El Viaje Nocturno
الإسراء Al-IsraVersículo (Español)
[17:79] También levántate parte de la noche a realizar oraciones voluntarias, para que tu Señor te conceda un rango digno de alabanza.
Tafsir de At-Tabari
{Y de la noche, vela con él como oración supererogatoria para ti; quizá tu Señor te resucite a una estación alabada} (79)
El dicho acerca de la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—:
{Y de la noche, vela con él como oración supererogatoria para ti; quizá tu Señor te resucite a una estación alabada}.
Dice —Exaltado sea Su recuerdo— a Su Profeta Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz—: Y de la noche, permanece despierto tras un sueño, ¡oh Muḥammad!, con el Corán, como supererogación para ti, exclusiva para ti y no para tu comunidad.
Y el taháyyud:
es el despertarse y velar después de un sueño nocturno.
En cuanto al propio huŷūd:
es el dormir,
como dijo el poeta:
«¿Acaso no nos visitaste cuando los compañeros dormían *** y pasó la noche prodigando, con dádivas, generosidad?»
Y dijo al-Ḥuṭay’a:
«¿Acaso no visitó Hind de los hunūd, mientras mi compañía *** en Ḥawrān, Ḥawrān, los ejércitos dormían?»
Y en el sentido de lo que hemos dicho acerca de ello, hablaron los intérpretes.
Mención de quienes dijeron eso:
Me narró Muḥammad b. ʿAbd Allāh b. ʿAbd al-Ḥakam,
dijo:
nos narró mi padre y Šuʿayb b. al-Layṯ, de al-Layṯ, de Muŷāhid b. Yazīd, de Abū Hilāl,
de al-Aʿraŷ, que dijo:
me informó Ḥumayd b. ʿAbd al-Raḥmān b. ʿAwf, de un hombre de los Anṣār, que estaba con el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— en un viaje,
y dijo:
«Observaré cómo ora el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—».
Dijo:
Entonces el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— durmió; luego despertó, alzó la cabeza al cielo y recitó cuatro aleyas del final de la sura Āl ʿImrān: «Ciertamente, en la creación de los cielos y la tierra y en la alternancia de la noche y el día…», hasta pasar por las cuatro; luego se dirigió al odre, tomó un siwāk y se frotó con él los dientes; luego hizo la ablución; luego oró; luego durmió; luego despertó e hizo como había hecho la primera vez. Y afirman que ese es el taháyyud que Dios le ordenó.
Me narró Muḥammad b. al-Muṯannā,
dijo:
nos narraron Muḥammad b. Ŷaʿfar y ʿAbd al-Raḥmān,
dijeron:
nos narró Saʿīd, de Abū Isḥāq, de Muḥammad b. ʿAbd al-Raḥmān,
de ʿAlqama y al-Aswad, que dijeron:
El taháyyud es después de un sueño.
Nos narró Ibn Baššār,
dijo:
nos narró Abū ʿĀmir,
dijo:
nos narró Sufyān, de Abū Isḥāq, de ʿAbd al-Raḥmān b. al-Aswad,
dijo:
El taháyyud: después de un sueño.
Nos narró Ibn al-Muṯannā,
dijo:
nos narró Yaḥyā b. Saʿīd, de Šuʿba,
dijo:
me narró Abū Isḥāq, de Muḥammad b. ʿAbd al-Raḥmān b. Yazīd, de ʿAlqama y al-Aswad, con lo mismo.
Me narró al-Ḥāriṯ,
dijo:
nos narró al-Qāsim,
dijo:
nos narró Hušaym, de al-Aʿmaš, de Ibrāhīm, de ʿAlqama,
dijo:
El taháyyud: después del sueño.
Me narró al-Ḥāriṯ,
dijo:
nos narró al-Qāsim,
dijo:
nos narró Yazīd, de Hišām, de al-Ḥasan,
dijo:
El taháyyud: lo que es después de la última oración de la noche (al-ʿišāʾ al-āḫira).
Se me narró de ʿAbd Allāh b. Ṣāliḥ, de al-Layṯ, de Ŷaʿfar b. Rabīʿa, de al-Aʿraŷ, de Kaṯīr b. al-ʿAbbās, de al-Ḥaŷŷāŷ b. ʿAmr,
dijo:
El taháyyud no es sino después de una cabezada.
