12

José

يوسف Yusuf
Aya 24

Versículo (Español)

[12:24] Ella lo deseó, y él la hubiera deseado de no ser porque vio una señal de su Señor. Así lo preservé del pecado y la obscenidad, porque era uno de Mis siervos elegidos.

Tafsir de At-Tabari

{Y ciertamente ella lo deseó; y él la habría deseado, de no haber visto la prueba de su Señor. Así fue, para apartar de él el mal y la indecencia. En verdad, él es de Nuestros siervos escogidos} (24) La exposición sobre la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—: {Y ciertamente ella lo deseó; y él la habría deseado, de no haber visto la prueba de su Señor. Así fue, para apartar de él el mal y la indecencia. En verdad, él es de Nuestros siervos escogidos}.

Se mencionó que, cuando la mujer del ‘Azīz deseó a Yusuf y quiso seducirlo, se puso a recordarle las bellezas de su propia persona y a incitarle al deseo de ella. Como:

Nos narró Ibn Wakī‘, dijo: nos narró ‘Amr b. Muḥammad, dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī: {Y ciertamente ella lo deseó; y él la deseó} —dijo—: Ella le dijo: «¡Oh Yusuf, qué hermoso es tu cabello!» Él dijo: «Es lo primero que se desparramará de mi cuerpo». Ella dijo: «¡Oh Yusuf, qué hermoso es tu rostro!» Él dijo: «Es para la tierra, para que se lo coma». Y no cesó hasta que lo hizo inclinarse, y ella lo deseó, y él la deseó. Entraron en la casa, cerró las puertas, y él fue a desatarse los zaragüelles; y he aquí que estaba la imagen de Ya‘qūb, de pie en la casa, mordiéndose el dedo, diciendo: «¡Oh Yusuf! Acuéstate con ella, pues tu ejemplo, mientras no te acuestes con ella, es como el del ave en el aire del cielo: no se la puede alcanzar; y tu ejemplo, si te acuestas con ella, es como el suyo cuando muere y cae a tierra: no puede defenderse. Y tu ejemplo, mientras no te acuestes con ella, es como el toro indómito sobre el que no se puede trabajar; y tu ejemplo, si te acuestas con ella, es como el toro cuando muere y las hormigas entran en la base de sus cuernos: no puede defenderse». Entonces se ató los zaragüelles y fue a salir corriendo; pero ella lo alcanzó, tomó la parte trasera de su camisa por detrás y la rasgó hasta sacarlo de ella; y cayó. Yusuf la apartó y corrió hacia la puerta.

Nos narró Ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Salama, de Ibn Isḥāq, dijo: Se le echó encima —es decir, la mujer—: unas veces lo hacía desear y otras lo atemorizaba; lo llamaba al placer de aquello que los hombres necesitan, por su hermosura, su belleza y su poder. Y él era un joven en la flor de la edad, que hallaba del ardor de los hombres lo que halla el hombre, hasta que se ablandó ante ella por lo que veía de su apasionamiento por él; y no se guardó de ella hasta que la deseó, y ella lo deseó, hasta que quedaron a solas en una de sus estancias.

Y el sentido de «desear» algo en el habla de los árabes es: que el hombre se diga a sí mismo que lo realizará, mientras no lo realice.

En cuanto a lo que fue del deseo de Yusuf por la mujer y del deseo de ella por él, la gente de conocimiento dijo sobre ello lo que voy a mencionar; y ello es lo que:

Nos narraron Abū Kurayb, Sufyān b. Wakī‘ y Sahl b. Mūsā al-Rāzī, dijeron: nos narró Ibn ‘Uyayna, de ‘Uthmān b. Abī Sulaymān, de Ibn Abī Mulayka, de Ibn ‘Abbās: se le preguntó acerca de hasta dónde llegó el deseo de Yusuf. Dijo: «Desató el cinturón (al-himyān) y se sentó de ella como se sienta el yerno». La formulación del ḥadiz es la de Abū Kurayb.

Nos narraron Abū Kurayb e Ibn Wakī‘, dijeron: nos narró Ibn ‘Uyayna, dijo: ‘Ubayd Allāh b. Abī Yazīd oyó a Ibn ‘Abbās acerca de: {Y ciertamente ella lo deseó; y él la deseó}, —dijo—: «Se sentó de ella como se sienta el yerno, y desató el cinturón».

Nos narraron Ziyād b. ‘Abd Allāh al-Ḥasānī, ‘Amr b. ‘Alī y al-Ḥasan b. Muḥammad, dijeron: nos narró Sufyān b. ‘Uyayna, de ‘Abd Allāh b. Abī Yazīd, dijo: Oí que se preguntó a Ibn ‘Abbās: «¿Hasta dónde llegó el deseo de Yusuf?» Dijo: «Desató el cinturón y se sentó de ella como se sienta el yerno».

