La Vaca
البقرة Al-BaqarahVersículo (Español)
[2:19] O [son] como los que al ser azotados por una lluvia torrencial cargada de oscuridad, truenos y relámpagos, se tapan los oídos con sus dedos al caer los rayos por temor a la muerte. Dios asedia a los que niegan la verdad.
Tafsir de At-Tabari
{أَوۡ كَصَيِّبٖ مِّنَ ٱلسَّمَآءِ فِيهِ ظُلُمَٰتٞ وَرَعۡدٞ وَبَرۡقٞ يَجۡعَلُونَ أَصَٰبِعَهُمۡ فِيٓ ءَاذَانِهِم مِّنَ ٱلصَّوَٰعِقِ حَذَرَ ٱلۡمَوۡتِۚ وَٱللَّهُ مُحِيطُۢ بِٱلۡكَٰفِرِينَ} (19)
La exposición sobre la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—:
{ O como un aguacero procedente del cielo, en el que hay tinieblas, trueno y relámpago: se meten los dedos en los oídos por temor a los rayos, por miedo a la muerte; y Dios abarca a los incrédulos }
Dijo Abū Jaʿfar:
El ṣayyib es el patrón «faʿʿīl»,
de tu dicho:
«ṣāba el agua de lluvia yaṣūbu ṣawban»: cuando se precipita y desciende,
como dijo el poeta:
«No soy yo quien olvida, sino que es un ángel que desciende desde lo alto del cielo y se precipita».
Y como dijo ʿAlqama b. ʿAbada:
«Como si sobre ellos hubiera caído una nube *** cuyos rayos, para sus aves, son un caminar sigiloso.
No me equipares a mí con Maʿmar: ¡que seas regada por las nubes cargadas cuando se precipitan!»
Quiere decir:
cuando descienden precipitándose.
Y en su origen es:
ṣiyūb; pero la wāw, al ir precedida de una yāʾ en reposo, ambas se convirtieron en una yāʾ geminada,
como se dijo:
«sayyid» de «sāda yasūdu», y «jayyid» de «jāda yajūdu». Así procede el árabe con la wāw cuando está vocalizada y antes de ella hay una yāʾ en reposo: las convierte a ambas en una yāʾ geminada. Y conforme a lo que hemos dicho al respecto hablaron los exégetas.
Me narró Muḥammad b. Ismāʿīl al-Aḥmasī,
dijo:
nos narró Muḥammad b. ʿUbayd,
dijo:
nos narró Hārūn b. ʿAntara, de su padre,
de Ibn ʿAbbās, acerca de Su dicho:
{O como un ṣayyib procedente del cielo}, dijo: la lluvia.
Y me narró ʿAbbās b. Muḥammad,
dijo:
nos narró Ḥajjāj,
dijo:
dijo Ibn Jurayj,
me dijo ʿAṭāʾ:
El ṣayyib: la lluvia.
Y me narró al-Muthannā,
dijo:
nos narró Abū Ṣāliḥ,
dijo:
me narró Muʿāwiya b. Ṣāliḥ, de ʿAlī, de Ibn ʿAbbās,
dijo:
El ṣayyib: la lluvia.
Y me narró Mūsā,
dijo:
nos narró ʿAmr,
dijo:
nos narró Asbāṭ, de al-Suddī, en un relato que mencionó de Abū Mālik y de Abū Ṣāliḥ, de Ibn ʿAbbās, y de Murra, de Ibn Masʿūd,
y de gente de los compañeros del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—:
El ṣayyib: la lluvia.
Y me narró Muḥammad b. Saʿd,
dijo:
me narró mi padre Saʿd,
dijo:
me narró mi tío al-Ḥusayn, de su padre, de su abuelo, de Ibn ʿAbbās, algo semejante.
Y nos narró Bishr b. Muʿādh,
dijo:
nos narró Yazīd, de Saʿīd,
de Qatāda:
{O como un ṣayyib}, dijo: la lluvia.
Y nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā,
dijo:
nos informó ʿAbd al-Razzāq,
dijo:
nos informó Maʿmar, de Qatāda, algo semejante.
Y me narró Muḥammad b. ʿAmr al-Bāhilī y ʿAmr b. ʿAlī,
dijeron:
nos narró Abū ʿĀṣim,
dijo:
nos narró ʿĪsā b. Maymūn, de Ibn Abī Najīḥ,
de Mujāhid:
El ṣayyib: la lluvia.
Y me narró al-Muthannā,
dijo:
nos narró Abū Ḥudhayfa,
dijo:
nos narró Shibl, de Ibn Abī Najīḥ,
de Mujāhid:
El ṣayyib: la lluvia.
Me narró al-Muthannā,
dijo:
nos narró Isḥāq, de Ibn Abī Jaʿfar, de su padre,
de al-Rabīʿ b. Anas:
El ṣayyib: la lluvia.
Y se me narró de al-Minjāb,
dijo:
nos narró Bishr b. ʿUmāra, de Abū Rawq, de al-Ḍaḥḥāk,
de Ibn ʿAbbās, dijo:
El ṣayyib: la lluvia.
Y me narró Yūnus,
dijo:
nos informó Ibn Wahb,
dijo:
dijo ʿAbd al-Raḥmān b. Zayd:
{O como un ṣayyib procedente del cielo}, dijo: o como una lluvia abundante procedente del cielo.
Y nos narró Suwār b. ʿAbd Allāh al-ʿAnbarī,
dijo:
dijo Sufyān:
El ṣayyib: aquello en lo que hay lluvia.
Nos narró ʿAmr b. ʿAlī,
dijo:
nos narró Muʿāwiya,
dijo:
nos narró Ibn Jurayj,
de ʿAṭāʾ, acerca de Su dicho:
{O como un ṣayyib procedente del cielo}, dijo: la lluvia.
Dijo Abū Jaʿfar:
La interpretación de ello es: que el símil de la iluminación de los hipócritas con la luz de su confesión del islam, pese a ocultar la incredulidad, es como la iluminación del que enciende fuego con la luz de su llama, según describió —Glorificado sea— su condición; o como el de una lluvia cuyo aguacero es sombrío, precipitada desde el cielo, llevada por una nube oscura en una noche tenebrosa: esas son las tinieblas de las que Dios —Glorificado sea— informó que estaban en ella.
