2

La Vaca

البقرة Al-Baqarah
Aya 259

Versículo (Español)

[2:259] [No has reparado] en aquel [‘Uzeir] que pasó por una ciudad en ruinas [Jerusalén], y exclamó: "¿Cómo va Dios a darle vida ahora que está en ruinas?" Y entonces, Dios lo hizo morir por cien años y después lo resucitó. Le preguntó [Dios]: "¿Cuánto tiempo has permanecido así?" Respondió: "Un día o menos aún". Dijo [Dios]: "No, has permanecido así cien años, observa tu comida y tu bebida, no se han podrido, pero mira tu asno [del que por el contrario solo quedan sus huesos]. Haremos de ti un signo para la gente. Mira los huesos [de tu asno] cómo los reuní y luego los cubrí de carne [resucitándolo]". Y cuando lo vio con claridad dijo: "Ahora sé que Dios es sobre toda cosa Poderoso".

Tafsir de At-Tabari

{أَوۡ كَٱلَّذِي مَرَّ عَلَىٰ قَرۡيَةٖ وَهِيَ خَاوِيَةٌ عَلَىٰ عُرُوشِهَا قَالَ أَنَّىٰ يُحۡيِۦ هَٰذِهِ ٱللَّهُ بَعۡدَ مَوۡتِهَاۖ فَأَمَاتَهُ ٱللَّهُ مِاْئَةَ عَامٖ ثُمَّ بَعَثَهُۥۖ قَالَ كَمۡ لَبِثۡتَۖ قَالَ لَبِثۡتُ يَوۡمًا أَوۡ بَعۡضَ يَوۡمٖۖ قَالَ بَل لَّبِثۡتَ مِاْئَةَ عَامٖ فَٱنظُرۡ إِلَىٰ طَعَامِكَ وَشَرَابِكَ لَمۡ يَتَسَنَّهۡۖ وَٱنظُرۡ إِلَىٰ حِمَارِكَ وَلِنَجۡعَلَكَ ءَايَةٗ لِّلنَّاسِۖ وَٱنظُرۡ إِلَى ٱلۡعِظَامِ كَيۡفَ نُنشِزُهَا ثُمَّ نَكۡسُوهَا لَحۡمٗاۚ فَلَمَّا تَبَيَّنَ لَهُۥ قَالَ أَعۡلَمُ أَنَّ ٱللَّهَ عَلَىٰ كُلِّ شَيۡءٖ قَدِيرٞ} (259) القول في تأويل قوله تعالى :

{ O como aquel que pasó por una aldea, estando ella desolada sobre sus techumbres, dijo: «¿Cómo dará vida a ésta Dios después de su muerte?». Entonces Dios lo hizo morir cien años; luego lo resucitó. Dijo: «¿Cuánto tiempo has permanecido?». Dijo: «He permanecido un día o parte de un día». Dijo: «No; has permanecido cien años. Mira, pues, tu alimento y tu bebida: no se han alterado. Y mira tu asno; y para que te hagamos un signo para la gente. Y mira los huesos: cómo los levantamos, y luego los revestimos de carne». Y cuando se le hizo evidente, dijo: «Sé que Dios es poderoso sobre toda cosa» }

Con Su dicho —exaltado sea Su recuerdo—: { O como aquel que pasó por una aldea } quiere decir: semejante a aquel a quien se aludió en Su dicho: { ¿No has visto a aquel que disputó con Abraham acerca de su Señor? } como motivo de asombro para Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz—.

Y Su dicho: { O como aquel que pasó por una aldea } es una coordinación con Su dicho: { ¿No has visto a aquel que disputó con Abraham acerca de su Señor? } Y sólo se coordinó Su dicho: { O como aquel } con Su dicho: { a aquel que disputó con Abraham acerca de su Señor } aunque difieran sus formulaciones, por la semejanza de sus significados; pues Su dicho: { ¿No has visto a aquel que disputó con Abraham acerca de su Señor } significa: «¿Has visto, oh Muḥammad, a uno como aquel que disputó con Abraham acerca de su Señor?», y luego se coordinó con ello Su dicho: { O como aquel que pasó por una aldea } porque es propio de los árabes coordinar un enunciado con el significado de otro semejante que lo precedió, aunque su expresión difiera. Y algunos gramáticos de Basora han pretendido que la «kāf» en Su dicho: { O como aquel que pasó por una aldea } es redundante, y que el sentido es: «¿No has visto a aquel que disputó con Abraham, o a aquel que pasó por una aldea?». Ya hemos aclarado anteriormente que no es lícito que en el Libro de Dios haya algo sin significado, lo cual hace innecesario repetirlo en este lugar.

Los exégetas discreparon acerca de quién fue el que pasó por una aldea, estando ella desolada sobre sus techumbres. Unos dijeron: era ʿUzayr. Se mencionan a quienes dijeron eso:

Nos narró Muḥammad b. Baššār; dijo: nos narró ʿAbd al-Raḥmān; dijo: nos narró Sufyān, de Abū Isḥāq, de Nāǧiya b. Kaʿb: { O como aquel que pasó por una aldea, estando ella desolada sobre sus techumbres } dijo: ʿUzayr.

Nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Yaḥyā b. Wāḍiḥ; dijo: nos narró Abū Ḫuzayma; dijo: oí a Sulaymān b. Burayda, acerca de Su dicho: { O como aquel que pasó por una aldea } dijo: es ʿUzayr.

Nos narró Bišr; dijo: nos narró Yazīd; dijo: nos narró Saʿīd, de Qatāda: { O como aquel que pasó por una aldea, estando ella desolada sobre sus techumbres } dijo: se nos ha mencionado que era ʿUzayr.

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā; dijo: nos informó ʿAbd al-Razzāq; dijo: nos informó Maʿmar, de Qatāda (lo mismo).

Se me narró de ʿAmmār; dijo: nos narró Ibn Abī Ǧaʿfar, de su padre, acerca de Su dicho: { O como aquel que pasó por una aldea } dijo: al-Rabīʿ dijo: se nos ha mencionado —y Dios sabe mejor— que quien llegó a la aldea fue ʿUzayr.

Nos narró al-Qāsim; dijo: nos narró al-Ḥusayn; dijo: Ḥaǧǧāǧ me narró, de Ibn Ǧurayǧ, de ʿIkrima: { O como aquel que pasó por una aldea, estando ella desolada sobre sus techumbres } dijo: ʿUzayr.

Me narró Mūsā; dijo: nos narró ʿAmr; dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī: { O como aquel que pasó por una aldea } dijo: ʿUzayr.

Se me narró de al-Ḥusayn; dijo: oí a Abū Muʿāḏ decir: nos informó ʿUbayd b. Sulaymān; dijo: oí a al-Ḍaḥḥāk decir acerca de Su dicho: { O como aquel que pasó por una aldea, estando ella desolada sobre sus techumbres } que era ʿUzayr.

Me narró Yūnus; dijo: nos dijo Salm al-Ḫawwāṣ: Ibn ʿAbbās solía decir: es ʿUzayr.

Otros dijeron: era Irmiyā b. Ḥilqiyā; y Muḥammad b. Isḥāq sostuvo que Irmiyā es al-Ḫaḍir.

Nos lo narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Salama; dijo: nos narró Ibn Isḥāq; dijo: el nombre de al-Ḫaḍir, según lo que Wahb b. Munabbih pretendía de los Hijos de Israel, era Irmiyā b. Ḥilqiyā, y era de la tribu de Hārūn b. ʿImrān.

Se mencionan a quienes dijeron eso:

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā; dijo: nos informó ʿAbd al-Razzāq; dijo: nos narró ʿAbd al-Ṣamad b. Maʿqil que oyó a Wahb b. Munabbih decir acerca de Su dicho: { ¿Cómo dará vida a ésta Dios después de su muerte? } que Irmiyā, cuando fue destruida Bayt al-Maqdis y se quemaron los libros, se detuvo en un lado del monte y dijo: { ¿Cómo dará vida a ésta Dios después de su muerte? }.

Nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Salama; dijo: Ibn Isḥāq me narró, de alguien no sospechoso, de Wahb b. Munabbih; dijo: es Irmiyā.

Me narró Muḥammad b. ʿAskar; dijo: nos narró Ismāʿīl b. ʿAbd al-Karīm; dijo: oí a ʿAbd al-Ṣamad b. Maʿqil, de Wahb b. Munabbih, lo mismo.

Me narró Muḥammad b. ʿAmr; dijo: nos narró Abū ʿĀṣim, de ʿĪsā b. Maymūn, de Qays b. Saʿd, de ʿAbd Allāh b. ʿUbayd b. ʿUmayr, acerca de la palabra de Dios: { O como aquel que pasó por una aldea, estando ella desolada sobre sus techumbres } dijo: era un profeta y su nombre era Irmiyā.

Me narró al-Muṯannā; dijo: nos narró Abū Ḥuḏayfa; dijo: nos narró Šibl, de Qays b. Saʿd, de ʿAbd Allāh b. ʿUbayd, lo mismo.

Me narró Yūnus; dijo: nos informó Ibn Wahb; dijo: me informó Bakr b. Muḍar; dijo: dicen —y Dios sabe mejor— que es Irmiyā.

