2

La Vaca

البقرة Al-Baqarah
Aya 229

Versículo (Español)

[2:229] El divorcio puede revocarse dos veces. Luego de lo cual no cabe sino convivir dignamente o separarse definitivamente con decoro. No es permitido [a los hombres] tomar nada de lo que hayan dado [como dote]. Pero si no existe una voluntad de convivencia y temen que no se cumpla con lo que Dios ha ordenado [sobre el buen trato], no incurrirá en falta ninguno de los dos [esposos] en que la mujer llegue a un acuerdo económico con su marido para la disolución del matrimonio. Éstas son las leyes de Dios, no las quebranten. Quienes las quebrantan son los opresores.

Tafsir de At-Tabari

{ٱلطَّلَٰقُ مَرَّتَانِۖ فَإِمۡسَاكُۢ بِمَعۡرُوفٍ أَوۡ تَسۡرِيحُۢ بِإِحۡسَٰنٖۗ وَلَا يَحِلُّ لَكُمۡ أَن تَأۡخُذُواْ مِمَّآ ءَاتَيۡتُمُوهُنَّ شَيۡـًٔا إِلَّآ أَن يَخَافَآ أَلَّا يُقِيمَا حُدُودَ ٱللَّهِۖ فَإِنۡ خِفۡتُمۡ أَلَّا يُقِيمَا حُدُودَ ٱللَّهِ فَلَا جُنَاحَ عَلَيۡهِمَا فِيمَا ٱفۡتَدَتۡ بِهِۦۗ تِلۡكَ حُدُودُ ٱللَّهِ فَلَا تَعۡتَدُوهَاۚ وَمَن يَتَعَدَّ حُدُودَ ٱللَّهِ فَأُوْلَـٰٓئِكَ هُمُ ٱلظَّـٰلِمُونَ} (229) القول في تأويل قوله تعالى :

{ El divorcio es dos veces; entonces, retención conforme a lo reconocido, o liberación con benevolencia. Y no os es lícito tomar nada de lo que les habéis dado, salvo que ambos teman no mantener los límites de Dios. Y si teméis que no mantengan los límites de Dios, no hay culpa sobre ambos en aquello con lo que ella se rescate. Esos son los límites de Dios: no los transgredáis. Y quien transgrede los límites de Dios, esos son los injustos. }

Los exégetas discreparon acerca de la interpretación de ello. Unos dijeron: es una indicación del número de divorcios en los que el hombre tiene derecho a la revocación respecto de su esposa, y del número por el cual su esposa queda separada definitivamente de él.

Mención de quienes dijeron que esta aleya fue revelada porque la gente de la ignorancia preislámica y la gente del islam antes de su revelación no tenían para su divorcio un término final por el cual, al alcanzarlo, la mujer quedase separada definitivamente de él, mientras él la revocara durante su ‘idda; y Dios —exaltado sea Su recuerdo— estableció para ello un límite: al llegar el divorcio a ese límite, se le prohibió al hombre su esposa divorciada salvo después de que ella se casara con otro; y entonces la hizo más dueña de sí misma que él.

Mención de las noticias transmitidas que prueban lo que hemos dicho al respecto:

Nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Jarīr, de Hišām b. ‘Urwa, de su padre; dijo: el hombre divorciaba cuanto quería; luego, si revocaba a su esposa antes de que concluyera su ‘idda, ella era su esposa. Entonces un hombre de los Anṣār se enojó con su esposa y le dijo: «No me acercaré a ti y no quedarás libre de mí». Ella le dijo: «¿Cómo?» Dijo: «Te divorcio; y cuando se acerque tu término, te revoco; luego te divorcio; y cuando se acerque tu término, te revoco». Dijo: ella se quejó de ello al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, y Dios —exaltado sea Su recuerdo— reveló: {El divorcio es dos veces; entonces, retención conforme a lo reconocido...} la aleya.

Nos narró Abū Kurayb; dijo: nos narró Ibn Idrīs, de Hišām, de su padre; dijo: un hombre dijo a su esposa en tiempos del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—: «No te acogeré, y no te dejaré quedar libre». Ella le dijo: «¿Cómo harás?» Dijo: «Te divorcio; y cuando se acerque el fin de tu ‘idda, te revoco. ¿Cuándo quedarás libre?» Entonces ella acudió al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, y Dios reveló: {El divorcio es dos veces; entonces, retención conforme a lo reconocido o liberación con benevolencia}. La gente lo recibió como algo nuevo: tanto quien había divorciado como quien no había divorciado.

Nos narró Muḥammad b. Yaḥyā; dijo: nos informó ‘Abd al-A‘lā; dijo: nos narró Sa‘īd, de Qatāda; dijo: la gente de la ignorancia preislámica: el hombre divorciaba tres, diez y más que eso; luego revocaba mientras ella estuviera en la ‘idda. Entonces Dios fijó el límite del divorcio en tres repudios.

Nos narró Bišr; dijo: nos narró Yazīd; dijo: nos narró Sa‘īd, de Qatāda; dijo: en la ignorancia preislámica, uno de ellos divorciaba a su esposa y luego la revocaba: no había límite en ello; ella era su esposa mientras la revocara durante su ‘idda. Entonces Dios fijó el límite de ello: que llegue a tres períodos; y fijó el límite del divorcio en tres repudios.

Me narró Yūnus; dijo: nos informó Ibn Wahb; dijo: Ibn Zayd dijo acerca de Su dicho: {El divorcio es dos veces}: el divorcio, antes de que Dios estableciera el divorcio en tres, no tenía término: el hombre divorciaba a su esposa cien veces; luego, si quería revocarla antes de que quedara libre, eso le era permitido. Y un hombre divorció a su esposa; cuando estaba a punto de quedar libre, la revocó; luego reanudó con ella un divorcio después de eso para perjudicarla manteniéndola suspendida; y cuando estaba antes de que concluyera su ‘idda, la revocaba; e hizo eso repetidas veces. Cuando Dios supo eso de él, estableció el divorcio en tres: dos veces; luego, tras las dos veces, retención conforme a lo reconocido o liberación con benevolencia.

3Me narró Mūsā; dijo: nos narró ‘Amr; dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī: {El divorcio es dos veces; entonces, retención conforme a lo reconocido o liberación con benevolencia}. En cuanto a Su dicho: {El divorcio es dos veces}, es el plazo en el que hay revocación respecto de ella.

3Nos narró Hannād; dijo: nos narró Abū al-Aḥwaṣ, de Simāk, de ‘Ikrima, acerca de Su dicho: {El divorcio es dos veces; entonces, retención conforme a lo reconocido o liberación con benevolencia}. Dijo: si el hombre quiere divorciar a su esposa, la divorcia con dos repudios; si quiere revocarla, tiene derecho a revocación sobre ella; y si quiere, la divorcia otra vez, y entonces no le es lícita hasta que se case con un esposo distinto de él.

La interpretación de la aleya, según este relato que hemos mencionado, es el número de divorcios en los que vosotros, oh gentes, tenéis derecho de revocación sobre vuestras esposas, si han sido consumadas: dos repudios; luego, lo obligatorio para quien de vosotros la revoca tras los dos repudios es retener conforme a lo reconocido o liberar con benevolencia, porque no tiene revocación tras los dos repudios si la libera y la divorcia con el tercero.

Otros dijeron: esta aleya fue revelada al Profeta de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— como instrucción de Dios —exaltado sea Su recuerdo— a Sus siervos acerca de la sunna de divorciar a sus mujeres cuando quieran divorciarlas, no como indicación de la medida por la cual la mujer queda separada definitivamente de su esposo. Mención de quienes dijeron eso:

3Nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Jarīr, de Muṭarrif, de Abū Isḥāq, de Abū al-Aḥwaṣ, de ‘Abd Allāh, acerca de Su dicho: {El divorcio es dos veces; entonces, retención conforme a lo reconocido o liberación con benevolencia}. Dijo: la divorcia después de que se purifique sin haber tenido coito; luego la deja hasta que se purifique otra vez; luego la divorcia si quiere; luego, si quiere revocarla, la revoca; luego, si quiere, la divorcia; y si no, la deja hasta que complete tres menstruaciones y quede separada de él por ello.

Me narró al-Muṯannā; dijo: nos narró ‘Abd Allāh b. Ṣāliḥ; dijo: me narró Mu‘āwiya b. Ṣāliḥ, de ‘Alī b. Abī Ṭalḥa, de Ibn ‘Abbās, acerca de Su dicho: {El divorcio es dos veces; entonces, retención conforme a lo reconocido o liberación con benevolencia}. Dijo: si el hombre divorcia a su esposa con dos repudios, que tema a Dios respecto del tercer repudio: o bien la retiene conforme a lo reconocido y mejora su convivencia con ella, o bien la libera con benevolencia y no la perjudica en nada de su derecho.

Me narró Muḥammad b. ‘Amr; dijo: nos narró Abū ‘Āṣim, de ‘Īsā, de Ibn Abī Najīḥ, de Muǧāhid, acerca de Su dicho: {El divorcio es dos veces; entonces, retención conforme a lo reconocido o liberación con benevolencia}. Dijo: el hombre divorcia a su esposa estando pura sin coito; cuando ella menstrúa y luego se purifica, se completa un período; luego la divorcia por segunda vez como divorcia la primera, si quiere hacerlo. Si la divorcia por segunda vez y luego ella menstrúa la segunda menstruación, son dos repudios y dos períodos. Luego Dios —exaltado sea Su recuerdo— dijo respecto del tercero: {Entonces, retención conforme a lo reconocido o liberación con benevolencia}; y la divorcia en ese período entero si quiere, cuando ella recoge sus ropas.