Si alguien nos dijera:
Infórmanos acerca de estos dos símiles: ¿son dos símiles para los hipócritas o uno solo?
Si fueran dos símiles para los hipócritas, ¿cómo se dijo: {o como un ṣayyib}, y «o» viene en el habla con el sentido de duda, y no se dijo: «y como un ṣayyib», con la wāw que une el segundo símil al primero? ¿O es que el símil del grupo es uno de los dos? Entonces, ¿qué sentido tiene mencionar el otro con «o», cuando sabes que «o», si está en el discurso, solo entra en él a modo de duda del informante respecto de aquello de lo que informa, como cuando alguien dice: «me encontré con tu hermano o con tu padre», y en realidad se encontró con uno de los dos, pero ignoró cuál de ellos fue, aun sabiendo que uno de los dos lo encontró? Y no es lícito atribuir a Dios —Glorificado sea— duda alguna sobre cosa, ni que se le oculte conocimiento de algo en lo que informa o deja de informar.
Se le responde:
El asunto en ello no es como has ido a pensar. «O», aunque en algunos discursos viene con el sentido de duda, también puede venir indicando lo mismo que indica la wāw, ya sea por algo precedente en el discurso antes de ella, o por lo que viene después de ella, como el dicho de Tawba b. al-Ḥumayyir:
«Y Laylā ha pretendido que yo soy un libertino: para mi alma, su piedad; o sobre ella, su libertinaje».
Y es sabido que eso, por parte de Tawba, no es en modo alguno duda respecto de lo que dijo. Pero como «o» en este lugar indica lo mismo que habría indicado la wāw si estuviera en su lugar, la puso en su lugar.
Y así el dicho de Jarīr:
«Le llegó el califato, o le fue un decreto *** como llegó Moisés a su Señor por decreto».
Y como dijo otro:
«Si el llanto devolviera algo *** lloraría por Jubayr o por ʿAnāq,
por ambos, cuando se fueron juntos *** por su asunto, con tristeza y anhelo».
Pues con su dicho «por ambos, cuando se fueron juntos» indicó que el llanto que quiso llorar no pretendía dirigirlo a uno de los dos excluyendo al otro, sino que quiso llorarlos a ambos. Así también en el dicho de Dios —Glorificado sea—: {o como un ṣayyib procedente del cielo}; como era sabido que «o» allí indica lo mismo que habría indicado la wāw si estuviera en su lugar, era igual que se pronunciara con «o» o con la wāw.
Asimismo, la razón de omitir la palabra «símil» en Su dicho: {o como un ṣayyib}, es que Su dicho: {como el ejemplo de quien enciende un fuego} indica que su sentido es: «como el ejemplo de un ṣayyib»; se omitió «el ejemplo» y se bastó con la indicación de lo anterior en el discurso —en Su dicho: {como el ejemplo de quien enciende un fuego}— de que su sentido es: «o como el ejemplo de un ṣayyib», sin repetir la mención del símil, buscando concisión y brevedad.
La exposición sobre la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—:
{ En él hay tinieblas, trueno y relámpago: se meten los dedos en los oídos por los rayos, por miedo a la muerte; y Dios abarca a los incrédulos. El relámpago está a punto de arrebatarles la vista: cada vez que les alumbra, caminan en ello; y cuando se oscurece sobre ellos, se detienen }
Dijo Abū Jaʿfar:
En cuanto a «las tinieblas», es un plural, cuyo singular es «tiniebla». En cuanto al trueno, los sabios discreparon sobre él. Unos dijeron:
es un ángel que arrea las nubes.
Se menciona a quienes dijeron eso:
Nos narró Muḥammad b. al-Muthannā,
dijo:
nos narró Muḥammad b. Jaʿfar,
dijo:
nos narró Shuʿba, de al-Ḥakam, de Mujāhid,
dijo:
El trueno es un ángel que arrea las nubes con su voz.
Y nos narró Muḥammad b. al-Muthannā,
dijo:
nos narró Ibn Abī ʿAdī, de Shuʿba, de al-Ḥakam, de Mujāhid, algo semejante.
Y me narró Yaḥyā b. Ṭalḥa al-Yarbūʿī,
dijo:
nos narró Fuḍayl b. ʿIyāḍ, de Layth, de Mujāhid, algo semejante.
Y me narró Yaʿqūb b. Ibrāhīm,
dijo:
nos narró Hushaym, dijo: nos informó Ismāʿīl b. Sālim, de Abū Ṣāliḥ,
dijo:
El trueno es un ángel de los ángeles que glorifica.
Y me narró Naṣr b. ʿAbd al-Raḥmān al-Awdī,
dijo:
nos narró Muḥammad b. Yaʿlā, de Abū al-Khaṭṭāb al-Baṣrī,
de Shahr b. Ḥawshab, dijo:
El trueno: un ángel encargado de las nubes; las conduce como el cantor conduce los camellos; glorifica cada vez que una nube se aparta de otra, le grita; y cuando su ira se intensifica, el fuego sale de su boca: esos son los rayos que veis.
Y se me narró de al-Minjāb b. al-Ḥārith,
dijo:
nos narró Bishr b. ʿUmāra, de Abū Rawq, de al-Ḍaḥḥāk, de Ibn ʿAbbās,
dijo:
El trueno: un ángel de los ángeles cuyo nombre es al-Raʿd; y es aquel cuya voz oís.
Nos narró Aḥmad b. Isḥāq al-Ahwāzī,
dijo:
nos narró Abū Aḥmad,
dijo:
nos narró ʿAbd al-Malik b. Ḥusayn, de al-Suddī, de Abū Mālik, de Ibn ʿAbbās,
dijo:
El trueno: un ángel que arrea las nubes con la glorificación y la magnificación.
