11

Hud

هود Hud
Aya 83

Versículo (Español)

[11:83] marcadas por tu Señor. Sepan [¡oh, idólatras!] que este castigo no está lejos de los injustos [como ustedes].

Tafsir de At-Tabari

{مُّسَوَّمَةً عِندَ رَبِّكَۖ وَمَا هِيَ مِنَ ٱلظَّـٰلِمِينَ بِبَعِيدٖ} (83) Y en cuanto a Su dicho: مُسَوَّمَةً عِندَ رَبِّكَ, pues Él dice: marcadas junto a Dios; Dios las marcó. Y «al-musawwamah» es un calificativo de las piedras; por eso se puso en acusativo y se las calificó con ello.

Y en el sentido de lo que hemos dicho acerca de ello hablaron los exégetas. Mención de quienes dijeron eso:

Me narró Muhammad b. ‘Amr, dijo: nos narró Abū ‘Āṣim, dijo: nos narró ‘Īsā, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid: مُسَوَّمَةً, dijo: marcadas.

Me narró al-Muthannā, dijo: nos narró Abū Ḥudhayfah, dijo: nos narró Shibl, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid, lo mismo.

Dijo: nos narró Isḥāq, dijo: nos narró ‘Abd Allāh b. Abī Ja‘far, de Warqā’, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid, lo mismo.

Nos narró al-Qāsim, dijo: nos narró al-Ḥusayn, dijo: me narró Ḥajjāj, de Ibn Jurayj, de Mujāhid, lo mismo. Dijo Ibn Jurayj: «musawwamah»: no se asemejan a las piedras de la tierra.

Nos narró Muḥammad b. ‘Abd al-A‘lā, dijo: nos narró Muḥammad b. Thawr, de Ma‘mar, de Qatādah y ‘Ikrimah: مُسَوَّمَةً, dijeron: ceñidas, con salpicaduras de enrojecimiento.

Nos narró Bishr, dijo: nos narró Yazīd, dijo: nos narró Sa‘īd, de Qatādah: مُسَوَّمَةً: sobre ellas hay una señal conocida; algunos de quienes las vieron contaron que eran piedras ceñidas, sobre las cuales —o en las cuales— había salpicaduras de enrojecimiento; no son como vuestras piedras.

Me narró al-Muthannā, dijo: nos narró Isḥāq, dijo: nos narró ‘Abd Allāh b. Abī Ja‘far, de su padre, de al-Rabī‘, acerca de Su dicho: مُسَوَّمَةً, dijo: sobre ellas hay señales, líneas.

Me narró Mūsā b. Hārūn, dijo: nos narró ‘Amr, dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī: مُسَوَّمَةً, dijo: «al-musawwamah»: las selladas.

Y en cuanto a Su dicho: وَما هِيَ مِنَ الظّالِمِينَ بِبَعِيدٍ, pues Él —exaltado sea Su recuerdo— dice, amenazando a los asociadores de Quraysh: y estas piedras que hice llover sobre el pueblo de Lot no están lejos de los asociadores de tu pueblo, ¡oh Muḥammad!, de que se les haga llover sobre ellos, si no se arrepienten de su asociación.

Y en el sentido de lo que hemos dicho acerca de ello hablaron los exégetas. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narró Muḥammad b. al-Muthannā, dijo: nos narró Abū ‘Attāb al-Dallāl Sahl b. Ḥammād, dijo: nos narró Shu‘bah, dijo: nos narró Abān b. Taghlib, de Mujāhid, acerca de Su dicho: وَما هِيَ مِنَ الظّالِمِينَ بِبَعِيدٍ, dijo: que les alcance lo que alcanzó al pueblo.

Me narró Muḥammad b. ‘Amr, dijo: nos narró Abū ‘Āṣim, dijo: nos narró ‘Īsā, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid: وَما هِيَ مِنَ الظّالِمِينَ بِبَعِيدٍ, dijo: con ello amedrenta a quien quiere.

Me narró al-Muthannā, dijo: nos narró Isḥāq, dijo: nos narró ‘Abd Allāh, de Warqā’, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid, lo mismo.

Dijo: nos narró Abū Ḥudhayfah, dijo: nos narró Shibl, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid, lo mismo.