Me narró al-Muṯannā; dijo: nos narró Abū Ḥuḏayfa; dijo: nos narró Šibl, de Ibn Abī Najīḥ, de Muǧāhid, con un sentido semejante, salvo que dijo: «y menstrúa la segunda menstruación, como divorció la primera; estos son dos repudios y dos períodos». Luego dijo: «la tercera», y el resto del relato es como el relato de Muḥammad b. ‘Amr, de Abū ‘Āṣim.

La interpretación de la aleya según estos es: la sunna del divorcio que os he legislado y permitido, si queréis divorciar a vuestras mujeres, es que las divorciéis dos veces, una en cada pureza; luego lo obligatorio para vosotros después de eso es: o bien retenerlas conforme a lo reconocido, o bien liberarlas con benevolencia.

Lo más acorde con el sentido aparente de la revelación es lo que dijeron ‘Urwa, Qatāda y quienes dijeron como ellos: que la aleya es indicación del número de divorcios por el cual se produce la prohibición y se anula la revocación, y del número en el cual hay revocación. Y ello porque Dios —exaltado sea Su recuerdo— dijo en la aleya que le sigue: {Y si la divorcia, no le será lícita después hasta que se case con un esposo distinto de él}. Así informó a Sus siervos de la medida por la cual la mujer queda prohibida para su esposo salvo después de otro esposo; y no aclaró en ella el tiempo en el que el divorcio es lícito y el tiempo en el que no lo es, de modo que se dirija la interpretación de la aleya a lo transmitido de Ibn Mas‘ūd, Muǧāhid y quienes sostuvieron algo semejante.

En cuanto a Su dicho: {Entonces, retención conforme a lo reconocido o liberación con benevolencia}, hay discrepancia entre los exégetas acerca de su interpretación y de lo que se quiso con ello. Unos dijeron: Dios —exaltado sea Su recuerdo— quiso con ello indicar lo que es obligatorio para los esposos que han divorciado dos veces, tras revocarlas desde el segundo repudio: convivir con ellas conforme a lo reconocido, o separarse de ellas mediante divorcio. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narró al-Qāsim; dijo: nos narró al-Ḥusayn; dijo: me narró Ḥaǧǧāǧ, de Ibn Ǧurayǧ; dijo: le dije a ‘Aṭā’: «¿{El divorcio es dos veces}?» Dijo: «Dice, en la tercera: o bien retener conforme a lo reconocido, o bien liberar con benevolencia». Y otros la dijeron. Dijo: Muǧāhid dijo: «el hombre tiene más derecho sobre su esposa en dos repudios que otro; pero si pronuncia la tercera, ya no tiene acceso a ella, y ella guarda ‘idda para otro».

Me narró Abū al-Sā’ib; dijo: nos narró Abū Mu‘āwiya, de Ismā‘īl b. Sumay‘, de Abū Razīn; dijo: un hombre acudió al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— y dijo: «¡Mensajero de Dios! ¿Qué opinas de Su dicho: {El divorcio es dos veces; entonces, retención conforme a lo reconocido o liberación con benevolencia}? ¿Dónde está la tercera?» El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «{Retención conforme a lo reconocido o liberación con benevolencia}: esa es la tercera».

Nos narró Muḥammad b. Baššār; dijo: nos narraron Yaḥyā b. Sa‘īd y ‘Abd al-Raḥmān b. Mahdī; dijeron: nos narró Sufyān, de Ismā‘īl b. Sumay‘, de Abū Razīn; dijo: un hombre vino al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— y dijo: «¡Mensajero de Dios! {El divorcio es dos veces}; ¿dónde está la tercera?» Dijo: «{Retención conforme a lo reconocido o liberación con benevolencia}».

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā; dijo: nos informó ‘Abd al-Razzāq; dijo: nos informó al-Ṯawrī, de Ismā‘īl, de Abū Razīn; dijo: un hombre dijo: «¡Mensajero de Dios! Dios dice: {El divorcio es dos veces; entonces, retención conforme a lo reconocido}; ¿dónde está la tercera?» Dijo: «{La liberación con benevolencia}».

Nos narró Ibn Baššār; dijo: nos narró Abū Aḥmad; dijo: nos narró Sufyān, de Ibn Ǧurayǧ, de Muǧāhid: {O liberación con benevolencia}. Dijo: «en la tercera».

Me narró al-Muṯannā; dijo: nos narró Isḥāq; dijo: nos narró ‘Abd al-Razzāq, de Ma‘mar, de Qatāda; dijo: el divorcio no tenía tiempo fijado hasta que Dios reveló: {El divorcio es dos veces}. Dijo: «la tercera: {retención conforme a lo reconocido o liberación con benevolencia}».

Otros dijeron: más bien Dios quiso con ello indicar lo que les es obligatorio hacia ellas tras el segundo repudio: o revocación conforme a lo reconocido, o liberación con benevolencia dejando de revocarlas hasta que concluya su ‘idda, y así pasan a ser más dueñas de sí mismas. Y rechazaron la afirmación de los primeros que dijeron que es indicación del tercer repudio. Mención de quienes dijeron eso:

Me narró Mūsā; dijo: nos narró ‘Amr; dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī, acerca de Su dicho: {Entonces, retención conforme a lo reconocido o liberación con benevolencia}. Si divorcia una vez o dos, o bien retiene —y retener es— revocar conforme a lo reconocido, o bien calla respecto de ella hasta que concluya su ‘idda y ella sea más dueña de sí misma.

Nos narró ‘Alī b. ‘Abd al-A‘lā; dijo: nos narró al-Muḥāribī, de Ǧuwaybir, de al-Ḍaḥḥāk: {O liberación con benevolencia}. Y la liberación es: dejarla hasta que transcurra su ‘idda.

3Nos narró Yaḥyā b. Abī Ṭālib; dijo: nos narró Yazīd; dijo: nos informó Ǧuwaybir, de al-Ḍaḥḥāk, acerca de Su dicho: {El divorcio es dos veces; entonces, retención conforme a lo reconocido o liberación con benevolencia}. Dijo: significa dos repudios entre los cuales hay revocación; y se ordenó retener o liberar con benevolencia. Dijo: si la divorcia por tercera vez, no le será lícita hasta que se case con un esposo distinto de él.

Parece que quienes sostuvieron esta opinión —la que hemos mencionado de al-Suddī y al-Ḍaḥḥāk— fueron a que el sentido del discurso es: «El divorcio es dos veces; entonces, retención en cada una de ellas conforme a lo reconocido, o liberación para ellas con benevolencia». Este es un enfoque que el sentido aparente de la revelación podría admitir, de no ser por el relato que he mencionado del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— transmitido por Ismā‘īl b. Sumay‘ de Abū Razīn; pues seguir el relato del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— es para nosotros más prioritario que otra cosa. Siendo eso lo obligatorio, queda claro que la interpretación de la aleya es: el divorcio en el que los esposos tienen derecho de revocación respecto de sus mujeres es dos veces; luego, la orden después de eso, cuando las revocan en la segunda, es o bien retención conforme a lo reconocido, o bien liberación por parte de ellos para ellas con benevolencia mediante el tercer repudio, hasta que queden separadas de ellos; entonces se anula lo que tenían sobre ellas de revocación y pasan a ser más dueñas de sí mismas que ellos.

Si alguien dijera: «¿Y qué es esa retención que es conforme a lo reconocido?» Se le diría: es lo que:

nos lo narró ‘Alī b. ‘Abd al-A‘lā al-Muḥāribī; dijo: nos narró ‘Abd al-Raḥmān b. Muḥammad al-Muḥāribī, de Ǧuwaybir, de al-Ḍaḥḥāk, acerca de Su dicho: {Entonces, retención conforme a lo reconocido}. Dijo: lo reconocido es: que mejore su convivencia con ella.

Me narró al-Muṯannā; dijo: nos narró ‘Abd Allāh b. Ṣāliḥ; dijo: me narró Mu‘āwiya b. Ṣāliḥ, de ‘Alī b. Abī Ṭalḥa, de Ibn ‘Abbās: {Entonces, retención conforme a lo reconocido}. Dijo: que tema a Dios respecto del tercer repudio: o bien la retiene conforme a lo reconocido y mejora su convivencia con ella.

Si dijera: «¿Y qué es la liberación con benevolencia?» Se le diría: es lo que:

me narró al-Muṯannā; dijo: nos narró Abū Ṣāliḥ; dijo: me narró Mu‘āwiya, de ‘Alī, de Ibn ‘Abbās: {O liberación con benevolencia}. Dijo: que la libere y no la perjudique en nada de su derecho.

Me narró Muḥammad b. Sa‘d; dijo: me narró mi padre; dijo: me narró mi tío; dijo: me narró mi padre, de su padre, de Ibn ‘Abbās: {Entonces, retención conforme a lo reconocido o liberación con benevolencia}. Dijo: es el pacto solemne.

Me narró Mūsā; dijo: nos narró ‘Amr; dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī: {O liberación con benevolencia}. Dijo: la benevolencia es: que le cumpla su derecho, no la dañe ni la injurie.

Nos narró ‘Alī b. ‘Abd al-A‘lā; dijo: nos narró ‘Abd al-Raḥmān b. Muḥammad al-Muḥāribī, de Ǧuwaybir, de al-Ḍaḥḥāk: {O liberación con benevolencia}. Dijo: la liberación con benevolencia es: dejarla hasta que transcurra su ‘idda, y darle la dote si él la debe cuando la divorcia. Esa es la liberación con benevolencia; y el don (mut‘a) según la capacidad.

