2

La Vaca

البقرة Al-Baqarah
Aya 36

Versículo (Español)

[2:36] Pero el demonio los hizo caer [en la desobediencia] apartándolos de la situación [agradable] en la que se encontraban. Y les dije: "¡Desciendan! Serán enemigos unos de otros; y en la Tierra encontrarán una morada y deleite temporal".

Tafsir de At-Tabari

{فَأَزَلَّهُمَا ٱلشَّيۡطَٰنُ عَنۡهَا فَأَخۡرَجَهُمَا مِمَّا كَانَا فِيهِۖ وَقُلۡنَا ٱهۡبِطُواْ بَعۡضُكُمۡ لِبَعۡضٍ عَدُوّٞۖ وَلَكُمۡ فِي ٱلۡأَرۡضِ مُسۡتَقَرّٞ وَمَتَٰعٌ إِلَىٰ حِينٖ} (36) La disertación sobre la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—:

{ فَأَزَلّهُمَا الشّيْطَانُ عَنْهَا فَأَخْرَجَهُمَا مِمّا كَانَا فِيهِ وَقُلْنَا اهْبِطُواْ بَعْضُكُمْ لِبَعْضٍ عَدُوّ وَلَكُمْ فِي الأرْضِ مُسْتَقَرّ وَمَتَاعٌ إِلَىَ حِينٍ }

Dijo Abū Jaʿfar: Los recitadores discreparon respecto a la lectura de ello. La mayoría lo recitó: «fa-azallahumā» con geminación de la lām, con el sentido de: los hizo resbalar (istazallahumā), a partir de tu dicho: «zalla el hombre en su religión» cuando en ella tropieza y yerra, y comete lo que no le es lícito cometer en ella; y «azallahu» otro, cuando le ocasiona aquello por lo cual resbala, en su religión o en su vida mundana. Por eso —Dios, Exaltado sea Su recuerdo— atribuyó a Iblīs la salida de Adán y de su esposa del Paraíso, diciendo: «fa-ajrajahumā», es decir: Iblīs los sacó de aquello en lo que estaban, porque él fue quien les causó el pecado por el cual Dios los castigó expulsándolos del Paraíso.

Y otros lo recitaron: «fa-azālahumā», con el sentido de apartar una cosa de otra, esto es, separarla de ella.

Se transmitió de Ibn ʿAbbās, acerca de la interpretación de Su dicho «fa-azallahumā», lo siguiente:

Nos narró al-Qāsim; dijo: nos narró al-Ḥusayn; dijo: me narró Ḥajjāj, de Ibn Jurayj; dijo: Ibn ʿAbbās dijo, acerca de la interpretación de Su dicho —Exaltado sea— «fa-azallahumā al-shayṭān»: «los extravió».

La lectura más correcta de las dos, para nosotros, es la de quien recitó: «fa-azallahumā», porque Dios —Majestuoso sea Su elogio— informó en la letra que le sigue que Iblīs los sacó de aquello en lo que estaban, y ese es el sentido de «fa-azālahumā». No hay, pues, razón —si el sentido de «izāla» es el de apartar y sacar— para que se diga: «fa-azālahumā al-shayṭān ʿanhā fa-ajrajahumā mimmā kānā fīhi», quedando como si dijera: «fa-azālahumā al-shayṭān ʿanhā fa-azālahumā mimmā kānā fīhi». Antes bien, el sentido entendido es que se diga: Iblīs los hizo resbalar de la obediencia a Dios, como dijo —Majestuoso sea—: «fa-azallahumā al-shayṭān», y así lo recitaron los recitadores; y, por haberlos hecho resbalar, los sacó del Paraíso.

Y si alguien nos dijera: ¿Cómo fue el hacer resbalar de Iblīs a Adán y a su esposa, hasta que se le atribuyó a él su expulsión del Paraíso? Se dirá: Los sabios han dicho sobre ello diversas opiniones; mencionaremos algunas. Se transmitió de Wahb b. Munabbih al respecto lo siguiente:

Nos lo narró al-Ḥasan b. Yaḥyā; dijo: nos informó ʿAbd al-Razzāq; dijo: nos informó ʿUmar b. ʿAbd al-Raḥmān b. Muhrib; dijo: oí a Wahb b. Munabbih decir: Cuando Dios alojó a Adán y a su descendencia —o a su esposa; la duda es de Abū Jaʿfar, y en el original de su libro dice: «y su descendencia»— y le prohibió el árbol —y era un árbol cuyas ramas se entrelazaban unas con otras—, y tenía un fruto que comían los ángeles por su perpetuidad; y ese era el fruto que Dios prohibió a Adán y a su esposa. Cuando Iblīs quiso hacerlos resbalar, entró en el vientre de la serpiente; y la serpiente tenía cuatro patas, como si fuera una camella bactriana, de las más hermosas bestias que Dios creó. Cuando la serpiente entró en el Paraíso, Iblīs salió de su vientre, tomó del árbol que Dios había prohibido a Adán y a su esposa, y lo llevó a Ḥawwāʾ, diciéndole: «Mira este árbol: qué fragancia más agradable, qué sabor más delicioso y qué color más hermoso». Ḥawwāʾ tomó y comió de él; luego lo llevó a Adán y le dijo: «Mira este árbol: qué fragancia más agradable, qué sabor más delicioso y qué color más hermoso». Adán comió de él, y se les hicieron patentes sus vergüenzas. Adán entró en el interior del árbol, y su Señor lo llamó: «¡Adán! ¿Dónde estás?». Dijo: «Aquí estoy, Señor». Dijo: «¿No sales?». Dijo: «Me avergüenzo de Ti, Señor». Dijo: «Maldita sea la tierra de la que fuiste creado: una maldición por la cual su fruto se transformará en espinas». Dijo: «Y no había en el Paraíso ni en la tierra árbol mejor que el ṭalḥ y el sidr». Luego dijo: «¡Ḥawwāʾ! Tú fuiste quien engañó a Mi siervo: no llevarás embarazo alguno sino a disgusto; y cuando quieras dar a luz lo que hay en tu vientre, te asomarás a la muerte repetidas veces». Y dijo a la serpiente: «Tú fuiste aquella en cuyo vientre entró el maldito hasta engañar a Mi siervo. Maldita seas con una maldición por la cual tus patas se transformarán en tu vientre; y no tendrás sustento sino el polvo. Eres enemiga de los hijos de Adán, y ellos son tus enemigos: donde encuentres a uno de ellos, lo tomarás por el talón; y donde él te encuentre, te aplastará la cabeza».

Dijo ʿUmar: Se dijo a Wahb: «¿Y qué comían los ángeles?». Dijo: «Dios hace lo que quiere».

Y se transmitió de Ibn ʿAbbās algo semejante a este relato.

Me narró Mūsā b. Hārūn; dijo: nos narró ʿAmr; dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī, en un informe que mencionó de Abū Mālik, y de Abū Ṣāliḥ, de Ibn ʿAbbās, y de Murra, de Ibn Masʿūd, y de gente de los compañeros del Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz—: Cuando Dios dijo a Adán: «Habita tú y tu esposa el Paraíso, y comed de él con holgura donde queráis, pero no os acerquéis a este árbol, no sea que seáis de los injustos», Iblīs quiso entrar en el Paraíso para llegar a ellos, pero los guardianes se lo impidieron. Entonces acudió a la serpiente, que era una bestia de cuatro patas, como si fuera un camello, y de las más hermosas bestias; le habló para que lo introdujera en su boca y así entrara con él hasta Adán. Ella lo introdujo en su boca; la serpiente pasó junto a los guardianes y entró sin que ellos lo supieran, por lo que Dios quiso del asunto. Les habló desde su boca, pero no prestaron atención a sus palabras. Luego salió hacia él y dijo: «¡Adán! ¿He de indicarte el Árbol de la Eternidad y un reino que no se marchita?», es decir: «¿He de indicarte un árbol que, si comes de él, serás un rey como Dios —Poderoso y Majestuoso—, o seréis de los inmortales, y no moriréis jamás?». Y les juró por Dios: «En verdad, yo soy para vosotros dos de los consejeros sinceros». Con ello solo pretendía mostrarles lo que se les ocultaba de sus vergüenzas, desgarrando su vestidura. Él sabía que tenían vergüenza por lo que leía en los libros de los ángeles, pero Adán no lo sabía; y su vestidura era la uña. Adán rehusó comer de él; entonces Ḥawwāʾ se adelantó y comió, y luego dijo: «¡Adán! Come, pues yo he comido y no me ha perjudicado». Cuando Adán comió, «se les hicieron patentes sus vergüenzas, y comenzaron a coser sobre sí hojas del Paraíso».

Y se narró de ʿAmmār b. al-Ḥasan; dijo: nos narró Ibn Abī Jaʿfar, de su padre, de al-Rabīʿ; dijo: me narró un transmisor que el demonio entró en el Paraíso con la forma de una bestia con patas; se creía que era un camello. Dijo: fue maldita, y se le cayeron las patas, y se convirtió en serpiente.

