15

Al-Hijr

الحجر Al-Hijr
Aya 45

Versículo (Español)

[15:45] Mientras que los piadosos serán retribuidos con jardines y manantiales.

Tafsir de At-Tabari

{Ciertamente los temerosos de Dios están en jardines y manantiales} (45) La exposición sobre la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—: {Ciertamente los temerosos de Dios están en jardines y manantiales * Entrad en ellos con paz, seguros * Y arrancamos lo que haya en sus pechos de rencor: como hermanos, sobre lechos, enfrentados}

Dice —Exaltado sea Su recuerdo—: En verdad, quienes temieron a Dios obedeciéndole y Le temieron, evitaron, por ello, Sus desobediencias; (estarán) en jardines y manantiales. Se les dirá: {Entrad en ellos con paz, seguros} del castigo de Dios, o de que os sea arrebatada la gracia de Dios sobre vosotros y la dignidad con la que os honró. Su dicho: {Y arrancamos lo que haya en sus pechos de rencor}: dice: y sacamos de los pechos de esos temerosos de Dios, cuya cualidad ha descrito, el odio y la inquina que unos tenían contra otros.

Los intérpretes discreparon acerca del estado en el que Dios les arranca eso de sus pechos. Unos dijeron: Eso acontece después de su entrada en el Paraíso. Se menciona a quienes dijeron esto:

Me narró al-Muthannà, dijo: nos narró Abū Ghassān, dijo: nos narró Isrā’īl, de Bishr al-Baṣrī, de al-Qāsim b. ʿAbd al-Raḥmān, de Abū Umāmah, dijo: La gente del Paraíso entra en el Paraíso con lo que había en sus pechos en la vida mundanal de animadversión e inquinas; y cuando se reúnen y se ponen frente a frente, Dios arranca de sus pechos lo que había en la vida mundanal de rencor. Luego recitó: {Y arrancamos lo que haya en sus pechos de rencor}.

Nos narró al-Qāsim, dijo: nos narró al-Ḥusayn, dijo: nos narró Abū Faḍālah, de Luqmān, de Abū Umāmah, dijo: Ningún creyente entra en el Paraíso hasta que Dios arranca lo que haya en sus pechos de rencor; luego se lo arranca de él como (se arranca) la fiera depredadora.

Me narró al-Muthannà, dijo: nos narró al-Ḥajjāj b. al-Minhāl, dijo: nos narró Sufyān b. ʿUyaynah, de Isrā’īl, de Abū Mūsà: oyó a al-Ḥasan al-Baṣrī decir: Dijo ʿAlī: Por Dios, acerca de nosotros —la gente de Badr— descendió la aleya: {Y arrancamos lo que haya en sus pechos de rencor: como hermanos, sobre lechos, enfrentados}.

Me narró al-Muthannà, dijo: nos narró Isḥāq, dijo: (la transmitió) ʿAbd Allāh b. al-Zubayr, de Ibn ʿUyaynah: {Y arrancamos lo que haya en sus pechos de rencor}, dijo: de enemistad.

Nos narró Ibn Wakīʿ, dijo: nos narró Muḥammad b. Yazīd al-Wāsiṭī, de Juwaybir, de al-Ḍaḥḥāk: {Y arrancamos lo que haya en sus pechos de rencor}, dijo: la enemistad.

Nos narró Ibn Wakīʿ, dijo: nos narró Ibn Fuḍayl, de ʿAṭā’ b. al-Sā’ib, de un hombre, de ʿAlī: {Y arrancamos lo que haya en sus pechos de rencor}, dijo: la enemistad.

Nos narró Ibn Wakīʿ, dijo: nos narró mi padre, de Sufyān, de Manṣūr, de Ibrāhīm, dijo: Vino Ibn Jarmūz, el matador de al-Zubayr, a pedir permiso para entrar ante ʿAlī; lo mantuvo apartado largo rato, luego le dio permiso y le dijo: ¿Acaso a la gente de la prueba la tratas con aspereza? Dijo ʿAlī: ¡Que se te llene la boca de polvo! En verdad espero ser yo, y Ṭalḥah y al-Zubayr, de aquellos de quienes Dios dijo: {Y arrancamos lo que haya en sus pechos de rencor: como hermanos, sobre lechos, enfrentados}.