Me narró al-Muṯannā; dijo: nos narró Suwayd b. Naṣr; dijo: nos informó Ibn al-Mubārak, de Ibn Ǧurayǧ, de ‘Aṭā’ al-Jurāsānī, de Ibn ‘Abbās, acerca de Su dicho: {Y tomaron de vosotros un pacto solemne}. Dijo: es Su dicho: {Entonces, retención conforme a lo reconocido o liberación con benevolencia}.

Si alguien dijera: «¿Y cuál es el elemento que rige ‘retención’ y ‘liberación’?» Se le diría: está elidido, bastando la indicación de lo que aparece en el discurso. Su sentido es: «El divorcio es dos veces; entonces, lo obligatorio en ese momento es retención conforme a lo reconocido o liberación con benevolencia». Y ya lo hemos expuesto explicado en Su dicho: {Entonces, seguimiento conforme a lo reconocido y entrega a él con benevolencia}; eso hace innecesario repetirlo en este lugar.

La palabra sobre la interpretación de Su dicho —exaltado sea—: {Y no os es lícito tomar nada de lo que les habéis dado, salvo que ambos teman no mantener los límites de Dios}.

Quiere decir —exaltado sea Su recuerdo— con Su dicho: {Y no os es lícito tomar nada de lo que les habéis dado}: no os es lícito, oh varones, tomar de vuestras mujeres, si queréis divorciarlas mediante vuestro divorcio y separación de ellas, nada de lo que les habéis dado de dote y les habéis entregado; antes bien, lo obligatorio para vosotros es liberarlas con benevolencia, esto es, cumplirles sus derechos de dote, don (mut‘a) y demás de lo que os es obligatorio hacia ellas, salvo que ambos teman no mantener los límites de Dios.

Los recitadores discreparon en la lectura de ello. Unos lo leyeron: {salvo que ambos teman no mantener los límites de Dios}, que es la lectura de la mayoría de la gente del Ḥiǧāz y de Baṣra, con el sentido de: salvo que el hombre y la mujer teman no mantener los límites de Dios. Y se ha mencionado que en la lectura de Ubayy b. Ka‘b está: «salvo que ambos crean que no mantendrán los límites de Dios».

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā; dijo: nos informó ‘Abd al-Razzāq; dijo: nos informó Ma‘mar; dijo: me informó Ṯawr, de Maymūn b. Mihrān; dijo: en la variante de Ubayy b. Ka‘b, el rescate (fidā’) es un repudio. Dijo: se lo mencioné a Ayyūb, y fuimos a un hombre que tenía un muṣḥaf antiguo de Ubayy, procedente de una fuente fiable; lo leímos y en él estaba: «salvo que ambos crean que no mantendrán los límites de Dios; y si ambos creen que no mantendrán los límites de Dios, no hay culpa sobre ambos en aquello con lo que ella se rescate»: «no le será lícita después hasta que se case con un esposo distinto de él».

Los árabes ponen en su habla ‘creer’ en lugar de ‘temer’, y ‘temer’ en lugar de ‘creer’, por la cercanía de sus significados, como dijo el poeta:

«Me llegó una palabra sobre Nuṣayb que él dice *** y no temí, oh Sallām, que tú me reprocharas»

con el sentido de: «no creí».

Otros, de la gente de Medina y Kufa, lo leyeron: «salvo que se tema que no mantengan los límites de Dios». En cuanto a quien lo leyó así entre la gente de Kufa, se mencionó que lo hizo por considerarlo conforme a la lectura de Ibn Mas‘ūd; y se mencionó que en la lectura de Ibn Mas‘ūd está: «salvo que temáis que no mantengan los límites de Dios». Y leerlo así por considerarlo conforme a la lectura de Ibn Mas‘ūd que se ha mencionado de él es un error; pues Ibn Mas‘ūd, si lo leyó como se ha mencionado, solo hizo actuar el ‘temor’ sobre «que» por sí sola, y eso no es rechazable en su corrección, como dijo el poeta:

«Si muero, entiérrame junto a una vid *** cuyas venas rieguen mis huesos tras mi muerte Y no me entierres en el desierto, pues yo *** temo, si muero, no probarla»

En cuanto a quien lo lee «salvo que ambos teman» con ese sentido, ha hecho actuar el verbo sobre un omitido cuyo nombre no se menciona y sobre «que», y lo ha hecho actuar sobre tres cosas: el omitido que es el nombre de aquello cuyo agente no se nombra, y sobre «que», que suple a dos cosas. Y los árabes no dicen en su habla: «ambos creyeron que se levantarían»; pero esa lectura es correcta, no según el enfoque de quien la leyó así por considerarla conforme a la lectura de ‘Abd Allāh que hemos descrito, sino en el sentido de que, si se lee así, se quiera decir: «salvo que se tema que no mantengan los límites de Dios», o «a que no mantengan los límites de Dios»; entonces el عامل en «que» no es el temor, y el temor actúa sobre aquello cuyo agente no se nombra. Eso es, para nosotros, lo correcto en la lectura, por la indicación de lo que viene después sobre su corrección, y es Su dicho: {Y si teméis que no mantengan los límites de Dios}. Así quedó claro que el primero tiene el sentido de: «salvo que temáis que no mantengan los límites de Dios».

Si alguien dijera: «¿Y cuál es la situación en la que se teme de ambos que no mantengan los límites de Dios, de modo que sea lícito al hombre tomar entonces de ella lo que le dio?» Se diría: la situación de su rebeldía (nušūz) y de que ella le muestre su aversión, hasta que se tema de ella que abandone la obediencia a Dios en lo que le incumbe hacia su esposo de derecho; y se tema del esposo, por su deficiencia en cumplir los derechos de él que Dios le impuso, que él abandone el cumplimiento de lo obligatorio hacia ella. Ese es el momento del temor respecto de ambos de no mantener los límites de Dios, obedeciéndole en lo que impuso a cada uno respecto del otro; y es la situación en la que el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— permitió a Ṯābit b. Qays b. Šammās tomar lo que había dado a su esposa cuando ella se rebeló contra él por aversión hacia él. Como:

nos narró Muḥammad b. ‘Abd al-A‘lā; dijo: nos narró al-Mu‘tamir b. Sulaymān; dijo: leí a Faḍīl, de Abū Ǧarīr, que preguntó a ‘Ikrima: «¿Tuvo el ḫul‘ un origen?» Dijo: Ibn ‘Abbās decía: «El primer ḫul‘ en el islam fue el de la hermana de ‘Abd Allāh b. Ubayy: acudió al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— y dijo: “¡Mensajero de Dios! No se juntarán jamás mi cabeza y la suya: levanté un lado de la tienda y lo vi venir en un grupo; y era el más negro de ellos, el más bajo de estatura y el más feo de rostro”. Su esposo dijo: “¡Mensajero de Dios! Le he dado lo mejor de mi hacienda: un huerto; que me devuelva mi huerto”. Él dijo: “¿Qué dices tú?” Ella dijo: “Sí; y si quiere, le aumento”. Entonces separó entre ambos».

Me narró Muḥammad b. Ma‘mar; dijo: nos narró Abū ‘Āmir; dijo: nos narró Abū ‘Amr al-Sadūsī, de ‘Abd Allāh —es decir, Ibn Abī Bakr—, de ‘Amra, de ‘Ā’iša: que Ḥabība bt. Sahl estaba casada con Ṯābit b. Qays b. Šammās; él la golpeó y le quebró parte de su cuerpo. Ella acudió al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— después del alba y se quejó de él. El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— llamó a Ṯābit y dijo: «Toma parte de su hacienda y sepárate de ella». Él dijo: «¿Y eso es correcto, Mensajero de Dios?» Dijo: «Sí». Dijo: «Le di como dote dos huertos, y están en su poder». Entonces el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «Tómalos y sepárate de ella». Y lo hizo.

Nos narró Abū Yasār; dijo: nos narró Rūḥ; dijo: nos narró Mālik, de Yaḥyā, de ‘Amra, que le informó acerca de Ḥabība bt. Sahl al-Anṣāriyya: que estaba casada con Ṯābit b. Qays b. Šammās, y que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— la vio junto a su puerta al alba oscura, y el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «¿Quién es esta?» Ella dijo: «Yo soy Ḥabība bt. Sahl: ni yo ni Ṯābit b. Qays, su esposo». Cuando vino Ṯābit, el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— le dijo: «Esta es Ḥabība bt. Sahl: menciona lo que Dios quiera que mencione». Ḥabība dijo: «¡Mensajero de Dios! Todo lo que me dio lo tengo conmigo». El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «Toma de ella». Él tomó de ella, y ella se quedó sentada en su casa.

Nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Yaḥyā b. Wāḍiḥ; dijo: nos narró al-Ḥasan b. Wāqid, de Ṯābit, de ‘Abd Allāh b. Rabāḥ, de Ǧamīla bt. Ubayy b. Salūl: que estaba con Ṯābit b. Qays y se rebeló contra él. El Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— mandó llamarla y dijo: «¡Ǧamīla! ¿Qué has detestado de Ṯābit?» Ella dijo: «Por Dios, no he detestado de él ni religión ni carácter, sino que detesté su fealdad». Él le dijo: «¿Devolverás el huerto?» Ella dijo: «Sí». Devolvió el huerto y separó entre ambos.

Se ha mencionado que esta aleya fue revelada acerca de ambos; quiero decir: acerca de Ṯābit b. Qays y esta esposa suya.