Y nos narró al-Ḥasan b. Muḥammad,
dijo:
nos narró ʿAlī b. ʿĀṣim, de Ibn Jurayj, de Mujāhid, de Ibn ʿAbbās,
dijo:
El trueno: nombre de un ángel; y esta voz suya es su glorificación; y cuando su arreo de las nubes se intensifica, las nubes se agitan y se rozan, y de entre ellas salen los rayos.
Nos narró al-Ḥasan,
dijo:
nos narró ʿAffān,
dijo:
nos narró Abū ʿAwāna, de Mūsā al-Bazzār, de Shahr b. Ḥawshab, de Ibn ʿAbbās,
dijo:
El trueno: un ángel que conduce las nubes con la glorificación, como el cantor conduce los camellos con su canto.
Nos narró al-Ḥasan b. Muḥammad,
dijo:
nos narró Yaḥyā b. ʿAbbād y Shabāba, dijeron: nos narró Shuʿba, de al-Ḥakam, de Mujāhid,
dijo:
El trueno: un ángel que arrea las nubes.
Nos narró Aḥmad b. Isḥāq,
dijo:
nos narró Abū Aḥmad al-Zubayrī,
dijo:
nos narró ʿAttāb b. Ziyād, de ʿIkrima,
dijo:
El trueno: un ángel en las nubes que reúne las nubes como el pastor reúne los camellos.
Y nos narró Bishr,
dijo:
nos narró Yazīd,
dijo:
nos narró Saʿīd, de Qatāda,
dijo:
El trueno: una criatura de las criaturas de Dios —Poderoso y Majestuoso—, oyente y obediente a Dios —Poderoso y Majestuoso—.
Nos narró al-Qāsim b. al-Ḥasan,
dijo:
nos narró al-Ḥusayn b. Dāwūd,
dijo:
me narró Ḥajjāj, de Ibn Jurayj, de ʿIkrima,
dijo:
El trueno es un ángel al que se ordena impulsar las nubes y armonizarlas; ese sonido es su glorificación.
Y nos narró al-Qāsim,
dijo:
nos narró al-Ḥusayn,
dijo:
me narró Ḥajjāj, de Ibn Jurayj, de Mujāhid,
dijo:
El trueno: un ángel.
Y me narró al-Muthannā,
dijo:
nos narró al-Ḥajjāj b. al-Minhāl,
dijo:
nos narró Ḥammād b. Salama, de al-Mughīra b. Sālim, de su padre o de otro,
que ʿAlī b. Abī Ṭālib dijo:
El trueno: un ángel.
Nos narró al-Muthannā,
dijo:
nos narró Ḥajjāj,
dijo:
nos narró Ḥammād,
dijo:
nos informó Mūsā b. Sālim Abū Juhḍum, liberto de Ibn ʿAbbās,
dijo:
Ibn ʿAbbās escribió a Abū al-Jalad preguntándole por el trueno.
Él respondió:
El trueno: un ángel.
Nos narró al-Muthannā,
dijo:
nos narró Muslim b. Ibrāhīm,
dijo:
nos narró ʿUmar b. al-Walīd al-Sunnī, de ʿIkrima,
dijo:
El trueno: un ángel que conduce las nubes como el pastor conduce los camellos.
Me narró Saʿd b. ʿAbd Allāh b. ʿAbd al-Ḥakam,
dijo:
nos narró Ḥafṣ b. ʿUmar,
dijo:
nos narró al-Ḥakam b. Abān, de ʿIkrima,
dijo:
Ibn ʿAbbās, cuando oía el trueno, decía:
«Glorificado sea Aquel a quien él glorifica».
Y decía:
El trueno: un ángel que clama por la lluvia como el pastor clama a su rebaño.
Otros dijeron:
El trueno es un viento que se ahoga bajo las nubes, asciende y de ello proviene ese sonido.
Se menciona a quienes dijeron eso:
Nos narró Aḥmad b. Isḥāq,
dijo:
nos narró Abū Aḥmad al-Zubayrī,
dijo:
nos narró Bishr b. Ismāʿīl, de Abū Kathīr,
dijo:
Estaba yo junto a Abū al-Khald, cuando le llegó un mensajero de Ibn ʿAbbās con una carta para él.
Le respondió por escrito:
«Me has escrito preguntándome por el trueno.
El trueno:
el viento».
Me narró Ibrāhīm b. ʿAbd Allāh,
dijo:
nos narró ʿImrān b. Maysara,
dijo:
nos narró Ibn Idrīs, de al-Ḥasan b. al-Furāt, de su padre,
dijo:
Ibn ʿAbbās escribió a Abū al-Khald preguntándole por el trueno.
Él respondió:
El trueno: un viento.
Dijo Abū Jaʿfar:
Si el trueno es lo que mencionaron Ibn ʿAbbās y Mujāhid, entonces el sentido de la aleya es:
«O como un aguacero procedente del cielo, en el que hay tinieblas y sonido de trueno»; porque el trueno, si es un ángel que conduce las nubes, no está en el ṣayyib, ya que el ṣayyib no es sino lo que se precipita desde el lado de las nubes; y el trueno está en el aire del cielo conduciendo las nubes. Y aun si pasara por él, no tendría un sonido audible; no habría entonces terror con el que asustar a nadie, pues se ha dicho: «con cada gota de lluvia hay un ángel». Así, el ángel cuyo nombre es al-Raʿd, si estuviera con el ṣayyib y su voz no fuera audible, no sería sino como algunos de esos ángeles que descienden con la lluvia a la tierra, en que no hay terror para nadie por estar él en ella.
Así se sabe, dado que el asunto es como hemos descrito según el dicho de Ibn ʿAbbās, que el sentido de la aleya es:
«O como el ejemplo de una lluvia que se precipita desde el cielo, en la que hay tinieblas y sonido de trueno», si el trueno es lo que dijo Ibn ʿAbbās; y que bastó con la indicación de mencionar el trueno por su nombre para lo pretendido en el discurso, sin mencionar su sonido.
Y si el trueno es lo que dijo Abū al-Khald, entonces no se omite nada en Su dicho:
{en él hay tinieblas y trueno},
pues el sentido del discurso entonces es:
«en él hay tinieblas y trueno, que es lo que hemos descrito».