En cuanto a Su dicho «supererogatoria para ti», quiere decir:
un extra para ti, además de tus obligaciones que te he impuesto.
Y se discrepó acerca del sentido por el cual se particularizó con ello al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, pese a que la oración de todo orante después de su huŷūd, si antes de su huŷūd ya había cumplido sus obligaciones, es supererogación, un extra, puesto que no era obligatoria para él.
Unos dijeron:
El sentido de su particularización con ello es que era una obligación para él, mientras que para otros es voluntaria.
Y se le dijo:
«Establécela como supererogatoria para ti», es decir, como un mérito adicional, además de las obligaciones que te he impuesto, por encima de lo que he impuesto a otros.
Mención de quienes dijeron eso:
Me narró Muḥammad b. Saʿd,
dijo:
me narró mi padre,
dijo:
me narró mi tío,
dijo:
me narró mi padre, de su padre, de Ibn ʿAbbās,
acerca de Su dicho:
«Y de la noche, vela con él como supererogatoria para ti», es decir: por «supererogatoria» se entiende que es exclusiva del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—: se le ordenó el rezo nocturno y se le prescribió como obligación.
Otros dijeron:
Más bien se le dijo eso —sobre él la oración y la paz— porque su realización no le expiaba nada de los pecados, ya que Dios —Exaltado sea— le había perdonado lo anterior de su pecado y lo posterior; así, para él era una supererogación de mérito. En cuanto a otros, para ellos es expiación, y no es para ellos supererogación.
Mención de quienes dijeron eso:
Nos narró al-Qāsim,
dijo:
nos narró al-Ḥusayn,
dijo:
me narró Ḥaŷŷāŷ, de Ibn Ŷurayŷ, de ʿAbd Allāh b. Kaṯīr, de Muŷāhid,
dijo:
La supererogación es exclusiva del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— por cuanto se le ha perdonado lo anterior de su pecado y lo posterior; así, lo que haga de obra aparte de la prescrita es supererogación, porque no hace eso como expiación de pecados: son supererogaciones y aumento. Y la gente hace lo que no es la prescrita por sus pecados, como expiación de ellos; por eso, para la gente no son supererogaciones.
Y la más correcta de las dos opiniones en esto es la que hemos mencionado de Ibn ʿAbbās. Ello es porque el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— fue particularizado por Dios —Exaltado sea— con lo que le impuso del rezo nocturno, excluyendo al resto de su comunidad. En cuanto a lo transmitido de Muŷāhid, es una afirmación sin sentido, porque el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, según lo que se ha mencionado de él, lo que más hacía era pedir perdón por sus pecados después del descenso de la palabra de Dios —Poderoso y Majestuoso—: «Para que Dios te perdone lo anterior de tu pecado y lo posterior». Y ello porque esta sura le fue revelada después de su regreso de al-Ḥudaybiya, y se le reveló «Cuando llegue el auxilio de Dios y la victoria» el año en que fue tomado. Y se le dijo en ella: «Glorifica con la alabanza de tu Señor y pídele perdón; ciertamente, Él es siempre aceptador del arrepentimiento». Se le contaba —Dios le bendiga y le conceda paz— en una sola sesión cien veces de petición de perdón. Y es sabido que Dios no le ordenó pedir perdón sino por aquello que le perdona mediante esa petición de perdón. Queda así claro el aspecto de la invalidez de lo que dijo Muŷāhid.
Nos narró Ibn Wakīʿ,
dijo:
nos narró mi padre, de al-Aʿmaš, de Šammar, de ʿAṭiyya, de Šahr, de Abū Umāma,
dijo:
La supererogación fue únicamente para el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— en particular.
Nos narró Ibn ʿAbd al-Aʿlā,
dijo:
nos narró Muḥammad b. Ṯawr, de Maʿmar,
de Qatāda, acerca de «supererogatoria para ti», dijo:
como acto voluntario y como mérito para ti.
Y Su dicho:
«Quizá tu Señor te resucite a una estación alabada». Y «quizá» por parte de Dios es obligatoria.