Nos narró al-Qāsim; dijo: nos narró al-Ḥusayn; dijo: nos narró Ḥaǧǧāǧ, de Ibn Ǧurayǧ; dijo: esta aleya fue revelada acerca de Ṯābit b. Qays y Ḥabība. Dijo: ella se quejó de él al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, y el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «¿Le devolverás su huerto?» Ella dijo: «Sí». Entonces el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— lo llamó y le mencionó eso. Él dijo: «¿Y me será grato?» Dijo: «Sí». Ṯābit dijo: «Ya lo he hecho». Entonces fue revelado: {Y no os es lícito tomar nada de lo que les habéis dado, salvo que ambos teman no mantener los límites de Dios. Y si teméis que no mantengan los límites de Dios, no hay culpa sobre ambos en aquello con lo que ella se rescate. Esos son los límites de Dios: no los transgredáis}.

En cuanto a los exégetas, discreparon sobre el sentido del temor de ambos de no mantener los límites de Dios. Unos dijeron: es que se manifieste de la mujer mal carácter y mala convivencia con su esposo; si eso se manifiesta de ella hacia él, le es lícito tomar lo que ella dio como rescate por separarse de ella. Mención de quienes dijeron eso:

Me narró ‘Alī b. Dāwūd; dijo: nos narró Abū Ṣāliḥ; dijo: me narró Mu‘āwiya, de ‘Alī b. Abī Ṭalḥa, de Ibn ‘Abbās: {Y no os es lícito tomar nada de lo que les habéis dado}: salvo que la rebeldía y el mal carácter provengan de parte de ella, y ella te llame a que se rescate de ti; entonces no hay culpa sobre ti en aquello con lo que se rescate.

Me narró Ya‘qūb; dijo: nos narró Ibn ‘Ulayya; dijo: Ibn Ǧurayǧ dijo: me informó Hišām b. ‘Urwa que ‘Urwa solía decir: no es lícito el rescate hasta que la corrupción provenga de parte de ella. Y no solía decir: no le es lícito hasta que ella diga: «no cumpliré para ti un juramento, ni me lavaré para ti de una impureza mayor».

Me narró Ya‘qūb; dijo: nos narró Ibn ‘Ulayya, de Ibn Ǧurayǧ; dijo: me informó ‘Amr b. Dīnār; dijo: Ǧābir b. Zayd dijo: si la rebeldía proviene de parte de ella, es lícito el rescate.

Nos narró al-Rabī‘ b. Sulaymān; dijo: nos informó Ibn Wahb; dijo: me narró Ibn Abī al-Zinād, de Hišām b. ‘Urwa, que su padre solía decir: si el mal carácter y la mala convivencia provienen de parte de la mujer, eso hace lícito su ḫul‘.

Me narró ‘Alī b. Sahl; dijo: nos narró Muḥammad b. Kaṯīr, de Ḥammād, de Hišām, de su padre; dijo: no es correcto el ḫul‘ hasta que la corrupción provenga de parte de la mujer.

Nos narró ‘Abd al-Ḥamīd b. Bayān al-Qannād; dijo: nos narró Muḥammad b. Yazīd, de Ismā‘īl, de ‘Āmir, acerca de una mujer que dijo a su esposo: «No cumpliré para ti un juramento, ni obedeceré una orden tuya, ni me lavaré para ti de una impureza mayor». Dijo: «¿Qué es esto?» —y movió su mano—. «No cumpliré para ti un juramento, ni obedeceré una orden tuya». Si la mujer detesta a su esposo, que él tome y la deje.

Nos narró Ibn Baššār; dijo: nos narró ‘Abd al-Wahhāb; dijo: nos narró Ayyūb, de Sa‘īd b. Ǧubayr; dijo acerca de la mujer que se rescata (al-muḫtali‘a): él la exhorta; si se corrige, bien; si no, la abandona en el lecho; si se corrige, bien; si no, la golpea; si se corrige, bien; si no, eleva su asunto a la autoridad, y esta envía un árbitro de su familia y un árbitro de la familia de ella. El árbitro de la familia de ella dice: «hazle esto y esto», y el árbitro de la familia de él dice: «hazle esto y esto». Aquel de los dos que sea más injusto, la autoridad lo reprende y le impide. Si ella es rebelde, le ordena que haga ḫul‘.

Me narró al-Muṯannā; dijo: nos narró Isḥāq; dijo: nos narró Ibn Abī Ǧa‘far, de su padre, de al-Rabī‘, acerca de Su dicho: {El divorcio es dos veces; entonces, retención conforme a lo reconocido...} hasta Su dicho: {no hay culpa sobre ambos en aquello con lo que ella se rescate}. Dijo: si la mujer está satisfecha, complacida y obediente, no le es lícito golpearla hasta que se rescate de él; si toma de ella algo por eso, lo que tome de ella es ilícito. Pero si la rebeldía, la aversión y la injusticia provienen de parte de ella, entonces le es lícito tomar de ella aquello con lo que se rescate.

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā; dijo: nos informó ‘Abd al-Razzāq; dijo: nos informó Ma‘mar, de al-Zuhrī, acerca de Su dicho: {Y no os es lícito tomar nada de lo que les habéis dado, salvo que ambos teman no mantener los límites de Dios}. Dijo: no le es lícito al hombre hacer ḫul‘ con su esposa salvo que vea eso de parte de ella. En cuanto a perjudicarla hasta que ella se rescate, eso no es correcto. Pero si ella se rebela, le muestra aversión y empeora su convivencia, entonces le es lícito hacer ḫul‘ con ella.

Nos narró Yaḥyā b. Abī Ṭālib; dijo: nos narró Yazīd; dijo: nos informó Ǧuwaybir, de al-Ḍaḥḥāk, acerca de Su dicho: {Y no os es lícito tomar nada de lo que les habéis dado}. Dijo: la dote, salvo que ambos teman no mantener los límites de Dios. Y los límites de Dios son que la mujer sea rebelde: Dios ordenó al esposo que la exhorte con el Libro de Dios; si acepta, bien; si no, la abandona. El abandono es no tener coito con ella ni acostarse con ella en un mismo lecho, darle la espalda y no hablarle. Si se niega, endurece la palabra con injuria para que vuelva a su obediencia. Si se niega, entonces el golpe: un golpe no severo. Si se niega con obstinación, entonces le es lícito el rescate.

Otros dijeron: más bien el temor de ello es que ella no cumpla para él un juramento ni obedezca una orden suya, y diga: «no me lavaré para ti de una impureza mayor, ni obedeceré una orden tuya»; entonces, según ellos, le es lícito tomar lo que le dio a cambio de separarse de ella. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narró Muḥammad b. ‘Abd al-A‘lā; dijo: nos narró al-Mu‘tamir b. Sulaymān, de su padre; dijo: al-Ḥasan dijo: si ella dice: «no me lavaré para ti de una impureza mayor, ni cumpliré para ti un juramento, ni obedeceré una orden tuya», entonces es lícito el ḫul‘.

Nos narró Muḥammad b. Baššār; dijo: nos narró ‘Abd al-A‘lā; dijo: nos narró Sa‘īd, de Qatāda, de al-Ḥasan; dijo: si la mujer dice a su esposo: «no cumpliré para ti un juramento, ni obedeceré una orden tuya, ni me lavaré para ti de una impureza mayor, ni mantendré un límite de los límites de Dios», entonces le es lícita su hacienda.

Nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Hārūn b. al-Muġīra, de ‘Anbasa, de Muḥammad b. Sālim; dijo: pregunté a al-Ša‘bī; dije: «¿Cuándo le es lícito al hombre tomar de la hacienda de su esposa?» Dijo: «cuando ella manifiesta aversión y dice: “no cumpliré para ti un juramento ni obedeceré una orden tuya”».

Nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Jarīr, de Muġīra, de al-Ša‘bī: él se asombraba de la afirmación de quien dice: «no es lícito el rescate hasta que ella diga: “no me lavaré para ti de una impureza mayor”». Y decía: «el fornicador fornica y luego se lava».

Nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Jarīr, de Muġīra, de Ḥammād, de Ibrāhīm, acerca de la rebelde; dijo: la mujer quizá desobedece a su esposo y luego le obedece; pero si lo desobedece y no cumple su juramento, entonces es lícito el rescate.

Me narró Mūsā; dijo: nos narró ‘Amr; dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī: {Y no os es lícito tomar nada de lo que les habéis dado}. No le es lícito tomar nada de su dote, salvo que ambos teman no mantener los límites de Dios. Si no mantienen los límites de Dios, entonces le es lícito el rescate. Y eso es que ella diga: «Por Dios, no cumpliré para ti un juramento, ni obedeceré una orden tuya, ni te honraré a ti misma, ni me lavaré para ti de una impureza mayor». Eso son los límites de Dios; si la mujer dice eso, entonces es lícito el rescate para el esposo: tomarlo y divorciarla.

Nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Ḥakkām; dijo: nos narró ‘Anbasa, de ‘Alī b. Baḏīma, de Miqsam, acerca de Su dicho: {Y no las retengáis para iros con parte de lo que les habéis dado}. Dijo: «salvo que cometan indecencia», en la lectura de Ibn Mas‘ūd. Dijo: si ella te desobedece y te daña, entonces te es lícito lo que tomes de ella.

Nos narró al-Qāsim; dijo: nos narró al-Ḥusayn; dijo: me narró Ḥaǧǧāǧ, de Ibn Ǧurayǧ, de Muǧāhid, acerca de Su dicho: {Y no os es lícito tomar nada de lo que les habéis dado}. Dijo: el ḫul‘. Dijo: no le es lícito salvo que la mujer diga: «no cumpliré su juramento ni obedeceré su orden»; entonces él lo acepta por temor a que, si la retiene, la trate mal y transgreda el derecho.