Y se narró de ʿAmmār; dijo: nos narró Ibn Abī Jaʿfar, de su padre, de al-Rabīʿ; dijo: y me narró Abū al-ʿĀliya que entre los camellos hay algunos cuyo origen primero fue de los yinn. Dijo: se les permitió todo el Paraíso excepto el árbol, y se les dijo: «No os acerquéis a este árbol, no sea que seáis de los injustos». Dijo: entonces el demonio acudió a Ḥawwāʾ y comenzó por ella, diciéndole: «¿Se os ha prohibido algo?». Dijo: «Sí, este árbol». Dijo: «Vuestro Señor no os ha prohibido este árbol sino para que no seáis dos ángeles o no seáis de los inmortales». Dijo: Ḥawwāʾ comenzó y comió de él; luego ordenó a Adán y comió de él. Dijo: era un árbol tal que quien comía de él tenía una evacuación. Dijo: y no conviene que haya evacuación en el Paraíso. Dijo: «fa-azallahumā al-shayṭān ʿanhā fa-ajrajahumā mimmā kānā fīhi», es decir: sacó a Adán del Paraíso.

Y nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Salama; dijo: nos narró Ibn Isḥāq, de algunos hombres de conocimiento: que Adán, cuando entró en el Paraíso y vio la nobleza que había en él y lo que Dios le concedió allí, dijo: «Si hubiera perpetuidad…». El demonio se aprovechó de ello cuando lo oyó, y se le acercó por el lado de la perpetuidad.

Y nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Salama, de Ibn Isḥāq; dijo: se me transmitió que lo primero con que comenzó su ardid contra ambos fue que gimió sobre ellos con un lamento que los entristeció cuando lo oyeron. Le dijeron: «¿Qué te hace llorar?». Dijo: «Lloro por vosotros: moriréis y os separaréis de la dicha y la nobleza en que estáis». Eso se asentó en sus almas. Luego se les acercó y les susurró, diciendo: «¡Adán! ¿He de indicarte el Árbol de la Eternidad y un reino que no se marchita?», y dijo: «Vuestro Señor no os ha prohibido este árbol sino para que no seáis dos ángeles o no seáis de los inmortales». Y les juró: «En verdad, yo soy para vosotros dos de los consejeros sinceros», es decir: «seréis dos ángeles, o seréis perpetuos si no sois dos ángeles, en la dicha del Paraíso, y no moriréis». Dice Dios —Majestuoso sea Su elogio—: «Y los hizo caer mediante engaño».

Y me narró Yūnus b. ʿAbd al-Aʿlā; dijo: nos informó Ibn Wahb; dijo: Ibn Zayd dijo: El demonio susurró a Ḥawwāʾ en el árbol hasta que se lo llevó a ella; luego lo embelleció ante los ojos de Adán. Dijo: Adán la llamó por su necesidad. Ella dijo: «No, a menos que vengas aquí». Cuando él vino, ella dijo: «No, a menos que comas de este árbol». Dijo: comieron de él y se les hicieron patentes sus vergüenzas. Dijo: Adán se fue huyendo por el Paraíso, y su Señor lo llamó: «¡Adán! ¿De Mí huyes?». Dijo: «No, Señor, sino por pudor ante Ti». Dijo: «¡Adán! ¿Por dónde fuiste alcanzado?». Dijo: «Por parte de Ḥawwāʾ, Señor». Entonces Dios dijo: «Sobre ella recae de Mi parte que la haga sangrar una vez cada mes, como hice sangrar este árbol; y que la haga necia, pues la había creado sensata; y que lleve el embarazo a disgusto y dé a luz a disgusto, pues había hecho que llevara con facilidad y diera a luz con facilidad».

Dijo Ibn Zayd: Si no fuera por la aflicción que alcanzó a Ḥawwāʾ, las mujeres del mundo no menstruarían, sino que serían sensatas, y llevarían con facilidad y darían a luz con facilidad.

Y nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Salama, de Muḥammad b. Isḥāq, de Yazīd b. ʿAbd Allāh b. Qusayṭ, de Saʿīd b. al-Musayyib; dijo: lo oí jurar por Dios, sin hacer excepción, que Adán no comió del árbol estando en pleno uso de razón; sino que Ḥawwāʾ le dio de beber vino, y cuando se embriagó lo condujo hasta él y comió.