Me narró Ziyād b. ‘Abd Allāh, dijo: nos narró Muḥammad b. Abī ‘Adī, de Ibn Jurayj, de Ibn Abī Mulayka, dijo: Pregunté a Ibn ‘Abbās: «¿Hasta dónde llegó el deseo de Yusuf?» Dijo: «Ella se recostó para él, y él se sentó entre sus piernas».

Nos narró Ibn Wakī‘, dijo: nos narró Yaḥyā b. Yamān, de Ibn Jurayj, de Ibn Abī Mulayka: {Y ciertamente ella lo deseó; y él la deseó}, —dijo—: «Ella se recostó para él y él se despojó de sus ropas».

Me narró al-Muthannā, dijo: nos narró Qabīṣa b. ‘Uqba, dijo: nos narró Sufyān, de Ibn Jurayj, de Ibn Abī Mulayka, de Ibn ‘Abbās: {Y ciertamente ella lo deseó; y él la deseó} —¿hasta dónde llegó?— Dijo: «Ella se recostó para él, y él se sentó entre sus piernas y se despojó de sus ropas, o de las ropas de ella».

Me narró al-Muthannā, dijo: nos narró Isḥāq, dijo: nos narró Yaḥyā b. Sa‘īd, de Ibn Jurayj, de Ibn Abī Mulayka, dijo: Pregunté a Ibn ‘Abbās: «¿Hasta dónde llegó el deseo de Yusuf?» Dijo: «Ella se recostó boca arriba, y él se sentó entre sus piernas para quitarse sus ropas».

Nos narró Abū Kurayb, dijo: nos narró Wakī‘; y nos narró Ibn Wakī‘, dijo: nos narró mi padre, de Nāfi‘, de Ibn ‘Umar, de Ibn Abī Mulayka, dijo: Se preguntó a Ibn ‘Abbās acerca de Su dicho: {Y ciertamente ella lo deseó; y él la deseó} —¿hasta dónde llegó el deseo de Yusuf?— Dijo: «Desató el cinturón», es decir: los zaragüelles.

Nos narraron Abū Kurayb e Ibn Wakī‘, dijeron: nos narró Ibn Idrīs, dijo: Oí a al-A‘mash, de Mujāhid, acerca de Su dicho: {Y ciertamente ella lo deseó; y él la deseó}, —dijo—: «Se desató los zaragüelles hasta el taparrabos (al-tubbān), y ella se recostó para él».

Nos narró Ziyād b. ‘Abd Allāh al-Ḥasānī, dijo: nos narró Mālik b. Sa‘īr, dijo: nos narró al-A‘mash, de Mujāhid, acerca de Su dicho: {Y ciertamente ella lo deseó; y él la deseó}, —dijo—: «Se desató los zaragüelles hasta que quedaron sobre el taparrabos».

Nos narró Muḥammad b. ‘Abd al-A‘lā, dijo: nos narró Muḥammad b. Thawr, de Ma‘mar, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid: {Y ciertamente ella lo deseó; y él la deseó}, —dijo—: «Se sentó de ella como se sienta el hombre de su mujer».

Me narró al-Muthannā, dijo: nos narró Abū Ḥudhayfa, dijo: nos narró Shibl, dijo: me transmitió al-Qāsim b. Abī Bazza: {Y ciertamente ella lo deseó; y él la deseó}, —dijo—: En cuanto al deseo de ella por él: se recostó para él. Y en cuanto al deseo de él por ella: se sentó entre sus piernas y se quitó sus ropas.

Nos narró al-Ḥasan b. Muḥammad, dijo: me transmitió Ḥajjāj b. Muḥammad, de Ibn Jurayj, dijo: Me informó ‘Abd Allāh b. Abī Mulayka, dijo: Dije a Ibn ‘Abbās: «¿Hasta dónde llegó el deseo de Yusuf?» Dijo: «Ella se recostó para él, y él se sentó entre sus piernas quitándose sus ropas».

Me narró al-Muthannā, dijo: nos narró al-Ḥammānī, dijo: nos narró Yaḥyā b. al-Yamān, de Sufyān, de ‘Alī b. Badhīma, de Sa‘īd b. Jubayr y ‘Ikrima, dijeron: «Se desató los zaragüelles y se sentó de ella como se sienta el yerno».

Nos narró Ibn Wakī‘, dijo: nos narró ‘Amr b. Muḥammad al-‘Anqazī, de Sharīk, de Jābir, de Mujāhid: {Y ciertamente ella lo deseó; y él la deseó}, —dijo—: «Ella se recostó, y él se quitó sus ropas hasta llegar al taparrabos».