Y la opinión más correcta en esto es decir: que Dios —exaltado sea Su recuerdo— hizo que Su Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— se asombrara de quien dijo, al ver una aldea desolada sobre sus techumbres: { ¿Cómo dará vida a ésta Dios después de su muerte? } a pesar de saber que Él inició su creación de la nada. No le bastó su conocimiento de Su poder para iniciarla, hasta que dijo: «¡Cómo la dará vida Dios después de su muerte!». No tenemos, por una vía cuya validez permita establecerla, una indicación sobre el nombre de quien dijo eso. Es posible que fuera ʿUzayr, y es posible que fuera Irmiyā; y no necesitamos conocer su nombre, pues el propósito de la aleya no es dar a conocer a la creación el nombre de quien lo dijo. Su propósito es dar a conocer a quienes niegan el poder de Dios para dar vida a Su creación después de su muerte y devolverlos tras su aniquilación, que Él es quien tiene en Su mano la vida y la muerte —de Qurayš y de quienes, entre los demás árabes, lo desmentían—; y afianzar con ello la prueba contra quienes, entre los judíos de los Hijos de Israel, vivían en torno al lugar de emigración del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, al informar a Su Profeta Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz— de lo que disipa su duda sobre su profecía y corta su excusa respecto de su misión. Pues estas noticias que reveló a Su Profeta Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz— en Su Libro eran de las que Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz— y su pueblo no sabían; y ese conocimiento sólo estaba entre la Gente del Libro, y Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz— y su pueblo no eran de ellos, sino que era iletrado y su pueblo iletrado. Así quedó sabido, para la Gente del Libro de entre los judíos que vivían en torno a su emigración, que Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz— no supo eso sino por revelación de Dios a él. Si el propósito hubiera sido informar del nombre de quien lo dijo, se habría establecido una indicación explícita que cortara la excusa y disipara la duda; pero el propósito fue censurar su dicho, y el Altísimo —exaltado sea Su recuerdo— lo aclaró a Su creación.

Los exégetas discreparon acerca de la aldea por la que pasó quien dijo: { ¿Cómo dará vida a ésta Dios después de su muerte? } Unos dijeron: es Bayt al-Maqdis. Se mencionan a quienes dijeron eso:

Me narraron Muḥammad b. Sahl b. ʿAskar y Muḥammad b. ʿAbd al-Malik; dijeron: nos narró Ismāʿīl b. ʿAbd al-Karīm; dijo: ʿAbd al-Ṣamad b. Maʿqil me narró que oyó a Wahb b. Munabbih; dijo: cuando Irmiyā vio la demolición de Bayt al-Maqdis como una gran montaña, dijo: { ¿Cómo dará vida a ésta Dios después de su muerte? }.

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā; dijo: nos informó ʿAbd al-Razzāq; dijo: nos informó ʿAbd al-Ṣamad b. Maʿqil que oyó a Wahb b. Munabbih; dijo: es Bayt al-Maqdis.

Nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Salama; dijo: Ibn Isḥāq me narró, de alguien no sospechoso, que oyó a Wahb b. Munabbih decir eso.

Nos narró Bišr; dijo: nos narró Yazīd; dijo: nos narró Saʿīd, de Qatāda; dijo: se nos ha mencionado que es Bayt al-Maqdis; ʿUzayr llegó a ella después de que la destruyera Buḫtnuṣṣar el babilonio.

Se me narró de al-Ḥusayn; dijo: oí a Abū Muʿāḏ; dijo: nos narró ʿUbayd b. Sulaymān; dijo: oí a al-Ḍaḥḥāk decir acerca de Su dicho: { O como aquel que pasó por una aldea, estando ella desolada sobre sus techumbres } que pasó por la Tierra Santa.

Nos narró al-Qāsim; dijo: nos narró al-Ḥusayn; dijo: Ḥaǧǧāǧ me narró, de Ibn Ǧurayǧ, de ʿIkrima, acerca de Su dicho: { O como aquel que pasó por una aldea } dijo: la aldea es Bayt al-Maqdis; ʿUzayr pasó por ella después de que Buḫtnuṣṣar la destruyera.

Se me narró de ʿAmmār; dijo: nos narró Ibn Abī Ǧaʿfar, de su padre, de al-Rabīʿ: { O como aquel que pasó por una aldea } dijo: la aldea es Bayt al-Maqdis; ʿUzayr pasó por ella cuando Buḫtnuṣṣar la había destruido.

Otros dijeron: más bien es la aldea en la que Dios hizo perecer a quienes salieron de sus hogares siendo miles, por temor a la muerte, y les dijo (Dios): «Morid». Se mencionan a quienes dijeron eso:

Me narró Yūnus; dijo: nos informó Ibn Wahb; dijo: Ibn Zayd dijo acerca de la palabra de Dios —exaltado sea Su recuerdo—: { ¿No has visto a quienes salieron de sus hogares siendo miles? } dijo: era una aldea en la que se asentó la peste; luego relató su historia —que ya mencionamos en su lugar— hasta que llegó a: Dios les dijo «Morid» en el lugar al que fueron buscando la vida; murieron, y luego Dios les dio vida: { Ciertamente Dios es dueño de favor sobre la gente, pero la mayoría de la gente no agradece }. Dijo: y pasó por ella un hombre, mientras eran huesos que asomaban; se detuvo mirando y dijo: { ¿Cómo dará vida a ésta Dios después de su muerte? Entonces Dios lo hizo morir cien años; luego lo resucitó } hasta Su dicho: { no se ha alterado }.

Y lo correcto en esto es lo mismo que lo dicho acerca del nombre de quien dijo: { ¿Cómo dará vida a ésta Dios después de su muerte? } ; ambos son iguales y no difieren.

(El dicho sobre la interpretación de Su palabra —exaltado sea—: { estando ella desolada sobre sus techumbres }.

Con Su dicho —exaltado sea Su recuerdo—: { estando ella desolada } quiere decir: vacía de sus gentes y moradores. Se dice: «ḫawat al-dār taḫwī ḫawāʾan wa-ḫuwiyyan»; y también se dice de la aldea: «ḫawiyat», pero la primera es más correcta y más elocuente. En cuanto a la mujer cuando está en puerperio, se dice: «ḫawiyat taḫwā ḫawan» con el alif maqṣūra; y también se dice de ella: «ḫawat taḫwī», como se dice de la casa. Asimismo: «ḫawiya al-ǧawf yaḫwā ḫawāʾan šadīdan»; y si se dijera del vientre lo que se dice de la casa, y de la casa lo que se dice del vientre, sería correcto, pero lo elocuente es lo que he mencionado. En cuanto a «al-ʿurūš», son las construcciones y las casas; su singular es «ʿarš», y el plural de escaso número es «aʿruš». Toda construcción es un «ʿarš». Se dice: «ʿaraša fulān (dāran) yaʿriš wa-yaʿruš», y «ʿarraša taʿrīšan». De ello es la palabra de Dios —exaltado sea Su recuerdo—: { y lo que construían } esto es, edificaban. De ello se dijo «ʿarīš Makka», queriendo decir: sus tiendas y sus edificaciones.

Y en el mismo sentido que hemos dicho hablaron los exégetas. Se mencionan a quienes dijeron eso:

Nos narró al-Qāsim; dijo: nos narró al-Ḥusayn; dijo: Ḥaǧǧāǧ me narró; dijo: Ibn Ǧurayǧ dijo: Ibn ʿAbbās dijo: «ḫāwiya»: en ruinas. Ibn Ǧurayǧ dijo: nos ha llegado que ʿUzayr salió y se detuvo ante Bayt al-Maqdis cuando Buḫtnuṣṣar la había destruido; se detuvo y dijo: «¡Después de lo que tenías de santidad, combatientes y riqueza, lo que tenías!». Y se entristeció.

Se me narró de al-Ḥusayn; dijo: oí a Abū Muʿāḏ; dijo: nos narró ʿUbayd b. Sulaymān; dijo: oí a al-Ḍaḥḥāk decir acerca de Su dicho: { estando ella desolada sobre sus techumbres } dijo: está en ruinas.

Se me narró de ʿAmmār; dijo: nos narró Ibn Abī Ǧaʿfar, de su padre, de al-Rabīʿ; dijo: ʿUzayr pasó por ella cuando Buḫtnuṣṣar la había destruido.

Me narró Mūsā; dijo: nos narró ʿAmr; dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī: { estando ella desolada sobre sus techumbres } dice: caída sobre sus techos.

El dicho sobre la interpretación de Su palabra —exaltado sea—: { dijo: «¿Cómo dará vida a ésta Dios después de su muerte?». Entonces Dios lo hizo morir cien años }.

El sentido de ello, según se ha mencionado, es que quien lo dijo, cuando pasó por Bayt al-Maqdis —o por el lugar que Dios mencionó que pasó— en ruinas después de haberlo conocido habitado, dijo: { ¿Cómo dará vida a ésta Dios después de su muerte? }. Unos dijeron: lo dijo por duda acerca del poder de Dios para darle vida. Entonces Dios le mostró Su poder en ello, poniendo para él un ejemplo en sí mismo; luego le mostró el lugar cuya reconstrucción y vivificación había negado, y dio vida a lo que había visto antes de su ruina, y reconstruyó lo que había estado antes de su ruina. Eso porque, según se nos ha mencionado, él lo había conocido habitado por sus gentes y moradores; luego lo vio desolado sobre sus techumbres: sus gentes habían desaparecido y la muerte y el cautiverio los habían dispersado; no quedó allí nadie, y sus viviendas y casas quedaron arruinadas, no quedando sino el rastro. Cuando lo vio así, tras el estado en que lo había conocido, dijo: «¿De qué modo dará vida Dios a esto después de su ruina, para reconstruirlo?», como reprobación, según dijeron algunos exégetas. Entonces le mostró el modo de darle vida mediante lo que le puso como ejemplo en sí mismo y en lo que ocurrió con su bebida y su alimento; luego le dio a conocer Su poder sobre ello y sobre lo demás, al mostrarle, ante sus propios ojos, la vivificación de aquello cuya vivificación le parecía asombrosa en el poder de Dios, hasta que lo vio con su vista. Cuando vio eso, dijo: { Sé que Dios es poderoso sobre toda cosa }.