Nos narró al-Qāsim, dijo: nos narró al-Ḥusayn, dijo: me narró Ḥajjāj, de Ibn Jurayj, de Mujāhid, lo mismo.

Nos narró Bishr, dijo: nos narró Yazīd, dijo: nos narró Sa‘īd, de Qatādah: وَما هِيَ مِنَ الظّالِمِينَ بِبَعِيدٍ, dice: Dios no dio amparo frente a ellas a ningún injusto después del pueblo de Lot.

Me narró Muḥammad b. ‘Abd al-A‘lā, dijo: nos narró Muḥammad b. Thawr, de Ma‘mar, de Qatādah y ‘Ikrimah: وَما هِيَ مِنَ الظّالِمِينَ بِبِعِيدٍ, dice: ningún injusto quedó libre de ellas después de ellos.

Nos narró ‘Alī b. Sahl, dijo: nos narró Ḍamrah b. Rabī‘ah, de Ibn Shawdhab, de Qatādah, acerca de Su dicho: وَما هِيَ مِنَ الظّالِمِينَ بِبَعِيدٍ, dijo: es decir, los injustos de esta comunidad. Dijo: ¡Por Dios!, no dio amparo frente a ellas a ningún injusto después.

Nos narró Mūsā b. Hārūn, dijo: nos narró Ḥammād, dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī: وَما هِيَ مِنَ الظّالِمِينَ بِبَعِيدٍ, dice: de los opresores de los árabes, si no se arrepienten, para que sean castigados con ellas.

Nos narró al-Qāsim, dijo: nos narró al-Ḥusayn, dijo: me narró Ḥajjāj, de Abū Bakr al-Hudhalī b. ‘Abd Allāh, dijo, diciendo: وَما هِيَ مِنَ الظّالِمِينَ بِبَعِيدٍ: no está lejos de los opresores de tu comunidad; ningún injusto entre ellos está a salvo de ello.

Y el volteo de los ángeles fue poner lo alto de la tierra de Sodoma abajo, como:

Nos narró Abū Kurayb, dijo: nos narró Jābir b. Nūḥ, dijo: nos narró al-A‘mash, de Mujāhid, dijo: Gabriel —la paz sea con él— tomó al pueblo de Lot de sus apriscos y sus moradas; los cargó con sus ganados y sus enseres hasta que los habitantes del cielo oyeron el ladrido de sus perros; luego los volcó.

Nos narró esto Abū Kurayb otra vez, de Mujāhid, dijo: Gabriel introdujo su ala bajo la tierra inferior del pueblo de Lot; luego los tomó con el ala derecha; los tomó de sus apriscos y sus ganados, y después la elevó.

Me narró al-Muthannā, dijo: nos narró Abū Ḥudhayfah, dijo: nos narró Shibl, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid, solía decir: فَلَمّا جاءَ أمْرُنا جَعَلْنا عالِيَهَا سافِلَها: dijo: cuando amanecieron, Gabriel se dirigió a su aldea; la rasgó desde sus esquinas; luego introdujo su ala; luego la cargó sobre las plumas de su ala.

Dijo: nos narró Shibl, dijo: me narró esto Ibn Abī Najīḥ, de Ibrāhīm b. Abī Bakr, dijo: y Ibn Abī Najīḥ no lo oyó de Mujāhid, dijo: la cargó sobre las plumas de su ala con cuanto había en ella; luego ascendió con ella al cielo hasta que los habitantes del cielo oyeron el ladrido de sus perros; luego la volteó, y lo primero que cayó de ella fue su parte elevada. Y eso es la palabra de Dios: جَعَلْنا عالِيَها سافِلَها وَأمْطَرْنا عَلَيْها حِجارَةً مِنْ سِجّيلٍ. Dijo Mujāhid: no le aconteció a ningún pueblo lo que les aconteció a ellos: Dios cegó sus ojos; luego volteó su aldea y les hizo llover piedras de sijjīl.