Otros dijeron: más bien el temor de ello es que ella comience con su lengua diciendo que lo detesta. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narró Muḥammad b. ‘Abd Allāh b. ‘Abd al-Ḥakam al-Miṣrī; dijo: nos narraron mi padre y Šu‘ayb b. al-Layṯ, de al-Layṯ, de Ayyūb b. Mūsā, de ‘Aṭā’ b. Abī Rabāḥ; dijo: es lícito el ḫul‘ si la mujer dice a su esposo: «ciertamente te detesto y no te amo; y he temido dormir a tu lado y no cumplir tu derecho»; y su alma se aquieta con el ḫul‘.

Otros dijeron: más bien lo que hace lícito que él tome el rescate es que el temor de no mantener los límites de Dios provenga de ambos, por la aversión de cada uno a la convivencia con el otro. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narró Ḥumayd b. Mas‘ada; dijo: nos narró Bišr b. al-Mufaḍḍal; dijo: nos narró Dāwūd, de ‘Āmir. Me narró Ya‘qūb; dijo: nos narró Ibn ‘Ulayya, de Dāwūd; dijo: ‘Āmir dijo: le hizo lícita su hacienda por su rebeldía y la rebeldía de ella.

Me narró Ya‘qūb b. Ibrāhīm; dijo: nos narró Ibn ‘Ulayya; dijo: Ibn Ǧurayǧ dijo: Ṭāwūs: le es lícito el rescate según lo que Dios —exaltado sea Su recuerdo— dijo; y no solía decir la palabra de los necios: «no cumpliré para ti un juramento». Más bien le es lícito el rescate según lo que Dios —exaltado sea Su recuerdo— dijo: {salvo que ambos teman no mantener los límites de Dios} en lo que impuso a cada uno respecto del otro en la convivencia y compañía.

Me narró Ya‘qūb; dijo: nos narró Ibn ‘Ulayya, de Muḥammad b. Isḥāq; dijo: oí a al-Qāsim b. Muḥammad decir: {salvo que ambos teman no mantener los límites de Dios}: en lo que Dios les impuso en la convivencia y compañía.

Me narró al-Muṯannā; dijo: nos narró Abū Ṣāliḥ; dijo: me narró al-Layṯ; dijo: me narró Ibn Šihāb; dijo: me informó Sa‘īd b. al-Musayyib; dijo: no es lícito el ḫul‘ hasta que ambos teman no mantener los límites de Dios en la convivencia que hay entre ellos.

La opinión más correcta de estas es la de quien dijo: no es lícito al hombre tomar el rescate de su esposa a cambio de separarse de ella hasta que exista temor de desobediencia a Dios por parte de cada uno de ellos respecto de sí mismo, por su negligencia en lo obligatorio hacia el otro, de ambos en conjunto, como hemos mencionado de Ṭāwūs, al-Ḥasan y quienes dijeron como ellos; porque Dios —exaltado sea Su recuerdo— solo permitió al esposo tomar el rescate de su esposa cuando los musulmanes temen respecto de ambos que no mantengan los límites de Dios.

Si alguien dijera: «Si el asunto es como has descrito, entonces lo obligatorio es que sea ilícito al hombre aceptar el rescate de ella cuando la rebeldía proviene de ella y no de él, hasta que exista de parte de él hacia ella una aversión como la que existe de parte de ella hacia él». Se le diría: el asunto no es como has supuesto. Pues en su rebeldía contra él hay un motivo para que él incurra en deficiencia respecto de lo obligatorio hacia ella y la retribuya por su mala conducta hacia él; y ese es el sentido que hace que los musulmanes teman respecto de ambos que no mantengan los límites de Dios. En cambio, si la negligencia de cada uno respecto del derecho obligatorio del otro ya se ha producido y la mala compañía y convivencia se ha manifestado a los musulmanes, entonces no hay lugar para el temor, pues lo temido ya ha ocurrido. Solo se teme la ocurrencia de algo antes de que suceda; pero después de que sucede, no hay sentido en temerlo ni en aumentar su reprobación.

La palabra sobre la interpretación de Su dicho —exaltado sea—: {Y si teméis que no mantengan los límites de Dios}.

Los exégetas discreparon acerca de la interpretación de Su dicho —exaltado sea—: {Y si teméis que no mantengan los límites de Dios}, los límites que, si se teme del esposo y la mujer que no los mantengan, le es lícito a él el rescate por el temor respecto de ambos a causa de la conducta de ella. Unos dijeron: es el menosprecio de la mujer por el derecho de su esposo, su mala obediencia hacia él y su daño a él con palabras. Mención de quienes dijeron eso:

Me narró al-Muṯannā; dijo: nos narró ‘Abd Allāh b. Ṣāliḥ; dijo: me narró Mu‘āwiya, de ‘Alī, de Ibn ‘Abbās: {Y si teméis que no mantengan los límites de Dios, no hay culpa sobre ambos en aquello con lo que ella se rescate}. Dijo: es que ella abandone el establecimiento de los límites de Dios, menosprecie el derecho de su esposo y tenga mal carácter; y le diga: «Por Dios, no cumpliré para ti un juramento, ni pisaré para ti un lecho, ni obedeceré una orden tuya». Si hace eso, entonces le es lícito el rescate.

Nos narró Abū Kurayb; dijo: nos narró Yaḥyā b. Abī Zā’ida, de Yazīd b. Ibrāhīm, de al-Ḥasan, acerca de Su dicho: {Y si teméis que no mantengan los límites de Dios, no hay culpa sobre ambos en aquello con lo que ella se rescate}. Dijo: si ella dice: «no me lavaré para ti de una impureza mayor», le es lícito tomar de ella.

Me narró al-Muṯannā; dijo: nos narró Ḥabbān b. Mūsā; dijo: nos informó Ibn al-Mubārak; dijo: nos narró Yūnus, de al-Zuhrī; dijo: es lícito el ḫul‘ cuando ambos temen no mantener los límites de Dios, y el cumplimiento de los límites de Dios es en la convivencia que hay entre ellos.

Otros dijeron: el sentido de ello es: si teméis que no obedezcan a Dios. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narró Sufyān b. Wakī‘; dijo: nos narró mi padre, de Isrā’īl, de ‘Āmir: {Y si teméis que no mantengan los límites de Dios}. Dijo: que no obedezcan a Dios.

Me narró Muḥammad b. Sa‘d; dijo: me narró mi padre; dijo: me narró mi tío; dijo: me narró mi padre, de su padre, de Ibn ‘Abbās; dijo: los límites son: la obediencia.

Lo correcto en esto es: {Y si teméis que no mantengan los límites de Dios}: lo que Dios les impuso de obligaciones en lo que obligó a cada uno de ellos respecto del otro, de convivencia conforme a lo reconocido y compañía bella; entonces no hay culpa sobre ambos en aquello con lo que ella se rescate.

En ello entra lo que hemos transmitido de Ibn ‘Abbās y al-Ša‘bī, y lo que hemos transmitido de al-Ḥasan y al-Zuhrī; porque es obligatorio para el esposo, respecto de la mujer, que ella le obedezca en aquello en lo que Dios impuso obedecerle, que no lo dañe con palabras y que no se le niegue cuando él la llama para su necesidad. Si ella contradice lo que Dios le ordenó en eso, habrá desperdiciado los límites de Dios que se le ordenó mantener.

En cuanto al sentido de «mantener los límites de Dios», es obrar conforme a ellos, preservarlos y no descuidarlos. Ya lo hemos aclarado anteriormente en este libro nuestro con lo que indica su corrección.

La palabra sobre la interpretación de Su dicho —exaltado sea—: {No hay culpa sobre ambos en aquello con lo que ella se rescate}.

Quiere decir —exaltado sea Su recuerdo—: si teméis, oh creyentes, que los dos esposos no mantengan lo que Dios fijó para cada uno respecto del otro de derecho y lo que les impuso como obligación, y teméis respecto de ambos el descuido de la obligación de Dios y la transgresión de Sus límites en ello, entonces no hay culpa sobre ambos en aquello con lo que la mujer se rescate a sí misma de su esposo; no hay reparo sobre ambos en lo que ella dio a cambio de que su esposo se separara de ella, ni sobre él en lo que tomó de ella como compensación y contraprestación.

Si alguien dijera: «¿Acaso la mujer habría incurrido en reparo si el perjuicio proviniera del hombre hacia ella en aquello con lo que ella se rescata, de modo que se diga: no hay culpa sobre ambos en lo que ella dio como rescate por separarse de ella cuando la rebeldía proviene de parte de ella?» Se diría: si ella supiera, en el estado en que él la perjudica para tomar de ella lo que le dio, que ese perjuicio solo es para tomar de ella lo que Dios le prohibió tomar, del modo en que Dios le prohibió tomarlo, y luego pudiera abstenerse de dárselo sin perjuicio para su persona, su religión o un derecho suyo por la pérdida de un derecho que le fuera lícito, no le sería lícito dárselo, salvo con buena disposición de su alma, dándoselo de un modo que le sea lícito tomarlo. Pues si ella le da lo que no le es lícito tomar, estando ella en capacidad de impedírselo sin perjuicio para su persona, su religión o un derecho suyo cuya pérdida tema, entonces ella comparte con él el pecado por darle lo que no le es lícito tomar del modo en que se lo dio. Por eso se le quitó la culpa cuando la rebeldía proviene de parte de ella y ella le da lo que le da como rescate con buena disposición, buscando con ello su salvación y la salvación de su compañero del peso del pecado y la falta. Y si ella le da de este modo, con merecimiento de recompensa y retribución de Dios —exaltado sea—, es más digna, si Dios quiere, de recompensa que de culpa y reparo. Por eso dijo —exaltado sea Su recuerdo—: {No hay culpa sobre ambos}. Así quitó el reparo de ella en lo que dio de rescate por separarse de ella, y de él en lo que tomó de ella, si ella da según el sentido que hemos descrito y él toma de ella lo que ella dio sin perjuicio, sino buscando la salvación para sí y para ella en su religión y por temor a cargas de pecado y falta.