Y nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Salama, de Ibn Isḥāq, de Layth b. Abī Sulaym, de Ṭāwūs al-Yamānī, de Ibn ʿAbbās; dijo: El enemigo de Dios, Iblīs, se ofreció a las bestias de la tierra para que lo llevaran y entrara con ellas en el Paraíso y hablara con Adán y su esposa; todas las bestias se negaron, hasta que habló con la serpiente y le dijo: «Te protegeré de los hijos de Adán; estás bajo mi garantía si me introduces en el Paraíso». Entonces lo colocó entre dos colmillos de sus colmillos y entró con él. Les habló desde su interior; y ella estaba cubierta y caminaba sobre cuatro patas. Dios la despojó y la hizo caminar sobre su vientre. Dijo: Ibn ʿAbbās decía: «Matadla donde la encontréis; quebrantad en ella la garantía del enemigo de Dios».

Y nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Salama; dijo: Ibn Isḥāq dijo: La gente de la Torá estudia que quien habló con Adán fue la serpiente, y no explicaron como la explicación de Ibn ʿAbbās.

Y nos narró al-Qāsim; dijo: nos narró al-Ḥusayn; dijo: me narró Ḥajjāj, de Abū Maʿshar, de Muḥammad b. Qays; dijo: Dios prohibió a Adán y a Ḥawwāʾ comer de un solo árbol en el Paraíso, y les permitió comer de él con holgura donde quisieran. Entonces vino el demonio, entró en el vientre de la serpiente, habló con Ḥawwāʾ y susurró a Adán, diciendo: «Vuestro Señor no os ha prohibido este árbol sino para que no seáis dos ángeles o no seáis de los inmortales; y les juró: en verdad, yo soy para vosotros dos de los consejeros sinceros». Dijo: Ḥawwāʾ mordió el árbol, el árbol sangró, y se les cayeron las plumas (riāsh) que tenían sobre sí; y comenzaron a coser sobre sí hojas del Paraíso. Y su Señor los llamó: «¿Acaso no os prohibí ese árbol y os dije: en verdad, el demonio es para vosotros dos un enemigo manifiesto? ¿Por qué lo comiste, cuando te lo había prohibido?». Dijo: «Señor, Ḥawwāʾ me alimentó». Dijo a Ḥawwāʾ: «¿Por qué lo alimentaste?». Dijo: «La serpiente me lo ordenó». Dijo a la serpiente: «¿Por qué se lo ordenaste?». Dijo: «Iblīs me lo ordenó». Dijo: «Maldito, rechazado. En cuanto a ti, Ḥawwāʾ: así como hiciste sangrar el árbol, sangrarás en cada luna nueva. Y en cuanto a ti, serpiente: cortaré tus patas y caminarás arrastrándote sobre tu rostro; y quien te encuentre te aplastará la cabeza con una piedra. Descended: unos para otros, enemigos».

Dijo Abū Jaʿfar: Hemos transmitido estos relatos de quienes los transmitimos —de los Compañeros, los Seguidores y otros— acerca de la descripción de cómo Iblīs, enemigo de Dios, hizo resbalar a Adán y a su esposa hasta sacarlos del Paraíso.

Lo más conforme a la verdad, para nosotros, es aquello que concuerda con el Libro de Dios. Dios —Exaltado sea Su recuerdo— informó acerca de Iblīs que susurró a Adán y a su esposa para mostrarles lo que se les ocultaba de sus vergüenzas; y que les dijo: «Vuestro Señor no os ha prohibido este árbol sino para que no seáis dos ángeles o no seáis de los inmortales»; y que les juró: «En verdad, yo soy para vosotros dos de los consejeros sinceros», haciéndolos caer mediante engaño. En Su información —Majestuoso sea— acerca del enemigo de Dios, de que juró a Adán y a su esposa diciéndoles: «En verdad, yo soy para vosotros dos de los consejeros sinceros», hay una prueba clara de que él mismo se dirigió a ambos con su palabra: ya sea manifiesto ante sus ojos, o bien oculto en otro. Pues no es concebible, en el habla de los árabes, que se diga: «fulano qāsama a fulano en tal y tal», si solo le causó una causa por la cual llegó a ello sin jurarle. Y el juramento no se realiza por el mero causar una causa. Así también Su dicho: «fa-waswasa ilayhi al-shayṭān»: si eso hubiera sido de él hacia Adán del modo en que lo es hacia su descendencia —embelleciéndole comer lo que Dios prohibió a Adán comer del árbol, sin dirigirse a él directamente con el discurso por el cual lo hizo resbalar, mediante palabras y artimañas—, entonces el Altísimo no habría dicho: «wa-qāsamahumā innī lakumā la-min al-nāṣiḥīn», del mismo modo que no es admisible que hoy alguien que cometió una desobediencia diga: «Iblīs me juró que era para mí un consejero en aquello con que me embelleció la desobediencia que cometí». Así también lo que ocurrió con Adán y su esposa: si hubiera sido del modo en que hoy ocurre entre Iblīs y la descendencia de Adán, el Altísimo no habría dicho: «wa-qāsamahumā innī lakumā la-min al-nāṣiḥīn». Pero ello fue —si Dios quiere— del modo que dijo Ibn ʿAbbās y quienes sostuvieron su dicho.

