostuvieron esta opinión —además de apartarse de la interpretación de los intérpretes entre los Compañeros y los Seguidores— pasaron por alto el lugar de lo correcto. Pues Dios —Glorificado sea— informó acerca de Su revelación a la madre de Moisés: que le ordenó amamantar a Moisés, y que, si temía por él, lo pusiera en el arca y luego lo arrojara al río. Se sabe, por ello, que si aquella gente sólo mataba a los hombres y dejaba a las mujeres, la madre de Moisés no habría necesitado arrojar a Moisés al río; o, si Moisés hubiera sido un hombre, su madre no lo habría puesto en el arca. Así, para nosotros, esto es conforme a lo que interpretó Ibn ʿAbbās y quienes hemos transmitido antes: que la gente de Faraón degollaba a los niños varones y dejaba a las niñas sin matarlas.
Y sólo se dijo: «y dejaban con vida a vuestras mujeres» porque las niñas estaban incluidas junto con sus madres, y sus madres —sin duda— son mujeres en el hecho de ser preservadas, ya que no mataban ni a las pequeñas de las mujeres ni a las mayores. Por eso se dijo: «y dejaban con vida a vuestras mujeres», queriendo con ello a las que daban a luz y a las nacidas, del mismo modo que se dice: «han llegado los hombres», aunque entre ellos haya niños. Así también Su dicho: «y dejaban con vida a vuestras mujeres». En cuanto a los varones, como sólo se degollaba a los recién nacidos, se dijo: «degollaban a vuestros hijos», y no se dijo: «degollaban a vuestros hombres».
La disertación sobre la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—:
«Y en ello hay para vosotros una gran prueba de vuestro Señor».
En cuanto a Su dicho: «Y en ello hay para vosotros una gran prueba de vuestro Señor», significa: y en lo que hicimos con vosotros —al salvaros de aquello en lo que estabais, del castigo de la gente de Faraón contra vosotros, como he descrito— hay para vosotros una gran prueba de vuestro Señor.
Y con Su dicho «prueba (balā’)» quiere decir: gracia.
Como:
Me lo narró al-Muthannā ibn Ibrāhīm, dijo: nos narró Abū Ṣāliḥ, dijo: me narró Muʿāwiya ibn Ṣāliḥ, de ʿAlī ibn Abī Ṭalḥa, de Ibn ʿAbbās acerca de Su dicho: «una gran prueba de vuestro Señor», dijo: una gracia.
Y me lo narró Mūsā ibn Hārūn, dijo: nos narró ʿAmr ibn Ḥammād, dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī, acerca de Su dicho: «Y en ello hay para vosotros una gran prueba de vuestro Señor»: en cuanto a la prueba, es la gracia.
Y nos narró Sufyān, dijo: nos narró mi padre, de Sufyān, de un hombre, de Mujāhid: «Y en ello hay para vosotros una gran prueba de vuestro Señor», dijo: una gracia grande de vuestro Señor.
Me lo narró al-Muthannā, dijo: nos narró Abū Ḥudhayfa, dijo: nos narró Shibl, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid, semejante al ḥadiz de Sufyān.
Me lo narró al-Qāsim, dijo: nos narró al-Ḥusayn, dijo: me narró Ḥajjāj, de Ibn Jurayj: «Y en ello hay para vosotros una gran prueba de vuestro Señor», dijo: una gracia grande.
El origen de «balā’» en el habla de los árabes es: la prueba y el examen; luego se usa para el bien y para el mal, porque el examen y la prueba pueden ser por el bien como pueden ser por el mal. Como dijo Dios —Glorificado sea—: «Y los probamos con las buenas y las malas [cosas], para que regresaran», es decir: los examinamos. Y como dijo —Glorificado sea—: «Y os probamos con el mal y con el bien, como tentación». Luego los árabes llaman al bien «prueba» y al mal «prueba»; si bien lo más frecuente en el mal es decir: «balawtuhu abluwuhu balā’an»; y en el bien: «ablaytuhu ublīhi iblā’an wa-balā’an». Y de ello es el dicho de Zuhayr ibn Abī Sulmā:
«Que Dios recompense con benevolencia lo que hicieron con vosotros *** y les conceda la mejor de las pruebas con que prueba»
Así reunió entre las dos expresiones porque quiso decir: que Dios les otorgue la mejor de las gracias con las que pone a prueba a Sus siervos.
Notas y Referencias
(No se generaron)