Me narró al-Ḥārith, dijo: nos narró ‘Abd al-‘Azīz, dijo: nos narró Qays, de Abī Ḥuṣayn, de Sa‘īd b. Jubayr: {Y ciertamente ella lo deseó; y él la deseó}, —dijo—: «Soltó el cordón de los zaragüelles».

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā, dijo: nos informó ‘Abd al-Razzāq, dijo: nos informó Ibn ‘Uyayna, de ‘Uthmān b. Abī Sulaymān, de Ibn Abī Mulayka, dijo: Presencié que se preguntó a Ibn ‘Abbās acerca de hasta dónde llegó el deseo de Yusuf. Dijo: «Desató el cinturón y se sentó de ella como se sienta el yerno».

Si alguien dijera: «¿Y cómo es lícito describir a Yusuf con algo así, siendo él un profeta de Dios?» Se dirá: La gente de conocimiento discrepó sobre ello. Unos dijeron: Fue de aquellos profetas que fueron probados con una falta; Dios lo probó con ella para que, cuando la recordase, permaneciera temeroso ante Dios —Poderoso y Majestuoso—, y se esforzase en Su obediencia por recelo de ella, y no se confiase en la amplitud del perdón y la misericordia de Dios.

Otros dijeron: Más bien Dios los probó con ello para hacerles conocer el lugar de Su gracia sobre ellos, al absolverlos y dejar de castigarlos por ello en la Otra Vida.

Otros dijeron: Más bien Dios los probó con ello para hacerlos imames para la gente de los pecados en la esperanza de la misericordia de Dios y en no desesperar de Su perdón, cuando se arrepientan.

En cuanto a otros que contradijeron los dichos de los predecesores y explicaron el Corán según sus opiniones, dijeron al respecto palabras diversas. Unos dijeron: Su sentido es: la mujer deseó a Yusuf, y Yusuf la deseó a ella en el sentido de golpearla o de infligirle un daño por el deseo que ella tuvo de él, por lo que ella pretendía de daño; de no haber visto Yusuf la prueba de su Señor, y eso lo contuvo de lo que había deseado de dañarla; no que ella se hubiese retraído por sí misma. Dijeron: Y la evidencia de la corrección de ello es Su dicho: {Así fue, para apartar de él el mal y la indecencia}. Dijeron: «El mal» es lo que él había deseado de dañarla, y es distinto de «la indecencia».

Otros de ellos dijeron: El sentido del discurso es: «Y ciertamente ella lo deseó». Ahí concluye la noticia sobre ella; luego se inicia la noticia sobre Yusuf, y se dice: «Y Yusuf la habría deseado, de no haber visto la prueba de su Señor». Como si orientaran el sentido del discurso a que Yusuf no la deseó, y que Dios solo informó de que, si Yusuf no hubiese visto la prueba de su Señor, la habría deseado; pero vio la prueba de su Señor y no la deseó. Como se dijo: {Y si no fuera por el favor de Dios sobre vosotros y Su misericordia, habríais seguido al Demonio, salvo unos pocos}. Ambas opiniones quedan invalidadas porque los árabes no anteponen la respuesta de «lawlā» a ella misma: no dicen «Ciertamente me levanté, de no ser por Zayd», queriendo decir «De no ser por Zayd, ciertamente me levanté». Esto, además de que ambas contradicen a toda la gente de conocimiento en la interpretación del Corán, de quienes se toma su interpretación.

Otros de ellos dijeron: Más bien la mujer deseó a Yusuf y Yusuf deseó a la mujer; pero el deseo de ambos fue solo una oscilación entre hacer y dejar, no una determinación ni una voluntad. Dijeron: No hay reproche en el diálogo interior ni en lo que menciona el corazón si no va acompañado de determinación ni de acto. En cuanto a la prueba que vio Yusuf, por la cual dejó de consumar la falta, la gente de conocimiento discrepó sobre ella. Unos dijeron: Se le llamó con una prohibición de consumar la falta. Se menciona a quienes dijeron eso:

Nos narró Abū Kurayb, dijo: nos narró Ibn ‘Uyayna, de ‘Uthmān b. Abī Sulaymān, de Ibn Abī Mulayka, de Ibn ‘Abbās: {de no haber visto la prueba de su Señor}, —dijo—: Se le llamó: «¡Oh Yusuf! ¿Vas a fornicar? Entonces serás como el ave a la que se le cae el plumaje y se va a volar, pero ya no tiene plumas».

Dijo: nos narró Ibn ‘Uyayna, de ‘Uthmān b. Abī Sulaymān, de Ibn Abī Mulayka, de Ibn ‘Abbās, dijo: No se amonestó con la llamada hasta que vio la prueba de su Señor. Dijo: Era la figura, la imagen del rostro de su padre. Dijo Sufyān: mordiéndose el dedo. Y dijo: «¡Oh Yusuf! ¿Fornicas y quedas como el ave a la que se le fue una pluma?»