Nos narró Ibn Wakīʿ, dijo: nos narró mi padre, de Sufyān, de Jaʿfar, de ʿAlī, algo semejante.

Nos narró Ibn Wakīʿ, dijo: nos narró mi padre, de Abān b. ʿAbd Allāh al-Bajlī, de Nuʿaym b. Abī Hind, de Rubʿī b. Ḥirāsh, algo semejante, y añadió en ello: Dijo: Entonces se levantó hacia ʿAlī un hombre de Hamdān, y dijo: Dios es más justo que eso, ¡oh, Príncipe de los Creyentes! Dijo: ʿAlī lanzó un grito tal que pensé que el palacio se derrumbaría por él, luego dijo: Si no somos nosotros, ¿quiénes son?

Nos narró al-Ḥasan b. Muḥammad, dijo: nos narró Abū Muʿāwiyah al-Ḍarīr, dijo: nos narró Abū Mālik al-Ashjaʿī, de Abū Ḥabībah, liberto de Ṭalḥah, dijo: Entró ʿImrān b. Ṭalḥah ante ʿAlī después de que éste hubo terminado con los compañeros del Camello. Le dio la bienvenida y dijo: En verdad espero que Dios me haga a mí y a tu padre de aquellos de quienes Dios dijo: {como hermanos, sobre lechos, enfrentados}. Y había dos hombres sentados en un extremo de la alfombra, y dijeron: Dios es más justo que eso: los matas ayer y (luego) seréis hermanos. Dijo ʿAlī: ¡Levantaos! ¡Más lejos de su tierra y más abatida! Entonces, ¿quiénes son, si no soy yo y Ṭalḥah? Y Abū Muʿāwiyah nos refirió el ḥadiz en toda su extensión.

Nos narró al-Ḥasan b. Muḥammad, dijo: nos narró ʿAffān, dijo: nos narró ʿAbd al-Wāḥid, dijo: nos narró Abū Mālik, dijo: nos narró Abū Ḥabībah, dijo: Dijo ʿAlī al hijo de Ṭalḥah: En verdad espero que Dios me haga a mí y a tu padre de aquellos a quienes Dios arrancó lo que había en sus pechos de rencor, y que nos haga hermanos sobre lechos, enfrentados.

Nos narró al-Ḥasan b. Muḥammad, dijo: nos narró Ḥammād b. Khālid al-Khayyāṭ, de Abū al-Juwayriyah, dijo: nos narró Muʿāwiyah b. Isḥāq, de ʿImrān b. Ṭalḥah, dijo: Cuando ʿAlī me vio, dijo: Bienvenido, hijo de mi hermano; y mencionó algo semejante.

Nos narró al-Ḥasan, dijo: nos narró Yazīd b. Hārūn, dijo: nos informó Hishām, de Muḥammad, dijo: Al-Ashtar pidió permiso para entrar ante ʿAlī, y junto a él había un hijo de Ṭalḥah; lo retuvo y luego le dio permiso. Cuando entró, dijo: Veo que sólo me has retenido por esto. Dijo: Sí. Dijo: Creo que si tuvieras junto a ti un hijo de ʿUthmān, me habrías retenido. Dijo: Sí. En verdad espero ser yo y ʿUthmān de aquellos de quienes Dios dijo: {Y arrancamos lo que haya en sus pechos de rencor: como hermanos, sobre lechos, enfrentados}.

Nos narró al-Ḥasan, dijo: nos narró Isḥāq al-Azraq, dijo: nos informó ʿAwf, de Sīrīn, algo semejante.

Nos narró al-Ḥasan, dijo: nos narró Yaʿqūb b. Isḥāq al-Ḥaḍramī, dijo: nos narró al-Sakan b. al-Mughīrah, dijo: nos narró Muʿāwiyah b. Rāshid, dijo: Dijo ʿAlī: En verdad espero ser yo y ʿUthmān de aquellos de quienes Dios dijo: {Y arrancamos lo que haya en sus pechos de rencor: como hermanos, sobre lechos, enfrentados}.