Y la orientación de la expresión de los sabios: «“quizá” por parte de Dios es obligatoria», es por el conocimiento de los creyentes de que Dios no deja de hacer con Sus siervos aquello en lo que les ha hecho concebir esperanza de recompensa por sus obras y de compensación por su obediencia a Él; no es de Sus atributos el engaño. Y no hay duda de que quien dice eso ha hecho concebir esperanza a aquel a quien se lo dice de beneficiarlo, si lo observa y se mantiene en ello. Si el destinatario se mantiene en ello y lo observa, y luego no lo beneficia, sin que haya causa que se interponga entre él y el beneficiarlo, pese a la esperanza previa que le había dado a su compañero por su observancia y perseverancia, entonces habría engañado a su compañero por haberle faltado a lo que le había hecho esperar con lo que le dijo. Y puesto que eso es así, y no es lícito que —Glorificado sea— tenga por atributo el engaño a Sus siervos, resulta correcto y obligatorio que todo aquello en lo que les hace concebir esperanza —por su obediencia, o por realizar un acto, o por un mandato o prohibición que les ordenó o les prohibió—, Él se lo cumplirá; y que ello, por parte de Él, es como una promesa cuyo cumplimiento no se quebranta.
Dijeron:
«ʿAsā» y «laʿalla» por parte de Dios son obligatorias.
La interpretación del discurso es:
Establece la oración obligatoria, ¡oh Muḥammad!, en estos tiempos en los que te he ordenado establecerla; y de la noche, vela (taháyyad) como obligación que te he impuesto, para que quizá tu Señor te resucite el Día de la Resurrección a una estación en la que te alaben, y en la que seas envidiado.
Luego discreparon los intérpretes acerca del sentido de esa «estación alabada».
La mayoría de los sabios dijo:
Esa es la estación en la que él —Dios le bendiga y le conceda paz— se pondrá en pie el Día de la Resurrección para la intercesión por la gente, a fin de que su Señor los alivie de la enormidad en la que se hallan por la dureza de ese día.
Mención de quienes dijeron eso:
Nos narró Muḥammad b. Baššār,
dijo:
nos narró ʿAbd al-Raḥmān,
dijo:
nos narró Sufyān, de Abū Isḥāq, de Ṣila b. Zufar, de Ḥuḏayfa,
dijo:
Se reúne a la gente en una sola explanada: el pregonero los hace oír y la vista los alcanza; descalzos, desnudos, como fueron creados; en pie, ninguna alma habla sino con Su permiso.
Se llama:
«¡Oh Muḥammad!».
Y él dice:
«Aquí estoy y a Tu servicio; el bien está en Tus manos; el mal no se atribuye a Ti; el guiado es quien Tú has guiado; Tu siervo está ante Ti; por Ti y hacia Ti; no hay refugio ni salvación de Ti sino hacia Ti; bendito y excelso eres; gloria a Ti, Señor de esta Casa».
Esa es la estación alabada que Dios —Exaltado sea— mencionó.
Nos narró Muḥammad b. al-Muṯannā,
dijo:
nos narró Muḥammad b. Ŷaʿfar,
dijo:
nos narró Šuʿba, de Abū Isḥāq, de Ṣila b. Zufar, de Ḥuḏayfa,
dijo:
Se reúne a la gente en una sola explanada. Ninguna alma habla. Y lo primero a quien se llama es a Muḥammad, el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—; entonces se levanta Muḥammad, el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—,
y dice:
«Aquí estoy»,
y luego mencionó algo semejante.
Nos narró Sulaymān b. ʿAmr b. Ḫālid al-Raqqī,
dijo:
nos narró ʿĪsā b. Yūnus, de Rušdayn b. Kurayb, de su padre, de Ibn ʿAbbās,
acerca de Su dicho:
«Quizá tu Señor te resucite a una estación alabada», dijo:
La estación alabada: la estación de la intercesión.
Nos narró Ibn Baššār,
dijo:
nos narró ʿAbd al-Raḥmān,
dijo:
nos narró Sufyān, de Salama b. Kuhayl,
dijo:
nos narró Abū al-Zaʿrāʾ, de ʿAbd Allāh, en un relato que mencionó,
dijo:
Luego se ordena el ṣirāṭ y se tiende sobre un puente de Ŷahannam. La gente pasa según sus obras: el primero pasa como el relámpago, como el paso del viento, como el paso de las aves, como las bestias más veloces; y así hasta que el hombre pasa corriendo, luego caminando, hasta que llega el último de ellos arrastrándose sobre su vientre.