Su dicho {No hay culpa sobre ambos} puede orientarse a otro aspecto interpretativo: que si ella ofreciera lo que ofreciera de rescate de un modo distinto del que el Profeta de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— permitió a la esposa de Ṯābit b. Qays b. Šammās, esto es, por detestar el carácter de su esposo o la fealdad de su aspecto, o cosas semejantes que la gente detesta unos de otros, pero con el propósito de apartarse de él hacia otro distinto, por vía de corrupción y de lo que no le es lícito, entonces sería ilícito para ella dar algo a cambio de pedirle la separación en ese sentido, porque pedirle la separación en ese sentido es desobediencia de ella a Dios. Esa es la mujer que se rescata (al-muḫtali‘a) si se hace ḫul‘ con ella en ese sentido, de la que se transmitió del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— que la llamó hipócrita. Como:

Me narró Ya‘qūb b. Ibrāhīm; dijo: me narró al-Mu‘tamir b. Sulaymān, de Layṯ, de Abū Idrīs, de Ṯawbān, liberto del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, que dijo: «Cualquier mujer que pida a su esposo el divorcio sin causa, Dios le prohibirá el aroma del Paraíso». Y dijo: «Las que se rescatan (al-muḫtali‘āt) son las hipócritas».

Nos narró Abū Kurayb; dijo: nos narró Muzāḥim b. Duwād b. ‘Ulayya, de su padre, de Layṯ b. Abī Sulaym, de Abū al-Ḫaṭṭāb, de Abū Zur‘a, de Abū Idrīs, de Ṯawbān, liberto del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, que dijo: «Las que se rescatan (al-muḫtali‘āt) son las hipócritas».

Nos narró Abū Kurayb; dijo: nos narró Ḥafṣ b. Bišr; dijo: nos narró Qays b. al-Rabī‘, de Aš‘aṯ b. Sawwār, de al-Ḥasan, de Ṯābit b. Yazīd, de ‘Uqba b. ‘Āmir al-Ǧuhanī; dijo: el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «Ciertamente, las que se rescatan y las que se arrancan son las hipócritas».

Nos narró Ibn Baššār; dijo: nos narró ‘Abd al-Wahhāb; y me narró Ya‘qūb; dijo: nos narró Ibn ‘Ulayya. Ambos dijeron: nos narró Ayyūb, de Abū Qilāba, de quien se lo narró, de Ṯawbān: que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «Cualquier mujer que pida a su esposo el divorcio sin causa, le es ilícito el aroma del Paraíso».

Me narró al-Muṯannā; dijo: nos narró ‘Ārim; dijo: nos narró Ḥammād b. Zayd, de Ayyūb, de Abū Qilāba, de Abū Asmā’ al-Raḥbī, de Ṯawbān, del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, con un sentido semejante.

Cuando hay, entre las formas en que la mujer se rescata de su esposo, algunas por las que ella incurriría en reparo —y sobre ella habría reparo y culpa en rescatarse de ese modo—, y hay entre ellas formas en que el reparo y la culpa recaen sobre el hombre y no sobre la mujer, y otras en que recaen sobre ambos, y otras en que no recaen sobre ninguno de los dos, se dijo respecto del aspecto en que no hay reparo sobre ambos: {no hay culpa sobre ambos en aquello con lo que ella se rescate}, puesto que en lo que ambos intentaron y pretendieron de separarse mediante la compensación que la mujer ofreció a su esposo no hay culpa sobre ambos en aquello con lo que ella se rescate, en el aspecto que les fue permitido: esto es, que ambos teman no mantener los límites de Dios por la permanencia de cada uno con el otro.

Algunos gramáticos han pretendido que en ello hay dos posibilidades: una, que se quiera decir: «no hay culpa sobre el hombre en aquello con lo que la mujer se rescate», excluyendo a la mujer, aunque se los haya mencionado a ambos; como Su dicho en la sura del Misericordioso: {De ambos salen la perla y el coral}, y salen del salado, no del dulce. Dijo: y es semejante a Su dicho: {Cuando llegaron a la confluencia de ambos, olvidaron su pez}, siendo el que olvidó solo el compañero de Moisés. Dijo: y es semejante en el habla a que digas: «tengo dos monturas: las monto y sobre ellas doy de beber», cuando en realidad montas una y sobre la otra das de beber. Esto pertenece a la amplitud del árabe, cuya amplitud se aduce como prueba en el habla.

Dijo: y la otra posibilidad es que ambos participen en que no haya culpa sobre ambos, puesto que ella da algo respecto de lo cual se ha negado el pecado al esposo; ella participa en ello, porque si ella da algo en lo que se elimina el pecado, necesita algo semejante.

Dijo Abū Ǧa‘far: no acertó con lo correcto en ninguna de las dos posibilidades, ni en su argumento con Su dicho: {De ambos salen la perla y el coral}. En cuanto a Su dicho: {No hay culpa sobre ambos}, ya hemos aclarado el aspecto de su corrección. Y aclararemos el aspecto de Su dicho: {De ambos salen la perla y el coral} en su lugar cuando lleguemos a él, si Dios —exaltado sea— quiere.

Lo hemos declarado erróneo porque Dios —exaltado sea Su recuerdo— ha informado de que quita el reparo a los dos esposos cuando la mujer se rescata de su esposo según lo permitido; e informó acerca de los dos mares que de ambos sale la perla y el coral, y lo atribuyó a dos. Si fuera lícito a alguien decir: «solo se quiso informar de uno de ellos» en aquello que no es imposible que proceda de ambos, entonces sería lícito en toda información acerca de dos, cuya veracidad no sea imposible respecto de ambos, decir: «solo es información acerca de uno de ellos». Eso invierte lo entendido del habla de la gente y lo conocido de su uso en sus interlocuciones. No es lícito llevar el Libro de Dios —exaltado sea— y Su revelación a las rarezas del habla cuando tiene, en el sentido entendido y corriente entre la gente, un aspecto correcto existente.

Luego los exégetas discreparon acerca de la interpretación de Su dicho: {No hay culpa sobre ambos en aquello con lo que ella se rescate}. ¿Se quiso decir que se les quita la culpa en todo aquello con lo que la mujer se rescate, o en parte de ello? Unos dijeron: se quiso decir: no hay culpa sobre ambos en aquello con lo que ella se rescate de su dote que su esposo —del que se rescata— le había dado. Argumentaron que el final de la aleya remite al inicio, y que el sentido del discurso es: {Y no os es lícito tomar nada de lo que les habéis dado, salvo que ambos teman no mantener los límites de Dios. Y si teméis que no mantengan los límites de Dios, no hay culpa sobre ambos en aquello con lo que ella se rescate} de lo que les habéis dado.

Dijeron: lo que Dios les hizo lícito en ese caso, cuando se teme respecto de ambos que no mantengan los límites de Dios, es aquello que antes les había vedado. Y argumentaron con la historia de Ṯābit b. Qays b. Šammās: que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— solo ordenó a su esposa, cuando se rebeló contra él, que devolviera lo que Ṯābit le había dado como dote; y que ella ofreció aumentar, pero el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— no lo aceptó. Mención de quienes dijeron eso:

Me narró al-Muṯannā; dijo: nos narró Isḥāq; dijo: nos narró Ibn Abī Ǧa‘far, de su padre, de al-Rabī‘, que solía decir: no es correcto que él tome de ella más de lo que le entregó. Y decía: Dios dice: {No hay culpa sobre ambos en aquello con lo que ella se rescate} de ello, es decir: de la dote. Y así la recitaba: «en aquello con lo que ella se rescate de ello».

Nos narró Muḥammad b. ‘Abd Allāh b. ‘Abd al-Ḥakam; dijo: nos narró Bišr b. Bakr, de al-Awzā‘ī; dijo: oí a ‘Amr b. Šu‘ayb, ‘Aṭā’ b. Abī Rabāḥ y al-Zuhrī decir acerca de la rebelde: no toma de ella sino lo que le entregó.

Nos narró ‘Alī b. Sahl; dijo: nos narró al-Walīd; nos narró Abū ‘Amr, de ‘Aṭā’; dijo: de la rebelde no toma sino lo que le entregó.

Nos narró Ibn Baššār; dijo: nos narró Mu’ammal; dijo: nos narró Sufyān, de Ibn Ǧurayǧ, de ‘Aṭā’, que desaprobaba que en el ḫul‘ se tomara más de lo que se le había dado.

Me narró Zakariyyā b. Yaḥyā b. Abī Zā’ida; dijo: nos narró Ibn Idrīs, de Aš‘aṯ, de al-Ša‘bī; dijo: desaprobaba que el hombre tomara de la mujer que se rescata más de lo que le había dado, y consideraba correcto tomar menos que eso.

Nos narró Muḥammad b. Baššār; dijo: nos narró ‘Abd al-Raḥmān; dijo: nos narró Sufyān, de Abū Ḥuṣayn, de al-Ša‘bī; dijo: no toma de ella más de lo que le dio.

Me narró Ya‘qūb b. Ibrāhīm; dijo: nos narró Hušaym; dijo: nos informó Ismā‘īl b. Sālim, de al-Ša‘bī, que desaprobaba que tomara de ella más de lo que le dio —es decir, de la que se rescata—.