Y la causa de que dijera eso fue como lo siguiente:

Nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Salama, de Ibn Isḥāq, de alguien no sospechoso, de Wahb b. Munabbih al-Yamanī, que solía decir: Dios dijo a Irmiyā cuando lo envió como profeta a los Hijos de Israel: «Oh Irmiyā, antes de crearte te escogí; antes de formarte en el vientre de tu madre te santifiqué; antes de sacarte de su vientre te purifiqué; antes de que alcanzaras el esfuerzo te hice profeta; antes de que alcanzaras la plenitud te escogí; y para un asunto grandioso te elegí». Entonces Dios —exaltado sea Su recuerdo— envió a Irmiyā al rey de los Hijos de Israel para enderezarlo y guiarlo, y para traerle la noticia de Dios en lo que había entre él y Él¹. Dijo: luego se agravaron los acontecimientos entre los Hijos de Israel, cometieron desobediencias, declararon lícitas las prohibiciones y olvidaron lo que Dios había hecho con ellos y cómo los había salvado de su enemigo Sanḥārīb. Entonces Dios reveló a Irmiyā: «Ve a tu pueblo de los Hijos de Israel y cuéntales lo que te ordeno; recuérdales Mi favor sobre ellos y hazles conocer sus novedades». Luego mencionó lo que Dios envió con Irmiyā a su pueblo de los Hijos de Israel. Dijo: luego Dios reveló a Irmiyā: «Ciertamente haré perecer a los Hijos de Israel por medio de Yāfiṯ; y Yāfiṯ es la gente de Babilonia, y son de la descendencia de Yāfiṯ hijo de No黹. Cuando Irmiyā oyó la revelación de su Señor, gritó, lloró, rasgó sus vestiduras y se echó ceniza sobre la cabeza. Dijo: «Maldito el día en que nací, y el día en que encontré la Torá; y de mis peores días es el día en que nací. No dejaste al último de los profetas sino para algo que es peor para mí: si hubiera querido para mí el bien, no me habría hecho el último de los profetas de los Hijos de Israel; por mi causa les alcanzará la desdicha y la perdición»¹. Cuando Dios oyó la súplica de al-Ḫaḍir, su llanto y cómo decía, lo llamó: «Irmiyā, ¿te pesa lo que te he revelado?». Dijo: «Sí, Señor: me has hecho saber acerca de los Hijos de Israel algo que no me alegra». Dijo Dios: «Por Mi poder, el poder excelso: no destruiré Bayt al-Maqdis ni a los Hijos de Israel hasta que el asunto, en ello, proceda de ti». Entonces Irmiyā se alegró por lo que su Señor le dijo, se serenó su alma y dijo: «No, por Aquel que envió a Moisés y a Sus profetas con la verdad: jamás ordenaré a mi Señor la destrucción de los Hijos de Israel». Luego fue al rey de los Hijos de Israel y le informó de lo que Dios le había revelado; el rey se alegró y se regocijó, y dijo: «Si nuestro Señor nos castiga, es por muchos pecados que hemos adelantado para nosotros mismos; y si nos perdona, es por Su poder»¹. Luego permanecieron tras esta revelación tres años, sin aumentar sino en desobediencia, perseverando en el mal; y eso fue cuando se acercó su destrucción. Disminuyó la revelación, hasta que no recordaban la otra vida; se les retuvo cuando el mundo y sus asuntos los distrajeron. Entonces su rey dijo: «Oh Hijos de Israel, desistid de lo que estáis haciendo antes de que os alcance un castigo de Dios, y antes de que envíe contra vosotros reyes sin misericordia. Vuestro Señor está cercano al arrepentimiento, con las manos extendidas al bien, misericordioso con quien se vuelve a Él». Pero rehusaron abandonar nada de lo que estaban haciendo. Y Dios puso en el corazón de Buḫtnuṣṣar b. Naʿūn b. Zādān que marchara hacia Bayt al-Maqdis para hacer en ella lo que su abuelo Sanḥārīb quiso hacer. Salió con seiscientas mil enseñas, queriendo a la gente de Bayt al-Maqdis¹. Cuando partió en marcha, llegó al rey de los Hijos de Israel la noticia de que Buḫtnuṣṣar venía con sus tropas contra vosotros. El rey envió a llamar a Irmiyā; éste acudió y el rey le dijo: «Oh Irmiyā, ¿dónde está lo que nos afirmaste: que nuestro Señor te reveló que no destruiría a la gente de Bayt al-Maqdis hasta que el asunto procediera de ti?». Irmiyā dijo al rey: «Mi Señor no falta a la promesa, y yo confío en Él»¹. Cuando se acercó el plazo, se aproximó el fin de su reino y Dios determinó su destrucción, Dios envió un ángel de Su parte y le dijo: «Ve a Irmiyā, pídele un dictamen y ordénale lo que has de consultarle». El ángel fue a Irmiyā, tomando para él la forma de un hombre de los Hijos de Israel. Irmiyā le dijo: «¿Quién eres?». Dijo: «Un hombre de los Hijos de Israel; vengo a consultarte sobre un asunto mío». Le dio permiso. El ángel dijo: «Oh profeta de Dios, he venido a consultarte acerca de mis parientes: he mantenido los lazos de parentesco como Dios me ordenó; no he ido a ellos sino con bien; no he escatimado en honrarlos; pero mi honor hacia ellos no hace sino aumentar su enojo contra mí. Dictamíname sobre ellos, oh profeta de Dios». Le dijo: «Haz el bien en lo que hay entre tú y Dios; mantén lo que Dios te ordenó mantener; y alégrate por el bien». El ángel se apartó de él¹. Permaneció unos días, y luego volvió a él con la figura de aquel hombre que había venido; se sentó ante él. Irmiyā le dijo: «¿Quién eres?». Dijo: «Soy el hombre que vino a ti por el asunto de mi familia». El profeta de Dios le dijo: «¿Acaso no se te han aclarado aún sus modales, ni has visto de ellos lo que amas?». Dijo: «Oh profeta de Dios, por Aquel que te envió con la verdad: no conozco honor que alguien de la gente haga a sus parientes sin que yo lo haya hecho con ellos, y más aún». El profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «Vuelve a tu familia y trátalos bien; pide a Dios, que reforma a Sus siervos rectos, que reforme lo que hay entre vosotros, os reúna en Su complacencia y os aparte de Su ira». El ángel se fue. Pasaron unos días, y Buḫtnuṣṣar había acampado con sus tropas alrededor de Bayt al-Maqdis, más numerosos que las langostas. Los Hijos de Israel se aterrorizaron intensamente, y ello pesó sobre su rey, que llamó a Irmiyā y le dijo: «Oh profeta de Dios, ¿dónde está lo que Dios te prometió? Yo confío en mi Señor». Luego el ángel se presentó ante Irmiyā mientras éste estaba sentado sobre el muro de Bayt al-Maqdis, riendo y alegrándose por la victoria de su Señor que le había prometido; se sentó ante él. Irmiyā le dijo: «¿Quién eres?». Dijo: «Soy aquel que te consultó dos veces sobre el asunto de su familia». El profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «¿No les ha llegado ya el momento de despertar de lo que están haciendo?». Dijo el ángel: «Oh profeta de Dios, todo lo que me ocurría por su causa antes de hoy lo soportaba, y sabía que su intención era irritarme. Pero cuando fui a ellos hoy, los vi en una obra que no complace a Dios ni Dios la ama». El profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «¿En qué obra los viste?». Dijo: «Oh profeta de Dios, los vi en una obra enorme que provoca la ira de Dios. Si hubieran estado como antes de hoy, no se habría intensificado mi enojo contra ellos; los habría soportado y habría tenido esperanza en ellos. Pero hoy me he enojado por Dios y por ti. He venido a informarte de su estado, y te conjuro por Dios, que te envió con la verdad, a que supliques contra ellos a tu Señor para que los destruya». Irmiyā dijo: «Oh Soberano de los cielos y la tierra: si están en verdad y rectitud, consérvalos; y si están en Tu ira y en una obra que no Te complace, destrúyelos»¹. Cuando la palabra salió de la boca de Irmiyā, Dios envió un rayo del cielo sobre Bayt al-Maqdis: se inflamó el lugar de la ofrenda y se hundió con siete de sus puertas¹. Cuando Irmiyā vio eso, gritó, rasgó sus vestiduras y se echó ceniza sobre la cabeza. Dijo: «Oh Rey del cielo, oh el más misericordioso de los misericordiosos: ¿dónde está Tu promesa que me prometiste?». Se llamó a Irmiyā: «No les ha alcanzado lo que les alcanzó sino por tu dictamen con el que dictaminaste a Nuestro mensajero». Entonces el profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— se cercioró de que era su dictamen, el que había emitido tres veces, y de que aquél era el mensajero de su Señor. Irmiyā huyó hasta mezclarse con las fieras. Buḫtnuṣṣar y sus tropas entraron en Bayt al-Maqdis, pisotearon al-Šām y mataron a los Hijos de Israel hasta exterminarlos; destruyeron Bayt al-Maqdis. Luego ordenó a sus tropas que cada hombre llenara su escudo de tierra y la arrojara en Bayt al-Maqdis; arrojaron tierra hasta llenarla. Luego regresó a la tierra de Babilonia, llevando consigo a los cautivos de los Hijos de Israel. Ordenó que reunieran a todos los que estaban en Bayt al-Maqdis; se congregaron ante él todos, pequeños y grandes. Escogió de ellos noventa mil muchachos. Cuando salieron los botines de sus tropas y quiso repartirlos, los reyes que estaban con él le dijeron: «Oh rey, para ti son todos nuestros botines; reparte entre nosotros a estos muchachos que has escogido de los Hijos de Israel». Lo hizo, y a cada uno le tocaron cuatro muchachos. Entre aquellos muchachos estaban: Dāniyāl, ʿAzāriyā, Masāyil y Ḥanāniyā. Buḫtnuṣṣar los dividió en tres partes: un tercio permaneció en al-Šām, un tercio fue cautivo y un tercio fue muerto. Llevó los cautivos de Bayt al-Maqdis hasta hacerlos entrar en Babilonia, y a los noventa mil muchachos hasta hacerlos entrar en Babilonia. Ésta fue la primera calamidad, aquella de la que Dios —exaltado sea Su recuerdo— informó a Su profeta de sus novedades y su injusticia. Cuando Buḫtnuṣṣar se alejó de él, regresando a Babilonia con los cautivos de los Hijos de Israel, Irmiyā se dirigió montado en un asno, llevando consigo mosto de uva en una odre y una cesta de higos, hasta llegar a Īliyā. Cuando se detuvo allí y vio la ruina que había, le entró duda y dijo: { ¿Cómo dará vida a ésta Dios después de su muerte? Entonces Dios lo hizo morir cien años } y su asno, su mosto y su cesta de higos estaban junto a él donde Dios lo hizo morir; su asno murió con él. Dios lo ocultó a las miradas, y nadie lo vio. Luego Dios —exaltado sea— lo resucitó y le dijo: { ¿Cuánto tiempo has permanecido? Dijo: «He permanecido un día o parte de un día». Dijo: «No; has permanecido cien años. Mira, pues, tu alimento y tu bebida: no se han alterado» } es decir: no han cambiado. { «Y mira tu asno; y para que te hagamos un signo para la gente. Y mira los huesos: cómo los levantamos, y luego los revestimos de carne» } Miró a su asno: sus partes se unían unas con otras; había muerto con él, quedando nervios y tendones; luego vio cómo se revistió de carne hasta quedar completo; luego el espíritu corrió en él, y se levantó rebuznando. Miró su mosto y sus higos: estaban tal como los había dejado, sin cambio. Cuando contempló del poder de Dios lo que contempló, dijo: «Sé que Dios es poderoso sobre toda cosa». Luego Dios prolongó la vida de Irmiyā después de eso, y es él a quien se ve en las soledades de la tierra y en los países.