Me narró Ziyād b. ‘Abd Allāh al-Ḥasānī, dijo: me transmitió Muḥammad b. Abī ‘Adī, de Ibn Jurayj, de Ibn Abī Mulayka, dijo: Dijo Ibn ‘Abbās: Se le llamó: «¡Oh hijo de Ya‘qūb! No seas como el ave que tiene plumas: cuando fornica, se le van las plumas; o queda sentada sin plumas». Dijo: No se amonestó con la llamada, y no añadió nada a esto. Dijo Ibn Jurayj: Y me narró más de uno que vio a su padre mordiéndose el dedo.

Me narró Abū Kurayb, dijo: nos narró Wakī‘, dijo: nos narró mi padre, de Nāfi‘, de Ibn ‘Umar, de Ibn Abī Mulayka, dijo: Dijo Ibn ‘Abbās acerca de: {de no haber visto la prueba de su Señor}: Se le llamó, pero no oyó; y se le dijo: «¡Oh hijo de Ya‘qūb! ¿Quieres fornicar y quedar como el ave desplumada, sin plumas?»

Nos narró Ibn Ḥumayd. Dijo: nos narró Salama, de Ṭalḥa, de ‘Amr al-Ḥaḍramī, de Ibn Abī Mulayka, dijo: Me llegó que, cuando Yusuf se sentó entre las piernas de la mujer y estaba desatando su cinturón, se le llamó: «¡Oh Yusuf hijo de Ya‘qūb! No forniques, pues el ave, cuando fornica, se le desparraman las plumas». Y se apartó. Luego se le llamó y se apartó. Entonces se le representó Ya‘qūb mordiéndose el dedo, y se levantó.

Me narró al-Muthannā, dijo: nos narró Qabīṣa b. ‘Uqba, dijo: nos narró Sufyān, de Ibn Jurayj, de Ibn Abī Mulayka, de Ibn ‘Abbās, dijo: Se le llamó: «¡Oh hijo de Ya‘qūb! No seas como el ave: cuando fornica, se le van las plumas y queda sin plumas». No se amonestó con la llamada, y se espantó.

Nos narró al-Ḥasan b. Muḥammad, dijo: nos narró Ḥajjāj b. Muḥammad, de Ibn Jurayj, dijo: Me informó ‘Abd Allāh b. Abī Mulayka, dijo: Dijo Ibn ‘Abbās: Se le llamó: «¡Oh hijo de Ya‘qūb! No seas como el ave que tiene plumas: cuando fornica, se le van las plumas». Dijo: «O queda sentada sin plumas». No se amonestó con la llamada en nada, hasta que vio la prueba de su Señor; entonces se atemorizó y huyó.

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā, dijo: nos informó ‘Abd al-Razzāq, dijo: nos informó Ibn ‘Uyayna, de ‘Uthmān b. Abī Salmān, de Ibn Abī Mulayka, dijo: Dijo Ibn ‘Abbās: Se le llamó: «¡Oh hijo de Ya‘qūb! ¿Vas a fornicar y quedar como el ave a la que se le cae el plumaje, y se va a volar sin plumas?»

Me narró Yūnus, dijo: nos informó Ibn Wahb, dijo: me informó Nāfi‘ b. Yazīd, de Hammām b. Yaḥyā, de Qatāda, que dijo: Se llamó a Yusuf y se le dijo: «Estás inscrito entre los profetas, ¿y haces la obra de los necios?»

Nos narró Ibn Wakī‘, dijo: nos narró Yaḥyā b. Yamān, de Ibn Jurayj, de Ibn Abī Mulayka, dijo: Se le llamó: «¡Yusuf hijo de Ya‘qūb! ¿Fornicas y quedas como el ave desplumada, sin plumas?»

Otros dijeron: La prueba que vio Yusuf, por la cual se contuvo de consumar la falta, fue la imagen de Ya‘qūb —la paz sea con ambos—, que lo amenazaba.

Se menciona a quienes dijeron eso:

Nos narró al-Ḥasan b. Muḥammad, dijo: nos narró ‘Amr b. Muḥammad al-‘Anqazī, dijo: nos informó Isrā’īl, de Abī Ḥuṣayn, de Sa‘īd b. Jubayr, de Ibn ‘Abbās acerca de Su dicho: {de no haber visto la prueba de su Señor}, —dijo—: Vio una imagen o figura del rostro de Ya‘qūb mordiéndose el dedo, y su deseo salió por las yemas de sus dedos.

Nos narró Ibn Wakī‘, dijo: nos narró ‘Amr al-‘Anqazī, de Isrā’īl, de Abī Ḥuṣayn, de Sa‘īd b. Jubayr, de Ibn ‘Abbās: {de no haber visto la prueba de su Señor}, —dijo—: Se le representó Ya‘qūb; le golpeó el pecho y su deseo salió por las yemas de sus dedos.

