El Viaje Nocturno
الإسراء Al-IsraVersículo (Español)
[17:11] El ser humano ruega a Dios el mal con la misma facilidad con que ruega pidiendo el bien: el ser humano es muy precipitado.
Tafsir de At-Tabari
{Y el ser humano invoca el mal como invoca el bien; y el ser humano es precipitado.} (11)
La explicación de la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—:
{Y el ser humano invoca el mal como invoca el bien; y el ser humano es precipitado.}
Dice —Exaltado sea Su recuerdo— recordando a Sus siervos Sus favores para con ellos: el ser humano invoca contra sí mismo, contra sus hijos y contra sus bienes con el mal; y dice: «¡Oh Dios, destrúyelo y maldícelo!» en el momento de su hastío y de su ira; como su invocación por el bien. Dice: como su invocación a su Señor para que le conceda bienestar y le otorgue seguridad en su persona, en sus bienes y en sus hijos. Dice: si se le respondiera en su invocación contra sí mismo, sus bienes y sus hijos con el mal, tal como se le responde en el bien, perecería; pero Dios, por Su favor, no le responde en eso. Y en el sentido de lo que hemos dicho acerca de ello, hablaron los intérpretes.
Mención de quienes dijeron eso:
Me narró Muhammad ibn Sa‘d, dijo: me narró mi padre, dijo: me narró mi tío, dijo: me narró mi padre, de su padre, de Ibn ‘Abbās, acerca de Su dicho: «Y el ser humano invoca el mal como invoca el bien; y el ser humano es precipitado», dijo: esto significa la expresión del ser humano: «¡Oh Dios, maldícelo y enójate con él!»; pues si se le apresurara eso tal como se le apresura el bien, perecería. Dijo: y se dice: es también {Y cuando el ser humano es tocado por el daño, Nos invoca recostado de lado, o sentado, o de pie} para que se le quite el daño que padece. Dice —Bendito y Exaltado sea—: si él Me recordara y Me obedeciera, y siguiera Mi mandato en la bonanza, como Me invoca en la calamidad, sería mejor para él.
Nos narró Bishr, dijo: nos narró Yazīd, dijo: nos narró Sa‘īd, de Qatāda, acerca de Su dicho: «Y el ser humano invoca el mal como invoca el bien; y el ser humano es precipitado»: invoca contra sus bienes, y maldice sus bienes y a sus hijos; y si Dios le respondiera, lo destruiría.
Nos narró Muhammad ibn ‘Abd al-A‘lā, dijo: nos narró Muhammad ibn Thawr, de Ma‘mar, de Qatāda: «Y el ser humano invoca el mal como invoca el bien», dijo: invoca contra sí mismo con algo que, si se le respondiera, perecería; y contra su sirviente, o contra sus bienes.
Nos narró al-Qāsim, dijo: nos narró al-Husayn, dijo: me narró Hajjāj, de Ibn Jurayj, de Mujāhid: «Y el ser humano invoca el mal como invoca el bien; y el ser humano es precipitado», dijo: esa es la invocación del ser humano con el mal contra su hijo y contra su mujer; y se apresura: invoca contra él, y no le gusta que le alcance.
Y se discrepó acerca de la interpretación de Su dicho: «y el ser humano es precipitado». Mujāhid y aquellos de quienes he mencionado su dicho dijeron: su sentido es: el ser humano es precipitado en invocar contra aquello que detesta, en que se le responda en ello.
Y otros dijeron: con ello se quiso decir Adán: que se apresuró cuando el espíritu fue insuflado en él antes de que corriera por todo su cuerpo; entonces intentó levantarse. Así se describió a su descendencia con la prisa, por la prisa de su padre Adán en incorporarse antes de completarse su creación.
Mención de quienes dijeron eso:
Nos narró Muhammad ibn al-Muthannā, dijo: nos narró Muhammad ibn Ja‘far, dijo: nos narró Shu‘ba, de al-Hakam, de Ibrāhīm: que Salmān al-Fārisī dijo: lo primero que Dios creó de Adán fue su cabeza, y él se puso a mirar mientras era creado. Dijo: y quedaron sus piernas; y cuando fue después de la tarde (‘aṣr) dijo: «¡Señor mío, apresura antes de la noche!». Y eso es Su dicho: «y el ser humano es precipitado».
Nos narró Abū Kurayb, dijo: nos narró ‘Uthmān ibn Sa‘īd, dijo: nos narró Bishr ibn ‘Umāra, de Abī Rawq, de al-Ḍaḥḥāk, de Ibn ‘Abbās, dijo: cuando Dios insufló en Adán de Su espíritu, el soplo vino desde la parte de su cabeza; y él se puso (en ese estado) sin que corriera nada de ello por su cuerpo sin que se convirtiera en carne y sangre. Cuando el soplo llegó a su ombligo, miró su cuerpo y le agradó lo que vio de él; entonces fue a levantarse, pero no pudo. Y es el dicho de Dios —Bendito y Exaltado sea—: «y el ser humano es precipitado». Dijo: irascible, sin paciencia ni ante la dicha ni ante la adversidad.
Notas y Referencias
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