En cuanto a la causa de su acceso al Paraíso para hablar con Adán, después de que Dios lo expulsó de él y lo desterró, no hay en lo transmitido de Ibn ʿAbbās y Wahb b. Munabbih un sentido que a quien tenga entendimiento le sea lícito rechazar, pues es una afirmación que no refuta ni la razón ni un reporte cuya veracidad sea obligatoria por una prueba contraria; y es de las cosas posibles. La afirmación al respecto es que él llegó a hablarles como Dios —Majestuoso sea— nos informó; y es posible que llegara a ello de un modo como el que dijeron los intérpretes; más bien, si Dios quiere, así fue, por la convergencia de las palabras de la gente de la interpretación en confirmar eso, aunque Ibn Isḥāq dijo al respecto lo siguiente:

Nos lo narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Salama; dijo: Ibn Isḥāq dijo al respecto —y Dios sabe mejor—, como dijo Ibn ʿAbbās y la gente de la Torá: que llegó a Adán y a su esposa por el poder que Dios le concedió para probar con él a Adán y a su descendencia; y que se acerca al hijo de Adán en su sueño y en su vigilia, y en toda circunstancia de sus estados, hasta alcanzar lo que quiere de él, llamándolo a la desobediencia e infundiendo en su alma el deseo, sin que él lo vea. Dios ha dicho: «fa-waswasa lahumā al-shayṭān fa-ajrajahumā mimmā kānā fīhi». Y dijo: «¡Hijos de Adán! Que el demonio no os tiente como sacó a vuestros padres del Paraíso, arrancándoles su vestidura para mostrarles sus vergüenzas. Él os ve, él y su tribu, desde donde vosotros no los veis. Hemos hecho a los demonios aliados de quienes no creen». Y Dios dijo a Su Profeta —sobre él la oración y la paz—: «Di: me refugio en el Señor de los hombres, el Rey de los hombres…» hasta el final de la sura. Luego mencionó los relatos transmitidos del Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz— de que dijo: «En verdad, el demonio corre por el hijo de Adán como corre la sangre». Dijo Ibn Isḥāq: El asunto del hijo de Adán entre él y el enemigo de Dios es como el asunto entre él y Adán. Dios dijo: «Desciende de ella: no te corresponde ensoberbecerte en ella; sal, pues eres de los humillados». Luego llegó a Adán y a su esposa hasta hablarles, como Dios nos narró de su historia. Dijo: «fa-waswasa ilayhi al-shayṭān qāla yā Ādam hal adulluka ʿalā shajarat al-khuld wa-mulkin lā yablā». Llegó a ambos del modo en que llega a su descendencia, desde donde no lo ven. Y Dios sabe mejor cuál de esas cosas fue; y ambos se arrepintieron ante su Señor.

Dijo Abū Jaʿfar: No hay, en la convicción de Ibn Isḥāq —si hubiera estado convencido en su fuero interno de que Iblīs no llegó a Adán y a su esposa mediante el discurso directo con lo que Dios informó que les dijo y con lo que los interpeló—, nada que permita a quien tenga entendimiento objetar lo que ha llegado como dicho difundido entre la gente de conocimiento, junto con la indicación del Libro sobre la corrección de lo difundido entre ellos; ¿cómo, entonces, con su duda? A Dios pedimos el acierto.

La disertación sobre la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—: «fa-ajrajahumā mimmā kānā fīhi».

Dijo Abū Jaʿfar: En cuanto a la interpretación de Su dicho: «fa-ajrajahumā», significa: el demonio sacó a Adán y a su esposa de aquello en lo que estaban; es decir, de la vida holgada en el Paraíso y de la amplitud de su deleite en la que se hallaban. Ya hemos aclarado que Dios —Majestuoso sea— atribuyó su expulsión del Paraíso al demonio, aunque Dios es quien los expulsó, porque su salida de él fue por una causa procedente del demonio; se le atribuyó por haberla ocasionado, como cuando alguien dice a un hombre de quien le llegó un daño hasta que, por su causa, se trasladó del lugar donde vivía: «Nadie me ha movido de mi lugar sino tú». No fue él quien lo movió, pero como su traslado fue por una causa suya, fue lícito atribuírselo.