En cuanto al relámpago, los sabios discreparon sobre él. Unos dijeron:
Nos narró Maṭar b. Muḥammad al-Ḍabbī,
dijo:
nos narró Abū ʿĀṣim —ḥ— y me narró Muḥammad b. Bashshār, dijo: me narró ʿAbd al-Raḥmān b. Mahdī; y nos narró Aḥmad b. Isḥāq al-Ahwāzī,
dijo:
nos narró Abū Aḥmad al-Zubayrī;
todos dijeron:
nos narró Sufyān al-Thawrī, de Salama b. Kuhayl, de Saʿīd b. Ashwaʿ, de Rabīʿa b. al-Abyad,
de ʿAlī, dijo:
El relámpago: los látigos (makhārīq) de los ángeles.
Nos narró Aḥmad b. Isḥāq,
dijo:
nos narró Abū Aḥmad al-Zubayrī,
dijo:
nos narró ʿAbd al-Malik b. al-Ḥusayn, de al-Suddī, de Abū Mālik,
de Ibn ʿAbbās:
El relámpago son látigos en manos de los ángeles con los que arrea las nubes.
Y me narró al-Muthannā,
dijo:
nos narró Ḥajjāj,
dijo:
nos narró Ḥammād, de al-Mughīra b. Sālim,
de su padre o de otro, que ʿAlī b. Abī Ṭālib dijo:
El trueno: el ángel;
y el relámpago:
el golpe del ángel a las nubes con un látigo de hierro.
Otros dijeron:
Es un azote de luz con el que el ángel arrea las nubes.
Se me narró de al-Minjāb b. al-Ḥārith,
dijo:
nos narró Bishr b. ʿUmāra, de Abū Rawq, de al-Ḍaḥḥāk, de Ibn ʿAbbās, eso mismo.
Otros dijeron:
Es agua.
Se menciona a quienes dijeron eso:
Nos narró Aḥmad b. Isḥāq al-Ahwāzī,
dijo:
nos narró Abū Aḥmad al-Zubayrī,
dijo:
nos narró Bishr b. Ismāʿīl, de Abū Kathīr,
dijo:
Estaba yo junto a Abū al-Khald cuando le llegó un mensajero de Ibn ʿAbbās con una carta para él.
Le respondió por escrito:
«Me preguntas por el relámpago.
El relámpago:
el agua».
Nos narró Ibrāhīm b. ʿAbd Allāh,
dijo:
nos narró ʿImrān b. Maysara,
dijo:
nos narró Ibn Idrīs, de al-Ḥasan b. al-Furāt, de su padre,
dijo:
Ibn ʿAbbās escribió a Abū al-Khald preguntándole por el relámpago.
Él respondió:
El relámpago: agua.
Nos narró Ibn Ḥumayd,
dijo:
nos narró Jarīr, de ʿAṭāʾ, de un hombre de la gente de Baṣra, de sus recitadores,
dijo:
Ibn ʿAbbās escribió a Abū al-Khald —un hombre de la gente de Hajar— preguntándole por el relámpago.
Le respondió por escrito:
«Me has escrito preguntándome por el relámpago: y ciertamente es de agua».
Otros dijeron:
Es el «maṣʿ» de un ángel.
Nos narró Muḥammad b. Bashshār,
dijo:
nos narró ʿAbd al-Raḥmān b. Mahdī,
dijo:
nos narró Sufyān, de ʿUthmān b. al-Aswad, de Mujāhid,
dijo:
El relámpago: el maṣʿ de un ángel.
Y me narró al-Muthannā,
dijo:
nos narró Isḥāq,
dijo:
nos narró Hishām, de Muḥammad b. Muslim al-Ṭāʾifī,
dijo:
Me ha llegado que el relámpago es un ángel con cuatro rostros: rostro de hombre, rostro de toro, rostro de águila y rostro de león; y cuando bate con sus alas, eso es el relámpago.
Nos narró al-Qāsim,
dijo:
nos narró al-Ḥusayn,
dijo:
me narró Ḥajjāj, de Ibn Jurayj, de Wahb b. Sulaymān, de Shuʿayb al-Jubbāʾī,
dijo:
En el Libro de Dios, los ángeles portadores del Trono: cada ángel de ellos tiene rostro de hombre, de toro y de león; y cuando mueven sus alas, eso es el relámpago.
Y dijo Umayya b. Abī al-Ṣalt:
«Un hombre y un toro bajo su pierna derecha *** y el águila para la otra, y un león al acecho».
Nos narró al-Ḥusayn b. Muḥammad,
dijo:
nos narró ʿAlī b. ʿĀṣim, de Ibn Jurayj, de Mujāhid,
de Ibn ʿAbbās:
El relámpago: un ángel.
Y ciertamente nos narró al-Qāsim,
dijo:
nos narró al-Ḥusayn,
dijo:
me narró Ḥajjāj, de Ibn Jurayj,
dijo:
Los rayos (ṣawāʿiq) son un ángel que golpea las nubes con los látigos, alcanzando con ello a quien quiere.
Dijo Abū Jaʿfar:
Cabe que lo dicho por ʿAlī b. Abī Ṭālib, Ibn ʿAbbās y Mujāhid sea un solo sentido: que los látigos que ʿAlī —Dios esté complacido con él— mencionó como siendo el relámpago sean los azotes de luz con los que el ángel impulsa las nubes, como dijo Ibn ʿAbbās.
Y el impulso del ángel a las nubes sería:
su «maṣʿ» sobre ellas con esos azotes. Pues «al-miṣāʿ» en el árabe tiene por origen el batirse con espadas; luego se usa en todo aquello con lo que se combate, en guerra o fuera de ella, como dijo al-Aʿshā de Banū Thaʿlaba al describir a unas muchachas que juegan con sus joyas y combaten con ellas:
«Cuando ellas se enfrentan a sus pares *** y el combate es con lo que hay en los estuches».
Se dice de ello:
«māṣaʿahu miṣāʿan».