Me narraron Muḥammad b. ʿAskar e Ibn Zanjūyah; dijeron: nos narró Ismāʿīl b. ʿAbd al-Karīm; dijo: ʿAbd al-Ṣamad b. Maʿqil me narró que oyó a Wahb b. Munabbih decir: Dios reveló a Irmiyā, estando en la tierra de Egipto: «Alcánzate con la tierra de Īliyā, pues ésta no es para ti tierra de permanencia». Montó su asno; y cuando estaba en parte del camino, llevaba una cesta de uvas e higos, y un odre nuevo que llenó de agua. Cuando se le apareció la silueta de Bayt al-Maqdis y lo que la rodeaba de aldeas y mezquitas, y vio una ruina indescriptible, y vio la demolición de Bayt al-Maqdis como una gran montaña, dijo: { ¿Cómo dará vida a ésta Dios después de su muerte? } Siguió hasta instalarse en un lugar; ató su asno con una cuerda nueva y colgó su odre. Y Dios le hizo caer en el sopor¹. Cuando durmió, Dios le tomó el alma por cien años¹. Cuando de los cien pasaron setenta años, Dios envió un ángel a un gran rey de los reyes de Persia llamado Yūsk, y le dijo: «Dios te ordena que marches con tu pueblo y reconstruyas Bayt al-Maqdis, Īliyā y su tierra, hasta que vuelvan a estar más habitadas de lo que estaban». El rey dijo: «Concédeme tres días para prepararme para esta obra y para lo que la haga posible». Se le concedieron tres días. Reunió a trescientos capataces y entregó a cada capataz mil obreros, y lo necesario de herramientas; marcharon sus capataces con trescientos mil obreros¹. Cuando se pusieron a trabajar, Dios devolvió el espíritu de vida al ojo de Irmiyā, dejando su cuerpo muerto. Miró a Īliyā y lo que la rodeaba de aldeas, mezquitas, ríos y cultivos: se trabajaba, se reconstruía y se renovaba, hasta que ambas volvieron a ser como eran. Tras treinta años, completándose los cien, Dios le devolvió el espíritu. Miró su alimento y su bebida: no se habían alterado. Miró su asno: estaba en pie tal como el día en que lo ató; no había comido ni bebido. Miró la cuerda en el cuello del asno: no había cambiado, seguía nueva; habían pasado sobre ella vientos de cien años, fríos de cien años y calores de cien años, sin cambiar ni deshacerse. El cuerpo de Irmiyā se había consumido por la descomposición; Dios le hizo brotar carne nueva y elevó sus huesos mientras él miraba. Dios le dijo: { «Mira, pues, tu alimento y tu bebida: no se han alterado. Y mira tu asno; y para que te hagamos un signo para la gente. Y mira los huesos: cómo los levantamos, y luego los revestimos de carne». Y cuando se le hizo evidente, dijo: «Sé que Dios es poderoso sobre toda cosa» }.

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā; dijo: nos informó ʿAbd al-Razzāq; dijo: nos informó ʿAbd al-Ṣamad b. Maʿqil que oyó a Wahb b. Munabbih decir acerca de Su dicho: { ¿Cómo dará vida a ésta Dios después de su muerte? } que Irmiyā, cuando fue destruida Bayt al-Maqdis y se quemaron los libros, se detuvo en un lado del monte y dijo: { ¿Cómo dará vida a ésta Dios después de su muerte? Entonces Dios lo hizo morir cien años } Luego Dios devolvió a quienes devolvió de los Hijos de Israel al cabo de setenta años desde que lo hizo morir, reconstruyéndola durante treinta años, completándose los cien¹. Cuando pasaron los cien, Dios le devolvió el espíritu, y ya había sido reconstruida como en su primer estado. Se puso a mirar los huesos: cómo se juntaban unos con otros; luego miró cómo los huesos eran revestidos de tendones y carne. { Y cuando se le hizo evidente } esto, { dijo: «Sé que Dios es poderoso sobre toda cosa» }. Entonces Dios —exaltado sea Su recuerdo— dijo: { «Mira, pues, tu alimento y tu bebida: no se han alterado» } Dijo: su alimento era higos en un cesto, y una jarra en la que había agua.

Me narró Mūsā; dijo: nos narró ʿAmr; dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī: { O como aquel que pasó por una aldea, estando ella desolada sobre sus techumbres } Y eso fue que ʿUzayr pasó, viniendo del Šām, sobre un asno, llevando mosto, uvas e higos¹. Cuando pasó por la aldea y la vio, se detuvo sobre ella, volvió su mano y dijo: «¿Cómo dará vida Dios a ésta después de su muerte?». No era por desmentida ni por duda. Dios lo hizo morir, e hizo morir a su asno; perecieron, y pasaron sobre ellos cien años. Luego Dios dio vida a ʿUzayr y le dijo: «¿Cuánto tiempo has permanecido?». Dijo: «He permanecido un día o parte». Se le dijo: «No; has permanecido cien años. Mira tu alimento: higos y uvas; y tu bebida: el mosto, { no se ha alterado }... la aleya».

El dicho sobre la interpretación de Su palabra —exaltado sea—: { Luego lo resucitó. Dijo: «¿Cuánto tiempo has permanecido?». Dijo: «He permanecido un día o parte de un día». Dijo: «No; has permanecido cien años» }.

Con Su dicho —exaltado sea Su recuerdo—: { Luego lo resucitó } quiere decir: luego lo levantó vivo después de su muerte. Ya hemos demostrado anteriormente el significado de «baʿṯ».

En cuanto al significado de Su dicho: { ¿Cuánto tiempo has permanecido? } «kam» es, en el habla de los árabes, una interrogación por la cantidad numérica; aquí está en acusativo por «labithta». Su interpretación es: Dios le dijo: «¿Cuánto tiempo has permanecido muerto antes de que te resucitara vivo de tu muerte?». El resucitado tras su muerte dijo: «He permanecido muerto, hasta que me resucitaste vivo, un día o parte de un día». Se mencionó que el resucitado era Irmiyā o ʿUzayr, o quienquiera que fuese de aquellos de quienes Dios informó en este relato. Y sólo dijo: { He permanecido un día o parte de un día } porque Dios —exaltado sea Su recuerdo— le tomó el alma al comienzo del día, y luego le devolvió el alma al final del día tras los cien años. Se le dijo: «¿Cuánto tiempo has permanecido?». Dijo: «He permanecido un día»¹, pues veía que el sol se había puesto; eso, para él, era un día, porque se mencionó que se le tomó el alma al comienzo del día y se le preguntó por el tiempo que permaneció muerto al final del día, viendo que el sol se había puesto. Dijo: «He permanecido un día». Luego vio que quedaba un resto de sol que aún no se había puesto, y dijo: «o parte de un día», con el sentido de: «más bien, parte de un día», como Su dicho —exaltado sea—: { y lo enviamos a cien mil o más } con el sentido de: «más bien, más». Así, su dicho: { o parte de un día } fue una retractación de su dicho: { he permanecido un día }.

Y en un sentido semejante a lo que hemos dicho habló un grupo de exégetas. Se mencionan a quienes dijeron eso:

Nos narró Bišr; dijo: nos narró Yazīd; dijo: nos narró Saʿīd, de Qatāda, acerca de Su dicho: { Luego lo resucitó. Dijo: «¿Cuánto tiempo has permanecido?». Dijo: «He permanecido un día o parte de un día» } dijo: se nos ha mencionado que murió a media mañana, y luego fue resucitado antes de la puesta del sol. Dijo: «He permanecido un día». Luego se volvió y vio un resto de sol, y dijo: «o parte de un día». Dijo: «No; has permanecido cien años».

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā; dijo: nos informó ʿAbd al-Razzāq; dijo: nos informó Maʿmar, de Qatāda: { ¿Cómo dará vida a ésta Dios después de su muerte? } dijo: pasó por una aldea y se asombró; dijo: «¡Cómo dará vida Dios a ésta después de su muerte!». Dios lo hizo morir al comienzo del día; permaneció cien años; luego lo resucitó al final del día. Dijo: «¿Cuánto tiempo has permanecido?». Dijo: «He permanecido un día o parte de un día». Dijo: «No; has permanecido cien años».

Se me narró de ʿAmmār b. al-Ḥasan; dijo: nos narró Ibn Abī Ǧaʿfar, de su padre; dijo: al-Rabīʿ dijo: Dios lo hizo morir cien años; luego lo resucitó. Dijo: «¿Cuánto tiempo has permanecido?». Dijo: «He permanecido un día o parte de un día». Dijo: «No; has permanecido cien años».

Nos narró al-Qāsim; dijo: nos narró al-Ḥusayn; dijo: Ḥaǧǧāǧ me narró; dijo: Ibn Ǧurayǧ dijo: cuando se detuvo ante Bayt al-Maqdis, y Buḫtnuṣṣar la había destruido, dijo: «¡Cómo dará vida Dios a ésta después de su muerte! ¿Cómo la devolverá como era?». Entonces Dios lo hizo morir. Dijo: se nos ha mencionado que murió a media mañana y fue resucitado antes de la puesta del sol tras cien años. Dijo: «¿Cuánto tiempo has permanecido?». Dijo: «Un día». Cuando vio el sol, dijo: «o parte de un día».