Nos narró Muḥammad b. ‘Abd al-A‘lā, dijo: nos narró Muḥammad b. Thawr, de Ma‘mar, de Qatādah, dijo: Nos ha llegado que Gabriel —la paz sea con él— tomó por el asidero de la aldea central; luego la elevó hacia el cielo hasta que los habitantes del cielo oyeron los ladridos de sus perros; luego destruyó unas partes contra otras, poniendo lo alto abajo; luego los hizo seguir con las piedras. Dijo Qatādah: Y nos ha llegado que eran cuatro mil miles.

Nos narró Bishr, dijo: nos narró Yazīd, dijo: nos narró Sa‘īd, de Qatādah, dijo: Se nos mencionó que Gabriel —la paz sea con él— tomó por su asidero central; luego la elevó hacia el aire del cielo hasta que los ángeles oyeron los ladridos de sus perros; luego destruyó unas partes contra otras; luego hizo seguir a los desviados del pueblo con roca. Dijo: Y son tres aldeas llamadas Sadūm, y están entre Medina y el Šām. Dijo: Y se nos mencionó que en ella había cuatro mil miles. Y se nos mencionó que Abraham —la paz sea con él— se asomaba diciendo: «Sadūm, un día, ¿qué tienes?»

Me narró Mūsā, dijo: nos narró ‘Amr, dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī, dijo: Cuando amanecieron —es decir, el pueblo de Lot— descendió Gabriel y arrancó la tierra de entre siete tierras; la cargó hasta alcanzar el cielo más bajo, hasta que los habitantes del cielo oyeron el ladrido de sus perros y el canto de sus gallos. Luego la volteó y los mató; y eso es cuando dice: والمُؤْتَفِكَةَ أهْوَى: la volteada, cuando Gabriel hizo caer la tierra al voltearla: la arrancó con su ala. A quien no murió cuando la tierra cayó, Dios le hizo llover —estando bajo la tierra— las piedras. Y quien de ellos estaba desviado por la tierra —y es la palabra de Dios—: فجَعَلْنا عالِيَها سافِلَها وأمْطَرْنا عَلَيْها حِجارَةً مِنْ سِجّيلٍ, entonces las siguieron en las aldeas: al hombre le llegaba la piedra y lo mataba. Y eso es la palabra de Dios —exaltado sea—: وأمْطَرْنا عَلَيْها حِجارَةً مِنْ سِجّيلٍ.

Nos narró al-Qāsim, dijo: nos narró al-Ḥusayn, dijo: me narró Ḥajjāj, de Abū Bakr y Abū Sufyān, de Ma‘mar, de Qatādah, dijo: Nos ha llegado que Gabriel —la paz sea con él—, cuando amaneció, desplegó su ala y con ella arrancó su tierra con cuanto había en ella: sus palacios, sus bestias, sus piedras, sus árboles y todo lo que había en ella; la reunió en su ala, la contuvo y la plegó en el interior de su ala; luego ascendió con ella al cielo más bajo, hasta que los moradores del cielo oyeron las voces de la gente y de los perros —y eran cuatro mil miles—; luego la volteó y la envió a la tierra invertida, aplastando unas partes contra otras, poniendo lo alto abajo; luego la hizo seguir con piedras de sijjīl.

Nos narró Ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Salamah, dijo: me narró Ibn Isḥāq, dijo: me narró Muḥammad b. Ka‘b al-Quraẓī, dijo: Se me ha contado que el Profeta de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «Dios envió a Gabriel —la paz sea con él— a la volteada, la aldea de Lot —la paz sea con él— en la que Lot estaba; la cargó con su ala; luego ascendió con ella hasta el punto de que los habitantes del cielo más bajo oían el ladrido de sus perros y las voces de sus gallinas; luego la volcó sobre su faz; luego Dios la hizo seguir con las piedras. Dice Dios: جَعَلْنا عالِيَها سافِلَها وأمْطَرْنا عَلَيْها حِجارَةً مِنْ سِجّيلٍ. Así Dios la destruyó, y también lo que la rodeaba de las volteadas. Y eran cinco aldeas: Ṣan‘ah, Ṣa‘wah, ‘Atharah, Dūmā y Sadūm; y Sadūm es la aldea mayor. Y Dios salvó a Lot y a quienes estaban con él de su familia, excepto a su mujer: ella estaba entre quienes perecieron».

Notas y Referencias

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