Dice:
«Señor mío, ¿por qué me has retrasado?».
Dice:
«No te he retrasado; te ha retrasado tu obra».
Dijo:
Luego Dios permite la intercesión: el primer intercesor el Día de la Resurrección será Ŷibrīl —sobre él la paz—, el Espíritu de Santidad; luego Ibrāhīm, el íntimo del Misericordioso; luego Mūsā, o ʿĪsā.
Dijo Abū al-Zaʿrāʾ:
No sé cuál de los dos dijo.
Dijo:
Luego se levanta vuestro Profeta —sobre él la oración y la paz— como cuarto; y nadie intercede después de él en aquello en lo que él intercede. Esa es la estación alabada que Dios mencionó: «Quizá tu Señor te resucite a una estación alabada».
Nos narró Muḥammad b. Baššār,
dijo:
nos narró Ibn Abī ʿAdī, de ʿAwf,
de al-Ḥasan, acerca de la palabra de Dios —Exaltado sea—: «Y de la noche, vela con él como supererogatoria para ti; quizá tu Señor te resucite a una estación alabada», dijo:
La estación alabada: la estación de la intercesión el Día de la Resurrección.
Nos narró Muḥammad b. ʿAmr,
dijo:
nos narró Abū ʿĀṣim,
dijo:
nos narró ʿĪsā; y me narró al-Ḥāriṯ,
dijo:
nos narró al-Ḥasan,
dijo:
nos narró Waraqāʾ; todos, de Ibn Abī Naŷīḥ, de Muŷāhid,
acerca de la palabra de Dios —Exaltado sea—:
«una estación alabada», dijo:
La intercesión de Muḥammad el Día de la Resurrección.
Nos narró al-Qāsim,
dijo:
nos narró al-Ḥusayn,
dijo:
me narró Ḥaŷŷāŷ, de Ibn Ŷurayŷ, de Muŷāhid, lo mismo.
Nos narró al-Qāsim,
dijo:
nos narró al-Ḥusayn,
dijo:
nos narró Abū Muʿāwiya, de ʿĀṣim al-Aḥwal, de Abū ʿUṯmān, de Sulaymān,
dijo:
Es la intercesión: Dios le concede interceder por su comunidad; esa es la estación alabada.
Nos narró Bišr,
dijo:
nos narró Yazīd,
dijo:
nos narró Saʿīd, de Qatāda,
acerca de Su dicho:
«Quizá tu Señor te resucite a una estación alabada». Se nos ha mencionado que al Profeta de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— se le dio a elegir entre ser un profeta siervo o un rey profeta.
Ŷibrīl —sobre él la paz— le indicó:
«Sé humilde».
Y el Profeta de Dios eligió ser un siervo profeta.
Y por ello se le concedieron dos cosas:
que es el primero a quien se le abrirá la tierra, y el primer intercesor. Y los sabios consideraban que esa es la estación alabada de la que Dios —Bendito y Exaltado sea— dijo: «Quizá tu Señor te resucite a una estación alabada»: la intercesión el Día de la Resurrección.
Nos narró Muḥammad b. ʿAbd al-Aʿlā,
dijo:
nos narró Muḥammad b. Ṯawr, de Maʿmar,
de Qatāda, acerca de «una estación alabada», dijo:
Es la intercesión: Dios le concede interceder por su comunidad.
Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā,
dijo:
nos informó ʿAbd al-Razzāq,
dijo:
nos informó Maʿmar y al-Ṯawrī, de Abū Isḥāq, de Ṣila b. Zufar,
dijo:
Oí a Ḥuḏayfa decir acerca de Su dicho: «Quizá tu Señor te resucite a una estación alabada»:
Dios reúne a la gente en una sola explanada donde el pregonero los hace oír y la vista los alcanza; descalzos, desnudos, como fueron creados; en silencio, ninguna alma habla sino con Su permiso.
Dijo:
Entonces se llama a Muḥammad,
y él dice:
«Aquí estoy y a Tu servicio; el bien está en Tus manos; el mal no se atribuye a Ti; el guiado es quien Tú has guiado; Tu siervo está ante Ti; para Ti y hacia Ti; no hay refugio ni salvación de Ti sino hacia Ti; bendito y excelso eres; gloria a Ti, Señor de la Casa».
