9

El Arrepentimiento

التوبة At-Tawbah
Aya 28

Versículo (Español)

[9:28] ¡Oh, creyentes! Los idólatras son impuros, que no se acerquen a la Mezquita Sagrada después de este año. No teman padecer por ello pobreza o necesidad alguna, que si Dios quiere los proveerá con Su gracia. Dios todo lo sabe, es Sabio.

Tafsir de Al-Qurtubi

{يَـٰٓأَيُّهَا ٱلَّذِينَ ءَامَنُوٓاْ إِنَّمَا ٱلۡمُشۡرِكُونَ نَجَسٞ فَلَا يَقۡرَبُواْ ٱلۡمَسۡجِدَ ٱلۡحَرَامَ بَعۡدَ عَامِهِمۡ هَٰذَاۚ وَإِنۡ خِفۡتُمۡ عَيۡلَةٗ فَسَوۡفَ يُغۡنِيكُمُ ٱللَّهُ مِن فَضۡلِهِۦٓ إِن شَآءَۚ إِنَّ ٱللَّهَ عَلِيمٌ حَكِيمٞ} (28) En ella hay siete cuestiones:

La primera.— Su dicho —Exaltado sea—: «¡Oh vosotros que habéis creído! Ciertamente, los asociadores son impureza». Es un مبتدأ (sujeto inicial) y un خبر (predicado). Los sabios discreparon acerca del sentido de describir al asociador como «impuro». Dijeron Qatāda, Maʿmar b. Rāshid y otros: porque está en estado de janāba, ya que su lavado de la janāba no es un lavado (válido). Y dijo Ibn ʿAbbās y otros: antes bien, el sentido es que lo que lo ha vuelto impuro es el propio shirk. Dijo al-Ḥasan al-Baṣrī: quien estreche la mano a un asociador, que haga ablución. La escuela, en su conjunto, sostiene la obligatoriedad del baño ritual para el incrédulo cuando abraza el Islam, salvo Ibn ʿAbd al-Ḥakam, quien dijo: no es obligatorio, porque el Islam derriba lo anterior. En cuanto a la obligatoriedad del baño, así lo afirmaron Abū Thawr y Aḥmad. Al-Shāfiʿī lo eximió y dijo: me es preferible que se bañe. Y algo semejante se atribuye a Ibn al-Qāsim. Y Mālik tiene una opinión: que no se le exige el baño; lo transmitieron de él Ibn Wahb e Ibn Abī Uways. Pero el ḥadiz de Thumāma y el de Qays b. ʿĀṣim refutan estas opiniones. Los transmitió Abū Ḥātim al-Bustī en el Ṣaḥīḥ de su Musnad. Y que el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— pasó un día junto a Thumāma, y éste abrazó el Islam; entonces lo envió al huerto [7906] de Abū Ṭalḥa y le ordenó que se bañase; se bañó y rezó dos rakʿas. Entonces el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «Ciertamente, ha sido hermoso el Islam de vuestro compañero». Y Muslim lo transmitió con un sentido semejante. En él se menciona: que Thumāma, cuando el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— le concedió la gracia, se dirigió a unas palmeras cercanas a la mezquita y se bañó. Y ordenó a Qays b. ʿĀṣim que se bañase con agua y sidr. Así pues, si su Islam fue antes de su primera polución nocturna, su baño es recomendable. Y cuando abraza el Islam tras haber alcanzado la pubertad, le incumbe que, en su baño, formule la intención de la janāba. Ésta es la opinión de nuestros sabios, y es la fijación de la escuela. Ibn al-Qāsim permitió al incrédulo bañarse antes de manifestar la shahāda con su lengua, si ha asumido el Islam en su corazón; pero es una opinión débil en consideración racional, contraria al texto transmitido. Pues nadie es musulmán por la sola intención sin la pronunciación. Ésta es la doctrina de un grupo de la Gente de la Sunna respecto a la fe: que es pronunciación con la lengua y asentimiento con el corazón, y crece con la obra. Dijo Dios —Exaltado sea—: «A Él asciende la buena palabra, y la obra recta la eleva» [7907] [ Fāṭir: 10 ].