Y es como si Mujāhid solo hubiera dicho:
«maṣʿ de un ángel»,
pues las nubes no combaten al ángel; más bien el trueno es quien combate con él. Así lo hizo un maṣdar de «maṣaʿa yamṣaʿuhu maṣʿan». Ya hemos mencionado, en cuanto al sentido del rayo, lo que dijo Shahr b. Ḥawshab anteriormente.
En cuanto a la interpretación de la aleya, los exégetas discrepan sobre ella.
Se transmitieron de Ibn ʿAbbās al respecto dichos; uno de ellos es lo que:
Nos narró Muḥammad b. Ḥumayd,
dijo:
nos narró Salama,
dijo:
nos narró Muḥammad b. Isḥāq, de Muḥammad b. Abī Muḥammad, liberto de Zayd b. Thābit, de ʿIkrima, o de Saʿīd b. Jubayr,
de Ibn ʿAbbās:
{O como un aguacero procedente del cielo, en el que hay tinieblas, trueno y relámpago: se meten los dedos en los oídos por los rayos, por miedo a la muerte}:
es decir, ellos, por las tinieblas en las que están de incredulidad, y por el temor a ser matados por la oposición en la que se hallan, y por el recelo que os tienen, son como el que se describió: el que está en las tinieblas del aguacero y se mete los dedos en los oídos por los rayos, por miedo a la muerte.
{El relámpago está a punto de arrebatarles la vista}: es decir, por la intensidad de la luz de la verdad.
{Cada vez que les alumbra, caminan en ello; y cuando se oscurece sobre ellos, se detienen}: es decir, conocen la verdad y hablan de ella; por su hablar de ella están en rectitud; pero cuando recaen de ello en la incredulidad, se detienen perplejos.
Y el otro es lo que:
Me narró Mūsā b. Hārūn,
dijo:
nos narró ʿAmr,
dijo:
nos narró Asbāṭ, de al-Suddī, en un relato que mencionó de Abū Mālik y de Abū Ṣāliḥ, de Ibn ʿAbbās, y de Murra, de Ibn Masʿūd,
y de gente de los compañeros del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—:
{O como un aguacero procedente del cielo, en el que hay tinieblas, trueno y relámpago} hasta {En verdad, Dios es sobre toda cosa poderoso}:
En cuanto al ṣayyib y la lluvia: eran dos hombres de los hipócritas de la gente de Medina que huyeron del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— hacia los idólatras. Les alcanzó esta lluvia que Dios mencionó, en la que había fuerte trueno, rayos y relámpago. Cada vez que los rayos les alumbraban, se metían los dedos en los oídos por el pavor de que los rayos entraran en sus oídos y los mataran. Y cuando el relámpago destellaba, caminaban a su luz; y cuando no destellaba, no veían y se quedaban en su lugar sin caminar.
Entonces decían:
«Ojalá amanezcamos para ir a Muḥammad y poner nuestras manos en su mano».
Amanecieron, fueron a él, abrazaron el islam, pusieron sus manos en su mano, y su islam fue bueno.
Dios puso el caso de esos dos hipócritas que salieron como ejemplo para los hipócritas de Medina.
Los hipócritas, cuando asistían a la asamblea del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, se metían los dedos en los oídos por temor al discurso del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, no fuera que descendiera algo sobre ellos o fueran mencionados por algo y fueran matados, como aquellos dos hipócritas que salieron se metían los dedos en los oídos.
{Y cada vez que les alumbra, caminan en ello}: cuando sus bienes aumentaban, les nacían muchachos, obtenían botín o una conquista, caminaban en ello y decían:
«La religión de Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz— es religión verdadera», y se mantenían firmes en ella, como aquellos dos hipócritas caminaban cuando el relámpago les alumbraba.
{Y cuando se oscurece sobre ellos, se detienen}: cuando sus bienes perecían, les nacían esclavas, y les alcanzaba la calamidad, decían:
«Esto es por la religión de Muḥammad», y apostataban como incrédulos, como aquellos dos hipócritas se detuvieron cuando el relámpago se oscureció sobre ellos.
Y el tercero es lo que:
Me narró Muḥammad b. Saʿd,
dijo:
me narró mi padre,
dijo:
me narró mi tío, de su padre, de su abuelo,
de Ibn ʿAbbās:
{O como un aguacero procedente del cielo}, como una lluvia en la que hay tinieblas, trueno y relámpago hasta el final de la aleya: es el ejemplo del hipócrita en la luz de lo que habla de lo que tiene del Libro de Dios y de obra, por ostentación ante la gente; pero cuando está a solas, obra de otro modo. Está en tinieblas mientras permanece en eso.
En cuanto a las tinieblas: el extravío.
En cuanto al relámpago: la fe.
Y ellos son la gente del Libro.
{Y cuando se oscurece sobre ellos}: es un hombre que toma un extremo de la verdad y no puede sobrepasarlo.
Y el cuarto es lo que:
Me narró al-Muthannā,
dijo:
nos narró ʿAbd Allāh b. Ṣāliḥ,
dijo:
me narró Muʿāwiya b. Ṣāliḥ, de ʿAlī b. Abī Ṭalḥa,
de Ibn ʿAbbās:
{O como un aguacero procedente del cielo}: es la lluvia.
Dios puso su ejemplo en el Corán, diciendo:
{en él hay tinieblas}: es decir, prueba.
{y trueno}: es decir, en él hay amedrentamiento.
{y relámpago}: {El relámpago está a punto de arrebatarles la vista}: es decir, el Corán inequívoco casi delata las vergüenzas de los hipócritas.
{Cada vez que les alumbra, caminan en ello}: cada vez que los hipócritas alcanzan del islam poder, se tranquilizan; y si al islam le sobreviene una desgracia, dicen:
«Volved a la incredulidad».
{Y cuando se oscurece sobre ellos, se detienen}: como Su dicho: {Y entre la gente hay quien adora a Dios al borde: si le alcanza un bien, se tranquiliza con ello; y si le alcanza una prueba...} hasta el final de la aleya.