Dijo:
Esa es la estación alabada que Dios mencionó: «Quizá tu Señor te resucite a una estación alabada».
Nos narró Muḥammad b. ʿAbd al-Aʿlā,
dijo:
nos narró Muḥammad b. Ṯawr, de Maʿmar, de Abū Isḥāq, de Ṣila b. Zufar.
Dijo Ḥuḏayfa:
Dios reúne a la gente en una sola explanada, donde la vista los alcanza y el pregonero los hace oír; descalzos, desnudos, como fueron creados la primera vez.
Luego se levanta el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— y dice:
«Aquí estoy y a Tu servicio»,
y luego mencionó algo semejante, salvo que dijo:
Es la estación alabada.
Otros dijeron:
Más bien esa estación alabada que Dios prometió a Su Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— resucitarlo a ella es que lo siente con Él sobre Su Trono.
Mención de quienes dijeron eso:
Nos narró ʿAbbād b. Yaʿqūb al-Asadī,
dijo:
nos narró Ibn Fuḍayl, de Layṯ, de Muŷāhid,
acerca de Su dicho:
«Quizá tu Señor te resucite a una estación alabada», dijo:
Lo sentará con Él sobre Su Trono.
Y la más correcta de las dos opiniones en esto es aquella que el reporte auténtico estableció del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—.
Y es lo que:
nos narró Abū Kurayb,
dijo:
nos narró Wakīʿ, de Dāwūd b. Yazīd, de su padre, de Abū Hurayra,
dijo:
El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, acerca de «Quizá tu Señor te resucite a una estación alabada», fue preguntado por ello,
y dijo:
«ES LA INTERCESIÓN».
Nos narró ʿAlī b. Ḥarb,
dijo:
nos narró Makkī b. Ibrāhīm,
dijo:
nos narró Dāwūd b. Yazīd al-Awdī, de su padre, de Abū Hurayra,
del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— acerca de Su dicho:
«Quizá tu Señor te resucite a una estación alabada», dijo:
«Es la estación en la que intercedo por mi comunidad».
Nos narró Abū ʿUtba al-Ḥimṣī Aḥmad b. al-Faraŷ,
dijo:
nos narró Baqiyya b. al-Walīd, de al-Zubaydī, de al-Zuhrī, de ʿAbd al-Raḥmān b. Kaʿb b. Mālik, de Kaʿb b. Mālik,
que el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo:
«La gente será reunida el Día de la Resurrección, y yo y mi comunidad estaremos sobre una elevación; mi Señor me vestirá con una túnica verde; luego se me dará permiso y diré lo que Dios quiera que diga: esa es la estación alabada».
Me narró Muḥammad b. ʿAbd Allāh b. ʿAbd al-Ḥakam,
dijo:
nos narró Šuʿayb b. al-Layṯ,
dijo:
me narró al-Layṯ, de ʿUbayd Allāh b. Abī Ŷaʿfar,
que dijo:
Oí a Ḥamza b. ʿAbd Allāh b. ʿUmar decir: oí a ʿAbd Allāh b. ʿUmar decir: el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo:
«Ciertamente el sol se acercará hasta que el sudor llegue a la mitad de la oreja. Mientras estén así, pedirán socorro a Ādam —sobre él la paz—, y él dirá: “No soy el dueño de eso”; luego a Mūsā —sobre él la paz—, y dirá lo mismo; luego a Muḥammad, y él intercederá entre las criaturas. Entonces caminará hasta tomar el aro de la Puerta del Paraíso; y ese día Dios lo resucitará a una estación alabada».
Me narró Abū Zayd ʿUmar b. Šabba,
dijo:
nos narró Mūsā b. Ismāʿīl,
dijo:
nos narró Saʿīd b. Zayd, de ʿAlī b. al-Ḥakam,
dijo:
me narró ʿUṯmān, de Ibrāhīm, de al-Aswad y ʿAlqama, de Ibn Masʿūd,
dijo:
El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo:
«Ciertamente yo me pondré en pie en la estación alabada».
Entonces un hombre dijo:
¡Oh Mensajero de Dios!, ¿y qué es esa estación alabada?