Nos narraron Abū Kurayb y Abū al-Sā’ib; dijeron: nos narró Ibn Idrīs; dijo: oí a Layṯ, de al-Ḥakam b. ‘Utayba; dijo: ‘Alī —Dios esté complacido con él— solía decir: no toma de la que se rescata más de lo que le dio.

Nos narró Muḥammad b. al-Muṯannā; dijo: nos narró Muḥammad b. Ǧa‘far; dijo: nos narró Sa‘īd, de al-Ḥakam; dijo acerca de la que se rescata: me es más querido que no aumente.

Me narró al-Muṯannā; dijo: nos narró Ḥaǧǧāǧ; dijo: nos narró Ḥammād, de Ḥumayd, que al-Ḥasan desaprobaba que tomara de ella más de lo que le dio.

Nos narró Muḥammad b. Yaḥyā; dijo: nos narró ‘Abd al-A‘lā; dijo: nos narró Sa‘īd, de Maṭar; dijo: preguntó a al-Ḥasan —o se preguntó a al-Ḥasan— acerca de un hombre que se casó con una mujer por doscientos dírhams y quiso hacer ḫul‘ con ella: ¿le es lícito tomar cuatrocientos? Dijo: no, por Dios: eso sería tomar de ella más de lo que le dio.

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā; dijo: nos informó ‘Abd al-Razzāq; dijo: nos informó Ma‘mar; dijo: al-Ḥasan solía decir: no toma de ella más de lo que le dio. Ma‘mar dijo: y me llegó de ‘Alī que consideraba que no tomara de ella más de lo que le dio.

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā; dijo: nos informó ‘Abd al-Razzāq; dijo: nos informó Ma‘mar, de ‘Abd al-Karīm al-Ǧazarī, de Ibn al-Musayyib; dijo: no me agrada que tome de ella todo lo que le dio, hasta que le deje de ello algo con lo que viva.

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā; dijo: nos informó ‘Abd al-Razzāq; dijo: nos informó Ma‘mar, de Ibn Ṭāwūs, que su padre solía decir acerca de la que se rescata: no le es lícito tomar de ella más de lo que le dio.

Nos narró al-Ḥasan; dijo: nos informó ‘Abd al-Razzāq; dijo: nos informó Ma‘mar, de al-Zuhrī; dijo: no le es lícito al hombre tomar de su esposa más de lo que le dio.

Otros dijeron: más bien se quiso decir: no hay culpa sobre ambos en aquello con lo que ella se rescate, sea poco de lo que posee o mucho. Argumentaron con la generalidad de la aleya, y que no es lícito desviar un ظاهر general a un sentido interno particular salvo con una prueba a la que sea obligatorio someterse. Dijeron: no hay prueba a la que sea obligatorio someterse de que la aleya se refiera a parte del rescate y no a otra, ni por texto ni por analogía; por tanto, permanece en su ظاهر y generalidad. Mención de quienes dijeron eso:

Me narró Ya‘qūb b. Ibrāhīm; dijo: nos narró Ibn ‘Ulayya; dijo: nos informó Ayyūb, de Kaṯīr, liberto de Samura: que a ‘Umar le fue traída una mujer rebelde; ordenó que la llevaran a una casa con mucho estiércol por tres días. Luego la llamó y dijo: «¿Cómo lo encontraste?» Ella dijo: «No hallé descanso desde que estuve con él sino estas noches en que me encerraste». Entonces dijo a su esposo: «haz ḫul‘ con ella, aunque sea por su pendiente».

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā; dijo: nos informó ‘Abd al-Razzāq; dijo: nos informó Ma‘mar, de Ayyūb, de Kaṯīr, liberto de Samura; dijo: ‘Umar b. al-Ḫaṭṭāb tomó a una mujer rebelde, la exhortó y ella no aceptó bien; la encerró en una casa con mucho estiércol tres días, y mencionó algo semejante al relato de Ibn ‘Ulayya.

Nos narraron Ibn Baššār y Muḥammad b. Yaḥyā; dijeron: nos narró ‘Abd al-A‘lā; dijo: nos narró Sa‘īd, de Qatāda, de Ḥumayd b. ‘Abd al-Raḥmān: que una mujer acudió a ‘Umar b. al-Ḫaṭṭāb —Dios esté complacido con él— y se quejó de su esposo. Él dijo: «ella es rebelde». La hizo pasar la noche en una casa de estiércol. Cuando amaneció, le dijo: «¿Cómo encontraste tu lugar?» Ella dijo: «No pasé con él una noche más grata a mis ojos que esta noche». Entonces dijo: «toma, aunque sea su trenza».

Nos narró Naṣr b. ‘Alī; dijo: nos narró ‘Abd al-A‘lā; dijo: nos narró ‘Ubayd Allāh, de Nāfi‘: que una esclava liberada de Ṣafiyya se rescató de su esposo con todo lo que poseía, salvo su ropa; e Ibn ‘Umar no lo reprobó.

Nos narraron Muḥammad b. ‘Abd al-A‘lā y Muḥammad b. al-Muṯannā; dijeron: nos narró Mu‘tamir; dijo: oí a ‘Ubayd Allāh relatar, de Nāfi‘; dijo: se mencionó a Ibn ‘Umar que una esclava liberada suya se rescató de su esposo con toda su hacienda; no lo reprobó ni lo negó.

Me narró Yaḥyā b. Ṭalḥa al-Yarbū‘ī; dijo: nos narró Hušaym, de Ḥumayd, de Raǧā’ b. Ḥaywa, de Qabīṣa b. Ḏu’ayb: que no veía inconveniente en que él tomara de ella más de lo que le dio. Luego recitó esta aleya: {No hay culpa sobre ambos en aquello con lo que ella se rescate}.

Nos narró Ibn Baššār; dijo: nos narró ‘Abd al-Raḥmān b. Mahdī; dijo: nos narró Sufyān, de al-Muġīra, de Ibrāhīm; dijo acerca del ḫul‘: «toma lo que esté por debajo de la trenza de su cabello; y ciertamente la mujer se rescata con parte de su hacienda».

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā; dijo: nos informó ‘Abd al-Razzāq; dijo: nos informó Ma‘mar, de al-Muġīra, de Ibrāhīm; dijo: el ḫul‘ es con lo que esté por debajo de la trenza de la cabeza.

Nos narró Ibn al-Muṯannā; dijo: nos narró Muḥammad b. Ǧa‘far; dijo: nos narró Šu‘ba, de al-Ḥakam, de Ibrāhīm; dijo acerca de la que se rescata: «toma de ella, aunque sea su trenza».

Me narró Ya‘qūb; dijo: nos narró Hušaym; dijo: nos informó al-Muġīra, de Ibrāhīm; dijo: el ḫul‘ es con lo que esté por debajo de la trenza de la cabeza; y la mujer puede rescatarse con parte de su hacienda.

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā; dijo: nos informó ‘Abd al-Razzāq; dijo: nos informó Ma‘mar, de ‘Abd Allāh b. Muḥammad b. ‘Aqīl: que al-Rubayyi‘, hija de Mu‘awwidh b. ‘Afrā’, le narró; dijo: tenía un esposo que, cuando estaba presente, me escatimaba el bien, y cuando estaba ausente, me privaba. Dijo: un día tuve un desliz y dije: «me rescato de ti con todo lo que poseo». Él dijo: «sí». Dijo: y lo hice. Dijo: mi tío Mu‘āḏ b. ‘Afrā’ litigó con ‘Uṯmān b. ‘Affān; él validó el ḫul‘ y le ordenó que tomara la trenza de mi cabeza y lo que estuviera por debajo. O dijo: lo que esté por debajo de la trenza de la cabeza.

Me narró Ibn al-Muṯannā; dijo: nos narró Ḥabbān b. Mūsā; dijo: nos informó Ibn al-Mubārak; dijo: nos informó al-Ḥasan b. Yaḥyā, de al-Ḍaḥḥāk, de Ibn ‘Abbās; dijo: no hay inconveniente en aquello con lo que ella se rescate, sea poco o mucho, aunque sea sus trenzas.

Me narró al-Muṯannā; dijo: nos narró Ḥabbān b. Mūsā; dijo: nos informó Ibn al-Mubārak; dijo: nos informó Ḥaǧǧāǧ, de Ibn Abī Najīḥ, de Muǧāhid; dijo: si quiere, toma de ella más de lo que le dio.

Me narró al-Muṯannā; dijo: nos narró Isḥāq; dijo: nos narró ‘Abd al-Razzāq; dijo: nos informó Ibn Ǧurayǧ; dijo: me informó ‘Amr b. Dīnār que oyó a ‘Ikrima decir: Ibn ‘Abbās dijo: que tome de ella hasta su pendiente —es decir, en el ḫul‘—.

Me narró al-Muṯannā; dijo: nos narró Muṭarrif b. ‘Abd Allāh; dijo: nos informó Mālik b. Anas, de Nāfi‘, de una esclava liberada de Ṣafiyya bt. Abī ‘Ubayd: que se rescató de su esposo con todo lo que tenía, y ‘Abd Allāh b. ‘Umar no lo reprobó.

Me narró al-Muṯannā; dijo: nos narró al-Ḥaǧǧāǧ; dijo: nos narró Ḥammād; dijo: nos informó Ḥumayd, de Raǧā’ b. Ḥaywa, de Qabīṣa b. Ḏu’ayb: que recitó esta aleya: {No hay culpa sobre ambos en aquello con lo que ella se rescate}. Dijo: toma más de lo que le dio.

