El Arrepentimiento
التوبة At-TawbahVersículo (Español)
[9:92] Tampoco deben ser reprochados aquellos que cuando se presentaron ante ti [¡oh, Mujámmad!] para que les proveyeras de montura [y así poder combatir por la causa de Dios], les informaste que no contabas con ninguna cabalgadura para ellos, y entonces se retiraron con los ojos inundados de lágrimas, tristes por no poder contribuir [a la causa de Dios].
Tafsir de Al-Qurtubi
{وَلَا عَلَى ٱلَّذِينَ إِذَا مَآ أَتَوۡكَ لِتَحۡمِلَهُمۡ قُلۡتَ لَآ أَجِدُ مَآ أَحۡمِلُكُمۡ عَلَيۡهِ تَوَلَّواْ وَّأَعۡيُنُهُمۡ تَفِيضُ مِنَ ٱلدَّمۡعِ حَزَنًا أَلَّا يَجِدُواْ مَا يُنفِقُونَ} (92)
La cuarta cuestión—
Su dicho, Altísimo sea:
«Y tampoco [hay reproche] sobre aquellos que, cuando acudieron a ti para que los montaras…»
Se transmitió que la aleya descendió acerca de ‘Arbāḍ b. Sāriya.
Y se dijo: descendió acerca de ‘Ā’iḏ b. ‘Amr.
Y se dijo: descendió acerca de los Banū Muqarrin —y sobre esto está la mayoría de los exegetas—; eran siete hermanos, todos ellos acompañaron al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, y entre los Compañeros no hubo siete hermanos sino ellos: al-Nu‘mān, Ma‘qil, ‘Aqīl, Suwayd, Sinān y un séptimo cuyo nombre no se mencionó [8207] Los Banū Muqarrin al-Muzaniyyūn fueron siete hermanos que emigraron y acompañaron al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, y —según lo que mencionan Ibn ‘Abd al-Barr y un grupo— nadie más compartió con ellos este mérito.
Y se ha dicho: que todos ellos presenciaron al-Jandaq.
Y se dijo: descendió acerca de siete hombres de linajes diversos; ellos son «los llorones» (al-bakkā’ūn). Acudieron al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— en la expedición de Tabūk para que los montara, pero no encontró en qué montarlos; entonces: «se volvieron, con los ojos desbordantes de lágrimas, apenados por no hallar qué gastar». Por ello fueron llamados «los llorones». Son: Sālim b. ‘Umayr, de Banū ‘Amr b. ‘Awf; y ‘Ulba b. Zayd, hermano de Banū Ḥāriṯa; y Abū Laylā ‘Abd al-Raḥmān b. Ka‘b, de Banū Māzin b. al-Najjār; y ‘Amr b. al-Ḥammām, de Banū Salima; y ‘Abd Allāh b. al-Mughaffal al-Muzanī; y se dijo: más bien es ‘Abd Allāh b. ‘Amr al-Muzanī; y Harmī b. ‘Abd Allāh, hermano de Banū Wāqif; y ‘Arbāḍ b. Sāriya al-Fazārī. Así los nombró Abū ‘Umar en su libro al-Durar. Y hay discrepancia respecto de ellos.
Dijo al-Qušayrī: Ma‘qil b. Yasār, Ṣakhr b. Ḫansā’, ‘Abd Allāh b. Ka‘b al-Anṣārī, Sālim b. ‘Umayr, Ṯa‘labah b. Ġanmah, ‘Abd Allāh b. Mughaffal y otro.
Dijeron: «¡Oh Profeta de Dios! Nos has convocado a salir contigo; así que móntanos en las sandalias elevadas y en las sandalias remendadas, para combatir contigo».
Entonces dijo: «No encuentro en qué montaros».
Y se volvieron llorando.
Dijo Ibn ‘Abbās: le pidieron que los montara en monturas; y el hombre necesitaba dos camellos: un camello para montarlo y un camello para llevar su agua y su provisión, por la lejanía del camino.
Dijo al-Ḥasan: descendió acerca de Abū Mūsā y sus compañeros: acudieron al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— para que los montara; y coincidió en él un momento de enojo, y dijo: «¡Por Dios! No os montaré, y no encuentro en qué montaros». Y se volvieron llorando. Entonces el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— los llamó y les dio un rebaño de camellas [8208]
Dijo Abū Mūsā: «¿Acaso no juraste, oh Mensajero de Dios?»