Luego, el resto de los exégetas discrepó después de eso en algo semejante a lo transmitido de Ibn ʿAbbās.
Me narró Muḥammad b. ʿAmr al-Bāhilī,
dijo:
nos narró Abū ʿĀṣim, de ʿĪsā b. Maymūn, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid,
dijo:
La iluminación del relámpago y su oscurecimiento, conforme a ese ejemplo.
Y me narró al-Muthannā,
dijo:
nos narró Abū Ḥudhayfa,
dijo:
nos narró Shibl, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid, algo semejante.
Nos narró ʿAmr b. ʿAlī,
dijo:
nos narró Abū ʿĀṣim,
dijo:
nos narró ʿĪsā, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid, algo semejante.
Y nos narró Bishr b. Muʿādh,
dijo:
nos narró Yazīd b. Zurayʿ, de Saʿīd,
de Qatāda, acerca del dicho de Dios:
{En él hay tinieblas, trueno y relámpago} hasta Su dicho: {y cuando se oscurece sobre ellos, se detienen}:
El hipócrita, si ve en el islam holgura, tranquilidad o alivio de vida, dice:
«Estoy con vosotros y soy de vosotros»; y si le alcanza una dureza, por Dios, entonces queda cortado por ella: no soporta su aflicción, no cuenta su recompensa, ni espera su desenlace.
Y nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā,
dijo:
nos informó ʿAbd al-Razzāq,
dijo:
nos informó Maʿmar,
de Qatāda:
{En él hay tinieblas, trueno y relámpago}: es decir, informó acerca de un pueblo que no oye nada sin pensar que perecerán por ello, por miedo a la muerte; y Dios abarca a los incrédulos.
Luego les puso otro ejemplo y dijo:
{El relámpago está a punto de arrebatarles la vista; cada vez que les alumbra, caminan en ello}: este es el hipócrita: cuando su riqueza aumenta, su ganado aumenta y le alcanza bienestar, dice:
«Desde que entré en esta religión mía, no me ha alcanzado sino bien».
{Y cuando se oscurece sobre ellos, se detienen}: cuando sus bienes se van, su ganado perece y les alcanza la calamidad, se detienen perplejos.
Y me narró al-Muthannā,
dijo:
nos narró Isḥāq b. al-Ḥajjāj, de ʿAbd Allāh b. Abī Jaʿfar, de su padre,
de al-Rabīʿ b. Anas:
{En él hay tinieblas, trueno y relámpago}, dijo:
Su ejemplo es como el de un pueblo que caminó en una noche oscura, con lluvia, trueno y relámpago, por un camino; cuando relampagueaba, veían el camino y avanzaban por él; y cuando el relámpago se iba, se quedaban perplejos. Así el hipócrita: cada vez que pronuncia una palabra de sinceridad, se le ilumina; y cuando duda, se queda perplejo y cae en las tinieblas.
Así Su dicho:
{Cada vez que les alumbra, caminan en ello; y cuando se oscurece sobre ellos, se detienen}.
Luego dijo: {en su oído y su vista con los que vivieron entre la gente; y si Dios quisiera, se llevaría su oído y su vista}.
Dijo Abū Jaʿfar:
Y nos narró al-Qāsim,
dijo:
nos narró al-Ḥusayn,
dijo:
nos narró Abū Numayla, de ʿUbayd b. Sulaymān al-Bāhilī,
de al-Ḍaḥḥāk b. Muzāḥim:
{En él hay tinieblas}, dijo:
En cuanto a las tinieblas: el extravío.
Y el relámpago:
la fe.
Y me narró Yūnus,
dijo:
nos informó Ibn Wahb,
dijo:
me narró ʿAbd al-Raḥmān b. Zayd acerca de Su dicho: {En él hay tinieblas, trueno y relámpago}; recitó hasta llegar a: {En verdad, Dios es sobre toda cosa poderoso}, y dijo:
Este también es un ejemplo que Dios puso para los hipócritas: se iluminaron con el islam como este se iluminó con la luz de este relámpago.
Y nos narró al-Qāsim,
dijo:
nos narró al-Ḥusayn,
dijo:
me narró Ḥajjāj,
dijo:
dijo Ibn Jurayj:
No hay nada en la tierra que el hipócrita oiga sin pensar que se refiere a él y que es la muerte, por aversión a ella; y el hipócrita es la criatura de Dios que más aborrece la muerte, como cuando están en campo abierto bajo la lluvia huyen de los rayos.
Nos narró ʿAmr b. ʿAlī,
dijo:
nos narró Abū Muʿāwiya,
dijo:
nos narró Ibn Jurayj,
de ʿAṭāʾ, acerca de Su dicho:
{O como un aguacero procedente del cielo, en el que hay tinieblas, trueno y relámpago}, dijo:
Es un ejemplo puesto para los incrédulos.
Estos dichos que hemos mencionado de quienes los transmitimos, aunque difieran en las expresiones de sus autores, son cercanos en significado, pues todos informan de que Dios puso el aguacero como ejemplo de la apariencia de fe del hipócrita; y lo que hay en él de tinieblas como su extravío; y lo que hay en él de luz de relámpago como la luz de su fe; y su protección de los rayos, metiéndose los dedos en los oídos, como la debilidad de su ánimo y la cobardía de su corazón ante la posibilidad de que el castigo de Dios caiga sobre su ámbito; y su caminar a la luz del relámpago como su rectitud sobre la luz de su fe; y su detención en la oscuridad como su perplejidad en su extravío y su recaída en su ceguera.
La interpretación de la aleya, si el asunto es como hemos descrito, es:
«O el ejemplo de aquello con lo que se iluminaron los hipócritas, por su decir al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— y a los creyentes con sus lenguas: “Creemos en Dios, en el Último Día y en Muḥammad y en lo que trajo”, hasta que por ello les correspondieron en este mundo los dictámenes de los creyentes; mientras que, pese a lo que manifiestan con sus lenguas de Dios, de Su Mensajero —Dios le bendiga y le conceda paz—, de lo que trajo de parte de Dios y del Último Día, son desmentidores, y en sus corazones creen lo contrario de lo que manifiestan con las lenguas; en una ceguera y una ignorancia respecto de la extravío en que están, sin saber cuál de los dos asuntos que se les han abierto es guía: si la incredulidad en la que estaban antes de que Dios enviara a Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz— con lo que lo envió a ellos, o lo que Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz— les trajo de parte de su Señor. Están temerosos de la amenaza de Dios contra ellos en la lengua de Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz—; y, pese a su temor, en realidad dudan, y en sus corazones hay enfermedad, y Dios les aumentó la enfermedad».