La segunda.— Su dicho —Exaltado sea—: «que no se acerquen a la Mezquita Sagrada». «que no se acerquen» es una prohibición; por eso se ha suprimido la nūn. «la Mezquita Sagrada». Esta expresión se aplica a todo el Ḥaram, y ésa es la doctrina de ʿAṭāʾ; en consecuencia, es ilícito permitir al asociador entrar en el Ḥaram en su totalidad. Si nos llega un emisario de entre ellos, el imām sale al ḥill para escuchar lo que dice. Y si un asociador entrase en el Ḥaram ocultamente y muriese, se desenterraría su tumba y se sacarían sus huesos. No les está permitido ni asentarse ni atravesar. En cuanto a la Península Arábiga —y es La Meca, Medina, al-Yamāma, el Yemen y sus distritos [7908]—, dijo Mālik: se expulsa de estos lugares a todo aquel que no esté en el Islam, pero no se les impide transitar por ellos como viajeros. Así lo dijo también al-Shāfiʿī —Dios tenga misericordia de él—, salvo que exceptuó de ello al Yemen. Se les fija un plazo de tres días, como se lo fijó ʿUmar —Dios esté complacido con él— cuando los expulsó; y no se les entierra allí, sino que se refugian en el ḥill.

La tercera.— Los sabios discreparon acerca de la entrada de los incrédulos en las mezquitas y en la Mezquita Sagrada, en cinco opiniones. La Gente de Medina dijo: la aleya es general respecto de todos los asociadores y de todas las mezquitas. En ese sentido escribió ʿUmar b. ʿAbd al-ʿAzīz a sus gobernadores, y se apoyó en esta aleya en su carta. Lo refuerza Su dicho —Exaltado sea—: «en casas a las que Dios ha permitido que se eleven y en las que se menciona Su nombre» [7909] [ al-Nūr: 36 ]. Y la entrada de los incrédulos en ellas contradice su elevación. Y en el Ṣaḥīḥ de Muslim y otros: «Estas mezquitas no son aptas para nada de orina ni suciedad…» el ḥadiz. Y el incrédulo no está libre de ello. Y dijo —Dios le bendiga y le conceda paz—: «No hago lícita la mezquita para una menstruante ni para un junub». Y el incrédulo es junub. Y Su dicho —Exaltado sea—: «Ciertamente, los asociadores son impureza». Así, Dios —Exaltado sea— los llamó impureza. No queda sino que sea impuro en su propia entidad o apartado por vía de norma. Sea cual sea, impedirle la mezquita es obligatorio, pues la causa —la impureza— está presente en ellos, y la sacralidad está presente en la mezquita. Se dice: un hombre najas, una mujer najas, dos hombres najas, dos mujeres najas, hombres najas, mujeres najas; no se dualiza ni se pluraliza porque es un nombre de acción (maṣdar). En cuanto a al-nijs —con kasra en la nūn y sukūn en la jīm—, no se dice sino cuando se dice junto con rijs. Pero si se usa solo, se dice najas —con fatḥa en la nūn y kasra en la jīm—, y najas —con ḍamma en la jīm—. Al-Shāfiʿī —Dios tenga misericordia de él— dijo: la aleya es general respecto de todos los asociadores, pero específica respecto de la Mezquita Sagrada; no se les impide entrar en otras, y permitió la entrada del judío y del cristiano en el resto de las mezquitas. Dijo Ibn al-ʿArabī: esto es, por su parte, una rigidez en el sentido aparente; pues Su dicho —Poderoso y Majestuoso—: «Ciertamente, los asociadores son impureza» es una indicación de la causa por el shirk y la impureza. Si se dijera: pero el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— ató a Thumāma en la mezquita siendo asociador. Se le responde: nuestros sabios respondieron a este ḥadiz —aunque sea auténtico— con varias respuestas: La primera: que fue anterior al descenso de la aleya. La segunda: que el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— ya conocía su Islam, y por eso lo ató. La tercera: que se trata de un caso particular, y no debe rechazarse por él las pruebas que hemos mencionado, por ser un caso que restringe el juicio de la regla universal. Y puede decirse: que lo ató en la mezquita para que contemplase la belleza de la oración de los musulmanes y su congregación en ella, y la belleza de sus modales al sentarse en la mezquita, y así se familiarizase con ello y abrazase el Islam; y así fue. Y puede decirse: que no tenían lugar donde atarlo sino en la mezquita. Y Dios sabe más. Abū Ḥanīfa y sus compañeros dijeron: no se impide a judíos y cristianos entrar en la Mezquita Sagrada ni en otras; y no se impide entrar en la Mezquita Sagrada sino a los asociadores y a la gente de los ídolos. Ésta es una opinión que refuta todo lo que hemos mencionado de la aleya y de otros textos. Dijo al-Kiyā al-Ṭabarī: para Abū Ḥanīfa, es lícito al dimmí entrar en el resto de las mezquitas sin necesidad. Y al-Shāfiʿī dijo: se considera la necesidad; y aun con necesidad, no es lícito entrar en la Mezquita Sagrada. ʿAṭāʾ b. Abī Rabāḥ dijo: el Ḥaram entero es qibla y mezquita; por tanto, debe impedírseles entrar en el Ḥaram, por Su dicho —Exaltado sea—: «Glorificado sea Aquel que hizo viajar de noche a Su siervo desde la Mezquita Sagrada…» [7910] [ al-Isrāʾ: 1 ]. Y, sin embargo, fue elevado desde la casa de Umm Hānī. Qatāda dijo: no se acerca a la Mezquita Sagrada ningún asociador, salvo que sea tributario de yizya o un esclavo incrédulo de un musulmán. E Ismāʿīl b. Isḥāq transmitió: nos narró Yaḥyā b. ʿAbd al-Ḥamīd; dijo: nos narró Sharīk, de Ashʿath, de al-Ḥasan, de Jābir, del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, que dijo: «No se acerca a la mezquita ningún asociador, salvo que sea un esclavo o una esclava, y entonces entra por una necesidad». Y en esto se apoyó Jābir b. ʿAbd Allāh, pues dijo: la generalidad impide al asociador acercarse a la Mezquita Sagrada, y queda especificada en el esclavo y la esclava.

