9

El Arrepentimiento

التوبة At-Tawbah
Aya 91

Versículo (Español)

[9:91] Los débiles, los enfermos y los que carecen de recursos no tienen nada que reprocharse por no poder salir [a combatir], si son sinceros con Dios y Su Mensajero. A los que hacen el bien no hay motivo para censurarlos si en algún momento no pueden hacerlo. Dios es Absolvedor, Misericordioso.

Tafsir de Al-Qurtubi

{No hay reproche para los débiles, ni para los enfermos, ni para quienes no encuentran qué gastar, si son sinceros para con Allah y Su Mensajero. No hay vía alguna contra los bienhechores. Y Allah es Perdonador, Misericordioso} (91) En ella hay seis cuestiones:

La primera.— Su dicho, Altísimo sea: «No hay reproche para los débiles» la aleya. Es un fundamento para la caída de la obligación legal respecto del incapaz: todo aquel que es incapaz de algo, se le exime de ello; unas veces, hacia un sustituto que es una acción, y otras veces, hacia un sustituto que es un gravamen pecuniario. No hay diferencia entre la incapacidad por falta de fuerza y la incapacidad por falta de bienes. Y análoga a esta aleya es Su dicho, Altísimo sea: «Allah no impone a ninguna alma sino según su capacidad [8200]» [al-Baqara: 286] Y Su dicho: «No hay reproche para el ciego, ni reproche para el cojo, ni reproche para el enfermo [8201]» [an-Nūr: 61]. Y Abū Dāwūd transmitió de Anas que el Mensajero de Allah —Allah lo bendiga y le conceda paz— dijo: «En verdad, habéis dejado en Medina [8202] a gentes: no habéis emprendido marcha alguna, ni habéis gastado gasto alguno, ni habéis atravesado valle alguno, sin que ellos estuvieran con vosotros en ello». Dijeron: ¡Oh Mensajero de Allah! ¿Y cómo estarán con nosotros si están en Medina? Dijo: «Los retuvo la excusa». Esta aleya, junto con lo que hemos mencionado de sus análogas, esclarece que no hay reproche para los excusados: son gentes cuya excusa es conocida, como quienes padecen invalidez, senectud, ceguera y cojera; y gentes que no hallaron qué gastar. Dijo, pues: no hay reproche para estos. «Si son sinceros para con Allah y Su Mensajero»: si conocen la verdad, aman a Sus aliados y aborrecen a Sus enemigos. Dijeron los sabios: el Verdadero —glorificado sea— excusó a los poseedores de excusas, pero los corazones no se resignaron. Así, Ibn Umm Maktūm salió a Uhud y pidió que se le entregara el estandarte; lo tomó Muṣʿab ibn ʿUmayr. Entonces vino un hombre de los incrédulos y golpeó la mano en la que estaba el estandarte y se la cortó; lo sostuvo con la otra mano, y golpeó la otra mano, y lo sostuvo contra su pecho, y recitó: «Muhammad no es sino un Mensajero; antes de él han pasado ya los mensajeros [8203]» [Āl ʿImrān: 144]. Estas son las firmes determinaciones de aquella gente. Y la Verdad dice: «No hay reproche para el ciego» [an-Nūr: 61] —y él estaba en la primera línea—. «Ni reproche para el cojo» [an-Nūr: 61]. Y ʿAmr ibn al-Ǧamūḥ, uno de los notables de los Anṣār, era cojo y estaba al frente del ejército. Le dijo el Mensajero —sobre él la paz—: «Allah te ha excusado». Y él dijo: ¡Por Allah, ciertamente abriré [8204] con esta cojera mía un camino en el Paraíso!; y otros como ellos, según lo que ya precedió en esta sura al mencionarlos —Allah esté complacido con ellos—. Y dijo ʿAbdullāh ibn Masʿūd: «Ciertamente, se traía al hombre sostenido [8205] entre dos hombres hasta que se le hacía estar en la fila».