Como el ejemplo de una lluvia que avanzó de noche en una nube oscura, en una noche tenebrosa, guiada por trueno, y en cuyos bordes se dispersa un relámpago de intenso destello y frecuente fulgor: casi el resplandor de su relámpago se lleva las vistas y las arrebata por la intensidad de su luz y el brillo de su rayo; y de ella descienden fuegos de rayos que casi hacen que las almas se extingan por la intensidad de sus horrores.
El aguacero es ejemplo de lo que los hipócritas manifestaron con sus lenguas de confesión y asentimiento; y las tinieblas que hay en él, de las tinieblas de lo que ocultan: duda, desmentido y enfermedad de los corazones.
En cuanto al trueno y los rayos, son ejemplo de lo que sienten de temor ante la amenaza de Dios contra ellos en la lengua de Su Mensajero —Dios le bendiga y le conceda paz— en las aleyas de Su Libro, ya sea en lo inmediato o en el plazo; es decir, que les sobrevenga, junto con su duda al respecto: ¿ocurrirá o no ocurrirá?, ¿tiene realidad o es mentira y falsedad? Son ejemplo.
Por temor a que eso sea verdad, se protegen mediante la confesión con sus lenguas de lo que trajo Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz—, por miedo a sí mismos de la perdición y del descenso de los castigos.
Ese es el sentido de Su dicho —Glorificado sea—:
{Se meten los dedos en los oídos por los rayos, por miedo a la muerte}.
Con ello quiere decir: se protegen de la amenaza de Dios, que hizo descender en Su Libro por la lengua de Su Mensajero —Dios le bendiga y le conceda paz—, mediante lo que muestran con sus lenguas de confesión aparente, como el temeroso se protege de los sonidos de los rayos cubriéndose los oídos y metiéndose los dedos en ellos por temor a sí mismo.
Ya hemos mencionado el relato transmitido de Ibn Masʿūd e Ibn ʿAbbās: que los hipócritas, cuando asistían a la asamblea del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, se metían los dedos en los oídos por temor al discurso del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, no fuera que descendiera algo sobre ellos o fueran mencionados por algo y fueran matados.
Si eso fuera auténtico —y no sé que lo sea, pues dudo de su cadena de transmisión—, entonces el dicho transmitido de ambos es el dicho.
Y si no fuera auténtico, lo más digno para la interpretación de la aleya es lo que hemos dicho: porque Dios solo nos contó al comienzo de su relato que engañan a Dios, a Su Mensajero y a los creyentes con su decir: «Creemos en Dios y en el Último Día», pese a la duda de sus corazones y la enfermedad de sus pechos respecto de la realidad de aquello de lo que pretenden ser creyentes, de lo que les trajo el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— de parte de su Señor; y así los describió en todas las aleyas del Corán en las que mencionó su condición. Así también en esta aleya.
Dios hizo que su meterse los dedos en los oídos fuera un ejemplo de su protección frente al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— y los creyentes mediante lo que hemos mencionado con lo que se protegen, como quien oye el sonido del rayo se protege metiéndose los dedos en los oídos.
Y esto, en el ejemplo, es semejante a que Dios —Glorificado sea— haya representado lo que hizo descender sobre ellos de amenaza en las aleyas de Su Libro con los sonidos de los rayos.
Asimismo, Su dicho:
{por miedo a la muerte}.
Lo hizo —Glorificado sea— ejemplo de su temor y su recelo ante la posibilidad de que les sobrevenga el castigo inmediato y destructor con el que los amenazó, como quien oye los sonidos de los rayos se mete los dedos en los oídos por temor a la ruina y a la muerte.
Y solo se puso en acusativo Su dicho:
{por miedo a la muerte}
según el modo en que se pone en acusativo «takrima» en tu dicho: «Te visité, en honor tuyo», queriendo decir: «por tu honor»; y como Su dicho —Glorificado sea—: {Y Nos invocaban con deseo y temor}, como explicación del verbo.
Se transmitió de Qatāda que interpretaba Su dicho:
{por miedo a la muerte}: «por temor a la muerte».
Nos narró eso al-Ḥasan b. Yaḥyā,
dijo:
nos narró ʿAbd al-Razzāq,
dijo:
nos informó Maʿmar, de él.
Ese enfoque interpretativo es débil, porque el grupo no se metió los dedos en los oídos «por temor a la muerte» de modo que su sentido fuera lo que dijo; más bien se los metieron en los oídos «a causa del miedo a la muerte».
Qatāda e Ibn Jurayj interpretaban Su dicho:
{se meten los dedos en los oídos por los rayos, por miedo a la muerte}
como que eso es, por parte de Dios —Glorificado sea—, una descripción de los hipócritas por el pánico, la debilidad de los corazones y el aborrecimiento de la muerte; e interpretaban en ello Su dicho:
{Creen que todo grito es contra ellos}.
Pero el asunto, a mi juicio, no es como dijeron. Pues entre ellos había quien no se podía negar su valentía ni rechazar su bravura, como Quzmān, de quien ningún creyente ocupó su lugar en Uḥud o en lo que fue menor que ello.
Su aversión a presenciar las campañas con el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— y su abandono de ayudarle contra sus enemigos se debía a que no estaban esclarecidos en su religión ni creían en el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—; por eso detestaban asistir con él a sus campañas, salvo para desanimar respecto de él.
Más bien, esto es una descripción de Dios —Glorificado sea— de su recelo ante la posibilidad de que el castigo de Dios les sobrevenga por su hipocresía, ya sea pronto o más tarde.