Dijo: «Ciertamente, si Dios quiere, no juro un juramento y luego veo que otra cosa es mejor que él, sin que haga lo que es mejor y expíe mi juramento».
Digo: este es un hadiz auténtico; lo transmitieron al-Buḫārī y Muslim, con su formulación y su sentido.
En Muslim: «Entonces nos llamó y ordenó que se nos asignaran cinco camellas de blancas cimas» [8209]… el hadiz. Y al final: «Marchad, pues en verdad Dios es Quien os ha montado».
Y dijo también al-Ḥasan, y Bakr b. ‘Abd Allāh: descendió acerca de ‘Abd Allāh b. al-Mughaffal al-Muzanī; acudió al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— para que lo montara.
Dijo al-Jurjānī: la elipsis es: «y tampoco [hay reproche] sobre aquellos que, cuando acudieron a ti para que los montaras, y dijiste: no encuentro…». Es, pues, un مبتدأ (sujeto inicial) coordinado [8210] con lo anterior sin wāw; y la respuesta es: «se volvieron». Y «con los ojos desbordantes de lágrimas» es una oración en posición acusativa como ḥāl (circunstancial). «Apenados» es un maṣdar (nombre de acción). «Por no hallar» está en acusativo por أن.
Dijo al-Naḥḥās: al-Farrā’ dijo que es admisible «no hallan», haciendo «lā» con el sentido de «laysa»; pero, según los basríes, el sentido es: que ellos no hallan.
La quinta cuestión— La mayoría de los sabios sostiene que quien no halla qué gastar en su expedición no está obligado.
Y dijeron nuestros sabios: si su costumbre es pedir limosna, le incumbe, como en el ḥaŷŷ, y sale conforme a la costumbre; porque, si su situación no ha cambiado, la obligación se dirige a él como se dirige al que posee medios. Y Dios sabe más.
La sexta cuestión—
Su dicho, Altísimo sea: «y con los ojos desbordantes de lágrimas»: en ello hay lo que sirve como prueba de los indicios de las circunstancias. Entre ellos hay lo que aporta conocimiento necesario, y entre ellos hay lo que admite duda. Lo primero: como quien pasa junto a una casa en la que se ha elevado el anuncio fúnebre, se han arañado las mejillas, se han rapado los cabellos, se han alzado [8211] las voces, se han rasgado las vestiduras y han llamado al dueño de la casa a la perdición: se sabe entonces que ha muerto. En cuanto a lo segundo: como las lágrimas de los huérfanos a las puertas de los gobernantes.
Dijo Dios, Altísimo, informando acerca de los hermanos de José —sobre él la paz—: «Y vinieron a su padre por la noche llorando» [8212][Yūsuf: 16]. Y eran mentirosos; dijo Dios, Altísimo, informando acerca de ellos: «Y vinieron con su camisa con una sangre mentirosa» [Yūsuf: 18]. Con todo, son indicios por los que, en la mayoría de los casos, se infiere; y sobre ellos se edifican los testimonios, basándose en las apariencias de las circunstancias y en lo que predomina de ellas.
Dijo el poeta:
Cuando se entrelazan lágrimas en mejillas*** se distingue quién lloró de quien fingió llorar
Y este sentido vendrá, en «Yūsuf», expuesto con amplitud, si Dios —Altísimo sea— quiere.
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Notas y Referencias
[8207] El autor no mencionó sino cinco; y lo que figura en al-Qāmūs (raíz q-r-n) es: «‘Abd Allāh, ‘Abd al-Raḥmān, ‘Aqīl, Ma‘qad, al-Nu‘mān, Suwayd y Sinān: hijos de Muqarrin, como transmisores, Compañeros».
[8208] Al-ḏawd, entre los camellos: de tres a diez; es femenino y no tiene singular de su misma forma; su plural abundante es aḏwād.
[8209] Es decir: blancas por la gordura; pues «al-ġurr» es plural de aġarr, que es «blanco». Y al-ḏurā: plural de ḏurwa; y la ḏurwa de toda cosa es su parte más alta.
[8210] En ŷ y k: «coordinado».
[8211] Al-salq: la intensidad de la voz.
[8212] Véase t. 9, p. 144.