La disertación sobre la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—: «wa-qulnā ihbiṭū baʿḍukum li-baʿḍin ʿaduww».

Dijo Abū Jaʿfar: Se dice: «habata fulān arḍa kadhā wa-wādī kadhā» cuando se instala allí, como dijo el poeta:

ما زِلْتُ أرْمُقُهُمْ حَتّى إذَا هَبَطَت *** ْأيْدِي الرّكابِ بِهِمْ مِنْ رَاكسٍ فَلَقا

Este dicho de Dios —Majestuoso sea— esclarece la corrección de lo que dijimos: que quien sacó a Adán del Paraíso fue Dios —Glorificado sea—, y que la atribución a Iblīs de lo que se le atribuyó de su expulsión fue como lo describimos. Indica también que el descenso de Adán, su esposa y su enemigo Iblīs ocurrió en un mismo momento, por haberlos reunido Dios en el relato de su descenso, después de lo que hubo del pecado de Adán y su esposa y de que Iblīs se lo ocasionara, según lo describió nuestro Señor —Glorificado sea Su recuerdo— acerca de ellos.

Los intérpretes discreparon sobre el sentido de Su dicho «ihbiṭū», pese a su consenso en que Adán y su esposa están entre los aludidos.

Nos narró Sufyān b. Wakīʿ; dijo: nos narró Abū Usāma, de Abū ʿAwāna, de Ismāʿīl b. Sālim, de Abū Ṣāliḥ: «ihbiṭū baʿḍukum li-baʿḍin ʿaduww», dijo: Adán, Ḥawwāʾ, Iblīs y la serpiente.

Nos narraron Ibn Wakīʿ y Mūsā b. Hārūn; dijeron: nos narró ʿAmr b. Ḥammād; dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī: «ihbiṭū baʿḍukum li-baʿḍin ʿaduww», dijo: maldijo a la serpiente, le cortó las patas y la dejó caminar sobre su vientre, e hizo su sustento del polvo; e hizo descender a la tierra a Adán, Ḥawwāʾ, Iblīs y la serpiente.

Y me narró Muḥammad b. ʿAmr; dijo: nos narró Abū ʿĀṣim; dijo: nos narró ʿĪsā b. Maymūn, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid, sobre el dicho de Dios: «ihbiṭū baʿḍukum li-baʿḍin ʿaduww», dijo: Adán, Iblīs y la serpiente.

Y me narró al-Muthannā b. Ibrāhīm; dijo: nos narró Abū Ḥudhayfa; dijo: nos narró Shibl, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid: «ihbiṭū baʿḍukum li-baʿḍin ʿaduww»: Adán, Iblīs y la serpiente; la descendencia de unos es enemiga de la descendencia de otros.

Y nos narró al-Qāsim; dijo: nos narró al-Ḥusayn; dijo: me narró Ḥajjāj, de Ibn Jurayj, de Mujāhid: «baʿḍukum li-baʿḍin ʿaduww», dijo: Adán y su descendencia, e Iblīs y su descendencia.

Y nos narró al-Muthannā; dijo: nos narró Ādam b. Abī Iyās; dijo: nos narró Abū Jaʿfar, de al-Rabīʿ, de Abū al-ʿĀliya, sobre Su dicho: «baʿḍukum li-baʿḍin ʿaduww», dijo: se refiere a Iblīs y a Adán.

Me narró al-Muthannā; dijo: nos narró Isḥāq; dijo: nos narró ʿUbayd Allāh b. Mūsā, de Isrāʾīl, de al-Suddī, de quien se lo narró, de Ibn ʿAbbās, sobre Su dicho: «ihbiṭū baʿḍukum li-baʿḍin ʿaduww», dijo: unos son enemigos de otros: Adán, Ḥawwāʾ, Iblīs y la serpiente.

Y me narró Yūnus b. ʿAbd al-Aʿlā; dijo: nos narró Ibn Wahb; dijo: me narró ʿAbd al-Raḥmān b. Mahdī, de Isrāʾīl, de Ismāʿīl al-Suddī; dijo: me narró quien oyó a Ibn ʿAbbās decir: «ihbiṭū baʿḍukum li-baʿḍin ʿaduww», dijo: Adán, Ḥawwāʾ, Iblīs y la serpiente.