El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo:
«Esa es cuando se os traiga descalzos, desnudos, incircuncisos; y el primero a quien se vista será Ibrāhīm —sobre él la paz—. Se le traerán dos mantos blancos y se los pondrá; luego se sentará frente al Trono. Luego se me traerán mis vestiduras y se me vestirán; y me pondré en pie a su derecha en una estación en la que nadie se pondrá en pie sino yo: me envidiarán en ella los primeros y los últimos. Luego se abrirá un río del Kawṯar hacia el ḥawḍ».
Nos narró Muḥammad b. ʿAbd al-Aʿlā,
dijo:
nos narró Muḥammad b. Ṯawr, de Maʿmar, de al-Zuhrī, de ʿAlī b. al-Ḥusayn,
que el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo:
«Cuando sea el Día de la Resurrección, Dios extenderá la tierra como se extiende el cuero, hasta que no haya para ningún ser humano sino el lugar de sus dos pies».
Dijo el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—:
«Y yo seré el primero a quien se llame, y Ŷibrīl estará a la derecha del Misericordioso; por Dios, no lo había visto antes de ello. Entonces diré: “¡Oh Señor mío! Este me informó que Tú lo enviaste a mí”. Y Dios —Poderoso y Majestuoso— dirá: “Ha dicho la verdad”. Luego intercederé».
Dijo:
«Esa es la estación alabada».
Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā,
dijo:
nos informó ʿAbd al-Razzāq,
dijo:
nos informó Maʿmar, de al-Zuhrī, de ʿAlī b. al-Ḥusayn,
dijo:
El Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo:
«Cuando sea el Día de la Resurrección…»,
y mencionó algo semejante, y añadió:
«Luego intercederé y diré: “¡Oh Señor! Tus siervos Te adoraron en los confines de la tierra”; y esa es la estación alabada».
Nos narró Ibn Baššār,
dijo:
nos narró Abū ʿĀmir,
dijo:
nos narró Ibrāhīm b. Ṭahmān, de Ādam, de ʿAlī,
dijo:
Oí a Ibn ʿUmar decir: La gente será reunida el Día de la Resurrección; vendrá con cada profeta su comunidad; luego vendrá el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— al final de las comunidades, él y su comunidad. Él y su comunidad ascenderán a un montículo por encima de la gente.
Entonces se dirá:
«¡Oh fulano, intercede! ¡Oh fulano, intercede! ¡Oh fulano, intercede!».
Y no cesarán de devolvérsela unos a otros hasta que regrese a él. Esa es la estación alabada que Dios le prometió.
Nos narró Muḥammad b. ʿAwf,
dijo:
nos narraron Ḥaywa y Rabīʿ,
dijeron:
nos narró Muḥammad b. Ḥarb, de al-Zubaydī, de al-Zuhrī, de ʿAbd al-Raḥmān b. Kaʿb b. Mālik, de Kaʿb b. Mālik,
que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo:
«La gente será reunida el Día de la Resurrección, y yo y mi comunidad estaremos sobre una elevación; mi Señor —Poderoso y Majestuoso— me vestirá con una túnica verde; luego se me dará permiso y diré lo que Dios quiera que diga; esa es la estación alabada».
Y esto, aunque sea lo correcto de
la opinión acerca de la interpretación de Su dicho «Quizá tu Señor te resucite a una estación alabada», por lo que hemos mencionado de las transmisiones del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, de sus Compañeros y de los Seguidores, con todo, lo que dijo Muŷāhid —que Dios sentará a Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz— sobre Su Trono— es una afirmación cuya validez no puede rechazarse, ni por vía de transmisión ni por vía de consideración. Ello es porque no hay transmisión del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, ni de ninguno de sus Compañeros, ni de los Seguidores, que declare imposible eso. En cuanto a la consideración racional:
la totalidad de quienes profesan el islam no discreparon sobre el sentido de ello sino en tres orientaciones:
Un grupo dijo: Dios —Poderoso y Majestuoso— está separado de Su creación; existía antes de crear las cosas; luego creó las cosas sin tocarlas; y Él es como siempre ha sido. Pero las cosas que creó, puesto que Él no las toca, necesariamente ha de estar separado de ellas, ya que no hay agente de las cosas sino que o bien toca los cuerpos o bien está separado de ellos.