La cuarta.— Su dicho —Exaltado sea—: «después de este su año». Hay dos opiniones: la primera, que es el año nueve, en el que peregrinó Abū Bakr. La segunda: el año diez; lo dijo Qatāda. Ibn al-ʿArabī: esto es lo correcto, que es lo que exige el tenor del enunciado; y es asombroso que se diga que es el año nueve, siendo el año en el que tuvo lugar la proclamación. Si el siervo de un hombre entrase un día en su casa y su amo le dijera: no entres en esta casa después de tu día, no se entendería por ello el mismo día en que entró.

La quinta.— Su dicho —Exaltado sea—: «Y si teméis penuria». Dijo ʿAmr b. Fāʾid: el sentido es «y cuando temáis». Esto es barbarismo; y el sentido es excelente con «in». Los musulmanes, cuando se impidió a los asociadores acudir a la temporada (del ḥaŷŷ), y ellos solían traer alimentos y mercancías, el demonio arrojó en sus corazones el temor a la pobreza, y dijeron: ¿de dónde viviremos? Entonces Dios les prometió que los enriquecería de Su favor. Dijo al-Ḍaḥḥāk: Dios les abrió la puerta de la yizya de la gente de la protección, por Su dicho —Poderoso y Majestuoso—: «Combatid a quienes no creen en Dios ni en el Último Día…» [al-Tawba: 29], la aleya. Y dijo ʿIkrima: Dios los enriqueció haciendo abundar la lluvia y la vegetación y la fertilidad de la tierra; así, prosperaron Tabāla [7911] y Jarash, y llevaron a La Meca alimentos y grasa [7912]. Se multiplicó el bien y las tribus árabes abrazaron el Islam —la gente de Naŷd, Ṣanʿāʾ y otros—; continuaron su peregrinación y su comercio, y Dios los enriqueció de Su favor mediante el yihād y el predominio sobre las naciones. La ʿayla: es la pobreza. Se dice: ʿāla el hombre, yaʿīlu, cuando empobrece. Dijo el poeta [7913]:

Y no sabe el pobre cuándo será rico *** ni sabe el rico cuándo empobrecerá

Y ʿAlqama y otros compañeros de Ibn Masʿūd leyeron: «ʿāʾila». Es un maṣdar, como al-qāʾila de qāla yaqīlu, y como al-ʿāfiya. Y cabe que sea un adjetivo de un elíptico, con la estimación: una situación penuriosa, y su sentido es: una cualidad gravosa. Se dice de ello: ʿālanī el asunto, yaʿūlunī: es decir, me resultó difícil y se agravó. Al-Ṭabarī transmitió que se dice: ʿāla yaʿūlu cuando empobrece.

La sexta.— En esta aleya hay prueba de que el apego del corazón a las causas en la provisión es lícito, y ello no contradice el tawakkul, aunque la provisión esté decretada y el mandato de Dios y Su reparto sean ejecutivos; pero Él la vinculó a las causas por sabiduría, para que se distingan los corazones que se aferran a las causas de los corazones que confían en el Señor de los señores. Ya se ha mencionado que la causa no contradice el tawakkul. Dijo —Dios le bendiga y le conceda paz—: «Si os encomendarais a Dios con verdadera encomienda, os proveería como provee a las aves: salen por la mañana con el vientre vacío y regresan por la tarde con el vientre lleno» [7914]. Lo transmitió al-Bujārī. Así, informó de que el tawakkul verdadero no se opone a salir y volver en busca de la provisión. Ibn al-ʿArabī: pero los shaykhs de los sufíes dijeron: en realidad, sale y vuelve en las obediencias; ésa es la causa [7915] que atrae la provisión. Dijeron: y la prueba de ello son dos cosas. La primera: Su dicho —Exaltado sea—: «Ordena a tu familia la oración y persevera en ella; no te pedimos provisión: Nosotros te proveemos» [7916] [ Ṭā-Hā: 132 ]. La segunda: Su dicho —Exaltado sea—: «A Él asciende la buena palabra, y la obra recta la eleva» [7917] [ Fāṭir: 10 ]. Así pues, la provisión no desciende de su lugar —que es el cielo— sino por lo que asciende: el buen recuerdo y la obra recta; no por el esfuerzo en la tierra, pues en ella no hay provisión. Y lo correcto es lo que la Sunna ha establecido con firmeza para los juristas del sentido aparente: obrar con las causas mundanas, como el cultivo y el comercio en los mercados, la inversión en los bienes y la plantación de frutos. Los Compañeros hacían eso, y el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— estaba entre ellos. Dijo Abū al-Ḥasan b. Baṭṭāl: Dios —Glorificado sea— ordenó a Sus siervos gastar de las cosas buenas de lo que han adquirido, y otras aleyas semejantes. Y dijo: «Quien se vea forzado, sin transgredir ni excederse, no hay pecado sobre él» [7918] [ al-Baqara: 173 ]. Así, hizo lícito para el forzado lo que le había prohibido, cuando carece del alimento que le ordenó adquirir y con el que alimentarse; y no le ordenó esperar un alimento que le descendiera del cielo. Si abandonase el esfuerzo y dejase lo que le nutre, sería homicida de sí mismo. Y el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— se retorcía de hambre sin encontrar qué comer, y no le descendió alimento del cielo. Y solía almacenar para su familia el sustento de un año, hasta que Dios le abrió las conquistas. Y se ha transmitido de Anas b. Mālik que un hombre vino al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— con un camello y dijo: ¡Mensajero de Dios! ¿Lo ato y me encomiendo (a Dios), o lo suelto y me encomiendo? Dijo: «Átalo y encomiéndate». Digo: no tienen prueba en la Gente de la Ṣuffa, pues eran pobres que se sentaban en la mezquita: no cultivaban ni comerciaban; no tenían ganancia ni bienes; eran, más bien, huéspedes del Islam en tiempos de estrechez de las ciudades. Con todo, recogían leña de día y acarreaban agua a la casa del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—; y de noche recitaban el Corán y oraban. Así los describieron al-Bujārī y otros. Por tanto, se valían de medios. Y el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, cuando le llegaba un regalo, comía con ellos; y si era una limosna, se la destinaba a ellos. Cuando se multiplicaron las conquistas y se difundió el Islam, salieron y asumieron cargos —como Abū Hurayra y otros—, y no permanecieron sentados. Luego se dijo: las causas por las que se busca la provisión son de seis tipos:

La más elevada: la ganancia de nuestro Profeta Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz—. Dijo: «Se ha puesto mi provisión bajo la sombra de mi lanza, y se ha puesto la humillación y la pequeñez sobre quien contradiga mi mandato». Lo transmitió al-Tirmiḏī y lo declaró auténtico. Así, Dios puso la provisión de Su Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— en su ganancia por su excelencia, y lo singularizó con el mejor tipo de ganancia: tomar por predominio y sometimiento, por su nobleza. El segundo: que el hombre coma del trabajo de su mano. Dijo —Dios le bendiga y le conceda paz—: «Lo más puro de lo que come el hombre es lo que come del trabajo de su mano; y el Profeta de Dios, David, comía del trabajo de su mano». Lo transmitió al-Bujārī. Y en la Revelación: «Y le enseñamos la fabricación de una cota de malla para vosotros…» [7919] [ al-Anbiyāʾ: 80 ]. Y se transmitió que Jesús —sobre él la paz— comía del hilado de su madre.

El tercero: el comercio, que era la ocupación de la mayoría de los Compañeros —Dios esté complacido con ellos—, especialmente de los emigrados; y el Texto revelado lo indica en más de un lugar.

El cuarto: el cultivo y la plantación. Ya lo hemos expuesto en la sura «al-Baqara» [7920].

El quinto: la recitación del Corán, su enseñanza y la ruqya; ya se trató en al-Fātiḥa [7921]. El sexto: que tome con intención de devolver, si lo necesita. Dijo —Dios le bendiga y le conceda paz—: «Quien tome los bienes de la gente queriendo devolverlos, Dios devolverá por él; y quien los tome queriendo destruirlos, Dios lo destruirá». Lo transmitió al-Bujārī. Lo narró Abū Hurayra —Dios esté complacido con él—.

La séptima.— Su dicho —Exaltado sea—: «si Él quiere». Es prueba de que la provisión no depende del esfuerzo, sino que es del favor de Dios, Quien se encargó de repartirla entre Sus siervos. Esto se esclarece en Su dicho —Exaltado sea—: «Nosotros hemos repartido entre ellos su sustento en la vida mundana» [7922] [ al-Zuḫruf: 32 ], la aleya.

Notas y Referencias

[7906] al-ḥāʾiṭ: el huerto.

[7907] Véase t. 14, p. 238.

[7908] maḫālīf, plural de miḫlāf: son las aldeas del Yemen.

[7909] Véase t. 12, p. 264.

[7910] Véase t. 1, p. 204.

[7911] Tabāla: localidad del Yemen; y Jarash, como Zafar, es de los distritos del Yemen.

[7912] al-wadak: es la grasa de la carne y su sebo del que se extrae.

[7913] Es Uḥayḥa, como en Lisān al-ʿArab.

[7914] al-ḫamṣ y al-maḫmaṣa: el hambre; y al-baṭna: el llenado del vientre con comida; es decir, salen por la mañana temprano estando hambrientas y regresan al atardecer con las entrañas llenas.

[7915] Adición de Ibn al-ʿArabī.

[7916] Véase t. 11, p. 263.

[7917] Véase p. 104 de este volumen.

[7918] Véase t. 2, p. 216.

[7919] Véase t. 11, p. 320.

[7920] Véase t. 3, p. 17.

[7921] Véase t. 1, pp. 112, 113.

[7922] Véase t. 16, p. 82.