Nos narró Ibn Wakī‘, dijo: nos narró Muḥammad b. Bishr, de Mis‘ar, de Abī Ḥuṣayn, de Sa‘īd b. Jubayr: {de no haber visto la prueba de su Señor}, —dijo—: Vio la figura del rostro de su padre, alzando la palma de su mano así —y extendió su palma—, y su deseo salió por las yemas de sus dedos.

Nos narró Abū Kurayb, dijo: nos narró Wakī‘; y nos narró Ibn Wakī‘, dijo: nos narró mi padre, de Sufyān, de Abī Ḥuṣayn, de Sa‘īd b. Jubayr: {de no haber visto la prueba de su Señor}, —dijo—: Se le representó Ya‘qūb mordiéndose los dedos; le golpeó el pecho y su deseo salió por las yemas de sus dedos.

Nos narró Yūnus b. ‘Abd al-A‘lā, dijo: nos narró ‘Abd Allāh b. Wahb, dijo: me informó Ibn Jurayj, de Ibn Abī Mulayka, de Ibn ‘Abbās, acerca de Su dicho: {de no haber visto la prueba de su Señor}, —dijo—: Vio la imagen de Ya‘qūb, poniendo la yema de su dedo en su boca, amenazándolo; y huyó.

Nos narró al-Ḥasan b. Muḥammad, dijo: nos narró Yaḥyā b. ‘Abbād, dijo: nos narró Jarīr b. Ḥāzim; dijo: oí a ‘Abd Allāh b. Abī Mulayka relatar, de Ibn ‘Abbās, acerca de Su dicho: {Y ciertamente ella lo deseó; y él la deseó}, —dijo—: Cuando vio a Ya‘qūb en el techo de la casa. Dijo: Se le arrancó el deseo que sentía, hasta que salió corriendo hacia la puerta de la casa; y la mujer lo siguió.

Nos narró Abū Kurayb, dijo: nos narró Wakī‘. Y nos narró Ibn Wakī‘, dijo: nos narró mi padre, de Qurra b. Khālid al-Sadūsī, de al-Ḥasan, dijo: Afirmaron —y Dios sabe mejor— que el techo de la casa se abrió y vio a Ya‘qūb mordiéndose los dedos.

Me narró Ya‘qūb, dijo: nos narró Ibn ‘Ulayya, de Yūnus, de al-Ḥasan, acerca de Su dicho: {de no haber visto la prueba de su Señor}, —dijo—: Vio la figura de Ya‘qūb mordiéndose el dedo, diciendo: «¡Yusuf! ¡Yusuf!»

Nos narró Ibn Wakī‘, dijo: nos narró Ibn ‘Ulayya, de Yūnus, de al-Ḥasan, algo semejante.

Nos narró al-Ḥasan b. Muḥammad, dijo: nos narró ‘Amr al-‘Anqazī, dijo: nos informó Sufyān al-Thawrī, de Abī Ḥuṣayn, de Sa‘īd b. Jubayr: {de no haber visto la prueba de su Señor}, —dijo—: Vio la figura del rostro de Ya‘qūb, y su deseo salió por las yemas de sus dedos.

Nos narró Ibn Wakī‘, dijo: nos narró Yaḥyā b. Yamān, de Sufyān, de ‘Alī b. Badhīma, de Sa‘īd b. Jubayr, dijo: Vio una imagen en la que estaba el rostro de Ya‘qūb mordiéndose los dedos; le empujó el pecho y su deseo salió por las yemas de sus dedos. Y a cada hijo de Ya‘qūb le nacieron doce varones, excepto a Yusuf: a él se le redujo por aquel deseo, y no le nacieron sino once.

Me narró Yūnus, dijo: nos informó Ibn Wahb, dijo: me informó Yūnus b. Zayd, de Ibn Shihāb, que Ḥumayd b. ‘Abd al-Raḥmān le informó: que la prueba que vio Yusuf fue Ya‘qūb.

Nos narró al-Ḥasan b. Muḥammad, dijo: nos narró ‘Īsā b. al-Mundhir, dijo: nos narró Ayyūb b. Suwayd, dijo: nos narró Yūnus b. Yazīd al-Aylī, de al-Zuhrī, de Ḥumayd b. ‘Abd al-Raḥmān, algo semejante.

Nos narró Ibn Wakī‘, dijo: nos narró Jarīr, de Manṣūr, de Mujāhid: {de no haber visto la prueba de su Señor}, —dijo—: Se le representó Ya‘qūb.

Nos narró Ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Ḥakkām, de ‘Amr, de Manṣūr, de Mujāhid, algo semejante.