Dijeron:
Si eso es así, y Dios —Poderoso y Majestuoso— es el agente de las cosas, y no es lícito —según ellos— describirlo como tocando las cosas, entonces —según su pretensión— es necesario que esté separado de ellas. Según la doctrina de estos, es lo mismo que siente a Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz— sobre Su Trono o sobre la tierra, pues según ellos Su separación respecto de Su Trono y Su separación respecto de Su tierra tienen un mismo sentido: que está separado de ambos por igual, sin tocar a ninguno de los dos.
Otro grupo dijo:
Dios —Exaltado sea Su recuerdo— existía antes de crear las cosas: nada lo tocaba y nada estaba separado de Él. Luego creó las cosas y las estableció por Su poder; y Él es como siempre ha sido antes de las cosas: nada lo toca y nada está separado de Él. Según la doctrina de estos también es lo mismo que siente a Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz— sobre Su Trono o sobre Su tierra, pues según ellos Su Trono y Su tierra son iguales en que Él no toca a este ni está separado de este, como tampoco toca a aquella ni está separado de aquella.
Y un tercer grupo dijo:
Dios —Poderoso sea Su recuerdo— existía antes de crear las cosas: nada lo tocaba y nada estaba separado de Él. Luego originó las cosas y las creó; y creó para Sí un Trono sobre el que se estableció sentado, y pasó a tocarlo, del mismo modo que antes de crear las cosas no había nada que le proveyera sustento ni nada que se lo impidiera; luego creó las cosas y proveyó a este y privó a aquel, dio a este y negó a aquel.
Dijeron:
Así también, antes de crear las cosas no tocaba ni estaba separado; y creó las cosas y tocó el Trono por Su sentarse sobre él, excluyendo al resto de Su creación. Así, Él toca lo que quiere de Su creación y está separado de lo que quiere de ella. Según la doctrina de estos también es lo mismo que siente a Muḥammad sobre Su Trono o que lo siente sobre un púlpito de luz, pues según ellos el sentarse del Señor sobre Su Trono no es un sentarse que ocupe todo el Trono; y el sentar a Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz— no le confiere el atributo de la divinidad ni lo saca del atributo de la servidumbre a su Señor, del mismo modo que el estar separado Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz— de aquello de las cosas de lo que está separado no le confiere el atributo de la divinidad ni lo saca del atributo de la servidumbre a su Señor por el hecho de ser descrito como separado de ello, así como Dios —Poderoso y Majestuoso— es descrito —según quien sostiene esta doctrina— como separado de ellas: Él está separado de él.
Dijeron:
Si el sentido de «separado» y «separación» no obliga a Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz— a salir del atributo de la servidumbre y entrar en el sentido de la divinidad, entonces tampoco le obliga a ello su sentarse sobre el Trono del Misericordioso. Queda así claro, por lo que hemos dicho, que no es imposible —según la doctrina de ninguno de los que profesan el islam— lo que dijo Muŷāhid: que Dios —Bendito y Exaltado sea— sentará a Muḥammad sobre Su Trono.
Y si alguien dijera:
Nosotros no negamos que Dios siente a Muḥammad sobre Su Trono; lo que negamos es que lo siente con Él.
Me narró ʿAbbās b. ʿAbd al-ʿAẓīm,
dijo:
nos narró Yaḥyā b. Kaṯīr, de al-Ŷarīrī, de Sayf al-Sadūsī, de ʿAbd Allāh b. Salām,
dijo:
Ciertamente Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz— el Día de la Resurrección estará sobre el asiento (kursī) del Señor, ante el Señor —Bendito y Exaltado sea—; y lo que se niega es que lo siente con Él.
Se dijo:
¿Te es lícito que lo siente sobre él pero no con Él? Si lo admite, acaba reconociendo que o bien es con Él, o bien que lo sienta mientras Dios está separado del Trono, o bien que no lo toca ni está separado. Y cualquiera de esas opciones que sostenga, habrá entrado en parte de aquello que negaba. Y si dijera que eso no es lícito, habría salido de la doctrina de todas las facciones cuyas palabras hemos relatado; y eso es apartarse de la doctrina de todos los que profesan el islam, pues no hay opinión en ello sino las tres opiniones que hemos relatado, y no es imposible —según ninguna de ellas— lo que dijo Muŷāhid al respecto.
Notas y Referencias
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