Nos narró Muḥammad b. Baššār; dijo: nos narraron Yazīd, Sahl b. Yūsuf e Ibn Abī ‘Adī, de Ḥumayd; dijo: le dije a Raǧā’ b. Ḥaywa: «al-Ḥasan dice acerca de la que se rescata: no toma más de lo que le dio, e interpreta {Y no toméis nada de lo que les habéis dado}». Raǧā’ dijo: «Qabīṣa b. Ḏu’ayb solía permitir tomar más de lo que le dio, e interpretaba {No hay culpa sobre ambos en aquello con lo que ella se rescate}».

Otros dijeron: esta aleya está abrogada por Su dicho: {Y si queréis sustituir una esposa por otra, y habéis dado a una de ellas un quintal, no toméis de ello nada}. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narró Muǧāhid b. Mūsā; dijo: nos narró ‘Abd al-Ṣamad b. ‘Abd al-Wāriṯ; dijo: nos narró ‘Uqba b. Abī al-Ṣahbā’; dijo: pregunté a Bakr acerca de la que se rescata: «¿toma de ella algo?» Dijo: no. Y recitó: {Y tomaron de vosotros un pacto solemne}.

Me narró al-Muṯannā; dijo: nos narró al-Ḥaǧǧāǧ; dijo: nos narró ‘Uqba b. Abī al-Ṣahbā’; dijo: pregunté a Bakr b. ‘Abd Allāh acerca de un hombre cuya esposa quiere de él el ḫul‘. Dijo: no le es lícito tomar de ella nada. Le dije: Dios —exaltado sea Su recuerdo— dice en Su Libro: {No hay culpa sobre ambos en aquello con lo que ella se rescate}. Dijo: «esto fue abrogado». Le dije: «¿Entonces yo lo he memorizado?» Dijo: «has memorizado en la sura de las Mujeres el dicho de Dios —exaltado sea Su recuerdo—: {Y si queréis sustituir una esposa por otra, y habéis dado a una de ellas un quintal, no toméis de ello nada. ¿Lo tomaríais con calumnia y pecado manifiesto?}».

La opinión más correcta de estas es la de quien dijo: si se teme del hombre y la mujer que no mantengan los límites de Dios según lo que hemos expuesto, entonces no hay reparo sobre ambos en aquello con lo que la mujer se rescate de su esposo, sea poco de lo que posee o mucho, de lo que es lícito que los musulmanes posean, aunque ello abarque toda su hacienda. Pues Dios —exaltado sea Su recuerdo— no especificó lo que les permitió de ello con un límite que no se deba sobrepasar, sino que lo dejó libre en todo aquello con lo que ella se rescate. Sin embargo, yo elijo para el hombre —por recomendación, no por obligación— que, si se hace evidente que el rescate de su esposa no es por desobediencia a Dios, sino por temor de ella por su religión, que la separe sin rescate ni compensación. Si su alma es avara respecto de ello, que no llegue, en lo que toma de ella, a todo lo que le dio. En cuanto a lo que dijo Bakr b. ‘Abd Allāh, de que este حكم en toda la aleya está abrogado por Su dicho: {Y si queréis sustituir una esposa por otra, y habéis dado a una de ellas un quintal, no toméis de ello nada}, es una afirmación sin sentido; nos ocupamos de señalar su error por dos razones. Una: el consenso de todos —compañeros, seguidores y quienes vinieron después— en declararlo erróneo y en permitir tomar el rescate de la mujer que se rescata a sí misma para su esposo; en ello hay suficiencia para no necesitar otra prueba. La otra: la aleya de la sura de las Mujeres: Dios prohibió en ella al esposo tomar de su mujer algo de lo que le dio cuando el hombre quiere sustituir una esposa por otra sin que exista temor de los musulmanes respecto de ambos por la permanencia de uno con el otro de que no mantengan los límites de Dios, ni rebeldía de la mujer contra el hombre. Siendo así, queda establecido que tomar el esposo de su esposa dinero por vía de coacción y perjuicio hasta que ella le dé algo de su hacienda a cambio de separarse de ella es ilícito, aunque sea un grano de plata o más. En cambio, la aleya de la sura de la Vaca indica la permisión de Dios —exaltado sea Su recuerdo— de que él tome el rescate de ella en el estado de temor respecto de ambos de no mantener los límites de Dios por la rebeldía de la mujer y su petición de separarse del hombre, y su desinterés por él. Así, lo que se permitió al esposo en la sura de la Vaca es lo contrario de aquello por lo cual se prohibió tomar en la sura de las Mujeres, como la prohibición en la sura de las Mujeres no es el divorcio y la permisión en la sura de la Vaca. Solo es posible decir que uno de los dos حكم es abrogante del otro si coinciden los significados del asunto juzgado, y luego se difiere en el حكم por diferencia de tiempos. Pero la diferencia de los حكم por diferencia de los significados del asunto juzgado en un mismo estado y un mismo tiempo es la sabiduría perfecta, comprensible por العقل y la naturaleza, y está lejos de la abrogación.

En cuanto a lo que dijo al-Rabī‘ b. Anas, de que el sentido de la aleya es: «no hay culpa sobre ambos en aquello con lo que ella se rescate de ello», queriendo decir: «de lo que les habéis dado», es semejante a la afirmación de Bakr en su pretensión de abrogación de {No hay culpa sobre ambos en aquello con lo que ella se rescate} por Su dicho: {y habéis dado a una de ellas un quintal, no toméis de ello nada}, por su pretensión en el Libro de Dios de algo que no existe escrito en los muṣḥaf de los musulmanes. Y se dirá a quien sostiene su opinión: ya has sabido que algunos imames de la religión dijeron: el sentido es «no hay culpa sobre ambos en aquello con lo que ella se rescate de su hacienda»; ¿tienes alguna prueba que muestre la inconsistencia de ellos, aparte de la mera pretensión? Ellos argumentaron con el sentido aparente de la revelación, y tú has pretendido una especificación. Luego se le devuelve el argumento en esto: no dirá nada en uno de los dos asuntos sin que se le obligue a aceptar lo mismo en el otro. Ya hemos expuesto las pruebas con testimonios sobre la corrección de la opinión de quien dijo que al esposo le es lícito tomar de ella todo lo que dé la mujer que se rescata, a la que Dios permitió el rescate en Su Libro, en nuestro libro «al-Laṭīf»; y no quisimos repetirlo en este lugar.

La palabra sobre la interpretación de Su dicho —exaltado sea—: {Esos son los límites de Dios: no los transgredáis. Y quien transgrede los límites de Dios, esos son los injustos}.

Quiere decir —exaltado sea Su recuerdo—: esas son las señales de Sus disposiciones: ha aclarado lo que os ha hecho lícito y lo que os ha prohibido, oh gentes; no transgredáis lo que os ha hecho lícito de los asuntos que os ha aclarado y detallado de lo lícito hacia lo que os ha prohibido, traspasando Su obediencia hacia Su desobediencia.

Dios —exaltado sea Su recuerdo— quiso con Su dicho: {Esos son los límites de Dios: no los transgredáis} estas cosas que os han sido aclaradas en estas aleyas pasadas: el matrimonio con las idólatras asociadoras, el casar a los asociadores con las musulmanas, el acceso a las mujeres durante la menstruación, y lo que se ha aclarado en las aleyas anteriores a Su dicho {Esos son los límites de Dios} de lo que hizo lícito a Sus siervos y lo que les prohibió, y lo que ordenó y prohibió. Luego les dijo —exaltado sea Su recuerdo—: estas cosas que os he aclarado, su lícito y su ilícito, son Mis límites, es decir, las señales que separan entre Mi obediencia y Mi desobediencia; no los transgredáis, es decir: no sobrepaséis lo que os he hecho lícito hacia lo que os he prohibido, ni lo que os he ordenado hacia lo que os he prohibido, ni Mi obediencia hacia Mi desobediencia. Quien transgrede eso —es decir, quien lo sobrepasa y lo excede hacia lo que se le ha prohibido o se le ha vedado—, ese es el injusto: el que hace lo que no le corresponde hacer y pone la cosa fuera de su lugar.

Ya hemos mostrado anteriormente el sentido de la injusticia (ẓulm) y su أصل con testimonios que indican su significado, y no quisimos repetirlo en este lugar.

En un sentido semejante a lo que hemos dicho hablaron los exégetas, aunque difieran las expresiones de su interpretación de las nuestras; pero el sentido de lo que dijeron retorna al sentido de lo que hemos dicho. Mención de quienes dijeron eso:

Me narró Muḥammad b. Sa‘d; dijo: me narró mi padre; dijo: me narró mi tío; dijo: me narró mi padre, de su padre, de Ibn ‘Abbās, acerca de Su dicho: {Esos son los límites de Dios: no los transgredáis}. Dijo: por límites entiende: la obediencia.

Me narró al-Muṯannā; dijo: nos narró Isḥāq; dijo: nos narró Abū Zuhayr, de Ǧuwaybir, de al-Ḍaḥḥāk, acerca de Su dicho: {Esos son los límites de Dios: no los transgredáis}. Dijo: quien divorcia fuera de la ‘idda ha transgredido e injustamente se ha perjudicado a sí mismo; y quien transgrede los límites de Dios, esos son los injustos.

Dijo Abū Ǧa‘far: esto que se ha mencionado de al-Ḍaḥḥāk no tiene sentido en este lugar, porque no se ha mencionado el divorcio en la ‘idda para que se diga: «esos son los límites de Dios»; más bien se ha mencionado el número en el que el divorciador tiene revocación y el número en el que no tiene revocación, sin mención de la aclaración del divorcio para la ‘idda.

Notas y Referencias

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