Me narró Muḥammad b. ‘Amr, dijo: nos narró Abū ‘Āṣim, dijo: nos narró ‘Īsā, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid: {de no haber visto la prueba de su Señor}, —dijo—: Ya‘qūb.

Nos narró al-Ḥasan b. Muḥammad, dijo: nos narró Shabāba, dijo: nos narró Warqā’, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid, algo semejante.

Me narró al-Muthannā, dijo: nos narró Abū Ḥudhayfa, dijo: nos narró Shibl, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid, algo semejante.

Me narró al-Muthannā, dijo: nos narró Abū Ḥudhayfa; y nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā, dijo: nos informó ‘Abd al-Razzāq, dijo: nos informó al-Thawrī, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid, dijo: Se le representó Ya‘qūb.

Nos narró Muḥammad b. ‘Abd al-A‘lā, dijo: nos narró Muḥammad b. Thawr, de Ma‘mar, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid, que dijo: Se sentó de ella como se sienta el hombre de su mujer, hasta que vio la imagen de Ya‘qūb en la pared.

Nos narró Ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Jarīr, de Manṣūr, de Mujāhid, acerca de Su dicho: {de no haber visto la prueba de su Señor}, —dijo—: Se le representó Ya‘qūb.

Me narró al-Muthannā, dijo: nos narró Abū Ḥudhayfa, dijo: nos narró Shibl, de al-Qāsim b. Abī Bazza, dijo: Se le llamó: «¡Oh hijo de Ya‘qūb! No seas como el ave que tiene plumas: cuando fornica, queda sentada sin plumas». No se apartó ante la llamada y permaneció sentado; luego alzó la cabeza y vio el rostro de Ya‘qūb mordiéndose el dedo; se levantó aterrorizado, por pudor ante Dios —Exaltado sea Su recuerdo—. Ese es el dicho de Dios —Glorificado y Exaltado—: {de no haber visto la prueba de su Señor}: el rostro de Ya‘qūb.

Nos narró Ibn Wakī‘, dijo: nos narró mi padre, de al-Naḍr b. ‘Arabī, de ‘Ikrima, dijo: Se le representó Ya‘qūb mordiéndose los dedos.

Nos narró Abū Kurayb, dijo: nos narró Wakī‘, de Naḍr b. ‘Arabī, de ‘Ikrima, algo semejante.

Me narró al-Ḥārith, dijo: nos narró ‘Abd al-‘Azīz, dijo: nos narró Qays, de Abī Ḥuṣayn, de Sa‘īd b. Jubayr, dijo: Se le representó Ya‘qūb; le empujó el pecho y su deseo salió por las yemas de sus dedos.

Dijo: nos narró ‘Abd al-‘Azīz, dijo: nos narró Sufyān, de ‘Alī b. Badhīma, dijo: A cada hombre de ellos le nacían doce hijos, excepto a Yusuf: a él le nacieron once por lo que salió de su deseo.

Me narró Yūnus, dijo: nos informó: Ibn Wahb, dijo: Dijo Abū Shurayḥ: oí a ‘Ubayd Allāh b. Abī Ja‘far decir: «Del deseo de Yusuf fue que salió por las yemas de sus dedos».

Nos narró Ibn Wakī‘, dijo: nos narró Ya‘lā b. ‘Ubayd, de Muḥammad al-Khurāsānī, dijo: Pregunté a Muḥammad b. Sīrīn acerca de Su dicho: {de no haber visto la prueba de su Señor}, —dijo—: Se le representó Ya‘qūb mordiéndose los dedos, diciendo: «¡Yusuf hijo de Ya‘qūb hijo de Isḥāq hijo de Ibrāhīm, el íntimo de Dios! Tu nombre está entre los profetas, ¿y haces la obra de los necios?»

Me narró Muḥammad b. ‘Abd al-A‘lā, dijo: nos narró Yazīd b. Zuray‘, de Yūnus, de al-Ḥasan, acerca de Su dicho: {de no haber visto la prueba de su Señor}, —dijo—: Vio a Ya‘qūb mordiéndose el dedo, diciendo: «¡Yusuf!»

Nos narró Muḥammad b. ‘Abd al-A‘lā, dijo: nos narró Muḥammad b. Thawr, de Ma‘mar, dijo: Dijo Qatāda: Vio la imagen de Ya‘qūb, y dijo: «¡Oh Yusuf! ¿Haces la obra de los libertinos, estando inscrito entre los profetas?» Y se avergonzó de él.

Nos narró Bishr, dijo: nos narró Yazīd, dijo: nos narró Sa‘īd, de Qatāda: {de no haber visto la prueba de su Señor}: vio un signo de los signos de su Señor; Dios lo contuvo con ello de su desobediencia. Se nos mencionó que se le representó Ya‘qūb hasta que le habló; entonces Dios lo preservó y le arrancó todo deseo que había en sus articulaciones.