El dicho sobre la interpretación de Su palabra —exaltado sea—: { Mira, pues, tu alimento y tu bebida: no se han alterado }.

Con Su dicho —exaltado sea Su recuerdo—: { Mira, pues, tu alimento y tu bebida: no se han alterado } quiere decir: no los cambiaron los años que pasaron sobre ellos. Su alimento, según mencionaron algunos, era una cesta de higos y uvas, y su bebida una jarra de agua. Otros dijeron: más bien su alimento era una cesta de uvas y una cesta de higos, y su bebida un odre de mosto. Otros dijeron: más bien su alimento era una cesta de higos, y su bebida una tinaja de vino o un odre de vino. Ya hemos mencionado anteriormente la palabra de algunos sobre ello, y mencionaremos lo que haya en ello más adelante, si Dios quiere.

En cuanto a Su dicho: { no se ha alterado } hay dos modos de lectura: uno es «lam yatasanna» suprimiendo la hāʾ en enlace y afirmándola en pausa. Quien lo lee así considera la hāʾ en «yatasannah» como añadida, de enlace, como en Su dicho: { y por su guía guíate } Y hace su verbo: «tasannaytu tasanniyan», y lo justifica diciendo que «sana» se pluraliza «sanawāt», de modo que «tafaʿʿaltu» sigue su patrón. Y quien dice «sanīna» para «sana», es posible —aunque raro— que sea «tasannantu tafaʿʿaltu», cambiando la nūn por yāʾ cuando abundan las nūn, como dijeron: «taẓannaytu», cuyo أصل es «al-ẓann»¹. Y algunos dijeron: procede de Su dicho: { de barro negro, moldeado } esto es, alterado. Y si fuera así, también sería de lo que se cambió su nūn por yāʾ. Ésta es la lectura de la mayoría de los lectores de Kūfa. El otro modo es afirmar la hāʾ en enlace y en pausa. Quien lo lee así considera la hāʾ en «yatasannah» como la lām del verbo, y la hace apocopada por «lam», y hace su verbo: «tasannahat», y su imperfecto: «atasannah tasannuhan». Y dice en el diminutivo de «sana»: «sunayha». De ello: «asnahtu ʿinda al-qawm» y «tasannahtu ʿindahum» cuando permaneces un año. Ésta es la lectura de la mayoría de los lectores de Medina y del Ḥiǧāz.

La lectura correcta, a mi juicio, es afirmar la hāʾ en enlace y en pausa, porque está afirmada en el muṣḥaf de los musulmanes, y porque su afirmación tiene un fundamento válido en ambos estados.

El sentido de Su dicho: { no se ha alterado } es: no le han pasado los años de modo que cambie, según la lengua de quien dice: «asnahtu ʿindakum asnihu» cuando permanece un año; y como dijo el poeta:

«Y no es de año estéril ni de Rajab, sino dádivas en años de calamidades»

Hizo de la hāʾ en «sana» un أصل, y ésa es la lengua más elocuente. No es lícito suprimir una letra del Libro de Dios en pausa o enlace cuando su afirmación tiene un uso conocido en su habla.

Si alguien objetara que en el muṣḥaf se han añadido letras como excedentes con intención de pausa, y que el الأصل en la recitación es suprimirlas —como en Su dicho: { y por su guía guíate } y Su dicho: { ¡ojalá no se me hubiera dado mi libro! } —, eso es de lo que no hay duda que son excedentes y que se añadieron con intención de pausa. Pero lo que admite que la letra sea أصل y no excedente, no es lícito, estando afirmada en el muṣḥaf de los musulmanes, llevarlo a que sea excedente y de enlace. Además, aunque sea excedente en lo que no hay duda de su exceso, los árabes pueden enlazar el habla con un excedente y pronunciarlo como lo pronuncian en estado de corte, de modo que su enlace y su corte sean iguales. Eso, en su uso, indica la validez de la lectura de quien lee todo ello afirmando la hāʾ en enlace y en pausa. Sin embargo, aunque sea así, Su dicho: { no se ha alterado } tiene un حكم distinto del de aquello cuya hāʾ es excedente sin duda.

Y de lo que indica la validez de lo que hemos dicho —que la hāʾ en «yatasannah» es de la lengua de quien dice «qad asnahtu» y «al-musānaha»— está lo que:

se me narró de al-Qāsim b. Salām; dijo: nos narró Ibn Mahdī, de Abū al-Jarrāḥ, de Sulaymān b. ʿUmayr; dijo: Hānīʾ, el liberto de ʿUṯmān, me narró; dijo: yo era el mensajero entre ʿUṯmān y Zayd b. Ṯābit. Zayd dijo: «Pregúntale por Su dicho: “lam yatasanna” o “lam yatasannah”». ʿUṯmān dijo: «Poned en ello una hāʾ».

Se me narró de al-Qāsim; y nos narró Muḥammad b. Muḥammad al-ʿAṭṭār, de al-Qāsim; y nos narraron Aḥmad y al-ʿAṭṭār, ambos, de al-Qāsim; dijo: nos narró Ibn Mahdī, de Ibn al-Mubārak; dijo: Abū Wāʾil, un anciano de la gente del Yemen, me narró de Hānīʾ al-Barbarī; dijo: yo estaba con ʿUṯmān mientras revisaban los muṣḥaf. Me envió con un omóplato de oveja a Ubayy b. Kaʿb, en el que estaba: «lam yatasanna», y «fa-am-hil al-kāfirīn», y «lā tabdīla lil-ḫalq». Dijo: entonces llamó al tintero, borró una de las dos lām y escribió: { no hay alteración para la creación de Dios } Borró «fa-am-hil» y escribió: { así que concede tregua a los incrédulos } Y escribió «lam yatasannah», añadiendo en ello la hāʾ.

Si eso procediera de «yatasannā» o «yatasannan», Ubayy no habría añadido una hāʾ que no tiene lugar allí, ni ʿUṯmān habría ordenado añadirla. Se ha transmitido de Zayd b. Ṯābit en esto algo semejante a lo transmitido de Ubayy b. Kaʿb.

Los exégetas discreparon acerca de la interpretación de Su dicho: { no se ha alterado } Unos dijeron, como nosotros, que su sentido es: no cambió. Se mencionan a quienes dijeron eso:

Nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Salama b. al-Mufaḍḍal, de Muḥammad b. Isḥāq, de alguien no sospechoso, de Wahb b. Munabbih: { no se ha alterado } no cambió.

Nos narró Bišr; dijo: nos narró Yazīd; dijo: nos narró Saʿīd, de Qatāda, acerca de Su dicho: { no se ha alterado } no cambió.

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā; dijo: nos informó ʿAbd al-Razzāq; dijo: nos informó Maʿmar, de Qatāda, lo mismo.

Me narró Mūsā b. Hārūn; dijo: nos narró ʿAmr; dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī: { Mira, pues, tu alimento y tu bebida: no se han alterado } dice: mira tu alimento de higos y uvas, y tu bebida de mosto: no se ha alterado; es decir: no se han deshecho los higos y las uvas, ni ha fermentado el mosto; ambos siguen dulces como estaban. Eso porque pasó viniendo del Šām sobre un asno, llevando mosto, uvas e higos; Dios lo hizo morir, e hizo morir a su asno; pasaron sobre ellos cien años.

Se me narró de al-Ḥusayn b. al-Faraǧ; dijo: oí a Abū Muʿāḏ; dijo: nos informó ʿUbayd b. Sulaymān; dijo: oí a al-Ḍaḥḥāk decir acerca de Su dicho: { Mira, pues, tu alimento y tu bebida: no se han alterado } dice: no cambió, aunque pasaron sobre ello cien años.

Me narró al-Muṯannā; dijo: nos informó Isḥāq; dijo: nos narró Abū Zuhayr, de Ǧuwaybir, de al-Ḍaḥḥāk, en sentido semejante.

Me narró al-Muṯannā; dijo: nos narró ʿAbd Allāh; dijo: Muʿāwiya me narró, de ʿAlī, de Ibn ʿAbbās, acerca de Su dicho: { no se ha alterado } no cambió.

Nos narró Sufyān; dijo: nos narró mi padre, de al-Naḍr, de ʿIkrima: { no se ha alterado } no cambió.

Me narró Yūnus; dijo: nos informó Ibn Wahb; dijo: Ibn Zayd dijo: { no se ha alterado } no cambió en cien años.

Me narró Yūnus; dijo: nos informó Ibn Wahb; dijo: me informó Bakr b. Muḍar; dijo: pretenden en algunos libros que Irmiyā estaba en Īliyā cuando Buḫtnuṣṣar la destruyó; salió de ella hacia Egipto y permaneció allí; luego Dios le reveló: «Sal de ella hacia Bayt al-Maqdis». Llegó y la halló en ruinas; la miró y dijo: «¡Cómo dará vida Dios a ésta después de su muerte!». Dios lo hizo morir cien años y luego lo resucitó; y he aquí que su asno estaba vivo, en pie sobre su atadura; y su alimento era una cesta de uvas y una cesta de higos, sin cambio. Yūnus dijo: Salm al-Ḫawwāṣ nos dijo: su alimento y su bebida eran una cesta de uvas, una cesta de higos y un odre de mosto.

Otros dijeron: su sentido es: no se pudrió. Se mencionan a quienes dijeron eso:

Me narró Muḥammad b. ʿAmr; dijo: nos narró Abū ʿĀṣim, de ʿĪsā, de Ibn Abī Naǧīḥ, de Muǧāhid, acerca de Su dicho: { no se ha alterado } no se pudrió.

Me narró al-Muṯannā; dijo: nos narró Abū Ḥuḏayfa; dijo: nos narró Šibl, de Ibn Abī Naǧīḥ, de Muǧāhid, lo mismo.