Nos narró Bishr, dijo: nos narró Yazīd, dijo: nos narró Saʿīd, de Qatādah, dijo: nos narró Ibn al-Mutawakkil al-Nājī, que Abū Saʿīd al-Khudrī les narró que el Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «Los creyentes se librarán del Fuego y serán retenidos en un puente entre el Paraíso y el Fuego; entonces se hará justicia retributiva entre unos y otros por agravios que hubo entre ellos en la vida mundanal, hasta que, cuando sean depurados y purificados, se les permitirá entrar en el Paraíso». Dijo: «Por Aquel en cuya mano está el alma de Muḥammad: ciertamente, uno de ellos estará más guiado hacia su morada en el Paraíso que hacia su morada que tenía en la vida mundanal». Y algunos dijeron: no se les asemeja sino la gente de un viernes cuando se retira de su oración del viernes.

Nos narró al-Ḥasan b. Muḥammad, dijo: nos narró ʿAffān b. Muslim, dijo: nos narró Yazīd b. Zurayʿ, dijo: nos narró Saʿīd b. Abī ʿArūbah acerca de esta aleya: {Y arrancamos lo que haya en sus pechos de rencor: como hermanos, sobre lechos, enfrentados}. Dijo: nos narró Qatādah que Abū al-Mutawakkil al-Nājī les narró que Abū Saʿīd al-Khudrī les narró, dijo: Dijo el Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz—, y lo mencionó de modo semejante, hasta su dicho: «y se les permitirá entrar en el Paraíso». Luego hizo el resto de las palabras de Qatādah. Dijo: Y dijo Qatādah: Por Aquel en cuya mano está mi alma, ciertamente uno de ellos estará más guiado hacia su morada. Luego mencionó el resto del ḥadiz de manera semejante al ḥadiz de Bishr, salvo que las palabras hasta el final son de Qatādah, a excepción de que dijo en su ḥadiz: Dijo Qatādah, y algunos dijeron: no se les asemeja sino la gente del viernes cuando se retira del viernes.

Me narró Naṣr b. ʿAbd al-Raḥmān al-Awdī, dijo: nos narró ʿUmar b. Zurʿah, de Muḥammad b. Ismāʿīl al-Zubaydī, de Kathīr al-Nawwā’, dijo: le oí decir: Entré donde Abū Jaʿfar Muḥammad b. ʿAlī, y dije: Mi aliado es vuestro aliado, mi paz es vuestra paz, mi enemigo es vuestro enemigo, y mi guerra es vuestra guerra. Te pregunto por Dios: ¿me desentiendo de Abū Bakr y ʿUmar? Dijo: Entonces yo habría extraviado, y no sería de los bien guiados. Tómalos por amigos, ¡oh Kathīr!; y lo que te alcance, está sobre mi cuello. Luego recitó esta aleya: {como hermanos, sobre lechos, enfrentados}, es decir: hermanos, de modo que el rostro de unos se enfrenta al rostro de otros; ninguno le da la espalda al otro para que éste mire su nuca.

Y así lo interpretaron los intérpretes. Se menciona a quienes dijeron esto:

Nos narró Muḥammad b. Bashshār, dijo: nos narró Mu’ammal, dijo: nos narró Sufyān, dijo: nos narró Ḥuṣayn, de Mujāhid, acerca de Su dicho: {sobre lechos, enfrentados}, dijo: ninguno de ellos mira la nuca de su compañero.

Nos narró Ibn Bashshār, dijo: nos narraron Yaḥyà, ʿAbd al-Raḥmān y Mu’ammal, dijeron: nos narró Sufyān, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid, lo mismo.

Y «los lechos» (al-surur) es plural de «lecho» (sarīr), como «los nuevos» (al-judud) es plural de «nuevo» (jadīd). Y (en la forma) surur se reúne (la doble consonante) y se hace patente la geminación en ella, y las dos erres están vocalizadas, por la ligereza de los nombres; y no se hace eso en los verbos por el peso de los verbos. Sin embargo, ellos asimilan (idghām) en el verbo para que una de las dos letras quede en reposo y se aligere; pero cuando entra en el verbo algo que pone en reposo la segunda, entonces hacen patente la geminación.

Notas y Referencias

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