Luego —Glorificado sea— informó que los hipócritas, a quienes describió con la descripción mencionada y para quienes puso los ejemplos descritos, aunque se protejan de Su castigo y teman Su tormento como quien se mete los dedos en los oídos por miedo a que les sobrevenga la amenaza con la que los amenazó en las aleyas de Su Libro, eso no los salvará de que les descienda por detrás y les caiga en su ámbito, ya sea pronto en este mundo o más tarde en la Otra Vida, por la enfermedad de sus corazones y la duda de su creencia.
Dijo:
{Y Dios abarca a los incrédulos}, con el sentido de: los reúne, y Su castigo les caerá.
Mujāhid interpretaba eso como:
Me narró Muḥammad b. ʿAmr al-Bāhilī,
dijo:
nos narró Abū ʿĀṣim, de ʿĪsā b. Maymūn, de ʿAbd Allāh b. Abī Najīḥ,
de Mujāhid, acerca del dicho de Dios:
{Y Dios abarca a los incrédulos}, dijo:
Los reúne en el Infierno.
En cuanto a Ibn ʿAbbās, se transmitió de él al respecto lo que:
Me narró Ibn Ḥumayd,
dijo:
nos narró Salama, de Ibn Isḥāq, de Muḥammad b. Abī Muḥammad, liberto de Zayd b. Thābit, de ʿIkrima, o de Saʿīd b. Jubayr,
de Ibn ʿAbbās:
{Y Dios abarca a los incrédulos}: es decir, Dios hará descender sobre ellos ese castigo.
Nos narró al-Qāsim,
dijo:
nos narró al-Ḥusayn,
dijo:
nos narró Ḥajjāj, de Ibn Jurayj,
de Mujāhid, acerca de Su dicho:
{Y Dios abarca a los incrédulos}, dijo:
Los reúne.
Luego volvió —Glorificado sea— a describir la confesión de los hipócritas con sus lenguas, y a informar de él y de ellos y de su hipocresía, y a completar el ejemplo que comenzó a ponerles, para su duda y la enfermedad de sus corazones.
Dijo:
{El relámpago está a punto de...}.
Con «el relámpago» se refiere a la confesión que manifestaron con sus lenguas acerca de Dios, de Su Mensajero y de lo que trajo de parte de su Señor; e hizo del relámpago un ejemplo de ello, según lo que hemos descrito.
{...arrebatarles la vista}:
quiere decir: quitársela, despojárselas, y hacerla centellear, por la intensidad de su luz y el brillo de su rayo.
Como:
Se me narró de al-Minjāb b. al-Ḥārith,
dijo:
nos narró Bishr b. ʿAmmār, de Abū Rawq, de al-Ḍaḥḥāk, de Ibn ʿAbbās,
acerca de Su dicho:
{El relámpago está a punto de arrebatarles la vista}, dijo:
Les centellea la vista, pero aún no lo hace.
Dijo Abū Jaʿfar:
«al-khaṭf» es el despojo; de ahí el relato transmitido del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—:
«que prohibió la “khaṭfa”»,
queriendo decir con ello el saqueo.
De ahí se llama «khuṭṭāf» al gancho con el que se saca el cubo del pozo, por arrebatar y arrancar lo que se engancha.
Y de ello el dicho de al-Nābigha de Banū Dhubyān:
«Ganchos curvos en cuerdas firmes *** que manos tirantes extienden hacia ti».
Así hizo de la luz del relámpago y la intensidad del brillo de su rayo un ejemplo de la luz de su confesión con sus lenguas acerca de Dios, de Su Mensajero —Dios le bendiga y le conceda paz—, de lo que trajo de parte de Dios y del Último Día, y del brillo de su luz.
Luego dijo —Exaltado sea—:
{Cada vez que les alumbra}:
quiere decir: cada vez que el relámpago les alumbra; e hizo del relámpago un ejemplo de su fe.
Con ello solo pretendió: que cada vez que la fe les alumbra, y su alumbrarles es que vean en ella lo que les agrada en lo inmediato de su vida mundana —victoria sobre los enemigos, obtención de botines en las expediciones, abundancia de conquistas y sus beneficios, riqueza en bienes, y seguridad en cuerpos, familia e hijos—, eso es su alumbrarles; porque ellos solo manifiestan con sus lenguas lo que manifiestan de confesión buscando eso y defendiendo con ello sus vidas, sus bienes, sus familias y su descendencia.
Y son como los describió Dios —Glorificado sea— en Su dicho:
{Y entre la gente hay quien adora a Dios al borde: si le alcanza un bien, se tranquiliza; y si le alcanza una prueba, se vuelve sobre su rostro}.
Y Su dicho:
{caminan en ello}:
quiere decir: caminan en la luz del relámpago. Eso es un ejemplo de su confesión, según lo que hemos descrito.
Su sentido es:
Cada vez que ven en la fe lo que les agrada en lo inmediato de su vida mundana, según lo que hemos descrito, se afirman en ella y permanecen en ella, como camina el caminante en la oscuridad de la noche y en la oscuridad del aguacero que Él —Glorificado sea— describió, cuando en ella relampaguea un relámpago y ve su camino.
{Y cuando se oscurece}:
quiere decir: cuando la luz del relámpago se va de ellos.
Y Su dicho:
{sobre ellos}:
esto es: sobre los caminantes en el aguacero que Él —Glorificado sea— describió; y eso es un ejemplo para los hipócritas.
El sentido de ese oscurecimiento es:
que los hipócritas, cada vez que no ven en el islam lo que les agrada en su mundo, cuando Dios prueba a los creyentes de Sus siervos con la adversidad y los purifica con durezas y calamidades —por su fracaso en una expedición y por permitir que el enemigo obtenga ventaja sobre ellos, o por el retroceso de su mundo respecto de ellos—, permanecen en su hipocresía y se afirman en su extravío, como se detiene el caminante en el aguacero que Él —Glorificado sea— describió cuando se oscurece y se debilita la luz del relámpago, quedando perplejo en su camino y sin conocer su senda.
Notas y Referencias
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