Me narró al-Qāsim; dijo: nos narró al-Ḥasan; dijo: Ḥaǧǧāǧ me narró, de Ibn Ǧurayǧ; dijo: Muǧāhid dijo acerca de Su dicho: { a tu alimento } dijo: una cesta de higos; { y tu bebida } una tinaja de vino; { no se ha alterado } dice: no se pudrió.

Y considero que Muǧāhid, al-Rabīʿ y quienes dijeron lo que ellos dijeron vieron que Su dicho: { no se ha alterado } procedía de la palabra de Dios —exaltado sea Su recuerdo—: { de barro negro, moldeado } con el sentido de lo que cambia su olor por la fetidez, de la expresión del hablante: «tasannana». Ya he expuesto anteriormente la prueba de que no es así.

Si alguien pensara que procede de «al-asan», de la expresión: «asana hāḏā al-māʾ yaʾsanu asanan», como en Su dicho —exaltado sea Su recuerdo—: { en ella hay ríos de agua no corrompida } si fuera así, el enunciado sería: «mira tu alimento y tu bebida: no se ha corrompido (lam yataʾsan)», y no «yatasannah». Pues procede de ello; pero, aun dejando su hamza, no es lícito intensificar su nūn, porque la nūn no es geminada, mientras que en «yatasannah» sí lo es. Y si se pronunciara «yataʾsan» dejando la hamza, se diría «yatasan» con nūn ligera, sin hāʾ añadida. En ello hay una evidencia clara de que no es lícito que proceda de «al-asan».

El dicho sobre la interpretación de Su palabra —exaltado sea—: { Y mira tu asno }.

Los exégetas discreparon acerca de la interpretación de Su dicho: { Y mira tu asno } Unos dijeron: su sentido es: mira cómo doy vida a tu asno, y mira sus huesos: cómo los levantamos y luego los revestimos de carne.

Luego discreparon quienes interpretaron así. Unos dijeron: Dios —exaltado sea Su recuerdo— le dijo eso después de haberlo resucitado, creado completo, y luego quiso dar vida a su asno¹, para mostrarle el modo de dar vida a la aldea que vio desolada sobre sus techumbres, cuando dijo: { ¿Cómo dará vida a ésta Dios después de su muerte? } reprobando que Dios la vivificara. Se mencionan a quienes dijeron eso:

Nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Salama, de Ibn Isḥāq, de alguien no sospechoso, de Wahb b. Munabbih; dijo: Dios lo resucitó y dijo: { ¿Cuánto tiempo has permanecido? Dijo: «He permanecido un día o parte de un día» } hasta Su dicho: { y luego los revestimos de carne } Dijo: miró a su asno: sus partes se unían unas con otras; había muerto con él, quedando nervios y tendones; luego se revistió de carne hasta quedar completo; luego el espíritu corrió en él y se levantó rebuznando. Miró su mosto y sus higos: estaban tal como los había dejado, sin cambio. Cuando contempló del poder de Dios lo que contempló, dijo: { Sé que Dios es poderoso sobre toda cosa }.

Me narró Mūsā; dijo: nos narró ʿAmr; dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī: luego Dios dio vida a ʿUzayr y dijo: «¿Cuánto tiempo has permanecido?». Dijo: «He permanecido un día o parte de un día». Dijo: «No; has permanecido cien años. Mira tu alimento y tu bebida: no se han alterado. Y mira tu asno: ha perecido y sus huesos se han descompuesto. Y mira sus huesos: cómo los levantamos y luego los revestimos de carne». Dios envió un viento que trajo los huesos del asno desde toda llanura y montaña, adonde los habían llevado las aves y las fieras; se reunieron, se ensamblaron unos con otros ante su vista, y se hizo un asno de huesos sin carne ni sangre. Luego Dios revistió los huesos de carne y sangre, y se alzó un asno de carne y sangre sin espíritu. Luego vino un ángel caminando, tomó por el hocico al asno y sopló en él; el asno rebuznó. Entonces dijo: «Sé que Dios es poderoso sobre toda cosa».

Según la interpretación de quien sostiene esta opinión, el sentido del enunciado es: «Mira cómo damos vida a tu asno, y mira sus huesos: cómo los levantamos y luego los revestimos de carne; y para que te hagamos un signo para la gente». En Su dicho: { Y mira tu asno } habría una elipsis, bastando la indicación de su ظاهر. Y el alif-lām en Su dicho: { Y mira los huesos } sería un sustituto de la hāʾ pretendida en el sentido, pues su significado es: «y mira sus huesos», es decir, los huesos del asno.

Otros dijeron: más bien Dios —exaltado sea Su recuerdo— le dijo eso después de haber soplado el espíritu en su ojo. Dijeron: fue el primer miembro en el que Dios sopló el espíritu, después de haberlo formado completo y antes de dar vida a su asno. Se mencionan a quienes dijeron eso:

Me narró Muḥammad b. ʿAmr; dijo: nos narró Abū ʿĀṣim; dijo: nos narró ʿĪsā, de Ibn Abī Naǧīḥ, de Muǧāhid; dijo: era un hombre de los Hijos de Israel; se sopló el espíritu en sus ojos, y miró toda su creación cuando Dios le daba vida, y miró a su asno cuando Dios le daba vida.

Me narró al-Muṯannā; dijo: nos narró Abū Ḥuḏayfa; dijo: nos narró Šibl, de Ibn Abī Naǧīḥ, de Muǧāhid, lo mismo.

Nos narró al-Qāsim; dijo: nos narró al-Ḥusayn; dijo: Ḥaǧǧāǧ me narró, de Ibn Ǧurayǧ; dijo: comenzó por sus ojos y sopló en ellos el espíritu; luego por sus huesos, los levantó; luego unió unos con otros; luego los revistió de tendones, luego de venas, luego de carne. Luego miró a su asno: se había descompuesto y sus huesos se habían blanqueado en el lugar donde lo ató. Se llamó: «¡Oh huesos, reuniros, pues Dios hará descender sobre vosotros un espíritu!». Cada hueso corrió hacia su compañero; se unieron los huesos, luego los tendones, luego las venas, luego la carne, luego la piel, luego el pelo. Su asno era joven; Dios lo resucitó ya grande, envejecido; no quedaba de él sino la piel por lo largo del tiempo. Su alimento era una cesta de uvas y su bebida una tinaja de vino. Ibn Ǧurayǧ dijo, de Muǧāhid: se sopló el espíritu en sus ojos, y miró con ellos toda su creación cuando Dios la desplegaba, y miró a su asno cuando Dios le daba vida.

Otros dijeron: más bien Dios puso el espíritu en su cabeza y su vista, dejando su cuerpo muerto; vio a su asno en pie tal como el día en que lo ató, y su alimento y su bebida tal como el día en que se detuvo en aquel lugar. Luego Dios le dijo: «Mira los huesos de ti mismo: cómo los levantamos». Se mencionan a quienes dijeron eso:

Me narró Muḥammad b. Sahl b. ʿAskar; dijo: nos narró Ismāʿīl b. ʿAbd al-Karīm; dijo: ʿAbd al-Ṣamad b. Maʿqil me narró que oyó a Wahb b. Munabbih decir: Dios devolvió el espíritu de vida al ojo de Irmiyā, dejando el resto de su cuerpo muerto; miró su alimento y su bebida: no se habían alterado; miró su asno en pie tal como el día en que lo ató: no había comido ni bebido; miró la cuerda en el cuello del asno: no había cambiado, seguía nueva.

Se me narró de al-Ḥusayn; dijo: oí a Abū Muʿāḏ; dijo: nos narró ʿUbayd b. Sulaymān; dijo: oí a al-Ḍaḥḥāk decir acerca de Su dicho: { Entonces Dios lo hizo morir cien años; luego lo resucitó } Miró a su asno en pie, habiendo permanecido cien años, y a su alimento sin cambio, habiendo pasado sobre él cien años. { Y mira los huesos: cómo los desplegamos y luego los revestimos de carne } Lo primero que Dios vivificó de él fue su cabeza, y se puso a mirar cómo se creaba el resto de su cuerpo.

Me narró al-Muṯannā; dijo: nos narró Isḥāq; dijo: nos narró Abū Zuhayr, de Ǧuwaybir, de al-Ḍaḥḥāk, acerca de Su dicho: { Entonces Dios lo hizo morir cien años; luego lo resucitó } Miró a su asno en pie, y a su alimento y su bebida sin cambio. Lo primero que se creó de él fue su cabeza; se puso a mirar cómo cada cosa de él se unía con otra. Cuando se le hizo evidente, dijo: { Sé que Dios es poderoso sobre toda cosa }.

Nos narró Bišr b. Muʿāḏ; dijo: nos narró Yazīd; dijo: nos narró Saʿīd, de Qatāda; dijo: se nos ha mencionado que lo primero que Dios creó de él fue su cabeza; luego se le colocaron sus ojos. Luego se le dijo: «¡Mira!». Se puso a mirar: sus huesos se unían unos con otros, y eso fue ante los ojos del profeta —la paz sea con él—. Entonces dijo: «Sé que Dios es poderoso sobre toda cosa».

Se me narró de ʿAmmār; dijo: nos narró Ibn Abī Ǧaʿfar, de su padre, de al-Rabīʿ: { Mira, pues, tu alimento y tu bebida: no se han alterado. Y mira tu asno } Su asno estaba junto a él tal como estaba. { y para que te hagamos un signo para la gente. Y mira los huesos: cómo los levantamos }. Al-Rabīʿ dijo: se nos ha mencionado —y Dios sabe mejor— que lo primero que se creó de él fueron sus ojos; luego se le dijo: «Mira», y se puso a mirar los huesos: cómo se unían unos con otros, y eso fue con sus ojos. Se le dijo: «Sé que Dios es poderoso sobre toda cosa».