Dijo: nos narró Sa‘īd, de Qatāda, de al-Ḥasan: que se le representó Ya‘qūb mordiéndose uno de sus dedos.

Me narró Ya‘qūb, dijo: nos narró Hushaym, dijo: nos informó Ismā‘īl b. Abī Sālim, de Abī Ṣāliḥ, dijo: Vio la imagen de Ya‘qūb en el techo de la casa, mordiéndose el dedo, diciendo: «¡Oh Yusuf!», es decir, en Su dicho: {de no haber visto la prueba de su Señor}.

Me narró al-Muthannā, dijo: nos narró ‘Amr b. ‘Awn, dijo: nos informó Hushaym, de Manṣūr y Yūnus, de al-Ḥasan, acerca de Su dicho: {de no haber visto la prueba de su Señor}, —dijo—: Vio la imagen de Ya‘qūb en el techo de la casa, mordiéndose el dedo.

Me narró al-Muthannā, dijo: nos narró ‘Amr b. ‘Awn, dijo: nos informó Hushaym, de Ismā‘īl b. Abī Sālim, de Abī Ṣāliḥ, algo semejante; y dijo: mordiéndose el dedo, diciendo: «¡Yusuf! ¡Yusuf!»

Nos narró Ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Ya‘qūb al-Qummī, de Ḥafṣ b. Ḥumayd, de Shammar b. ‘Aṭiyya, dijo: Yusuf miró la imagen de Ya‘qūb mordiéndose el dedo, diciendo: «¡Oh Yusuf!»; y ahí fue cuando se contuvo, se levantó y se lanzó fuera.

Me narró al-Muthannā, dijo: nos narró al-Ḥammānī, dijo: nos narró Sharīk, de Sālim y Abī Ḥuṣayn, de Sa‘īd b. Jubayr: {de no haber visto la prueba de su Señor}, —dijo—: Vio una imagen en la que estaba el rostro de Ya‘qūb mordiéndose los dedos; le empujó el pecho y su deseo salió de entre las yemas de sus dedos.

Me narró al-Muthannā, dijo: nos narró Abū Nu‘aym, dijo: nos narró Mis‘ar, de Abī Ḥuṣayn, de Sa‘īd b. Jubayr: {de no haber visto la prueba de su Señor}, —dijo—: Vio la figura del rostro de su padre, y el deseo salió por las yemas de sus dedos.

Nos narró al-Ḥasan b. Muḥammad, dijo: nos narró Yaḥyā b. ‘Abbād, dijo: nos narró Abū ‘Awāna, de Ismā‘īl b. Sālim, de Abī Ṣāliḥ: {de no haber visto la prueba de su Señor}, —dijo—: La figura de la imagen de Ya‘qūb en el techo de la casa.

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā, dijo: nos informó Ja‘far b. Sulaymān, de Yūnus b. ‘Ubayd, de al-Ḥasan, dijo: Vio a Ya‘qūb mordiéndose la mano.

Dijo: nos informó ‘Abd al-Razzāq, dijo: nos informó al-Thawrī, de Abī Ḥuṣayn, de Sa‘īd b. Jubayr, acerca de Su dicho: {de no haber visto la prueba de su Señor}, —dijo—: Ya‘qūb le golpeó el pecho con su mano, y su deseo salió por las yemas de sus dedos.

Se me narró de al-Ḥusayn b. al-Faraj, dijo: oí a Abā Mu‘ādh, dijo: nos informó ‘Ubayd b. Sulaymān, dijo: oí a al-Ḍaḥḥāk decir acerca de Su dicho: {de no haber visto la prueba de su Señor}: un signo de su Señor. Afirman que se le representó Ya‘qūb, y se avergonzó.

Otros dijeron: Más bien la prueba que vio Yusuf fue aquello con lo que Dios —Poderoso y Majestuoso— amenazó a los fornicadores.

Se menciona a quienes dijeron eso:

Nos narró Abū Kurayb, dijo: nos narró Wakī‘, de Abī Mawdūd, dijo: Oí a Muḥammad b. Ka‘b al-Quraẓī, dijo: Yusuf alzó la cabeza hacia el techo de la casa, y he aquí que había una escritura en la pared de la casa: {No os acerquéis a la fornicación; ciertamente es una indecencia y un mal camino}.

Nos narró Ibn Wakī‘, dijo: nos narró mi padre, de Mawdūd, de Muḥammad b. Ka‘b, dijo: Yusuf alzó la cabeza hacia el techo de la casa cuando deseó, y vio una escritura en la pared de la casa: {No os acerquéis a la fornicación; ciertamente es una indecencia y un mal camino}.

Dijo: nos narró Zayd b. al-Ḥubāb, de Abī Ma‘shar, de Muḥammad b. Ka‘b: {de no haber visto la prueba de su Señor}, —dijo—: De no ser por lo que vio en el Corán acerca de la gravedad de la fornicación.