La segunda.— Su dicho, Altísimo sea: «si son sinceros». La sinceridad (naṣḥ) es purificar la obra de todo engaño. De ahí, el arrepentimiento sincero. Dijo Nafṭawayh: se dice “naṣaḥa” de una cosa cuando se purifica; y “naṣaḥa lahu al-qawl”, es decir, le hizo el discurso sincero. Y en el Ṣaḥīḥ de Muslim, de Tamīm ad-Dārī, que el Profeta —Allah lo bendiga y le conceda paz— dijo: «La religión es la sinceridad», repitiéndolo tres veces. Dijimos: ¿para quién? Dijo: «Para Allah, para Su Libro, para Su Mensajero, para los imames de los musulmanes y para su gente común». Dijeron los sabios: la sinceridad para con Allah es la pureza de la creencia en la unicidad, describirlo con los atributos de la divinidad, declararlo exento de defectos, desear lo que Él ama y apartarse de lo que Él detesta. Y la sinceridad para con Su Mensajero: creer verazmente en su profecía, observar su obediencia en su mandato y su prohibición, tomar por aliado a quien él tomó por aliado y por enemigo a quien él tuvo por enemigo, venerarlo, amarlo y amar a la gente de su Casa, engrandecerlo y engrandecer su Sunna, revivirla tras su muerte mediante su investigación, profundizar en su comprensión y defenderla, difundirla y llamar a ella, y adoptar sus nobles modales —Allah lo bendiga y le conceda paz—. Y así también la sinceridad para con el Libro de Allah: recitarlo, comprenderlo en profundidad, defenderlo, enseñarlo, honrarlo y conformarse a él. Y la sinceridad para con los imames de los musulmanes: no rebelarse contra ellos, guiarlos hacia la verdad y advertirles de aquello que descuidaron de los asuntos de los musulmanes, atenerse a su obediencia y cumplir el deber de su derecho. Y la sinceridad para con la gente común: no enemistarse con ellos, orientarlos, amar a los rectos de entre ellos, suplicar por todos y querer el bien para la totalidad de ellos. Y en el hadiz auténtico: «El ejemplo de los creyentes en su afecto mutuo, su misericordia mutua y su compasión mutua es como el cuerpo: cuando un miembro se queja, el resto del cuerpo responde con desvelo y fiebre».

La tercera.— Su dicho, Altísimo sea: «No hay vía alguna contra los bienhechores». «vía» está en posición de nominativo como nombre de «no hay», es decir: no hay camino hacia el castigo. Y esta aleya es un fundamento para la supresión del castigo respecto de todo bienhechor. Por ello dijeron nuestros sabios acerca de quien ejecuta la represalia contra quien le cortó la mano, y ello conduce, por la propagación de la lesión, a la destrucción de su propia vida: no hay para él indemnización [8206]; porque es bienhechor al ejecutar la represalia contra quien lo agredió. Y Abū Ḥanīfa dijo: le incumbe la indemnización. Asimismo, si un camello semental arremete contra un hombre y este lo mata al defenderse, no hay responsabilidad contra él; y esto mismo dijo aš-Šāfiʿī. Y Abū Ḥanīfa dijo: le incumbe pagar a su dueño el valor. Dijo Ibn al-ʿArabī: y así es el dictamen en todas las cuestiones de la Ley.

[8200] :Véase t. 3, p. 424 y ss. [8201] :Véase t. 12, p. 311 y ss. [8202] :En هـ و ك و ى: «después de vosotros». [8203] :Véase t. 4, p. 221. [8204] :Se dice: “ḥafara el camino” cuando deja huella en él por caminar sobre él. [8205] :Es decir: camina entre ambos apoyándose en ellos por su debilidad y su bamboleo. [8206] :En هـ: «sobre él».

Notas y Referencias

[8200] Véase t. 3, p. 424 y ss.

[8201] Véase t. 12, p. 311 y ss.

[8202] En هـ و ك و ى: «después de vosotros».

[8203] Véase t. 4, p. 221.

[8204] Se dice: “ḥafara el camino” cuando deja huella en él por caminar sobre él.

[8205] Es decir: camina entre ambos apoyándose en ellos por su debilidad y su bamboleo.

[8206] En هـ: «sobre él».