Me narró Yūnus; dijo: nos informó Ibn Wahb; dijo: nos informó Ibn Zayd; dijo acerca de Su dicho: { Mira, pues, tu alimento y tu bebida: no se han alterado. Y mira tu asno } que ha estado en pie ante ti desde hace cien años. { y para que te hagamos un signo para la gente. Y mira los huesos } dice: mira tus huesos: cómo los damos vida cuando nos preguntaste cómo damos vida a esta tierra después de su muerte. Dijo: Dios puso el espíritu en su vista y en su lengua; luego dijo: «Invoca ahora con tu lengua, en la que Dios ha puesto el espíritu, y mira con tu vista». Dijo: miraba el cráneo. Dijo: entonces se llamó: «Que cada hueso se una a su par». Cada hueso vino a su compañero hasta unirse, y él lo veía; incluso el fragmento de hueso venía al lugar del que se había quebrado y se pegaba a él, hasta que se unió a su cráneo, y él lo veía. Cuando se unieron, los ató con tendones y venas, hizo correr sobre ellos carne y piel, y luego sopló en ellos el espíritu. Luego dijo: { «Y mira los huesos: cómo los levantamos, y luego los revestimos de carne». Y cuando se le hizo evidente, dijo: «Sé que Dios es poderoso sobre toda cosa» }. Dijo: luego se ordenó y se llamó a aquellos huesos sobre los que él había dicho: { ¿Cómo dará vida a ésta Dios después de su muerte? } como se llamó a los huesos de sí mismo; y Dios les dio vida como le dio vida a él.

Me narró Yūnus; dijo: nos informó Ibn Wahb; dijo: me informó Bakr b. Muḍar; dijo: pretenden en algunos libros que Dios hizo morir a Irmiyā cien años; luego lo resucitó, y he aquí que su asno estaba vivo, en pie sobre su atadura. Dijo: Dios le devolvió la vista y puso el espíritu en él antes de resucitarlo por treinta años; luego miró Bayt al-Maqdis y cómo fue reconstruida, y lo que la rodeaba. Dijo: dicen —y Dios sabe mejor— que es aquel de quien Dios —exaltado sea Su recuerdo— dijo: { O como aquel que pasó por una aldea, estando ella desolada }... la aleya.

El sentido de la aleya, según la interpretación de éstos, es: «Mira tu asno, y para que te hagamos un signo para la gente; y mira tus huesos: cómo los levantamos tras su descomposición, y luego los revestimos de carne; y les damos vida con tu vida, para que sepas cómo Dios da vida a las aldeas y a sus gentes después de su muerte».

(La opinión más correcta sobre esta aleya es la de quien dijo: Dios —exaltado sea Su recuerdo— resucitó de su muerte a quien dijo: { ¿Cómo dará vida a ésta Dios después de su muerte? } Luego le mostró, de manera visible, un ejemplo de aquello que había reprobado —la vivificación de la aldea por la que pasó tras su muerte— mediante sí mismo, su alimento y su asno. Así, el Altísimo —exaltado sea Su recuerdo— hizo de lo que le mostró al vivificarlo a él y a su asno un ejemplo de lo que él reprobó de la vivificación de la gente de la aldea por la que pasó, desolada sobre sus techumbres; e hizo de lo que le mostró como lección en su alimento y su bebida una lección y una prueba contra él acerca del modo de vivificar las moradas de la aldea y sus huertos. Ése es el sentido de la palabra de Muǧāhid que mencionamos antes.

Sólo dijimos que esto es lo más adecuado para la interpretación de la aleya porque Su dicho: { Y mira los huesos } significa: «mira los huesos que ves con tu vista: cómo los levantamos y luego los revestimos de carne». Y el asno, según todos los exégetas, había alcanzado un grado de descomposición semejante al que alcanzó los huesos de aquel a quien se dirige este خطاب. No fue posible llevar el sentido de Su dicho: { Y mira los huesos } a que fuera una orden de mirar los huesos del asno sin los huesos del ordenado a mirar, ni a que fuera una orden de mirar los huesos de sí mismo sin los huesos del asno.

Y siendo así, y habiendo alcanzado la descomposición a sus huesos y a los huesos de su asno, lo más adecuado es que la orden de mirar abarque todo lo que su vista alcanzaba de aquello a lo que la descomposición había alcanzado, pues Dios —exaltado sea Su recuerdo— hizo de todo ello una prueba contra él y para él una lección y admonición.

El dicho sobre la interpretación de Su palabra —exaltado sea—: { y para que te hagamos un signo para la gente }.

Con ello —exaltado sea Su recuerdo— quiere decir: { y para que te hagamos un signo para la gente } te hicimos morir cien años y luego te resucitamos. Y se introdujo la wāw con la lām en Su dicho: { y para que te hagamos un signo para la gente } siendo con el sentido de «para que», porque su entrada en «para que» y sus hermanas indica que es condición para un فعل posterior; con el sentido de: «y para que te hagamos tal y tal, hicimos eso». Si no hubiera wāw antes de la lām —la lām de «para que»—, la lām sería condición del فعل anterior, y el sentido sería: «mira tu asno, para que te hagamos un signo para la gente». Y con Su dicho: { y para que te hagamos un signo } quiere decir: para que te hagamos una prueba contra quien ignoró Mi poder y dudó de Mi grandeza: Yo soy el capaz de hacer lo que quiero de dar muerte y dar vida, aniquilar y crear, favorecer y humillar, restringir y enriquecer. Todo eso está en Mi mano: nadie lo posee fuera de Mí, ni nadie puede hacerlo sino Yo.

Y algunos exégetas decían: fue un signo para la gente porque volvió, tras cien años, a su hijo y al hijo de su hijo siendo joven, mientras ellos eran ancianos. Se mencionan a quienes dijeron eso:

Me narró al-Muṯannā; dijo: nos informó Isḥāq; dijo: nos narró Qabīṣa b. ʿUqba, de Sufyān; dijo: oí a al-Aʿmaš decir acerca de Su dicho: { y para que te hagamos un signo para la gente } dijo: llegó joven y su hijo era anciano.

Otros dijeron: su sentido es que llegó cuando ya había perecido quien lo conocía, y fue un signo para quienes de su pueblo llegaron a él. Se mencionan a quienes dijeron eso:

Me narró Mūsā; dijo: nos narró ʿAmr; dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī; dijo: volvió a su familia y halló que su casa había sido vendida y edificada, y que había perecido quien lo conocía. Dijo: «¡Salid de mi casa!». Dijeron: «¿Y quién eres tú?». Dijo: «Soy ʿUzayr». Dijeron: «¿Acaso no pereció ʿUzayr desde tal y tal?». Dijo: «Pues ʿUzayr soy yo; me ocurrió tal y tal». Cuando supieron eso, salieron de la casa y se la devolvieron.

Y lo más adecuado en la interpretación de la aleya es decir: Dios —exaltado sea Su recuerdo— informó que hizo de aquel cuya descripción se menciona en esta aleya una prueba para la gente. Eso fue una prueba contra quienes lo conocían de su descendencia y su pueblo, de quienes sabían de su muerte y de que Dios lo vivificó tras su muerte, y contra quienes de ellos fueron enviados a él.

El dicho sobre la interpretación de Su palabra —exaltado sea—: { Y mira los huesos: cómo los levantamos }.

Ya hemos demostrado anteriormente que los huesos a los que se ordenó mirar son los huesos de él mismo y de su asno, y hemos mencionado la discrepancia de los discrepantes en su interpretación y lo que cada uno quiso decir con ello, lo cual hace innecesario repetirlo.

En cuanto a Su dicho: { cómo los levantamos } los lectores discreparon en su lectura. Algunos leyeron: { Y mira los huesos: cómo los levantamos } con ḍamma en la nūn y con zāy; ésta es la lectura de la mayoría de los lectores de Kūfa, con el sentido: «mira cómo los ensamblamos unos sobre otros y los trasladamos a lugares del cuerpo». El أصل de «našz» es la elevación; de ello se dice: «našaza al-ġulām» cuando crece y se alza su estatura; y de ello el «nušūz» de la mujer contra su marido. De ello se dice del lugar elevado de la tierra: «našaz» y «našz» y «našāz». Si quieres decir que lo elevaste, dices: «anšaẓtuhu inšāzan». Y «našaza» es cuando se eleva. Así, el sentido de Su dicho: { Y mira los huesos: cómo los levantamos } según la lectura con zāy es: cómo los elevamos desde sus lugares en la tierra y los devolvemos a sus lugares en el cuerpo.

Un grupo de exégetas interpretó así. Se mencionan a quienes dijeron eso:

Me narró al-Muṯannā; dijo: nos narró ʿAbd Allāh b. Ṣāliḥ; dijo: Muʿāwiya me narró, de ʿAlī, de Ibn ʿAbbās, acerca de Su dicho: { cómo los levantamos } dijo: cómo los sacamos.

Me narró Mūsā; dijo: nos narró ʿAmr; dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī: { cómo los levantamos } dijo: los movemos.

Otros lo leyeron: «Y mira los huesos: cómo los desplegamos» con ḍamma en la nūn, y dijeron: procede de la expresión: «anšara Allāh al-mawtā fa-huwa yanšuruhum inšāran». Ésta es la lectura de la mayoría de los lectores de Medina, con el sentido: «mira los huesos: cómo les damos vida y luego los revestimos de carne». Se mencionan a quienes dijeron eso:

Me narró Muḥammad b. ʿAmr; dijo: nos narró Abū ʿĀṣim; dijo: nos narró ʿĪsā, de Ibn Abī Naǧīḥ, de Muǧāhid: «cómo los desplegamos» dijo: míralos cuando Dios les da vida.

Me narró al-Muṯannā; dijo: nos narró Abū Ḥuḏayfa; dijo: nos narró Šibl, de Ibn Abī Naǧīḥ, de Muǧāhid, lo mismo.

Nos narró Bišr; dijo: nos narró Yazīd; dijo: nos narró Saʿīd, de Qatāda, lo mismo.

Me narró Yūnus; dijo: nos informó Ibn Wahb; dijo: Ibn Zayd dijo acerca de: «Y mira los huesos: cómo los desplegamos» dijo: cómo les damos vida.