Nos narró Yūnus, dijo: nos informó Ibn Wahb, dijo: me informó Nāfi‘ b. Yazīd, de Abī Ṣakhr, dijo: Oí al-Quraẓī decir acerca de la prueba que vio Yusuf: tres aleyas del Libro de Dios: {Ciertamente, sobre vosotros hay guardianes...}, la aleya; y Su dicho: {Y no estás en asunto alguno...}, la aleya; y Su dicho: {¿Acaso quien está en pie sobre toda alma por lo que ha adquirido...?}. Dijo Nāfi‘: Oí a Abā Hilāl decir algo semejante a lo dicho por al-Quraẓī, y añadió una cuarta aleya: {Y no os acerquéis a la fornicación}.

Nos narró al-Ḥasan b. Muḥammad, dijo: nos narró ‘Amr b. Muḥammad, dijo: nos informó Abū Ma‘shar, de Muḥammad b. Ka‘b al-Quraẓī: {de no haber visto la prueba de su Señor}, —dijo—: Lo que Dios le prohibió de la fornicación.

Otros dijeron: Más bien vio la figura del ángel.

Se menciona a quienes dijeron eso:

Me narró Muḥammad b. Sa‘d, dijo: me transmitió mi padre, dijo: me transmitió mi tío, dijo: me transmitió mi padre, de su padre, de Ibn ‘Abbās: {Y ciertamente ella lo deseó; y él la deseó, de no haber visto la prueba de su Señor}, —dice—: Los signos de su Señor: se le mostró la figura del ángel.

Nos narró Ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Salama, de Ibn Isḥāq, dijo: Algunos de la gente de conocimiento —según me llegó— decían: La prueba que vio Yusuf, por la cual se apartó de él el mal y la indecencia, fue Ya‘qūb mordiéndose el dedo; cuando lo vio, se descubrió y huyó. Y algunos dicen: Más bien fue la visión de Iṭfīr, su señor, cuando se acercó a la puerta; pues, cuando huyó de ella y ella lo siguió, ambos lo encontraron junto a la puerta.

Y la opinión más digna de ser tenida por correcta en ello es decir: que Dios —Glorificado sea— informó del deseo de Yusuf y de la mujer del ‘Azīz, de cada uno de ellos por su compañero, de no haber visto Yusuf la prueba de su Señor; y esa fue una señal de las señales de Dios que lo disuadió de acometer lo que Yusuf había deseado de indecencia. Es posible que esa señal fuese la imagen de Ya‘qūb; y es posible que fuese la imagen del ángel; y es posible que fuese la amenaza en las aleyas que Dios mencionó en el Corán acerca de la fornicación. No hay una prueba concluyente que obligue a preferir una de ellas sobre otra. Lo correcto es decir en ello lo que dijo Dios —Bendito y Exaltado sea—, creer en ello, y dejar lo demás a Quien lo sabe.

Y Su dicho: {Así fue, para apartar de él el mal y la indecencia}, significa —Exaltado sea Su recuerdo—: Así como mostramos a Yusuf Nuestra prueba para disuadirlo de lo que había deseado de indecencia, así le causamos, en todo lo que se le presente de deseo que le sobrevenga respecto de lo que no Nos complace, aquello que lo disuade y lo aparta, para apartar de él el acometer lo que le hemos prohibido y el cometer fornicación, a fin de purificarlo de la inmundicia de ello.

Y Su dicho: {En verdad, él es de Nuestros siervos escogidos}. Los recitadores discreparon en la lectura de ello. La mayoría de los recitadores de Medina y Kufa lo recitaron: {En verdad, él es de Nuestros siervos escogidos}, con la lām abierta en «al-mukhlaṣīn», con el sentido de: que Yusuf es de Nuestros siervos a quienes hemos hecho puros para Nosotros mismos y hemos elegido para Nuestra profecía y Nuestro mensaje. Y algunos recitadores de Basora lo recitaron: {En verdad, él es de Nuestros siervos sinceros}, con la lām quebrada, con el sentido de: que Yusuf es de Nuestros siervos que han hecho sincero Nuestro monoteísmo y Nuestra adoración, sin asociarnos nada y sin adorar nada fuera de Nosotros.

Y lo correcto en ello es decir: que son dos lecturas conocidas, recitadas por un gran número de recitadores, y ambas concuerdan en el sentido; pues a quien Dios hace puro para Sí y elige, ese es sincero para Dios en el monoteísmo y la adoración; y quien hace sincero el monoteísmo de Dios y Su adoración sin asociar a Dios nada, ese es de aquellos a quienes Dios ha hecho puros. Con cualquiera de las dos que recite el recitador, acierta con lo correcto.

Notas y Referencias

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