Y me narró Yūnus; dijo: nos informó Ibn Wahb; dijo: Ibn Zayd dijo sobre Su dicho: «ihbiṭū baʿḍukum li-baʿḍin ʿaduww»: para ambos y para su descendencia.

Dijo Abū Jaʿfar: Si alguien dijera: ¿cuál era la enemistad entre Adán y su esposa, e Iblīs, y la serpiente? Se dirá: En cuanto a la enemistad de Iblīs hacia Adán y su descendencia, es su envidia hacia él y su soberbia al desobedecer a Dios en la postración ante él, cuando dijo a su Señor: «Yo soy mejor que él: me creaste de fuego y lo creaste de barro». En cuanto a la enemistad de Adán y de su descendencia hacia Iblīs, es la enemistad de los creyentes hacia él por su incredulidad en Dios y su desobediencia a su Señor por su soberbia y su oposición a Su mandato; y eso, por parte de Adán y de los creyentes de su descendencia, es fe en Dios. En cuanto a la enemistad de Iblīs hacia Adán, es incredulidad en Dios. Y en cuanto a la enemistad entre Adán y su descendencia y la serpiente, ya mencionamos lo transmitido al respecto de Ibn ʿAbbās y Wahb b. Munabbih; esa es la enemistad que hay entre nosotros y ella, como se transmitió del Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— que dijo: «No hemos estado en paz con ellas desde que les hicimos la guerra; quien deje alguna de ellas por temor a su venganza no es de los nuestros».

Me narró Muḥammad b. ʿAbd Allāh b. ʿAbd al-Ḥakam; dijo: me narró Ḥajjāj b. Rushd; dijo: nos narró Ḥaywa b. Shurayḥ, de Ibn ʿAjlān, de su padre, de Abū Hurayra, del Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— que dijo: «No hemos estado en paz con ellas desde que les hicimos la guerra; quien deje algo de ellas por miedo no es de los nuestros».

Dijo Abū Jaʿfar: Y considero que la guerra que hay entre nosotros tuvo por origen lo que mencionaron nuestros sabios —de quienes ya adelantamos la transmisión— acerca de que ella introdujo a Iblīs en el Paraíso después de que Dios lo expulsara de él, hasta que lo hizo resbalar de la obediencia a su Señor al comer lo que se le prohibió comer del árbol.

Y nos narró Abū Kurayb; dijo: nos narró Muʿāwiya b. Hishām; y me narró Muḥammad b. Khalaf al-ʿAsqalānī; dijo: me narró Ādam; ambos, de Shaybān, de Jābir, de Saʿīd b. Jubayr, de Ibn ʿAbbās; dijo: Se preguntó al Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— sobre matar serpientes, y el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— dijo: «Fue creada, ella y el ser humano, siendo cada uno de los dos enemigo de su compañero: si la ve, lo aterroriza; y si lo muerde, le causa dolor. Mátala donde la encuentres».

La disertación sobre la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—: «wa-lakum fī al-arḍi mustaqarr».

Dijo Abū Jaʿfar: Los intérpretes discreparon sobre su interpretación. Algunos dijeron, según lo siguiente:

Me narró al-Muthannā b. Ibrāhīm; dijo: nos narró Ādam al-ʿAsqalānī; dijo: nos narró Abū Jaʿfar, de al-Rabīʿ, de Abū al-ʿĀliya, sobre Su dicho: «wa-lakum fī al-arḍi mustaqarr», dijo: es Su dicho: «Él es quien os hizo la tierra como lecho».

Y se narró de ʿAmmār b. al-Ḥasan; dijo: nos narró ʿAbd Allāh b. Abī Jaʿfar, de su padre, de al-Rabīʿ, sobre Su dicho: «wa-lakum fī al-arḍi mustaqarr», dijo: es Su dicho: «Hizo para vosotros la tierra como lugar de asentamiento».

Y otros dijeron: Su sentido es: para vosotros en la tierra hay asentamiento en las tumbas. Mención de quienes dijeron eso:

Me narró Mūsā b. Hārūn; dijo: nos narró ʿAmr b. Ḥammād; dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī: «wa-lakum fī al-arḍi mustaqarr», es decir: las tumbas.

Y me narró Yūnus; dijo: nos informó Ibn Wahb; dijo: me narró ʿAbd al-Raḥmān b. Mahdī, de Isrāʾīl, de Ismāʿīl al-Suddī; dijo: me narró quien oyó a Ibn ʿAbbās decir: «wa-lakum fī al-arḍi mustaqarr», dijo: las tumbas.