Algunos de quienes leyeron con rāʾ y ḍamma en la nūn inicial argumentaron con Su dicho: { luego, cuando quiere, lo resucita } y vieron correcto asimilar a ello: «Y mira los huesos: cómo los desplegamos». Y algunos lo leyeron: «Y mira los huesos: cómo los extendemos» con fatḥa en la nūn inicial y con rāʾ¹, como si lo orientaran al sentido de desplegar y plegar una cosa. Ésta es una lectura no loable, porque los árabes no dicen «našara al-mawtā», sino que dicen: «anšara Allāh al-mawtā», y «našarū» ellos con el sentido: «Él les dio vida y ellos vivieron». Lo indica Su dicho: { luego, cuando quiere, lo resucita } y Su dicho: { ¿acaso dioses de la tierra los resucitarán? } Y que, cuando se quiere decir que el muerto vivió y volvió tras su muerte, se dice «našara». De ello es el dicho de al-Aʿšā de Banū Ṯaʿlaba:

«Hasta que la gente diga, por lo que vio: ¡qué asombro del muerto resucitado!» Y se ha transmitido, oído de los árabes: «tenía sarna y revivió (fa-našara)», cuando volvió y vivió. La opinión, a mi juicio, es que el significado de «inšār» y el de «inšāz» son cercanos, porque el significado de «inšāz» —el ensamblaje, la fijación, el devolver los huesos a los huesos y su restitución— no es sino devolverlos a sus lugares y posiciones en el cuerpo tras haberse separado de ellos. Así, aunque difieran en la expresión, son cercanos en el significado. La comunidad ha venido con ambas lecturas de un modo que corta la excusa y establece la prueba; por cualquiera de las dos que lea el lector, acierta, por la convergencia de sus significados. No hay prueba que obligue a preferir una como más correcta que la otra. Si alguien pensara que «inšār», al ser vivificación, es más correcto, porque se ordenó mirar los huesos mientras se «despliegan» para ver con los propios ojos lo que negó al decir: { ¿Cómo dará vida a ésta Dios después de su muerte? } la vivificación de los huesos aquí no significa sino devolverlos a sus lugares en el cuerpo de aquello que se mira, mientras vive, no devolver el espíritu que los había abandonado al morir. Lo indica Su dicho: { luego los revestimos de carne } Y no hay duda de que el espíritu sólo se sopló en los huesos que fueron «desplegados» después de ser revestidos de carne. Siendo así, y siendo el significado de «inšāz» el ensamblaje de los huesos y su devolución a sus lugares en el cuerpo, y siendo ése el significado de «inšār», y siendo sabido que ambos significados son iguales y no difieren, ello aclara la validez de lo que hemos dicho. En cuanto a la tercera lectura, no es lícito leerla, a mi juicio: la de quien lee: «cómo los extendemos» con fatḥa en la nūn y con rāʾ, por ser شاذة respecto de la lectura de los musulmanes y por apartarse del habla correcta y elocuente de los árabes. El dicho sobre la interpretación de Su palabra —exaltado sea—: { luego los revestimos de carne }. Con ello —exaltado sea Su recuerdo— quiere decir: { luego los revestimos } es decir, los huesos, de carne. La hāʾ en Su dicho: { luego los revestimos de carne } remite a «los huesos». El sentido de «los revestimos» es: los cubrimos y los ocultamos con ella, como el cuerpo del ser humano es ocultado por su vestidura que se pone. Así hacen los árabes: consideran «vestidura» y «revestimiento» todo lo que cubre y oculta algo. De ello es el dicho de al-Nābiġa al-Ǧaʿdī:

«Alabado sea Dios, pues no me llegó mi plazo hasta que me revestí del Islam como de una túnica»

Hizo del Islam, cuando cubrió lo que él era y lo ocultó y lo hizo desaparecer, un revestimiento y una túnica.

El dicho sobre la interpretación de Su palabra —exaltado sea—: { Y cuando se le hizo evidente, dijo: «Sé que Dios es poderoso sobre toda cosa» }.

Con Su dicho —exaltado sea Su recuerdo—: { Y cuando se le hizo evidente } quiere decir: cuando se le aclaró, de manera visible, aquello que antes de verlo le parecía reprobable del poder de Dios y Su grandeza, dijo: «Sé ahora, tras la contemplación, la aclaración y la evidencia, que Dios es poderoso sobre toda cosa».

Luego se discrepó en la lectura de Su dicho: { dijo: «Sé que Dios...» }. Algunos lo leyeron: «dijo: sabe» (قال اعْلَمْ), con sentido imperativo, enlazando el alif de «iʿlam» y apocopando su mīm. Ésta es la lectura de la mayoría de los lectores de Kūfa. Mencionan que en la lectura de ʿAbd Allāh está: «se dijo: sabe que Dios», como imperativo de Dios al resucitado tras su muerte; se le ordenó mirar lo que Dios vivifica tras su muerte. Así se transmitió de Ibn ʿAbbās.

Me narró Aḥmad b. Yūsuf al-Taġlibī; dijo: nos narró al-Qāsim b. Salām; dijo: Ḥaǧǧāǧ me narró, de Hārūn; dijo: en la lectura de ʿAbd Allāh está: «se dijo: sabe que Dios», como imperativo.

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā; dijo: nos informó ʿAbd al-Razzāq; dijo: nos informó Maʿmar, de Ibn Ṭāwūs, de su padre —creo—; Abū Ǧaʿfar al-Ṭabarī dudó; oí a Ibn ʿAbbās leer: «Y cuando se le hizo evidente, dijo: sabe». Dijo: en verdad se le dijo eso.

Se me narró de ʿAmmār; dijo: nos narró Ibn Abī Ǧaʿfar, de su padre, de al-Rabīʿ; dijo: se nos ha mencionado —y Dios sabe mejor— que se le dijo: «¡Mira!». Se puso a mirar los huesos: cómo se unían unos con otros, y eso fue con sus ojos. Se le dijo: «Sabe que Dios es poderoso sobre toda cosa».

Según esta opinión, su interpretación es: cuando se le hizo evidente el asunto de Dios y Su poder, Dios le dijo: «Sabe ahora que Dios es poderoso sobre toda cosa». Si un intérprete llevara Su dicho «dijo: sabe», habiéndolo leído como imperativo, a que procediera del propio protagonista del relato, sería un sentido correcto: como cuando alguien dice: «sabe que fue tal y tal», como imperativo dirigido a otro, queriendo decirse a sí mismo.

Otros lo leyeron: { dijo: «Sé» } como noticia sobre sí mismo, con hamza en el alif de «aʿlamu» y elevando la mīm; con el sentido: cuando se le hizo evidente, por la contemplación, el poder de Dios y la grandeza de Su dominio, dijo: «Sé ahora que Dios es poderoso sobre toda cosa». Así lo leyó la mayoría de la gente de Medina y algunos lectores de Iraq; y así lo interpretó un grupo de exégetas. Se mencionan a quienes dijeron eso:

Nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Salama, de Ibn Isḥāq, de alguien no sospechoso, de Wahb b. Munabbih; dijo: cuando contempló del poder de Dios lo que contempló, dijo: { Sé que Dios es poderoso sobre toda cosa }.

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā; dijo: nos informó ʿAbd al-Razzāq; dijo: nos informó ʿAbd al-Ṣamad b. Maʿqil que oyó a Wahb b. Munabbih decir: { Y cuando se le hizo evidente, dijo: «Sé que Dios es poderoso sobre toda cosa» }.

Nos narró Bišr; dijo: nos narró Yazīd; dijo: nos narró Saʿīd, de Qatāda; dijo: se refiere al profeta de Dios —la paz sea con él—, es decir, al levantamiento de los huesos; entonces dijo: «Sé que Dios es poderoso sobre toda cosa».

Me narró Mūsā; dijo: nos narró ʿAmr; dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī; dijo: ʿUzayr dijo entonces —es decir, al contemplar cómo Dios daba vida a su asno—: { Sé que Dios es poderoso sobre toda cosa }.

Me narró al-Muṯannā; dijo: nos narró Isḥāq; dijo: nos narró Abū Zuhayr, de Ǧuwaybir, de al-Ḍaḥḥāk; dijo: se puso a mirar cómo cada cosa de él se unía con otra; { Y cuando se le hizo evidente, dijo: «Sé que Dios es poderoso sobre toda cosa» }.

Me narró Yūnus; dijo: nos informó Ibn Wahb; dijo: Ibn Zayd dijo algo semejante.

Y la lectura más correcta de ambas es la de quien lee: «sabe» (اعْلَمْ), enlazando el alif y apocopando la mīm, como imperativo de Dios —exaltado sea Su recuerdo— al que Él resucitó tras su muerte: que sepa que Dios, que le mostró con sus propios ojos lo que le mostró de Su inmenso poder y dominio —al vivificarlo a él y a su asno tras cien años de muerte y descomposición, hasta que ambos volvieron a ser como el día en que tomó sus almas, y al preservar su alimento y su bebida cien años hasta devolvérselos como el día en que los dejó, sin cambio—, es poderoso sobre toda cosa.

Sólo escogimos esta lectura y la juzgamos correcta frente a la otra¹ porque lo que la precede es un discurso imperativo de Dios —exaltado sea Su recuerdo— dirigido al que Dios resucitó tras su muerte, y es Su dicho: { Mira, pues, tu alimento y tu bebida: no se han alterado. Y mira tu asno... Y mira los huesos: cómo los levantamos } Cuando se le hizo evidente eso como respuesta a su pregunta a su Señor: { ¿Cómo dará vida a ésta Dios después de su muerte? } Dios le dijo: «Sabe que Dios, que hizo estas cosas como has visto, es poderoso sobre otras cosas como lo es sobre lo que has visto y sus semejantes». Así como el Altísimo —exaltado sea Su recuerdo— dijo a Su íntimo Abraham —la paz sea con él—, después de responder a su petición en Su dicho: { Señor mío, muéstrame cómo das vida a los muertos } : { y sabe que Dios es poderoso, sabio } Ordenó a Abraham que supiera, después de mostrarle el modo de dar vida a los muertos, que Él es poderoso y sabio. Del mismo modo ordenó a quien preguntó: { ¿Cómo dará vida a ésta Dios después de su muerte? } que, después de mostrarle el modo de vivificarla, supiera que Dios es poderoso sobre toda cosa.

Notas y Referencias

[1]