Y me narró Yūnus; dijo: nos informó Ibn Wahb; dijo: Ibn Zayd dijo: «wa-lakum fī al-arḍi mustaqarr», dijo: su morada en ella.

Dijo Abū Jaʿfar: «Al-mustaqarr» en el habla de los árabes es el lugar del asentamiento. Siendo así, allí donde quien está en la tierra se halla existiendo y residiendo, ese lugar de la tierra es su asentamiento.

Dios —Majestuoso sea— solo quiso decir con ello: que para ellos hay en la tierra un asentamiento y una morada, en sus lugares; en lugar de su asentamiento en el Paraíso y en el cielo. Y así también Su dicho «(wa-matāʿ)» significa que para ellos hay en ella disfrute, en lugar de su disfrute en el Paraíso.

La disertación sobre la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—: «wa-matāʿun ilā ḥīn».

Dijo Abū Jaʿfar: Los intérpretes discreparon sobre su interpretación. Algunos dijeron: para vosotros en ella hay provisión hasta la muerte. Mención de quienes dijeron eso:

Me narró Mūsā b. Hārūn; dijo: nos narró ʿAmr b. Ḥammād; dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī, sobre Su dicho: «wa-matāʿun ilā ḥīn», dijo: provisión hasta la muerte.

Y me narró Yūnus; dijo: nos informó Ibn Wahb; dijo: nos narró ʿAbd al-Raḥmān b. Mahdī, de Isrāʾīl, de Ismāʿīl al-Suddī; dijo: me narró quien oyó a Ibn ʿAbbās: «wa-matāʿun ilā ḥīn», dijo: la vida.

Y otros dijeron: Con Su dicho «wa-matāʿun ilā ḥīn» se refiere a: hasta el establecimiento de la Hora. Mención de quienes dijeron eso:

Me narró al-Muthannā b. Ibrāhīm; dijo: nos narró Abū Ḥudhayfa; dijo: nos narró Shibl, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid: «wa-matāʿun ilā ḥīn», dijo: hasta el Día de la Resurrección, hasta el fin del mundo.

Y otros dijeron: «ilā ḥīn», es decir: hasta un plazo. Mención de quienes dijeron eso:

Y se narró de ʿAmmār b. al-Ḥasan; dijo: nos narró ʿAbd Allāh b. Abī Jaʿfar, de su padre, de al-Rabīʿ: «wa-matāʿun ilā ḥīn», dijo: hasta un plazo.

«Al-matāʿ» en el habla de los árabes es todo aquello de lo que se disfruta: sea sustento del que se vive, o atavío, o adorno, o placer, u otra cosa. Siendo así, y habiendo hecho Dios —Majestuoso sea— la vida de todo viviente un disfrute del que goza durante los días de su vida; y habiendo hecho la tierra para el ser humano un disfrute durante los días de su vida, por su asentamiento sobre ella, su nutrición con lo que Dios hace brotar de ella de alimentos y frutos, y su deleite con lo que creó en ella de placeres; y habiéndola hecho, tras su muerte, receptáculo (kifāt) para su cadáver, y morada y asentamiento para su cuerpo; y siendo que el nombre «matāʿ» abarca todo ello, esa es la interpretación más adecuada de la aleya. Pues Dios —Majestuoso sea— no estableció indicio alguno que señale que pretendiera, con Su dicho «wa-matāʿun ilā ḥīn», una parte excluyendo otra, o algo particular excluyendo lo general, ni por razón ni por transmisión; por ello, debe entenderse en el sentido general, y que la noticia sea también así: hasta un tiempo en que se prolonga el disfrute de los hijos de Adán y de los hijos de Iblīs en ella, esto es, hasta que la tierra sea cambiada por otra tierra. Siendo esa la interpretación más adecuada de la aleya por lo que hemos descrito, entonces es obligatorio que la interpretación de la aleya sea: Antes bien, en la tierra hay para vosotros moradas y viviendas, en las que os asentáis como os asentabais en los cielos y en los jardines, en vuestras moradas de ellos; y disfrute por vuestra parte de ella y de lo que os hace salir de ella, y de lo que os dispone en ella de sustento, atavío, adorno y placeres; y de lo que os concede sobre su superficie durante los días de vuestra vida, y después de vuestra muerte para vuestros sepulcros y vuestras tumbas: seréis enterrados en ella y, mediante vuestro disfrute de ella, llegaréis hasta que os la cambie por otra.

Notas y Referencias

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